LA GRAN ARMADA – Colin Martin y Geoffrey Parker

Geoffrey Parker no necesita mayor presentación que la qua ya se ofreció en la reseña de su magnífica biografía sobre Felipe II, así que a ella les remito a vuesas mercedes. Colin Martin ya es menos conocido en el ámbito español: profesor emérito de arqueología en la St. Andrews University en Fife, su campo de actuación es la arqueología submarina. Ambos especialistas, un historiador de los siglos modernos y un arqueólogo, publicaron, en ocasión del cuarto centenario de la mal llamada Armada Invencible, un libro sobre el tema, editado en su momento por Alianza (1988), y que ya había sido trabajado a fondo en los casi quince años anteriores. Un libro que recogía, por un lado, los datos de las fuentes escritas, sobre todo archivísticas, y por otro las evidencias de diversas excavaciones submarinas en años precedentes. Un gran libro, en definitiva. Pero como nada es, valga la redundancia, definitivo, en sucesivas ediciones, sobre todo en el mercado anglosajón, Parker y Martin fueron añadiendo revisiones y adiciones sobre una cuestión que, inevitablemente se puso de moda, y que precisamente gracias a ello permitió un mayor trabajo arqueológico. Y he aquí que, casi diez años después de la última edición revisada en inglés, ambos especialistas decidieron, por qué no, escribir un nuevo libro, reflejando el estado actual de la investigación sobre el tema e incluyendo una masa de material inédito hasta entonces. El resultado, pues, es este libro: La Gran Armada (Planeta, 2011).

Con el rimbombante subtítulo «la mayor flota jamás vista desde la creación del mundo» (que pertenece a una cita de un embajador de la época), nos encontramos con un libro que no pretende ser definitivo, el non plus ultra de la investigación sobre la Armada. Y nos alegramos por la publicación de un texto que ya es de referencia sobre la cuestión de la Gran Armada. El lector curioso se preguntará qué novedades aporta este nuevo libro. Los autores lo comentan con detalle. De entrada, documentos de época inéditos: el diario de Juan Martínez de Recalde, almirante general y segundo de a bordo del duque de Medina Sidonia, escrito desde que su nave capitana, el San Juan de Portugal, zarpara de La Coruña y hasta su regreso, once semanas más tarde; y las cartas que don Alonso Martínez de Leiva, designado como sucesor al mando de la expedición en caso de que el duque falleciera, le envió a Recalde en agosto de 1588. Junto a ello, nuevos documentos de la Colección Altamira, el archivo privado de Felipe II, que revelan el control exclusivo, hasta el más mínimo detalle, en la preparación, estrategia y actuación de la Armada por parte del rey; parte de los papeles supervivientes del archivo personal del duque de Parma, Alejandro Farnesio, comandante general de las operaciones en Flandes; el archivo de la casa ducal de Medina Sidonia; documentación oficial sobre la adquisición de naves y armamentos, y registros de archivos ingleses (no tan exhaustivos como los españoles), además de fuentes documentales dispersas en Bélgica, Francia, Italia, los Países Bajos, Portugal y Estados Unidos. Como se puede comprobar, una inmensa masa documental que los autores, especialmente Geoffrey Parker, han estudiado a fondo durante décadas y que recoge las discrepancias de los diversos comandantes en liza —Santa Cruz hasta febrero de 1588, Medina Sidonia, Parma en Flandes— con el Gran Designio de inspiración divina que Felipe II impuso a capa y espada, las críticas de Recalde contra el duque y Francisco de Bobadilla, su principal consejero militar, la formación de la flota durante los años 1587-1588, los diversos retrasos para zarpar, los combates contra la flota inglesa en el Canal de la Mancha (culminantes en una batalla frente a Gravelinas), la decisión de Medina Sidonia de regresar a España circunvalando las Islas Británicas y los diversos naufragios de una flota derrotada pero no destruida en las costas occidentales de Irlanda. Junto a todo ello, si no fuera poco, el libro se hace eco de las evidencias arqueológicas que confirman, de entrada, la ubicación de ocho naufragios y proporcionan ejemplos de la mayoría de tipos variedades de barcos que formaban la Armada.

