JUANA I. LA REINA CUERDA – María Lara

Loco o loca, según la RAE es alguien que ha perdido la razón, de poco juicio, disparatado e imprudente. La mayoría de estas definiciones han sido utilizadas para degradar y señalar a las mujeres a lo largo de la historia. La locura, la histeria, la falta de seso, se usan como calificativos de forma reiterada en nuestra literatura. Una manera vil de menosprecio con la que se apartaba al género femenino de un plumazo. Poco más hay que decir. Loca y mujer la mayoría de las veces son sinónimos.

En estos tiempos, en los que todos estamos de acuerdo en desterrar de una vez por todas la discriminación que han sufrido y sufren los enfermos mentales, se plantea conveniente este ensayo sobre la figura de una reina estigmatizada. ¿Qué había de cierto? ¿Enfermedad o conspiración política? Si tenemos en cuenta que Juana I fue la primera reina por la unión de las coronas de los Reyes Católicos, es decir, de Castilla, Aragón, Navarra, Valencia, Mallorca, Nápoles, Sicilia, Cerdeña etc., es justo decir que algo siniestro pasó con esta mujer defenestrada en vida y condenada a recluirse por culpa de una supuesta enfermedad mental. ¿Un bulo convenientemente urdido con el fin de inhabilitarla? En este ensayo titulado Juana I La reina cuerda, María Lara investiga a fondo y desde varias perspectivas, la trayectoria de esta mujer. Lo hace para demostrar con datos fehacientes por qué se la trató de manera injusta, no solo en vida sino después de muerta, perpetuando la coletilla de «loca» junto a su nombre.

La obra repasa de manera somera las vidas de sus padres, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón. Podemos seguir el estudio en los diferentes capítulos de aspectos interesantes, como son la maternidad en las dependencias reales, el rol femenino en la nobleza y cómo marcó a Juana el hecho de tener una madre/reina con un carácter fuerte, con el que se ganó el respeto de la corte. Un repaso por la vida de esta Juana, con especial interés a su boda. La hija de la reina Isabel I de Castilla se casó profundamente enamorada, y el hecho de quedar viuda muy joven, los devaneos amorosos de su marido, las luchas internas y externas por el poder, los celos y el duelo, que muestra sin pudor ante los súbditos, se vuelven contra ella como síntomas de debilidad. Una viuda a la que trataron de anular recluyéndola en el palacio de Tordesillas desde los veintinueve años hasta su muerte, ocurrida los setenta y cinco. ¿Debemos seguir creyendo el diagnóstico de enfermedad mental?

En este trabajo, María Lara propone una revisión, desde todos los puntos posibles, de la figura de Juana. Aborda aspectos políticos, sentimentales e, incluso, psicológicos. Revisa los recovecos de esta heredera a través de cartas, documentos y testimonios de la época, hasta señalar las causas por las cuales esta reina fue apartada y recluida en un castillo durante la mayor parte de su vida, que poco tienen que ver con su estado mental.

Juana fue víctima de su esposo, Felipe el Hermoso, de su padre, Fernando el Católico y de su hijo, Carlos V, una mujer a la que utilizaron a su antojo. Pese a los intentos de su madre, Isabel la Católica, de afianzarla en el trono, el arrebatarle el poder fue un objetivo prioritario. Y para ello no dudaron en señalarla con el peor de los estigmas: la locura. La historia de esta reina está sembrada de bulos, chismes, tergiversaciones e incluso conspiraciones. Se puede decir que con ella se ensañaron. Una mujer culta, con un conocimiento superior al de los varones que la rodeaban, acabó marcada con el funesto epíteto. Los chismes, elevados a categoría de dogma y relacionados con la vida sentimental de esta mujer, fueron utilizados como arma política para deslegitimarla.

