PODER Y TRONOS. UNA NUEVA HISTORIA DE LA EDAD MEDIA – Dan Jones

«Ves prados llenos de espinas y ricos en flores.
Si no quieres coger las espinas, coge las rosas».

Poema atribuido a Isidoro de Sevilla.

Contaba un día el catedrático, filósofo, traductor, poeta y mil cosas más José María Valverde hace como 22 o 23 años,  al empezar su clase de la asignatura de “La Goethezeit” en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona, que en  cierta obra de teatro (no dijo cuál), sin duda perteneciente al género cómico-histórico (¿existe tal cosa?), en un momento dado irrumpían en el escenario unos cuantos individuos embutidos en armaduras y simulando montar a caballo (haciendo “tocotoc-tocotoc” con los pies y llevando el puño derecho a media altura para sostener unas imaginarias riendas). Aparecían en escena al grito repetido de “¡Somos los caballeros de la Edad Media!”. Dejando a un lado lo cómico de la escenificación, Valverde incidía sin dejar de sonreír, en el sinsentido de que esos hombres llamaran a su propio tiempo “Edad Media”. Un tiempo medio, mediano, situado entre una cosa y otra, sin ser principio ni fin de nada sino quedándose a la mitad, un tiempo a medias, incompleto, una medianía, una época vulgar, inacabada y mediocre. ¿No es completamente absurdo? ¿Quién bautizaría su propio tiempo como una “edad media”? 

Seguro que el dramaturgo de turno no esperaba semejante reflexión por parte de sus espectadores, pero Valverde era capaz de eso y mucho más. En realidad solo tendría cierto sentido denominar “media” a una época si se hallara en medio de algo, aunque fuera desde un punto de vista meramente cronológico. Así debió de razonar el alemán Christophorus Cellarius cuando en 1685 decidió llamar “Edad Antigua” a la época grecorromana, mientras que a la suya propia, una época (en su competente opinión) de progreso, renovación y avance social, político, cultural y económico, la llamó sin falsa modestia “Edad Moderna”. Como es imaginable, a los años y siglos que quedaron en medio de la una y la otra no le quedó más remedio que llamarlos “Edad Media”, un tiempo de paso entre lo antiguo y lo moderno, oscuro, intermedio, huero y hueco, un tiempo de relleno sin mucho valor. Al parecer su taxonomía cronológica cuajó en las mentes de sus coetáneos, hombres “modernos” sin duda, y ha perdurado hasta nuestros días. Así que menuda pérdida de tiempo sería dedicarse a estudiar ese período de la Historia en el que no pasó nada de interés, y no digamos ya escribir libros sobre esos mil insípidos años de vida humana en el planeta Tierra.

Pues ese desperdicio de tiempo y esfuerzo es el que ha hecho recientemente (como por cierto otras muchas, muchísimas, personas a lo largo de los años, quienes por suerte no pensaron de la misma manera que Christophorus Cellarius) el británico Dan Jones. Ha escrito un libro de más de 700 páginas dedicado a contar qué fue lo que pasó en ese tiempo triste y deprimente, en ese entreacto de la Historia que transcurrió desde la caída del Imperio Romano hasta el descubrimiento del Nuevo Mundo. Lo ha titulado Poder y tronos (¿un guiño a la famosa serie Juego de Tronos, cuya ambientación es claramente medieval, por cierto?), y lo ha subtitulado (él o más bien la editorial, ya sea la inglesa o la que lo ha traducido, Ático de los Libros) una nueva historia de la Edad Media, evidenciando así que ya existen, y no gracias a Cellarius precisamente, otras muchas historias que abordan los siglos V al XV. Jones es un historiador televisivo, por decirlo con brevedad. Un individuo formado en Cambridge, con el grado first-class de Historia, autor de un buen montón de libros, columnista en prensa y presentador de programas de divulgación histórica, por decirlo con algo más de extensión. Quedémonos con lo interesa aquí: que divulga Historia y que ha escrito libros. ¿Y lo hace bien? Pues sí, más que bien. Tiene éxito en la pequeña pantalla allá en su país natal, y la divulgación que ofrece por escrito es, más que legible, bebible. Penetra en la mente como un buen vino en el gaznate. Sus libros se centran en la Edad Media, y unos cuantos de ellos han sido traducidos al castellano: Los templarios, Los cruzados, El mundo en llamas y El color del tiempo. El Medievo es su tema, desde luego. Y, tras leer Poder y tronos, quién sabe si también será el nuestro.

