MAHOMA Y CARLOMAGNO – Henri Pirenne

MAHOMA Y CARLOMAGNO. Henri Pirenne.El bárbaro Odoacro tiene todas las razones para estar satisfecho. Las tropas lo han nombrado rey. Orestes, su enemigo, ha sido asesinado, y ante él solo queda un muchacho, adornado con el pomposo nombre de Rómulo Augústulo, el último emperador de Roma. La historia es conocida. Odoacro depone a Rómulo Augústulo y envía las insignias imperiales a Constantinopla. El imperio romano de occidente ha caído. La edad antigua ha terminado.

Y sin embargo…

Esta historia tiene muchos matices. Desde el segundo saqueo de Roma en el año 455 casi todos los emperadores romanos ascienden al trono bajo la protección de un rey “bárbaro”. Así Avito es patrocinado por el visigodo Teodorico II; Mayoriano, Libio Severo, Antemio y Anicio Olibrio (este último nombrado sin siquiera ser consultado), bajo la mano de Ricimero, de origen suevo. Glicerio será el protegido del Burgundio Gundebaldo. Tan solo Julio Nepote recibirá su nombramiento desde Constantinopla. Pero su reinado durará aproximadamente un año. Será depuesto por Orestes, un general de origen huno, que pondrá en el trono a su hijo Rómulo Augústulo, que será depuesto, ya lo hemos visto, por Odoacro.

¿Supuso esta serie de acontecimientos una ruptura lo suficientemente importante como para decir que entonces terminó la edad antigua? Henri Pirenne pensaba que no.

Este libro es la obra póstuma del gran historiador belga nacido en 1862 y fallecido el 25 de octubre de 1935, poco después de haber terminado esta obra, que será publicada por su hijo Jacques Pirenne y su discípulo Fernand Vercauteren. Pirenne fue especialista en la edad media, y su obra principal fue la “Historia Económica y Social de la Edad Media”, en la que ya adelantaba su tesis de que la edad antigua no terminó con la caída del último emperador romano de occidente. Este libro póstumo viene a ser una recapitulación de las conclusiones de una vida y una reafirmación de su teoría original.

Con gran simplicidad, sin abuso de tecnicismos y de una forma muy clara Pirenne parte de los últimos años del imperio romano de occidente para pasar a describir los cambios acontecidos y no acontecidos con las invasiones bárbaras, centrando sus análisis en los siguientes campos:

La situación política: muchos reyes “bárbaros” ostentarán títulos romanos que se otorgarán a sí mismos o que les serán otorgados por el emperador de oriente. De hecho, no existirá entre ellos una conciencia clara de que el imperio romano de occidente ha desaparecido. Simplemente, el papel de emperador de occidente y sede de este imperio se trasladará Constantinopla, adonde dirigirán sus embajadas. Probablemente esta sea la interpretación que hay que dar al gesto de Odoacro al enviar allí las insignias imperiales. Este continuismo se mantendrá también en la composición de las cortes de estos reyes donde los hombres de letras que las componen no son aún hombres de iglesia, sino ciudadanos ilustrados. La iglesia no ha logrado aún la importancia que tendrá mas adelante en el monopolio de la palabra escrita.

La iglesia es precisamente otro de los temas que analiza Pirenne. Su lenta introducción en los círculos de gobierno aún no se ha completado, ni mucho menos. De hecho, durante la mayor parte de este periodo, el Papa, Obispo de Roma, es uno de los cuatro principales de la cristiandad junto a los de Antioquia, Alejandría y Constantinopla. Pero no es, aún, el primero de ellos.

Sobre el comercio Pirenne explica que durante los primeros años de los reinos “bárbaros” las mercancías, y los viajeros seguirán fluyendo libremente de este a oeste entre Bizancio y el estrecho, y de norte a sur entre Alejandría y Marsella. La moneda, aunque sea acuñada por los propios nuevos reyes, seguirá teniendo la efigie de los emperadores, y el sueldo de oro seguirá siendo la unidad básica. Tampoco en este aspecto habrá cambios dramáticos.

Y en cuanto a las artes, se mantendrán los estilos previos a la caída del imperio de occidente, aunque con inevitables influencias “bárbaras”.

