LA MEJOR MÚSICA BARROCA – Roger Alier

La mejor música BarrocaPertenece este librito de pequeño formato a la colección de Ediciones Daimon (Manuel Tamayo) que lleva por título general «Lo mejor de la Música». Se editó en 1986 y tengo la impresión de que ya no se encuentra en las librerías, al menos en internet ha sido infructuosa la búsqueda que he realizado.

¿Por qué, pues, sacar a colación esta obra a la que no vais a poder tener fácil acceso? Simplemente como excusa frente a la necesidad por unos cuantos compartida de encauzar nuestro emotivo melobarroquismo. La idea no ha sido mía sino que se debe al ingenio andaluz de Arauxo que la ha apuntado en uno de sus últimos comentarios sobre «La aventura de los Templarios en España». Yo, que no sé por qué me he levantado hoy con predisposición a la felonía, me he limitado a adelantarme y pisarle la susodicha idea.

En efecto, el objetivo templario del mencionado opúsculo había entrado en una fase de errabunda deriva pantemática que, por derroteros románicos, primero, y misceláneos rumbos, después, había arribado a la música barroca. Se hacía necesario ya glosar un libro de materia específica para legitimar las intervenciones «ad hoc» de quienes no encontraban la vía oportuna de hacerlo y se hallaban al borde de la inhibición traumatizante.

La colección a que me estoy refiriendo, además de La mejor música Barroca aborda también Los mejores Conciertos, Las mejores Sinfonías, La mejor música de Cámara, Las mejores Sonatas y La mejor música Religiosa. La dirige Roger Alier. Cada volumen contiene una breve introducción expositiva de la tipología musical de que se trata, pero el verdadero contenido lo integra el análisis obra por obra de aquellas que, a juicio de Francesc Xavier Mata, que es quien se ocupa de la selección, forman el elenco más granado de cada uno de los más acreditados compositores en cada variedad musical. En concreto, este tomo dedicado al Barroco incluye obras de Albinoni, J.S. Bach, C.P.E. Bach, J.Ch. Bach, Carissimi, Corelli, Kuhnau, Monteverdi, H. Purcell, Telemann y Vivaldi. Se anexa una bien elegida discografía, aunque ya superada en algunos casos por versiones más recientes.

Es un libro claro y sencillo de leer y de entender, no así de adquirir, como ya he dicho. Una buena guía para neófitos.

Y ahora, apostillando sobre lo que dice Arauxo en relación con el periodo barroco tardío que se prolonga hasta más o menos 1750, es de notar que, contrariamente a lo que sucede con otros periodos estilísticos que nacen, maduran y se marchitan por su propia dinámica evolutiva, el barroco sucumbe, por expresarlo de alguna manera, cuando estaba en todo su culmen esplendoroso. Bach muere precisamente en 1750, y aún le sobreviven algunos años más Domenico Scarlatti (1757) y Haendel (1759), los tres máximos representantes de este apoteósico barroco que habían nacido en el mismo año de 1685. Fueron las innovaciones casi revolucionarias de Johann Stamitz y su Escuela de Mannheim, por un lado, y los genios preclásicos de Haydn y Mozart, por otro, los que propiciaron la desaparición prematura de la música barroca cuando más encumbrada estaba y cuando podía haber dado todavía suculentos frutos. Pero, en fin: fenecido el barroco, bienvenido sea el clasicismo.

P.S. Como no podía ser de otro modo, estoy tecleando estas líneas mientras Josephine Veasey, en su rol de Dido, acompañada por la Academy of St. Martin-in-the-Fields dirigida por Sir Colin Davis, entona esa sentida chacona, ese turbador «lamento» When I am laid in earth de la incomparable ópera de Henry Purcell.

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45 comentarios en “LA MEJOR MÚSICA BARROCA – Roger Alier

  1. cavilius dice:

    Yo asistí hace ya años a algunas de las clases de historia de la música que impartía (y no sé si aún imparte) el profesor Alier en la Universidad de Barcelona. Sin duda sabeis que es un experto en música operística internacionalmente reconocido. Guardo un buen recuerdo de aquellos ratos en clase, escuchando los fragmentos que nos ponía.

  2. Ascanio dice:

    Vaya Anthos, eres más rápido que Speedy González. Pásate también por el foro, porque Melmoth ha apuntado algunas cosillas de música barroca por allí.
    Yo, desde mi ignorancia más supina, pero ávida de conocimientos musicales, ya estoy apuntando sugerencias.
    Un saludo de una inhibida traumatizada.

  3. Arauxo dice:

    ¡Mis más sinceras felicitaciones, Anthos y mi homenaje agradecido! Has estado atento, desde luego, a nuestras “necesidades”. La verdad es que había pensado ya hace tiempo introducir una reseña sobre alguna obra de Historia de la Música, pero no me atrevía a hacerlo porque no estaba seguro de que encajase en Hislibris y, sin permiso de la autoridad, uno intenta ser prudente… aunque no lo consiga. Así que, enhorabuena, porque el mundo y la vida es de los decididos. Te agradezco, por supuesto, la cita en la reseña (todo un honor) y te confieso, eso sí, que una vez abierta la veda musical…

    Conozco la obra que propones. Alier no sólo es crítico musical (estuvo en La Vanguardia mucho tiempo, aunque no sé si seguirá escribiendo allí), sino también profesor de Historia de la Música (¿de la Ópera, quizás?) en la Universidad de Barcelona. La serie de obras que escribió con el genérico título de “La mejor música…” era una propuesta divulgativa estupenda para aproximarse a las creaciones de los grandes compositores sin demasiado temor reverencial “a lo desconocido”

    Respecto a éste, el volumen dedicado al barroco, coincido desde luego con tu apreciación respecto a a la discografía, aunque no creo que esté superada en algunos casos sino… prácticamente en todos. Desde que se publicó el libro hasta ahora, la llamada corriente historicista ha evolucionado desde propuesta humilde y discreta hasta modo universal (y casi único) de entender e interpretar hoy la música barroca (y la Antigua, en general), por lo que el panorama discográfico se ha enriquecido algo más que notablemente, con intérpretes de gran talla y con versiones radicalmente novedosas.

