EL REY DE LAS ALMADRABAS – Carlos Algora

El Rey de las Almadrabas«Saldréis de Sevilla todos/ por aqueste rio abaxo/ a la conquista de Túnez…». (Del romance primero de Félix Persio Bertiso sobre La vida del pícaro. Siglo XVII.)

Muchas veces me he preguntado el motivo de por qué me apasiona tanto la Historia de España. Tal vez se deba a que a diferencia de la historia de otros países, tan ordenada y fácil de desentrañar, siempre se tiene la sensación de andar continuamente al filo de la navaja. Han existido momentos difíciles de superar desde que aquellos fenicios vinieran por primera vez a esta tierra de conejos hasta el día de hoy. Más de una vez la nave del estado casi ha zozobrado ante los vientos de la adversidad, pero ninguno otro como el que azotó frontalmente las tristes velas remendadas del imperio español de los Austrias allá por la década de 1640. El gran annus horribilis de la Historia Moderna española. 

Dejen que les ponga en antecedentes: aquella época dorada, regida por Felipe IV, también conocido como el Rey Planeta, no era tan brillante como nos la presentaban algunos literatos. En el horizonte se empezaban a vislumbrar los oscuros nubarrones del desastre ya que esta vieja piel de toro principiaba a reventar por sus costuras al estar continuamente en guerra contra el mundo. Como diría aquel, «Nos contra todos, y todos contra nos». Se reanudaba la Guerra de los Ochenta Años contra las Provincias Unidas de Holanda y Zelanda, y proseguía la carnicería sin fin de la otra Guerra de los Treinta Años.

Ante esta situación dramática el flamante valido del rey filipino, el Conde-Duque de Olivares, propone que los distintos reinos peninsulares hagan un esfuerzo y colaboren militar y económicamente con la causa austriaca. Es lo que se conoce como la «Unión de Armas». El valido por tanto envía tropas al Principado catalán para proseguir el interminable conflicto contra Francia. Pero ante los desmanes de los soldados, mayoritariamente castellanos, la sociedad catalana, con los labriegos al frente se alza en armas un día de Corpus Christi de 1640 y se enfrentan contra el rey en franca rebelión. Comienza entonces el camino al calvario, pues entonces, a la vez, los portugueses que entonces estaban unidos a España, se rebelan igualmente y se separan de su antiguo aliado hispano. Como un castillo de naipes mal construidos, el otrora imperio donde nunca se ponía el sol amenaza con reventar y caer para ser pasto de sus enemigos. Y como no hay dos sin tres, a la vez, viendo la debilidad del poder central, se produce una de las rebeliones más curiosas y enigmáticas que se hayan dado en España. Es la llamada Rebelión de Medina Sidonia, o de los Guzmanes, promovida desde sus territorios del sur peninsular en 1641 por el IX duque de Medina Sidonia, Gaspar Alonso Pérez de Guzmán y Sandoval, y el VI marqués de Ayamonte Francisco Manuel Silvestre de Guzmán y Zúñiga. Creen algunos historiadores que este alzamiento tan peculiar que pretendía soliviantar toda Andalucía era o un remedo de antigua rebelión señorial o un deseo federal de separarse de la monarquía hispana con ayuda extranjera (Portugal-Holanda) y convertirse el propio Medina Sidonia en rey andaluz… el rey de la almadraba.

Espero no haber fatigado al lector, pero en mi descargo solamente decir que este breve preámbulo era necesario para situar el contexto temporal en que se manejan los personajes de la excelente novela histórica de Carlos Algora El Rey de las Almadrabas. El libro se adentra en estos años difíciles, siendo el hilo conductor las aventuras un tanto picaras de Hernán Expósito, huérfano trianero que se gana como puede la vida en el Arenal de Sevilla, mientras ve como llegan los ricos barcos de América soñando con ir algún día a conquistar y arrancar los lingotes de oro de la mítica Cíbola. Pero cuando crece el destino se cruza y junto a su hermano y un grupo de ladrones y estafadores emprenden el camino hacia las almadrabas de Caños de Meca para recolectar el preciado atún, ese cerdo del mar del que se aprovecha todo, y así ganar un dinero por un lado enriqueciendo al todo poderoso duque de Medina Sidonia y por otro así mismo sisando de vez en cuando algún que otro pescado para venderlo igualmente. A raíz de esta aventura y de sus esfuerzos sacando peces a golpe de ganchos y espaldas peladas al sol por la sal, nuestro protagonista consigue introducirse en el mundo de la corte andaluza y convertirse en todo un espía para el duque. Es por ello que gracias a su posición privilegiada podemos gozar, como si nos halláramos en un palco operístico, de todas las vicisitudes del peligroso laberinto en que se había convertido la política española del XVII. Hernán se zambullirá no solo en las intrigas de los guzmanes, que las tiene cerca, sino que correrá peligros apasionantes en las sublevaciones de Portugal y Cataluña.

El Rey de las Almadrabas es además de una muy buena novela histórica, también todo un documento que muestra como estaba aquella piel de toro en su decadencia dorada, y las costumbres y el hacer de los españoles de a pie que veían como el dinero americano se escapaba por el agujero de la bolsa de Marte. Esta hambre y desesperanza nos lleva al mundo de los pícaros y las mil y una formas de vivir, o mejor dicho, de sobrevivir en los rincones de una Sevilla que en aquellos años estaba en su cenit cultural. Uno de los episodios que más impresionarán al lector (por lo menos a mi lo ha hecho) es el que brillantemente nos muestra Carlos Algora sobre la pesca del atún en la zona sur española en las almadrabas de Caños, Conil o Zahara, entre otras localidades. Es todo un ejemplo al mostrarnos un oficio arriesgado y más en aquella época en que las técnicas de pesca de este pez no estaban tan avanzadas como ahora. Destacan los detalles sobre como es su recolección, las formas de hacerla y de cómo llevar arrastrado el atún a la orilla para posteriormente llevarlo a salarlo para su venta. Como curiosidad el autor incluso nos habla del motivo de por qué Caños actualmente se llama Caños de Meca. Parece ser que este lugar era muy apreciado ya en tiempo de los árabes por sus aguas y la abundancia de peces. Es por ello que aquellas cuadrillas en donde se enrola Hernán Expósito, canturrean todo el rato aquello de «¡Vamos a la conquista de Túnez!, De la Ceca (por la Casa de la Moneda de Sevilla) a la Meca». De ahí Caños de Meca. Interesante ¿verdad? Pues esto es solo un ejemplo de las cosas que puede uno aprender con esta gran novela y con el buen hacer de un escritor certero y sincero como lo es Carlos Algora.

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4 Respuestas a “EL REY DE LAS ALMADRABAS – Carlos Algora”

  1. Lopekan Dice:

    Persuadido me has.

  2. Martí Zuviría Dice:

    Muy buena pinta!
    Gracias.

  3. lohengrin Dice:

    Yo la leí hace un par de años y no me gustó nada.

  4. Vorimir Dice:

    A Balbo le ha gustado, a Lohengrin no, 1-1. La vi en oferta (a 6 lerus) hace unos meses y la tuve en las manos, pero la dejé indecisdo. Y aun sigo. :D

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