¿Cuándo se produce entonces el cambio de edad?

Tras las explicaciones citadas sobre lo acontecido en los primeros siglos tras el derrocamiento de Rómulo Augústulo, Pirenne llega a la época de los grandes cambios, que se inicia con la expansión del Islam.

El Islam va a provocar estos cambios al romper la unidad del mundo Mediterráneo. Para empezar el imperio Bizantino sufre una considerable pérdida de territorios. Esto implica un debilitamiento de la majestad imperial, que además queda relegada lejos de occidente, pues las vías de comunicación navales, las mejores, quedan cortadas o muy limitadas, lo que hace que Europa empiece a mirar hacia el norte. También, surge un sistema económico distinto en toda la costa sur mediterránea, lo cual se suma a la ruptura de las comunicaciones para entorpecer el comercio. Por otro lado, la religión católica, al enfrentarse directamente a un rival poderoso, empieza a cobrar muchísima importancia y los hombres de iglesia ganan influencia en las cortes, el Papa, tras la reducción de los grandes obispados a dos, empieza a luchar por la primacía.

Todo este torrente de acontecimientos llevará a dos momentos señalados:

En el año 754 el Papa Estaban II consagra a Pipino el Breve como Rey de los Francos y Patricio de los Romanos. Este acontecimiento supondrá la intromisión del Papa en lo que era una potestad imperial: legitimar nuevas dinastías, y será la consecuencia lógica del desplazamiento del papado, y de Italia, de la órbita bizantina a la occidental.

En el año 800 Carlomagno es coronado emperador romano por el Papa León III. A partir de entonces el emperador de oriente queda relegado a segundo plano. El mundo mediterráneo queda totalmente desgajado en tres grandes zonas: el Islam al sur, el Imperio Carolingio al noroeste y el imperio Bizantino al noreste. Para Pirenne, entonces es cuando empieza la edad media.

Si alguien ha llegado hasta aquí supongo que ya estará convencido de lo interesantísimo que es el libro así que no insistiré en ello mas que para decir que los temas aquí comentados son un pálido reflejo de toda la información que contiene la obra. Por sacarle un defecto, decir que el autor se centra demasiado en la Francia Merovingia, dedicando algo menos de atención a otros reinos de la época, lo cual hace que a veces queden desenfocados, pero sin llegar a ignorarlos, con lo que sus conclusiones resultan perfectamente coherentes.

En resumen un libro que no hay que ignorar. A ver si encuentro ahora un libro de alguien que le lleve la contraria.

Opino, como siempre.

Henri Pirenne
MAHOMA Y CARLOMAGNO
Alianza Editorial 2008.

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28 comentarios en “MAHOMA Y CARLOMAGNO – Henri Pirenne

  1. Vorimir dice:

    Muy buena reseña de un libro aun mejor.
    De facil lectura y comprensión, una joyita sin duda.

  2. Incitatus dice:

    Otra gran obra de Pirenne donde como dices desarrolla de forma magistral su famosa teoría sobre la verdadera ruptura de “la edad media”. Ya reseñé yo hace un par de meses otro libro, también postumo de Pirenne, en el que también recoje la teoría, pero este el libro en que mejor la explica. A mi, por el momento, no han conseguido convencerme de lo contrario.

    Koenig, gran reseña de un libro más que recomendable.

  3. Rodrigo dice:

    Sugerente reseña, Koenig. Me anoto pues el libro. Será una buena continuación del que reseñó Incitatus (“Historia de Europa. Desde las invasiones…”: excelente).

    Saludos.

  4. CORCONTAS dice:

    Excelente reseña Koenig, apunto el libro para próximas compras.

  5. farsalia dice:

    Gran reseña de un gran libro.

  6. Sertorio dice:

    La única obra que he leído hasta el momento del autor (“Las ciudades en la Edad Media”) me dejó muy buen sabor de boca -hecho nada extraño, teniendo en cuenta la merecida buena fama de la que goza el libro- así que tengo ganas de leer algo más de Pirenne.

    Gracias por la reseña, Koenig.

