ISABEL II. NO SE PUEDE REINAR INOCENTEMENTE – Isabel Burdiel

Isabel II. Isabel BurdielSiempre se ha dicho que Isabel II ha sido maltratada por la historiografía pero, lo cierto, es que del extenso catálogo de obras dedicadas a su real persona muy pocas merecen el calificativo de históricas. A poco más de cien años de su muerte, se pueden contar con los dedos de una mano las obras de verdadero carácter histórico dedicadas a la que fue la primera reina constitucional española. El resto de la producción bibliográfica sobre el personaje transita de la visión esperpéntica y grotesca que nos dejó Valle Inclán en La corte de los milagros, al relato erótico de Antonio Cavanillas, con un título, El león de ojos árabes, generosamente acogido en esta casa hislibreña, que no dejaba ningún resquicio a la imaginación.

Entre las obras de verdadero interés histórico sobre la reina apenas cabe destacar el libro de Carmen LLorca, centrado casi exclusivamente en el retrato psicológico de Isabel y el interesante trabajo de José Luis Comellas, que tenía al entorno político de su reinado como eje principal. Y, este estudio de Isabel Burdiel, focalizado en las circunstancias y acontecimientos esenciales que configuraron su personalidad; de cómo influyeron en su forma de ejercer el poder y de cómo contribuyeron al rotundo fracaso vital que supuso la pérdida de su trono.

Si algo distingue el libro de Isabel Burdiel y lo diferencia claramente de otros muchos sobre el mismo tema es el uso exhaustivo que hace de las fuentes documentales. Bien manoseados deben estar los legajos correspondientes del Archivo Histórico Nacional, del Archivo General de Palacio, de la Real Academia de la Historia y de varios ministerios clave en España y Francia. Este manejo de fuentes de primera mano no evita, sin embargo, que, en su conjunto, el libro de Burdiel nos muestre una imagen ciertamente esperpéntica de la vida de Isabel Luisa de Borbón y Borbón, nacida el 10 de octubre de 1830, hija legítima de Fernando y Cristina. Unas fuentes escasas en cuanto a documentos generados por la propia Isabel, que pudieran hablarnos más directamente de su propia persona y centradas en su mayoría en la documentación generada por su entorno, el coro, como lo llama Burdiel, que genera una imagen determinada. La única que procede de fuentes fidedignas y la única que un historiador puede generar de forma seria, lejos de chismorreos, rumores y leyendas.

Esa imagen o retrato nos muestra a una reina extraordinariamente ignorante; que jamás entendió las esencias del sistema liberal; con un sentido patrimonial de la corona; sin habilidad alguna para ejercer con mesura el alto grado de poder que le otorgaba el ordenamiento constitucional; con una agitada vida privada que la hacía víctima permanente del chantaje de las camarillas y de los ministerios; secuestrada emocionalmente por unos políticos y unos partidos obsesionados por controlar el poder que ella representaba; incapaz, en suma, de ejercer el poder real en un entorno político muy determinado, el del incipiente liberalismo. Esa incapacidad la condujo de forma casi irremediable a un colapso institucional que no dejó abierta otra ruta que la del exilio. ¿Fue suya toda la culpa? Isabel Burdiel cree que tuvo mucha culpa de su fracaso, pero no toda la culpa.

