ENTREVISTA A JANINA RAMIREZ

Viernes 24 de febrero de 2023, pasan unos minutos de las once de la mañana y entro en el Hotel Catalonia Ramblas, situado en la calle Pelai de Barcelona. Estoy citado para entrevistar a la historiadora Janina Ramirez, que en breve (hoy mismo) sacará en castellano de la mano de Ático de los Libros su espléndido libro Fémina: una nueva historia de la Edad Media a través de las mujeres. Conocía el libro: lo leí hace seis meses en una económica edición en rústica en inglés (no el tamaño bolsillo, que saldrá en este idioma a finales de este mes de marzo; en UK se dan, en general, bastante prisa con estas cosas). Entonces, vía Twitter, Claudia Casanova, editora de Ático, comentó que saldría la traducción a lo largo de este 2023 y resulta que ya la tenemos aquí. No es mi primera aproximación a Janina Ramirez, joven historiadora británica –nació en 1980– con antecedentes polacos e irlandeses: en realidad, la tenía «vista» como presentadora de documentales, sobre lo que hablamos en la entrevista, y en la estela de otras historiadoras, como Mary Beard, que compaginan la carrera académica con una presencia pública más popular; y pocas cosas consiguen esa popularidad en una audiencia muy amplia como salir en la pequeña pantalla hablando sobre cosas del pasado.

Los British nos llevan muchísima ventaja y tradición en esto de hacer documentales: no pasa una semana, en alguno de los canales de las BBC, la ITV o el Channel 4, por decir las principales televisiones en abierto por esos lares, sin un documental, muy a menudo sobre la historia de las Islas Británicas, en general o de alguno de sus países en particular, pero también de sucesos internacionales, de la historia de la cultura en general. Qué envidia dan los hijos de la Gran Bretaña, en este aspecto, y en la potente industria editorial, con grupos como Penguin Books, por ejemplo, que para mí son un clásico: esos tomos en formato bolsillo con atractivas cubiertas y el lomo de color naranja entre dos finas rayas blancas… y sobre atractivos temas. Como el que nos trae este libro.

Ático de los Libros convocó a los medios e Hislibris se apuntó enseguida. Este reportero dicharachero entró en el vestíbulo del Hotel Catalonia Ramblas y se encontró en el lobby con María del departamento de Comunicación de Ático. Llegué pronto, aún estaba Janina Ramirez, que lucía un vestido negro estampado con franjas de colores –le pega mucho–, su melena negra, el rostro pálido y los labios pintados de rojo, ese estilo gótico que suele tener; así que me acomodé en un sofá y la vi hablar con otro entrevistador. Habrá quién, por cómo viste y se presenta, por cómo aparece en todo tipo de actos y en medios de comunicación, no «dé» el tipo de una historiadora –¿hay alguna fórmula, acaso? Es joven, dinámica, atrevida y absolutamente libre para presentarse como quiera–, pero no tienes más que escucharla para darte cuenta que Janina –Nina, como la llaman sus más allegados– tiene mucho que decir, lo dice muy bien y te atrapa con lo que cuenta en sus documentales y lees en sus libros. Y ya tiene unos cuantos, en no ficción y en ficción, en la que también ha hecho sus pinitos. The Private Lives of the Saints: Power, Passion and Politics in Anglo-Saxon England (2015), fue su primera obra sobre historia medieval –sobre ella incidiremos también en la entrevista–, a la que siguieron una biografía de Juliana de Norwich un año después y una edición ilustrada del poema épico Beowulf en 2019. En el pasado 2022 llegaron dos libros más: Goddess: 50 Goddesses, Spirits and Other Female Figures Who Have Shaped Belief y Femina: A New History of the Middle Ages, Through the Women Written Out of It, que ahora tenemos en nuestro idioma.

Pasan un par de minutos de la hora pactada, las 11:20; María me dice que tenemos hasta las 12, pues después de atenderme a mí Janina debe ir a un par de radios para sendas entrevistas. Me hago a la idea de que no podré plantear todas las preguntas que tengo escritas en inglés, y que previamente he escuchado en programas on line para quedarme con la pronunciación. Leo en la lengua de Shakespeare con comodidad y la entiendo cuando la escucho, pero mi expresión oral es regulera, por no decir pobre; es lo que tenemos muchos de mi generación, que en EGB, BUP y COU nos machacaron con la gramática (que ha venido genial para la lectura), pero nos dejaron más cojos en cuanto al speaking. Pero, aun teniendo la posibilidad de una traductora, Julia, puesta por Ático, no quiero perder tiempo en la traducción simultánea; así que me amarro los machos, preparé las preguntas (y las escuché en inglés con los traductores de Google) y me dispuse a hacer la entrevista en inglés.

Terminó la entrevista con el medio anterior –Janina se despidió del periodista con su afabilidad contagiosa–  y me dispuse a sentarme en el sofá con las tres mujeres. Janina me saludó y se disculpó para ir a los servicios. A la vuelta, ya con la falsa sensación de tener todo el tiempo del mundo –le pedí a María que me avisara cuando faltasen diez minutos para terminar–, me acomodé y puse en marcha la grabadora del móvil; fueron exactamente 30 minutos y 40 segundos de entrevista, pasaron volando, como siempre me pasa en estas lides. Mientras me presentaba y le expliqué brevemente qué es Hislibris, Janina vio mi ejemplar de la edición inglesa de su libro en la mesita delante de los sofás; vio que estaba forrado con plástico, para proteger la preciosa cubierta, y la comentamos:

—Leí que es la adaptación de un diseño de Hildegarda de Bingen, sobre cómo veía el mundo —dije.