  7. Chuikov dice:

    Magnífica reseña. Muy interesante el libro. Gracias Koenig

  8. Salvador Felip dice:

    Leí este ensayo hace pocos años y me pareció excelente. Como has apuntado, refleja de manera muy clara y sencilla la ruptura en la Europa mediterránea que provocaron las invasiones del Islam.

    Se centra principalmente en la vertiente económica y comercial, y como afecta dicha ruptura a las relaciones norte-sur y a la política de los reinos del momento, centrándose en el reino franco.

    Lo considero un libro imprescindible para el conocimiento de esa época. En cierta medida me recuerda a ‘Auge y caída de las grandes potencias’ de Paul Kennedy. Por la forma de utilizar la economía para justificar los cambios estratégicos y las relaciones entre las diversas potencias del momento.

    En definitiva, un clásico en mayúsculas

    Un saludo

  9. Ariodante dice:

    Enhorabuena, Koenig. Te ha quedado, como siempre, una excelente reseña, y nos has mostrado a los legos históricos (respecto al medioevo) un tema interesantísimo y que, al parecer, el autor trata con bastante concisión y claridad.

  10. Rodrigo dice:

    La expansión del Islam como punto de inflexión de la historia europea toda vez que, siguiendo a Pirenne, rompió con la unidad del mundo del Mediterráneo y con las continuidades que hasta el siglo VIII se habían verificado.

    Desde mis muchos vacíos y vacilaciones culturales, me pregunto en qué medida habría contribuido la expansión del Islam a acelerar no ya el proceso de cristianización de los pueblos de Europa, entiendo que muy avanzada en la época, sino a hacer de la religión el elemento central de la civilización europea, factor de cohesión por excelencia y articulador de las relaciones entre los pueblos del continente (sobre todo los de la Europa centro-occidental), al tiempo que proveedor de una cierta conciencia de unidad e identidad superior a las lealtades comunitarias y al peso de la administración local. Tan central, la religión, que durante siglos podrá definirse a la civilización europea como civilización cristiana, vinculada al oriente cristiano, Bizancio, mientras existió, pero no igual a él (por ejemplo, de mi lectura del libro “Las cruzadas”, de Zoé Oldenburg, recuerdo lo poco identificados que se sentían los cruzados con los cristianos orientales; por otra parte, la entidad geopolítica ‘Imperio bizantino’, si no me equivoco, no era la llamada a proveer unidad ni a servir de modelo).

    Por encima de la dispersión política, la fe común a todos. Sin olvidar la aspiración a restituir la universalidad política por medio del Imperio. Y en oposición a la cristiandad, el Islam, para efectos europeos, el Oriente por antonomasia. ¿Sí? ¿Hasta qué punto es extemporánea la aplicación de una categoría como la de ‘civilización’ a la mentalidad medieval, con las connotaciones totalizantes y resonancias confrontacionales que porta el concepto sobre todo en el contexto actual? (entre otras cosas, civilización definida no sólo por sus contenidos positivos sino también por contraste con un ‘otro’ conflictivo). Un Oriente musulmán, precisamente una civilización que se explica –no exhaustivamente- por su origen religioso y que hasta hoy se define en gran medida por el aglutinante religioso. Dos monoteísmos, el cristiano y el musulmán, los que, gestados en la concurrencia de fuentes diversas –como todo fenómeno histórico- luego procuran cerrarse a la permeabilidad y a la dispersión en bien de sus expectativas de consolidación y en consonancia con su estrictez doctrinaria. Ortodoxia que luego se ha visto mucho más pronunciada en el Islam que en el cristianismo o, por precisar, en la cristiandad: bien o mal, pudo ésta abrirse a los beneficios de la secularización –o sufrir sus efectos, según se vea-.