Nuestra autora analiza todo este proceso. Primero, el entorno en el que se produce su designación como heredera, con la primera guerra carlista como fondo. Un entorno, el de palacio, controlado por la reina regente, María Cristina, impregnado de ideas absolutista aunque se vea obligado a apoyar la causa liberal para defender el trono de Isabel. Luego, todo el entramado de la formación de la futura reina, por llamarlo de alguna manera, pues la más absoluta frivolidad e improvisación domina este asunto. Sólo importa la lucha de influencias para ver quién o quiénes están próximos a la futura reina y pueden ganarse su confianza. Isabel se queda sola en Palacio a los nueve años por el exilio forzado de su madre y la regencia de Espartero y eso incrementa las presiones sobre su entorno próximo para conseguir la confianza de la niña. Sigue el análisis del entorno político, con un ordenamiento constitucional que es liberal en las formas y absolutista en el fondo, con unas prerrogativas reales sobre el control de la política extraordinariamente amplias, lo que incentiva las presiones de los partidos políticos, el moderado esencialmente, por conseguir dominar la voluntad real. Los políticos desprecian a la reina que, además, es mujer, lo que les hace actuar sin escrúpulos. Sus opiniones carecen de sentido y ellos se consideraban con perfecto derecho a imponerle lo que tiene que hacer.
Isabel es declarada mayor de edad y proclamada reina a los trece años. Sobre ella recae un enorme poder político, pero no tiene ni idea de cómo ejercerlo. Resulta verdaderamente patética la escena que relata Isabel Burdiel sobre el primer acto de gobierno de Isabel y que se produce inmediatamente después de su proclamación. Por imperativo legal, aunque meramente protocolario en el fondo, el Consejo de Ministros presenta su dimisión a la nueva reina. Isabel, a la que nadie le ha dado instrucciones sobre cómo proceder, se la acepta de inmediato. Los ministros, sorprendidos, se retiran. España se ha quedado sin gobierno y no hay otro que lo reemplace. La marquesa de Santa Cruz, camarera de la reina, se da cuenta del error y se lo comunica a reina y ésta le contesta: “Ah sí, es verdad, pues díselo tú”. Fue la marquesa de Santa Cruz la que volvió a llamar a los ministros y en nombre de la reina les comunicó que quedaban confirmados provisionalmente en sus puestos hasta que la reina decidiera nombrar nuevo gabinete.

Isabel es un pelele en manos de todos los que la rodean. La marquesa de Santa Cruz la regaña como a una colegiala por haber recibido a tal o cual ministro sin su consentimiento; es decir, sin el de su madre, exiliada en Paris, a quien ella representa de facto y quien intenta controlar el reinado de su hija desde la distancia por vía postal. Adulada por muchos, presionada por otros tantos, manipulada por casi todos, Isabel desarrolla un carácter voluble y caprichoso, que la ignorancia más supina convierte en peligroso. El incidente Olózaga es el exponente más claro del peligro institucional que en esas condiciones supone la reina. Salustiano Olózaga, un político progresista, se gana la confianza personal de la reina, es el primero que la trata como una mujer y no como una niña, y le pide que firme el decreto de disolución de las Cortes como parte de la estrategia de su partido para afianzarse en el poder. La reina, inocentemente, lo hace, sin conocer las consecuencias políticas que ello supone. De inmediato, todos se vuelven contra Isabel a la que, en una especie de juicio sumarísimo secreto en palacio, le hacen redactar un documento en el que se señala que Olózaga ha conseguido la firma mediante el empleo de la violencia física. El escándalo es tremendo. Públicamente se reconoce que la reina puede ser inducida a lo que sea. En las cancillerías europeas se quedan con la boca abierta. Olózaga acaba exiliándose, pero la reina queda, a la vista de todos, como paradigma de la estupidez y la inconsciencia y, también, de la vulnerabilidad y la impotencia personal.

Así las cosas, Isabel necesita urgentemente un hombre a su lado que la “ayude” a gobernar, pues en el esquema político de los moderados y por mucho liberalismo que se difunda, eso de que el rey reina pero no gobierna, no se aplica. La impulsiva adolescencia y la libertad de costumbres de la reina, de las que Burdiel sólo aporta pruebas documentales circunstanciales, lo aconseja vivamente.

No se pudo solucionar de peor manera este asunto. El elegido para esposo real no fue otro que Francisco de Asís, primo de la reina. Era absolutamente inadecuado para la vida conyugal, aunque de esto tampoco hay rastro documental. Sí lo hay de la inmediata desavenencia de la pareja, que hace vida separada desde el primer momento de matrimonio. Isabel Burdiel analiza las circunstancias que llevaron a esta nefasta elección de candidato a esposo de Isabel. El juego de alianzas europeas de la época no permitió inclinarse por alguno de los posibles pretendientes italianos o alemanes y sólo quedó la opción casera de Francisco de Asís como fórmula para no molestar a ninguna de la potencias.