    Pero no ha sido el único cambio. En realidad y como tú sabes, el conocimiento de la música barroca es ahora mucho mayor que antes. Su música se valora más, autores antes desconocidos afloran hoy casi como setas, y los “nuevos” intérpretes pueblan las salas de concierto. Tanto, que hasta la selección que propone el libro resulta hoy… pobre, cuando menos. La presencia del barroco temprano entre sus páginas es casi testimonial (Monteverdi y, en menor medida Carissimi) e incluso del pleno barroco (Purcell, Kuhnau y poco más). Olvida autores tan emblemáticos (y tan considerados actualmente) como Charpentier, Lully, Campra, Schütz, Frescobaldi… por no citar a los españoles de ambas orillas del Atlántico. Y yo incluso cuestionaría que los hijos de Bach puedan considerarse barrocos… pero estoy dispuesto a discutirlo.

    En fin, creo que es un buen libro, pero (atención, Germánico, que voy a pronunciar tu palabra preferida)… bastante desfasado, tanto por la discografía como por su filosofía. Pero, eso sí, se agradece y mucho, Anthos, el cauce que has empezado a horadar…

    Un saludo.

  4. Arauxo dice:

    Querida Ascanio no sé por qué inhibida y menos aún traumatizada:

    Todos sabemos algo y todos ignoramos mucho más de lo que sabemos. Y todos nos movemos cómodamente en unas materias y en otras menos. Así que no te un cortes un pelo y pregunta, porque ya tenemos un cauce oficial para hablar de música barroca lo qeu nos venga en gana. En lo que podamos ayudarte lo haremos -al menos, yo- encantados. Y en lo que no, buscaremos juntos la respuesta.

    Un besote.

    PB: Espero que las sugerencias que te hice en la reseña de los templarios respondan a tus expectativas, al menos, iniciales. Me he permitido recomendarte discos concretos para facilitarte el desembarco. A partir de los poquitos que comenté podemos comentar tooooooodo lo que quieras.

  5. Ascanio dice:

    Sé que esta pregunta no debería ir aquí, pero como no sé dónde hacértela, Arauxo, así la hago: ¿Otro sitio donde buscar que no sea amazon, que te “clavan” unos gastos de envío que casi cuestan lo mismo que los discos?

  6. cavilius dice:

    Alier no sólo es crítico musical (estuvo en La Vanguardia mucho tiempo, aunque no sé si seguirá escribiendo allí), sino también profesor de Historia de la Música (¿de la Ópera, quizás?) en la Universidad de Barcelona.

    Pero si eso ya lo había dicho yo antes, snif, que no te lo has leído, snif snif.
    No sé si Alier tenía alguna asignatura éxclusivamente sobre ópera; las clases a las que yo asistí como oyente, (nunca mejor dicho) eran de historia de la música, en general. Y fue todo un privilegio.

    PS: estoy interviniendo mucho en este hilo, y teniendo en cuenta que no tengo remota idea del tema, es cuando menos sospechoso.

  7. cavilius dice:

    ¿Me habré convertido en un troll?

  8. Melmoth dice:

    Pues has tenido una buena idea Anthos, vaya que sí.
    Yo de momento voy a empezar preguntando (esta vez con las neuronas en su sitio): Arauxo, ¿por qué no te gusta la versión de Karajan a “El Mesías”?

  9. Arauxo dice:

    Mil perdones, Cavilius. Tiene usted razón. Había prestado muy poca atención y hemos repetido lo mismo.

    Pero por lo que veo ahora ¡también nos estamos -os estáis, más bien- repitiendo aquí y en el foro! ¡Pero si hay hasta un “hilo” (qué demonios de palabrejos hay que saber emplear en esto de Internet, puñetas…) de música buena y no sólo de Rock y esas diabólicas máquinas de fabricar estridores que hoy tanto gustan! Y, yo para variar, no estoy de acuerdo con lo que allí, en ese hilo, se está diciendo ¡Y me dejáis sin posibilidades de protestar! ¿Véis porqué no quiero ingresar en el foro? Porque acabamos mareándonos y nos perdemos lo interesante.

    ¡Maldito foro! ¡Seas por siempre maldito y hasta el fin de los tiempos!

  10. cavilius dice:

    Arauxo, si quieres, me ofrezco de correveidile. Como seguramente ya habrás notado, hoy no tengo gran cosa que hacer (mañana qui lo sá).

  11. Arauxo dice:

    Pues, verás, Melmoth… la razón está relacionada con el comentario que he introducido antes sobre el libro propuesto por Anthos y con otro que hice en la reseña de los templarios hace ya más tiempo.

    En los dos (¿casi tres?) últimos decenios y gracias al esfuerzo realizado por muchos investigadores, musicólogos e intérpretes, el concepto que hoy tenemos de la música barroca ha cambiado sustancialmente. Hasta los años 70, la interpretación y concepción del barroco estaba “contaminada” por una manera romántica de entender la música, por influencia Beethoveniana y Wagneriana fundamentalmente y, en lo que a música vocal se refiere, por un modo de interpretación al gusto “operístico”.

    Karajan, que era un magnífico director de obras de carácter romántico, como las sinfonías de Beethoven (de las tres integrales que grabó alguna es absolutamente soberbia), no sabía -y perdón por la petulancia- interpretar a Bach o a Händel, porque lo hacía como si fueran compositores románticos: lenta solemnidad en los “tempos”, gran sonoridad orquestal, voces impostadas con vibrato, coros gigantescos, grandes estruendos y… poca intimidad.

    En los últimos tiempos, y desde mi punto de vista con gran acierto, se ha dado un giro copernicano a la cuestión, sobre todo, porque se intenta -y perdón por el palabro- contextualizar la música barroca, referenciándola a una época, una sociedad, un estilo. Hoy, se entiende como algo íntimo,

  12. Arauxo dice:

    Perdón, pero se me ha cortado la “línea telefónica”. Sigo.

