EL NICHO DE LA VERGÜENZA – Ismaíl Kadaré

El nicho de la vergüenzaPrimera mitad del siglo XIX. Una plaza en Estambul, capital del imperio turco. No es una de las más grandes de la ciudad, pero sí una de las más concurridas. Furtivas o decididas, las miradas de numerosos transeúntes y turistas convergen en un ominoso símbolo del poder imperial: el Nicho de la Vergüenza, en que se exhibe la cabeza cercenada de algún visir rebelde o de una personalidad caída en desgracia. Practicado en uno de los muros de la denominada Puerta de los Cañones, el nicho representa la irreductibilidad del sultanato ante cualquier atisbo de separatismo.

Obra del prestigioso escritor albanés Ismaíl Kadaré (n. 1936), El nicho de la vergüenza es una breve y muy lograda novela, capaz de concitar interés tanto por su trasfondo histórico como por su significación política; si, además, confiamos en la fidelidad de la traducción, por descontado que nos encontramos ante una obra de calidad. Su lectura proporciona el deleite de lo bien realizado, dotada como está de personajes moldeados a escala humana y de una atractiva estructura. Los tiempos narrativos y las situaciones se alternan, se adelantan y retroceden, configurando una urdimbre de claro sabor vanguardista, sin perder por esto un ápice de verosimilitud en la representación del universo histórico que sustenta el relato.

Se dice ‘universo histórico’ pero cabe también decir ‘universo simbólico’. Y es que en El nicho de la vergüenza hay una verdadera alegoría del despotismo y del imperialismo de todos los tiempos (al menos en sus peores manifestaciones). El arte alegórico de Kadaré anticipa en la suma crueldad del sultanato otomano la inhumanidad de los regímenes totalitarios del siglo XX. Que desde el centro del imperio se repriman insurrecciones y arrestos separatistas…, no hay mucho de novedoso: es una constante del imperialismo, opuesto por definición a las fuerzas centrífugas de la provincia. Que se ideen e implementen políticas supresoras de particularismos culturales en los que anide el germen de la disgregación: esto parece ser menos frecuente. Lo que podemos asociar con perversidades propias del siglo XX, ya era practicado por el imperio turco mucho antes de que pudieran concebirse las modernas ideologías totalitarias.

El motivo articulador de la narración que nos ocupa es la rebelión de Alí de Tepelena, Alí Bajá, gobernador de la mitad meridional de Albania. En la tercera década del siglo XIX, Albania –la Arbería de los documentos medievales- es el último confín europeo y el más conflictivo de entre los que conforman el Imperio Otomano. Octogenario y poderoso señor, Alí Bajá es un inmisericorde explotador de su pueblo y un díscolo servidor del sultán; embriagado de ambición y celoso de la gloria de Skanderberg Kastriota -líder en el siglo XV de la insurrección más célebre de todas las que jalonan la levantisca historia de Albania-, decide un día revolverse contra el poder imperial. Pero el recuerdo de las innumerables humillaciones que ha infligido a sus compatriotas, ricos y pobres, hace que, por una vez, los albaneses desoigan el llamado a la insurrección. Abandonado a su suerte, Alí Bajá se encierra en su fortaleza con una hueste de modesto tamaño, a la espera del ejército que habrá de punir su insolencia y conducir su cabeza al nicho de la Vergüenza. Entre tanto, en la capital del imperio se ha emitido el respectivo firmán (decreto) que modifica su nombre en Kara Alí, Alí el Negro, oprobiosa designación para el traidor y enemigo de la Sublime Puerta. Dos campañas se necesitan para sojuzgar al rebelde, y tres son las cabezas que se suceden en el nicho de marras: la de los jefes expedicionarios –el primero por su ineptitud y el segundo por presunto desfalco del tesoro albanés-, y, por supuesto, la de Alí de Tepelena.

A la vertiente histórica se yuxtapone la connotación metafórica. El nicho es un símbolo de la arbitrariedad de la tiranía. Ni los privilegiados escapan a su significado; a mayor altura en la escala del poder, mayor es el riesgo de que la propia cabeza acabe en el nicho de la Vergüenza. Cuando Hurshid Bajá, estrella ascendente en el firmamento imperial, parte de Estambul al frente de la segunda expedición punitiva, no puede evitar unas miradas de soslayo al nicho, temeroso de traicionar la confianza del sultán. El miedo y los trastornos que provoca impregnan la atmósfera de la novela.