—¡Sí! —exclamó, un «yeeeees» que el texto escrito no refleja, mientras su cara se iluminaba, la primera de las muchas ocasiones en que lo haría a lo largo de la charla. —. Tuve que luchar para que esta cubierta pudiera ser utilizada en Estados Unidos, porque pensaron que era demasiado insinuante…

—Demasiado explícita —añadí.

—Demasiado explícita, pero estamos en 2023… ¡ella lo hizo en el siglo XII! ¡Es de locos!

—Sí, no me sorprende —dije—, porque en estos tiempos tan “políticamente correctos”…

—¡Lo sé, lo sé! Es una locura… Hildegarda era una valiente —ríe.

Le explico que tengo las preguntas escritas en inglés, pues mi inglés oral es algo pobre y prefiero ir sobre seguro, y me disculpo por mi pronunciación:

—¡No te preocupes, es estupenda! —es realmente muy amable, y se dirige a la traductora— Puedes acomodarte y relajarte. —Ambas ríen; le cuento que no hablo mucho inglés, pero que leo con comodidad en ese idioma y que veo películas y series de televisión en inglés para quedarme con el vocabulario y la pronunciación—. Bien, si algo de lo que digo suena un poco más complicado o difícil, Julia, acudiremos a ti. –La traductora asiente.

Me acomodo, cojo mis folios con las preguntas y empiezo:

—En primer lugar tengo una serie de preguntas sobre ti y el libro y finalmente, para los últimos diez minutos, en Hislibris, en cada entrevista, solemos terminar con lo que solemos llamar el “friki test”.

—¡Friki test! —se ríe.

—Un test raruno [weird].

—¡Oh, Dios mío! —sigue riendo.

—Pero será lo último —añado.

—Bueno, soy bastante friqui.

—Puedes ver que cómo son las preguntas… —le enseño las preguntas escritas.

—Oh, lovely… —ríe.

—Pues vamos allá. Para presentarte a los lectores españoles, que, por supuesto, pueden leer la entrada [en inglés] que hay sobre ti en la Wikipedia —se ríe—, y teniendo en cuenta que Fémina es el primero de tus libros publicado en español, permíteme que te lo pregunte directamente: ¿quién es Janina Ramirez?

—¡Oh, vaya! Bien… me gustaría pensar que soy una persona interesante.

—Lo eres… —a estas alturas ya me tiene ganado.

—Pues… soy una persona que hace juegos malabares con muchas cosas a la vez; me gusta ser alguien que se entusiasma y apasiona por lo que hace, y puesto que adoro mi trabajo, lo hago. Por eso, siempre estoy ocupada. Doy clases en Oxford, escribo ficción y no ficción, y hago programas de televisión y radio. Y soy madre y ese es un trabajo a jornada completa. Pero está bien para mí. Soy una persona de todo o nada. Puedo estar en las nubes o profundamente dormida en la cama como un gato. Amo la naturaleza y nunca estoy más feliz que con mis gatos, mis gallinas, o cuando estoy en un bosque. Los bosques son mi espacio de felicidad favorito. Así que, sí, he vivido cuarenta y tantos años en este planeta y espero, como Hildegarda de Bingen, vivir otros cuarenta más. Y espero, ya sabes, hacer más cosas con mi tiempo.

—Y amas la historia —añado—, la historia medieval en particular.

—Siento que siempre he apoyado a los desvalidos en la vida y soy igual con la historia: como el período medieval, la historia está desvalida. No se suele apreciar su riqueza por completo y lo mucho que podemos aprender si nos preocupamos por conectar profundamente con ella. Por lo que, sí, por eso me apasiona. Buena pregunta; de hecho, una pregunta… aterradora ­—ríe—, nunca me la habían hecho antes. «¿Quién es Janina?».

—Te aseguro que en Hislibris agradeceremos tu esfuerzo para hacernos sabe quién eres —asiente—. He visto varios de tus documentales y he visto que en ellos eres muy… expansiva.

—¡Sí!

—Y esa es una característica tuya que los espectadores de documentales, o eso espero, aprecian.

—También lo deseo. Creo que la manera de hacer documentales ha cambiado desde que empecé a verlos. Los he hecho durante doce o trece años. Al principio era siempre un hombre trajeado que camina hacia la cámara y dice: “Esta es la fecha, este es el hecho que mejor conozco. Ahora ustedes han aprendido algo, así que me voy” ­—ambos reímos—. Bueno, yo no soy necesariamente la experta: soy una aventurera y estoy en un viaje contigo.

—No eres Kenneth Clark

—No, no lo soy —ríe —nunca lo habría querido.

—Desde hacen un tiempo, no hace mucho, en Reino Unido, tú, Mary Beard, Bettany Hughes, Lucy Worsley… hay una generación de historiadoras que hacen documentales. En España se hacen menos.

—Sí, es cierto.

—Para las jóvenes españolas que quieren estudiar historia, enseñar historia, investigar en historia, o quizá presentar documentales, ¿qué podrías decirles para inspirarlas?

—Les diría… sobre todo que sean expertas en un ámbito que amen y que se apasionen aún todavía más. Les diría: seguid estudiando, conseguid un máster o un doctorado, intentad forjar ese espacio que es solo vuestro. Y sed entusiastas en cada oportunidad que tengáis. Hablad con pasión, con sentimiento, ya sea ante cinco estudiantes en un aula o ante una cámara, es lo mismo. Tenéis que conectar. Tenéis que buscar y encontrar aquello que os emocione más y legarlo a otros. Esas mujeres que has mencionado son amigas mías muy queridas y me han inspirado, y nos apoyamos las unas a las otras en Reino Unido. Hay una red de apoyo entre historiadoras públicas que tratamos de hacer lo mismo: salvar las humanidades. Estamos en un mundo en el que, ya sabes, las ciencias, la tecnología, las matemáticas, tienen mucho empuje, importan mucho. Y la gente no piensa que las humanidades importan, pero la historia es la asignatura madre: todas las demás asignaturas tienen una historia, ya sabes, no sabríamos sobre informática sin la historia de la informática. Y como la asignatura madre, debemos sacudirla, mantenerla vibrante, real, y eso es lo que tratamos de hacer.

