EL RETRATO – Nacho Ares

EL RETRATO - Nacho AresNada es lo que realmente parece.

En realidad, en esta narración hay dos retratos: el de la Princesa de Éboli, cuya mirada única y ciclópea tenía un brillo especial, que impactaba y atraía a sus presas. Y el de Cristopher Marlowe, Kit, cuya ingenuidad y juventud, sugería misterios, imaginando un futuro inimaginable.

El autor, Nacho Ares (León, 1970), licenciado en Historia Antigua por la Universidad de Valladolid, especializado en temas egipcios, director de la Revista de Arqueología, colaborador de radio y televisión, autor de una docena de ensayos sobre Egipto, que se estrena con El Retrato en el campo de la ficción, siendo ésta su primera y por ahora única novela. Resulta cuando menos curioso que comience con un campo histórico tan ajeno a su especialidad, pero al fin y al cabo la ficción no necesita especialización, sino talento.

La novela que nos ocupa, comienza con un curioso Preámbulo, en el que un tal Will, de Stratford-upon-Avon, nos introduce en la historia. De modo desconocido le llega el legado de Christopher Marlowe, Kit, que incluye entre documentos y escritos varios, un retrato, el retrato de un joven, de apenas una sombra de barba en su mentón y de cabellos leonados, una imagen muy semejante a la que el propio Will tendría en su mocedad; imagen que nos transmite una mirada algo insegura, inquisitiva, como reflexionando sobre una realidad que no es lo que parece. La amistad de Will con Marlowe sólo se cita en el preámbulo. En la vida real tampoco se tiene noticia de que existiera tal relación. El bardo de Stratford no empezó a publicar hasta después de la muerte de Marlowe. Ese dato, y el hecho de que Marlowe tuviera una sólida formación académica y clásica, frente a las carencias escolares de Shakespeare, dieron pie a la famosa Teoría Marlowe. Pero ésa es otra historia. En su carta, desde paradero desconocido o inexistente ya, Kit le ruega a su amigo Will que dé vida a sus andanzas, que empezaron treinta años atrás cuando Marlowe era estudiante en Cambridge. Y un envejecido Will nos cuenta la historia de su amigo.

El Retrato relata, pues, las aventuras del joven Christopher Marlowe, poeta, dramaturgo, pendenciero, diletante, de moral dudosa, arrancado del claustro protector universitario de Cambridge y reclutado para servir a la Corona, a las órdenes de Lord Walsingham, jefe del Servicio Secreto de Su Majestad. Durante un tiempo, que abarca de 1585 a 1593, el hombre de acción se alternará con el hombre de letras. En esos años tienen lugar las terribles guerras de religión, efectos de la Reforma. Tras la matanza de la Noche de San Bartolomé en 1572, la conspiración contra la protestante Isabel, amadrinada por la católica María Estuardo; y ante los continuos ataques y las rapiñas de Drake a la flota hispana, la reacción del rey católico: la construcción de la Armada Invencible y el intento de invadir suelo inglés por parte de España. Intento que, como todos saben, se vio frustrado no sólo por los elementos, sino por falta de organización, de un líder adecuado, y del momento oportuno.

Las aventuras de nuestro héroe poeta Kit (diminutivo de Christopher), siempre en pos de conseguir información y transmitirla, en campo enemigo, le llevan a moverse entre Inglaterra y el Continente, cubriendo todos los frentes: con Bernardino de Mendoza en Reims, con el Marqués de Santa Cruz en la Armada anclada en Lisboa, con la Princesa de Éboli en Pastrana, cuyo retrato le encandila y es, según él, donde comienza su historia; con Antonio Pérez, el pintor Alonso de Coloma, el Cardenal Gaspar de Quiroga, Idiáquez e incluso con el mismísimo Felipe II en Madrid. La ficción siempre rodea a Marlowe, como buen autor teatral: intrigas, contactos, bajo el nombre falso de Thomas Shelton, que casualmente es el nombre usado por el primer traductor del Quijote al inglés en 1612 (e inventor de la taquigrafía, además).

Como puede apreciarse, el tema rezuma interés, tiene todos los ingredientes para atrapar al lector. El asunto está en el cómo.