Jones se desmarca en la introducción con un bonita paradoja: “Este es un libro extenso”, dice, y añade: “Sin embargo, también es uno irremediablemente corto”. Extenso porque tiene cerca de ochocientas páginas, pero corto porque esas casi ocho centenas son escasísimas para explicar un período de tiempo de mil años (por poner algún nombre propio: lo que va de Rómulo Augústulo a Martín Lutero, año arriba, año abajo). Es obvio que hay que cribar, seleccionar, depurar y afinar, y eso es lo que hace Jones. No es un libro que se centre en la política, o en la economía, o en las batallas, o la religión, o las letras, o la filosofía, o el arte, o la ciencia… pero sí que habla de todo ello, y mucho, y bien. No menciona la poesía trovadoresca, me temo; tampoco habla de los almogávares, ni de las Vísperas Sicilianas. No se pueden tocar todos los palos, y de hecho tampoco hace falta si lo que se pretende no es hacer un manual enciclopédico sino un relato atractivo, coherente y bien hilado. En fin, el británico Jones ha hecho lo que promulgaba el bueno de Isidoro de Sevilla en los versos que abren esta reseña: el arzobispo hispalense se defendía con ellos de los que le incordiaban por atreverse a enfocar sus ansias de saber no solo en las Sagradas Escrituras y los libros escritos bajo la fe en Cristo, sino también en los que fueron alumbrados por la media luna musulmana. Jones, por su parte, ha echado un ojo a la Edad Media (a la europea, eso sí), ha apartado las espinas que no le han interesado para su libro, y se ha quedado con lo que le ha parecido más atractivo, con las rosas. Vamos, que ha seguido el ejemplo del santo sevillano. Y voto a Bríos que le ha ido bien.

Comienza el libro hablando de su Christophorus Cellarius particular: un tal John Foxe, británico que vivió varias generaciones antes que el alemán. Y es que el autor no puede evitar una leve (solo leve, de verdad) tendencia a barrer para casa. Y tras la introducción, tiene lugar el despliegue: agrupados en cuatro partes, los 16 capítulos de Poder y tronos nos exponen todo un mundo apasionante que en absoluto se asemeja a “un tiempo oscuro” o “una época sin interés”. Jones nos cuenta cómo fue posible que un imperio de 5 millones de kilómetros cuadrados, en el que vivía la cuarta parte de la población mundial, y provisto de un ejército de unos 450.000 hombres, se viniera abajo, desmenuzándose en fracciones que con el tiempo darían lugar a los estados y naciones europeas. Los bárbaros saquearon Roma unas cuantas veces (Alarico en el 410, Genserico en el 455), los hunos martirizaron durante décadas el territorio con sus ansias de, llámalo expansión, llámalo invasión, o llámalo también búsqueda de climas más suaves. Y todo ello desencadenó el principio del fin, que dirían Cellarius o Foxe a coro; o más bien el fin del principio, como seguramente preferiría decir Jones.