—El último de tus documentales que vi fue el de Tutankamón.

—Estoy muy orgullosa de él —se le nota en la mirada.

—Me gustó mucho.

—Muchas gracias, estoy muy orgullosa. Realmente lloré en la pantalla, algo que nunca hice antes. Hay un momento en que me colocaron delante del sepulcro de Tutankamón y ahí estaba el cristal y no sabíamos lo que iba a pasar. Lloré porque estaba tan sobrecogida. Gracias.

—Debió de ser muy emocionante…

Fotograma del documental Raiders of the Lost Past with Janina Ramirez: Tutankhamun’s Secrets (BBC: 2022).

—Tienes que sentirte así, creo que se trata justamente de eso. Verás, me siento una privilegiada, muy honrada de tener esos momentos. Y cuando estoy ante la cámara pienso que hay miles de personas que les encantaría estar justo ahí. Y tengo que transmitir lo que significa, pues significa mucho para mí. Hay otro documental, no sé si viste el de los olmecas… no, el de Çatalhöyük, en Turquía, estoy sosteniendo un espejo de obsidiana que no se ha sostenido —hace el gesto— en ocho mil años. Y puedo sentir las huellas dactilares de la persona que lo poseyó. Y me miro en el espejo e imagino que mi cara es la primera que se refleja desde que lo hiciera aquella persona hace ocho mil años —minuto 27 del vídeo enlazado—. Es como un telescopio del tiempo, ¿sabes?

—¿Habrá un documental sobre algunos de los personajes de tu libro Fémina?

—Cruzo los dedos, estamos trabajando en ello. Sí, creo que saldrá adelante.

—Bien, bien…—mentalmente me froto las manos.

—Creo que sería brillante, ¿sabes?, hacer el Tapiz de Bayeux, las damas que lo tejieron, Hildegarda, Jadwiga…

—Margery…

—¡Oh, Margery, es tan…! Margery necesita que se haga una película sobre ella, sería estupendo.

Llevamos unos minutos presentando a Janina y hablando sobre documentales, ya toca hablar sobre su libro.

—El libro empieza con la triste historia de una sufragista, Emily Wilding Davison, que también fue historiadora, una medievalista. Su perspectiva, la de mujeres escribiendo sobre mujeres, parece ser una inspiración en tu libro. ¿Podríamos decir también que es una necesidad?

—Cuando descubrí que Emily Wilding Davison era una medievalista, fue mi momento “eureka” en este libro. Tenía una cita con mi editor y eran las cinco de la mañana y, oh cielos, ¿debería acostarme ahora? —ríe—. Para mí… mi hija tiene 11 años y cuando escribí eso —la introducción del libro— era algo más joven y en clase trataban el tema de las sufragistas; y vino del colegio y me dijo: “Mamá, ¿no es genial que hace cien años esas mujeres valientes decidieran que deberían poder votar, que deberían tener derechos? Ellas prepararon el camino para todas nosotras. Somos muy afortunadas ahora por todo lo que hicieron”. Y pensé: sí, así es como desde siempre también lo he entendido. Pero luego te das cuenta de que ellas no lo estaban haciendo de manera aislada, sino que esas sufragistas buscaban atrás en el tiempo unos derechos, una agenda, un poder que sentían que se les había arrebatado. Y eso hizo que fuera muy diferente para mí ver que lo que sucedió entre, digamos, la vida de Margery Kemp en 1400 y la de Emily Wilding Davison en 1913, es de hecho la lenta erosión de los derechos de las mujeres y la introducción de cosas en las mujeres como el segundo sexo o el lugar de las mujeres en el hogar. Esas cosas son inventos relativamente modernos. Y cuando sabemos eso como mujeres, pero también como personas, hombres y mujeres, creo que nos ayuda a ver que había algo antes de nosotras que era bueno, rico y diverso, y que quizá podemos tenerlo otra vez. Por lo que, sí, pienso que es bastante empoderador.

—Es muy emocionante. En algunos capítulos de Fémina haces un especial énfasis en el contexto, la época y el espacio de la Edad Media, especialmente, y no sólo en Inglaterra. Una era que a menudo ha sido etiquetada como una edad oscura. Pero al leer tu libro podemos percibir que esos diez o doce siglos son un período con mucha más luz y más, y diversas, perspectivas que el habitual relato sobre guerreros, reyes, Cruzadas, monjes, catedrales, etc. Por supuesto, no sólo una visión femenina lo explica, pero ¿puede la perspectiva de las mujeres contribuir con una imagen más matizada de la época medieval?

—Es una excelente pregunta. Absolutamente. Has resumido el libro, de veras.

—Lo leí dos veces, en inglés y en español.

—Eres increíble…—se ríe—. Por eso que planteas es por lo que pude salirme con la mía y poner en el título —lo señala en la cubierta— «una nueva historia de Edad Media», porque realmente creo que la versión del mundo medieval en la que hemos estado, que hemos heredado y que se nos ha dado a lo largo del tiempo, es una que apoya a valientes hombres blancos, ya sabes, guerreros, soldados, reyes, personas asombrosas en la batalla, que construyen imperios.

—Y a veces reinas…

—Y a veces reinas, si hacen lo mismo.