De cómo está escrita la novela, diremos que su estructura es correcta. Si alguien ha leído Un hombre muerto en Deptford, la última publicación en vida de Anthony Burgess, podrá notar fuertes similitudes estructurales, aunque no se pase de ahí. Sin embargo, la obra de Ares adolece de ciertos fallos. El primero, en cuanto al tempo: es una novela demasiado acelerada, más propia de las novelas de espías actuales. Esto, que a muchos les puede parecer una ventaja o una virtud, y que de hecho es lo que se solicita en las lecturas contemporáneas, creo que no casa bien con la época en la que está ambientada. Pero al menos, la acción está dosificada adecuadamente.

La escritura, por otra parte, plagada de irregularidades e incongruencias, está muy poco pulida. Los diálogos podrían haberse trabajado más. Quizás empleando un castellano más barroco, nos transportara mejor a la época isabelina. Las palabras que elegimos para decir una frase y la construcción gramatical puede usarse de las más variadas maneras, el español es un idioma riquísimo, pero el autor no ha considerado relevante ese aspecto, y se concentra en la acción, usando expresiones excesivamente contemporáneas, descuidando las repeticiones, trastocando los tratamientos (vos-usted-tu) de la época. Un buen corrector de pruebas, figura que no sé si sigue existiendo, podría haber evitado muchos descuidos. Aunque, insisto, para un público no muy exigente, como es el mayoritario, la novela pasará muy sobradamente, ya que la acción es lo que prima y probablemente a pocos le parezca relevante este detalle.

Se podría citar también la escasa verosimilitud de determinadas situaciones, empezando por el dudoso e injustificado conocimiento del español hablado para alguien de origen plenamente británico y que nunca ha salido del país. Tampoco es demasiado creíble el comportamiento de algunos personajes, como el del pintor don Alonso y su sobrina Lorena, (introducida con calzador), pero intuyo que una vez más se sacrifica la credibilidad en función de la trama y del interés de un público poco riguroso.

Aunque clasificada como una novela histórica, nada es lo que parece (leit-motiv de la novela) y se trata más bien de una novela de espías y aventuras, basada en una muy libre interpretación de la vida del poeta Marlowe, ambientada con el fondo de las tensas relaciones hispano-británicas y católico-protestantes, con Lord Cecil manejando los hilos entre bambalinas, una Ana de Mendoza intrigante, y un Felipe II viejo y hundido al que, en un determinado momento, se le califica de «estar como una cabra», frase que, en mi humilde opinión, sumada a los demás desatinos estilísticos, descalifica bastante la obra. No porque el rey Felipe no lo estuviera, sino porque nadie hubiera usado esa expresión en el siglo XVI, y menos la Princesa de Éboli. El marco histórico general parece fiel pero simple, en la medida de mis conocimientos, que no son especializados. Del ambiente y costumbres de la época vemos solamente algunas pinceladas de trazo grueso, para enmarcar la acción y los movimientos del protagonista y sus adláteres. De las intrigas entre la Princesa tuerta y Antonio Pérez, la conspiración de Reims, la preparación y el fracaso de la Armada Invencible, no conseguimos enterarnos demasiado; la información manejada produce cierta confusión, y el que no conoce los hechos, ha de recurrir a otros textos para saber qué pasó realmente. Aunque si no se es demasiado puntilloso, se puede seguir la acción e ignorar el contexto.

Asimismo, llama la atención que el autor, siendo español, parezca posicionado en el punto de vista británico, al situar este decorado histórico sobre un episodio bochornoso para España, figurando gran parte de los personajes españoles como traidores a su país, sin una explicación evidente, pasando información al enemigo, lo que suena como hundir el propio barco en el que navegamos.

En resumen: es una obra entretenida, sin pretensiones, de acción bien dosificada aunque previsible en muchos momentos, mantiene cierta tensión a lo largo de las tres partes en que se divide, y como toda novela de espionaje, nunca sabemos a ciencia cierta si estamos ante amigo o enemigo, ante agente doble o simple. Sin grandes planteamientos históricos, capta la atención del lector con otros mecanismos, es decir, primando la trama y la acción sobre el escenario histórico. El autor rinde un pequeño homenaje a El nombre de la rosa en la descripción de un asesinato. Y asimismo, toma partido respecto a la famosa teoría Marlowe, al dudoso e incierto final de Marlowe, posición que no voy a desvelar aquí, para que sea el lector interesado el que lo haga. La edición es buena, tapa dura, buena letra, portada atrayente,… y ni un solo mapa, por supuesto. Se da por descontado que todos conocemos la geografía española, la francesa y la del sur de Inglaterra, lo que cabe dudarse de los lectores de la generación Logse, entre los cuales, por otra parte, le auguro una espléndida acogida.