Muchos diréis que inhabilitar al rey acentuando supuestos defectos era práctica habitual en las luchas internas por el poder, pero en el caso de Juana no hay que perder de vista que su condición de mujer la convertía en un objetivo vulnerable. Cierto que resulta difícil, por no decir inadecuado, juzgar desde los parámetros sociales actuales a ciertas figuras históricas, sin embargo, lo que es necesario es una revisión y, en la medida de lo posible, una reparación histórica. Arrojar luz sobre estas prácticas y señalar la injusticia, forma parte de nuestra evolución como sociedad. El machismo anuló la figura de esta reina de todas las formas posibles. Pocos legados son tan nefastos que manchen tu nombre a perpetuidad. Es probable que Juana hubiera preferido una condena en la que aplicasen la damnatio memoriae.

Todos conocemos las consecuencias de señalar a alguien como un loco. El rechazo es instantáneo. ¿De verdad estaba tan desequilibrada como nos han hecho creer? El trabajo de la autora en este sentido es minucioso. Las crónicas durante su infancia y adolescencia la muestran como una muchacha guapa, de carácter afable y muy inteligente. ¿Qué cambió? Juana se casó con Felipe IV, hijo de Maximiliano I y heredero del imperio de Carlomagno. Un hombre ambicioso con fama de simpático, que quizá no fuera tan hermoso como lo pintan, pero que se las llevaba de calle. Dicen que, cuando se conocieron, surgió el flechazo. Juana se enamoró perdidamente de su marido, cosa rara en un matrimonio concertado. La singularidad de la reina Juana se hizo patente desde los primeros momentos al ser madre por primera vez. Juana se empeñó en darle el pecho a su hija Leonor y Felipe animaba a los más cercanos a contemplar el amamantamiento, «por lo deliciosa que resultaba la joven reina». Un marido ligero de cascos, con una personalidad diferente de puertas para adentro, al que pronto se le pasó el arrebato por su mujer. Pero de él solo nos quedamos con que era «hermoso». La prematura muerte de Felipe sumió a Juana en un tortuoso duelo. Ella lo amaba, lo cuidó mientras estuvo enfermo y su muerte, pese a todas las infidelidades que había soportado, la hundió en una profunda tristeza. A partir de aquí, primero su padre y después su hijo, trataron de anularla. ¿Por qué a su madre se la permitió reinar y a Juana no? La respuesta la encontramos en que Isabel competía con otra mujer por el trono, pero Juana tenía como rivales a hombres. La única salida fue aceptar la regencia cuando su hijo Carlos se proclamó rey. Juana I. La reina cuerda es un ensayo recomendable para descubrir las causas que han perpetuado el apodo de la reina Juana I. Una cuestión de justicia.

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María Lara, Juana I. La reina cuerda. Córdoba, Editorial Sekotia, 2023, 400 páginas.

     

6 comentarios en “JUANA I. LA REINA CUERDA – María Lara

  1. Balbo dice:

    Tras leer tu reseña me la apunto, gracias. ¿Sabes si tiene el mismo nivel que el de Fernández Álvarez? ;-)

  2. Iñigo Montoya dice:

    Entra en muchas cuestiones que a mí se me escapaban, no sólo ahonda en la figura de la reina, también extrapola la visibilidad, vamos que se mete hasta la cocina.
    Es un buen ejercicio para conocer la figura de Juana vista incluso por sus parientes masculinos.

    1. Balbo dice:

      Genial, gracias. En cuanto lo traigan a la biblio me haré con él. Merci. ;-)

  3. Gonzalo dice:

    es un tema muy interesante porque, efectivamente, enlaza con la manipulación a que se veían vistas las mujeres en la época y a los entresijos del poder.
    En todo caso, recientemente leí el ensayo de Manuel Fernández Álvarez, y planteaba que la vida que tuvo que llevar Juana en la corte de Flandes siendo tan joven he sometida a muchísimas presiones, junto con algunos antecedentes familiares como su abuela que también tuvo que ser recluida en vida, puedo tener un peso real en el estado mental de la heredera.
    sea como sea, bienvenidos sean más ensayos y desde perspectivas alternativas.

  4. Iñigo dice:

    Buena reseña, como siempre Iñigo Montoya. Un placer leerte.

  5. Garnata dice:

    Siempre me ha interesado la vida de esta mujer, por lo que fue y por lo que pudo haber sido. Así que este ensayo también me interesa.

    Muchas gracias por la reseña:)

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