—Reinas como Leonor de Aquitania, siempre a vueltas con el mismo personaje…

—Sí, siempre que hagan lo mismo cuando construyen un poder, un imperio, una riqueza. Pero lo que siempre he sentido, buscando, estudiando historia, es: “¿Dónde estoy? «¿Dónde está mi historia?». Soy una inmigrante polaco-irlandesa. Mis padres crecieron entre la pobreza en el sur de Londres. ¿Dónde estaría yo en los libros de historia? No aparecería en ellos, pero quizá sí pueda hacerlo, pues estoy viva, todavía tengo una agenda, puedo escribir, puedo crear. Y quería encontrar a aquellas personas que han dejado una pequeña marca, pero eso solo es posible ahora por el desarrollo de la tecnología; y particularmente, debo decir, de la arqueología, que es donde están sucediendo muchas cosas. Es tan emocionante la arqueología en estos momentos… Desde que se han producido los avances con el ADN, también con las bases de datos y la tecnología de los ordenadores, todas estas cosas nos ayudan a encontrar no sólo a unos pocos, sino a la mayoría. Y creo que es importante poner el marco en las mujeres, que son el 50% de las población, y que han estado fuera de la narrativa. Y si lo aumentamos aún más, también encontramos hombres que han sido excluidos: hombres de las clases bajas, con diferentes trasfondos, de diferentes razas. Por ello, abriendo el marco, encontramos una manera diferente de mirar este período. Y de hecho es mucho más realista, pues las personas del pasado son como nosotros, pero estaban antes que nosotros; y eran tan complicados como nosotros, tan disidentes, tan peligrosos, tan desafiantes, tan aburridos y tan mundanos. Pero también merecen que se les vea.

—Este es un libro, por supuesto, sobre mujeres: reinas (no sólo la famosa Leonor de Aquitania), «vikingas» anónimas, místicas, escritoras, cátaras… mujeres perdidas e ignoradas. Y utilizas muchas y variadas fuentes, no sólo escritas; la arqueología, por ejemplo y que ahora mencionabas. Pero también pones el foco en que debemos leer las evidencias con un sesgo, necesariamente, no binario; por ejemplo, en referencia a la guerrera «vikinga» de Birka en el capítulo tres.

—Tienes mucha razón. Binario es la palabra. Habrás visto en Fémina que hay muchos libros escritos sobre mujeres medievales. Y tengo una enorme deuda con las académicas medievalistas que han escrito sobre mujeres. Pero incluso en los mejores libros, cuando lees títulos de los capítulos, incluso sobre mujeres medievales –esposas, reinas, hermanas, madres–, se trata de títulos tradicionales. Por ello, cuando escribí los títulos de los capítulos —coge mi ejemplar en inglés—, pensé muy cuidadosamente qué palabras iban a ser asumidas como masculinas. Ya sabes, «guerreros y líderes» —señala con el dedo el título de cada capítulo en el índice inicial—, la primera persona que te viene a la cabeza es un hombre… «espías y proscritos» —lo decimos los dos a la vez—, un hombre … «polímatas y científicos», un hombre… «reyes y diplomáticos». Fui muy provocadora, deliberadamente elegí palabras cuya espontánea imagen fuera la de un hombre y en realidad también había mujeres. Y no binario es la palabra, y pienso que es importante: ya no podemos adentrarnos en esta especie de mundo posmoderno que tenemos y pensar en una división entre hombres y mujeres. Y esos son los aspectos definitorios de nosotros que el mundo «vikingo» nos enseña, lo que la mujer guerrera de Birka nos está enseñando. Sí, ella tendría dos cromosomas X, que en términos de sexo sugiere que era una mujer, pero no sabemos cómo se vestía, no sabemos cómo hablaba. No sabemos cómo lucía su pelo o se movía. No sabemos cómo las personas de su alrededor la veían. ¿La vieron siquiera como mujer? ¿Se vistió de hombre y por lo tanto fue percibida como tal? Así que tienes toda la razón. Y es un matiz que me parece que se pierde y cuando ahora estamos empezando a entender las complejidades de la identidad. Ya sabes, la identidad de una persona es muy compleja y por eso escribí este libro, porque pienso que uno de los principales temas de nuestro tiempo es cómo percibimos ahora la identidad. Una gran pregunta.

—Gracias —no puedo evitar sonrojarme un poco.

—Es realmente una gran pregunta: eres la primer primera persona que me habla de lo no binario.

—Es que es importante en tu libro, más o menos en todos los capítulos y especialmente en el último.

—Absolutamente. Y, con sinceridad, eres la primera persona —supongo que se refiere en entrevistas previas que ha tenido ese día en Barcelona y el anterior en Madrid— que utiliza ese término y ya casi quiero que se grabe en el libro —le da un pequeño golpe a la cubierta— que trata sobre lo no binario, sobre desglosar esos grandes titulares concisos —y que antes ella mencionaba señalándolos en el índice de contenidos.

—De hecho, tenemos el mito de Thor y cuando se «disfrazó» de mujer…

Un breve inciso. Hice ese comentario a partir de la historia mencionada en el libro (páginas 143-144), incluida en el Þrymskviða, uno de los poemas más famosos de la Edda poética. El rey de los gigantes Þrymr le robó a Thor el martillo y pidió, como exigencia para su retorno, casarse con la diosa Freya.  Ante la negativa de Freya a casarse con el gigante, Loki «disfrazó» a Thor como Freya para presentarlo ante Þrymr en un banquete de boda. En el banquete, Thor, que llevaba un vestido hasta la rodilla, un velo de novia y el preciado y reconocible collar de la diosa, el Brísingamen, y acompañado de Loki (vestido como su sierva), empezó a comportarse de una manera extraña para Þrymr, comiendo animales enteros y bebiendo tres barriles de hidromiel. Loki, para calmarlo, le explico que Freya no había comido en ocho días, por lo que ese comportamiento aparentemente «masculino» fue aceptado. Þrymr, dispuesto a consolidar su matrimonio, entregó a «la novia» su regalo de bodas: el martillo Mjölnir; tres recuperarlo, Thor se despojó del disfraz y mató a todos los que rodeaban.