Geoffrey Parker y Colin Martin

Para Parker y Martin todo ello no altera la historia de la Gran Armada que, a grandes rasgos, ya conocemos: «Felipe II intentó invadir Inglaterra, pero sus planes fracasaron en parte por su mala gestión y en parte porque se impuso el esfuerzo defensivo de Inglaterra y sus aliados holandeses» (p. 28). Pero los nuevos datos (reiteramos), inéditos y todos ellos procedentes de fuentes primarias, nos permiten seguir con mayor detalle el proceso de formación y ejecución de la Empresa de Inglaterra. Y se llega a la tesis de ambos autores de que «la Armada supuso una amenaza para Inglaterra de abrumadoras proporciones y confirma que la angustiosa preocupación de los comandantes ingleses al respecto no era infundada. […] Cabe concluir razonablemente que el «Gran Designio» de Felipe II contra Inglaterra en 1588 podría haber constituido, tal vez en circunstancias algo diferentes, el triunfo supremo de su reinado. En aquel momento nadie podría haber previsto el resultado, ni cabía denigrar más a España por su fracaso que elogiar la salvación de Inglaterra como una manidestación de su inevitable superioridad. Cada nación demostró en el conflicto fortalezas formidables y graves debilidades, y ambas surgieron de él con honor. Más de cuatro siglos después de estos acontecimientos conmovedores y terribles, nosotros no sentimos predilección alguna por una u otra parte. La historia se sostiene por sí misma y los únicos pasados que han de olvidarse son los mitos» (pp. 28-29). Han hablado los autores.

Ahora habla este lector. Qué buen  libro, señores, tened por seguro que estáis ante una obra completa, solvente y de referencia. Parker y Martin dedican una primera parte a analizar las dos flotas en liza, su formación y constitución, para después narrar el camino hacia la Empresa: ¿por qué se llegó a una situación de guerra no declarada? ¿Cuál fue la senda que trazó Felipe II desde una cierta protección a la Inglaterra de Isabel I a finales de la década de 1550 a la neutralidad de los años sesenta, la guerra fría de los años setenta y la primera mitad de los ochenta? ¿Cuál fue la gota que colmó la paciencia (o echó a volar las ambiciones) de Felipe II? Sin duda, la sucesión de ataques corsarios, muchos de ellos al amparo de la corona inglesa, a los convoyes españoles, los intentos de penetrar por la fuerza en el mercado y el área de control en América y, por último, la ejecución de María Estuardo, la cautiva reina de Escocia (y emparentada con los Valois y los Guisa franceses), en 1587. Añadamos a ello la presión (cuando no el claro empuje) del papa Sixto V y el apoyo explícito y militar de Isabel I a los holandeses. Todo ello suma en la concreción del Gran Designio de un Felipe II que se deja llevar por un «imperialismo mesiánico» (cuando no lo exacerba), echando todo el resto y abriendo la puerta a la catastrófica década de 1590, con tres frentes abiertos e inasumibles (Flandes, Inglaterra y Francia).

El lector comprobará que la parte central del libro, el enfrentamiento directo entre la Armada española y la flota inglesa, se despacha en dos capítulos llenos de dinamismo y brío. «Vino, se fue, y no hubo más» se titula esta parte y recoge esos combates a lo largo de la costa meridional británica y en los bancos frente a Flandes (The Downs). La imposibilidad de conectar la Gran Armada con el ejército de Parma en Flandes, el quid de la cuestión, por diversos motivos (dispersión de la flota tras los combates, imposibilidad de encontrar un puerto apto para el embarque, incomunicación entre Medina Sidonia y Parma) fraguó el fracaso de la expedición, pero no el desastre: la decisión de Medina Sidonia de navegar por el Mar del Norte para regresar a España bordeando Gran Bretaña, he ahí la causa de un desastre, agudizado por los temporales y la dispersión de las naves, y culminando en los naufragios en la costa de Irlanda.

