JULIANO EL APÓSTATA – Lucien Jerphagnon

Probablemente la imagen que tengamos de Flavio Claudio Juliano Augusto sea la que ofrece Gore Vidal en una de sus mejores novelas históricas, Juliano el Apóstata. Y quizá tengamos también esa imagen del joven emperador, émulo de Alejandro, obsesionado por devolver el imperio al paganismo, filósofo por encima de todo. Y es posible que no andemos muy errados. Pero tras casi cincuenta años de presencia cristiana en las instituciones, en la vida religiosa (con sus querellas dogmáticas), en la sociedad (aunque con matices, especialmente para Occidente), un paso atrás, un cambio de rumbo ya era difícilmente irrealizable; especialmente si el paganismo, o mejor dicho, si la sociedad pagana, con todo lo que ello conlleva, apenas hacía un esfuerzo por restaurar un estado de cosas que ya no tenía vuelta de hoja. El tiempo no se detiene, las costumbres cambian, los templos se vacían, el incienso arábigo ya no llega con el volumen de antes y los hombres caminan hacia otra esfera. No por ello el eco del mundo pagano, en todas sus vertientes, se olvidó, pero los recién llegados (cristianos) no iban a permitir un viraje de tal magnitud.

Lucien Jerphagnon (1921-2011), helenista e historiador de la filosofía, tuvo una larga carrera. De su ingente obra, en castellano apenas se ha traducido su Historia de la Roma antigua (Edhasa, 2007), obras filosóficas como Elogio del pesimismo (cualquier tiempo pasado fue mejor) (Barril Barral, 2010) y otras obras más, y el presente Juliano el Apóstata: historia natural de una familia en el Bajo Imperio (Edhasa, 2010), que, para variar, llega con casi veinticinco años de retraso. Pero llega. Congratulémonos. Y hagámoslo porque estamos, de entrada, ante un libro tremendamente ameno. Mucho. No me lo podía esperar cuando empecé a leerlo y, agradeciendo que la traducción haya respetado el estilo del autor (aunque podría haber mejorado en cuanto a algunos topónimos), de pronto me vi enganchado a una lectura tan novelesca como la que nos ofrece Gore Vidal en su texto.

El retrato que Jerphagnon nos ofrece de Juliano es el de un superviviente, en muchos sentidos. Del mismo modo que Tolstói comenzara Anna Karénina con una de esas frases antológicas («Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada.»), la historia de Juliano comienza con unas segundas nupcias, que lo complican todo: las de Constancio Cloro, padre de Constantino I, casado con Flavia Maximiana Teodora, hija de Maximiano, augusto, y de quien fue césar durante casi quince años (reinando apenas uno como augusto). De este matrimonio nació, entre otros hijos, Julio Constancio, padre del futuro Juliano y de su hermanastro Galo. Ambos serían césares, sólo el primero alcanzó el trono imperial. A lo que íbamos: unas segundas nupcias para Constancio Cloro, varios hijos más que añadir a una familia en la que quedó apartado (desde los ojos de Diocleciano y Maximiano, augustos de la Tetrarquía) su hijo mayor, Constantino. Futuro emperador. Único. La historia de la Tetrarquía (284-324), con sus éxitos iniciales y sus crecientes complicaciones, una vez que su creador, Diocleciano, se retiró para cuidar de sus jardines en Spalatum (Split) es bien conocida. Al final sólo pudo quedar uno, y ese fue Constantino I. Pero al morir en el año 337, dejando el imperio repartido entre sus tres hijos (Contantino II, Constancio II y Constante), y con varios cargos para sus hermanastros y primos, la situación era compleja. Y los tres augustos tomaron una decisión que en cierto sentido emularían los sultanes otomanos siglos después: eliminar a la parentela. Sólo se salvaron Galo y Juliano, apenas unos chiquillos. Luego las disputas fraternales fueron dejando a Constancio II como único emperador; pero tras la muerte de Constante (350) por el usurpador Magnencio, Constancio necesitaba a alguien para gobernar la mitad del imperio. Se acordó de aquellos primos que había dejado con vida, y designó césar al mayor, Galo. Poco duró la experiencia: según el relato de las fuentes, los excesos de Galo forzaron a Constancio a deponerle y ejecutarle. Pero seguía necesitando a alguien como césar, y de la familia apenas le quedaba alguien en quien confiar dicha misión: Juliano, césar desde el año 355. El superviviente había alcanzado el poder.

