LA NOVELA DE GENJI – Murasaki Shikibu

La novela de GenjiNo resulta fácil para un neófito tratar de hacer una reseña medianamente digna sobre una de las mayores obras de la literatura japonesa de todos los tiempos. Tampoco ayuda mucho a ello saber que, para el gran público castellano, es una novela prácticamente desconocida debido a su escasa difusión.

“Tropezarse” en una librería con un ejemplar de este tipo y descubrir, a medida que se avanza en su lectura, que nada es como nos parece resulta, cuanto menos, sorprendente y muy adictivo.

Pero para tratar de explicar tales consideraciones se hace necesario acercar al lector al mundo Genji.

En primer lugar, ¿por qué es tan desconocida esta obra? Cabe decir que, sobre todo, por la dificultad de su traducción. Los japoneses basaron su sistema de escritura en los caracteres chinos (el chino era, para los japoneses, el equivalente del griego para los romanos, o del latín para los hombres del Renacimiento) a los que llamaban kanji. Adoptaron estos caracteres e inventaron un sistema relativamente reducido de símbolos suplementarios, dando lugar a una fonética que, en realidad, era una versión simplificada de los kanji y que se denominaba kana. Pues bien, el genji está plasmado en escritura kana, que consta de cuarenta y seis signos aumentados con dos diacríticos especiales.

Esta novela fue escrita en el siglo X. Los primeros manuscritos aparecieron a finales del siglo XII, es decir, más de un siglo después de su conclusión y el primer texto completo en el siglo XIV. Ello supone que, a lo largo de los dos siglos que separan la composición de la novela de los primeros manuscritos supervivientes, el texto haya sido objeto de retoques, interpolaciones y lecturas erróneas.

La versión reseñada -una auténtica adaptación- se recrea en la clásica del inglés Arthur Waley, publicada entre 1924 y 1933 que, para algunos, constituyó un auténtico hito de la literatura inglesa, ya que amplificó el texto para hacerlo más inteligible al lector, siendo –a juicio de la crítica mayoritaria- la que mejor “explica” la historia, seguramente porque Waley amó el Genji con pasión de descubridor.

Aclaradas las dificultades de su desconocimiento, ora es de incardinar su contenido a la época Heian.

La Novela de Genji transcurre en Japón durante la segunda mitad del siglo X y el primer cuarto del XI. En aquellos tiempos, oscuros en el resto del mundo, donde el esplendor de Roma era puro recuerdo y la pobre Europa empezaba a levantarse a trancas y barrancas de su inmensa decadencia, tan sólo China y Japón podían enorgullecerse de contar con unas civilizaciones dignas de tal nombre.

En el año 784, la capital de Japón fue trasladada a una ciudad de nueva planta, diseñada a imitación de Ch´ang-an, la capital de China y que fue bautizada Heian Kyo, “La Ciudad de la Paz y la Tranquilidad”, la actual Kyoto. Dicho traslado dio lugar al inicio de un nuevo periodo absolutamente decisivo en la historia de Japón. Nunca la civilización nipona volvió a ser tan refinada, tan culta y tan llena de glamour, hasta el extremo que algunos han comparado esta época con el Grand Siècle de Luis XIV, pero un Grand Siècle de casi cuatro siglos de duración.

Claro está que esta “civilización” era patrimonio exclusivo de un uno por mil–minúscula la proporción- de los habitantes del país. El nivel de educación (por no hablar de cultura) de las clases bajas era inferior al de las sociedades primitivas actuales de Nueva Guinea. La cultura de la nobleza, en cambio, se manifestaba en un modo de vida extraordinariamente artificioso en torno a una utopía de carácter estético, un esteticismo sutil y al servicio de un lujo sin precedentes en la historia. A diferencia de las culturas de Egipto, de Persia y del Indo, donde la vida lujosa era vacía, fría y estereotipada, en la corte del Japón Heian la belleza en las formas, en el vestir y en las diversiones despertaba el entusiasmo de las “almas sensibles” y todos allí querían ser así porque no serlo significaba hacer el ridículo, o sea, no estar à la page.