Puestos a ponerse estupendos, podría decirse que el historiador británico se introduce en la Edad Media empleando un discurso longitudinal y cronológico, para en breve pasar a la descripción transversal por temas y tópicos, salpicando lo uno y lo otro con la horizontalidad que requieren ciertas circunstancias y episodios de más calado.  En román paladino, esto significa que Jones dedica cada capítulo a un asunto que él entiende que es de importancia para comprender la Edad Media; que para ello a menudo ha de explicar antecedentes, desarrollo y consecuencias; y que a veces se explaya con un relato algo más pormenorizado de los hechos, cuando estos son interesantes. Y todo ello lo incardina en un discurso que a larga distancia es completamente acorde con la cronología de la Edad Media. Sus capítulos están dedicados a “colectivos humanos” que han jugado un papel destacado en esos mil años de historia: los romanos (de su derrumbe se erigió el Medievo), los bárbaros, los bizantinos, los árabes; pero también los francos, los monjes, los cruzados, los mongoles, los académicos, los constructores, los navegantes, los protestantes… y así hasta 16. Y uno se pregunta: ¿cómo hasta ahora no se le había ocurrido a nadie estructurar la Edad Media de ese modo? O quizá alguien ya lo había hecho; el caso es que Jones acomoda cada etiqueta, cada capítulo y cada apartado, a un discurso global que fluye como un arroyo en tiempo de deshielo. El libro parece que va a hacer una narración cronológica, pero luego esta se convierte en temática. O al revés. Jones es muy hábil con este modo de presentar la historia; no cualquiera podría, desde luego.

Los combates del recién nacido islam contra los ejércitos de Bizancio (solo su arma secreta, el fuego griego, pudo frenar el avance musulmán), contra los francos en Poitiers y contra los chinos en Aksu; la coronación del “padre de Europa”, Carlomagno, “emperador y augusto”; la construcción del edificio más grande de Europa en su momento, la iglesia de la abadía de Cluny, de 157 metros de longitud; la tolerancia religiosa de los mongoles con sus pueblos sometidos, solo comparable a su crueldad con los rebeldes; la desconocida batalla de Lechfeld del año 955, con la que se comenzó a percibir el poderío de la caballería acorazada; la primera universidad occidental, fundada en Bolonia en 1088; la revolución comercial que tuvo lugar en los siglos XIII y XIV, tan importante como la industrial del siglo XIX; el papel (nunca mejor dicho) que jugó la invención de la imprenta en la difusión de las ideas de un joven y osado fraile llamado Martín Lutero… ¿Sabe alguien (seguro que sí, pero se trata de una pregunta retórica) el monumental trabajo que supuso a los compiladores de Justiniano elaborar el Codex Iustinianus, finiquitado en el año 529? ¿Está alguien al corriente del robo que los musulmanes abasíes realizaron a los chinos, ni más ni menos que el secreto de la fabricación del papel y más adelante el de la pólvora (curioso, ¿no? Dos elementos tan antagónicos y opuestos en sus potenciales usos)? ¿Acaso alguien tiene presente que el abad de Cluny, un monasterio (que como tal constituía, en palabras de Jones, un centro “de alfabetización, educación, hospitalidad, tratamiento médico, información turística, atención social a los ancianos y asesoramiento espiritual, además de su función principal de retiro para los devotos”), este abad, pues, era prácticamente “un par natural de los reyes y los papas”? ¿Es alguien consciente de que la orden de Carlomagno, allá por el 792, de que todos sus soldados de caballería llevaran una pica y que la usaran para apuñalar en lugar de para ser lanzada, supuso una revolución militar y abrió el camino a las justas y torneos entre caballeros, al galope y pica en mano? ¿Quién tiene en mente que las Cruzadas tuvieron su germen en la petición de un emperador de Constantinopla llamado Alejo Comneno, cuando solicitó ayuda a un papa de Roma llamado Urbano, contra los “paganos” que acosaban su ciudad y su bizantino imperio? ¿Conoce alguien el dato de que la espada que blandió Ricardo Corazón de León durante la Tercera Cruzada, se llamaba Excalibur? ¿O el de que Isidoro, arzobispo de Sevilla y autor de una enciclopédica obra llamada las Etimologías, ostenta el patronazgo de Internet? ¿Acaso alguien podría responder a la pregunta de por qué extraña razón los cristianos llamaron a un misterioso gobernante de las tierras al este de Europa “Rey David”, un gobernante que resultó llamarse en realidad Gengis Kan? ¿Es capaz alguien de citar en qué momento y por qué se produjo el vergonzoso juicio contra la Orden de los Templarios, en el cual el poder secular encarnado por el rey de Francia se impuso al poder papal y lo venció con contundencia, al llevar a la hoguera a Jacques de Molay, Gran Maestre de la Orden del Temple? Y la lista podría hacerse interminable…