Janina Ramirez en los tejados de Madrid a finales de febrero de 2023. Fuente: Ático de los Libros.

Ella responde:

—Bien, como decía antes, el mundo vikingo es un perfecto ejemplo, pues no estaba afectado por la tradición clásica y el tipo romano de estructura de la sociedad. Las mujeres no tenían que asumir simplemente un rol secundario, podían hacer cualquier cosa que hicieran los hombres; cuando el tiempo está en tu contra, cuando te estás muriendo de hambre, cuando tus hijos están en peligro, cuando estás fuera, tienes que defenderte a ti misma. Cogerás una espada y harás lo que sea que hacen los hombres, porque eso es lo que harás. Y pienso que por ello ese mundo es tan singular, porque nos muestra una imagen sobre lo que somos capaces de hacer. Y, de hecho, es una historia que se repite en Bizancio, en África, en las Américas: escuchas acerca de estas mujeres que pueden hacer cualquier cosa que los hombres hacen. Y creo que tienes razón, debemos dejar de usar estos términos binarios.

Cambiemos un poco de tercio…

—Leemos en este libro algunas historias de mujeres con poder. No sé si atreverme con la pronunciación, a ver… —y le señalo los nombres en mi hoja— Cynetryth —lo pronuncio fonéticamente: sínetriz.

—¡Cynethryth —ella pronuncia Kínetriz—, eso es! —le señalo el siguiente nombre— Æthelflæd —Ézelflad—…

—…de Mercia. Los he transcrito fonéticamente para poder decirlos…

Ézelfled, muy bien… —lee y asiente.

—Y, especialmente… ¿Jadwiga? —léase yad ‘viga.

—¡Jadwiga, sí! —léase “yeeeeees”; lo dicho, es un encanto esta mujer.

—Jadwiga de Polonia. Supongo que, por tus ancestros polacos, tenías un especial interés en hablar de una mujer que no fue regina, ¡sino rex!

—¡Exacto! Es por lo que me fascinó, porque, otra vez, estaba siendo provocativa con mis títulos; y usar rey, totalmente. —Ojo, no es que lo diga solo ella: los documentos del reinado de Jadwiga o Eduviges I de Polonia (1382-1399) ponen Hedvig Rex Poloniæ—. Ella es rey y, de nuevo, es algo que va en contra de la costumbre —adapto al castellano la expresión inglesa, seguramente intraducible, “flies in the face”.

Al escucharla, en cierto modo pensé que Jadwiga evoca a Hatshepsut, la «faraón» de la Dinastía XVIII egipcia, hija de Thutmose I, hermana y esposa de Thutmose II y madrastra (y teóricamente) regente de Thutmose II entre aproximadamente 1479/1478 y 1458 a.C. Hatshepsut se hacía representar en relieves y estelas como si fuera un rey, con los atributos propios de un faraón e incluso la nomenclatura: Maatkara era su nombre de coronación como faraón, aunque no era el único nombre que utilizó durante sus dos décadas de gobierno, pues también fue conocida como Hatshepsu (sin la -t final que indicaba su género femenino) Jenetamón. El hecho de que se representase como un hombre, a lo que hay que añadir que reinara tantos años «quitándole» el protagonismo que consideraba que merecía, quizá provocó que Thutmose III la condenara a una particular damnatio memoriae de su madrastra en los registros posteriores.

Janina sigue:

—Le podrías preguntar a alguien de la calle: “¿has oído hablar de un rey mujer?”. “Sería una reina”, te dirían, seguro. Bien, Jadwiga es muy personal para mí: mi abuela polaca la veneraba, era muy católica y solía tener iconos de santos por todas partes, por lo que sería como el Padre Pío, la Madre Teresa y los demás santos, y Jadwiga estaba en la lista como una santa; así que prueba de ir al cuarto de baño, tendrías que santiguarte a ti mismo todo el camino por el pasillo —ríe—. Y así es como la veía, como un icono, ese tipo figura semihumana, ya sabes, no una humana de la Tierra.

Veo como se entusiasma con el tema:

—Y ella parecía tan regia, siempre se la mostraba con sus vestidos de gala. Pero, cuando empecé a escribir este libro, pensé en lo que iba a hacer: rascar esas fachadas que se han construido sobre estas mujeres. «¿Podré llegar a la Jadwiga real? ¿Es posible? ¿Y adónde iré?». Podemos empezar en Cracovia, es el paisaje que ella habría visto, que habría conocido. Tengo una enorme pasión por los paisajes en términos de ecos del pasado, el modo con el que el paisaje de una ciudad, un campo o un bosque puede aferrarse a un recuerdo del pasado. Y en Cracovia puedes ver a Jadwiga por todas partes; y cuanto más la miras, más objetos suyos encuentras. Incluso hoy en día. Ese es mi bolso —me lo enseña: no es muy grande, tampoco llama demasiado la atención—, no es muy especial, pero es mi bolso y tengo dentro todas mis cosas y es muy personal para mí. Y puedes ver el bolso de Jadwiga —es un limosnero del mediados del siglo XIV, tejido en Francia; aparece en la página 273 del libro—. Y cuando lo miras, dice muchas cosas sobre ella: era romántica y muy atenta. Cuando también miras sus libros, bueno… yo en todos mis libros garabateo, los leo atentamente.