A partir de ese momento, la vida íntima de la reina se convierte en la famosa “cuestión de palacio”, eje de todo el chismorreo sobre el que han girado decenas de libros y relatos sobre Isabel. La “cuestión de palacio” existió, ciertamente. Las relaciones extramatrimoniales de la reina la colocaron en una situación de enorme fragilidad política que fue aprovechada por todos de forma implacable. La inestabilidad de la pareja real, con toda una serie de embarazos de por medio, generaba una complejísima inestabilidad política. La predilección personal de la reina por el general Serrano, con enormes ambiciones políticas, lo complicaba todo aún más. La reina era burdamente chantajeada. Primero, por su esposo, que llegó incluso a liderar una conspiración contra Isabel. Cada vez que Francisco de Asís amenazaba con materializar la separación de la pareja e irse a vivir solo a El Pardo o a Aranjuez, se conmovían los cimientos institucionales, que sólo se recuperaban cuando conseguía sus exigencias, bien dinero o influencia para sus amigos políticos. Luego, por todos los políticos que buscaban inclinar su voluntad hacia sus intereses partidistas. A costa de pisotear la reputación de la reina y de contaminar para siempre su imagen pública, como señala Burdiel, los moderados, con el apoyo del ejército, desplegaron un control total de la corona, que pasó de secuestrable a secuestrada políticamente. Y todo en aras de eliminar esa crónica inestabilidad política, que muchos atizaban como un peligro inminente para la supervivencia dinástica. El precio que se pagó por acabar con la “cuestión de palacio” fue la amenaza constante de la revolución como manera de cambiar el rumbo de la política.

La revolución llegó, en 1868. Isabel Burdiel señala dos causas esenciales por las que Isabel perdió su trono. No supo convertir a la corona en el referente moral de su pueblo y no supo ser el referente constitucional. Una cosa fue culpa suya y la otra de su entorno.

Personalmente, no estoy muy de acuerdo con este planteamiento. Por muy irregular o, incluso, escandalosa, que fuese su vida personal, lo cierto es que la reina nunca perdió el apoyo popular. Isabel II fue tremendamente popular. La corona nunca estuvo en peligro de desaparecer por falta de apoyo en la calle. Cuando Isabel cae en 1868 lo hace, en mi opinión, porque la conspiración, el asalto al poder, es la única forma de conseguir el cambio político en un entorno que ha destruido los principios esenciales de liberalismo con ese maridaje entre políticos hambrientos de poder, de todo el poder, militares y una reina que se ha dejado enredar, por su propia incompetencia, en esa trama. La revolución del 68 no derriba a la corona, sólo quita de en medio a Isabel como lastre para el desarrollo político. Inmediatamente se busca a otro rey, Amadeo; la república es fugaz y pronto se recupera la normalidad con Alfonso. Respecto a la falta de referencia constitucional, habría que analizar con mucho más detalle todo el entramado constitucional de su reinado; la vigencia real de los principios constitucionales; el nivel de desarrollo de la conciencia democrática y la pervivencia de los principios políticos y filosófico sobre lo que debía ser el poder real.

El libro de Isabel Burdiel es realmente interesante. El uso sistemático de fuentes de primera calidad le proporciona una consistencia intelectual impresionante. Nada se da por supuesto, toda conclusión es fruto de un análisis sustentado en datos documentales.
Nos deja, sin embargo, con la miel en los labios. El relato biográfico termina en 1854: la Vicalvarada. Burdiel le otorga categoría de acontecimiento esencial en la vida de la reina, una especie de final de ciclo vital esencial, como para justificar un punto final a la hora de explicar cómo ejerció su poder Isabel II. Más allá apenas hay nada que reseñar. Creo, personalmente, que fue un hito más que acentuó el secuestro de la reina por otros militares y otros políticos. Más de lo mismo. Los catorce años que restan para su derrocamiento sí que fueron, en mi opinión, verdaderamente esenciales para comprender las causas de su caída. No acierto a comprender este brusco final, como no sea por las prisas editoriales por presentar en libro en 2004, año del centenario de la muerte de la reina. De todas formas, un libro muy recomendable.

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24 comentarios en “ISABEL II. NO SE PUEDE REINAR INOCENTEMENTE – Isabel Burdiel

  1. Valeria dice:

    Hola, Chema. La verdad es que ni la época ni el personaje me han interesado hasta ahora, pero tengo que reconocer que tu reseña me ha gustado mucho: me ha parecido instructiva, ágil, amena y comprometida. Se me hizo incluso corta. Y eso, en un tema que en principio no te atrae nada, sólo es mérito del reseñador. Mis felicitaciones.