Numerosos son los personajes que Dan Jones recoge en su monumental libro, cuyos hechos vitales son expuestos a ritmo de aventura: Justiniano, Carlomagno, Isidoro de Sevilla, Mahoma, Atila, el Cid Campeador, Guillermo el Mariscal, Saladino, Marco Polo, Petrarca, Leonardo da Vinci, Cristóbal Colón… Todos ellos tienen dedicadas unas páginas, todos ellos aparecen caracterizados y sus hechos reflejados. De Colón, por ejemplo, dice Jones que era un tipo mentiroso, cínico y fanfarrón (“La historia no tiene por qué estar hecha por gente buena”, afirma), que navegó hacia el oeste en busca de una ruta a la India más cómoda y así evitar “el peligro otomano” (el imperio turco fue durante siglos, dice Jones, algo así como el hombre del saco de la Europa cristiana). Cómo se le quedaría el cuerpo a Colón cuando, apenas 7 años después de su aventura y relativo fracaso (no encontró la ruta hacia la India, aunque halló un nuevo mundo), el navegante Vasco da Gama regresó de un viaje hacia el este después de haber estado en la India. Y es que el capítulo dedicado a los navegantes es interesantísimo: el culmen de la era de la navegación de aquellos tiempos lo puso la expedición que inició Magallanes y terminó Elcano, zarpando y alejándose hacia el oeste, como Colón, y regresando por el este 3 años después. Recuérdese este hecho como argumento (por si no hubiera pocos) para rebatir a los terraplanistas.

Todos estos nombres propios y no propios, estas historias grandes y pequeñas, estos datos anecdóticos los unos, importantísimos para el devenir de la historia humana los otros, aparecen en Poder y tronos tejiendo un relato absolutamente absorbente. Hasta que se llega al Renacimiento, final de la Edad Media e inicio de otras cosas. Pero ¿cuándo acabó realmente la Edad Media? O lo que es lo mismo: ¿cuándo tuvo comienzo el Renacimiento? Jones se hace eco de las palabras del erudito alemán del siglo XVIII Jacob Burckhardt, quien pensaba que la fecha exacta en que el hombre pasó de ser medieval a renacentista fue el 26 de abril de 1326, que cayó en sábado. Tal día Francesco Petrarca subió, acompañado por su hermano, los 2000 metros del monte Ventoux, en la Provenza francesa, para observar lo que se veía desde la cima. «Lo que se puede encontrar dentro, la gente lo busca fuera», escribió Petrarca. Según Burckhardt, está visión y las ideas de subir la montaña con el simple propósito de experimentar la naturaleza en sí misma nunca se le habían ocurrido a nadie antes; fue un pensamiento y una actitud que inauguró el Renacimiento.

Poéticas petrarquianas aparte, ahora en serio: ¿cuándo acabó la Edad Media? ¿Acaso con el descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492, o un poco antes, con la caída de Constantinopla en 1453? ¿O algo después, con la invención de la imprenta en 1456? ¿O 60 años más tarde, con la reforma religiosa de los protestantes y la crisis del poder de la iglesia de Roma? ¿Fue Colón, Mehmed II, Gutenberg, Lutero… ? ¿O fueron los ejércitos imperiales de Carlos V cuando penetraron en la ciudad del papa y llevaron a cabo en 1527 el terrible saqueo de la ciudad conocido como Sacco di Roma? ¿Fue la Edad Media un lapso temporal que transcurrió entre saqueos a la ciudad del Tíber (los de Alarico en 410 y Genserico en 455 por un lado, y el de los mercenarios de Carlos V en 1527 por otro)? Quién sabe y, en realidad, qué importa. Este libro expone todas esas opciones pero no se queda con ninguna. Que cada cual elija a su gusto.

Dan Jones ha relatado una fantástica epopeya humana de mil años de duración, con una solvencia, amenidad y rigor envidiables. No hay más que decir, y esta reseña empieza a ser muy larga; mejor sería dejar ya de leerla y acudir al libro. Valdrá la pena.

