ALCIBÍADES – Jacqueline de Romilly

ALCIBÍADES - Jacqueline de Romilly«Y pido que ninguno de vosotros me juzgue desfavorablemente si yo, que no ha mucho pasaba por tener el amor del país, hoy marcho resueltamente contra mi patria al lado de sus mayores enemigos (…) a mi modo de ver, no es verdad que yo tenga una patria y que hoy me revuelva contra ella: al contrario, dejó de ser mi patria y quiero reconquistarla. Y se ama verdaderamente al país no cuando, después de haberlo perdido injustamente, uno se niega a marchar contra él sino cuando por todos los medios y con el mayor ardor del deseo se esfuerza por recobrarlo.»
Tucídides, Historia de las guerras del Peloponeso.

Este es el final del discurso que el historiador Tucídides pone en boca del ateniense Alcibíades cuando éste es recibido en Esparta. El escenario: aunque han firmado una paz bastante inestable, Atenas y Esparta llevan en guerra quince largos años. El protagonista: Alcibíades es un fugitivo de la justicia ateniense y se refugia en el corazón del enemigo. La trama: al verse perseguido, Alcibíades traiciona a Atenas poniéndose al servicio de Esparta. La argucia: Alcibíades se muestra no como un traidor a los suyos sino como el salvador de su patria. La paradoja: Alcibíades combate en el lado de Esparta para recobrar Atenas.

A poco que uno piense cae en la cuenta de que la desfachatez que exhibe el tal Alcibíades es increíble: no sólo huye de la justicia de Atenas sino que se refugia entre los enemigos de su patria, aquellos contra los que él mismo ha luchado, aquellos que más le odian; no sólo no admite su estatus de traidor, de tránsfuga, sino que se adjudica el de salvador de su patria; y los espartanos no sólo le cobijan ¡sino que virtualmente le acaban otorgando plenos poderes para dirigir las operaciones bélicas! ¿Cómo es posible?

Este suceso no es el argumento de una novela sino algo que sucedió realmente; de hecho, no es más que un ejemplo de los muchos que, similares a éste, jalonan la vida del ateniense Alcibíades, que vivió y murió en la segunda mitad del siglo V a.C. y cuyas acciones y decisiones alteraron el devenir de la historia no sólo de Atenas sino de Esparta, de la Hélade e incluso del Imperio Persa. De buena cuna (hijo adoptivo de Pericles nada menos) y de buena educación (discípulo de Sócrates, ahí es nada), con tales antecedentes cabe preguntarse cómo es posible que Alcibíades fuera como fue e hiciera lo que hizo.

Y ¿cómo fue y qué hizo?

Según testimonios de sus coetáneos (y tenemos unos cuantos: Tucídides, Platón, Jenofonte, Andócides, Isócrates, Lisias, Aristófanes), la personalidad de Alcibíades era arrolladora. Era bello físicamente, de hábil discurso, persuasivo (durante toda su vida dio increíbles muestras de ello), osado, insolente, manipulador, falto de escrúpulos y orgulloso, por decir unos cuantos adjetivos. Sin ningún reparo humillaba a amigos y a desconocidos, sin ninguna vergüenza se dejaba querer por hombres y mujeres, solteras y casadas, y sin ningún prejuicio aconsejaba a demócratas y a oligarcas, a atenienses y a espartanos, a griegos y a bárbaros. Y sin embargo era encantador, hasta el punto de que todos se dejaban guiar, aconsejar y convencer por él. Cierto que en todas las épocas ha habido personajes así, y que incluso cada uno de nosotros podríamos nombrar a algún pariente o amigo que se ajustara más o menos a ese perfil, pero el hechizo que causaba Alcibíades sobre todo aquel que le conocía es inigualable. Tuvo a sus pies a todo el pueblo de Atenas, guió los designios de los espartanos, fue fiel consejero de los persas a los que también manipuló, fue aceptado de nuevo por los atenienses con una alegría como pocas se vivieron en Atenas, jugó con el destino y manipuló los acontecimientos, y siempre salió ganando. Cuando fue querido en Atenas, fue sin duda el más querido; cuando fue odiado, por tanto, también fue el más odiado. Con capacidad para persuadir con el poder de la palabra, para vencer en la batalla, para encontrar en todas las situaciones, por adversas que fueran, la salida que más le favoreciera, su estrella brilló durante unos cincuenta años hasta que fue asesinado, probablemente por deseo del espartano Lisandro, el causante de su caída en desgracia. Alcibíades marcó una época en Atenas, y tras su muerte se escribieron, a favor y en contra, numerosas obras sobre él, la mayoría tituladas simplemente Alcibíades, la mayoría perdidas para nosotros.