Todos estos avatares los relata, lo dicho, con un tono muy ameno, Jerphagnon. Y nos cuenta también la historia de Juliano, un superviviente del paganismo. Criado en la fe cristiana, aunque apenas de nombre, Juliano se educó en el amor a la literatura, la filosofía y el pensamiento de los grandes clásicos griegos (esencialmente) y romanos de siglos atrás. Del neoplatonismo de Plotino y Jámblico, Juliano bebe con ahínco, para devorar con pasión los textos de Platón, algo de Aristóteles y empaparse del estilo de Marco Aurelio. Todo ello, durante muchos años, en secreto, sin que ninguno de los agentes in rebus que espían para la corte puedan decirle a Constancio, arriano convencido, que su primo y posterior césar se inicia en los misterios eleusinos, se forma en la escuela de Libanio, el rétor, o escribe textos en los que reivindica a los filósofos y escritores antiguos. De ese ensimismamiento en los antiguos Juliano saca fuerzas de flaqueza, sí, pero también la obsesión, una vez en el poder, por restaurar el paganismo en una sociedad que camina hacia otra parte.

Hay muchos debates en torno a la figura de Juliano, y Jerphagnon los sirve con un estilo de alta divulgación, sin necesidad de un aparato crítico y con una selección bibliográfica más bien escueta al final. Juliano el Rey Filósofo uno vez en el poder; pero no al estilo de Marco Aurelio, sino rememorando el período helenístico, donde se habría sentido a sus anchas. Juliano el pontífice máximo que pugna por restaurar el culto de los dioses paganos, siendo consciente (o haciéndose el inadvertido) de que hay mucho oportunista de última hora que trata de subirse al carro del augusto recién llegado. Juliano el progresivamente hastiado luchador contra los excesos del clero y los profesores cristianos, a los cuales niega la enseñanza de los clásicos a menos que realmente crean en ellos. Juliano el depurador de una corte de sicofantas, cargos onerosos y eunucos que amargaron su juventud y su cesarato en las Galias, siempre llenando los oídos de Constancio con maledicencias y falsos rumores. Juliano el gobernante que trata de mejorar la gestión de un imperio vasto y difícil de gobernar. Juliano el romano que nunca visitó Roma. Juliano el conquistador que trata de emular a Trajano y acaba con su vida, a causa de un lanzazo, en Samarra, apenas veinte meses después de llegar al trono. Muchos Julianos en un corto reinado.

Se podría pensar que Jerphagnon convierte su relato en una encendida defensa del personaje. No es así: el autor tiene claros los errores de Juliano (la campaña contra los cristianos a través de su prácticamente perdido texto Contra los galileos, la campaña persa, su obsesión por el paganismo), pero también resalta las virtudes de un emperador que de buena fe trataba de mejorar la vida de los habitantes del imperio, que se mostraba tolerante con las creencias ajenas (siempre y cuando no se inmiscuyeran en las de otros), que apenas se manchó las manos de sangre o que, ya puestos, habría que decir de él que no fue un apóstata, pues nunca fue cristiano de corazón. Al final del relato nos queda, con el apoyo de los discursos, cartas y textos filosóficos de Juliano, de su (autoconsiderado) enemigo Gregorio Nacianceno, de su maestro Libanio, de Amiano Marcelino (todos ellos coetáneos), y de fuentes posteriores como Eutropio o Zósimo, una imagen de Juliano que le sitúa con más detalle en su contexto y en la controversia religiosa por él desatada. Y nos queda un libro que vale la pena leer (y disfrutar), para conocer un poco mejor a este personaje. En verdad os lo digo.