Pero también disponemos de una potente simbolización del despotismo imperial, inscrita a modo de arquetipo en las medidas represoras de las que informa el autor, sobre todo en un breve y espeluznante capítulo intermedio. Puesto que esta arista de la obra me parece particularmente interesante, procedo a detenerme en ella. Kadaré pasa revista a las tres grandes políticas que el imperio turco consideraba a la hora de someter a una provincia refractaria. En primer lugar, el Haram, la política del ‘Terror extremo’ (otrora ‘política de Tierra Maldita’), en que el ejército se encarga de meter en cintura a los implicados en la rebelión mediante encarcelamiento, tortura y asesinato masivos. En segundo lugar, el Cra-cra, nombre de origen nebuloso para una política de desnacionalización (de la que Albania fue objeto por tres largos siglos): secciones especializadas del Archivo Central del imperio planifican la eliminación de todo lo que constituya la especificidad cultural de la provincia castigada (lengua, religión, atuendos, bailes, ceremonias, festividades, etc.). El propósito es convertirla en un páramo o en un sueño de los muertos, de manera de borrar de raíz su memoria histórica –esto es, inducir una amnesia cultural, el olvido de que ha habido razones para alzarse contra un poder extranjero-. En tercer lugar, la política de ‘Situación especial’ o de ‘Tierra de la discordia’, cuyo núcleo es la siembra de la cizaña: inseminar motivos de desavenencia interna y atizar constantemente el fuego de la discordia, de tal suerte que el pueblo indócil permanezca dividido por todo tipo de rencillas y rencores mutuos. Aunque puede durar menos que el Cra-cra, se considera a dicha política la más severa de todas, ya que su objetivo es la autodestrucción de los rebeldes. Quienes atraviesan una región sometida a este castigo perciben en cada rincón el odio recíproco ya no entre aldeas vecinas, sino entre miembros de una misma familia.

Con todo el interés histórico, político y social que estas materias revisten, Kadaré no pierde de vista lo que hace al foco de todo buen relato, bocado a degustar para la generalidad de lectores de novelas (a la que me digno pertenecer): una trama seductora, personajes creíbles y un estilo cultivado.

De esta novela hay diversas ediciones en castellano. La más reciente, por Alianza Editorial, 2001, 191 pp.

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27 comentarios en “EL NICHO DE LA VERGÜENZA – Ismaíl Kadaré

  1. juanrio dice:

    Rodrigo eres más cruel y sanguinario que el sultan, ya que nos aplicas las tres políticas del Sultan en tu reseña. Nos mandas una reseña asoladora para que nos rindamos. Nos borras de la memoria otras obras que atesorabamos en nuestras estanterias para próximas lecturas y seguro que ahora empezaremos todos a discutir de este libro.

    Gracias Rodrigo y enhorabuena, tras leer esta reseña he comprendido porque una amiga no para de recomendarme a Kadaré.

  2. Scouser dice:

    Ismail Kadaré es uno de mis escritores favoritos, uno de los mejores autores europeos del siglo xx, y uno de los más destacados críticos con el comunismo. Toda su obra está referida a episodios de la historia albanesa, normalmente al período comunista. No he leído este libro, pero me lo apunto. Te recomiendo, si no lo has leído ya, El palacio de los sueños, en la misma colección que éste que nos reseñas.

  3. marbenes dice:

    Como empieza a ser costumbre ya, cada reseña nueva que nos regalas resulta un placer. No tengo ni idea sobre la historia de Albania y, francamente, nunca me ha llamado la atención, así que no sé si podría ponerme a ello, a estas alturas, teniendo en cuenta la pila que tengo acumulada en “pendientes”, pero de lo que sí estoy segura es de ingeniármelas para sacar tiempo y poder leer tus escritos.

  4. Laurence dice:

    Yo estoy con Marbenes. Eso sí, indefectiblemente, me leo tus reseñas con gusto y placer -comparta o no el interés por el libro que reseñas o comentas-.

    Cada vez veo más lejos la remota e hipotética posiblidad de reseñar algo, qué nivel¡¡ pordió¡¡ ;-)

    Saludos.

  5. Rodrigo dice:

    El placer es mío, estimad@s contertuli@s. MGracias por sus comentarios.

    La verdad, queridas Marbenes y Laurence, es que la historia de Albania no es uno de mis intereses mayores -ni la del imperio turco-. Lo atractivo en la obra de Kadaré es su condición de buena literatura, a secas. Si además uno, leyéndola, ‘aprende’ un poco de su país (de su historia, sus costumbres), mejor que mejor -creo-. De modo que refuerzo mi sugerencia de leer ‘El nicho…’ o (casi) cualquier otra novela de este autor.