—Esta es una de las preguntas del test…

—Aaaaah…—asiente—. Es lo que pasa al leer sus manuscritos, te das cuenta de que es una mujer con sentido del humor. Sus amigos la querían y era una increíble diplomática, muy por encima de los demás; pero también era una mujer joven —murió con apenas 26 años—, era frívola, divertida, romántica… y sí, me encanta encontrarme con el mundo real.

María de Ático me avisa que quedan diez minutos: hay que agilizar e ir al friki test.

—Muy bien, tengo más preguntas, pero…

—¿Ya te lo han dicho? —que se agota el tiempo.

—Sí… —se ríe.

—Podría estar todo el día —lo dicho, ¿no es encantadora? Me la llevaría a casa.

Le planteo una última cuestión antes de pasar al test:

—Recientemente, Penguin Books ha reeditado en bolsillo tu libro The Private Lives of the Saints. ¿Es una versión extendida? —respecto a la de 2017.

—No, es la misma, totalmente la misma. Y estoy muy contenta, pues he vuelto a él y me dijeron que iban a relanzarlo.

—En Amazon veo que el número de páginas es mayor respecto a la anterior edición.

—Sí, han aumentado el tamaño de la letra del texto.

Y así es: lo recibí hace unos días y el tamaño es mayor de lo habitual en formatos de bolsillo, algo que mis ojos van a agradecer, sin duda. Le dije que lo había comprado el día antes de la entrevista, vía Amazon, y que me llegaría la siguiente semana, como así fue. Sonríe y me da las gracias.

—Es precioso —la cubierta lo es, y al natural aún más—. Y ha quedado muy bien, estoy muy contenta. Es gracioso, pues lo escribí allá por 2016, me parece, y me dijeron: «lo vamos a relanzar, ¿quieres cambiar algo?». Así que lo volví a leer de cabo a rabo y estaba muy feliz, pues pensé que está realmente bien, ¡se mantiene muy bien! Espero que lo disfrutes.

—Me pica mucho la curiosidad: después de Fémina tengo mucho interés por leer más libros tuyos.

—Te va a gustar porque empieza de nuevo con paisajes: Whitby, Winchester… es como si estuvieras en esos lugares y te encontrases con los santos. Espero que lo disfrutes, me gustará saber tu opinión.

—Ok… el friki test.

Se ríe otra vez y pone cara de «a ver qué me vas a preguntar».

—Es muy sencillo, ya verás. Veamos: tus tres libros favoritos.

—Tres libros favoritos… Cumbres borrascosas, Drácula y… ¿tienen que ser de ficción o de no ficción? Vale, hay un libro realmente increíble que se titula Why Can the Dead Do Such Great Things?: Saints and Worshippers from the Martyrs to the Reformation —de Robert Bartlett, publicado en 2013— y que es un libro de historia, pero quizá no deba incluirlo.  Digamos Drácula, Cumbres borrascosas y..,. vamos, Nina, piensa en uno más que te haya inspirado… Yo en realidad soy gótica, por lo que voy a decir El extraño caso doctor Jekyll y el señor Hyde; ya sabes, da mucho miedo, ¿verdad? Soy toda una gótica, no puedo evitarlo, cómo voy a negarlo.

—Es muy difícil elegir sólo tres.

—Lo sé, pero ya que hay que hacerlo, vamos allá.

—Muy bien. Un libro que no hayas terminado.

—Un libro que no haya terminado, que haya dejado… ¡es una pregunta horrible! No sé qué decir, pues es el libro de un amigo mío… —se ríe.

—Pues un libro clásico que no hayas podido terminar.

—Vale, un libro clásico. Charles Dickens, Oliver Twist, no pude soportarlo más, lo dejé. Ahí tienes, así no tengo que nombrar a amigos míos…

—¿Cuántos libros tienes?

—Oh, digamos que unos… dos mil libros, quizá algunos más.

—Un libro que te gustara y te avergüence reconocerlo —se carcajea—. No es obligatorio responder…

El código Da Vinci —lo dice con la boca pequeña—. Me da vergüenza admitir que me gustó.

—El último libro que has leído.

—El último libro que he leído… Oh, un increíble libro sobre el cuento La comadre de Bath de Chaucer. Es un libro que acaba de salir. A ver, quién es el autor… oh, cielos, ¡no consigo acordarme! Pero si buscas [en Google] por «el cuento La comadre de Bath»…, es una biografía del personaje de ficción, una de las primeras veces que se ha hecho. Es brillante, pero no consigo acordarme… —le paso la hoja de las preguntas para que escriba algo que me dé pistas: es The Wife of Bath: A Biography de Marion Turner (Princeton University Press, 2023)—. Déjame ver si puedo encontrarlo, porque justo la he entrevistado, debería acordarme de esta mujer —ríe, apunta algunos datos.

—Vale, veamos… el último libro que has comprado.

—El último libro que he comprado… no compro muchos libros porque me los envían para que los lea. A ver… ah, sí, le compré a mi hijo Trampa 22 —de Joseph Heller—, lee muy rápido, devora los libros.

—Uno de tus libros que más te enorgullece.

—Estoy orgullosa de todos, pero me parece que estoy especialmente orgullosa de Riddle of the Runes, mi novela para niños, pues fue mi primer intento en ficción. Y todavía se lee, los niños la adoran: les encanta Alva, el protagonista. Estoy muy orgullosa de esta novela.

—Ok… ¿tapa dura, en rústica o digital?

—Oh, en rústica. Me encanta doblar el lomo —ríe.

—¿Dónde sueles leer?

—¿Dónde suelo leer? En cualquier sitio, pero sobre todo en la cama.

—¿Cómo organizas tus libros?