  2. juanrio de la Vicalvarada dice:

    Coincido con Valeria, Chema. Para ser una epoca que me interesa poco tu reseña me ha dejado boquiabierto e interesado. Felicidades

  3. marbenes dice:

    Excelente reseña, Chema, que me ha dejado con ganas de más…, pero de leer más tuyo; francamente, no sé si de leerme un libro de investigación. Desde luego, es mucho más cómodo que alguien se lo lea y lo resuma después tan maravillosamente. Ahora me ha quedado la duda sobré esos últimos catorce años…

    Por cierto, ¿qué fue la Vicalvarada?

  4. Urogallo dice:

    Impresionante reseña por lo exhaustiva y detallada.

    Además, estoy completamente de acuerdo con la evaluación del panorama bibliográfico sobre Isabel IIª, la de los tristes destinos: Un vacío enorme, rellenado mediante suposiciones, rumores y diversas habladurías sin soporte documental pero que cada cual rellena a su manera.

    Esto lo comento, por que ayer mismo leía en un periódico donde se hablaba superficialmente sobre Isabel IIª que el general Serrano la había “violentado” cuando aún era una adolescente. Más que sorprendente revelación, sobre todo por que yo sí había leído en tiempos una biografía del general Serrano, ( su general “bonito”) donde no parecía que le hubiese hecho falta violentar a la reina para gozar de sus favores.

    Otra leyenda más.

  5. Cristina_H dice:

    ¡Fiu! ¡Mayor de edad con 13 años!

    Me has transportado al ambiente cortesano de intrigas, conspiraciones, ardides, astucias…, vamos, de juego sucio por el poder. Pero también a la triste situación de una mujer inepta y no preparada para ejercer el papel que le correspondía. Ha habido un momento que me ha dado lástima, que me has emocionado.
    Muy interesante esta reseña. Aunque, para ser exactos (y justos) debería decir: muy interesante tu exposición, tan didáctica como magistral sobre Isabel II y sus circunstancias personales y políticas. Chapeau!

  6. Cristina_H dice:

    Por cierto que el subtítulo (“no se puede reinar inocentemente”) es bien significativo, ¿no?

  7. Urogallo dice:

    El poder da la responsabilidad.

  8. Gadatas dice:

    Y esta reina era algo inutilica en el terreno personal.

    Por cierto, Chema, has conseguido que me interese un poco más por esta buena mujer que en la cabecera aparece tan sanotamente. Muchísimas gracias. Nosotros la dimos en clase como personaje relevante por descalabrar a su modo el sistema del estado liberal español que empieza a construírse en los 40 y 50. Aunque la verdad es que sus affaires amorosos y todas esas leyendas que se han creado alrededor de su persona me importan más bien poco.

    Lo que sí me gusta es las consecuencias que esta mujer tiene en el terreno político español, sobre todo comparándola con el carisma de otros líderes de su momento, como la reina Victoria en Inglaterra o Napoleón III en Francia.

  9. Aguafiestas dice:

    Ciertamente el XIX español suele ser poco atractivo para la mayoría; sin embargo es una parte de nuestra historia realmente interesante.
    Me ha gustado la reseña, tal vez me anime con el libro.

  10. David L dice:

    Excelente reseña chema. Hace ya tiempo que leí una biografía de Isabel II, escrita por Germán Rueda, y me quedó una sensación agridulce del personaje. Por una parte, parece que su mala cabeza y su dejadez influyó en su posterior conducta como Reina , pero por otra, llegué a experimentar cierta compasión por el mismo. Demasiado complicado el siglo XIX español para regir sus destinos una persona que no poseyera una gran personalidad. Muchas veces uno piensa en Felipe II y su Imperio, tan dificil de manejar pero basado en una herencia fuerte. A Isabel II le llegó el poder tras una guerra de carácter sucesorio; con un padre con una historia detrás tan nefasta para España como Fernando VII, etc(..)…

    Con unos antecedentes como los mecionados hay que poseer una gran personalidad para enderezar una nave tan a la deriva como era la España post-fernandina.

    Un saludo.

  11. ipi dice:

    Excelente análisis en la reseña e interesante libro del que desconozco todo sobre su autora, ya que no he leido nada de ella, y aunque el siglo XIX siempre es un poco plúmbeo, sus temas siempre son muy interesantes desde un punto de vista didáctico… ¡Enhorabuena Chema!… por esto me gusta cada día más Hislibris.
    Tengo que animarme yo también para hacer algún día una reseña con calidad.