    Decía que hoy se entiende como algo íntimo, nítido, fugaz, sutil, saltarín, fresco, jovial, dulce… elaborado casi desde la humildad, incluso cuando pretende expresarse la grandeza celestial, por poner un ejemplo. Porque algo que parece haberse olvidado durante mucho tiempo es que el barroco (en todas las artes, pero mucho más en la música) nació casi como como una continuación natural o lógica del Renacimiento y no del Romanticismo; Monteverdi vino detrás de Palestrina, no de Verdi.

    Vaya por delante que eso no quiere decir que a mí no me guste oir a Karl Richter interpretando a Bach. Lo que digo es que… eso no es barroco. El Mesías de Karajan es una obra barroca interpretada… al gusto wagneriano. Pero prefiero -sin dudarlo un solo instante- el de Gardiner, el de Parrot, el de Hogwood, el de Pinnock… con voces maravillosas mucho más naturales, con instrumentos antiguos, con tempos más rápidos, con una frescura que no ofrece ninguna versión “antigua”.

    Un saludo historicista.

    PS: A pesar del lapsus que tuviste con la Creación de Haydn, te adelanto que… tampoco me gusta la versión de Karajan. En cambio la de Hogwood me parece extraordinaria. Pero dejemos a Haydn para otro momento…

  13. Melmoth dice:

    Bueno Arauxo, no te pongas así chico, parece que ya hemos encontrado el sitio para que me rebatas o corrijas lo comentado en el foro, pues no faltaba más.
    Si yo quiero opinar, pero prefiero aprender.

    ¡Vete ahora mismo al baño y lávate la lengua por maldecir el foro!.

    Saludos.

  14. Arauxo dice:

    Desde luego, hay veces que no entiendo nada de lo que pasa en Hislibris… ¡Pero si no me pongo de ninguna manera, Melmoth! ¡Tengo tal fama de cascarrabias en Hislibris, que aun cuando hablo distendida y cordialmente me llamáis al orden!Para mí, al menos, esto no ha sido más que una conversación agradable sobre un tema interesante… o, mejor dicho, la mitad de una conversación, porque falta la otra, que es tu opinión: ¿porqué te gusta a tí la versión de Karajan?

    ¿De modo que me dedico a contestar tu pregunta con todo el detenimiento que merece y me dices que “no me ponga asi”? Bueno, pues la próxima vez te diré “no me gusta la versión de Karajan porque no me gusta”…

    Pero ¿Porqué demonios recibo yo todos los palos?
    ¡Ay mísero de mí!
    Apurar, Hislibris, pretendo
    ya que me tratáis así,
    ¿qué delito cometí
    contra vosotros naciendo?

    En fin, saludos asombrados.

  15. Melmoth dice:

    Añado que en general estoy bastante de acuerdo contigo en que hay que interpretar la música teniendo en cuenta al entorno en que se compuso.
    Intuyo que tu discografía debe superar con creces la mía, por lo que en muchos casos no tengo el material adecuado para comparar versiones. Por ejemplo, no tengo nada de Parrot o Hogwood.

    ¿Te has lavado ya?.

    Cuidaros.

  16. Melmoth dice:

    Era broma Arauxo perdona. Tenía que haber puesto las famosas cursivas o algo, pero soy un poco torpe. Disculpa de nuevo :-))

  17. Melmoth dice:

    Si a mí no es que me guste en espacial Karajan, precisamente en la otra reseña te preguntaba si te parecía ” militar ” y es porque a mí me lo parece, soy de los que prefiero oirlo dirigiendo a Beethoven y no cualquier cosa. Sobre todo teniendo en cuenta que es uno de los más reputados, y parece que cuesta discutir su manera de entender algunas obras.
    Si has leído el foro verás que prefiero a otros, con los que puede que tampoco estés de acuerdo, y no me quedará otra que meterme debajo de la alfombra. (es broma)

  18. Melmoth dice:

    En fin Arauxo, esparo no haberte molestado y seguir disfrutando de tus opiniones.

    A mí lo que ma sorprende del barroco es la cantidad de aportaciones que se hicieron en relativamente poco tiempo, desde la aparición de la melodía y la tonalidad, el compás, la tesitura de las voces, las nuevas formas como la sonata y el concierto. Por ahí he leído que fue consecuencia de la mejora de los instrumentos, pero me parece una razón un tanto superficial. ¿ Cúal pudieron ser las razones de este torrente de cambios que ha sido la base le la musica posterior hasta hace relativamente poco?.

    Además, la música barroca llevó un camino diferente a las otras artes de la época, porque si algo no tiene la música barroca es que sea ” barroca “, es decir, es una música en la que se busca la comprensión inmediata de la música y de los textos que acompañan.

    Saludos.

  19. Anthos dice:

    Si en otro momento hubiese estado fuera de lugar, ahora no me parece inoportuno practicar un sencillo juego deductivo. Arauxo es sevillano, melómano y entusiasta confeso de la música barroca y renacentista. ¿Tendrá algo que ver el alias que lo encubre con el sevillano Francisco Correa, compositor y organista afamado de los años 1583-1654, esto es, de la época de transición del renacimiento musical al barroco? Que nos lo diga él mismo.

    Realmente era otra la razón de mi comentario. Ya que al hilo de la conversación se han citado algunos grandes intérpretes de la música barroca, como John Eliot Gardiner, Andrew Parrott, Christopher Hogwood y Trevor Pinnock, aunque ya sé que ha sido en relación con las versiones de El Mesías, y que no se ha pretendido confeccionar una relación exhaustiva, quiero aprovechar para patentizar mi devoción artística por nuestro compatriota Jordi Savall, violagambista eximio y director brillante. Son recomendables, a mi entender, cualesquiera de sus grabaciones al frente de Le Concert des Nations y de Hesperion XX (ahora Hesperion XXI), así como de La Capella Reial de Catalunya. Para los que no dispongan de esta discografía tal vez les sirva de referencia la película «Todas las mañanas del mundo» («Tous les matins du monde» en su título original francés) que, si se llega a reponer, os exhorto vivamente a que la veáis. Versa sobre la relación profesor-discípulo del un tanto enigmático compositor Monsieur de Sainte-Colombe y Marin Marais, violagambista y compositor de la corte de Luis XIV. La banda sonora está integrada básicamente por obras de ambos autores, haciendo de reiterada sintonía la rítmica y pegadiza «Sonnerie de Ste. Geneviève du Mont-de-Paris» de este último. El intérprete más destacado, entre otros intervinientes, es, por supuesto, Jordi Savall.

