LAS CONQUISTAS DE ALEJANDRO MAGNO – Waldemar Heckel

LAS CONQUISTAS DE ALEJANDRO MAGNO - Waldemar Heckel«Lo cierto es que a Alejandro lo movían factores muy distintos de la mera grandeza de espíritu. El rey macedonio no destacaba precisamente por el respeto que mostraba hacia sus adversarios nobles».

La cita hace referencia al episodio en el que Poro, rey de la India, vencido por Alejandro en la durísima batalla del río Hidaspes, es preguntado tras la derrota cómo quiere ser tratado. Poro responde «trátame como a un rey» y Alejandro le restituye su reino. Para el autor de este ensayo sobre el macedonio, ese gesto tiene poco de magnanimidad y mucho de interés, y es ese interés lo que salva al rey indio de recibir el habitual fin destinado a los que se oponían al ímpetu de Alejandro.

Sensaciones extrañas me ha provocado la lectura de este ensayo sobre Alejandro. No hace mucho se comentaba en Hislibris el estupendo libro de N. G. L. Hammond Alejandro Magno. Rey, general y estadista, en el que el análisis de las fuentes resulta fundamental para el estudio de la figura del rey macedonio. Se ha de hacer un esfuerzo por leer asépticamente los textos que sobre Alejandro nos han llegado: Arriano, Diodoro, Plutarco, etc., y se les ha de dar más o menos crédito en función de su fiabilidad (y esta depende, a su vez, de la credibilidad de las fuentes de las que bebieron: Tolomeo, Clitarco, las Efemérides Reales, Aristobulo…); el Alejandro que resulte de ello será el Alejandro en el que deberemos creer. No me resisto a reproducir el párrafo de Heckel que ya apareció en la citada reseña:

«La buena crítica de las fuentes constituye, pues, una labor detectivesca. Se recopilan las pruebas relatadas y, luego, se procede a valorar la credibilidad del testigo. Todo lo que pueda determinarse sobre la fuente (vida, origen social y político, sesgos y tendencias, etc.) puede ayudar a calibrar si el testigo en cuestión está explicando la verdad o la está tergiversando. Por otra parte, tampoco hay que olvidar la pregunta obvia sobre si quien nos proporciona la narración es un testigo presencial o se trata de alguien que la obtuvo de segunda (o incluso tercera) mano, o si su relato se ha podido ver sometido a algún tipo de censura. ¿El autor original era libre de decir la verdad? ¿Recibió presiones para callar ciertas cosas o, incluso, para mentir? A estas consideraciones hay que añadir el hecho de que, dado que la información no procede directamente del testigo (ni por testimonio oral ni por haber sido escrita de su propio puño y letra), existe el riesgo de que se hayan producido errores en el proceso de transmisión, especialmente cuando dicho proceso abarca siglos y milenios. ¿Qué error es textual (es decir, debido a la transmisión escrita) y cuál es atribuible al propio autor? A veces, los comentarios aclaratorios (glosas) que se habían anotado inicialmente en los márgenes de los manuscritos acaban incorporados al texto principal por la intervención de un copista posterior, quien tal vez creyera que aquella nota al margen representaba una parte del texto original que había sido omitida por accidente. Otras veces, el editor de turno creyó simplemente que sabía más que el autor y cambió lo que consideraba que era un error, con lo que vino a arrojar más confusión sobre los detalles iniciales. Llegado el momento, el buen detective compara las versiones de diversos testigos (si tal cosa es posible). De todos modos, al final, el crítico de fuentes (si de verdad se propone escribir historia) debe presentar las pruebas ante el tribunal de la opinión académica, con lo que se transforma en un abogado que intenta exponer los datos (y su argumento) de la forma más convincente posible. Puede que se trate de un enfoque anticuado, no lo vamos a negar, pero en modo alguno desdeñable.»