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25 comentarios en “JULIANO EL APÓSTATA – Lucien Jerphagnon

  1. rosalia de bringas dice:

    Interesante reseña sobre un personaje controvertido y hasta misterioso, ¿no?
    (¿No era este Juliano quien re-institutyó un culto pagano que tenía al toro como figura fundamental?).
    Gracias por una recomendación que, viniendo de quien viene, se ha de tener muy en cuenta.
    Un saludo.

  2. iñigo dice:

    Yo también leí Juliano el Apóstata de Gore Vidal y recuerdo que la obra giraba alrededor de la figura del emperador empecinado en volver al paganismo y sobre todo en eliminar el cristianismo, por lo menos de su entorno…
    Aunque también se trate el mismo tema en este libro que reseñas, que era preponderante en la vida de este emperador, me da la impresión que se trata de un texto más completo y menos subjetivo que el del Gore Vidal. Si, además comentas, que resulta ameno y entretenido, pienso que habrá que tenerlo en cuenta para tener una visión un poco más objetiva del universo del emperador Juliano.
    Enhorabuena.

  3. Vorimir dice:

    Una figura y un periodo interesantes, sin duda. Y el libro seguro que merece la pena pero… su precio debe ser bastante prohibitivo.
    Juliano trató de crear un nuevo paganismo a su vez que recuperaba la antigua religión oficial romana.
    Uno de los grandes focos de interés religioso de Juliano eran los cultos mistéricos, entre ellos el Mitraismo, donde el sacrificio de un toro era el ritual principal (al igual que en el culto a Cibeles): La tauroctonía (o taurobolio en los cultos de Cibeles). El bañarse en la sangre del toro traía a los fieles a la nueva vida y les daba la posibilidad de una vida eterna ultraterrena y dichosa, algo de lo que la religión oficial romana, tan práctica para mantener la cohesión social y tan imbricada en la política nunca había ofrecido. Con la grave crisis espiritual que esto acabó produciendo vino la penetración en el Imperio de estos cultos orientales que prometían la vida eterna y estaban rodeados de secretos y misterio, y por ello gozaron de enorme popularidad durante siglos. De hecho fue dentro de esta corriente de crisis espiritual donde el Cristianismo encontró un excelente caldo de cultivo junto a estos cultos mistéricos.
    Bueno, es un resumen cutre, pero a modo simple espero que haya quedado medianamente claro.

  4. iñigo dice:

    Pues carillo es… 29´50 €… ya sabemos lo que es Edhasa y no vamos volver a hablar del tema, que nos repetimos:)

  5. Farsalia dice:

    No recuerdo (y eso que es una lectura relativamente reciente, ay esa memoria…) que Jerphagnon comente el tema de Juliano y el mitraísmo. Sí que, por supuesto, trata la iniciación mistérica en Eleusis, por ejemplo, pero el paganismo de Juliano es esencialmente filosófico, no tanto religioso (que también) o mistérico. Por ello, por ejemplo, trata de prohibir la enseñanza de la filosofía a los cristianos; le “cabrea” que los maestros cristianos usen la filosofía para desmontar el paganismo o al menos dejarlo a la “altura del betún”; en cierto modo, su réplica a los cristianos diseccionando la teología y la moral cristianas es una pataleta, una rabieta que, sin embargo, apenas interesó a sus detractores (al menos lo suficiente como para seguir estigmantizándolo).