—No lo hago —se carcajea; Julia, María y yo, también.

—Es un lío…

—Es un completo desastre. Tengo algo así como una buena memoria visual, por lo que puedo visualizar mis estanterías y más o menos sé dónde dejo las cosas, pero no hay una organización.

—Sí, yo tampoco la tengo —le explico que mi biblioteca es un desastre absoluto.

—Oh, sí, unos por aquí, otros por allí —le cuento que tengo una mesa cubierta de libros, rodeada de pilas de libros que conforman prácticamente un castillo.

—¡Oooooh, es increíble! Verás, sé que tengo un problema con los libros: cuando me acuesto en la cama, no puedo ver la mesita de noche porque está tapada desde el suelo hasta —me señala más o menos un metro de altura.

—Un día se caerá…

—Seguro…

—Veamos… ¿tu libro más valioso?

—Mi libro más valioso… mi marido me compró una preciosa y limitada edición del Decamerón de Boccaccio. Está cubierta de cuero blanco y con relieves en dorado en el lomo. Es preciosa. Y es algo que me apasiona de los libros: cómo se ven, sentirlos, el tacto… y en una encuadernación en piel. Tengo unos pocos libros encuadernados en piel y son los que me llevaría si se produjera un incendio.

—¿Qué utilizas como marcapáginas?

—Soy muy traviesa: doblo las esquinas de las páginas.

—Aaaah… —a veces también soy de esos.

—Muy traviesa…

—Es un clásico.

—Soy mala, ¿verdad?

—Bien, ¿escribes en tus libros? Sí, —léase «yeeeeeeees»—, lo dijiste antes. ¿Lápiz, bolígrafo…?

—¡Bolígrafo! —no lo duda—. Soy terrible. Es porque soy medievalista, ya sabes, y cuando reviso los manuscritos veo que otras personas lo hicieron y pienso “bueno, voy a hacerlo también”.

—Vale. ¿Has recibido mensajes extraños de tus admiradores? ¿Alguna anécdota al respecto?

—No quiero contar anécdotas horribles. He recibido todo tipo de mensajes de mis fans. Soy muy cercana a muchos de ellos; durante años han organizado un grupo llamado «Team Dr. J»; es brillante —»Equipo Doctora J.», recordemos que su cuenta de Twitter es @DrJaninaRamirez—. Vienen a todos mis actos y me traen regalos, son encantadores y conocen todo lo que me interesa. Uno de mis fans, que sabe que me encantan las películas de Edgar Wright Dead Right y Zombies Party, cada cumpleaños, Pascua o Navidad me envía algo relacionado con una de esas películas. Así que tengo una colección de regalos extraños y maravillosos. Pero tengo mucha, mucha suerte; no trato de esconderme de la gente, amo a las personas que se interesan por mi trabajo. Siempre son personas encantadoras, en general; es bonito conectar con ellas.

—Muy bien. Y la última, pero no menos importante. Es muy friki —ya empieza a desternillarse de la risa—. La tortilla de patatas, plato típico español.

—Oh, la hago muy bien, muy bien —detrás de mí, María de Ático se ríe.

—En España hay un gran debate sobre una cuestión muy importante: ¿con o sin cebolla?

—Con, con, con —lo enfatiza—. Pongo mucha cebolla en mi tortilla española y sabe de muerte —María y Julia se desternillan—. ¿Por qué debería hacer una tortilla sin cebolla?

—¿Sólo cebolla o…?

—Bueno, soy tan friki que podría echarle ajo. Mmm, no, sería pasarme demasiado —risas generales.

—Ok, muchas gracias.

—Gracias a ti, ha sido un gran placer.

Le pido que me firme mi ejemplar en inglés.

—¡Oh, por supuesto! —firma en la portadilla—. Ya sabes, escribo ensayos, no sé si podrás leer mi letra. Como puedes ver, estoy practicando para ser un escriba medieval con mi terrible letra a mano. ¡Aquí tienes! —me entrega el libro y me da un abrazo—. Ha sido un placer. Sinceramente, no me había entrevistado nadie que conociera mi libro con tanto detalle, te lo agradezco mucho.

—Me alegro mucho de haberte conocido —me dice lo mismo— y de haber leído tu libro. y los que vendrán en adelante.

—Habrá mucho de España en los próximos; sí, pronto se abrirán camino…

—Muchas gracias y que tengas una agradable estancia en Barcelona.

Me despido de ella, de Julia y María, recojo mis cosas y salgo del hotel. Lo primero de todo, guardar la grabación, pasarla a MP3 y enviármela por WeTransfer, pensando ya en transcribirla. Un soleado y agradable mediodía en la Ciudad Condal, cruzo Plaza Cataluña para coger el autobús y pienso: «¡qué mujer tan encantadora!». Espero que quienes lean esta entrevista también lo sientan y acudan a su fantástico libro.

Como siempre, Hislibris Estuvo Allí.

     

20 comentarios en “ENTREVISTA A JANINA RAMIREZ

  1. Vorimir dice:

    La mejor entrevista que se ha publicado en esta web y mira que llevamos unas cuantas. Tuvo que ser un placer charlar con ella.

  2. Blas Malo Poyatos dice:

    Gran entrevista. Qué vitalidad, y qué bien plasmada.

  3. atenea dice:

    ¡qué esplendida entrevista! un gustazo, oiga.

  4. cavilius dice:

    ¿Todo eso en media hora? Si te dan una mañana entera, escribes un libro.

    Excelente entrevista, y muy acertado el apunte del código binario. Pero lástima lo de la cebolla…

  5. Íñigo Montoya dice:

    Extensa, profunda y jugosa entrevista. ¡Qué gran descubrimiento! Una oportunidad para la reflexion con grandes de pasión.
    Muchísimas gracias por acercarnos a esta autora.