La historia trata de la lucha del protagonista Genji, el Príncipe Resplandeciente, por recuperar los derechos derivados de su nacimiento (es hijo de un emperador) y de los cuales se ve injustamente privado en su infancia. Nos encontramos, pues, ante un auténtico agon en el sentido que los griegos daban al término. Un joven que se ve obligado por el destino a vivir una serie de experiencias más o menos iniciáticas hasta que se le reconoce lo que es legítimamente suyo. Así, Genji debe abandonar la casa paterna, tiene una serie de encuentros amorosos con mujeres de todo tipo, se granjea enemigos que buscan perjudicarlo, es condenado al exilio y finalmente regresa a la capital, obteniendo la posición que le corresponde y gobernando los destinos del país como una especie de “emperador a la sombra”.

No parece un hilo argumental muy distinto al de otro tipo de novelas. Sin embargo, adentrarse en la vida del Genji constituye todo un reto y un desafío para quién busca algo diferente.

Todo lo anterior, que se resume en apenas cinco líneas, da para mucho en la novela. Con su repaso, el lector se transporta a una época alucinante por lo extraño y lo ajeno. Si bien, a través de sus numerosas páginas, se percibe el devenir de la vida del Príncipe Resplandeciente tal y como se ha narrado, en la novela -por encima de todo-, se eleva la figura del amor y su forma de entenderlo en aquel periodo, tan diferente al nuestro, al que hemos conocido y nos han enseñado a través de la historia. Nos desvela, por arte de la pluma de la autora, cómo pensaban las mujeres Heian, cómo sentían, cómo amaban, padecían y sufrían. Cómo se educaban en el arte de la poesía y de la música. En la danza y la pintura. Y cómo de una simple caligrafía con un tipo de grosor y, según qué tipo y color de papel, averiguaba un noble Heian si estaba ante una mujer perfecta o no. Amor en estado puro. Tan puro que, a veces, el lector desconoce que lo que acaba de leer ha sido una relación sexual o, incluso, una violación y que sólo lo descubre – más tarde- con la discreta pero asombrada reacción de la dama.

La novela, aún así, da para mucho más.

¿Cómo se organizaba el poder y quién movía realmente los hilos en el Japón Heian?, ¿cómo influían los tabúes de orientación en las supersticiones japonesas?, ¿cómo eran sus casas y porqué esas distribuciones?, ¿cómo se establecían las jerarquías en el mundo de Genji?, ¿cómo era su religión?, ¿cómo veían los nobles Heian el ideal de belleza femenina y masculina?, ¿cómo se entendía la monogamia y la poligamia?, ¿cómo eran la vida social, los ceremoniales y la dolce vita?, ¿cómo era el refinamiento y el culto a la naturaleza?, ¿porqué la poesía y la música eran tan importantes?, ¿cómo era su caligrafía?, ¿existían los celos?.

Todas y cada una de estas preguntas tiene adecuada respuesta en la novela, admirándose el lector de la capacidad única que tiene la autora para cambiar de registro en un mismo capítulo y, a veces, en un mismo párrafo.

La novela de Genji constituye un relato de costumbres contemporáneas y es el mejor documento de que se dispone para conocer cómo se vivía, se pensaba y se sentía en un momento determinado de la historia de Japón, al menos en cuanto a las clases sociales más poderosas e ilustradas. No hay que olvidar que nos encontramos ante una obra del siglo X escrita por una contemporánea, Musaraki Shikibu, que retrata un mundo que conoce, una manera de pensar y una manera de vivir que son las de su tiempo, lo que otorga al libro un valor añadido. Es por eso que no narra simplemente una crónica de sucesos ocurridos, sino que nos encontramos ante una auténtica novela en el sentido más moderno del término.

En España, la vida del Príncipe Resplandeciente aparece como la primera versión con vocación de completa de la obra universal de Murasaki Shikibu en Ediciones Destino, en noviembre de 2005, bajo el título de La novela de Genji, por ser escrita como una novela de su tiempo. Esa es la explicación al título y no el de La historia de Genji, que debería ser el correcto a tenor de la traducción del original.

En su “debe”, a la novela cabe atribuirle alguna tara, derivada de su peculiar naturaleza y características. En primer lugar, la selva de personajes, que hace harto difícil seguir las trayectorias parentales sin tener que acudir al apéndice alfabético que la autora incluye al final del texto -menos mal- y que detalla las relaciones entre los actores. Este esfuerzo, además, se acrecienta si se deja de leer por un tiempo. En segundo lugar, se echan de menos gráficos e imágenes de su tiempo que faciliten las explicaciones y algún mapa simple de la época. En tercer lugar, el estilo y el ritmo de la novela que puede parecer, en algunas fases, algo –sólo algo- tedioso por lo extenso. Su lectura requiere, por tanto, delicadeza y paciencia. Finalmente, el precio.