  6. Farsalia dice:

    Bueno, el precio, en la onda de Edhasa, ya se sabe…

  7. Vorimir dice:

    Aunque no conservemos completo su “Contra los Galileos.”
    En la mentalidad de Juliano (bueno, y en la de todo el Imperio) tenía gran importancia ya el Neoplatonismo y sus teorías sobre el alma inmortal del hombre.
    JUliano trató, en el fondo, de crear una “Iglesia filosófica pagana”, pero a su vez volvió a tratar de dar brillo y esplendor a los Cultos Mistéricos y a la antigua religión con grandes ceremonias y sacrificios de bueyes blancos, etc…
    Curiosamente ando leyendo un libro sobre el conflicto Monoteismo/Politeismo y los dos últimos capítulos han sido los Cultos Mistéricos y el Cristianismo primitivo (donde hablan de Juliano), y Constantino.

  8. iñigo dice:

    Me suena y veo un paralelismo con la figura de Akenaton en Egipto… es decir, el afán de imponer una religión nueva o diferente a la del momento, pero desde arriba, lo cual es mucho más dificl de realizar, que si el cambio viniera desde abajo, es decir con la labor de personas que enseñen esa religión al pueblo (misioneros), que al final tienen que ser los que hagan sobrevivir en el tiempo a esa nueva religión (digo nueva como al hecho de retornar a una religión pagana tras muchos años de cristianismo en el caso de Juliano). Estas iniciativas tanto de Juliano como de Akenatón, por el hecho de ser un mero capricho del dirigente del poder en ese momento no encuentra respuesta mayoritaria en el pueblo, con lo que al final mueren por su propio peso.

  9. jsivera dice:

    A mi el “Historia de la Roma antigua” de Jerphagnon me convenció bastante, a pesar de las várias referéncias y guiños para el público francés que contiene..

    Interesante la figura de Juliano, y gran reseña, como siempre!

  10. Lopekan dice:

    Así son las reseñas de farsalia: mueren de su propio éxito. Te las lees, y ya quedas razonablemente informado y puesto en antecedentes, con el aliño de la contrastada opinión que a él le merecen. De manera que, sin gran cargo de conciencia, dejaré de leer el libro, sabedor de que hasta dentro de unas cuantas reencarnaciones no tendré ocasión de hacerlo.
    Por otro lado, tengo a Gore Vidal en un pedestal, y me costaría arriesgarme a que me lo desmonten :)

  11. Lopekan dice:

    ¿Ah, que ahora es con mayúscula? Pues nada, “Farsalia” entonces. Reconozco que me costaba hacerlo en minúscula, pero por respeto al propietario lo hacía así (y las más de las veces antes tenía que corregirlo).

  12. Farsalia dice:

    Coñe, no me digas eso, granaíno, que entonces pa qué escribir reseñas… ;-)

  13. Lopekan dice:

    Como te lo cuento, nen: si la mejor reseña es aquella que te anticipa el sabor de la lectura de un buen libro y el poso que después dejará en tu memoria… las tuyas son de esas.
    Total, que como soy realista y me doy cuenta de que no tengo tiempo suficiente para abarcar una mínima parte de las lecturas con las que nos engolosinamos, te uso como medium y me quedo tan contento con la sensación de (casi) haber leído, entendido y disfrutado de este buen libro ]:D

  14. APV dice:

    Es curioso pero no me acabó de gustar, quizás el estilo, quizás esperaba más o el momento en que lo leí.
    Supongo que tendré que darle otra oportunidad. Y si me gusta ver si lo sacan en saldo.

  15. Horus-chan dice:

    Je, je, lo que comenta Lopekan es cierto. El problema es que si tuviera que comprar y leer todas las reseñas que me parecen sugerentes, me faltaría tiempo. :(

    Sin embargo, desde que deambulo por Hislibris, cuando entro a una librería, me ocurre algo ya completamente inevitable:

    “mira, este lo reseñó Rodrigo. Mira, aquel lo reseño Vorimir. Anda! Aquel otro de Farsalia…” y asín todo el rato, qué le vamos a hacer… ;)

  16. Farsalia dice:

    Me enganchó el estilo de Jerphagnon, ameno, accesible, sin aparato crítico (pero con rigor, que conste). No esperaba mucho del libro, de hecho llevaba casi un año en la biblioteca esperando a que lo cogiera en préstamo: y me animé y entré de lleno en la historia que cuenta. Porque en el fondo nos cuenta una historia, más allá de la biografía del personaje o su controversia.