El resultado: de los 130 barcos que zarparon de Lisboa el 28 de mayo de 1588, sólo se supo meses después del regreso de 60. Un tercio de la flota, al menos 42 naves, se hundieron o naugfragaron. Se perdieron cañones y barcos, muchos, pero las pérdidas humanas fueron irrecuperables: menos de 4.000 de sus 7.000 marineros regresaron a España y sólo 9.500 de sus 19.500 soldados. Y en la hora de mayor congoja, sin embargo, el gobierno español hizo cuanto estaba en su mano para cuidar de los supervivientes. «En agudo contraste con la cruel indiferencia de Isabel y sus ministros, Felipe II se aseguró de que sus leales soldados y marineros fueran recompensados como merecían por sus servicios. Cuando se descubrió en diciembre de 1588 que a algunos veteranos de la Armada los estaban despidiendo sin haberles abonado sus pagas completas, el rey señaló de inmediato a sus comandantes: “esto es contra la charidad christiana y muy ageno de mi intención, que a sido y es no sólo de que los que me an servido y sirven sean pagados de lo que an de haver, pero gratificados en lo que huviere lugar”» (pp. 414-415). Y, sin embargo, también podríamos decir que el rey fue el responsable, si es que hay que elegir uno, del desastre, al imponer unas directrices tan estrictas sobre un plan de invasión imposible de realizar (la conexión entre la flota y el ejército de Flandes). Recalde culpó a Medina Sidonia y Bobadilla en su diario, aunque no conviene olvidar al arquitecto del Gran Designio. Especialmente cuando en la década siguiente se perdieron muchas más vidas en las desastrosas campañas ordenadas por un más que mesiánico Felipe II.

Este es, pues, un gran libro. Imprescindible, diría. Atractivo en su estilo, ameno incluso en la consabida reiteración de nombres y elementos marinos que puedan hacer desfallecer a los más profanos en la materia, rigurosamente documentado, competentemente desarrollado. Y ahí queda eso.

[tags]Felipe II, Inglaterra, Armada, Medina Sidonia[/tags]

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29 comentarios en “LA GRAN ARMADA – Colin Martin y Geoffrey Parker

  1. Lupus dice:

    Ole, y ole, Farsalia, estupenda reseña. De verdad que dan ganar de dejar caer al cerdito de la estantería y gastarse el contenido de sus entrañas en este libro. Una pregunta:

    ¿Es adecuado como libro único sobre el tema? es decir, ¿se puede uno arever con el sin haber leído previamente algún otro trabajo?

    Por otro lado ¿que tal trata los aspectos tácticos de la guerra naval de la época? ¿Nos cuenta este libro como se luchaba en el mar en la época y como lucharon estas armadas entre sí?

    Un saludo y gracias por tu tiempo.

  2. Farsalia dice:

    Merci beaucopu. Se puede uno atrever, sin problema alguno. La amenidad del relato no está reñida con el rigor.

    Sí, creo recordar (es de octubre la lectura) que se comentaba, especialmente en el primer episodio, las diferencias estructurales de las dos armadas, tanto en composición como en operatividad, y más adelante en cuanto a por qué falló la española en el canal y el tipo de armamento utilizado.

    1. Javi_LR dice:

      Valeria, coincidiendo con la entrada sobre este libro, ha abierto un hilo en el foro, sección de Mapas, con información, ampliando el tema. Para curiosos e interesados:

      Sección de Mapas, La Gran Armada.

  3. Valeria dice:

    Gracias por una reseña de barcos, Farsi.
    Y gracias por el aviso, Javi. Yo, para variar, llego tarde.

    Un libro muy apetecible, por supuesto, que acabará en mi poder, pues encabezaba mi lista a los magos de oriente, aunque la magia les llevó por otros lugares de la lista. Me gusta hasta el título, a ver si empezamos a quitarle la retranca de “Invencible” a nuestra felicísima Armada y la llamamos como se merece.