En su “haber”, la propia técnica de narración empleada, una adaptación del original que hace muy llevadera su lectura, empezando por poner los nombres propios a los personajes que en los textos originales aparecen mentados sólo por sus cargos. Además, cuando se hace necesario, se acompañan a pie de página, notas marginales que hacen más comprensible el texto. Y a su favor también, saber que se lee algo fresco, lejano, exótico, diferente y especial. ¿Alguien da más?

Consta de dos tomos. El primero, Esplendor, es un relato de afirmación y triunfo. El segundo, Catástrofe, es de decadencia. No obstante, su lectura es independiente.

Características técnicas Volumen I: Ediciones Destino, Colección Ancora y Delfín, 6ª edición, marzo 2006. Cartoné. 15×23 cm, 886 pp, 30 €.

Características técnicas Volumen II: Ediciones Destino, Colección Ancora y Delfín, 1ª edición, mayo 2006. Cartoné.15X23 cm, 840 pp, 30 €.

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128 Respuestas a “LA NOVELA DE GENJI – Murasaki Shikibu”

  1. juanrio Dice:

    Que duro es este Jerufa….

  2. jerufa Dice:

    ¡Eh, eh, que jerufa está muy calladito!
    Que pollo teneis, ¿el de Mercadona o el de Corral?
    Ji, ji, ji…

  3. Ascanio Dice:

    Tú a ver si dejas ya a los chinos éstos y te pasas por mi reseña de Eliot.

  4. Aretes Dice:

    No puede, ¿no ves que está en el horno?

  5. jerufa Dice:

    Pepe, me tienes en ascuas, hijo.

  6. Jordi Fibla Dice:

    No existe unanimidad sobre el significado de Fuji-san (san, otra lectura del mismo ideograma, es preferible a yama). En este caso Fuji nio tiene nada que vber con glicina. El profesor Basil Hall Chamberlain (“Japanese Things”, un libro de comienzos del siglo XX, aunque se reeditó en 1981, editorial Charles E. Tuttle, Tokyo) dice que probablemernte esta “fuji” no es una palabra japonesa. Podría ser una corrupción de “Huchi” o “Fuchi”, el nombre ainú de la diosa del fuego, pues en la antigüedad el territorio alrededor del volcán pertenecía a los ainús, aborígenes que luego fueron desplazados hasta Hokkaido. Otro profesdor cree que Fuji deriva de la palabra ainú “push” que significa “brotar”, lo cual habrían sido apropiado, dado el carácter volcánico de la montaña, pero que también podrían haber dado al río Fujikawa que fluye por ella, puesto que los ainús tenían la costumbre de no poner nombre a las montañas, por imponentes que fuesen, y en cambio nombraban cuidadosamente todos los ríos. El cambio de letras de “push” al clásico “fuzi”, como se diría en tiempos de Genji, estaría acorde con la norma japonesa, pero el de “Huchi” a “Fuzi” sería anormal.

    Un saludo, si todavía hay alguien ahí.

    J.F.

  7. pepe Dice:

    Me alegra mucho leer tu etimológico comentario, Jordi. En la wikipedia dicen que existen razones (distribuciones geográficas de topónimos y cosas así) para argumentar que Fuji es más yamato que ainú. Supongo traduttore, has de saber que es un placer tenerte por aquí. Por insistencia de Jerufa he comprado la novela pero la edición de Destino, de modo que

  8. pepe Dice:

    A ver, que este teclado es demasiado pequeño y le doy a varias teclas a la vez. Quería decir (i) que celebro tener aquí a uno de los traductores, (ii) que me gustaría tener la edición que tú has traducido pero tengo la otra (que era más barata), (iii) que el año pasado perdí Mason y Dixon cuando lo llevaba por la mitad y ya había empezado a acostumbrarme al humor de la pareja (por si te sobra algún ejemplar), (iv) que el trabajo de traducción en general me parece de una gran dificultad y que no se valora lo suficiente, (v) que te animes a participar de vez en cuando con algún comentario.

