HARALD EL VIKINGO – Antonio Cavanillas de Blas

HARALD EL VIKINGO - Antonio Cavanillas de BlasEl autor de esta novela sobre la que os hablaré no es desconocido por esta nuestra página. Richar ya reseñó con amables palabras dos anteriores obras suyas (El prisionero de Argel y El cirujano de Al-Alndalus), además de comentar en el foro que también fue muy de su agrado otro texto titulado El médico de Flandes. Por si fuera poco, Anthos refirió brevemente –en los primeros tiempos de Hislibris- El león de ojos árabes, libro que pareció gustarle. Y las opiniones de ambos están contrastadas con las de muchos lectores de la biblioteca donde actualmente trabajo –mi madre entre ellos- que gozan mucho de su prosa –particularmente recibe elogio la mencionada El médico de Al-Alndalus-.

No acaba ahí la relación del autor con Hislibris. Él mismo estuvo en uno de los afamados encuentros de Cervezas y Libros presentando esta nueva creación. Creación sobre la que tengo que decir, para ser sincero con todos ustedes y conmigo mismo, que me ha decepcionado tremendamente.

A priori parecía tener varios elementos a su favor: un tema que me resulta muy interesante –los pueblos escandinavos-, un personaje con mucho jugo para novelar su vida, una buena portada y edición en general… y ahí quedó todo.

La novela es cuanto menos extraña. Comienza plagada de misticismo y enlazando al joven Harald con un gran destino designado por los antiguos dioses de su pueblo… pero a la misma vez el autor cambia su linaje. Lo convierte en hijo natural del rey Harald II con una hermosa sirvienta, cuando realmente era hijo de una de sus esposas producto de un matrimonio posterior a la muerte del monarca. Es por ello que el apellido de Harald sea Sigurdarson –al llamarse su padre Sigurd- y no Harladson. Posteriormente, el propio Harald y sus allegados intentaron ligar su ascendencia  a la del rey Harald I, ya que… ¡no era hijo del rey Harald II, que había muerto mucho antes de su nacimiento! La genealogía era otra bien distinta, y en los libros de historia puede consultarse. Total, un extraño mejunje para simplificar cosas no muy afortunado.

A este episodio se le suman los numerosos errores históricos a lo largo del libro:

Nos hablan del cristal veneciano, de castillos con arquitectura de corte Renacentista, de la forma de hacer la guerra de Genjis Khan… todo eso a finales del siglo X y comienzos del XI.

Bueno, si al menos la novela es emocionante y tiene pulso podría compensar en parte estas cosas, pero no; para nada.

Pos desgracia, una vez Harald se hace mayor,  y después de participar en una batalla –donde en teoría debía morir su hermanastro el rey Olaf II, mucho mayor que él en la realidad pero no en la novela- e irse a conocer mundo, la novela se convierte en una repetitiva serie de combates contra piratas y malhechores por las calles de distintas ciudades (Kiev, Novgorod, Bizancio, Roma…), así como de romances de nuestro –no tanto como lo pintan– fiero vikingo. En cada ciudad se enamora de la más hermosa mujer y acaba dejando un reguero de hijos rubios por donde quiera que pasa, como si de una plaga bíblica se tratase. Mucha escena picante, mucho lenguaje soez y poco más. Ni siquiera las escenas de cama me han gustado.

Lo poco que se salva son las descripciones de las ciudades, aunque los paseos guiados de nuestro protagonista por todas y cada una de ellas acaba cansando.

Las batallas son breves cuando no inexistentes –se nos cuenta que venció aquí y allí y poco más– y cuando la hay solo vemos a Harald matar a unos pocos enemigos y luego degollar al líder del ejército rival. Hay sangre y acero, pero no emoción ni fuerza.

Y es que lo que debiera ser el cenit del libro, la batalla de Stanford Bridge, no es más que una especie de escueta nota a pie de página a modo de carta que envía a su madre confesándole que sabe va a morir. Si este es Harald Hardrada, Harald el Terrible, me río muy mucho de él.

Quizás la novela pueda agradar a quien busque lectura intrascendente con su toque picante y de aventuras, pero para los amantes de las historias «de vikingos» será una decepción absoluta, y lo mismo para aquellos a los que les guste una novela histórica seria.

Lástima de oportunidad desperdiciada. El personaje daba para muchísimo más.

Harald el Vikingo
Antonio Cavanillas de Blas
La Esfera de los libros (2011)
375 páginas.

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19 comentarios en “HARALD EL VIKINGO – Antonio Cavanillas de Blas

  1. Balbo dice:

    Buena y clarificadora reseña Vorimir. Lo del libro me lo veia venir, no sé por qué en la presentacion me dio mala espina. Mis temores se han confirmado. Gracias y felicidades por el escrito. Un saludo Vori. ;-)

  2. Lauso dice:

    Contundente reseña Vorimir que nos permite ahorrarnos unos centavos.