    Expansión del Islam que surtió en Europa (o en las zonas europeas más directamente amenazadas por ella) un efecto de reacción y de resistencia, primero, luego un sentido de rivalidad. Parece pertinente tener en cuenta que, como señala Pirenne en su “Historia de Europa”, los musulmanes no podían hacer como los germanos antes de ellos, esto es, dejarse absorber culturalmente por los ‘vencidos’, puesto que aparecían aquéllos como “propagandistas de una nueva fe exclusiva e intolerante, que todos debían acatar” (FCE, 2004, p. 36), como portadores de una cultura rigurosamente teocrática. Luego el autor se refiere a los contactos materiales que entre ambas civilizaciones tuvieron lugar, en la forma de intercambios comerciales e intelectuales por ejemplo –no todo era guerras y odios mutuos-, pero refuerza la idea del distanciamiento espiritual entre ellas. (Distanciamiento que, acaso no tan paradójicamente, el proceso de secularización en occidente, en el sentido de relativa marginación pública y simbólica de la religión, parece haber hecho más profundo. Simplificando mucho: si antes se enfrentaban dos rivales iguales en su diferencia, al punto que variedades respectivas de ‘guerra santa’ o de ‘guerra sacralizada’ convocaba a ambos en un plano de relativa equivalencia ideológica, con todas las peculiaridades de cada caso; luego se enfrentarán -simplificando, insisto, y llevando el esquema al extremo- dos rivales gradualmente más contrapuestos, el uno secularizado y el otro aún teocéntrico.)

    Acaso aquella cesura cultural a la que aludía –el antes y después marcado por la entronización del cristianismo como factor civilizacional determinante-, supuesto que se viera reforzada por la expansión islámica, iría en apoyo de la tesis de Pirenne, de la teoría original a que te refieres, Koenig. En “Historia de Europa”, el autor señala que esta expansión separó al Occidente de Bizancio y de toda influencia oriental, confinándolo a sí mismo y sus propios recursos; en adelante ya no se nutriría Occidente de las fuentes orientales sino que se desarrollaría por sus propios medios, deviniendo, según se desprende de esto, en una forma de civilización cada vez más perfilada y autónoma, justamente lo que conocemos como civilización occidental. Quebrada la unidad política, deshecho el imaginario simbólico debido a la incorporación de combatientes bárbaros a los ejércitos romanos –que de romanos tenían cada vez menos, y me parece que el que a estos ejércitos se confiase justamente la defensa del imperio debe haber sido algo relevante, no sólo simbólicamente-; quedaban la religión y su impulso universalizante. ¿En qué se manifestaba la romanización de los pueblos bárbaros por simbiosis cultural, apropiación de una tradición gloriosa, afán de relevo, etc.? Dice Pirenne que hasta cierto rey el Estado merovingio no se había separado de la tradición romana: continuidad.

    Cosas.

  11. Clodoveo11 dice:

    “A ver si encuentro ahora un libro de alguien que le lleve la contraria.”

    Te sugiero “La caída de Roma y el fin de la civilización” de Ward-Perkins. En ese libro se pone en cantinela las teorías de la suave decadencia y se postula un final traumático de una civilización floreciente.

    Salutes

  12. Koenig dice:

    Gracias por la nota Clodoveo.

  13. Fran dice:

    Excelente reseña! Gracias

  14. Incitatus dice:

    Rodrigo, planteas cuestiones más que interesantes sin duda. Una buena reflexión.

    Siguiendo a Pirenne y a este libro, Mahoma y Carlomagno son dos personajes fundamentales, que aunque no son contemporáneos me parece, como al autor, que simbolizan la completa ruptura con el imperio romano.

    Sin duda el imperio había evolucionado y cambiado mucho. Poco tiene que ver el imperio de Augusto con el de Diocleciano o el de Teodosio. Queda sobre todo un importante poso cultural y simbólico, una herencia en la administración y en el derecho, y una tradición militar muy “degradada”, a parte de latín y el griego como idiomas unificadores del Mediterráneo. Además la pregunta, como decía Gibbson, no es ¿por qué cayó el imperio romano? sino ¿cómo duró tanto?, su propio éxito fue su propia debilidad que le convirtió en un gigante con pies de barro.
    Sin embargo aunque el imperio occidental (recordemos que el imperio oriental sobrevivió bastantes más siglo) desapareció y se fragmentó en unidades políticas gobernadas por aquellos famosos bárbaros, si perduró la idea de Imperio. Odoacro devolvió las enseñas imperiales a Constantinopla reconociendo al emperador de oriente como único emperador. Este saldría incluso en las monedas acuñadas en occidente hasta bastante tarde, reconociendo con ello una cierta superioridad, aunque no dominación y así un largo etc. de elementos (incluida la voluntad del imperio de oriente de convertirse en el heredero del imperio general y su ambición de reconquistar occidente, ver a Justiniano…)