  9. Jordi Fibla Dice:

    Es muy satisfactorio que exista en España un grupo de personas notablemente amplio interesado por la cultura japonesa. Desde luego, estamos por debajo de los demás países de nuestro entorno, en todos los cuales se ha hecho una traducción directa del “Genji” (o por lo menos pasa por directa). Personalmente estoy en contra de las traducciones indirectas, pero hay obras que por su tamaño y complejidad son comercialmente inviables.

    Cuando me ofrecieron el encargo tuve serias dudas. Antecedentes no me faltaban, puesto que en los años noventa traduje del inglés dos enormes novelas de Eiji Yoshikawa, “Musashi” y “Taiko”, pero una cosa es la literatura popular y otra el clásico más importante de una cultura.

    Tenía la versión de Waley, que había leído fragmentariamente, y me parecía inadecuada porque, aunque el inglés de Waley es precioso, carece de la neutralidad suficienrte para reflejar el sobrio lenguaje japonés del siglo XI. Por otro lado, la equiparación de budismo y cristianismo, con sus obispos y abades, o el uso de términos romanos, como las vestales, me incomodaba.

    Habia leìdo una reseña en “Time” de la nueva traducción de Tyler y me proponía comoprarla a la mayor brevedad. En estas circunstancias me ofrecieron la traducción. Suponía leer la obra como mínimo cuatro veces y recibir una remuneración por el tiempo invertido. Ello me proporcionaría un conocimiento del “Genji” mucho más profundo del que habría obtenido leyendo la obra sin intención de traducirla. Consulté otras críticas y la unanimidad era total: la versión de Tyler no sólo dejaba obsoleta a la de Waley sino que superaba con mucho a la de Seidensticker.

    Con todo, no habría aceptado el encargo de haber sabido dos cosas: en primer lugar, que había una traducción directa en marcha, realizada por un profesor residente en Japón, Roberto H. Oeste que al parecer sería publicada por la editorial Almuzara y, en segundo lugar, que la editorial Destino preparaba otra versión. De eso me enteré cuanto mi traducción estaba muy avanzada y no había vuelta atrás.

    Debo detenerme aquí. Seguiremos en contacto.

    Jordi

  10. Jordi Fibla Dice:

    Bueno, concluyo lo que he tenido que interrumpir.
    Perdón por los gazapos. Es Robert H. Oest, profesor en una universidad japonesa y de quien no he podido averiguar nada. Lo único que hay de él en la Red se refiere a unos sonetos de Gabriela Mistral. Desconozco su historial y sus conocimientos para traducir el “Genji” del japonés de la era Heian. Pero si ese hombre estaba dispuesto a traducir la obra poco menos que por amor al arte, para una editorial poco conocida que difícilmente puede hacer grandes inversiones, parece de sentido común que la aparición simultánea en el mercado de dos versiones indirectas debió de ser un duro golpe para el proyecto. No digo que acabara con él, puesto que no sé nada, pero lo cierto es que un lustro después de que se publicaran las versiones indirectas ni siquiera se ha anunciado la próxima aparición de la directa.

    Y estoy deseando que suceda tal cosa, que cualquier día de estos se anuncie que, pese a la saturación del mercado y poniendo fin al agravio cometido contra la señora Murasaki y la literatura clásica japonesa (como sería un agravio que los japoneses hubieran traducido el “Quijote” del inglés), por fin aparecerá una versión directa del “Genji” en español.

    Las crítica se ha decantado por mi versión en contra de la de Roca-Ferrer, pero a mi juicio debería haber sido mucho más contundente con el hecho esencial de que ninguna de las dos es directa. Yo mismo podría decir muchas más cosas sobre la edición de Destino de las que ha señalado la crítica y, desde luego, las habría dicho cuando pude hablar ante micrófonos y cámaras sila mía hubiese sido una traducción del japonés clásico. Puesto que no es así, puesto que si llega a darse el lamentable caso de que la española, entre todas las grandes lenguas occidentales, es la única que carece de una versión directa del “Genji”, habré contribuido a esa penosa circunstancia, mi crítica personal no estaría justificada.