    Algo a lo que no hice referencia en la reseña con el énfasis debido es que en esta novela importa menos la historia -relevante como trasfondo, indudablemente- que el efecto de degradación del hombre por el poder desmedido. Hay un largo pasaje centrado en el correo imperial que transporta las cabezas cercenadas a Estambul. El tipo, durante la marcha, sufre delirios de éxtasis: modesto funcionario imperial, es quien carga cabezas de personajes mucho más poderosos que él antes de morir. Muy morboso. Y aún hay más. Pero bueno, como señuelo, creo que hay bastante. ;-)

    Así es, Scouser, en la obra de Kadaré tiene mucha importancia la crítica del comunismo, más bien velada, en forma de alegoría –de otra manera no hubiese superado la censura-. Justamente ‘El Palacio de los Sueños’ parece ser la mejor muestra de esta vertiente. (Por cierto, concuerdo contigo en que es también muy recomendable.) En otras novelas prima el interés histórico (‘Los tambores de la lluvia’, por ejemplo, enfocada en la rebelión de Skandenberg Kastriota). Otras arrancan de la tradición y la leyenda albanesas, y parecen más poéticas, por decirlo de algún modo (‘El puente de tres arcos’, ‘El viaje nupcial’).

    Juanrio: haz caso de tu amiga. De paso, apaciguarías mis tendencias ‘sultanescas’. ;-)

    Saludos.

    P.S.: Entrañable Laurence, creo que harías un muy buen papel elaborando reseñas.

  6. Incitatus dice:

    querido amigo, coincido con nuestros contertulios en que tus reseñas son una gozada, un placer leerlas. El libro parece una delicia y puede que me lo agencie para esta semana santa. Gracias don Rodrigo

  7. Rodrigo dice:

    Eso mismo, Incitatus. Adentro con ‘El nicho’, y a disfrutar.

  8. Rodrigo dice:

    ‘Delirios de éxtasis’, mmm… Raro.

  9. karateka dice:

    Es verdad que la historia de Albania nos viene un poco larga, lo mismo que el Imperio Otomano desde el asunto aquel de Lepanto, pero por lo que leo, Rodrigo, en tu reseña ¡cuántas y que variadas enseñanzas podríamos sacar para nuestra pobre España de hoy! que conste que me refiero a lo del “nicho de la vergüenza”… haciendo cuentas sin entrar en demasía, construyendo uno en plena Puerta de Alcalá (y digo “Puerta de Alcalá” porque si me refiero a la calle Larios, más de uno se quedará igual), por dos duros y medio habríamos acabado con la mayoría de nuestros problemas políticos.

    No, si es que tonto no tenían que ser los tales sultanes otomanos…

  10. karateka dice:

    Por cierto, Jefe (uy, que cedista suena esto):

    FORO YA (je,je)

    Saludos.

  11. pepe dice:

    Rodrigo: no voy a repetir los elogios hacia tu reseña que han hecho mis compañeros, basta decir que los comparto con entusiasmo. Precisamente ahora estoy leyendo un libro de Kadaré, El viaje nupcial. Cuando lo termine volveré por el hilo para decir algo sobre él.

  12. Ariodante dice:

    Bueno, Rodri, estás lanzado ya, ¿eh? Lo tuyo ya es vicio, ja ja ja…! Muy bien, muy bien. Aunque no sé si leeré la obra que reseñas tan estupendamente, porque intuyo un cierto nivel de violencia que quiza no sea capaz de soportar, quiero decir que leí hace tiempo El viaje nupcial, de Kadaré, que tiene un encanto especial, rozando lo misterioso y lo onírico (Pepe, ya me dirás qué te ha parecido, cuando la acabes).
    Bravo, Rodrigo, ¡sigue asi!

  13. Jerufa dice:

    Gracias por transmitir de forma tan brillante y elegante tus impresiones, Rodrigo, sin embargo, no creo que me anime de momento a la vista del trabajo que tengo acumulado.
    Eso sí, seguiré de cerca a este autor, que no conocía.
    Hislibris es una caja de sorpresas.
    Adiodió.

  14. Rodrigo dice:

    Puesto que mi respuesta se ha perdido en la dimensión desconocida, compañeros, les reitero mis agradecimientos por sus amables comentarios.

    Saludos.