Por suerte no se ha perdido el Alcibíades (Alcibíades o los peligros de la ambición en el original francés) de Jacqueline de Romilly, lo cual es lógico puesto que fue escrito hace apenas catorce años. En este ensayo su autora, eminente filóloga francesa y estudiosa del mundo griego nacida en 1913 y autora de estudios sobre Tucídides, Homero, Eurípides o Esquilo, presenta a un Alcibíades cuya principal motivación y resorte que le hace moverse en una u otra dirección, es la ambición de poder. Tal deseo es el que le lanza al panorama político griego cuando aún no ha cumplido los 30 años, el que le impulsa a la conquista de Sicilia arrastrando a Atenas con él, el que le lleva a pasarse al bando espartano cuando sus compatriotas le retiran el favor, etc. No es, sin embargo, y pese a lo que pueda parecer, una obra que censure o repruebe la conducta de Alcibíades, sino que mantiene, como corresponde a toda investigación que se precie, la neutralidad durante todas las páginas, e incluso más bien se intuye una tendencia a la admiración hacia la personalidad del ateniense, arrolladora y seductora como ninguna.

Hablar de Alcibíades es hablar de la guerra del Peloponeso ya que su vida pública, desde su bautismo en la Asamblea ateniense allá por el 420 a.C., transcurrió íntegramente dentro de ese suceso bélico (que acabó en el 404 a.C, el año de su muerte). Y hablar de ese conflicto bélico es hablar de Tucídides. De modo que el libro de Romilly, aun siendo una biografía de Alcibíades, por momentos parece una crónica de guerra, un seguimiento de la obra del historiador ateniense, personaje en el cual Romilly es una experta. Pero no hay más remedio que contar desde esa perspectiva la vida de Alcibíades, pues no conoció otro mundo que el que le tocó vivir, un mundo en guerra de todos contra todos. Sin embargo la autora de este Alcibíades complementa perfectamente la narración tucidídea con la de otros autores que también la tratan en tanto que también hablan de Alcibíades: Jenofonte, Diodoro Sículo, Cornelio Nepote y Plutarco. Romilly maneja con soltura, como no podía ser de otra manera, las fuentes clásicas, pero ello no convierte el libro en un estudio biográfico erudito y especializado. Todo lo contrario: el estilo en el que está redactado es abierta y descaradamente llano y popular, con lo cual su lectura resulta una delicia.

De hecho, uno de los puntos fuertes, si no el que más, de este libro es su amenidad, su cercanía con el lector. Es desde luego una obra divulgativa pero que en absoluto renuncia al rigor y en ningún momento cae en generalizaciones gruesas y vagas. Otra de las bazas que juega esta obra es la de la vieja idea de que la historia siempre se repite, la de que el hombre siempre tropieza dos veces en la misma piedra: el texto está generosamente salpicado de referencias, guiños y comparaciones con el presente (el de hace catorce años, mejor dicho). También ahora (el «ahora» de hace tres lustros, repito)  encontramos en la política gente sin escrúpulos, también ahora existen líderes carismáticos que arrastran al pueblo… pero en las comparaciones quien sale ganando siempre (o perdiendo, según se mire) es el ateniense Alcibíades. Plutarco dijo de él que Grecia no habría podido soportar dos Alcibíades, y a tenor del ensayo de Romilly parece que en toda la Historia ha habido otro que se le haya podido igualar.

En mi opinión, Alcibíades es un personaje cuya vida y andanzas merecen ser conocidas, y no por el hecho de que influyera decisivamente en los acontecimientos de las guerras peloponesias, que también, sino porque pocas veces en la Historia encontraremos a alguien con semejante carisma y poder de seducción, capaz de arrastrar tras él los destinos de pueblos enteros, de pueblos además enfrentados entre sí. Y seguro que una de las mejores maneras de acercarse a Alcibíades, de una forma amena y entretenida a la par que rigurosa, es a través de este libro. No en vano el Alcibíades de Romilly estuvo, cuando se publicó en 1995, entre los libros más vendidos en Francia. Ahora es un momento tan bueno como cualquier otro para recuperarlo.

[tags]Alcibíades, Jacqueline de Romilly, Peloponeso, Atenas, Esparta, Pericles, Sócrates[/tags]

ampliar


Compra el libro
Ayuda a mantener Hislibris comprando el ALCIBÍADES en La Casa del Libro.

     

15 comentarios en “ALCIBÍADES – Jacqueline de Romilly

  1. ARIODANTE dice:

    Estupenda reseña, chato. Pues si, Cavi, Alcibíades debía ser una “buena pieza”…¡menuda joya! Cuando dices que es increíble que todo el mundo le aceptara ese comportamiento y lo demás, ¿no te suena de nada? Quiero decir, que en la historia contemporánea hay ejemplos parecidos de que la gente masivamente haya elegido a personajes altamente peligrosos, que, sin embargo lucían palmito o tenían un atractivo especial o un carisma.
    (Deduzco que cuando dices Jacques de Romilly ha sido un lapsus por Jacqueline)

  2. cavilius dice:

    ¿Jacques? ¡¡¡Ascanioooo…!!!

