LOS NOMBRES MUERTOS – Jesús Cañadas

LOS NOMBRES MUERTOS - Jesús CañadasEn su imprescindible estudio sobre el faro de Providence (H.P Lovecraft. Contra el mundo. Contra la vida),  M. Houellebeq nos describe con implacable intuición a un personaje retraído, depresivo, inadaptado. Un solitario , casi un ermitaño,  dedicado por completo a mantener correspondencia banal sobre temas literarios, a escribir cuentos irregularmente publicados en revistas baratas para un público nada exigente y ocasionalmente a las correcciones de los trabajos de otros autores aún menos dotados que él.

Un ser opuesto a la vida. Opuesto al siglo XX. Opuesto a la existencia.

Lovecraft.

¿De verdad podemos creer ingenuamente que alguien así habría sido capaz de generar desde sus limitados horizontes una mitología tan estremecedora  e implacablemente persistente como la que describe el Necronomicón, El libro de los nombres muertos que da título a esta reveladora obra?

La realidad, obstinada, no comparte nuestra inocente credulidad.

No se trata tan solo de la existencia de fichas que señalan la existencia del Necronomicón en las bibliotecas de prestigiosas universidades del mundo real, muy lejos del Arkham y Miskatonic (por supuesto son fondos que no están al alcance del primer alucinado que los reclame).

Ni siquiera se trata de que las modernas investigaciones arqueológicas cuentan con pruebas que nos llevarán pronto al descubrimiento de los restos de Irem la de los mil pilares, ya localizada aproximadamente por St. Jhon Philby.

Se trata de la objetiva imposibilidad de que un solitario escritor aficionado, que rozó la indigencia toda su vida y que murió tan solo como había vivido, pudiese idear algo así.

Entonces…

¿Cuándo encontró Lovecraft al Necronomicón?

Esa es la esencia de esta novela. El viaje (subvencionado) que emprende Lovecraft, en compañía de varios de los autores de su “círculo” para demostrar, o bien la incuestionable genialidad del “abuelo” como narrador o la clara evidencia de que el Necronomicón es un objeto real y temible. Un objeto de poder que hay que obtener al precio que sea.

Si una trama de género pulp, muy bien trazada y totalmente adictiva no fuese suficiente, el volumen nos sirve para ir conociendo a varios de los autores clásicos del género, a los que protagonizaron, junto a Lovecraft, la revolución literaria que estableció las bases de la literatura de terror moderna…

Una excelente novela de… ¿terror?

Cthulhu wgah’nagl fhtagn.

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9 Respuestas a “LOS NOMBRES MUERTOS – Jesús Cañadas”

  1. Vorimir Dice:

    Una reseña muy bien traída para el día de hoy. A mí lo que más miedo me da de Lovecraft es lo que se parece a Rajoy sin barba…

  2. Rodrigo Dice:

    A mí me ha recordado que tengo pendiente de leer el libro de Houellebecq, esperando en la pila hace rato.

  3. Arturus Dice:

    Me encontré con esta novela hace tiempo y la dejé pasar, aunque tengo varios libros de Lovecraft. Me la apunto, gracias por recordarla.

  4. urogallo Dice:

    Ya ves Rodrigo, tú me trajiste a las manos la biografía de P. K. Dick y yo te devuelvo al presente la de Lovecraft.

    Obra breve y muy amena, más llamativa por la penetración psicológica que por los datos biográficos (Muy discutidos desde hace unos años)

  5. Rodrigo Dice:

    “Los escritores de literatura fantástica son, por regla general, reaccionarios, por la sencilla razón de que son especial, podríamos decir profesionalmente conscientes de la existencia del Mal”. Houellebecq dixit.

    Muy interesante el ensayo del francés.

    Lovecraft es de aquellos casos que confirman una de las grandes paradojas de la literatura: su importancia no es necesariamente proporcional a las cualidades personales del escritor (me temo que incluso ese “necesariamente” es irrelevante). Si filtrásemos nuestras lecturas de acuerdo a lo irreprochable de las creencias, la moralidad o la trayectoria existencial de cada autor, nos perderíamos la mayor parte de lo que merece ser leído.

  6. urogallo Dice:

    No obstante, y cómo señalaba, la biografía de Lovecraft está hoy en día en plena revisión. Frente a la imagen de un individuo políticamente extremista, no hay que olvidar que su esposa y su mejor discípulo (Bloch) eran judíos. Lovecraft disecciona al autor con una percepción sobrenatural, pero hay que disculparle que posiblemente solo manejarse fuentes secundarias que hoy se discuten.

  7. Rodrigo Dice:

    Cosa que hay que tener en cuenta, por cierto. Aun así, la correspondencia de Lovecraft es evidencia contundente. Los fragmentos citados por Houellebecq son decidores -y harto chocantes, hay que decirlo.

    Pero todo eso es secundario. Lo que importa es la obra. Frente a ésta, lo “políticamente correcto o incorrecto” de las ideas del autor apenas añade un matiz a la valoración que de ella hagamos.

    … Y puede que ni siquiera llegue a tanto. Saber lo que pensaba Lovecraft de los negros y los judíos, o de la democracia y el mundo moderno, no quita ni pone a la hora de sopesar su obra, francamente.

  8. Urogallo Dice:

    Sus planteamientos políticos, excepción hecha del racismo, no suelen aparecer en sus obras. A mi me parecen asuntos menores comparados con el hecho de su largo autoconfinamiento o su costumbre más llamativa y práctica: Dormir con un vaso de cianuro en la mesita de noche.

    Los antiguos no le atraparían…

  9. Rodrigo Dice:

    Una práctica que Houellebecq ve con buenos ojos, la del cianuro. Un truco bastante útil, creo que dice, aunque arriesgado.

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