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Dan Jones, Poder y tronos. Una nueva historia de la Edad Media. Barcelona, Ático de los Libros, 2022, 750 páginas.

 

     

12 comentarios en “PODER Y TRONOS. UNA NUEVA HISTORIA DE LA EDAD MEDIA – Dan Jones

  1. Balbo dice:

    Justamente ayer estaba haciendo una desiderata a la biblioteca para que lo comprara, y leyendo tu excelente reseña (como siempre) ya tengo ganas de que la biblio afloje la mosca y lo compre ipso facto. Y por cierto lo de los actores haciendo tocotoc ¿El catedrático no estaría haciendo un guiño a los Caballeros de la mesa cuadrada de los Monty Phyton? Es lo primero que se me ha venido a la cabeza ;-)

  2. Farsalia dice:

    Fantástica reseña de un no menos estupendo libro. Un volumen de alt(ísim)a divulgación que leí hace unas semanas en la edición «de bolsillo» inglesa. Trata los temas con buena pluma y con una amplitud bibliográfica más que encomiable. El capítulo sobre el monacato y Cluny es magnífico, quizá el que más me gustó del libro. Hay mucha pincelada biográfica como se destaca en la reseña y una buena selección de los temas a tratar, teniendo en cuenta que no todo puede aparecer en una obra general+y con bastantes particularidades). Como primera gran aproximación al periodo es ideal; y te pica la curiosidad por leer otros libros del autor británico: a mí en concreto me interesan sus libros sobre los Plantagenet y la Guerra de las Dos Rosas.

  3. Sombra dice:

    Es uno de los libros a los que tenía echado el ojo, y me da que pronto la mano. Gracias por la reseña.

  4. Iñigo dice:

    Después de leer la reseña, resulta súper apetecible. Misión conseguida, maese Cavilius.

  5. cavilius dice:

    Gracias. Solo por resolver el misterio de cómo es posible que casi 800 páginas se lean como si fueran la mitad de la mitad, ya valdría la pena echarle un ojo. Luego está el factor reivindicativo de que la Edad Media viene a ser como Teruel: también existe. Por no hablar del factor iluminador y oftalmológico: te ilumina y te abre los ojos respecto a muchos interesantísimos temas mal conocidos o ignorados en esos mil años de historia humana.

    En fin, que vale la pena.

  6. Iñigo dice:

    ¿Cuántas páginas de apéndices, bibliografía y demás, tiene?

  7. cavilius dice:

    El texto son 675 páginas, más 35 de notas y 18 de bibliografía. El resto hasta las 750, el índice analítico de rigor.

    1. Iñigo dice:

      Oído cocina. Gracias.

  8. Likine dice:

    Gran reseña, también por la extensión, sí. Y, al parecer, gran libro por las muchas inquietudes que ha generado en el reseñador y, ahora, en mí, aunque tengo claro, sin vacilación alguna, que el Medievo no existe, ya que la Historia es un continuum temporal, un tejido que podemos cortar allá por donde mejor convenga al interés y estudio científico. En cualquier caso, me queda claro que es un libro que habrá que leer, pero quizá debía dejar de leer reseñas aquí o no daré abasto ni temporal, ni crematístico…
    Por cierto, me ha quedado, de la lectura de la reseña, una sensación de que Dan Jones es a la Historia «medieval» lo que Irene Vallejo a la cultura escrita «antigua», pero con un cierto aire más descreído… Falsa percepción, tal vez.

  9. cavilius dice:

    Bueno, el elemento de vivencia y relato personal que aporta Irene Vallejo en El infinito en un junco, en Dan Jones está ausente (y no se le espera, añado). Y la calidez y cercanía con la que narra Vallejo no es tampoco el tono que emplea Jones. No sé si te referías a eso, Likine. Diría que no…

    1. Farsalia dice:

      Sí, no me parece que Jones juegue en la misma liga que Vallejo, aunque sí en el mismo deporte: la divulgación bien hecha.

  10. Urogallo dice:

    Yo la veo más que como Edad Media, Edad Media-Alta, como mi inglés.

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