  15. Rodrigo un día antes dice:

    (De vuelta al mundo hislibreño, tras algunos días de desconexión total…)
    Muchísimas gracias por sus comentarios, compañeros. Han sido Uds. muy amables.
    … Aunque más gratificante hubiese sido saberlos conquistados a la causa ‘Kadaré’, convencidos de la ABSOLUTA NECESIDAD (je, je, je) de leer el libro; pero bueno, no todo se puede conseguir. :-)
    E insisto en un punto: ‘El nicho’ es novela, no historia. Al menos por ahí se le puede coger el interés -eh, Karateka-.
    Ok, saludos a todos.

  16. Rodrigo dice:

    ¡Uauuu! ¡Fantasmas en la red!
    Detecto el rastro ectoplásmico de Javi.
    Gracias, jefe, por recuperar ese mensaje.

  17. Clio dice:

    Pues yo esto de Rodrigo,ya lo leí ayer, debió de ser que yo estaba a este lado del espejo, aprovecho para decirte que ¡buena reseña compañero!

  18. Rodrigo dice:

    Muy gentil de tu parte, Clío. Gracias.

  19. Valeria dice:

    Es verdad, Rodrigo. Yo, después de leer esto: “Kadaré no pierde de vista lo que hace al foco de todo buen relato, bocado a degustar para la generalidad de lectores de novelas (a la que me digno pertenecer): una trama seductora, personajes creíbles y un estilo cultivado” tengo ganas de degustar.

  20. Rodrigo dice:

    Muy bien, Valeria, muy bien. Que no quede en las ganas. Y si no aprovecha, pues recuerda aquello de ‘para gustos, colores (y sabores)’.
    ;-)

  21. JAPEGO dice:

    Es un libro bastante accesible, por menos de 6 euros se puede consequir.

  22. pepe dice:

    Este fin de semana he leído El firmán de la ceguera, otra alegoría de Kadaré sobre la tiranía y la injusticia. En esta ocasión, se trata de un decreto o firmán del sultán cuyo objetivo es terminar con el mal de ojo y cuyos medios consisten en cegar a los aojadores. Es una tremenda metáfora de la injusticia, del miedo y de la opresión. Para ser una magnífica novela tendría que estar un poco menos impregnada de su significado simbólico pero su lectura, en cualquier caso, es muy recomendable.

  23. Rodrigo dice:

    No la he leído, Pepe, suena interesante.

    Ciertamente, el simbolismo es una nota característica de la obra de Kadaré. La crítica alegórica del despotismo. Le imprime un sesgo político, claro, que puede considerarse un lastre. A mi modo de ver, las novelas de Kadaré que entran en esta categoría conservan una buena dosis de actualidad, precisamente por su índole alegórica. Me parecen aptas para sobrevivir a la contingencia, tal vez no al nivel de los mejores escritores, pero sí ocupando un lugar bastante digno.

    Iré tras la pista de “El firmán de la ceguera”.

    Saludos.

  24. pepe dice:

    El articulo de Javier Marias -que es un estirado, pero eso no viene al caso- del 18 de marzo en el dominical de El Pais tiene un inicio demoledor. Luego se lía un poco en la parte final, pero eso no le quita mérito. Me ha recordado la novela de Ismail Kadaré que menciono más atrás (¿llegaste a encontrarla, Rodrigo?). Si alguien está interesado en leerlo, que pinche aquí:
    http://javiermariasblog.wordpress.com/2012/03/18/la-zona-fantasma-18-de-marzo-de-2012-pobre-perdona-a-rico/

  25. Rodrigo dice:

    Eso, ¡Pepe! Qué tiempo sin leerte.

    La verdad es que no, no he dado con la novela en cuestión. Ni siquiera en sitios de descarga en internet, lo que es una lástima.

    Sobre el artículo, pienso como tú, que el inicio es muy bueno.

  26. pepe dice:

    Gracias, yo también me alegro de leeros a vosotros. Tengo que confesar que el motivo de aparecer por aquí ayer fue la casualidad. Quería hacer un comentario en facebook sobre el articulo de Marías pero no recordaba bien quienes eran los castigados en la novela, si los aojadores, los pelirrojos o los seguidores del Real Zaragoza, y por eso busqué en google. Apareció esta página y no la reconocí, los nuevos colores del fondo me despistaron, y pensé “mira, una página de reseñas que no conozco”, luego leí el comentario de Marbenes y vi que aparecía el nombre de Rodrigo y me dije “vaya, estos dos están también por aquí”, y finalmente llegué a mi propio comentario y tuve la misma impresión que debió experimentar Charlton Heston en el planeta de los simios cuando vio la estatua de la libertad semihundida en la playa…

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