  6. Farsalia dice:

    Gracias, Hislibris es hoy máas grande. Fue una deliciosa media hora y lo que se quedó en el tintero…

  7. Iñigo dice:

    Superlativa, como ya he comentado en las redes. Bravo!!!

  8. hahael dice:

    ¡¡Fantástica entrevista!! Se nota que disfrutaste. :)

  9. Farsalia dice:

    Mucho, fue superlativa, súper…

  10. Valeria dice:

    Felicidades,gato.Good job!

  11. Me ha gustado mucho la entrevista. Tengo que buscar el libro y del de Private Lifes of the Saints también. No sé cuando voy a leer todo lo que tengo pendiente.

  12. Farsalia dice:

    Gracias por vuestros parabienes. The Private Lives of the Saints caerá en breve, desde que llegó la preciosa edición de bolsillo me mira como diciendo «vamos, querido, ¿es que no me vas a dar una oportunidad?».

  13. Akane dice:

    Parece una mujer encantadora. Y lo bien preparada que está para lo joven que es, resulta inspirador.

    He disfrutado leyendo la entrevista -leyéndoos a ambos, de hecho, que se nota que también lo pasaste bien hablando con ella-. Y lo que hablabais sobre lo binario o no binario, que reconozco que es un término cuyas profundidades se escapan a mi entender, me ha traído a la cabeza el libro que estoy leyendo ahora, de Christine Fell, en el que nos cuenta que, en la primera época anglosajona, se utilizaba un término que englobaba más a la persona que al hombre vs mujer; aunque, obviamente, existían palabras para designar cada sexo, es revelador que en leyes, testamentos etc se prefiriera el término neutro.

    Una muy buena entrevista, caramba. Muchas gracias por ella.

  14. Farsalia dice:

    Sí, es un tema que se trata a lo largo del libro, con más énfasis en algunos de los capítulos. Y es que una interpretación no (estrictamente) binaria nos ayuda a ver cómo en tiempos pasados se concebían mentalidades, roles o situaciones que se diría que parecen «modernas», pero que de un modo u otro siempre han estado ahí, pero quizá las fuentes no lo traten con el detalle con el que ya estamos acostumbrados actualmente (pues las fuentes son las que son, y aun así también conviene interpretarlas al realizar la correspondiente crítica textual).

    Su libro tiene la enorme virtud de acercar al lector, con una perspectiva más accesible y hasta fresca, cuestiones que suelen ser más áridas en debates académicos y nos «obliga» a cambiar el chip y a ver cada época con más aristas y sin apriorismos. A veces da la sensación de que somos muy «modernos», pero ya en el pasado, incluso en uno más remoto, se trataban también aspectos que van más allá de lo estrictamente binario.

    Y ella es encantadora… me lo pasé en grande, creo que eso se trasluce en una «entrevista» (ya sabéis que me gustan más las conversaciones que las meras entrevistas) que no quise reducir a una sucesión de preguntas y respuestas. En toda entrevista vas con tu serie de preguntas, pero las circunstancias (aquí el tiempo, pues de los teóricos 40 minutos asignados, entre unas cosas y otras se quedaron en 30) te fuerzan a adaptarte y a sacrificar algunas para ampliar o profundizar en otras, y además en función de si la autora también se alarga en sus respuestas (algo que, además, agradeces).

    Por ello, al preparar esta entrada de la Papri tuve claro que transcribiría, al prácticamente 100%, lo que grabé con el móvil y que, además, se reflejara un poco cómo es ella: natural, empática, accesible, apasionada por lo que hace, divertida. Otras entrevistas se limitan al toma y daca, y aquí, ya que somos Hislibris, quise hacerlo diferente. Asimismo, no me centré sólo en el libro (del que habrá reseña, no por mí, lo cual también aportará otra perspectiva), sino en la autora, Janina Ramirez, la historiadora, presentadora de documentales, escritora, lectora… Y tenía claro que el «friki test», que es una (o la) de las señas de identidad de nuestras entrevistas, debía tener su espacio y por eso le pedí a María de Ático que me avisara cuando faltaran diez minutos, para tener el tiempo suficiente de plantearlo.

  15. APV dice:

    Magnifica entrevista, que grado y que nivel tanto de la autora como del entrevistador.
    Este sería el tipo de entrevista que deberían emitir en la tele y no los Sálvame de siempre.

    Un detalle, la damnatio a Hatshepsut algunos sostienen que quizás no fuera cosa de Tutmosis III, sino de Amenofis II, desde los últimos años del anterior, para consolidar su menos sólida posición.

  16. Farsalia dice:

    Gracias, los dioses te oigan.

    Thutmose le tenía muchas ganas a su madrastra y eso de que le calentara su trono tanto tiempo le escocía; más humano, más plausible.

    1. APV dice:

      Suena muy poético lo del odio y demás, pero en realidad construye su templo mortuorio junto al de ella y parece que las destrucciones en este son bastante tardías, a finales del reinado de Tutmosis.
      Lo que cambia en esos años es la corregencia de Amenofis, y la posición dinástica de este último (no era el primogénito ni el hijo de la primera esposa).

      1. Farsalia dice:

        Si es que además le quiso quitar un lugar tan magnífico como Deir el-Bahari. Que Amenhotep II incidiera en la damnatio memoriae, lo compro, pero que fue Thutmose quién le metió caña al tema…

  17. Garnata dice:

    Sin lugar a dudas es una entrevista muy personal y entretenida.
    ¡Gracias!

    1. Farsalia dice:

      Cuando la entrevistada te lo pone fácil… ;-)

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