Para Hammond, del análisis de las fuentes resulta un Alejandro cercano a lo que, grosso modo y sin entrar en más precisiones, podríamos llamar «buena persona» (aunque estamos hablando de un hombre de estado y un soldado, conviene no olvidarlo). Sabio administrador de la benevolencia y la dureza cuando convienen la una o la otra, respetuoso con las costumbres de los pueblos conquistados, admirador de sus contrincantes cuando estos muestran valentía o nobleza, preocupado siempre por sus hombres… Sus aspiraciones se encaminan a crear una comunidad humana entre Oriente y Occidente (bajo su tutela como rey, eso sí) y todas sus decisiones son lógicas y entendibles desde ese punto de vista.

El libro que ahora comento de Waldemar Heckel se sitúa a gran distancia de esta visión del rey macedonio. Heckel es profesor de Historia Antigua en la Universidad de Calgary y un auténtico especialista en la época alejandrina, sobre todo en sus aspectos militares. Ha publicado varias cosas en Osprey, editorial dedicada casi exclusivamente a temas bélicos: The Wars of Alexander the Great, Macedonian Warrior: Alexander’s Elite Infantryman o The greeks at war. Otras obras suyas centradas en la época de Alejandro Magno son Who’s who in the Age of Alexander the Great. Prosopography of Alexander’s Empire, The Marshals of Alexanders Empire o la que ahora comento,  Las conquistas de Alejandro Magno, traducida al castellano por la editorial Gredos. Este libro transpira un profundo conocimiento del mundo de Alejandro y, sobre todo, de sus campañas militares, en las que se centra en exclusividad una vez que en las primeras páginas ha dejado sentadas las bases de lo que debe ser una investigación histórica rigurosa y apoyada en las fuentes. Con esas premisas Heckel recorre los pasos seguidos por Alejandro a partir de la muerte de Filipo y va analizando una por una las batallas y hechos bélicos que jalonan su vida: Queronea, Gránico, Issos, el sitio de Tiro, Gaugamela, sus movimientos por Persia, por Bactria, Sogdiana, la batalla del Hidaspes, el avance por Gedrosia… También se detiene, a veces con cierta minuciosidad, en los episodios habituales de la vida del macedonio: las conspiraciones para matar a Alejandro (Filotas, los pajes…), el asesinato de Clito, la muerte de Calístenes, el motín del Hífasis… El guión no puede ser otro, por supuesto. Con él como base Heckel va proyectando (o eso me ha parecido) una luz cada vez más oscura sobre la figura del rey macedonio.

Las excelentes descripciones de las 4 ó 5 batallas principales, acompañadas de gráficos con los movimientos de las tropas, no enaltecen de manera especial, ni tienen por qué, la habilidad militar de Alejandro, cosa que sí hacen otros autores, Hammond sin ir más lejos (quien, aun reconociendo la incompetencia y los numerosos errores tácticos de los persas, atribuye los éxitos macedonios a la genialidad de su rey). Sin embargo en los sucesos que denotan una actitud más, digamos, personal de Alejandro, más ejemplificadora de su carácter, el tono de asepsia no se mantiene tan bien. Incidentes como el incendio de Persépolis, la destrucción de Tebas o las masacres de algunas tribus en las regiones más orientales de Asia son, según la valoración de Heckel, atribuibles a la ausencia de escrúpulos de Alejandro. La mutilación de nariz y orejas llevada a cabo sobre Beso, asesino del rey Darío, cuando fue apresado por Alejandro, son para Heckel las acostumbradas en tales situaciones pero también un acto de salvajismo por parte del macedonio. El asesinato de Clito, la puesta en práctica de la proskinesis, el favoritismo hacia el mediocre Hefestión, son analizados desde la misma óptica. La conducta «tramposa» de Alejandro durante el motín del Hífasis, el irreflexivo decreto de amnistía a los exiliados griegos, su desconfianza sobre Antípatro, son sucesos evaluados con ese mismo rasero. Es por tanto el de Heckel un estudio desmitificador del rey Alejandro, pero tan rayano en la crítica negativa como el de Hammond en la hagiografía, sin ser ninguno de ellos ni lo uno ni lo otro.