  20. Uther dice:

    Señores me descubro ante vuestra sabiduria melomana, en especial barroquista. He disfrutado con cada una de las intervenciones, y aunque me reconozco igual de enamorado del barroco creo que, desgraciadamente, mis conocimientos no alcanzan los de ustedes.

    No obstante diré, a fuerza de pecar de osado, que Roger Alier es sobre todo especialista en el mundo de la Opera, de hecho son muy famosos sus libros al respecto. E incluso creo recordar, que es el director de la revista “Opera Actual” (debería saberlo con seguridad ya que soy suscriptor de ella, lo confirmaré mas adelante).
    Arauxo estoy de acuerdo contigo en la descripción que has hecho de la música barroca, para que veas que no todos son palos …

  21. Melmoth dice:

    Insisto, lo mío no eran palos, pero como Arauxo había sacado el tema del foro….
    Me voy al mundo de los incomprendidos hasta nueva orden.

  22. Uther dice:

    Melmoth no te enfades que lo mío era con “animus jocondi”.

  23. Arauxo dice:

    No, si yo sabía, Anthos ¡que esta reseña iba a ser un filón! Ya verás, ya, cuando aparezca en el cuadro de honor…

    Y ya que he empezado contigo, continúo contigo y después contesto a Melmoth y Uther.

    Descubierto me has, astuto y deductivo Anthos: Arauxo, de Francisco Correa de Arauxo. Como ya he confesado en otros lares, elegí ese seudónimo porque el Sr. Correa perteneció a la última generación de grandes compositores sevillanos del Siglo de Oro (entre los que también figuran, como tú sabes, el grandioso Cristóbal de Morales y el “cantor de la Virgen”, Francisco Guerrero). Y, como también saben otros amigos, adopté su toponímico como símbolo de lo mejor de nuestra Historia (la de España, la de Sevilla, la del Siglo de Oro…)

    Respecto a Jordi Savall e Hisperion XXI, no puedo sino compartir tu criterio. De hecho es el director español con una idea más clara y acertada del mundo barroco y su iconografía musical. Y, por supuesto, el mejor violagambista que tenemos en suelo patrio y uno de los mejores del mundo. Parece que la tradición de Pau Casals se mantiene… pero hacia atrás en el tiempo (para los que no lo sepan, la viola de gamba es el instrumento antecedente del violoncello).

    Dicho esto, voy a introducir una crítica y voy a ser muy malo, porque tú sabes, Anthos, que si no meto el palo en candela, no duermo tranquilo…

    Desde mi humilde punto de vista, el resultado de toda empresa de Savall es de primerísima calidad… excepto cuando se empeña en dar protagonismo a su mujer, Monserrat Figueras. Yo lo siento, pero a mí esta mujer… me pone nervioso y me recuerda al gallo Claudio cantando. Comprendo que las alianzas conyugales llevan implícitas cargas y servidumbres, pero es una pena que el gran talento de Savall se vea empañado, por no decir eclipsado, numerosas veces porque su mujer tenga, obligatoriamente, que ser la diva. En fin, es, como digo, una lástima.

    Y no me extiendo más, que ya he sido suficientemente malo por ahora.

    Un saludo de un admirador de Savall.

    PS: Qué hermosa, la música de Marais. Y qué época más fructífera, la del Rey Sol. A veces pienso (cerrando los ojos voluntariamente ante el absolutismo monárquico, claro está) que, aunque solo fuera por la creación musical, habría merecido la pena construir Versalles. Incluso aunque sólo fuera por la música de Lully…

  24. Melmoth dice:

    Ya, pero como me he disculpado y no da señales de vida, me estoy empezando a preocupar. Arauxo, hay algo que pueda hacer para arreglar esto? Ay, de verdad que me sabe mal hombre.

    Saludos conciliadores.

  25. Arauxo dice:

    Querido Melmoth: no se hable más, porque al parecer fui yo quién lo entendí mal. Es verdad que la ironía, por escrito, juega malas pasadas… Y te lo dice alguien que la emplea demasiado, arrojando a veces resultados desastrosos.

    Si no conoces a Andrew Parrot (dirige los Taverner Players and Consort) o Christopher Hogwood (suele dirigir la Academia de la Música Anrtigua), tienes que hacerte el propósito de conseguir alguna de sus grabaciones, porque suelen ser extraordinarias. De Parrot, por ejemplo y a vuela pluma, podrías oir las famosas Vísperas… de Monteverdi, una auténtica joya. O, por ejemplo, las Odas para el día de Santa Cecilia o la Música para la Reina Mary de Purcell o la Misa en sí menor de Bach. Todas ellas están editadas por el sello Virgin (colección Veritas, a buen precio), tienen una calidad de grabación excepcional y todas pueden encontrarse actualmente en el mercado. Aunque si no las encuentras, te recomiendo cualquiera, porque hasta ahora no le he oído a Parrot NADA que no sea excepcionalmente bueno.

    De Hogwood, además de la comentada Creación (que creo que está agotado), podrías hacerte, por ejemplo, con El Mesías. O, mejor aún, con el Requiem de Mozart, una versión absolutamente íntimista y maravillosa (Eso sí, te advierto que Hogwood utiliza la versión de Maunder, y no la de Süssmayr, que es la más difundida, por lo que al principio suena “extraña”. Tú sabes que Mozart murió antes de terminar el Requiem, por lo que la obra fue “rematada” a posteriori por distintos compositores… “menores”, entre ellos los dos citados). Y si prefieres la música instrumental, puedes oir, también dirigidos por Hogwood, los conciertos para violín de Bach (soberbios, soberbios, soberbios)

    Bueno, dejo los comentarios sobre “la naturaleza del barroco” que sugieres y que me parecen muy interesantes, para otro comentario…

    Un saludo de paz de un hermano melómano.