  3. Darklyes dice:

    Vaya. Pues me lo compré hace ya semanas. Aunque todavía no le he leído. Puf, me has quitado las ganas Vorimir.

  4. Tasos dice:

    Clarificadora reseña, Vorimir. Gracias por la disuasión aunque es una lastima de novela pues el personaje desde luego da para mucho.

  5. Vorimir dice:

    Pues sí, la novela me resultó como poco decepcionante. A ver si alguien se lanza a comentar alguna otra de reciente publicación sobre el tema vikingo, y si tiene buena crítica me animo y me la leo para quitarme el mal sabor de boca.
    Saludos.

  6. Urogallo dice:

    La verdad que yo también tenía muchas ganas de leer esta novela, sobre todo por lo legendario del personaje…Al que, en realidad, no encontré por ningún lado.

  7. MIKELUX dice:

    totalmente de acuerdo con vodimir, lei las primer as diez hojas y fui a la fcnac a que me devolviesen el dinero.

  8. ALEJANDRO dice:

    Vorimir, gracias por escribir esta reseña. Según mi intuición estas haciendo justicia a un gran hombre. Estoy interesado en conocer a fondo a este personaje. Podrías recomendarme algunas fuentes?

    Te agradezco de antemano y te envio un cordial saludo

  9. Vorimir dice:

    Sin duda las historias de Snorri Sturulson (cronista islandés del siglo XIII), particularmente sus sagas sobre los reyes noruegos. Aparte, puedes buscar más info en libros de historia especializados.

    Si tienes buen inglés aquí puedes leerla:
    http://omacl.org/Heimskringla/hardrade1.html

  10. Sagemenn dice:

    En realidad y como ya se ha comentado antes, la novela es mala sin más.
    Plagada de anacronismos e incongruencias históricas no solo en los hechos, lugares y personajes, sino también en el comportamiento social de estos.

    varios ejemplos:
    – Harald combate contra jenízaros turcos, que solo existen a partir de 1.350 más o menos
    – visita los monasterios de Meteora, que datan del s.XIV, no del año 1.000
    – Deja muy clara la separación entra iglesias ortodoxa y católica, cuando el cisma es solo del año 1.054 y la mayoría de la cristiandad no diferenciaba.
    – habla de “coronel”, “general”, etc para referirse a los diferentes grados que alcanza nuestro héroe al servicio de Kiev, esto es terminología del s.XVI

    …en resumen, el escritor da muestras de no conocer ni la época ni las costumbres ni la teología del panteón nórdico pagano, etc, etc

    Una historia con excelentes posibilidades tristemente perdida en esta ocasión

  11. Pablo dice:

    No suelo ni me gusta influenciar a la gente pero me gustaria advertiros a todos del pesimo libro que estamos tratando.Soy un gran aficionado al tema vikingo, he leido muchas sagas,libros de historia y novelas historicas y este es con mucho el peor.
    Nada de rigor historico. Como novela aburridisima. Los fans de Bernard Cornwell o algun otro parecido ni lo compreis porque no es ni comparable. Me falta poco para terminarlo y esta siendo un suplicio. Tengo que terminarlo porque es un regalo…

  12. ALEJANDRO dice:

    Vorimir, gracias por tus artículos. Quisiera hacerte una pregunta. Hace poco encontré una declaración de un Dr. Campos. medico forense y biógrafo de Sancho el Fuerte de Navarra. Este Dr. estudio los restos fósiles de Sancho el Fuerte y confirmo que su estatura fue de 2.23 metros. Además relaciono a Sancho con Rodrigo Díaz de Vivar quien media 2 . metros lo cual es cierto ya que ambos pertenecían a la dinastía Ximena, pero también relaciono a Harald Hard Rada como un ancestro de Sancho. Mi pregunta es si existe alguna información sobre este parentesco? Saludos

  13. Vorimir dice:

    Buenas Alejandro, no soy ningún experto en la materia pero buscando por internet he encontrado estos artículos:

