EL DECLIVE DE LA REPÚBLICA ROMANA: DE LA OLIGARQUÍA AL IMPERIO – Christopher S. Mackay

¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?EL DECLIVE DE LA REPÚBLICA ROMANA: DE LA OLIGARQUÍA AL IMPERIO - Christopher S. Mackay
¿Hasta cuándo esta locura tuya seguirá riéndose de nosotros?
¿Cuándo acabará esta desenfrenada audacia tuya?

Marco Tulio Cicerón, Primera Catilinaria

La caída de la República romana es sin duda uno de los periodos de la historia antigua mejor documentados y que más estudios ha recibido (con el permiso de la caída del Imperio romano). Por lo tanto, ¿aporta este libro algo nuevo?

Su autor, Christopher S. Mackay, es profesor del Departamento de Historia y Clásicas de la Universidad de Alberta con varias publicaciones a sus espaldas sobre historia de Roma y la Edad Media. ¿En qué contribuye su última obra sobre el tan conocido y estudiado periodo, si es que lo hace?

Comienza con una visión muy amplia, a través de una breve pero enjundiosa explicación del funcionamiento del sistema político romano antes de este periodo, cómo la república se extendió desde Roma hasta el resto de Italia, Grecia e Hispania y los problemas que esas conquistas acarrearon para el funcionamiento normal de la vida política, con un sistema rígido que nadie se atrevió a adaptar a esta nueva realidad. Trata también las rebeliones de los aliados latinos y las complicaciones agrarias para entrar de lleno en la historia que va a exponernos, empezando con el tribunado de Tiberio Graco seguido de los de su hermano Cayo Graco. Para Mackay, los Graco no eran reformadores sociales radicales, simplemente trataron de aplicar una serie de cambios en la constitución romana para mitigar las trabas creadas en el campo y con los aliados latinos. Sin embargo, incluso esas reformas fueron consideradas radicales y así se marcó el inicio del derramamiento de sangre en la escena política romana. Desfilan por las páginas personajes fascinantes, que dejaron su huella en Roma, con tanta fuerza que, con cada nuevo actor, el sistema político se resquebrajaba cada vez más. Mario, Sila, Pompeyo, Cicerón, César, Casio y Bruto, Marco Antonio y Octavio (llamado por el autor «el joven César», «César Imperator» o «Augusto», según el momento de su narración)  son sólo algunos de ellos, los grandes conocidos. Pero en el libro hay sitio para todos. No faltan Marco Livio Druso, Lúculo, Dolabela, Clodio y Milón y sus bandas armadas y un largo etcétera desfilan por las páginas de un libro escrito con rigor y amenidad. Se le pueden achacar algunos gazapos, no sé si fruto de la falta de revisión o de la traducción, como el extraño uso de la palabra Pretorio en lugar de Pretura al hablarnos de los Pretores, errores en la genealogía de Catón (al que nos hacen nieto del famoso Catón el Censor en lugar de bisnieto), Escipión Emiliano (del que nos asegura era hijo adoptivo del famoso Africano, cuando lo era del hijo mayor del célebre general) y algunos otros por el estilo.

Pese a estos fallos –quizás de traducción, quizás de redacción- el libro se bebe capítulo tras capítulo; el único «pero» a la narración son la cantidad de nombres de senadores, cónsules, pretores, tribunos, hijos, primos, sobrinos, nietos… que van apareciendo y que te obligan –o casi- a volver atrás para decir «ah, era este tipo», hacerte una lista de personajes o simplemente decir «ajá» y seguir leyendo esperando que lo que recuerdas sea lo correcto –yo he de decir que la mayoría de las veces me decantaba por la tercera opción.

El libro está escrito con buen pulso narrativo, con un muy buen uso de las fuentes y un análisis crítico excelente de éstas, acompañado todo por láminas de monedas, al usar la numismática como una fuente principal en la obra para que podamos ver la evolución del pensamiento político a través de estas piezas.

