EL PRISIONERO DE ARGEL – Antonio Cavanillas de Blas

El médico de Argel En el año del cuarto centenario del Quijote me ha parecido obligatorio leer algo relacionado con el ingenioso hidalgo o con su creador, Miguel de Cervantes. En mi caso, El prisionero de Argel, me ha llevado a descubrir la vida de Miguel de Cervantes desde su nacimiento en Alcalá de Henares, hasta que salió de su prisión en Argel, seguramente la etapa de su vida más desconocida en la que El Quijote como mucho se vislumbraba en su desbordante imaginación.

La novela está realmente bien escrita, lo cual me parece digno de remarcar por dos motivos: el primero, porque está escrito en primera persona, y no debe ser tarea fácil ponerse en el pellejo de Cervantes o al menos es ponerse el listón bien alto. Otros se habrían ceñido a relatar los hechos y poner en sus labios sólo alguna conversación que otra, simplificando el proceso.

El segundo motivo es el uso del lenguaje de la época, realmente florido pero sin llegar a ser cargante ni pesado. Está muy bien utilizado, se lee fácilmente y le da un toque muy, pero que muy agradable a todo el texto.

La novela está escrita alternando cartas redactadas por Cervantes desde su prisión en Argel, con la narración de los hechos más relevantes de su vida desde el nacimiento hasta dar con sus huesos en dicha prisión. Las cartas las dirige a una serie de personajes de todo tipo pidiéndoles ayuda para conseguir su liberación, a través de las cuales y ya de paso, vamos conociendo la ciudad de Argel y sus costumbres. Por otro lado y en la narración central de la novela acompañaremos a don Miguel por media España, Roma, Venecia o la batalla de Lepanto, en la que como es sabido perdió un brazo (que por cierto, no perdió literalmente). Cabe destacar la facilidad que tiene el escritor para describir los paisajes y lugares por los que pasa con todo lujo de detalles. Da gusto la ambientación.

Para finalizar, sólo recomendar enormemente esta novela de Antonio Cavanillas de Blas, escritor no demasiado conocido por el momento, pero con un futuro realmente esperanzador. Si podéis, leed también su otra novela, El médico de Flandes, a través de la cual conoceremos la figura del médico personal de Felipe II. Una gozada.

En fin, nada más. Una lectura que realmente merece la pena en un año que bien vale profundizar en la figura del genio escritor del Quijote. Que la disfrutéis.

     

10 comentarios en “EL PRISIONERO DE ARGEL – Antonio Cavanillas de Blas

  1. javier dice:

    Hay una cosa que dejas caer pero no explicas: ¿ a qué te refieres cuando dices que no perdió el brazo “literalmente”?. Lo digo porque supongo que estarás al tanto de un par de teorías que hay por ahí, y que no sé si en el libro que comentas se mencionan.

    La primera la mantiene Fernando Arrabal – personaje literario él mismo- que dicen que “manco” era el apelativo que en la época se daba a los homosexuales, y que al parecer la supuesta manquera cambia de un brazo a otro según unos escritos u otros. Salvo en un librillo de este hombre no se lo he oído a nadie más, pero ahí queda eso.

    La segunda es más curiosa (también está más de moda) y dice que la manquera en realidad hace referencia a la supuesta condición de converso de Cervantes. Parece ser que su madre tenía ascendientes judíos. Digo que esta versión es más curiosa porque para alguns da pie hasta a una relectura del Quijote bajo esta perspectiva. Si Cervantes no quiere acordarse del lugar de la Mancha donde vivía su personaje es porque cuanto menos hable de su orígenes y de donde viene, mejor, y con eso se nos hablaría del clima de miedo y desconfianza que padecían los conversos en la España de principios del XVII. Hasta hay quien dice que en realidad La Mancha no es un lugar real, sino una metáfora que hace relación a donde viven los “manchados” o conversos, y por eso ese lugar de La Mancha puede ser Villanueva de los Infantes pero también El Bierzo, donde Saavedra es un nombre muy común, y no sé cuantas cosas más.

    En fin, Richar, ¿ iban por ahí los tiros y nos estabas tirando de la lengua?