    Ojalá el señor Parker le dedicase un ensayo de similar categoría a la que se conoce como la “Armada Invencible Inglesa”, o la Contra Armada, que fue una debacle peor que esta y de la que nadie sabe apenas nada: la expedición que envió contra la península ibérica Isabel I en 1589.

  4. Farsalia dice:

    Bueno, mi interés por el libro no es precisamente por los barcos, jejejeje.

    Recientemente se ha publicado un libro sobre la ‘contra-armada’ inglesa: Contra Armada, la mayor catástrofe naval de la historia de Inglaterra, de Luis Gorrochategui Santos. Lo estuve hojeando pero no me convenció como para adquirirlo…

  5. sanpifer dice:

    Bueno, he de decir que hace años que se publicó este libro, y pese a la reciente “actualización”, ésta no ha sido lo suficientemente completa ni exhaustiva como debiera. Así, autores como J.L. Casado Soto en “Los barcos españoles del siglo XVI y la Gran Armada de 1588” o Agustín Ramón Rodríguez González en “Drake y la Invencible” DESMITIFICAN POR GOLEADA muchos de los contenidos de “Gran Armada”.

    El propio Casado Soto señala que se salvaron al menos 100 de los 137 buques de la flota inicial, si bien la flota acabó tan repartida en puertos tan lejanos como Lisboa, que muchos autores erran las cifras.

    Casi las tres cuartas partes de los barcos de la Gran Armada de 1588 que se enfrentaron al enemigo y a los temporales, lograron regresar. Basta comparar los 37 barcos realmente perdidos, con mucho, con los 63 que postula Cesáreo Fernández Duro (“La Armada Invencible”, 1884), los 59 que propone Michael Arthur Lewis (“The Spanish Armada”, 1960), los 44 de Garret Mattingly (“La derrota de la Armada Invencible”, 1985), los 64 consignados por Colin Martin (“Full Fathom Five. Wrecks of the Spanish Armada”, 1975. Cifra que reduce a 60 en el libro posterior Colin Martin y Geoffrey Parker, “The Spanish Armada”, 1988), los 62 que calcula Nial Fallon (“The Armada in Ireland”, 1978), o los 52 que contabiliza Rodríguez Salgado (“Armada Catalogue”, 1987)…. ni hablar de la “aniquilación de la Armada” que se le escapa a Goodman, pero los datos consignados en los gruesos legajos generados por la contabilidad de la Gran Armada, campaña que administrativamente abarcó desde 1586 a 1592, se muestran tozudos y terminantes al respecto, pues es allí donde reiteradamente vuelven a aparecer, cobrando su sueldo en los meses posteriores a la fracasada operación, bastantes de los barcos dados por perdidos. Todo esto permite entender la afirmación del Contador de la Gran Armada en su carta al Rey al regreso de la expedición: “Dios milagrosamente ha salvado a esta armada, que ha sido amenazada y no castigada”.

    Baste decir, que la Contraarmada inglesa de 1589 perdió muchos más hombres y naves, tal cual señala el propio Gorrochategui Santos:
    “De los más de 180 barcos zarpados sólo vuelven a Inglaterra 102, casualmente, el mismo número de barcos regresados de la Invencible. De los 27.667 hombres participantes, se presentan a la paga 3.722. Sumando los caballeros regresados no se llega a los 5.000 supervivientes, como ya reconoció Martín Hume, en 1896, en The year after de Armada, breve y valioso artículo dedicado a esta expedición. R. B Wernham, a su vez, publica en 1988 The expedition of sir John Norris and sir Francis Drake to Spain and Portugal. Es una importante colección documental sobre la jornada, pero el investigador británico, sorprendentemente, no extrae, no quiere extraer, conclusiones de los documentos recopilados. Sin embargo, ni uno ni otro, ni nadie hasta ahora, ha manejado, además, la profusa documentación española inédita en la que se basa el libro. La expedición inglesa se convierte así, tanto por el número de hombres como de barcos perdidos, en la mayor catástrofe naval de la historia de Inglaterra. Efectivamente, perdió más de 20.000 hombres y 80 barcos. La Invencible, por su lado, perdió 11.000 hombres y 35 barcos. Esto fue ocultado, a través de la publicación de panfletos y la hábil estrategia propagandística isabelina, este magno desastre desde el mismo momento en que se produjo.”

