LA LEYENDA DE HARRY STANLEY – John Bierman

LA LEYENDA DE HARRY STANLEY - John BiermanJohn David Bierman (Londres, 1929- Chipre, 2006) periodista y escritor de origen judío ucraniano, nació en Londres. Tras la guerra, hizo su servicio militar con la Marina, tras lo cual se inició como reportero en un periódico local. A mediados de los años 50 se trasladó al Canadá, donde pasó cuatro años trabajando para la prensa canadiense, y volvió a Londres. Pasó del Mirror al Daily Express. En 1960 dejó el Express para editar en Nairobi un nuevo diario en inglés, The Nation, periódico que manifestó su apoyo a las comunidades africanas y asiáticas. En 1967 se unió al Noticiero de la BBC Televisión, cubriendo desde Israel la Guerra de los Seis Días; la Biafra sitiada, y la guerra de Pakistán contra la India. En mayo de 1972, estuvo en Londonderry la jornada sangrienta (Bloody Sunday), y fue corresponsal durante año y medio de la BBC en Teherán. Año y medio después, cuando lo expulsaron, se trasladó a Estambul y en el verano del 74 se ocupó de la invasión turca a Chipre. En 1991 volvió a la isla para establecerse allí. En 2004 se publicó su último libro, una biografía de Laszlo Almasy, que fue la persona real que dio base a la novela El Paciente Inglés. Falleció en Paphos, Chipre, en enero de 2006, a la edad de 76 años.

La mirada de Bierman sobre Stanley es bastante objetiva, ya que si bien no consigue simpatizar con él, sí que lo trata mostrando tanto el lado oscuro y conflictivo de su carácter y acciones como reconociendo su valía real y sus logros, que los tuvo, y muy grandes. Bierman escribe como periodista, su estilo se atiene a los hechos, sin filigrana, simplemente nos habla de lo que pudo haber ocurrido, de lo que ocurrió y de lo que Stanley dijo que ocurrió. Que no siempre coincidía.

La vida de Henry Morton Stanley (1841-1904) es apasionante. Empezando por sus orígenes, que durante toda su existencia trató de ocultar, Stanley no se llamaba Stanley, sino John Rowlands, y no era norteamericano, como comúnmente se le conoce, sino británico, galés para más señas. Sólo se nacionalizó norteamericano en 1885. Tampoco su ascendencia era patricia, sino plebeya, absolutamente plebeya: era el bastardo de una criada. El problema es que la madre de Stanley repudiaba a sus hijos, y más al primogénito, que había tenido a sus diecinueve años, con lo que la infancia de Stanley fue dickensiana: pasó sus años más tiernos en un asilo de niños huérfanos o no deseados, donde sufrió, cuando menos maltrato y carencia absoluta de cariño y comprensión. Y probablemente otra clase de sufrimientos, bastante habituales en esas instituciones. El rencor y el resentimiento de Stanley contra esa sociedad que le había condenado de ese modo le acompañaron toda su vida. Y forjaron en él un carácter hosco, una capacidad ilimitada de mentir, una desconfianza terrible hacia el género humano, lo que le llevaba a preferir la dura vida de la selva a la vorágine de la civilización.

Precisamente la constatación de su afición a faltar a la verdad, aunque la comprendamos, lleva a Bierman a dudar de muchas de sus afirmaciones, sobre todo aquellas que atañen a su infancia y juventud. Porque el joven Rowlands/Stanley mentía compulsivamente. Y en sus memorias, cartas y escritos siguió haciéndolo. Así que el biógrafo se ha visto obligado a buscar constantemente otras fuentes que confirmen o aporten otra luz más fiable sobre sus datos. Curiosamente, otras personas que le trataron en su juventud, también deformaron la verdad con vistas a sacar un beneficio económico, de un Stanley rico y famoso.

Nuestro joven se escapó en cuanto pudo de Inglaterra, viendo que no podía contar para nada con su «familia» y que su futuro se presentaba con negros nubarrones, y se presentó en la tierra de la libertad: Norteamérica. Recorrió, haciéndose pasar por norteamericano, una gran parte del país, desde Nueva York a Nueva Orleans, de allí al oeste y tierras de indios, y al parecer fue por estas tierras donde decidió cambiar su nombre, al mismo tiempo que se guardaba bajo llave su acento galés y adoptaba el americano. En principio, sólo se llamó Henry Stanley y, más adelante, después de sus campañas africanas, quizás para darle un tono más aristocrático, buscó un nombre intermedio, que finalmente fue Morton.