    PS: Gracias, Uther, por tu “solidaridad”; es que mi natural petulancia, pedantería y redichismo me juega malas pasadas…

  26. Melmoth dice:

    Jo, Arauxo me has dejado de piedra. No sabía yo que hubiera otra terminación del requiem que la de Süsmayer, así que eso es en lo primero que me tengo que poner al día. Lo demás anotado queda.

    Pero Monteverdi… en general el barroco primitivo se me hace pesado. Prefiero el barroco a partir del último tercio del XVII, y la música religiosa, a mí según que cosas me cuestan. Disfruto más con los conciertos y sonatas.

    Saludos.

  27. Arauxo dice:

    No sabes, Melmoth, hasta qué punto te comprendo. ¡Claro que entiendo lo que te pasa con Monteverdi!

    Te cuento mi pequeña historia: empezé a oir música clásica de un modo consciente y voluntario con 13 ó 14 años. Me impresionó Beethoven. Era grandioso, vital, enérgico, poderoso…

    Los románticos (Shubert, Mendelshon, Chopin, Berlioz e incluso Brahms) y los nacionalistas (Tchaikovski, Rimsky, Borodin, Dvorak…) completaron la dosis de “adrenalina” musical que mis 15 años y los siguientes de mi adolescencia demandaban y devoraban con absoluta entrega y devoción.

    Los veintitantos empezaron a demandar algo distinto, más… jovial, alegre, divertido (y casi frívolo, todo hay que decirlo) que enérgico y grandioso. Y descubrí el barroco… tardío, por supuesto: Bach, Händel, Vivaldi (este último casi como un entretenimiento) y poco más. Y, sobre todo (con algunas excepciones), barroco instrumental, claro, lo que yo entendía como “auténtica” música. Los géneros vocales me parecían, con perdón, un coñ*zo (entre otras cosas porque en las versiones que escuchaba se interpretaba un Agnus Dei de Bach como si fuera El holandés errante de Wagner…)

    Algún tiempo después, cuando la razón empieza a imponerse sobre las hormonas y andaba explorando a Mahler (que antes no soportaba) y redescubriendo a Mozart (el Mozart vocal, por supuesto, el GRAN Mozart, que apenas conocía…), tuve un feliz encuantro en la vida de esos que cabe calificar como afortunados. Y, de repente, me sumergí (me sumergieron, habría que reconocer) en el barroco temprano, pero sobre todo en la música vocal de Monteverdi, Charpentier, Lully… de la mano de amigos que sabían de lo que hablaban.

    Curiosamente, la emoción sustituyó a la razón. Y casi, casi, toqué el cielo… Realmente lo toqué… poco después y no hace demasiado tiempo. Porque el paraíso, Melmoth, al menos para mí y hoy, se llama Renacimiento y, si me apuras, Polifonía. Es… (¿cómo explicar el color?)… equilibrio, pureza, perfección, armonía, moderación… belleza. Morales, Guerrero, Palestrina, Lasso, Josquin, Tallis y tantos otros. Y, desde luego, el gran Victoria.

    Te cuento todo esto porque a uno le gusta compartir sus más preciados tesoros con quien pueda saber apreciarlos. E igual te ayudo a ir más rápido y a saltarte alguna de las fases que yo atravesé. Yo sé que cada cual tiene su evolución. Depende de los gustos, de la edad, de la trayectoria personal y de tantas cosas… Pero lo cierto es que hoy, Melmoth, apenas concibo la música si no hay… voces humanas, que es, en realidad, su origen. De vez en cuando oigo algún disco de Beethoven o de Dvorak, por supuesto, pero casi como “descanso terapéutico” entre el Requiem de Victoria y El Rey Arturo de Purcell, por poner algún ejemplo.

    Un saludo sin otro animo que ayudar y compartir.

    PS1: Pese a todo lo que he contado, quiero aclarar una cosa, Melmoth, para evitar equívocos: no me gusta (y nunca escucho) la ópera romántica (Verdi, Wagner, Puccini, Rossini, Bizet…) Pero de eso, hablaremos otro día.

    PS2: Como véis, la música es para mí como el románico para Anthos: el monstruo que uno lleva dormido dentro. Y cuando se le despierta… En fin Richar, cuando tú quieras borras este comentario y todos contentos.

  28. Melmoth dice:

    En mi caso mi acercamiento a la música fue distinto. En mi pueblo hay mucha afición a la música y tuve la suerte de estudiar hasta 2º de armonía y 3º de piano. Cantaba de solista en una escolanía; tenía una voz de angelico Arauxo… que tiempos, aún tengo algún casette por ahí.

    Al poco de abandonar el conservatorio, convencí a mi padre para que me comprara una colección de discos ( los 1000 mejores fragmentos de la música clásica – de Salvat -), pero no salía de Mozart, Haydn y el barroco italiano.

    Fue mucho después cuando empecé a sentirme atraído por otros estilos, pero no de manera uniforme. Un día descubría a Debussy, y tiempo después no podía dejar de escuchar a Brahms. Es una forma muy caótica de acercarse a la música, lo sé, pero es que cuando escuho a los barrocos por ejemplo, echo de menos a Bruckner, y si estoy con música del siglo XX, me falta Mozart, vamos que no tengo un esilo preferido. Funciono más por estados e ánimo.

    Saludos.

    p.d.: yo con Wagner, Weber, Bartók tampoco puedo y del dodecafonismo ni te cuento.

  29. Arauxo dice:

    Claro que sí, Melmoth, la música es, en gran medida, estado de ánimo. Y escuchas lo que te pide el cuerpo. No es caos, es… fisiología.

    Mi primera colección de discos (cuando aún era un chiquillo) también era de Salvat: Los grandes compositores. Y, por cierto, no he incluido en la explicación anterior a los impresionistas y colindantes. Me los has recordado tú, con Debussy. O Satie. A veces, maravillosos.