Se trata de un ensayo relativamente corto, apenas 200 páginas, que se acompaña de unos magníficos apéndices, interesantísimos para quien guste de conocer cifras y nombres concretos. El primero consiste en una minuciosa relación de los oficiales del ejército de Alejandro (sin duda un extracto del libro citado antes, The Marshals of Alexander’s Empire), desde los comandantes en jefe hasta los timoneles de los barcos. El segundo apéndice lleva a cabo un recuento de las tropas del ejército de Alejandro en las batallas y los momentos cruciales de su periplo asiático. El tercero enumera las satrapías del imperio y los sátrapas que gobernaron en cada una de ellas a partir de la llegada de Alejandro. Se trata de tres apéndices utilísimos para la consulta rápida de esos datos.

El libro finaliza con un glosario de términos griegos (en el que se cuela un Verschmelzungpolitik que de griego tiene poco) y las habituales notas a los capítulos, especialmente indigeribles por hallarse encadenadas unas a otras a modo de párrafos seguidos. La bibliografía final es extensa, como cabe esperar en un autor del nivel de Heckel.

La obra de Heckel es de altura sin ninguna duda, y ha de resultar por fuerza interesante para todos los filoalejandrinos. Apartándose de un enfoque blando de los hechos del macedonio y rozando la frontera, en mi opinión, de la valoración sesgada de los mismos, es pese a todo un ensayo que hay que leer.

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40 comentarios en “LAS CONQUISTAS DE ALEJANDRO MAGNO – Waldemar Heckel

  1. Hindenburg dice:

    Un libro revisionista, en suma. Supongo que los alejandrinos ortodoxos declararan a Heckel persona non grata.

  2. Koenig dice:

    Jesús Cavilius, si que has tardado en aclarar los “peros” que ibas metiendo en los primeros párrafos. Maldito.

    Por lo demás obras desmitificadoras siempre son tan interesantes como las contrarias, siempre y cuando los argumentos se expongan con honradez.

    Un saludo.

  3. Farsalia dice:

    Gran (pequeño) libro y no menos exhaustiva reseña. Gran libro justamente por una convincente y contrastada desmitificación del personaje (con un adecuado tratamiento de fuentes). Libro corto que se lee en apenas una tarde y del que hay que leer, en la medida de lo posible, las notas, situadas todas juntitas al final del libro (malditos anglosajones…).

  4. Valeria dice:

    ¿Por qué roza la frontera de la valoración sesgada? ¿Porque busca la oscuridad cuando otros buscan la luz? No se si te he entendido correctamente, Cavi, pero parece desprenderse de lo que dices al final que roza la frontera de la valoración sesgada porque sus conclusiones son poco favorables a Alejandro. ¿O es por otras razones? Entiendo que el juicio o la valoración sesgada puede inclinarse tanto hacia lo positivo como hacia lo negativo; cada especialista interpreta o valora unos hechos a la luz de unas fuentes de solvencia, y como dice Koenig, lo esencial es que el “mitificador” o el “desmitificador” argumenten honradamente y de manera razonada.

  5. Javi_LR dice:

    Yo no veo esa explicación por parte de Cavi, Valeria. Yo lo que leo es que le ha parecido rayano a lo sesgado, por un lado, e inclinado a lo negativo, por otro; al igual que Hammond le parece lo mismo, solo que sustituyendo lo negativo por la hagiografía. Y es cierto que lo que he leído de este autor fuerza en exceso tanto las fuentes (que sigue con gusto cuando le interesan y cuando no, pasa de ellas) como los hechos, tendiendo siempre a dibujar un personaje que ya tenía previamente en mente, no al propio Alejandro Magno.

    Además, el texto que transcribe Cavi debería de ser más que ilustrativo. Es un principio de intenciones más próximo a un tratado retórico que histórico.

  6. Javi_LR dice:

    Ah, por cierto: a mí me pareció, evidentemente, poco honrado pero aparentemente muy razonado.

    1. Javi_LR dice:

      Perdón: cuando dije que “pasa de las fuentes” el que me pasé fui yo. Lo que hace es “investigarlas” en demasía, siempre con un sentido crítico negativo que es difícilmente explicable, a no ser que se parta desde un punto de partida, a mi juicio, poco aconsejable.

  7. cavilius dice:

    Buenas.