    Primero el nacimiento del islam con Mahoma. Este condujo no solo a la ruptura con una religión única, el cristianismo, sino que acabó con gran parte del imperio oriental que ya en el siglo VIII se convierte realmente en el imperio bizantino, mucho más homogeneo en su “helenismo” y cerrado en si mismo. Además las ansias expansionistas del califato llevaron al aislamiento de Europa del Mediterráneo.

    Después Carlomagno. El rey de los francos y más tarde emperador constituye en si mismo una ruptura absoluta con el imperio oriental. El eje europeo pasa del Mediterráneo al Rin (practicamente sin romanizar) y al ser coronado emperador por el Pontífice de Roma, como protector de la cristiandad, se consuma la ruptura absoluta de occidente con Constantinopla. Abriéndose con esto un periodo en el que Europa se tiene que constituir a si misma…

    Así no solo la religión sino también lo político y lo cultural constituyen a los siglos VII y VIII como el verdadero inicio de la edad media, para Pirenne y para mi, convencido por el belga. En este periodo se constituyen finalmente los tres teatros principales de la edad media: el mundo islámico definido por la cultura árabe pero sobre todo por el Islam; el imperio bizantino, más pequeño pero más homogeneo en su cultura griega, y volcado hacia los balcanes y el este de Europa; y Europa occidental, que se tendrá que sacar las castañas del fuego solita.

    pienso

  15. Rodrigo dice:

    Ah, gracias por el comentario, Incitatus. Una muy ilustrativa síntesis.

    Saludos.

  16. Max Staub dice:

    Estupenda reseña Koenig.
    Me lo apunto para futuras adquisiciones. Además es un tema que ciertamente no me es muy conocido el de los últimos tiempos del imperio romano de occidente y el inicio del medievo. Del autor no he leido nada, pero taly como hablas de el me lo apunto para el futuro…

  17. Koenig dice:

    Buenos días.

    Leídos con calma los “posts” agradecer en primer lugar los amables comentarios que habéis hecho a la reseña. La verdad es que después de tanto tiempo en hislibris este es uno de estos libros que mientras uno lo lee piensa: “tengo que reseñarlo”.

    Con respecto a los comentarios mas largos, en general. Supongo que el incremento de la importancia del cristianismo en los reinos “bárbaros” (por llamarlos de algún modo) pudo darse como reacción a la aparición del islamismo en la medida en que apareció un rival.
    Tengo experimentado que el ser humano tiene tendencia a definirse mediante la oposición y la diferencia. Mientras el cristianismo estuvo implantado en toda la cuenca Meditarránea (que no era todo el mundo conocido, pero era todo el que importaba para quienes vivían alrededor de este mar), y mientras convivió con religiones que no tenían vocación de ser la única ni universal (y que iban desapareciendo), podemos pensar que a pesar de que hubo una activa labor de evangelización no debió parecer urgente ni absolutamente necesaria la expansión de la religión a todos los ámbitos sociales. Aunque tampoco podemos olvidar las duras luchas que tuvieron lugar entre diferentes corrientes del cristianismo.

    Sin embargo la aparición de otra religión con vocación de ser única y universal, y que además demostró una capacidad de expansión política y militar extraordinaria, conquistanto en poco tiempo una parte importante de ese “mundo que importa” mediterráneo, cambió por completo el panorama.

    La aparición de un rival serio (digamos incluso que con posibilidades de vencer) debió de imponer no solo un una radicalización de las estructuras eclesiásticas y un aumento de la preocupación por la evangelización, sino también plantear una situación tipo “estas conmigo o contra mi” y “si estás conmigo tienes que demostrarlo con hechos”. Se abandonó la neutralidad, aun mas, surgió la exigencia de demostrar constantemente la fe de cada uno: cristiana en estos reinos bárbaros, so pena de parecer tibio, neutral, islamizante… imperdonable teniendo en cuenta lo que estaba sucediendo.

    Opino.

    Saludos.