    Claro, Ariodante: en la historia contemporánea, y en cualquier época, ha habido personalidades subyugantes como la de Alcibíades, de aquellas que uno querría conocer de cerca, no a través de otros. Mientras leía el libro de Romilly, pensaba que ojalá pudiera decir “yo conocí a Alcibíades”. Pero va a ser que no…

  3. ARIODANTE dice:

    Es lo que me ha pasado con Stanley: me hubiera gustado conocerlo, pero no pasar demasiado rato con él…

  4. farsalia dice:

    Gloriosa reseña.

    No sé por qué, siempre me ha caído bien Alcibíades, siempre con esa chulería innata y ese encanto que seguramente tenía mucho de seducción.

    Cuando acabé el libro de Kagan me planteé leer de una puñetera vez la biografía de Romilly, pero me fui con Nicole Loraux y ahora he cambiado de tercio y estoy con escuchar al siglo XX a través de su música. Pero un día de estos caerá el Alcibíades de Romilly…

  5. cavilius dice:

    Creí que este ya lo habías leído, farsalia. Es un muy buen libro, dirigido, eso sí, y sin ningún disimulo además, al gran público. Hay por ahí otra biografía de Alcibíades publicada en la editorial Aldebarán, no recuerdo de quién, bastante menos ameno que este y más flojo en general.

    Nicole Loraux… leí sus Maneras trágicas de matar a una mujer y no sé, no me acabó de gustar. Supongo que tú te refieres a estos últimos suyos que se han publicado en español sobre Atenas, ¿no?

  6. farsalia dice:

    Sí, a concretamente La ciudad dividida. El olvido en la memoria de Atenas, de Nicole Loraux (Katz Editores, 2008), la “primera parte” del “díptico” que se cierra con La guerra civil en Atenas. La política entre la sombra y la utopía (Akal, 2008). Buenísimo libro, aunque droga dura: Loraux trata de explicar una interpretación académica pero que sea inteligible para todo el mundo. Y no es fácil.

    Katz Editores tiene pendiente traducir su L’invention d’Athènes. Histoire de l’oraison funèbre dans la «cité classique».

  7. ignacio el argentino dice:

    Cavilius me rindo a tus pies “chaval”.

  8. Ascanio dice:

    Pues que digo yo que esto de Hislibris está muy bien.
    ¿Que no tienes tiempo de leer un libro? Vete a su reseña correspondiente y sabrás de qué va; podrás presumir en Nochevieja con tu suegro; tirarte un farol delante del compañero pedante del trabajo y, para colmo, pasarás un rato estupendo y aprenderás un montón.
    Y si además, la reseña es de Cavi, mejor que mejor.
    (Creo que he llegado tarde para lo de Jacques…)

  9. Javi_LR dice:

    Cavilius el epitomiano.

    Excelente reseña, amigo. Siento no tener el tiempo que merece esta reseña, cagüen.

  10. cavilius dice:

    Y si en la Nochevieja esa, además de comentar la reseña se brinda con cava, no te digo nada, Ascanio: “cavi con cava”, sinónimo de Nocheviejas felices.

  11. Ascanio dice:

    En la revista Historia National Geographic de este mes (nº 71) viene un artículo sobre Alcibíades, escrito por García Gual.
    Hala, a seguir con el fin de semana.

  12. cavilius dice:

    ¿Me ha copiado algo de la reseña ese tal Gual?

  13. Pedro García dice:

    ¿Serían tan amables de decirme dónde podría adquirir este libro, por favor? Gracias.

  14. cavilius dice:

    Está difícil, pero quizá aquí lo tengan:

    http://www.lacentral.com/web/book/?id=9788432247620

  15. dodecaedro dice:

    Me ha parecido inmensa, por fin pude leer un texto centrado exclusivamente en la vida de este personaje. Altamente recomendable no solo por el personaje en sin, si no porque la forma en que esta mujer escribe es impresionante

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Hislibris te informa de que los datos de carácter personal que nos proporciones rellenando el presente formulario serán tratados por Ediciones Evohé, S.L. como responsable de esta web. La finalidad de la recogida y tratamiento de los datos personales que te solicitamos (nombre y correo electrónico) es únicamente gestionar los comentarios que realices en este blog y jamás serán compartidos con terceros (salvo requerimiento legal). Legitimación: Al marcar la casilla de aceptación estás dando tu legítimo consentimiento para que tus datos sean tratados conforme a las finalidades de este formulario descritas en la política de privacidad. Como usuario e interesado te informamos de que los datos que nos facilitas estarán ubicados en los servidores de Factoría Digital (proveedor de hosting de Hislibris) dentro de la UE. Ver política de privacidad de Factoría Digital. Podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y suprimir los datos en hislibris@hislibris.com e info@edicionesevohe.com, así como el derecho a presentar una reclamación ante una autoridad de control.