AUTOBIOGRAFÍA – Agatha Christie

31cd5a23dqlUna autobiografía a veces se confunde con lo que llamamos memorias. El autor, en la autobiografía, cuenta su vida cronológicamente, sus recuerdos, las personas de su entorno familiar y amistoso, los espacios que habitó, los viajes que realizó y toda una serie de hechos de su vida. En las memorias, el autor salta de un tema a otro, destaca momentos importantes para él, introduce digresiones con comentarios, reflexiones, etc. que no necesariamente están ligadas a su vida pero sí a su pensamiento.  Muchas veces el recuerdo de algo es percibido de modo distinto a como realmente sucedió, cosa que el biógrafo —más objetivo— suele evitar. Escribir, pues, desde un único punto de vista sobre uno mismo muestra una visión parcial, “olvidando” hechos que el autor no desea rememorar ni comentar. En el caso de la señora Christie, todos tenemos en mente su famosa e inexplicada desaparición y reaparición, un lapsus que ella nunca quiso o quizá no pudo comentar, (y en esta autobiografía se silencia). 

Este texto tiene, efectivamente, la forma de autobiografía: se estructura en partes cronológicamente ordenadas, si bien su autora no se siente obligada a seguir la cronología; hay muchos saltos en el tiempo y en los temas, abundantes digresiones y comentarios diversos, aunque sabe retomar el hilo perfectamente. En mi opinión, es un aliciente más que un inconveniente. La señora Christie comienza a escribirla en 1950, en Nimrud (Iraq), en una casa de adobe, y la terminará quince años más tarde, en su mansión de Wallingford (Inglaterra) cuando ya había cumplido los setenta y cinco.

Agatha Mary Clarissa Miller, DBE (Torquay,1890-Wallingford,1976), ha sido una de las escritoras británicas del género policiaco y detectivesco que más popularidad y ventas ha tenido en el siglo XX. De clase media alta, recibió una educación privada hasta su adolescencia, como era habitual en las mujeres entonces. Ejercía como enfermera durante la I Guerra Mundial, cuando publicó su primera novela, El misterioso caso de Styles (1920). Según su propia opinión, sus comienzos como escritora fueron casi casuales, como un entretenimiento. Era una gran lectora y aficionada a los relatos detectivescos por su admiración hacia  Wilkie Collins y Conan Doyle. No fue sino mucho más tarde cuando empezó a tomarse en serio la tarea de escribir. Y tardó muchos años en considerarse como una profesional de la escritura, e incluso en su vejez insiste en no acabarse de creer que lo era. Sus preocupaciones eran otras: familiares, principalmente, y después, lecturas, viajes y la arqueología. Pero desde que empezó no dejó de escribir y su producción es inmensa.

En 1914, contrajo matrimonio con Archibald Christie, de quien se divorciaría en 1928. El impacto de descubrir la infidelidad de su marido, sumado a la depresión tras la muerte de su madre ese mismo año, le hizo entrar en una fase de perturbación psicológica grave,  y  en 1926 desapareció sin dejar más huella que  su coche, abandonado junto a la carretera. Once días más tarde fue hallada -aparentemente amnésica- en un hotel, bajo otro nombre. Una vez superada esa fase de su vida, hizo lo que muchos británicos de la época: viajar. A finales de los años 20, en mitad de su treintena, se subió, sola, al Orient Express, cruzó Europa y viajó hasta Damasco y Bagdad. Oriente le supuso un sorprendente mundo nuevo, lleno de experiencias interesantísimas, que le inspiró temas para muchas novelas, además de encontrar al que sería su segundo marido, Max.

En 1930 se casó con el arqueólogo Max Mallowan, (catorce años más joven que ella) a quien acompañó en todos sus viajes a Irak y Siria, donde pasó largas temporadas, y fue un matrimonio feliz, pese a que, según cuenta, le costó mucho decidirse por la diferencia de edad.

En un capítulo que dedica a reflexionar sobre su modo de abordar las novelas policiacas contraponiéndolo a cómo otros escritores lo hacían, dice que tienen como fin «ayudar a salvar la inocencia. Porque es la inocencia lo que importa, no la culpa».

 

En aquella época, los años de la primera guerra mundial, el agente del mal no era un héroe: el enemigo era perverso y el héroe, bueno; tan simple como eso. Aún no nos habíamos adentrado en los oscuros caminos de la psicología y yo, como cualquiera que escribiera o leyera libros, estaba en contra del criminal y a favor de la víctima inocente.