    En definitiva, traduje el libro a sabiendas de que no debería hacerlo, a fin de leerlo a fondo, con la profundidad abisal que sólo permite la traducción. La recompensa intelectual ha sido elevada, pero habré de cargar con el remordimiento durante el resto de mi vida, a no ser que el señor Oest u otro abnegado académico honre a la señora Murasaki vertiendo al español de hoy un texto japonés de 1200, ya que no existe ningún original anterior, un texto increíblemente difícil de desentrañar pero que franceses, anglosajones, alemanes, italianos y hasta finlandeses han encontrado la manera de traducir.

    Hasta otra,

    Jordi

  11. Jordi Fibla Dice:

    Tal vez estéis ocupados, pero parece como si hubiera habido una desbandada general tras mis declaraciones, tal vez consideradas intempestivas. Alguien podría decirse: Pero si el mismo Roca-Ferrer dice en su interesantísimo prólogo que el japonés es tan endiablamente difícil (¡hombre, los nipones piensan “al revés”, ¿qué quiere usted?) que él mismo se traduce sus libros, y pensar que esto justifica hasta cierto punto la traducción indirecta. Sin embargo, no hay que perder de vista que Roca-Ferrer tradujo la obra a partir de cuatro o cinco traducciones a distintas lenguas, todas ellas directas del japonés de Heian. Es decir, el japonés, incluso la complicada lengua clásica, es perfectamente traducible. No se entiende la supuesta manía de Mishima de traducirse a sí mismo, ni tampoco se entiende que después de escribir a raudales, practicar el kendo y el culturismo hasta deslomarse y relacionarse con grupúsculos ultranacionalistas, tuviera tiempo para hacer algo que, como bien debe de saber el señor Roca-Ferrer, exige tantísimo tiempo.

    Insisto en que no voy a criticar a mi colega, por la única razón de que, si bien por motivos que no tienen nada que ver con los suyos, también hice una traducción indirecta y, como antes he dicho, si esto me parece tolerable en ciertos casos, no lo es en el que nos ocupa. Pero tampoco quiero insistir en esto, porque las razones personales de uno pueden ser difíciles de entender. permitidme tan sólo que os diga de dónde sale esa extraña afirmación sobre Mishima con la que nos regaló en su día el señor Roca-Ferrer.

    Basta consultar “Mishima, a biography”, de John Nathan, Tuttle Publishing, Tokyo, 1975, que en las páginas 198-201 se ocupa de la película de Mishima “Yukoku” (patriotismo), basada en un relato del mismo título (publicado en español por Ediciones Siruela, dentro del volumen “La perla y otros cuentos”, 1987). En 1965 Mihsima escribió a su biógrafo y traductor John Nathan, diciéndole que consideraba necesario escribir un comentario en inglés sobre “Yukoku”, puesto que su inglés era muy deficiente (falso, pero restarte méritos es una exigencia de la cortesía japonesa) y rogándole que se lo corrigiera y que, una vez el texto impecable, buscara a alguien que hiciera las versiones en francés y alemán. El motivo de todo esto era que su película iba a verse en el extranjero antes que en Japón, una película en la que aparece minuciosamente filmado un seppuku, y Mishima no quería que sus motivaciones se malinterpretaran. De ahí ese comentario explicativo de lo que se había propuesto exponer y su interés por que estuviera impecablemente escrito en inglés. Estamos hablando de un par de folios sobre una cuestión muy puntual. De eso a deducir que Mishima traducía todos sus libros e imponía su versión inglesa como original de las demás versiones media algo más que un abismo.

    Mishima no es fácil, sobre todo por su uso de kanjis que normalmente no se utilizan ni se utilizaban en su época. Por ejemplo, si ha de escribir “rosa”, “loro”, “francés” o “café” utiliza kanji en lugar del habitual silabario katakana. Y además, a menudo sus ideas estéticas sn bastante complicadas. Pero en conjunto es perfectamente traducible, como lo es el “Genji”, a otro nivel. Es evidene que sólo puede hacerlo alguien que no sólo domina el japonésderno sino que ha estudiado a fondo la lengua y la literatura clásicas. No es ese el caso de la mayoría de japoneses, por los que ellos también han de leerlo traducido al japonés moderno. Al hablar de las versiones indirectas españolas, se ha señalado que tal vez habría sido preferible traducir una de esas versiones modernas. En primer lugar, no sería económicamente factible, puesto que traducir del japonés resulta bastante más caro que hacerlo del inglés, y cuando se trata de una obra de 1500 o más páginas resulta prohibitivo. Y en segundo lugar, ¿qué versión elegir entre las existentes? La más popuilar en Japón, de la que se ha vendido más de un millón de ejemplares es la de la monja budista Jakucho Setouchi. El texto está muy simplificado. No es una recreación, como hace mi colega con más o menos fortuna (no, no voy a criticarle, palabra), sino una reducción a lo básico. Aquí tenéis el comienzo del libro en traducción directa de la versión de Setouchi. Comparadlo con las versiones indirectas españolas.

