CARTAS DE RELACIÓN – Hernán Cortés

De todas las historias del mundo, la de la conquista de México puede contarse sin duda entre las más altas aventuras que jamás vivieran unos seres humanos. Se trata del encuentro entre dos mundos más dramático y fabuloso del que tenemos memoria. También quizás del más fructífero y terrible. Y parte de esos frutos es el propio relato de la misma, de manos de su protagonista, Hernán Cortés. Fue este, además de capitán competente y ambicioso, una persona con estudios y leído. Y el conocimiento, y los propios clásicos, queridos lectores, son una llama que se transmite de unos a otros, que nos conecta directamente con los sabios y poetas del pasado. Un fuego sagrado que nunca se apaga en el templo del alma de ciertos individuos.

Cortés fue sin duda uno de ellos, y cuando narró todas su historia en sus Cartas de relación al jovencísimo rey Carlos I, no lo hizo sin duda con la intención de justificar y legitimar sus actos. Un texto más corto e inundado de razonamientos legales hubiera sido suficiente para ello. Cortés no dejó que su testimonio se limitara a eso.  Al contrario, por momentos encontramos un texto escrito por alguien que tiene como referencia a Alejandro Magno, Julio César y a otras grandes figuras del pasado, que le llegaron a Hernán y a nosotros mismos a través de los libros antiguos.

En efecto, la historia de su expedición, que bordeó los límites legales impuestos por Diego Velázquez desde Cuba y que consiguió saltárselos gracias al ingenio y conocimiento de leyes del propio Hernán, fue plasmada en cartas a su majestad en primer lugar con el ánimo de salvar su recién ganada fortuna y tal vez su propio pescuezo, pues bien pronto es Cortés consciente de que si no consigue convencer al rey de la oportunidad de sus actos, todos sus esfuerzos habrán sido en vano. Pero la llama que mencionábamos antes sin duda brillaba en los ojos del capitán, y esa luz iluminaba todo un mundo que consiguió, merced a su hábil pluma, plasmar en aquellas largas epístolas que fue recibiendo Carlos I, y que este, cautivado, decidió compilar y conservar, lo que nos permite disfrutar de ellas en nuestros días.

El volumen objeto de esta reseña consta de cinco larguísimas cartas, que se escribieron en diferentes momentos de la conquista. La primera carta fue enviada por el cabildo de la Villa Rica de la Vera Cruz, la Veracruz actual, la primera de las ciudades fundadas por Cortés, y cuenta la partida de don Hernán y sus desencuentros con Diego Velazquez, y el viaje hasta Tierra Firme y la fundación de la ciudad. También da esta carta un detallado inventario de los primeros quintos reales que se le envían a la Corona. Un jugoso caramelo que Cortés envió al rey con el ánimo de despertar su apetito. Fue fechada el 10 de junio de 1519.

La segunda carta fue fechada el 30 de octubre de 1520, escrita en Segura de la Frontera, otra ciudad fundada por Cortés. Es una carta asombrosa, que el capitán escribió seguramente mientras oía las sierras, hachas y taladros usados durante la construcción de sus famosos bergantines. Esta carta narra el encuentro con doña Marina, el camino hacia Tenochtitlán, las noticias sobre Moctezuma, los combates con Tlaxcala, la emboscada en la ciudad sagrada de Cholula, la entrada a través del Paso de Cortés, el encuentro con Moctezuma en una de las carreteras sobre el lago, la descripción de Tenochtitlán, la llegada de Pánfilo de Narváez, el asedio a los españoles, el increíble asalto al gran Cu de Huitzilipochli, la Noche Triste y la batalla de Otumba. Es un relato que aún quema a Cortés como una brasa mientras lo escribe. Un texto escrito sin perspectiva histórica, sin adulterar, sin saber todavía cómo va a terminar la aventura. Un texto escrito con los ojos abiertos como platos, el aliento jadeante, el brazo cansado y las heridas abiertas. Son las palabras de un hombre que ha decidido lanzar una operación de conquista sobre Tenochtitlán, vencer o morir en el intento. En mi opinión, hay pocos textos que reúnan estas cualidades tan extraordinarias.

La tercera carta fue escrita ya desde Coyoacán el 15 de mayo de 1522, firmada por un Cortés victorioso. En este texto se cuenta el asombroso asedio de Tenochtitlán: el despiece de los bergantines, el transporte hasta el lago, los asaltos por las carreteras, las batallas por cada puente y por el gran mercado de Tlatecolco y la rendición de Cuautémoc. Un relato prodigioso.

La cuarta carta fue escrita dos años después por don Hernán, tras haber recibido todos los nombramientos y permisos reales, y en ella habla de la organización de las tierras que ha puesto a los pies del joven emperador. La quinta, escrita en 1526, cuenta la expedición de Cortés a las tierras de Honduras y los problemas provocados en la capital por los enemigos de don Hernán tras su partida. Esta parte es sin duda reseñable, pues poca transparencia debía de haber en esas cuentas para que se armara tanto barullo minutos después de que Cortés comenzara su expedición.

Estas páginas son historia viva, palpitante, sangrante incluso. Muestran conocimiento e interés por su autor por el nuevo mundo que está ayudando a crear. Ningún detalle es nimio o carece de importancia para don Hernán: las costumbres, los bienes del mercado, las obras de ingeniería y de arte, los tesoros, el carácter de Moctezuma, las anécdotas sobre sus soldados y los mexicas. Don Hernán comienza a escribir preocupado por su futuro, pero poco a poco el Nuevo Mundo entra en él y se derrama sobre sus letras en un inmenso presente que devora todo lo demás. Estas cartas, en mi opinión, se han convertido en un texto universal, tanto más por ser escritas por un hombre que no sabe cuál será su lugar en la Historia. De hecho, en alguna carta ni siquiera sabe si va a seguir con vida al día siguiente de enviarlas.  Escritas, por lo tanto, con el alma, el miedo y el corazón en la tinta.

Hernán Cortés, Cartas de relación. Instituto Gallach, 1986, 437 pp.

     

2 comentarios en “CARTAS DE RELACIÓN – Hernán Cortés

  1. ARGONAUTA dice:

    Gracias por la reseña Caliban!,
    muy interesante lectura que he empezado esta misma mañana.
    Siempre me parece un disfrute leer aquello que hemos estudiado a través de textos formales de historiadores (con su perspectiva histórica, sabiendo lo que pasó antes y después, dando a todo un contexto lógico…), narrada por los propios protagonistas, con su punto de vista histórico (en su propio contexto ético, moral y legal) y su manera personal y limitada de enfrentar lo que ven. A parte de esa mezcla evidente de los propios intereses del narrador con los eventos que narra… en fin, muy enriquecedor.

  2. caliban66 dice:

    Eso mismo creo yo. Además, buscar esos testimonios por uno mismo da una perspectiva enorme en los debates de si los españoles tal y los mexicas cual. Para este y cualquier otro asunto, soy un fan del “léetelo tú mismo”.

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