    Dale una nueva oportunidad al barroco temprano, hombre. Y ya verás como acabas agradeciéndomelo.

    Un saludo barroquísimo.

    PS1: Yo tampoco aguanto ni a Shoenberg ni a todos sus amigos dodecafónicos juntos. Y no te digo nada de la música atonal tan bonita con la que nos castigan hoy en las salas de concierto. Para eso ya tengo el ruido del tráfico todas las mañanas. De Wagner me gusta el orquestal, especialmente los preluidos e interludios de sus óperas. No soporto al Wagner vocal ni sus óperas de 5 horas dando berridos, qué le vamos a hacer. Pero el Weber (Carl María)orquestal también me gusta. Sus oberturas son buenas. Y el otro Weber (Andrew Lloyd), el compositor de musicales como Jesucristo Superstar, Evita, El fantasma de la ópera, etc… me encanta. Es que uno tiene sus debilidades…

  30. Baren dice:

    Madre mía, veo que aquí la gente pilota de todo tipo de temas…

    Asomo tímidamente para decirle a Arauxo y a las huestes historicistas en general que las Variaciones Goldberg de Glenn Gould siguen sin ser superadas, por mucho que Pierre Hantaï se lo curre!. Y ahora me tapo los oidos para no escuchar las réplicas, lero lero leeeero….

    Ahora en serio, me considero un humilde gran aficionado a la música llamada comunmente “clásica”, y ha sido una auténtica sorpresa y placer leer este hilo en un blog de novela histórica.

    Ale, nos leemos.

  31. Arauxo dice:

    ¡Bienvenido, Baren, al club de los melómanos! ¡Ya casi somos legión! Dentro de poco, eliminamos a Richar y a toda la cuadrilla esta (que pierde el tiempo hablando de rock y tonterías parecidas por otros arrabales) y nos dedicamos a hablar de los que nos gusta: ¡LA BUENA MÚSICA!

    Aunque… parece que vamos a discutir (¡Qué aburrida sería la vida sin discutir!) por las Variaciones Goldberg (¡Qué aburrida sería la vida sin escuchar las Goldberg!) de Bach (¡Qué… terrible… sería la vida sin poder oir a Bach). Así que da lo mismo que te tapes los oídos y canturrees al mismo tiempo -emulando precisamente a Gould mientras tocaba el piano-, mientras tengas los ojos abiertos para leer…

    Bueno, Baren, vaya por delante que reconozco que la interpretación de Gould es.. extraordinaria, excelente, impresionante, arrebatadora, inigualable. Sería PERFECTA… si en vez de un piano sonase un clavicémbalo. Pero, lamentablemente, no es el caso. Y, yo lo siento mucho, pero tengo que preguntar: ¿a ti te gusta la famosa Toccata y fuga interpretada al órgano electrónico? ¿Te gustan, por ejemplo, las Cuatro Estaciones de Vivaldi interpretadas por una orquesta sinfónica? ¿Te gusta la 5ª de Mahler interpretada en sintetizador digital? Pues oir Bach al piano… es muy parecido. Y lo digo sin menosprecio hacia el intérprete, que ya he ponderado suficientemente. Pero es que las Variaciones Goldberg es una obra… para clave, que es lo que había entonces.

    De verdad, Baren, que lo siento, pero yo no concibo, por ejemplo, una pieza de Música Antigua con pianos, violoncellos, trombones de varas, oboes y fagotes, sino con… clavicémbalos, violas de gamba, sacabuches, cornetos y bajones. Es que uno, además de raro y protestón, es un pedante purista insoportable…

    Ale, seguimos leyéndonos.

  32. Baren dice:

    No puedo rebatir tu argumento porque en efecto yo soy el primero que no tragaría las versiones “alternativas” que propones, y tus ejemplos, aunque llevan el tema al extremo, los considero perfectamente comparables al caso Gould.

    Mi caso, y supongo el de más de un aficionado, es que históricamente (que no “historicísticamente”

  33. Baren dice:

    Continúo que se cortó por unos signos mal puestos:

    …historicísticamente, y ojo con morderse la lengua al pronunciar), he escuchado las versiones románticas de las obras barrocas, asumiéndolas como mis modelos, siéndome ahora muy difícil aceptar otras propuestas que sin duda son más apropiadas en terminos de interpretación en su época.

    En cualquier caso, la parte más espinosa del asunto viene cuando hablamos de interpretaciones historicistas de obras románticas… Yo de música ni papa, pero aquí parece que no está tan claro el tema, y resulta más doloroso aceptar como más “apropiadamente interpretadas” las sinfonias de Beethoven por Hogwood o McCreesh, que las versiones de referencia (como gustan decir los críticos) de Klemperer, Furtwangler, Solti, Böhm, incluso -por qué no decirlo- Barenboim, al que debo mi nick.

    Me interesa muchísimo saber vuestra opinión al respecto de esta última cuestión.

  34. Melmoth dice:

    A ver, mi opinión es que creo que nos estamos olvidando de algo muy importante, y es que la música es algo vivo; es MUCHO más que TODO lo que pone en una partitura – y hay más cosas que el nº de instrumentos, compás, tono… –

    Si en el comentario del 8/11 3:52 p.m.. le decía a Arauxo
    que estaba bastante de acuerdo con él ( y no comletamente ) era por esto.

    Yo reniego de unas 4 estaciones interpretadas con guitarra elétrica ( por ejemplo ) pero eso no quita para que me guste una versión con instrumentos del s.XX, y que la considere mucho mejor que otra interpretada con instrumentos de época, o que pongan una viola en vez de viola da gamba, si logra transmitir el espíritu de la obra y está bien ejecutada. Ahí es donde busco yo la Perfección, y no en el DNI del instrumento. Otra cosa es que uno sea purista como Arauxo y no quiera aceptar según que cosas.

    Si solo debiéramos atender a la partitura, enfrente de los músicos pondrían un metrónomo y un señor con diapasón y no un director de orquesta digo yo.