  6. Lupus dice:

    Leche, pues no sabe ya uno que pensar, o me los compro ambos o ninguno. De los que señala sanpifer, el de Rodriguez Gonzalez parece fácil de encontrar, pero el de Casado menos.

  7. Farsalia dice:

    Buenas matizaciones, pero hay que tener en cuenta que el libro se centra en la campaña de 1588, y, en última instancia, de cuantos barcos llegaron a la península en los meses inmediatamente posteriores; en los años siguientes, llegaron más buques (y hombres).

  8. Davout dice:

    Gracias por la reseña Farsalia. Coincido plenamente en que es un libro imprescindible.

  9. Jose dice:

    Hola a todos.
    En mi caso he leído el de Casado Soto, el de Gorrochategui y el de Agustín Ramón Rodríguez y recomiendo los tres aunque el primero creo que ya no se consigue.
    El de Gorrochategui aunque puede no ser tan completo está muy bien al igual que el de Agustín Ramón.
    Hay que recordar que esta fue una batalla que, además, no se perdió, pero que la guerra la ganó España. Sin duda lo peor fueron las vidas y la complejidad de la operación.

    Saludos.

  10. Carloto dice:

    Mierrrrrda, este es uno de los que NO ME TRAJERON los RRMM! Me quede con las ganas, así que habrá que hacer hucha o esperar a la edición de bolsillo…

  11. Richar dice:

    Saludos,

    lo leí hace unas semanas y me encantó. Es el tipo de ensayo que me gusta bastante porque tiene una narración fluída y un toque educativo para primerizos en la materia como es mi caso.

    No había leído nada de Parker porque lo asociaba a ensayista farragoso y la verdad es que me ha sorprendido gratamente por el estilo y por supuesto porque se centra en un tema que me ha resultado muy atractivo.

    Respondiendo también a Lupus, creo que sí que puede ser un buen libro para la primera hincada de dientes al tema, al menos a mí me ha sentado bastante bien. Tomo nota también del resto de recomendaciones, especialmente sobre la novedad respecto a la Armada inglesa frustrada de la que me reconozco desconocedor.

    Por último, lanzo una pregunta a los que controláis más del tema, que me la he ido haciendo durante la parte final de la lectura. ¿Por qué la flota decide volver a España dando toda la vuelta a las Islas Británicas? Es decir, ¿por qué no optaron por a) volver por donde habían venido, b) desembarcar en puerto amigo donde estuviera Parma, o c) subido un poco a tierras por encima de Flandes para atracar y reponer?

    Ah, y otra última (esta sí), ¿por qué deciden largarse tan rápidamente? Es decir, llegados al punto en el que estaban, ¿no habrían podido esperar unos pocos días más a Parma? Si no recuerdo mal, cuando consiguen intercambiar noticias, Farnesio les dice que en 6 días puede estar embarcado (creo que eran 6, pero no mucho más) y sin embargo para la Armada esos días de espera parecen imposibles. Sin embargo luego están tropecientos días más dando vueltas a las islas británicas. No lo entiendo, ¿por qué no aguantaron un poco más?