  18. Rodrigo dice:

    Expuesto tu planteamiento con el brillo y claridad habituales, Koenig, debo decir que por ahí iban mis tiros, o mis insinuaciones. Reacción, oposición, contraste, diferenciación, rivalidad: los términos que tenía en mente.

    Gracias por la respuesta.

    Saludos.

  19. Max Staub dice:

    Cuanta razón tienes, y que pena que el ser humano se mueva por esos impulsos…

  20. Messala dice:

    Muy buena reseña que anima a comprar el libro (que será cuando lo encuentre si tengo suerte)

    Por lo que veo el libro tiene sus buenos 70 años. La teoría que propone sobre el comienzo de la Edad Media, ¿qué aceptación ha tenido en la historiografía de estos últimos años? Es la primera vez que lo oigo (o leo) y me ha picado la curiosidad.

    Un saludo.

  21. pepe dice:

    Hay un libro de Ediciones Encuentro titulado Carlomagno y Mahoma, traducción de otro italiano del mismo título escrito por varios autores: Bryce Lyon, André Guillou, Francesco Gabrieli y Heiko Steuer. De la obra de Pirenne dicen que es piedra miliar, como lo fue en el XIX la obra de Gibbon, y que abordó desde una perspectiva nueva lo que Gibbon llamó El mayor debate histórico: cómo se explica la desintegración del imperio romano y cuándo empieza la edad media. Dice también que la obra de Pirenne, a pesar de haber sido revisada, todavía no ha sido reemplazada por ninguna otra más creible o convincente acerca del enigma del final del mundo antiguo. El libro viene acompañado de hermosas ilustraciones y detalla mucho de lo que ahora se sabe gracias a la Arqueología, la Numismática y qué sé yo cuántas ciencias auxiliares de la Historia y que sirve para matizar las tesis de Pirenne. Esto último me lo he inventado porque no he leído el libro, pero es lo que me ha parecido al hojearlo.

  22. Incitatus dice:

    Pepe seguramente muchos datos arqueológicos, numismáticos, de interpretación etc. contradicen muchos de los datos aportados por Pirenne hace más de setenta años, pero como bien parece que dicen en el libro al que te refieres, la tesis principal se sigue sosteniendo.

  23. Félix dice:

    buena la reseña. solo una cosa… flavio orestes no era huno, aunque tal vez descendiera de germanos. sea como fuere, nació como panonio-romano en panonia (hoy hungría). fue luego de la conquista huna de panonia que se unió a atila.

  24. michell alejandra dice:

    en ti brilla la sabiduria cuando eres humilde y estas siempre aprendiendo y desaprendiendo nunca me he encontrado con alguien tan ignorante de quien no pudiese aprender dijo galileo galiled el orgulloso aprende poco por que esta lleno de si mismo se cree superior a los demas el humilde nunca se jarta y reconoceque es ignorante…
    gracias
    y que aprendan mucho de mahoma

  25. HansHelm dice:

    Pues aunque han pasado dos años desde que fuera publicada esta reseña, yo pregunto a ver si alguien recoge el guante: ¿propone algún término Pirenne para referirse al período que va hasta el año 800? ¿Sería Pirenne un precedente de los que luego se apuntarían a la Tardoantigüedad larga? (esa que algunos llevan desde el siglo III al VIII).
    También, aunque es improbable que lo vea, gracias a Clodoveo por el comentario en el que hablaba de Bryan Ward-Perkins. Gracias a él voy a empezar a leerme lo que dice ese hombre del que antes desconocía su existencia.

  26. HansHelm dice:

    Por cierto, con su permiso los enlazo en mi lista de sugerencias.

    1. Javi_LR dice:

      Gracias, HansHelm.

      La cosa está paradilla por aquí. Los “medievalistas” hislibreños son los que más descansan en agosto, eso es algo conocido, pues las sábanas y las mantas “son para el invierno”. Pero seguro que alguien te recoje el guante tarde o temprano.

  27. HansHelm dice:

    Gracias, Javi_LR. En verdad soy un quejica y me puse antes el parche que la herida, Clodoveo ya ha tenido la amabilidad de responderme en mi blog. Un saludo.

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