    Este es un relato muy, muy antiguo. Era la época de un emperador cuyo nombre ha sido olvidado. Entonces numerosas concubinas vivían en la corte imperial, todas ellas compitiendo por ser la única a la que el emperador amara. Entre las concubinas había una afortunada cortesana a quien el emperador amaba más que a cualquier otra. Puesto que sus aposentos se hallaban en el palacio llamado Kiritsubo, la conocían como la dama Kiritsubo. Su posición en la corte no era muy elevada, y las concubinas de alto rango que llevaban allí más tiempo, al igual que las que tenían confianza en sí mismas, envidiaban todas a Kiritsubo y la odiaban.

    ¿Preferís esta versión directa?

    Saludos,

    J.

  12. pepe Dice:

    Jordi, creo que sobrevaloras el interés que hay en Hislibris por la literatura nipona. Es fácil coincidir contigo en varios puntos, como el de que las traducciones directas son siempre preferibles a las indirectas. Desconozco cual pueda ser la razón de que nadie se haya atrevido con la empresa de llevar a cabo una traducción directa de Genji, quizá sea tan solo cuestión de que alguna entidad cultural japonesa o española esté dispuesta a poner sobre la mesa la cantidad de dinero necesaria. No sé si entiendo bien tu última pregunta y no tengo a mano ninguna traducción para comparar. Adivino que quizá te refieres a que resulta dificil conseguir un equililbrio entre el rigor (que se pierde cuanto más nos alejamos de la transcripción literal) y el valor literario, que se gana con una elaboración que va en detrimento del “tono original” que suponemos debe tener la obra. Cuando llegue a casa compararé los dos párrafos a ver si me aclaro. Por cierto, no ha habido desbandada: este hilo hace tiempo que dejó de centrar el interés de los parroquianos debido a que cada día hay una nueva reseña sobre algo nuevo, y vamos todos con la lengua fuera. Sin embargo, te puedo asegurar que son muchas las personas que leen con interés lo que has escrito y que agradecen tu participación. Muy otra cosa es que se animen a dejar un comentario. Les pasa como al ruiseñor del haiku:

    El ruiseñor
    unos días no viene,
    otros dos veces

  13. Javi_LR Dice:

    Tiene mucha razón en lo que dice Pepe, Jordi. Yo, al menos, he leído con mucho interés lo que apuntabas. Lamentablemente, no tengo mucho que añadir a no ser que sean digresiones que tiendan a otras cosas que conozco un poco más. Cosas de griegos y tal.

    Bienvenido a Hislibris, Jordi.

  14. Jordi Fibla Dice:

    La pregunta se refiere a que esta traducción sabe a poco para el gusto occidental. Si se hubiera publicado la versión japonesa de Jakucho Setouchi, la obra habría parecido menos importante, simplemente porque ese estilo sencillo, que va al grano y se deja de florituras (y en la versión de Waley las florituras son como el azúcar en un pastel) no nos acabaría de gustar. Ignoro cómo son las demás versiones al japonés moderno, pero esta es la más popular y la tengo en un texto de estudio del japonés con un nivel medio de dificultad.

    Soy consciente de que mi preocupación porque tal vez se haya impedido que exista una versión del “Genji” en español apenas tiene resonancia, como no podría ser de otra manera.

    Muchas gracias por vuestros amables comentarios y un cordial saludo.

