SIDI. UN RELATO DE FRONTERA – Arturo Pérez-Reverte

Si existe en nuestra literatura un personaje que encarne el papel de héroe con todos sus atributos sin duda es el Cid, Rodrigo Díaz de Vivar. Constituye un arquetipo perfectamente exportable, a pesar del manoseo nacional que sufrió en otros tiempos, tanto como otros que junto a él forman un pequeño corpus en nuestra literatura: Don Quijote y Sancho, la Celestina o el Lazarillo, pocos mas. Pérez-Reverte ha cogido al Cid, su Sidi, personaje más legendario que histórico y tomando una pequeña parte de su aventura vital nos ha dejado una magnífica novela de aventuras. Abarca esta desde poco después de su destierro de Castilla hasta su servicio al rey musulmán de Zaragoza, Al-Mutaman, en su enfrentamiento con los reinos de Aragón-Navarra (Sancho Ramírez), Lérida (Al-Mundir) y el condado de Barcelona (Berenguer Ramón II). Un período corto pero de una enorme intensidad ya que en él, ya antes, se forja la figura heroica del Campeador y el despertar de la admiración de unos y otros por un hombre que, en la literatura, es de una sólida pieza.

Según el propio autor estamos en territorio de frontera y su protagonista es una parte importante de ella, moviéndose entre reinos y facciones, sirviendo a quien quiera contratar los servicios de su mesnada. Nos traslada la novela a esa frontera tan salvaje como la del salvaje oeste, y Sidi nos recuerda a esos personajes que encarnaron en el cine John Wayne o Gary Cooper, hombres integros, duros pero buenos, capaces de arrasar por la fuerza con quien se pusiera por delante pero también de dar la vida por una causa justa.

Se divide la novela en tres partes bien diferenciadas y que nos permiten comprender las acciones y motivaciones de su protagonista, quienes sirven junto a él y los enemigos a los que se enfrenta. La primera de ellas, La cabalgada, cargada de épica, sirve para que conozcamos a este Cid revertiano, su hueste y a que y a quien se enfrenta en la frontera incierta entre reinos cristianos y musulmanes, aliados o enfrentados entre si, sin mas motivación que la conveniencia y la necesidad. Aventura en estado puro, disfrute para el lector del genero, la novela histórica, para el incondicional de Pérez-Reverte o para quien solo se plantee pasar un buen rato leyendo y conocer un poco mas, si cabe, al personaje. Acción bien narrada, con un lenguaje cercano que utiliza algunas palabras que han desaparecido de nuestro uso común pero sin caer en el arcaísmo ni hacernos necesitar un diccionario.

La segunda parte nos cuenta la búsqueda de un señor que tome a su servicio al Cid y le permita mantener su tropa. Aquí vemos como aparecen sus enemigos y como un caballero cristiano puede ponerse al servicio de un rey musulmán, algo que sin duda puede chirriar, dado como se ha tratado el personaje históricamente, pero que no debió ser en nada extraño para los parámetros del siglo XI, cuando aún no existe, ni se imagina, la idea de España y conviven en la península ibérica diversos reinos y distintas religiones. No caigamos en la fácil España de las tres culturas y la convivencia pacífica entre ellas, cualquiera que haya estudiado o leído un poco la historia de nuestra península sabe que eso es mas un deseo buenista que la realidad que vivieron nuestros antepasados.

La tercera parte de la novela se ambienta en la batalla de Almenar en la que se enfrenta el ejército del rey de Zaragoza y la hueste cidiana contra leridanos y barceloneses. Batalla que podemos “ver” gracias a la maestría con la que el autor nos va moviendo de un lado a otro del campo de batalla. Y un final que parece anteceder a una nueva novela, pero creo que, muy acertadamente, acaba ahí, en esa última conversación entre el Conde de Barcelona y Rodrigo Díaz de Vivar, Sidi.

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Arturo Pérez-Reverte, Sidi. Un relato de frontera. Alfaguara, Madrid, 2019, 376 pp.

     

9 comentarios en “SIDI. UN RELATO DE FRONTERA – Arturo Pérez-Reverte

  1. Iñigo dice:

    Estoy en ello…

  2. Farsalia dice:

    Bien por la reseña, Juanrio. En general ‘Sidi. Un relato de frontera’ es una novela toda ella bastante previsible, argumentalmente hablando, incluidos los capítulos bélicos. Ágil, entretenida y más bien un episodio (o un par de ellos) en relación a su “biografía”; quién espere verle en la conquista de Valencia y la leyenda de su muerte, que busque otra cosa: no es el caso.

