EN EL PAÍS DEL ARTE – Vicente Blasco Ibáñez

pais_arte_blascoVer el golfo de Nápoles y después morir”.

Sorpresa grande me he llevado con este libro, escrito en las postrimerías del siglo XIX por un autor que en aquellos tiempos era quizá más periodista que novelista, pero siendo al mismo tiempo ambas cosas. Se trata de un fascinante recorrido por el país latino por excelencia, por su arte, su cultura, sus gentes, su historia y su leyenda.

El libro En el país del arte nació de los artículos que Vicente Blasco Ibáñez fue publicando en el diario valenciano El Pueblo durante la primavera del año 1896 y que más tarde se editaron conjuntamente. Blasco estuvo esos meses en Italia por razones algo forzosas, todo hay que decirlo: era un fugitivo de la justicia española al haber participado en algunos alborotos en Valencia con motivo de la guerra de Cuba y el papel que los Estados Unidos jugaba en ella. Entrando por el puerto de Génova, el escritor-periodista inició un periplo al más puro estilo de Pausanias, recorriendo la península hasta Nápoles y volviendo a ascender hasta Venecia. Se iniciaba así en el género de la literatura de viajes, un género al que volvió en alguna de sus obras posteriores. Con una prosa riquísima y amena, unas descripciones detallistas y una sabia mezcla de conocimiento y curiosidad, Blasco Ibáñez demostró sus grandes dotes como observador de la belleza, el arte y la cultura. 

Porque el punto de vista que adopta el autor es precisamente ese: el de observador y admirador del entorno; no el del turista que se deja asombrar sin ton ni son por todo lo que le rodea. Como dice el propio Blasco Ibáñez en un párrafo de absoluta actualidad: “…Bandas de touristas ingleses que, guía en mano, sobre el cogote el sombrerillo de paja y pisando recio con sus borceguíes amarillos, corren todo el mundo en busca de novedades, pasan como relámpagos por diversas naciones, viendo mucho y comprendiendo poco, y con el mismo «¡oooh!» de satisfacción admiran la catedral de Milán que la plaza de toros de Madrid”.

La estructura de la obra está claramente marcada por su composición: breves artículos escritos destinados a ser publicados con independencia entre ellos. Cada uno de ellos, o a veces varios, está dedicado a una ciudad que ha visitado, o un monumento (no vale la pena enumerarlos, pues en cada ciudad Blasco Ibáñez visita y contempla los más emblemáticos y conocidos de todos), o incluso a una persona o una familia (así sucede con la casa de los Saboya en la región del Piamonte; o con la los Benlliure, artistas valencianos ilustres afincados en Roma; o incluso con el santo Francisco de Asís, cuando visita esta ciudad italiana). Es de destacar también la profunda admiración que siente Blasco Ibáñez por Edmondo De Amicis, tanta que se entretiene en Turín por la única razón de estar con él.

La obra tiene un apreciable gusto añejo que la hace entrañable; esto se nota no solo en el estilo y el lenguaje, sino también, por supuesto, en el contenido. Obviamente, lo que escribe Blasco Ibáñez es también crónica y reflejo de una época. Así por ejemplo, se refiere a los “maestros jóvenes” Puccini y Mascagni, e incluso de este último comenta que, después del gran éxito de su Cavalleria rusticana, no ha levantado cabeza: “Zanetto es el idilio de Coppée titulado Le Passant, que fue brillante debut para el poeta francés. Mascagni le ha puesto música y ha alcanzado un fiasco más, para añadirlo a la dolorosa serie de caídas que lleva sufridas después del estampido de éxito de Cavalleria rusticana”.

Es Blasco Ibáñez del gusto de categorizar poéticamente aquello que ve y aquello que visita. Así, dice que Pisa es la ciudad muerta, que el mar Mediterráneo es el mar de los recuerdos, que Milán es la capital moral de la península italiana, que Pompeya es la ciudad resucitada… Y también es amante de establecer comparaciones con otros lugares: los lombardos son los catalanes de Italia, Florencia es la Atenas italiana, San Lorenzo (donde yacen los Medici) es el Escorial de Florencia…

Pero si bien es verdad que Blasco Ibáñez protesta por el turismo “borreguil” (el adjetivo es mío), también lo es que entre las actividades que realiza en las ciudades que recorre, está una de las más típicas, si no la más, de los turistas: visitar museos. Y de todos los que recorre, uno es el que más le llama la atención: “He visto el museo Vaticano, el Capitolino, la Galería Real de Nápoles, palacios interminables que guardan las más gloriosas manifestaciones del genio; creía que después de estos museos, que cuestan todo un día para ser vistos casi a paso de carga, ya no quedaba nada en Italia que pudiera compararse con ellos, y acabo de salir con asombro de la Galleria degli Uffizi, después de haber pasado siete horas de pie mirando cuadros y dibujos con rapidez, yendo de una a otra sala y viendo siempre en lontananza nuevas puertas y extensos corredores que convierten este monumento del arte en uno de aquellos palacios de Las mil y una noches a los que jamás se encontraba término”.

El libro, en fin, es una deliciosa lectura que permite disfrutar de la prosa virtuosa de un joven Blasco Ibáñez, quien aún estaba por escribir las novelas que le hicieron famoso nacional e internacionalmente (conviene no olvidar que Los cuatro jinetes del Apocalipsis fue el libro más vendido en Estados Unidos en 1919). Y también es impagable como acompañante de viaje para ir (o regresar) a Italia y ver el país transalpino a través de los ojos del escritor valenciano.