Nos encontramos entonces con una República que murió de éxito, y del miedo de los oligarcas que la controlaban a dejar de ser los amos de la vida política, pero también debido a que su enorme amplitud de provincias atraía gran cantidad de enemigos. Fue la paulatina profesionalización del ejército la que llevó a la República a la tumba, puesto que los soldados debían confiar en el éxito de su general para que éste pudiera una vez terminada las campañas recompensarlos con tierras y hacer valer sus derechos ante un Senado que no deseaba perder el control sobre los grandes latifundios italianos. Cuando estos generales podían hacer que sus hombres marchasen contra Roma y el Senado, o que romanos luchasen contra romanos, quedó claro que el destino de la República estaba sellado –o al menos queda claro a nuestros ojos, que lo vemos todo con la ventaja que da saber qué ha pasado.

En cuanto al Imperio, observamos el amplio marco de reformas de Augusto y el papel indispensable del control militar: colocó en puestos de legados a hombres de confianza con origen más o menos humilde, quienes le debían su ascenso a Augusto y no al Senado, y realizó un reparto ventajoso de provincias, dejando a manos senatoriales las menos militarizadas. Quizás el mayor éxito de Augusto fue su longevidad, lo que le permitió al sistema –un sistema que Augusto a veces retocaba sobre la marcha porque no queda claro que tuviera un plan cerrado- asentarse y traer a los romanos un periodo de relativa paz, que, comparado al siglo de guerra civil que habían padecido, debió parecerles fruto de este nuevo sistema, donde al menos Augusto trató de mantener la farsa de la República y de la importancia del Senado en de sus decisiones políticas y sociales. Cuando el poder de Augusto pasó a Tiberio y de éste a los diversos miembros de la dinastía Julio-Claudia, quedó claro que los ideales republicanos habían muerto, y más aun cuando posteriormente Emperadores militares se sentaran en el trono, quienes justificaron su asenso de una manera más autocrática aún: el poder de las legiones y no el del Senado era lo que los sustentaba. Pese a todo, el Imperio se rigió con el sistema que legó Augusto hasta al menos las profundas reformas de Diocleciano.

Si os fascina la historia de Roma, la de las grandes figuras como César, Sila o Augusto, os habéis leído de un tirón la saga de novelas sobre la caída de la República de Colleen McCullough u os habéis visto las dos temporadas de la serie Roma pero queréis saber cuánto hay de invención  –Farsalia, que te veo venir-… éste es vuestro libro.

Título: El declive de la República romana: de la oligarquía al imperio
Autor: Christopher S. Mackay

Editorial: Ariel (2011)
Páginas: 506

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6 comentarios en “EL DECLIVE DE LA REPÚBLICA ROMANA: DE LA OLIGARQUÍA AL IMPERIO – Christopher S. Mackay

  1. Farsalia dice:

    Buen libro, mala edición. Y es una lástima, porque no lo merece. Tengo mi ejemplar marcado con decenas y decenas de erratas de todo tipo; algunas, confrontando la traducción con el original, son del autor, pero son las que menos me preocupan. Lo peor es una traducción errática, francamente mejorable y que acaba exasperando; en muchos casos da la sensación de que se ha realizado una traducción demasiado literal del original en inglés, que para nombres, magistraturas o traducciones tiene su idiosincrasia particular. Pretorios es un ejemplo, pero hay muchos más. También falta unificar criterios para títulos de fuentes, discursos, incluso nombres propios. Lo dicho, un desastre de traducción.

    Y eso que estamos ante un manual general de tipo universitario al estilo anglosajón realmente bueno, que no se limita a la mera narración, sino que se atreve a matizar, a interpretar, a desmitificar (César y sus escritos, por ejemplo). La edición original incluye preguntas de debate al final de cada capítulo que en la versión castellana se han obviado con buen criterio, pues aunque el libro está enfocado a un público universitario, también se puede (y de hecho se debe) leer como una monografía independiente y apta para todos tipo de lectores. Aporta, además, unas láminas en las que se muestran (y comentan) 37 monedas de época, que contextualizan los cambios en la política y la sociedad romana del período. La bibliografía, sin ser extensa, está actualizada y Mackay sugiere además las fuentes del período para poder acudir a documentación de primera (y segunda) mano.