    Jordi

  15. Ascanio Dice:

    Hola, Jordi.
    Primero, excusar a la autor de esta reseña (Jerufa, mi hermano) porque últimamente está muy liado con el trabajo y apenas tiene tiempo para aparecer. De todas maneras, avisado está ya de tus intervenciones. A ver si tiene un ratito y al menos se pasa por aquí para saludarte.
    Segundo, darte las gracias por tus intervenciones, porque demuestras una erudición acerca de la cultura nipona que no tenemos ninguno de los que frecuentamos Hislibris. Como dice Pepe, quizás el ver aquí esta reseña te ha hecho sobrevalorar nuestro conocimiento de Japón. Entre las más de mil reseñas que hay en Hislibris, sólo hay una sobre novela japonesa, y alguna sobre comics manga.
    Tercero, y como dice Javi, yo tampoco tengo mucho que añadir, ni siquiera de griegos. Sólo se me ocurre felicitar a los traductores que se toman en serio su trabajo, que no destrozan las obras originales y que transforman la lectura en un placer. Creo que, en eso, todos los que entramos en Hislibris sí estamos de acuerdo. Y creo que también estaremos de acuerdo en agradecerte sinceramente tus intervenciones y el interés que has mostrado en nuestra web (porque la consideramos “nuestra”).
    Un saludo.

  16. Jordi Fibla Dice:

    Gracias, Pepe, Javi y Ascanio. Sé que me he pasado un poco de rosca, pero es que cuando traduces una obra así y la lees entre cuatro y seis veces, según los pasajes, luego te persigue durante mucho tiempo y a poco que te dejen la lías.

    Seguiré con interés las intervenciones en este blog.

    Un cordial saludo,

    Jordi

  17. pepe Dice:

    Además de seguir las intervenciones y de hacer algún comentario, también puedes animarte a escribir la reseña de un libro. Por ejemplo, de alguno de los que has traducido últimamente (la única restricción es que tenga un ligero barniz histórico). Estoy seguro de que será un verdadero placer leerte.

  18. Jordi Fibla Dice:

    Gracias por la invitación. Lo haré con mucho gusto en cuanto disponga de tiempo.

  19. Laurence Dice:

    Pues sí que es verdad que es mejor tener una traducción directa, y que quizá la de Jordi Fiblá, que es la que yo tengo, a veces pueda parecer un tanto literal. Aunque yo más bien achaqué esa literalidad y esas florituras al estilo propio de la cultura nipona, que es cualquier cosa menos sencilla y simplificada.

    También te tengo como traductor con “Musashi” y espero que en breve te pueda tener también con la obra de “Taiko”.

    Todo un placer el tenerte por aquí. Espero que podamos seguir viéndote y disfrutando de tus conocimientos.

    Saludos.

  20. Jordi Fibla Dice:

    No creo que la versión de Royall Tyler sea “literal”, sino que como las anteriores, las de Waley y Seidensticker, es una interpretación lo más ajustada posible al sentido del original. En lo que difieren básicamente es en la forma y eso que he llamado florituras, es decir, detalles ausentes en el original pero que supuestamente harán más atractivo el texto al lector. Así los lectores británicos de la versión de Waley se maravillaban de que aquellos japoneses de mil años atrás hablasen y hasta se comportasen como ellos. Y en cuanto a mi versión, intenta ser lo más fiel posible al texto de Tyler, que es un experto en la lengua de la era Heian y cuyo propósito confesado al embarcarse en la traducción fue el de ser fiel al máximo.

    Sobre esta cuestión de las florituras Jorge Luis Borges escribió un precioso ensayo que figura en su libro “Historia de la eternidad”. Habla de los traductores de “Las mil y una noches” y se refiere a la traducción francesa de J.C. Madrud, que pasaba por ser la más fiel al original. He aquí un ejemplo:

    El agua seguía cuatro canales trazados en el piso de la sala con desvíos encantadores, y cada canal tenía un lecho de color especial: el primer canal tenía un lecho de pórfido rosado; el segundo, de topacios; el tercero, de esmeraldas, y el cuarto, de turquesas, de modo que el agua se teñía según el lecho, y herida por la atenuada luz que filtraban las sederías en la altura, proyectaba sobre los objetos ambientes y los muros de mármol una dulzura de paisaje marino.

    Borges se planteó cómo era posible que aquellos árabes del siglo XIII, por refinados que fuesen, escribieran de esa manera que recuerda a Oscar Wilde y el modernismo de fines del siglo XIX. Cotejó tres versiones alemanas y dos inglesas y comprobó que en el original ese texto dice:

    Las cuatro acequias desembocaban en una pila, que era de mármol de diversos colores.