 

En este capítulo cuenta cómo fueron surgiendo sus personajes característicos, Hércules Poirot, Miss Marple, etc.; en quiénes se inspiró, y en fin, una serie de curiosidades. Pero también explica su manera de ver la literatura, libre y sin ataduras, porque para ella lo importante era la vida, no la escritura. Sus intentos de escribir sobre otros temas (usando un seudónimo, Mary Westmancott) no fueron demasiado aceptados por el público, que le pedía más y más novelas policiacas.

Hay muchos otros capítulos dedicados a la arqueología, a sus viajes, a múltiples detalles de las viajeras de la época: al final de la década de 1930 trabajó intensamente ayudando a su marido en excavaciones por Siria, Iraq, etc., mientras en sus ratos libres o en paradas de descanso escribía sus novelas. Asimismo dedica su atención al teatro, ya que no sólo muchas de sus obras se adaptaron al teatro (y al cine) sino que ella misma escribió piezas teatrales o dramatizó sus relatos. Cuenta muchas anécdotas sobre todo ello.

Habla de su infancia, que fue muy feliz; de sus familiares, sus amigos, explayándose en detalles sobre sus vidas; sobre las diversas casas en las que habitó, desde su querido Ashfield natal pasando por casas de adobe en el desierto sirio o los pisos en Londres. En los tramos en los que relata los bombardeos de la segunda guerra mundial, que vivió en Londres, asegura que en ningún momento usó un refugio. Su casa fue bombardeada y demolida y hubo de mudarse varias veces. Su marido pasó tres años como piloto en la zona de Oriente Medio y ella colaboró como sanitaria durante toda la guerra, de nuevo.

Amena y entretenida, ilustra la vida de los británicos de clase media alta, pero también de lo que ocurría con la literatura, la investigación sanitaria o la arqueología en esos años: vivió dos guerras y participó activamente para ayudar a su país, con su trabajo sanitario y cediendo sus casas a la Marina, al Ejército, a los refugiados que huían de las bombas. También vivió situaciones duras y desagradables en sus múltiples viajes por Oriente, sobre todo para una mujer acostumbrada a comodidades y bienestar. Pero no se le cayeron los anillos: supo acomodarse y llevarlo con el mejor ánimo. Fue una mujer valiente, activa, de gran sentido común y muy trabajadora. Tuvo muy claro siempre dónde estaba su lugar en la literatura. Valoró más la vida que la escritura, sin que por ello dejara de escribir mientras pudo.

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5 Respuestas a “AUTOBIOGRAFÍA – Agatha Christie”

  1. Arturus Dice:

    Una vida novelesca, sin duda, la de Mrs. Christie. Cuesta trabajo imaginar cómo pudo escribir tanto con la vida tan ajetreada que llevaba.
    Buena reseña, Ariodante.

  2. Rodrigo Dice:

    De veras novelesca. No tenía idea de aquel episodio del extravío de la escritora.

    Libro que promete amenidad, de fijo, visto lo movido del tema.

    La reseña, un gusto leerla.

  3. ARIODANTE Dice:

    Me alegro que os guste. Yo me lo pasé muy bien leyéndolo. Agatha Christie puede no ser mi escritora favorita, pero el relato de su vida lo consideré como un documento histórico, como las autobiografías de todos aquellos cuyas vidas muestran cómo algunas personas afrontan los problemas y las dificultades y salen adelante. Creo que ahora, si vuelvo a leer alguna novela suya, tendré en cuenta estos datos que nos ofrece en esta autobiografía.

  4. Vorimir Dice:

    ¡Y yo que creía que esta mujer era una señora británica que no salía de su casa de tanto darle a la tecla! Y menuda vida más ajetreada tuvo. Buena reseña, Ario. :D

  5. Antígono el Tuerto Dice:

    Interesante reseña, Ariodante…y atípica; he visto pocas autobiografías por Hislibris. El personaje lo merece, la gran dama del género negro (se dice de ella que asesinó a más gente en sus novelas que muchos asesinos en serie reales) y una auténtica vendedora de best-sellers de su época. Fue una gran viajera (a pesar de lo que pensaba Vori) y una rompedora de moldes de la sociedad de su época (su segundo matrimonio con un hombre más joven dio que hablar) además de ser una asidua bebedora y fumadora (si mal no recuerdo era una asidua devota de los cócteles del Hotel Pera Palace de Estambul).
    Lo dicho, todo un personaje.

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