    Como manual general, el libro de Mackay funciona y se sitúa, en clave hispánica, a los textos de José Manuel Roldán en Cátedra (mucho más pormenorizado que el de MacKay), el manual colectivo coordinado por Joaquín Gómez-Pantoja y el libro de Pedro López Barja de Qurioga y Francisco Javier Lomas Salmonte en Akal. Añadamos a esta terna el díptico de República e Imperio de Marcel le Glay en Cátedra y el lector tendrá material más que suficiente para adentrarse en la historia romana republicana e imperial.

    Y como libro más especializado, tomando como eje el último siglo republicano y la transición al período unipersonal de Augusto y Tiberio, el libro de Mackay permite profundizar en aspectos ya señalados por Vorimir. No molesta la reiteración de nombres, se trata de prosopografía pura, es lo fundamental del período en cuanto a historia de familias, facciones y amicitiae políticas de todo tipo y duración. El autor sigue un discurso cronológico, en ocasiones quizá demasiado constreñido a la habitual compartimentación por etapas; contra esa habitual categorización temporal resulta revelador el libro de Harriet Flower, Roman Republics (Princeton, 2010) en el que la autora propone un alternativo timeline>/i> “republicano”, con hasta seis “períodos republicanos” y varias etapas” transicionales” (la dictadura Silana, el consulado sin colega de Pompeyo y los años previos a la guerra civil contra César, los años de la guerra entre Octaviano y Antonio). Mackay, en cambio, se ciñe demasiado a lo habitual. Aunque, desde luego, tiene ello que ver con el objeto de fondo de su libro.

    Buen libro, lo dicho, pésima edición. Lástima…

  2. Hindenburg dice:

    Parece bastante” ortodoxo” en sus teorias sobre las contradicciones y el colapso final del poder politico de la nobilitas de la ciudad del Tiber. Expansión territorial desmedida, cambio en la sociedad que no es acompañado por una adecuación de las instituciones, papel cada vez mas relevante del ejército y de los caudillos que lo dirigen, con independencia del estamento del que procedan. Paralelamente el Senado va perdiendo importancia como foro de discusión y decisión en favor de magistraturas autoritarias reforzadas por el antedicho poder militar o las violentas demostraciones callejeras de masas. Como decia, la disertación tradicional sobre el derrumbamiento republicano.

  3. Vorimir dice:

    Para la historiografía actual las causas están bien claras. El asunto es saber unirlas todas y darles su justa importancia en cada momento del proceso. Creo que este libro lo consigue con creces. Lástima de gazapos (Farsalia ha encontrado muchos más que yo).
    Pese a todo, un gran libro.

  4. MIKELUX dice:

    muy buenas, simplemente es para ver si alguien sabe de alguna novela o narrativa historica que trate sobre la vida o las andanzas de el rey pirro de epiro, porque yo no tengo informacion sobre ninguna, yo creo que se podria hacer una gran novela o narrativa porque las fuentes antiguas son amplias (plutarco, diodoro de halicarnaso, etc…) bueno pues nada mas, muchas gracias y hasta luego.

  5. Valeria dice:

    La verdad, estoy dudando si adquirirlo ya, o esperar a ver si sacan una segunda edición corregida, visto lo visto. Aunque me temo que mi paciencia no sería capaz de esperar a una segunda edición, con lo que me gusta a mí esta época.
    Gracias por la recomendación, Vorimir.

  6. Galaico dice:

    Vorimir, te felicito por tu reseña pues nos das una buena explicación de lo que era la República y lo que significó para Roma. Sin embargo y como bien dices, si tiene tantos gazapos y erratas esta edición creo la dejaremos para más adelante pues me interesa muy mucho todo lo relacionado con el mundo de la Ciudad Eterna. A quién no le interesa todo lo relacionado con César o Augusto, el poder del ejército en ese período, las guerras civiles. Muy buenos recuerdos me trae la serie Roma donde se plasma bien la vida en la capital del Imperio y que gira en torno a las figuras de dos legionarios, Lucio Voreno Tito Pullo, ambos nombrados por Julio César. Ambos legionarios estaban muy cercanos primero a César y luego a Marco Antonio y a Octavio. Una serie, desde luego, muy recomendable que nos acerca a la vida cotidiana de roma pues la Productora HBO no escatimó mucho para poder recrearnos de forma bastante fiable esa parte de la historia de Roma.

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