    Hay una tendencia, incluso inconsciente, a manipular obras muy antiguas para satisfacer el gusto del lector actual. Sin embargo, quien lea “Las mil y una noches” traducido por Madrud, está leyendo al traductor casi más que a los autores, y quien lea “The Tale of Genji” de Arthur Waley está leyendo una novela de Waley que recrea el texto japonés pero que es otra cosa.

    Sí, “Taiko” va a reeditarse próximamente. Es una novela histórica, sobre Hideyoshi, el gran unificador de Japón. Como me habéis invitado amablemente a aportar alguna reseña, creo que la de esta extensa novela sería apropiada, y me propongo hacerlo cuando disponga de tiempo.

    Saludos,

    Jordi

  21. Laurence Dice:

    Estaré pendiente de esa reedición de “Taiko”, que llevo mucho esperándola, así como de tu reseña sobre la novela. Estoy convencida que serán más los que la leerán gustosos, pero ya tienes a una que fijo que la va a disfrutar.

    Saludos.

  22. Alex Dice:

    Buenas a todos,
    me gustaría leer este libro, me atrae mucho la cultura japonesa y he leido algo de Mishima. Alguien podría recomendarme cuál debería comprarme. Soy un simple mortal y sólo busco pasar buenos ratos leyendo este invierno.
    Saudos y gracias de antemano!

  23. Murasaki Dice:

    Hola, solo queria añadir… si es que hay que añadir que yo tambien soy una ferviente seguidora de murasaki, comence a buscar sobre ella en el 2003 (entonces apenas dos comentarios en google), pero no desisti, pude encontrar un libro que se titula con con el nombre de la autora de la obra del genji, murasaki sikibhu y que esta basada en un libro autobigrafico, es bastante interesante pues te invita a realizar un viaje en el tiempo sintiendo que no ha pasado los siglos. De las traducciones de la obra Resplandor he decir que la traducción al castellano es algo mala.

  24. TsukiNoKagami Dice:

    Bueno, bueno… La reseña es de calidad.
    He leído por ahí algún comentario de gente que no se atrevía a leer el Genji Monogatari por no tener ni idea de la cultura japonesa en general, o del Período Heian en particular. Para ellos, recomiendo “El mundo del Príncipe Resplandeciente”, de Ivan Morris (Atalanta), que básicamente es una guía histórica, literaria y cultural de la época en que fue escrito el Genji. Es de gran ayuda.
    También he leído otro comentario de alguien que no se decidía a leerlo porque había leído “Los cuarenta y siete Ronin” y le había parecido muy denso. Cada uno tiene su opinión, pero para mí ése es un libro entretenidísimo y muy fácil de leer. Y muy corto. Además, es siete siglos posterior al Genji Monogatari. Es como no querer leer El Quijote porque El Cantar del Mío Cid te pareció denso…
    Nada más, enhorabuena por la reseña, me ha encantado. Animo a todos a leer el Genji Monogatari. Aparte de por su calidad, que es indiscutible, creo que es un privilegio poder leer una historia que se escribió hace 1000 años, y descubrir que gentes tan alejadas en el tiempo y en el espacio sentían como nosotros. Leer el Genji es un placer.
    ¡Saludos!

  25. jerufa Dice:

    Todavía estoy esperando los comentarios de Pepe si algún día se anima a leerla.

  26. Murasaki Dice:

    Me encanta ver como pasan los años y aun se comenta sobre Murasaki.

  27. viruji Dice:

    Me estoy terminando el primero de los libros de Murasaki de Destino, aunque no soy ajena a la cultura japonesa, pues llevo tiempo estudiandola, esta edicion hace que la lectura sea muy sencilla. Entre los capitulos (o libros) hay unas excepcionales notas del traductor que explican distintos aspectos relacionados con la época en relación a la cultura, distribucion de poder y sociedad que son muy interesantes.
    Si bien me parece una lectura muy recomendable desde mi humilde opinión me parece un poco excesivo compararla con El Quijote como se hace por ahí, cuestion de gustos.
    Muchas gracias por la reseña, muy acertada. Un saludo

  28. Cansinos Assens En La FIL | tipoeclipse Dice:

    […] antología de poesía japonesa. El libro es genial. En un ataque de emoción me dio por pensar en Murasaki Shikibu, pero no, tenía haikus sólo de 1700 en adelante. Volví a preguntar por poesía oriental, esta vez […]

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