    Que Heckel hace una valoración negativa de la figura de Alejandro es obvio para cualquiera que lea el libro, se sea proalejandrino, antialejandrino o yamiquémásmeda-alejandrino. Que raye en lo sesgado, es decir, en lo tendencioso, no sé ya si en lo poco honesto (sí creo que el autor ha sido todo lo honesto que ha podido, pero la honestidad combinada con lo sesgado casan muy mal) pero sí en lo subjetivo, en fin: que el texto refleje opiniones del autor camufladas como investigaciones de fuentes (que las hay indudablemente) es una valoración que yo hago ante los reiterados párrafos semejantes al que abre la reseña, como es el caso de este otro:

    Los detalles exactos de la muerte e Beso son objeto de controversia. Es posible que fuera crucificado, o desmembrado atando sus extremidades a dos árboles doblados en tensión y luego liberados súbitamente, o (lo que es más probable) mutilado antes de ser enviado a Ecbatana para su ajusticiamiento definitivo, dado que era costumbre cortar las orejas y la nariz a los rebeldes. En cualquier caso, el salvajismo de aquellos dos actos del verano del 329 causaron una honda impresión en los cabecillas de Bactria y Sogdiana.

    (Las negritas son mías).
    En este párrafo Heckel enumera las diferentes versiones sobre el castigo infligido al rebelde Beso pero no cita las fuentes (aunque dice cuál es la versión más probable). La más fiable según todos los estudiosos, Arriano, habla de las mutilaciones de nariz y orejas y hace un juicio de valor, desaprobando esos actos por ser propios de bárbaros (Arriano, IV 7.3-4). El novelesco Curcio Rufo cita esas mismas mutilaciones y también que fue “clavado en una cruz” y “asaeteado por los bárbaros” (Rufo, VII 5.40), para más adelante decir que Beso fue llevado a Ecbatana “a fin de que respondiera con su cabeza del asesinato de Darío” (Rufo, VII 10.10). Lo del desmembramiento mediante el sistema de doblar y luego liberar dos árboles lo menciona Plutarco, quien se basó sin duda en Clitarco, autor griego nada favorable a Alejandro. El caso es que Heckel resume su análisis de lo sucedido en la palabra “salvajismo”, y aquí es donde yo creo que es sesgado y tendencioso, pero no por ser negativo sino por hacer una valoración superficial y moderna de un suceso antiguo. Cierto que a Arriano también le parecen mal las mutilaciones, pero no por salvajes sino por ser propias de bárbaros. Por poner un peso en el otro lado de la balanza, he aquí lo que dice Hammond al respecto:

    Para Arriano, como para nosotros, el trato dado a Beso era “bárbaro”. Para los contemporáneos no era de ningún modo excepcional, puesto que la flagelación era un castigo macedonio y griego para los criminales y la amputación de nariz y orejas lo era persa. El procedimiento tiene un interés particular. Al actuar como fiscal ante los persas, Alejandro aparecía como protector de los intereses de Darío. Al remitir el asunto al tribunal de Ecbatana siguió su práctica habitual de permitir a los nativos juzgar a sus propios criminales, y al actuar así reconocía la autoridad de una institución indígena que, evidentemente, tenía -y puede haber tenido también en el pasado- una jurisdicción regular dentro de un sistema de gobierno local autónomo. Si hubiese sido el gran rey de Persia, habría ejecutado a cualquier pretendiente al trono sin juicio previo, porque la palabra del gran rey era la ley. Pero Alejandro estaba introduciendo formas macedonias en la vida cotidiana de Media y Persia, tal y como indica Plutarco, aunque sin relación con este caso.
    Alejandro Magno. Rey, general y estadista.

    No hay color entre el análisis de Heckel y el de Hammond, independientemente de que uno sea negativo y otro neutro o positivo. Heckel raya lo tendencioso, creo yo, al no analizar con detalle el suceso y quedarse en la superficie, en el “salvajismo”.

  8. cavilius dice:

    Vaya, se me han ido las negritas en la cita de Heckel: sólo deberían estar sobre la palabra “salvajismo”. Ejem.

  9. Akawi dice:

    Esto….. ummm… Me encantan las reseñan que empiezan con esta diversidad de cuestiones, te alegran la vida.