    “Luis Campo indicaba con acierto que las estatuas yacentes de personajes históricos, reyes, grandes hombres y dignidades eclesiásticas, solían ser de proporciones mucho mayores que las que corresponden a los personajes que representan. Muchas eran puros alardes imaginativos de escultores y tallistas que poco o nada revelan de cómo era la fisonomía de los fallecidos, pero en otros casos no era así y correspondían a genuinas estatuas hechas a imagen y semejanza. La estatua de Sancho VII en Roncesvalles es un perfecto exponente, y en mayor medida porque el desmesurado tamaño de la escultura coincide además con la estatura del monarca en la vida real. Sus rasgos y constitución se ciñen a como era, un gigante del siglo XIII que alcanzaba los 2,22 metros, la medida exacta que ofrece. También su cuñado el rey Ricardo se aproximó a los dos metros, y los superó el rey de Aragón, Jaime I el Conquistador, ya a los 23 años de edad. Es histórico el encuentro entre Jaime y Sancho en 1231 en el castillo de Tudela, donde habría de decidirse la sucesión del reino que nunca se llevó a la práctica por decisión del pueblo navarro. La crónica de puño y letra del monarca aragonés muestra el asombro que le produjo comprobar por sí mismo la estatura del rey, aun con 70 años de edad, extremadamente grueso y ya muy enfermo: “Envionos mensaje para proponernos que celebrásemos con él alianza mutua. Resolvimos ir a avistarnos con él en Tudela. Hacía varios años que no había salido de aquel castillo. Tampoco se había dejado ver por ninguna parte. Llegados a Tudela hubimos de subir al castillo, porque él no podía bajar hasta la villa por ser tan extremadamente gordo que causaba admiración. El primer día que subimos a verlo nos acogió tan cortésmente. Nos abrazamos mutuamente y vimos que era de tan aventajada estatura como nos.”

    Sancho VII: su fiel retrato El único estudio en profundidad que se hizo sobre el rey Sancho corrió a cargo del ilustre catedrático médico forense de Pamplona, Luis Campo Jesús (1912-1995), cuyas agudas observacionesfisiognomistas se recogen en el folleto 251 de la extensa colección “Temas de Cultura Popular”, editada hace años por la entonces Diputación de Navarra. La fisiognomía es el arte de juzgar a las personas por la apariencia del semblante y del aspecto físico, es decir, el estudio del carácter de una persona a través de su aspecto físico. Luis Campo afirmó: “Su talla gigantesca y la gordura desmesurada que presentó pueden orientar hacia una patología hipofisaria del monarca navarro. La tradición recoge, y sigue testificada por modernas investigaciones, que las dimensiones de la estatua sepulcral de Roncesvalles son reproducción fidedigna de las características corporales de Sancho. Se trata, pues, de una escultura funeraria en relieve, dispuesta en forma de efigie, que considero su auténtica figura que cifro en un valor máximo de 2,22 metros.” Tales deducciones partían de lo que había constatado en 1622 el subprior Huarte, que siendo testigo ocular de los restos del rey, dejó constancia de las medidas del fémur. “Tres xemes y dos dedos de largo”. El seme o jeme, según Campo, era una medida que equivalía a la distancia entre la extremidad del pulgar y el índice abierto de una misma mano, que con relación al sistema métrico decimal cifra exactamente en 13 centímetros y 9 milímetros, con lo cual el fémur mediría 62, 28 cms.La descripción anatómica de la figura pétrea del rey es insuperable por la agudeza de las observaciones. Júzguese sino: Los cabellos eran largos, espesos, lisos y ondulados, pero no rizados. Sancho llevaba melena con arreglo a la moda medieval en la que predominaba todavía el cabello heredado de los godos. La frente es proporcionada, amplia y despejada y no se observa en ella ningún pliegue o contractura. Es rígida e inexpresiva, y el músculo frontal que la modela está relajado. De los ojos dice que son grandes con el globo ocular prominente y que aparecen con la abertura palpebral sumamente amplia. “No considero que Sancho VII padeciera exoftalmos (ojos saltones) ni he de relacionar este detalle con ningún tipo de enfermedad especialmente endocrina.” Los párpados están abiertos al máximo, sin más, por lo que hay que considerarlos ojos grandes que traducen viveza espiritual y energía, corroborada por la dureza y uniformidad del borde de los párpados superiores y los diversos pliegues que se dibujan en los inferiores. La mirada se dirige hacia la lejanía. La nariz es postiza, perdida la genuina en alguno de los traslados, por lo que no se puede entresacar ningún rasgo revelador de la misma. “Lástima porque pocas partes de la cara son tan importantes para la fisiognóstica.”