    Un Cid personal el de APR (ya lo deja claro en una nota previa), a las antípodas del fascistizado (o franquizado o incluso “voxizado”) pero reivindicado y situado en la frontera: tiempos duros, escenarios permeables, vidas perras, siempre dependientes de esa frontera. Eso es (muy) interesante en la novela, pero tampoco especialmente “novedoso”, en el fondo, respecto a la trayectoria de APR; ¿más de lo mismo? En cierto modo, sí, pero sería injusto reducir toda la novela a eso.

    Un Cid/Sidi que a menudo sorprende a los suyos y (tratae el lector de suspender su incredulidad) seduce a los “otros”, los musulmanes; de hecho, resulta un personaje muy “político” y deja la duda en el lector acerca de qué hay de “cierto” en su “ideología” (utilizo comillas muy conscientemente).

    Que el “malo” sea el conde Berenguer Remont (sic) de Barcelona no debería generar mayor polémica (más que malo, orgulloso y cerril hasta provocar ganas de cortarle la cabeza), pues es una novela y alguno debe haber (o no: a fin de cuentas, los grises suelen predominar). Me hace enarcar las cejas que, mientras se habla de castellanos, leoneses, aragoneses (o “almogávar” para uno de ellos en la hueste de Ruy Díaz) y navarros con naturalidad, para el caso de los “catalanes” (sólo se menciona una vez la palabra “catalán” y en referencia a la lengua, lo cual también resulta curioso pues el catalán, para esa época, estaba en pañales) son siempre los “francos”; cierto es también que en el caso de los “otros” (musulmanes) se habla de andalusíes, agarenos o morabíes (almorávides) según su procedencia, y aquí se es más puntilloso (y lógico). Pero si se opta por hablar un castellano con bastantes modismos actuales (impostar un castellano de “época” sería cansino), que constantemente se llame “francos” a los habitantes de los condados catalanes y a sus condes, resulta como mínimo peculiar. De todos modos, no deja de ser algo que te hace enarcar las cejas y ya, tampoco tiene mucho más.

    En fin, no descarto más novelas sobre el personaje y cómo APR lo ha “construido”. Yo las leería.

  3. Iñigo dice:

    Al final me ha parecido una lectura jugosa y entretenida, con cierta cercanía al Alatriste de APR pero quizás presentando un Cid con menos aristas y recovecos que en el de los tercios… vamos, que se lee con gusto.

    Respecto a Berenguer Remont, yo lo veo como un coronado orgulloso y aguerrido cabezota que se niega a aceptar la ayuda externa del Cid y los suyos, pero no es el malo de la película, en absoluto… es más, me resulta un personaje muy atractivo. No veo malos en este libro… aunque sí algunos muy “buenos”, demasiado quizás. Limaría un tanto el personaje de El Cid… excelso en cualidades.

    También me choca un tanto el relamido peloteo que se vislumbra en las conversaciones entre el Ruy Díaz y el rey de Zaragoza, aunque éste último maneja muy bien su situación de preeminencia y mando sobre el castellano, especialmente con el tema del dinero y su deseo de batallar sin tapujos.

    Con todo, si hubiera una segunda parte,opción que deja abierta el autor a una posible continuación, la leería sin dudarlo.

  4. Soldadito Pepe dice:

    Huy, qué raro. ¿Sólo dos comentarios perdonándole la vida al Reverte? Esto ya no es lo que era. Y por cierto amigo Farsalia la palabra “catalán” no figura en el siglo XI pues todos los textos de la época hablan todavía de “francos”. Enarcarás menos las cejas si consultas el Archivo de la Corona de Aragón que está en Barcelona y dirigido por un historiador catalán nada sospechoso de no serlo, y lo confirmas.