    Pienso que al escribir un libro de personajes tan impactantes como Alejandro, el autor debería ceñirse a las investigaciones, siendo objetivo con lo bueno y lo malo del personaje en cuestión, sin poner de su parte su propio criterio.

  10. Clodoveo11 dice:

    Pues si los desmembramientos y mutilaciones eran algo tan cotidianamente aceptado por los contemporáneos no sé a qué causaron una “honda impresión en los cabecillas de Bactria y Sogdiana”. Lo cierto es que eran cosas que se hacían para amedrentar y someter por el terror (escarmiento) a los súbditos, y éstos respondían al estímulo. Luego eran terroríficos entonces y ahora, y fuera de lo cotidiano entonces y ahora. Y tanto entonces como ahora no hacían ni pizca de gracia al que lo sufría: prueba de ello es que en cuanto se progresó culturalmente fueron eliminándose.

    Con Alejandro (y tantos otros conquistadores) siempre ha habido una fascinación general ante sus tempranas gestas que ha hecho obviar su faceta humana; al final, siempre se ejerce el subjetivismo, tanto por nuestra parte al interpretar las fuentes como por parte de las mismas fuentes, que son igualmente opinativas, tendenciosas y parciales, como escritas por humanos que son.

    Saludos

  11. Josep dice:

    Pues mira, otro más a la columna de “pendientes”, tanto por la óptica como por la reseña.

  12. cavilius dice:

    Lo de la honda impresión es algo que también induce Heckel de las fuentes, no que haya encontrado directamente en ellas (vaya, no las tengo ahora a mano pero ya lo miraré si fuera o fuese menester). Claro que son actos terroríficos per se, independientemente de que los ejecutara Alejandro Magno o mi vecino del quinto que está un poco p’allá, pero lo de la cotidianeidad “entonces y ahora” no logro verlo, Clodoveo11. No creo que el caso sea comparable a la brutalidad de algunas leyes puntuales en ciertos países contemporáneos, leyes y brutalidad reprobadas por el resto del mundo. Hace 2300 años los castigos físicos impuestos por la ley eran la norma, hoy en día son excepcionales.

    Sobre tu segundo párrafo, completamente de acuerdo.

  13. Clodoveo11 dice:

    Quizá no me he explicado bien: con “cotidianeidad” me refería a que al catalogarlo Heckel como “salvaje” no reacciona de manera distinta a como lo hacían nuestros ancestros, osea, como algo horrible y fuera de lo común. Por eso a mí me parece que cuando cataloga a Alejandro como salvaje expresa un sentimiento intemporal y humano, por muy al uso de la época que fuese. Sobre si causó o no honda impresión… tales actos se realizan de cara a la galería y no por casualidad. Si el quid era eliminarlos sin más con un cogotón bien dado bastaba, supongo; el ensañamiento supone ya teatralidad, exhibicionismo, ganas de transmitir un mensaje determinado. O el ser un h.. de p…, cosa tanbién desgraciadamente intemporal.

    A mí, en cualquier caso y coincidiendo con Josep, me parece interesante el libro y su enfoque.

  14. Antígono el Tuerto dice:

    Primero, gran reseña cavilius; últimamente estan apareciendo muchos libros sobre Alejandro en las librerías, y viene bien de vez en cuando un libro revisionista, o crítico con el gran macedonio…no todo van a ser alabanzas.
    Respecto a Clodoveo; tiene razón, la fascinación por Alejandro no nos debe hacer olvidar que el macedonio era un conquistador similar a Atila o Gengis Kan, un hombre que devastó reinos e imperios y causó la muerte a miles de personas.
    Pero también hay que tener en cuenta que estos sujetos fueron educados en un entorno aristocrático y guerrero que exaltaba dichas virtudes.
    Respecto al castigo a Beso, cierto que era un castigo muy típico reservado para aquellos que atentaban contra la figura del Gran Rey, pero también es cierto que Beso era miembro de la familia aqueménida, y se había proclamado Gran Rey, su muerte era necesaria a Alejandro para eliminar a un pretendiente al trono persa con más legitimidad que él.