  17. Darklyes dice:

    Saludos

    Pues yo tengo esta novela desde hace lo menos 15 años dando vueltas por mi casa, de estante en estante. La compré dentro de una colección bastante apañá que editó Salvat dedicada a la novela histórica, con las tapas duras, en color amarillo. Pese a que me he leido muchas de las novelas que lanzaron en la colección, como Anibal de Haefs, o el conde Belisario de Robert Graves, o la trilogía de Alejandro de Mary Renault, no sé por qué, con Juliano el Apóstata nunca me he atrevido. A ver si ahora me animo.

    Por cierto, me parece que me costó 995 de las antiguas pesetas. Qué tiempos aquellos, en los que comprabas buenas novelas, en ediciones decentes y por menos de mil pelas.

  18. JJSala dice:

    Darklies, creo que la que tu refires es la de Gore Vidal.

    Yo también he leído unas cuantas novelas de esa colección.

  19. Darklyes dice:

    Anda!! Pues verdad JJSala… ayyyy que no sé en qué mundo vivoooo

  20. Sança dice:

    Veo que la mayoria hemos leido Juliano el Apostata de Gore Vidal.

    Será bueno leer este libro con el punto de vista de otro autor. Otro que me apunto, Juliano me interesa.

    Farsalia, tus reseñas estan a un nivel tan alto, que a los demas se nos quitan las ganas de meternos en camisas de once baras. Felicidades :)

  21. Lopekan dice:

    ALTVS · CITIVS · FARSALIVS

  22. Vorimir dice:

    @iñigo: La comparación quizás no es demasiado acertada. El cristianismo era una religión pujante, con mucha fuerza aunque sin ser aun mayoritaria (se estima que el 10% de la población era cristiana) y recientemente había obtenido libertad de culto (Edicto de Milán, 313). EL cristianismo no era religión oficial aun, para eso habría que esperar a la muerte de Juliano y llegar al 380 con el Edicto de Tesalónica de Teodosio (y los olvidados Valentiniano y Graciano) y más tarde en el 382 prohibió los cultos paganos.

    Juliano intentó “volver atrás” “sólo” unas décadas, a la vez que intentaba reformar los propios cultos paganos e impregnar la religión de una fuerte carga filosófica neoplatónica, dotarla de una “organización esclesiastica pagana”, etc…
    Akenatón trató de borrar por propia voluntad una religión milenaria, y su nuevo dios no le sobrevivió.

  23. Farsalia dice:

    Bueno, el cristianismo de facto ya era la religión oficial romana en época de Constancio II, que actuaba como si fuese la única religión tolerada (y más estando en Constantinopla). La empresa de Juliano era imposible (y posiblemente en el fondo él mismo era consciente de ello). Akhenatón es un caso aparte: le da importancia a un culto ya existente, el de Atón, para romper con el predominio de los dioses tebanos (la tríada Amón-Mut-Khonsu), pero no necesariamente buscaba borrar el politeísmo egipcio, simplemente se apartó y creó una capital nueva, con una casta sacerdotal propia; su método es más sibilino, haciendo desprecio pero sin tener en cuenta que a quien se lo hacen es a él y al culto atoniano, como finalmente sucedió, convirtiéndose en un faraón extravagante retirado al medio del desierto; al morir, el asunto murió de modo natural. De todos modos hay que tener en cuenta también que en el caso egipcio cada ciudad importante tenía su propio dios predominante (Ptah en Menfis, por ejemplo; Osiris en el Egipto medio, etc.)

  24. EDIPO dice:

    Ahora mismo está en amazon x 13 pavos, tapa dura!

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