    La estatua de Sancho

    De las orejas anotó que son relativamente pequeñas, sin conformaciones anormales ni prominentes ni excesivamente pegadas al cráneo, aunque algo diminutas pero sin desentonar de la figura. Observa Campo que el rostro aparece perfectamente rasurado, lo que le parece anormal en aquel tiempo cuando todos los monarcas aparecían barbudos. Le llama la atención la recia complexión de los maxilares inferiores, cuya musculatura que los cubrees acusada. La hendidura bocal, relativamente pequeña, está cerrada. Los labios aparecen contraídos, apretados y proyectados y no aplicados contra los dientes. Del cuello observa algunos pliegues de relieve más graso que muscular, y del tórax, que es robusto y ancho y que guarda proporcionalidad con lo gigantesco de su figura. El abdomen, que es más abultado que su pecho. De las extremidadessuperiores e inferiores, que son proporcionales con el tronco y que traslucen relieves indicadores de su acusado desarrollo. Del codo derecho, que está flexionado y que forman un ángulo recto, brazo y antebrazo, postura que fuerza la caída del manto que le cubre los hombros. La izquierda no permite ver el codo y sólo una parte del antebrazo. Se pregunta por qué razón el escultor colocó las extremidades inferiores cruzadas, es decir, la izquierda sobre la derecha, aunque sospecha que para resaltar mejor la anatomía, no para ocultar defectos. De los pies anota 33 cms en sus plantas y que parecen iniciar un paso. Las manos, lo más relevante después del rostro, morfológicamente parecen finas por no apreciarse nudosidades ni musculatura desarrollada.Bellas porque sus dedos tienen forma cónica, adelgazándose desde las palmas hasta las falanges. Femeninas porque unen a su cualidad fina y bella, la gracilidad, la falta de relieve que acusan las manos trabajadoras. Dedos largos y manos con dedos separados y estirados que no revelan gesto hostil. La mano derecha descansa sobre el corazón, que interpreta como una muestra cordial de franqueza. La izquierda lo hace sobre la espada, gesto que supone que pudiera ser significativo de que buscase, consciente o inconscientemente, la espada. La espada tiene un longitud de 1,29 cms. La empuñadura es de 21 cms. La anchura de la hora es de 9 cms. en la parte superior y 7 en la inferior. Espada pesada de combate capaz de partir en dos a un hombre con armadura, concluye el análisis pormenorizado de Luis Campo.”
    y
    “Por su interés, incluyo lo que escribió en 1912 Ignacio Ibarbia,
    canónigo de Roncesvalles.
    Título: SEPULCRO DEL REY DE NAVARRA DON SANCHO VII
    Día 7 de abril de 1234. A los 75 años de edad y 39 de reinado, rindió su espíritu á Dios en el castillo de Tudela D. Sancho VII el Fuerte. Lo fue efectivamente no sólo en su constitución y robustez física, pues según las dimensiones de algunos huesos debió alcanzar una estatura de 1’90 m…”

    El artículo del propio Luis del Campo:

    http://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=estatura%20sancho%20fuerte&source=web&cd=5&ved=0CEIQFjAE&url=http%3A%2F%2Fwww.navarra.es%2Fappsext%2Fbnd%2FGN_Ficheros_PDF_Binadi.aspx%3FFichero%3DRPVIANAnro-0048-0049-pagina0481.pdf&ei=pBaNT9qsGMaS0QXk76iBDQ&usg=AFQjCNH0GzKbkSqhBRb8C0uXfzsCev_yLg&cad=rja

    Pero sobre lo que comentas sobre Harald… nada.

  14. Arles Cordero dice:

    Completamente de acuerdo con la reseña y la crítica. Compré el libro hace quince días, entusiasmado porque me gusta la novela histórica, particularmente la medieval. Pero mi desilusión fue grandísima en especial al ver el abordaje que hace Cavanillas de Blas de un personaje tan complejo. Harald Sigurdarson apodado Hardrada “el Despiadado” es reducido por el autor a un bon vivant latin lover, más interesado en sus conquistas amorosas y en giras turísticas que en las luchas por el poder, los combates, el saqueo y demás atrocidades que todos sabemos eran moneda común para la época.

  15. Pero qué mierda es esta. dice:

    Me compré este libro hace unos meses, muy emocionada por el personaje y además, para qué voy a mentir, me dejé llevar por la portada.
    Por pura curiosidad, antes de leer el libro, me metí en Internet para leer alguna que otra reseña, y… ¡tachán! Mis ganas de leerlo se disiparon el un abrir y cerrar de ojos. Además, cuando por fin me obligué a leerlo, lo acabé dejando después de 10 páginas. Qué cosa más… desagradable. Pobre Harald Hardrada.

    En fin, gracias por reseñar el libro.

  16. HECTOR CHARPENTIER dice:

    Hace poco compré el libro y lo leí con cierta fruición dado que los temas de corte medieval me fascinan. En efecto, hay poco rigor en cuanto al respeto de acontecimientos históricos se refiere, lo cual habla mal del autor puesto que si bien es cierto se permiten ciertas licencias histórico-cronológicas en las novelas de corte histórico, éstas no deben ser tan groseras como colocar narrativamente a Gengis Khan en el siglo X-XI. Otra cosa más, un vikingo es vikingo mientras conserve su paganidad, si es cristiano, pues deja de ser vikingo, o varego (hay amplia bibliografía al respecto). Gracias.

    1. Vorimir dice:

      Tantos años después y aun la recuerdo como una de las peores novelas que he leído. :D

  17. Urogallo dice:

    Y yo aún te recuerdo diciéndolo

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