CABALLO DE BATALLA – Michael Morpurgo

«Cuando desembarcamos, y mientras nos conducían por los muelles, el capitán Nicholls caminó todo el rato a mi lado mirando hacia el mar para que nadie se diera cuenta de que tenía los ojos llenos de lágrimas. Había heridos por todas las partes: en camillas, con muletas, en ambulancias descubiertas, y todos y todos los hombres tenían grabada en la cara una expresión de desdichada miseria y dolor. Intentaban hacerse los valientes, pero incluso los chistes y las pullas que gritaban a nuestro paso iban cargadas de tenebrismo y sarcasmo».

Durante la Primera Guerra Mundial (1914 – 1918) los países e imperios involucrados en el conflicto armado enviaron a millones de jóvenes a un verdadero matadero de acero, barro y sangre. Esta es una historia que todos conocemos, pero lo que mucha gente no sabe es que de igual manera que se mandaban soldados al frente también miles de caballos participaron en aquella guerra mundial. Estos fueron utilizados en todos los lados del conflicto, ya fuera en el frente occidental como el oriental, pues en un principio los países participantes creían que los caballos iban a ser igual de esenciales que en guerras pasadas. Hay que recordar que la tradición de la caballería era muy fuerte. Pero pronto se dieron cuenta de que nada iba a ser igual que antes, ya que ante el poder de las metralletas, los tanques, la continua artillería o los alambres de espino reforzado la caballería y sus jinetes no iban a poder hacer nada. Su tiempo había pasado. Los primeros en percatarse de la nueva situación fueron los imperios centrales (Alemania y el Imperio austrohúngaro), aunque los ingleses, debido a la tradición de su infantería montada, limitaron su  acción a cargas puntuales de caballería. Aun así el uso de los caballos como arma de combate fue más grande en el frente oriental, en donde, al haber más espacios de acción y menos trincheras, se pudieron utilizar con mayor frecuencia. 

Con respecto al frente occidental, muy pronto los caballos fueron utilizados como apoyo logístico para transportar soldados sobre el barro, tirar de cañones, o de carromatos de vituallas que podían transportar desde soldados heridos o muertos. Es por ello que llegó un momento, sobre todo a partir de 1917, en que la vida de un caballo era más importante que la de un soldado. Aun así, la vida de un caballo no era desde luego nada envidiable ya que eran explotados hasta la muerte. Una gran mayoría moría debido al fuego enemigo, o quedaban enganchados en medio de una maraña de alambres de espino, o comidos por enfermedades como el tétanos. Fueron cientos de miles de caballos los que murieron en los campos de batallas de medio mundo, y fueron muy pocos los que volvieron de nuevo a casa, ya que incluso muchos al terminar el conflicto fueron vendidos a carniceros franceses en subasta pública.

En verdad una historia de lo más triste. Así pues para recordarnos la gesta de estos equinos, el autor Michael Morpurgo  nos trajo allá por 2007 una novela titulada Caballo de Batalla, en la que un corcel llamado Joey es testigo presencial de los horrores de aquel conflicto que supuestamente iba a acabar con todos los que pudiera haber en el futuro. El autor, tras haber conocido a varios veteranos de la Primera Guerra Mundial que o bien habían sido soldados de caballería, o bien habían estado a cargo de transportar y cuidar estos caballos decidió que debía escribir una historia sobre el sufrimiento de estos animales. La novela principia cuando un granjero borracho, ofuscado en una puja pueblerina, decide hacerse cargo de este bello animal sin parar mientes en que el equino que acaba de adquirir no está preparado especialmente para las duras tareas de una granja. De su educación se encargará Albert, el hijo del granjero, quien con mimo y dedicación llega a convertirle en un caballo de carga y recolección. Tan cercano es el trato que existe entre ambos que muy pronto llegan hacerse amigos inseparables. Pero la alegría de esa época dorada llega a su fin cuando el granjero, abrumado por las deudas decide vender a Joey al ejército inglés, quien al comienzo de la guerra está necesitado de monturas y para ello recorren las granjas y aldeas comprando cientos de caballos para llevarlos posteriormente al frente.  Albert intenta por todos los medios retener a su amigo pero cuando se da cuenta de que ello es imposible lo único que puede hacer es prometerle que algún día, si salen vivo de esa locura, volverán a reencontrase y cabalgar juntos por las verdes praderas.

A partir de este momento comienza la verdadera odisea de Joey. Primero estará en el bando inglés, a cargo del capitán Nicholls y será testigo de las cargas (infructuosas) de este ejército, para posteriormente acabar en el bando alemán convertido en una bestia de carga transportando desde cadáveres hasta cañones al frente. Este ir y venir de un lado a otro hace que Joey se convierta en testigo de excepción de lo que ocurre en el frente occidental, del horror de las trincheras hasta los combates más fieros o los miedos de la retaguardia. Pero en todo este devenir, Joey no estará solo pues conocerá también amigos como Thophorn, caballo de batalla igual de valiente que él, o la delicada Emilie, una niña francesa que lo cuida en un momento crucial de la novela.

No nos hemos de olvidar que el protagonista de Caballo de Batalla está protagonizado por, eso mismo, un caballo y que todo lo que ve y aprende es desde su punto de vista y su voz interna. Es el actor principal. Pero Morpurgo no cae en la humanización sensiblera ni hace olvidarnos de que Joey es un caballo de verdad. Y ese equilibro es lo que hace que esta novela funcione bien e impacte al lector. Robert Hughes, en su obra A toda crítica. Ensayos sobre arte y artistas (Nothing If Not Critical, 1990) nos dice que los «animales también son humanos», y esto es lo que consigue el autor con Joey, ni quitarle su condición animal y su propósito ni hacerlo un títere de los soldados que dejan su vida a su alrededor. Caballo de batalla es una novela que gusta tanto a jóvenes como a adultos y es por eso que en 2011 fue el propio Spielberg quien decidió llevarlo a la gran pantalla pues sabía que la amistad de Joey y Albert es una de esas historias universales que no dejan indiferente a nadie.

     

4 comentarios en “CABALLO DE BATALLA – Michael Morpurgo

  1. Iñigo PEREYRA URDIROZ dice:

    Curiosa propuesta. Gracias por tu reseña… muy interesante.

  2. Vorimir dice:

    Hace tiempo que tengo ganas de leer esta novela y la reseña de Balbo no hace más que seguir empujando en esa dirección.

  3. Sombra dice:

    Gracias por traer esa reseña. Había oído hablar de la peli (no la he visto), pero no sabía que había un libro detrás, y, por lo que cuentas, más que interesante. Me llama la atención que sea el punto de vista del propio caballo, me gustará ver cómo lo resuelve.
    Por lo demás, me ha gustado mucho leer la propia reseña en sí.

  4. APV dice:

    Un detalle la novela es de 1982, en 2007 se hizo la obra de teatro.

    Me recuerda a Belleza Negra de Anna Sewell, de 1877, de la que hicieron muchas versiones (alguna con acción bélica también).

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