    Saludos,
    Richar

  12. Carloto dice:

    Medina Sidonia, después de las acciones de la noche de Gravelinas, ya solo quiere poner distancia con los ingleses. Volver por donde ha venido ya sabe que le obliga a un enfrentamiento directo, ya que las dos armadas enemigas están a sus espaldas. Los españoles ya han comprobado la desigualdad dramática de sus artillerías. Piezas de bronce de gran precisión pero corto alcance para los españoles, de hierro y de largo alcance para los ingleses. Los barcos ingleses pueden batir a los españoles antes de sus artilleros enciendan sus mechas. La táctica española de combate era el abordaje, no el duelo artillero. Cuando nuestra infantería pisaba el puente enemigo el combate había terminado. Los barcos ingleses eran mucho mas maniobreros que los nuestros y habían evitado los abordajes en todas las escaramuzas del Canal.
    A Medina Sidonia no le queda otra ruta de evasión. Su decisión fue correcta, el resultado catastrófico.

  13. iñigo dice:

    Hombre decisión correcta, no sé… una decisión correcta tiene que tener un resultado más o menos razonable… y creo que más valdría haberse enfrentado al enemigo que perecer con las tormentas… Es más y si ese enfrentamiento hubiese llevado a la victoria a los españoles??? Otro gallo cantaría, no?

  14. Lupus dice:

    No siempre, Iñigo, y menos en la guerra, una decisión correcta consigue los resultados apetecidos, por causa de los imponderables de la guerra nunca se puede adelantar lo que puede ocurrir, pero para considerar si un mando obró de forma correcta hay que tener en cuenta su situación en el momento de tomarla y la información de que disponía, el resultado ya depende de la suerte y de lo que haga el enemigo en respuesta.

    Visto el resultado parece evidente que otra decisión hubiese sido mejor, pero en el momento de tomarla a Medina Sidonia debió parecerle que enfrentarse a los ingleses era demasiado incierto y por otra parte no creo que imaginase lo que le esperaba en el camino de vuelta.

  15. historicus dice:

    Hola a todos. Opino que es un libro muy bien documentado y con muchos datos que no he encontrado en ningún otro sitio, especialmente referidos al destino de los buques españoles después de sus naufragios. Creo que su historia nos compete a todos puesto que sus tripulaciones eran españolas.
    Me parece que los libros que se han publicado en España sobre el tema se centran mucho más en rebatir lo que cuentan los libros anglosajones que en documentar o añadir material a la epopeya de la Armada. Ojalá se publique un volumen en España y por nuestros historiadores especializados que tenga la amplitud del Martin/Parker. Creo que existe una obra en varios volúmenes de tamaño enorme que se edita desde hace unos años y aún no se ha acabado: La batalla del Mar Océano. Pude verla en una feria del libro y tenía una pinta estupenda pero cara y demasiado grande, por lo menos para mi gusto.

  16. Carloto dice:

    Aunque Lupus lo explica muy bien abundare en mi razonamiento. Una decisión correcta no asegura siempre un buen resultado. Si tu tienes que estar mañana en Nueva York y te dan a elegir entre un pasaje de avión y otro de barco lo razonable es que elijas el avión para llegar a tiempo. Tu decisión habrá sido correcta. Si el avión en el que viajas se estrella en el Atlántico, habrás obtenido un mal resultado (el peor de los posibles) Pero tu decisión fue impecablemente correcta.
    A Medina Sidonia le ocurrió algo parecido.

  17. Richar dice:

    Gracias por las respuestas, pero sigo sin tener claro por qué no a) esperó un par de días más a que Farnesio embarcara las tropas (si no recuerdo mal, la Armada inglesa no estaba ya literalmente encima, sino que se había retirado a una cierta distancia desde la que vigilar), b) atracó en alguno de los puertos cercanos controlados por los españoles, o c) se planteó subir a la costa europea por encima de Flandes a reponer.

    Es más, una vez decidido tirar “parriba” y a la voz de “maricón el último”, ¿no habría sido mejor mantener la flota unida? Algunos barcos ralentizarían la marcha, es indudable, pero el conjunto aún era una flota realmente poderosa, que podría haber ido atracando en las costas de Inglaterra para repostar, saquear o qué sé yo, entre otras cosas porque los ingleses no les persiguieron.

    No sé, da la sensación de que esa carrera por la supervivencia y el “sálvese quien pueda” fue un decisión precipitada, ¿no os parece?