  5. Farsalia dice:

    Es que no era necesario poner “catalán”, y menos aún cara referirse a la lengua que hablan,y que es lo que hace APR (cuando leas la novela lo comprobarás); una lengua que, en esa época, finales del siglo XI, aún está en pañales. Pero tampoco era necesaio insistir tanto en lo de “franco”, cuando, en cambio, se refiere constantemente a “leoneses”, “castellanos”, “aragoneses”, etc. en un estilo coloquial muy actual. Pues la novela está escrita no con un estilo arcaizante, que habría rechinado muchísimo, sino con modismos muy modernos en no pocas ocasiones, y por eso llama la atención. Queda la sensación de que APR no ha sabido cómo resolver esa cuestión. Pero, vamos, que no es grave, y si eso es todo lo que tienes que comentar de los comentarios…

  6. Soldadito Pepe dice:

    Sí, la famosa incapacidad de Reverte para resolver, pobre muchacho, lleva sin resolver las cosas treinta años de fracasos literarios y así le va. Ya, ya. En cuanto a la novela, está leída hace dos semanas y me parece estupenda y de las mejores del maestro, si no la mejor. Pero de lo que yo hablo es de tus cejas dos veces alzadas y de que le perdones la vida con lo de francos (“que constantemente se llame francos a los habitantes de los condados catalanes y a sus condes, resulta como mínimo peculiar. De todos modos, no deja de ser algo que te hace enarcar las cejas”), cuando es un hecho histórico que en el siglo XI en los textos de la época a todos los habitantes al norte del Ebro se les llamaba francos y que la palabra catalán para referirse a ellos entró mucho más tarde mientras que la palabra catalana para la lengua local de una parte de esa tierra franca si se aproxima a la época. De todas formas, me fascina lo puntillosos que nos ponemos aquí con si son francos o podencos en una novela espléndida como digo, que el propio Reverte ha explicado del derecho y del revés, dirigida a un público general (e internacional, ojo) no historiador, y que de sus muchas virtudes como realismo, eficacia, acción, diálogos, lenguaje eficaz con aroma medieval pero moderno y bien contextualizado, esplendida documentación, visto bueno de expertos que se citan al final y retrato espectacular de personajes no se dice ni pío. Escenas conmovedoras como la muerte del guerrero bajo la lluvia o la del que va a ser ejecutado, el polvo, el olor a caballos y armas, las cabalgadas, la noche y los combates en la oscuridad, que hay que haber vivido lo que vivió el autor para plasmarlo de esa manera. Apenas intervengo en Hislibris pero soy viejo seguidor de muchos años y me maravilla lo estupendos que nos ponemos algunos con cada novela nueva del maestro enarcando cejas hasta el punto de que parece que hasta se le dan consejos narrativos mientras que truños de una elementalidad elemental elementalísima son elogiados continuamente como obras imprescindibles y ahí está el histórico de Hislibris para confirmarlo. Como te digo soy viejo asiduo de la casa y me conozco el paño. Que a causa del tratamiento que se daba aquí a los libros de Reverte fue por lo que dejé de intervenir, pues era absurdo andar discutiendo con quien considera a su misma altura a Calvo Poyato, a Posteguillo, a Delgado Bañón o a Corral, con todos mis respetos para ellos en su estilo y capacidad, pero que están a años luz. Ya sé que a muchos aquí fastidia y cuesta admitirlo, pero Reverte es un grande, quizá nuestro más grande, lo encuentras en todas las librerías del mundo y a los hechos y sus lectores entre los que me cuento de toda la vida me remito. Como diría Alatriste (¡Reverte ha escrito, y se nos olvida demasiado a menudo, nada menos que Alatriste!), Sidi es un novelón y quien diga lo contrario, pues eso, que dice lo contrario. Dicho todo este desde mi cordial discrepancia revertera.

  7. Farsalia dice:

    Hombre, mis cejas se enarcan cuando se enarcan… y las tuyas también con lo que te parezca. Y mis sensaciones son mis sensaciones… y las tuyas, tuyas son. Y mis consideraciones, lo mismo; y lo tuyo, pues igual. Y tan contentos todos. Y siempre puedes enviar una reseña…

  8. juanrio dice:

    Te echábamos de menos, Soldadito Pepe. Yo compre la novela y me “pedí” hacer la reseña sih haberla leído, ya que el personaje es uno de los que me ha acompañado toda la vida.

    Tengo que decir que tengo una cierta prevención ante las novelas de Pérez-Reverte, las primeras me gustaron mucho, hasta La piel del tambor, pero la siguiente, La carta esférica, se me cayo de las manos. Leí un par de novelas mas, ninguna de Alatriste y hasta este Sidi. Creo que mi reseña deja claro que me ha gustado, mas allá de un par de detallitos sin importancia. Sinceramente, espero que se mantenga en lo dicho y no continúe con el personaje, estirar el chicle conduce al aburrimiento y seguro que el autor tiene cosas mas interesantes que contar.

  9. Iñigo dice:

    Pues yo agradecería una continuación, aunque solo fuese una. Me he quedado con ganas de algo más.

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