  15. Urogallo dice:

    Que escritor más cruel, destruyendo el que yo tenía por el mejor rasgo de caballeroso respeto hacia el enemigo que tuvo Alejandro. Me seducía ese momento en el que Alejandro renuncia al fruto de una batalla duramente combatida para trocarlo en hermoso gesto destinado a la eternidad.

    Pero, por ensombrecer también mi planteamiento, si lo hizo por caballerosidad, fue un monstruo, ya que lo caballeroso habría sido no invadir las tierras de Poros. Y si lo hizo por interés práctico, no puede usarse como ejemplo de esa grandeza espiritual y personal del macedonio.

    Si es un escritor de Osprey, ergo, especialista en temas militares, no es de extrañar que su punto de vista sea algo negativo, puesto que como decía Pérez-Reverte de su, no obstante, admirado Napoleón: “Cada frase gloriosa del emperador le costaba a Francia sobre 10.000 muertos”.

  16. Antígono el Tuerto dice:

    Pues Napoleón debió tener una madre como la mía, que decía: “calladito estas mejor” ;-)

  17. cavilius dice:

    Hombre, no sé yo si Alejandro era un conquistador similar a Atila o Gengis Kan…

  18. Urogallo dice:

    Siga con el razonamiento.

  19. cavilius dice:

    Vale. Sigue con una pregunta: ¿similar en qué sentido?

  20. Antígono el Tuerto dice:

    Similar en cuanto a que los tres mencionados destruyeron unos imperios establecidos, y marcaron un nuevo rumbo en la Historia; entre Gengis y Alejandro hay relación pues ambos tras su conquista rápida de un gran territorio fueron sucedidos por reinos sucesores (los helenísticos y los mongoles) que marcaron la Historia de esas tierras.
    El caso de Atila no es pertinente ya que no logró su objetivo de sentarse en el trono imperial (aunque sus actos precipitaron la caída del Imperio Romano Occidental), ni dejó ningún legado, pero Gengis sí.
    Por ello tanto Alejandro como Gengis son comparables, de hecho yo los considero los mayores conquistadores de la Historia…Napoleón estaría a un nivel más bajo.

  21. cavilius dice:

    Vale, en ese sentido aceptamos pulpo como animal de compañía.

  22. Vorimir dice:

    Un ensayo breve y desmitificador siempre es interesante aunque hay que tener cuidado con el enfoque del autor. Ni me gustan las hagiografías ni las demonizaciones. En leer muchos y contrastar quizás esté la clave en acercarnos a las grandes figuras y su época. Gran reseña Cavilius.

  23. Urogallo dice:

    Para mi Napoleón está a un nivel muy superior ( Igual que César) Ya que no lograron sus victorias contra imperios caducos que estaban hartos de “recibir” por parte de ejército parecidos. Napoleón derrota a Prusia, el gran azote de Francia, y logra victorias tan decisivas como no se recordaban en Europa desde hacia siglos ( Si es que alguna vez)

    Pero aparte de superlativa capacidad ( Que podemos estudiar mejor gracias a la abundancia de documentación) Napoleón también tiene que construir su poder ( Cosa que no hace Alejandro) y mantenerlo ( No tenía un vinculo de fidelidad tribal/racial con sus hombres)

  24. Antígono el Tuerto dice:

    ¿César superior a Alejandro y a Gengis?; lo dudo mucho; estratégicamente era muy inferior a ambos…y sus campañas no eran ni de lejos tan espectaculares.
    Respecto a Napoleón, al ser derrotado al final de sus campañas no puede estar al nivel de Alejandro y Gengis…que jamás fueron derrotados en el campo de batalla.

  25. APV dice:

    Urogallo, ¿estaban realmente caducos los imperios que barrieron los mongoles?
    La Prusia a la que se enfrenta Napoleón no es la de Federico, su ejército está haciéndose obsoleto, su dirección es defectuosa (el caos al inicio de la campaña de 1806 fue un ejemplo).

  26. Antígono el Tuerto dice:

    Supongo que por imperios caducos se referirá al persa (por Alejandro) y al romano (por Atila)…digo yo que irán por ahí los tiros. Opino.