  12. chema dice:

    Marbenes, se conoce como la Vicalvarada al pronunciamiento del general O´Donell en 1854 en los cuarteles de Vicálvaro, en las afueras de Madrid, que dió paso a dos años de gobierno progresista. Otro pronunciamiento más en el reinado de Isabel II, otra alianza entre políticos y militares como única forma de conseguir un cierto grado de alternancia en los gobiernos al no dejarle otra salida a la reina que sumarse a la inicitiva. Más de lo mismo hasta que otro pronunciamiento, en 1868, se llevó a la reina por delante.

    A todos, gracias por los comentarios afectuosos.

  13. karateka dice:

    Pues sí señor, magnífica reseña sobre uno de los peores reinados de nuestra historia. Es todo un arte convertir en interesante uno de los períodos más nefastos e infumables de España. Si no fuera porque me iba a cabrear de lo de lindo, incluso leería el libro y todo.

    Saludos

  14. Clío dice:

    Magnífica reseña Chema, es un gusto leerte despues de vacaciones, interesante el tema y la persona a pesar de su incapacidad y de los turbulentos tiempos que le tocó vivir y por supuesto con el lastre que arrastraba. Saludos

  15. Javichu dice:

    Veo que el S XIX español no es del agrado de la mayoría, y es una pena. Es un periodo realmente apasionante, en el cual nos dimos de bofetadas con el mejor ejército de la época, tuvimos el peor rey imaginable en cuyo reinado se perdieron la mayor parte de las colonias, varias guerras civiles que en perspectiva fueron incluso más sangrientas que la del S XX, una reina indolente en cuyo reinado hubo incontables pronunciamientos, un cambio de dinastía en el trono, una república, revoluciones cantonalistas, la restauración de la anterior dinastía y la perdida definitiva de las colonias. Y todo ello adornado con la redacción de siete constituciones (si no se me olvida ninguna) entre las que se encuentran algunos de los textos más progresistas del mundo.

    El libro tiene muy buena pinta. Si bien la figura de Isabel II puede parecer poco interesante, todo lo que la rodeaba si lo era.

  16. Javichu dice:

    Y la reseña de Chema es magnífica.

  17. Su reseña esta clara , esta reina viviò una época de agitaciones e intrigas , dice que sus biografías son contadas con los dedos de la mano es cierto , pero hay una que he leído hace poco se trata de una biográfia de Isabel I I escrita Franz de Luz . Espero que este dato le sea útil .

    Jorge löpez Zegarra

  18. FERNANDO GARCÍA dice:

    ES UNA VERGUENZA LA CANTIDAD DE FALTAS DE ORTOGRAFÍA QUE TIENE LA EDICIÓN DE OCTUBRE DE 2010 DE ESTE LIBRO.

    MÁS VERGUENZA QUE LA EDITORIAL NO DIGA NADA, NI CONTESTE LOS @, NI, AL MENOS OFREZCA CAMBIARNOS EL LIBRO A SUS CLIENTES

  19. urogallo dice:

    Yo estoy con la obra posterior: Isabel II. Una biografia.

    Documentada, amena, reveladora y certera.

    No puedo dejar de leerla.

  20. Urogallo de Loja dice:

    Me está gustando realmente este libro, y saber que es una obra “biológica”, es decir, que ha crecido desde un libro anterior solo lo hace más atractivo.

    Sorprendente sobre todo como el poder de los liberales moderados era en todo semejante a una dictadura basada, como expresaba Donoso Cortés, “únicamente en el apoyo del trono”.

  21. Balbo de Javier dice:

    Yo, que soy más cotilla os recomiendo: “Los amantes de Isabel II” de Manuel Barrios

  22. Urogallo de Loja dice:

    Todo esto me ha traído ansia viva de leer biografías del resto de personajes de la época, y solo conozco una de Prim, publicaba por Edhasa. Hace años en Planeta publicaron “Serrano, el general bonito”, que no era muy extenso…

  23. Balbo de Javier dice:

    Una curiosidad: Isabel II al tomar el tren al exilio se fijó en que los donostiarras le despedían con más curiosidad que con pena. Al verlo, la ex reina suspiró y dijo:

    “¡Y yo que creía tener más raíces en este país…!”

  24. urogallo dice:

    Que libro tan revelador.

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