  2. richar dice:

    Pues la verdad es que no iba por ahí, pero ahora que lo mencionas, no están mal las teorías. También había oído yo algo sobre la posible homosexualidad de Cervantes y en la propia novela parece que deja caer, no el hecho de que sea homosexual, pero sí que algún favor ya tuvo que hacer durante sus años de reclusión en la cárcel argelina. Por otro lado, supongo que debía ser lo normal dadas las circunstancias.

    A lo que me refería con que no perdió el brazo “literalmente” es a la teoría que expone Antonio Cavanillas (médico, por otro lado) al final de la novela, según la cual y si no recuerdo mal, alguna flecha debió seccionar o afectar a uno de los nervios del brazo dejándoselo semiparalizado, pero no inutilizado del todo.

    Argumenta además con bastante lógica, que no tendría sentido que un soldado con una tara como no poder utilizar para nada uno de los brazos pudiera seguir combatiendo en siguientes campañas y aún más, ser propuesto para un ascenso en la escala militar.

    En fin, que tampoco soy yo un experto en la materia pero los argumentos del autor del libro me convencen bastante.

    Saludos,
    Richar.

  3. compluto dice:

    He de decir que siempre “me toca la moral” la gente que dedica libros enteros a sacar conclusiones de simples frases. “En un lugar de la Mancha” a todos nos dice que es un lugar de la Mancha y me parece muy retorcido buscarle otras implicaciones, que de haberlas querido mostrar Cervantes, ya se habría encargado de desarrollarlas clara y a la vez crípticamente, que para eso se las sabía gastar.
    ¿Habrá algún escritor, conquistador, artista, etc. de renombre que no se le pueda imputar ser gay, judio o miembro de los iluminatti?

  4. javier dice:

    Los libros se miran con las gafas de cada época, y nada más propio de la nuestra que la homosexualidad, el mestizaje, el multiculturalismo, etc. Demasiadas veces, como tú dices, esa perspectiva fuerza la realidad para que encaje en ese planteamiento.

    A partir de ahí puedes analizar cualquier obra pasada y encontrar las cosas más insospechadas. Goytisolo – quién si no – opina que el Quiijote es un exponente de literatura mudejar. Si pensabas que el arte mudejar se limitaba a la arquitectura, te equivocabas, según él: media literatura española debería entenderse como parte de ese estilo mestizo, el único auténticamente hispano.

    Eso no hace a Cervantes converso, ni morisco, ni nada que se le parezca, pero si lo sitúa en un escenario y una tradición que no suele – o no solía- tomarse en cuenta cuando se habla de literatura española, entendiendo ésta como una literatura que nace y evoluciona de manera paralela y mimética a la literatura francesa o inglesa.

    Esa peculiaridad, aunque no se la denomine con el nombre cursi-moderno de mestizaje, si me parece interesante. Llegado a este punto no se a dónde cojones iba, así que lo dejo. Ahí queda eso.

  5. Anthos dice:

    Acabo de leer la novelada biografía del creador de <El Quijote> y compruebo, al toparme con la glosa de Richar, que estoy en perfecta sintonía con sus apreciaciones. También a mí me sorprendió el atrevimiento, rebosante por otra parte de seguridad, de asumir la fingida suplantación de la personalidad del narrador cuando se trata nada menos que del apodado <fénix de los ingenios>. Una auténtica osadía. ¿Esperará el autor que diga que sólo con esfuerzo se adivinan las diferencias con la prosa cervantina? ¿Se ofenderá si no parangono ras con ras ambas formas de escritura? Supongo que no; al menos no es tal lo que pretendo, como tampoco creo que sea su pretensión burlar al no avisado y hacer pasar por genuinas las apócrifas epístolas. Con todo, me veo obligado a reconocer que, siendo descomunal el reto, no sale del lance malparado. Como poco, el lenguaje empleado, ese que Richar reputa de <florido>, con su léxico adecuado a la ocasión, incluso con algún que otro exceso barroco -familiar en la centuria en que se data-, fluye con suficiente naturalidad como para olvidar por momentos que no es Cervantes quien escribe sino un émulo de mérito en su misma tarea literaria. ¡Leedlo!