  27. Urogallo dice:

    Antígono, ¿Había algún planteamiento estratégico real en “conquisto todo lo que puedo en línea recta”? Un prodigio del pensamiento militar que seguro que se sigue estudiando en toda academia militar que se precie.

    Genjis es un tema a debatir con más profundidad, pero la Prusia a la que Napoleón se enfrenta sigue siéndo el mismo ejército, esencialmente, que había batido a los franceses durante el siglo anterior. Más que errores en el mando, Prusia se enfrentó a una evaluación demasiado optimista de su potencial, gracias en no pequeña parte a la maestría con la que Napoleón conseguía parecer mucho más débil de lo que en realidad era.

  28. cavilius dice:

    Hombrehombre, si lo de la línea recta lo dices por Alejandro, su conquista no fue precisamente muy en línea recta que digamos. Y precisamente por ahí es por donde le llueven muchas veces las tortas al macedonio, y llueven también las teorías sobre por qué después de Issos se fue para Egipto en lugar de seguir profundizando en Persia, o por qué tras la muerte de Darío se empecinó en ir tras Beso en lugar de afianzar lo ya conseguido, o por qué tras el motín del Hífasis se empeñó en volver a Babilonia por una ruta en nada similar a la que había seguido en la ida. Yo creo que conquistar debe de ser como repartir mandobles, que los das a diestro y siniestro sin fijarte muy bien dónde apuntas mientras te cargues a los que te rodean. Es verdad que esa estrategia es más plana que el mundo en que creía Alejandro, pero efectiva si te salen bien los mandobles y si tienes el toque de genialidad necesario. En todo caso, yo creo que las virtudes de Alejandro brillan en otros aspectos diferentes a si hizo una conquista más a lo loco o menos a lo loco.

    Sobre Gengis y Napoleón, escojo la opción c) No sabe / no contesta.

  29. Urogallo dice:

    Me refería más a Genjis. En el caso de Alejandro, como ya comentas, la estrategia fué todavía mucho más limitada o mucho más compleja, pero en ningún caso llegó a la genialidad.

    Se asume que Alejandro siguió hasta Egipto los planes de su padre. Encajan en la lógica de los objetivos “limitados” y potencialmente muy rentables de Filipo II, de privar a los persas de sus mejores provincias, provincias aún todavía no asimiladas, y que acogerían bien a un “libertador”.

    En ese momento, posiblemente Alejandro se diese cuenta de que ya había hecho casi todo el trabajo, y considerase que era el momento de recoger los frutos. Esta sería su aportación, una nueva campaña de objetivos “ilimitados”.

    Estoy bastante de acuerdo con esta evaluación de Alejandro, cuyos objetivos originales habrían sido reconstruidos por sus biografos, ya que los planteamientos primitivos del “estado mayor” de Filipo II no estarían disponibles directamente.

  30. Koenig dice:

    Buenos días.

    Añadir a lo dicho por Urogallo que con la conquista de Egipto, Alejandro despejaba el frente naval, privando a los persas de la posibilidad de emplear flotas bien para bloquear sus comunicaciones con Macedonia, bien para golpear su retaguardia en Grecia o en Asia Menor.
    Ciertamente ambas opciones podían ser contrarrestadas por la flota Macedonica, pero no la comandaba el, y la permanencia en retaguardia de un fuerte contingente militar, en aquella época, podía convertirse facilmente en un “problema”.
    En resumen. Con el eje norte-sur controlado, podía dedicarse cómodamente al eje oeste-este.

    Opino.

  31. cavilius dice:

    Sí, asegurándose la costa mediterránea, y sobre todo su retaguardia, podía adentrarse en tierras persas con relativa confianza. Por otra parte no le quedaba más remedio que hacer eso habida cuenta de que decidió disolver su propia flota apenas tomó Mileto, a falta todavía de asaltos costeros tan importantes como Halicarnaso o Tiro, y a falta sobre todo de derrotar a su oponente más duro en todo el imperio persa, Memnón de Rodas. Quizá si hubiera sospechado que el rodio podía aún darle guerra no se habría desecho Alejandro tan rápido de su flota, pero incluso en ese duelo la suerte estuvo de su lado (suponemos, que de conspiraciones para matar a Memnón también se ha escrito todo lo escribible).