    Me niego a crrer que cuando Mozart dirigía algo, se limitaba a marcar el compás de lo que había compuesto, que sus representaciones eran todas muy parecidas, ¿ quién mejor que el propio compositor para conocer la versión ” autentica “? y que por ejemplo estaba cerrado a hacer unos arreglos para un instrumento si en una representación disponía de él y lo consideraba oportuno, y luego esos arreglos no tienen por

  35. Melmoth dice:

    … (sigo, perdón `por la torpeza) no tienen pior qué ir en la partitura final, o que si componía algo y en la partitura ponía tres trompetas, siempre usara tres y no cuatro o cinco.

    Cómo la música es algo vivo, si solo se hubiesen grabado las que parecen versiones ” aúténticas ” os aseguro yo que detrás hubiesen llegado las ” románticas “.

    Saludos.

  36. Uther dice:

    Ya se que no viene mucho a cuento, ahora mismo, pero lo digo. Asi comparto con vosotros, melómanos de pro, mi alegría e ilusión; mañana de nuevo vuelvo a ver otra representación de Rigoleto. Viva Verdi. Ea.
    Saludos.

  37. Melmoth dice:

    Que envidia Uther…, esto que voy a decir tampoco viene al caso pero como quizá alguien no lo sepa se lo digo:
    en la Web de Radio Nacional de España se puede descargar en formato pdf toda la programación del mes, con lo que sabes cuando van a poner algo que te interesa, emisiones en directo….

    http://www.rtve.es/rne/rc/programa/index.htm

    y por supuesto se puede escuchar por internet, aunque la calidad no es la misma que con una radio claro.

    Cuidaros.

  38. Tarquinia dice:

    Hola a todos de nuevo (voy cogiendo confianza…),

    Creo que el debate entre interpretaciones historicistas vs románticas es interesante, pero tal vez habría que enfocarlo de una forma simple. Si conocemos la forma más cercana posible a la concepción original del autor, después podremos valorar las recreaciones que puedan hacerse. Si oímos la música barroca como fue compuesta, con el reparto más cercano al original, tendremos un punto de partida para compararla con versiones que no mantienen el reparto o la concepción inicial.

    Por poner un ejemplo, si no hemos visto nunca “Las Meninas” de Velazquez, no podremos captar realmente el nvel de genialidad, transgresión o tomadura de pelo que son “Las Meninas” de Picasso o las del Equipo Crónica. Aquí ya entraría la parte subjetiva de interpretar el arte que tenemos cada uno, fruto de nuestra formación y experiencia, a parte de un posible sentido estético innato que, realmente, no sé si tenemos.

    Que conste que me habeis animado a participar y ahora teneis que tragaros estos comentarios :-)

    Tarquinia

  39. Anthos dice:

    Sobre esto del purismo, en cuanto a la interpretación con los instrumentos originales y en las condiciones en que se escuchó una determinada obra en el momento de su gestación, voy a dar una de cal y otra de arena. Me inclino personalmente hacia la estricta observancia de las circunstancias en las que fue concebida una partitura en cuanto a formas y medios, pero reconozco que quizá sea por pura evocación melancólica de un pretérito ambiente musical que no tuve ocasión de presenciar y que, de alguna manera, me es dado recrear y vivir a posteriori.

    No obstante, también reconozco que los instrumentos musicales, como tantas cosas, son evolutivos, y que los más recientes suelen representar versiones perfeccionadas de sus predecesores. Desde el cuerno de caza, pasando por la llamada “trompa natural” de afinación fija que deriva de aquél, hasta la actual trompa de válvulas o pistones hay un trecho de difícil reversión. Algo parecido le sucedió al clave y al clavicordio con el piano. Éste, que por algo se denominaba en principio pianoforte, abreviatura de nuovo gravicèmbalo col piano e forte, ofrece una mayor expresividad y matización sonora gracias a su sistema de percusión que permite emitir sonidos desde muy tenues hasta fortísimos. A partir de su invención (Bartolomeo Cristofori en 1711), se fue imponiendo hasta desplazar a aquellos otros instrumentos. Los compositores barrocos a penas tuvieron ocasión de introducir el nuevo invento en sus composiciones, pero los inmediatamente seguidores en el tiempo, por ejemplo Mozart o Beethoven, se volcaron en el piano con numerosos conciertos para este instrumento y variadas obras pianísticas.

    Pienso que Bach compuso profusamente para clave porque es lo que tenía; de haber vivido en la época de expansión del piano, no me cabe duda que hubiera utilizado este instrumento para sus composiciones. Hubo de conformarse con los medios a su alcance que, en algunos aspectos, eran paupérrimos. Así, se quejaba frecuente y amargamente de la precariedad del coro de que disponía, formado por alumnos de Santo Tomás de Leipzig cuyas voces eran mutantes por la edad que tenían, que variaban cada curso, que se indisponían en invierno y dejaban la escolanía muy mermada hasta el punto de no poder contar en muchas ocasiones ni con cuatro voces por cuerda y tener que pedir cantores en préstamo a otras iglesias. Creo que hubiera dado cualquier cosa por disponer de un coro más profesionalizado, y no sería de recibo que hoy, por remedar las «genuinas» condiciones en que se interpretaba la música coral en Santo Tomás, se utilizasen coros chapuceros como los que a Bach le tocó sufrir.

    De otro lado, por más que se utilicen actualmente instrumentos antiguos, las circunstancias en que hoy se interpreta la música no son ni parecidas a aquellas de antaño. Baste referirse a las modernas salas de conciertos y parangonarlas con el comedor de los Esterházy donde, entre el ambiente y el ruido propio de una comida palaciega, Haydn dispensaba su «música de mesa» para la regocijante digestión de su señor.

    Como ya he dicho, entiendo y acepto ambas posturas y, aunque no soy gallego, prefiero no pronunciarme.