    Por último, creo que de las historias de los barcos que fueron naufragando se podrían sacar unas cuantas novelas de lo más entretenidas, ¿no? Desde los que caen en manos irlandesas y consiguen escapar para llegar años más tarde, pasando por los que acaban combatiendo en no sé qué clan escocés durante años… en fin, tiene que haber historias ahí de lo más aventureras e interesantes.

    Saludos,
    Richar

  18. Clodoveo11 dice:

    Richar, por si te interesa y aparte del matiz paranormal:

    http://www.youtube.com/watch?v=VCDbMzxb0Ck

  19. APV dice:

    Ciertamente es una lástima que no exista un trabajo de tal envergadura sobre la Armada Inglesa y sobre las otras grandes expediciones realizadas durante esa guerra.

    Sanpifer tampoco se puede exagerar las pérdidas inglesas de 1589 porque sufrieron mucha deserción en barcos y hombres.

  20. Carloto dice:

    Los sucesos de Gravelinas (brulottes ardiendo) desbarataron la formación de la Armada y quebrarón lo que quedaba de ánimo a Medina Sidonia. La Armada se dispersó buscando aguas abiertas al Norte, tratando de evitar otro ataque de brulottes. En esa situación lo normal era buscar el retorno rodeando las islas por
    aguas escocesas e irlandesas, en teoría aguas seguras por razones de religión. Lo de las tormentas no estaba hablado.
    Farnesio no pensaba arriesgar sus Tercios “hasta que en el Canal no se vea una vela inglesa”. Y en el canal había mas velas que una tarta de cumpleaños de Dolly Parton.
    Farnesio no arriesgó y nos salvó de un desastre que pudo ser mucho peor, como la perdida de Flandes en la misma tacada.

  21. iñigo dice:

    Totalmente de acuerdo con Richar… fue una desbandada, elegiendo un camino largo, quedando a merced de la climatología y sin puertos amigos a los que llegar, exceptuando en su caso si hubiera decidido atracar o protegerse en Irlanda con el riesgo que podía correr… Es como si un torero huye del toro corriendo dando vueltas al coso taurino pero dentro de la arena… al final o buscas una salida o tienes el peligro continuamente acorrolándote. Pero bien es verdad que las decisiones se toman en le momento y corres riesgos cuando tienes responsabilidades… De todas maneras espero leer el libro y empaparme más del asunto.

  22. Pintaius dice:

    Richar, sí que hay algunas novelas que recogen esos hechos que comentas. Así, a bote pronto, yo recuerdo la segunda de la saga de Forcada (“La Cruz de Borgoña”) que he leído y no está mal, y otra que tengo pendiente, “La colina de las piedras blancas”, a la que le tengo bastantes ganas de hincar el diente. Seguramente haya algunas más que los hislibreños puedan enumerar.

    También recuerdo haber leído hace muchos años un artículo del País Semanal, firmado por Rosa Montero, en el que resumía la epopeya de un capitán español, que habiendo naufragado, creo que en las costas de Irlanda, sufrió una espantosa odisea en la que aparecían muchos de esos elementos a que aludes (persecución por soldados ingleses, involucración en las luchas entre clanes irlandeses, etc.). Por lo visto había dejado escrito un relato de sus peripecias allí y de su viaje de retorno a España, de los que el artículo entonces se hacía eco. De hecho, el argumento de la aludida “La Cruz de Borgoña” comparte muchos de esos elementos, por lo que es posible que su autor se hubiera inspirado en ellos para su novela.

    Saludos.