  32. cavilius dice:

    Ejem, conste que sin querer me he deshecho de la hache del desecho…

  33. UNANUEVA dice:

    Hola, acabo practicamente de aterrizar no hace mucho en el mundo de Alejandro Magno y sus “alrrededores”, ya he leido bastante (no he visto, ni quiero, ninguna peli al respecto, grácias) mi problema es el siguiente, ya no encuentro nada en castellano que no haya leido y me gustaria leer algo de historiadores alemanes, ingleses, franceses incluso algun italiano, que han escrito al respecto, pero no encuentro nada en castellano, y ahí vá mi “¡¡socorroooo!!” alguno de vosotros conoce alguna libreria, pagina web, no se… lo que sea que me lleve a esos historiadores, si alguno de vosotros me pudiera poner en el camino os lo agradeceria, muchas gracias y saludos.
    OLvide marcar el envio por e-mail, lo marco ahora.

  34. cavilius dice:

    Hola, UNANUEVA.
    Hay autores alemanes (Heckel mismo), ingleses (Paul Cartledge, Robin Lane Fox, N. G. L. Hammond), franceses (Claude Mossé), italianos (Roger Caratini), y hasta australianos (A. B. Bosworth) que están traducidos al castellano. De hecho hay incluso autores españoles (Pedro Barceló, Gómez Espelosín, Guzmán Guerra, Domínguez Monedero) que han escrito mucho y bien sobre Alejandro Magno. Solo es cuestión de entrar en alguna librería con sección de libros de historia y buscar qué tienen. O investigar por internet, claro.

  35. Antígono el Tuerto dice:

    El de Pedro Barceló lo leí en su día y coincido (con cavilius) en que es muy bueno. No he leído el de Lane Fox pero en sus entrevistas parece un groupie de Alejandro.

  36. Farsalia dice:

    Un buen libro el de Lane Fox, sobre todo en el análisis de fuentes. Y el de Domínguez Monedero es una buena síntesis general.

    No hay nada como buscar por Amazon o Iberlibro, por otro lado.

  37. Clodoveo11 dice:

    Espero esta tarde terminar el libro (me faltan los 2 capítulos finales) y en el foro haré un comentario al mismo, pero adelanto aquí que disiento de la opinión negativa que Heckel parezca traslucir. Lo que hace el autor es poner la operación de propaganda desplegada por el propio Alejandro y sus incensarios posteriores en su justo término: su actuación fue pragmática e interesada, cosa que hace años se reconoce como tal (es decir, no es cosa nueva), y sobre la misma hace unos juicios de valor que ya en un comentario más arriba calificaba de intemporales. Que una acción se ajuste a los códigos de una época no es óbice para que en perspectiva atemporal no deba calificarse de cierto modo, cosa que ratifica el efecto que produjo entonces y ahora; ese es el sentido de las opiniones de Heckel en el libro, y así es como, p.ej, las de Arriano resultan hipócritas, pareciéndole bárbaro lo que en los legionarios le pareciese lógico. Creo que estamos demasiado acostumbrados a la herencia áulica de los relatos alejandrinos (independientemente de la magnitud de sus hazañas, que comparto) y a tender subliminalmente a anatemizar cualquier luz desfavorable al mismo. Repito, no veo que Heckel sea particularmente hostil a Alejandro: la marcha por Gadrosía le parece lógica e inevitable logísticamente hablando, la muerte de Clito la enmarca en las tensiones propias de la dinámica bélica (en eso Cartledge, p.ej, es más conspiranoico) o desestima su posible participación en la muerte de Filipo II, entre otros asuntos.

    En resumen, Heckel contempla con asepsia las actuaciones de Alejandro pero no deja de señalar lo que le parecen barbaridades ayer, hoy y siempre, y creo que huye de las caracterizaciones tanto positivas como negativas (como autores que lo asimilan a Hitler o Stalin) que abundan al tratar su biografía.

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