  40. Ascanio dice:

    ¡Oh, Tarquinia! ¡Las Meninas! Eso sí que son palabras mayores…

  41. Arauxo dice:

    Oh, Dios míiiiiiiiiiio, a ver si encuentro tiempo o voy a morir de impaciencia…

  42. cavilius dice:

    ¿Tiempo? Yo también estoy buscando tiempo, hace ya… 17 meses (qué casualidad, es justo cuando nació mi pacífica Irene; ¿tendrá ella todo mi tiempo, guardadito guardadito? ¿Y el tuyo, Arauxo, lo tendrá ella también?)

  43. Arauxo dice:

    No, Cavilius, mi tiempo no lo tiene guardadito tu pacífica (y seguro que preciosa) Irene, que seguro que lo custodiaría bien y con cariño. Mi tiempo… estará perdido por algún lugar del cibersepacio… vaya usted a saber…

    Querido amigo melómano (y olvidado contra mi voluntad) Baren: casi habrás olvidado las opiniones que formulabas y que tantos y tan interesantes comentarios ha suscitado: resulta más doloroso aceptar como más “apropiadamente interpretadas” las sinfonias de Beethoven por Hogwood o McCreesh, que las versiones de referencia (como gustan decir los críticos) de Klemperer, Furtwangler, Solti, Böhm, incluso -por qué no decirlo- Barenboim, al que debo mi nick. Hombre, no sé si doloroso (hay cosas bastante más dolorosas… incluso para los oídos), pero a mí también me parece eso, como mínimo, una postura… ridícula. Porque igual que hoy no puede negarse que el Bach de Herreweghe o el Haendel de Gardiner son absolutamente barrocos (y, lo siento, pero bastante más barrocos que los de Richter), el Beethoven de Futwangler es… absolutamente excepcional (y, por supuesto, muy superior al de Hoogwood, que dirige muy buena música… barroca). Y no voy a ser yo el que lo niegue, faltaría más. Pero estoy seguro de que el Beethoven de Furtwangler está bastante más cerca de la idea que de sí mismo tenía el gran sordo de Bonn, que lo que está el Bach de Richter del Bach de aquellos tiempos… barrocos y no románticos. Y es que, al final, no se puede pretender hacerlo todo bien, demonios. McCreesh dirige unas magníficas -casi insuperables- versiones renacentistas y Baremboin interpreta unas excelentes -casi insuperables- versiones de Beethoven. La viceversa… es un perfecto desastre.

    ¿Tenía Bach, Anthos, menos y peores medios que los que hoy tienen los compositores a su alcance? Indudablemente. Pero, a partir, de ahí, todo es un futurible. ¿Habría compuesto Bach para guitarra eléctrica o Mozart música de cine? Puede que sí… Pero a mí no me importa. Compusieron para clave y para el teatro (o para la ópera, que viene a ser lo mismo). Y yo, al menos, el Bach y el Mozart que quiero escuchar, son el del clave y el del teatro. Los experimentos se los dejo a… los que les guste experimentar, pero es que yo soy… antiguo y cabezota.

    ¿La música es algo vivo, Melmoth? Claro que sí. Y la vida se la proporciona tanto el intérprete como el oyente, porque en cada nueva interpretación y cada nueva audición… el alma del compositor renace un poquito. Pero el tiempo en que un autor vivió y compuso su música… murió para siempre, con sus categorías culturales, sus instrumentos, sus… emociones. Y lo que yo quisiera, Melmoth, es poder recrear, aunque sólo fuera durante un rato y aunque en una imagen borrosa, un trozo del alma de Bach, de Monteverdi (¡Ay, Monteverdi!) o de Purcell.

    Sí, Tarquinia, sí: Si oímos la música barroca como fue compuesta, con el reparto más cercano al original, tendremos un punto de partida… sólo que para algunos (que nos hemos vuelto demasiado exigentes), no es un punto de partida… sino de llegada. Es… la perfección.

    Pero lo mejor de todo es… poder hablar de estas cosas con amigos como vosotros.

    Un saludo monteverdiano.

  44. Aníbal dice:

    Hola a todos:

    En realidad no sé si este foro aún continua o está inactivo hace años, pero el tema de discusión me pareció muy interesante, porque soy gran amante de la música.

    La verdad es que conocí la música clásica a través del barroco y en la época en que ya estaban en boga las interpretaciones de hombres como Gardiner, Trevor Pinnock y Hogwood (éste sigue siendo mi director favorito). Gracias a estos hombres conocí la música clásica de Mozart y Haydn y la romántica de Beethoven. Que quieren que les diga, me encanta esa música interpretada de esa manera.

    Pero comprendo perfectamente que hayan otros puntos de vista sobre esta música y valoro tan positivamente ese hecho, que hasta me gustaría tener amigos melómanos con otros gustos, para que me hicieran oir otras versiones de las mismas obras que tengo en mi colección, aunque sea poco probable que mi favoritismo, en cuestión de directores, se altere drásticamente.

    El otro día leía un artículo donde se comentaba que había dos formas de entender la interpretación de una pieza musical: una en que la música era algo abierto y la partitura se tomaba sólo como el punto de partida para que el intérprete exprese aquello que la música le ha comunicado; el segundo, era el punto de vista de que la partitura era sólo un aspecto de la música la que habría de ser completada con todo aquello que el compositor no había escrito expresamente por obvio como las costumbres de su época a nivel interpretativo, etc (este sería el punto de vista historicista). En este segundo caso, el director es un medio para transmitir lo más fielmente posible lo que el compositor quiso expresar.

    Pienso que ambos puntos de vista son interesantes; aunque si yo fuera un intérprete encontraría más humilde el segundo punto de vista, pues que hay gente tan especial, que no se les pueden cortar las alas; imagínense el desperdicio que supondría el que Yann Tiersen se convirtiera en director de orquesta y quisiera dirigir con criterios historicistas; pues que yo le pagaría por verlo interpretar las obras a su manera.

    Creo que mientras mayor sea la paleta de posibilidades que se nos ofrezca a los oyentes, pues mejor

    Saludos cordiales para todos los amigo melómanos

    1. Javi_LR dice:

      Bienvenido, Aníbal. Aquí los comentarios siempre están vivos. O, al menos, esperando que alguien los reviva.

      Un saludo.

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