Ariodante
Enero 2010

[tags]El retrato, Nacho Ares, Christopher Marlow, Princesa de Éboli, William Shakespeare[/tags]

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10 comentarios en “EL RETRATO – Nacho Ares

  1. Clío dice:

    Osea, prescindible ¿no?, veo que te vas a hacer especialista en C.Marlowe, querida Ario. Deduzco que es más interesante el libro de Burguess, así que me decanto por él. Gracias guapa!

  2. Vorimir dice:

    Mmm, cuanto menos se me hace rara la novela por lo que cuentas Ario. Y me da que no te ha gustado demasiado.

    Buen análisis, en profundidad y muy explicativo.

  3. ARIODANTE dice:

    Ejem, pues si, sobre todo teniendo en cuenta que he leído seguidas ésta y la de Burgess. Aquella es una gran novela, la última que escribió en su vida, y ésta es la primera novela de un autor que aún tiene mucha vida por delante y que espero aproveche para progresar adecuadamente.

  4. ARIODANTE dice:

    Por cierto, Clío, acabo de hacerme con varias obritas de Marlowe: el Fausto, el Eduardo II y El judío de Malta; veremos qué tal.

  5. Rodrigo dice:

    Evaluación severa de una obra primeriza, sobradamente confiable teniendo en cuenta de quién proviene. Es que yo me fío de tu probado criterio, Ario. Y sí, yo también me decantaría por la novela de Burgess.

    Buena reseña, como siempre.

  6. ARIODANTE dice:

    No creo que sea tan severa, Rodri; al fin y al cabo en una primera novela no cabe esperar el mundo a sus pies, y es bueno que sea así. Porque puede ir subiendo el listón paulatinamente. Si el listón comienza muy arriba, luego puede no estar a la altura y hay autores que se han sentido incomodadons con ellos mismos por no poder superarse. O sea, que bien. El autor ha hecho una obra correcta, pero superable, por lo que la segunda novela, si la hubiera, ya tiene un peldaño.

  7. Nacho Ares dice:

    Hola Ariodante:
    Para ser la primera novela no está mal. Más allá del gusto por unas cosas u otras, te agradezco los comentarios que haces. Algunos son duros pero creo que necesarios para cualquiera que se meta sin miedo en este complicado mundo de la novela. Solamente quisiera corregir lo de El Nombre de la Rosa, no sé a qué te refieres. La novela la leí siendo adolescente, no me acuerdo de casi nada (solo de los envenenamiento imagino más por la imagen del cine) y te aseguro que no he tomado ningún asesinato de ahí.

  8. ARIODANTE dice:

    Hola, Nacho, encantada de leerte. Me alegro que te lo hayas tomado deportivamente, porque mi crítica va a tu libro, no a tu persona. Por descontado.
    Lo del Nombre de la rosa, que yo tomé como un homenaje, no como copia, por supuesto, se refiere al detalle de la muerte del ayudante de Cecil por envenenamiento al mojar las páginas de un libro con los dedos y chupar el dedo después. Que es como mueren en la novela y la peli. Pero bueno, no es importante. Puede haber sido utilizado en otros, pero a mi me recordaba a Eco. Y creo que Umberto Eco lo merece. Si ha sido casualidad, pues estupendo.

  9. Nacho Ares dice:

    Eco, Ahora sí lo entiendo, pero en efecto inspiración o no, no lo tomé de ahí. Se me había metido en la cabeza que era otro pasaje de la novela. Tienes razón, son parecidos en el método :)

  10. ARIODANTE dice:

    Bueno, a mi me lo recordó y por eso lo cité. Es como si en una de mis pinturas, alguien viera referencias a Monet. Me alegraría muchísimo. Monet es uno de mis pintores favoritos.

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