  23. Farsalia dice:

    Farnesio nunca comulgó con el plan de Felipe II, que Medina Sidonia hizo lo posible por llevar a cabo. No lo veía factible y pensaba que bastante tenía con lo suyo en Flandes. De hecho, Medina Sidonia, una vez en camino, se desperaba del silencio de Farnesio, que no le respondía sobre su llegada. Y claro, el tiempo se echaba encima y los ingleses no se iban a quedar quietos…

  24. Carloto dice:

    Muy cierto lo que apunta Farsalia. A Farnesio nunca le gusto el plan filipino. Aunque el operativo de la Gran Armada se monta para aliviar la presión a los Tercios en Flandes a Farnesio le parece desde el primer momento irrealizable. El hubiera preferido un desembarco de la Armada en Irlanda, lo que habría obligado a la reina Isabel a abrir un frente en el patio de su casa y dejar de mandar tropas expedicionarias a Flandes.

  25. Richar dice:

    Gracias a todos por vuestros comentarios, peeeeeeeeerooooo (si es que soy un preguntón), ¿qué os parece lo que proponía por ahí arriba acerca de que hubieran ido todos juntos bordeando las islas británicas, protegiéndose como conjunto y haciendo diversas escalas? ¿No habría esto dado más opciones a todas las embarcaciones?

    Pintaius, ya estoy haciendo mis averiguaciones sobre la novela de “la colina de las piedras blancas” que mencionas, que desconocía por completo. En cuanto a la de Forcada, casualmente acabo de dejar la primera parte a medias porque no me convencía ;(

    Clodoveo11, me he visto el vídeo, y quitando el lado que comentas, la historia hasta me suena que se menciona en el libro de Parker…

    Un saludote a todos,
    Richar.

  26. Carloto dice:

    Richar, vollvieron lo mas juntos que les permitieron las circunstancias de la mar. En Escocia estuvieron varios días en puertos escoceses haciendo reparaciones de urgencia y aprovisionadose. Dejaron Escocia cuando el rey Jacobo ya no pudo garantizarles su seguridad (agentes isabelinos pretendían volar las naves españolas en los puertos escoceses)
    El viaje de retorno también se hizo en formación hasta que las tormentas se cebaron con la Gran Armada. El 90% de los naufragios y las perdidas de tripulaciones se produjeron frente a las costas irlandesas. Los clanes irlandeses, salvo honrosas excepciones, no se portaron muy bien con los naufrágos españoles. En gran número estos fueron robados, asesinados o entregados a los ingleses buscando una recompensa. Pero esa es otra historia.

  27. Jose dice:

    Me parece que hay un error en algunos comentarios o clichés preestablecidos.

    En los libros que he recomendado se detalla con todo tipo de detalles que la artillería española no era inferior y además, los ingleses nunca quisieron un enfrentamiento directo porque nos temían. Utilizaban la técnica de acercarse y largarse.

    Una vez que el plan no pudo llevarse a cabo, por razones marítimas no podían regresar por donde llegaron ya que el viento les desplazó y casi encallan todos los barcos lo que hubiera sido todavía peor. Hoy en día con los adelantos que hay es muy fácil encallar en esa zona.

    Por otro lado, los españoles no hubieran tenido ningún problema en llegar, arrasar las ciudades que hubieran querido y regresar como hacían los ingleses, pero no era nuestro estilo. Eran y seguimos siendo de otro carácter.

    Como dije antes, la empresa no salió bien, pero no hubo apenas batalla y los ingleses eran inferiores Como dicen los ingleses, si la batalla la ganó el viento, pues vale, qué más da. Inglaterra siempre ha tenido a su favor el ser una isla y su situación, además del carácter religioso y caballeresco de los españoles.

    De todas formas hubo algunos desembarcos en las islas alestilo inglés, pero Felipe II no lo veía bien.

    Qué se lo digan a Nelson o a Van der Does en sus visitas a Tenerife o Gran Canaria, salieron con el rabo entre las piernas y en este caso sí que tenían todo a su favor.

    Francis Drake era básicamente un poco cobardilla y algo despreciable.

    Gracias.

    En serio, si os gusta el tema, os sorprenderá:

    Drake y “La Invencible” de Agustín Ramón Rodríguez

  28. Richar dice:

    De nuevo, gracias por ilustrar a un petardo como yo ;)

    Jose, anotada la última recomendación.

    Un saludo,
    Richar

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