  6. richar dice:

    Anthos, impresionado me hallo con tu manejo del lenguaje. Madre mía, he tenido que releer el párrafo dos veces para quedarme con todo…

    Un saludo,
    Richar.

  7. nando dice:

    Felicidades Richard por este dominio “perpetuo”, pasote y sobrón; y que mejor post que uno sobre Cervantes.

    Yo recomiendo Las Vidas de Cervantes de Andrés Trapiello, libro de encargo escrito con brillantez.

    Durante el cautiverio de Argel, cuenta las aficiones nefandas de cautivos y carceleros y por lo que se ve, o todos los musculosos cristianos veteranos de Lepanto eran amigos de la sodomia, o los carceleros, dada su condición de moros y miembros de la secta mahomética, eran de natural maricones, o a fin de cuentas a mas de uno se le nubló la vista y el entendimiento en los húmedos calabozos de Argel.

    No creo que a Cervantes le hubiese dado por darse a gustos más retorcidos, y si cayó en ellos seguro que fue por razones más prosaicas.

    Tampoco sé si era de origen judio; durante su vida tuvo que demostrar varias veces que era cristiano viejo. Especialmente cuando trabajó de recaudador de asientos para la Corona… y por lo que parece, se dedicó a desviar unos cuantos fondos.

    Curioso: haciendo lecturas presentistas según modas y temas de actualidad, tenemos a un manco que además de maricón era judio, y también ladrón, y según cuenta Trapiello adúltero ( luego ya es bisexual).
    Tal perfil de escritor y hombre debería haber dado como resultado un libro de minorías y mestizajes contraculturales, de ambientes a lo “baños de Argel” dentro de la más pura corrección política pero, para asombro de progres, feministas y maric… perdón homosexuales, Cervantes escribió el mayor monumento a la más pura incorreción política… siempre y cuando uno sea tan corto como para juzgar valores y conciencias pasadas según criterios y morales dignas de Julia “cerezas” Otero y Gemma Nierga.

    Leamos a Cervantes, o por lo menos intentémoslo, como lo haría un contemporáneo del XVII.

    Porque si no, la alternativa es la que planteó un grupo de progres feministas en una univesidad de EEUU: prohibir las obras de Shakespeare
    dada su alta carga misógina y su incorrección política… Harold Bloom, como es lógico, montó en cólera.
    … y no creo que las tales féminas progres supiesen que Willie era maric… perdón, homosexual.

  8. richar dice:

    Bienvenido Nando de nuevo a este blog, tu casa.

    Un saludo,
    Richar.

  9. Publio dice:

    Muy buena reseña Richar. La novela es ciertamente interesante pero no es de esas que te atrapan al instante ni mucho menos. La trama es buena y es un buen intento por novelar una de las partes desconocidas de la vida de Cervantes. Los fragmentos de humor que aparecen son de agradecer.

    Para mí lo mejor de todo son las epístolas con el estilo y el lenguaje utilizado por Cavanillas de Blas, que en verdad parecen cervantinos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Hislibris te informa de que los datos de carácter personal que nos proporciones rellenando el presente formulario serán tratados por Ediciones Evohé, S.L. como responsable de esta web. La finalidad de la recogida y tratamiento de los datos personales que te solicitamos (nombre y correo electrónico) es únicamente gestionar los comentarios que realices en este blog y jamás serán compartidos con terceros (salvo requerimiento legal). Legitimación: Al marcar la casilla de aceptación estás dando tu legítimo consentimiento para que tus datos sean tratados conforme a las finalidades de este formulario descritas en la política de privacidad. Como usuario e interesado te informamos de que los datos que nos facilitas estarán ubicados en los servidores de Factoría Digital (proveedor de hosting de Hislibris) dentro de la UE. Ver política de privacidad de Factoría Digital. Podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y suprimir los datos en hislibris@hislibris.com e info@edicionesevohe.com, así como el derecho a presentar una reclamación ante una autoridad de control.