 

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18 Respuestas a “EN EL PAÍS DEL ARTE – Vicente Blasco Ibáñez”

  1. Iñigo Dice:

    Imprescindible libro de viajes. Costumbrista, entretenido y didáctico. ¿Qué más se puede pedir? De hecho lo leí estando de viaje en Italia y aseguro que se disfruta el doble. Franca y deliciosa reseña, Cavi.

  2. Valeria Dice:

    Hace nada terminé el libro de El Persicopio de Valle Inclán “Visión estelar de un momento de guerra”. Esta colección siempre me ha parecido un acierto.

    No he leído este número en concreto, pero acabará en mis manos antes o después. Entre otras cosas, porque leyendo el comentario que ha escrito B.I. sobre la Galería de los Uficci, ha clavado el recuerdo que tengo de aquella visita, que en mi caso ya fue también hace mucho, mucho tiempo.

  3. Richar Dice:

    A mí me encantó. De hecho, el que más me ha gustado de todos, de esa gran colección periscópica que es un lujazo.

    Un saludo,
    Richar

  4. cavilius Dice:

    Pensé en hacer una reseña más extensa y reproducir más líneas de Blasco Ibáñez, en los que habla de la pintura de la Santa Cena de Leonardo, de la Catedral de Milán, de las maravillas que ha visto en Roma, en Pisa, en Venecia… Pero me pareció tarea un tanto repetitiva. Blasco Ibáñez escribe con una riqueza de matices apabullante, es un escritor con mayúsculas, y casi diría que leer algo suyo le hace a uno crecer como lector.

    Y este es un libro de viajes y el autor se tiene que ceñir al marco de lo que ve, a la realidad tal y como es; cómo será en una novela, donde no hay límite para la creación. Hace ya días que he puesto en el punto de mira la novela que cito en la reseña, Los cuatro jinetes del apocalipsis, ambientada en la Primera Guerra Mundial.

    Como dijo Marco Antonio cuando lo cogió por banda Shakespeare: este es un gran libro. ¿Cuándo leeréis otro como él?

  5. cavilius Dice:

    Y por cierto, con la cita de cabecera no me estoy refiriendo al ex-entrenador del Nápoles que ahora está en el realísimo. Malpensados.

  6. Caballero Dice:

    Anotadísimo. Los libros de viajes son una de mis debilidades y una visita al norte de Italia lo tengo entre mis viajes más próximos así que ni mandado pedir por encargo. No he leído nada de Blasco Ibánez así que además será un libro inaugural. Excelente reseña, Cavilius, digna del libro y del país en cuestión.

  7. Rosalía de bringas Dice:

    ¡Estupenda reseña para un gran libro, sí señor!
    Importante la distinción entre viajero y turista…
    Es una de esas obras que, como bien dice Cavilius, conserva el sabor de otro tiempo y, por ello, tiene un valor documental impagable.

  8. Rosalía de bringas Dice:

    ¡Ah! Y acertada la imagen soñadora de cabecera, con don Vicente sentadito frente a La Malvarrosa…

  9. Rodrigo Dice:

    Me ha recordado a Chaves Nogales, que en La vuelta a Europa en avión se despachó a gusto con unos comentarios muy mordaces sobre los turistas.

    Estupenda reseña, Cavilius. Como siempre.

  10. cavilius Dice:

    No creas, Rodrigo; me he notado oxidado y falto de recursos al hacerla, llevo mucho tiempo sin reseñar. Lo cierto es que el libro se merece bastante más. Pero gracias, gentes de bien.

    La verdad es que la línea periscópica de Evohé es digna de ser seguida de cerca: Chaplin, Blasco Ibáñez, Galdós, Valle-Inclán, Mary Shelley… Hay nivel, hay nivel.

  11. Rodrigo Dice:

    Hombre, no será una de tus características reseñas “sabaniles”, que más que reseñas parecen ensayos (y que se leen y disfrutan mejor al final de la jornada laboral); pero insatisfactoria o insuficiente: de esto, nada.

    La colección pinta muy bien, en efecto.

  12. Pamplinas Dice:

    Allí se presentó el libro, Rosalía, en su casa de la Malvarrosa. Después tomamos un ágape en sus jardines. Gran día.

  13. Antonio Penadés Dice:

    Sí, fue una presentación fantástica. Como el libro y la reseña, muchas gracias Cavi!

  14. Richar Dice:

    Cavi, el de los cuatro jinetes del Apocalipsis también es un gran libro, te gustará, a pesar de que no salen tebanos, espartanos ni atenienses.

    Saludos,
    Richar

  15. Javi_LR Dice:

    Gracias por la reseña, Cavi. Un lujo.

    Solo añadir que es mi libro favorito de toda la colección, y que la edición fue durilla: recuperamos tres versiones (original, censurada y… autocensurada, la más curiosa) y las mostramos.

    Ah, y comentar mi pasaje favorito, lleno de una poética reflexiva tan afín… La de aquel cementerio que…

  16. Javi_LR Dice:

    Por cierto, no mencioné el artífice del trabajo: Julio Castelló, alguien con quien es un placer trabajar.

  17. Periodista Freelance Dice:

    Me encantaría entrevistar a este hombre. Grande.

  18. cavilius Dice:

    El cementerio de Génova, supongo; ¿no, Javi?

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