A lo largo de sus dos primeras décadas de vida, Stanley vagó por Norteamérica y por Europa, incluso llegando a Turquía, protagonizando siempre sucesos conflictivos y acompañado por otros jóvenes problemáticos. Comenzó con el periodismo en EEUU, con el Herald, y de la mano del periódico fue desplazándose de un sitio a otro (llegó a conocer a Wild Bill Hickock, antes de que fuera tiroteado en el saloon de Deadwood), desde el oeste americano y las luchas contra los indios, a los levantamientos españoles de la Primera República, y su primer contacto con África fue acompañando a la expedición punitiva británica contra el emperador Theodore de Abisinia.

Finalmente dio con el reportaje (y la frase) de su vida: la expedición en búsqueda del doctor Livingstone, perdido en el centro de África por esa época. La expedición, promovida y financiada por su periódico, el Herald, le proporcionó la fama mundial, aunque también una serie de penalidades y enfermedades que quedaron instaladas en su cuerpo para siempre.

A partir de este momento, África permaneció en su corazón y a pesar de las calamidades y los sufrimientos, nada más regresar a Europa, ya estaba deseando volver. En la alta sociedad europea y en la Real Sociedad Geográfica, al principio se le recibió mal, tuvo muchas y feroces críticas, no se creyeron sus informes, y se le despreció, en parte por ser un «donnadie», pero tras la segunda campaña fue recibido como un exitoso explorador. Pero Stanley se sentía intimidado y de hecho, tratado a la vez como lo que él sabía que era: un bastardo, un plebeyo. En cuanto se exponía a las miradas de los aristócratas en las fiestas que se daban para que contara sus aventuras africanas, en las reuniones de la Sociedad Geográfica británica donde los especialistas le miraban con lupa, etc., Stanley se desinflaba. Por eso estaba deseando escapar y volver a la selva, donde su lucha era contra la naturaleza o contra las tribus salvajes, pero era una clase de lucha que él podía afrontar. Allí era Bula Matari, «El Destructor de Rocas», como le llamaban los indígenas por su uso de la dinamita. Sin embargo, el Destructor sucumbía ante el parpadeo de una dama en una cena en su honor.

Por cierto que sus relaciones con las damas eran francamente problemáticas. Su aspecto rudo y hosco las asustaba y sus modales, nada elegantes, acababan por marchitar cualquier relación. No cabe duda de que las deseaba, pero también es posible que deseara en otras direcciones, ya que se rodeaba constantemente de criados muy jóvenes, blancos o indígenas, de los que aparentemente, no podía prescindir. En sus diarios y notas, nunca habló del tema. Y si finalmente se casó, (a la vuelta de su última y conflictiva expedición a África) con Lady Dorothy Tenant, fue porque ella le buscó y le convenció, y sus últimos años, pasados en su compañía, parecieron calmarle y proporcionarle la paz que necesitaba tras tantos años de agitación.

Su últimas expediciones, patrocinadas por el rey Leopoldo de Bélgica, quien tenía intereses personales en la creación y explotación comercial del Estado Libre del Congo, pero los disfrazaba bajo la bella imagen del humanitarismo, fueron terribles experiencias, en las que algunos sus colaboradores blancos murieron y los sobrevivientes contaron cosas como para aterrorizar al más fuerte. Bierman nos cuenta con pelos y señales todas sus expediciones, nos da datos numéricos y todo tipo de detalles escabrosos, no solo basándose en los informes de Stanley, sino en los de sus ayudantes y colaboradores, que a veces discrepaban.

Pasados unos años, tras la publicación de las notas de la expedición en ayuda de Emin Pashá, (amenazado por el Mahdi tras la muerte de Gordon en Jartum), expedición que resultó más necesitada de la ayuda de Pashá, en las que el escándalo por los luctuosos hechos, a su vuelta, llegó a tales niveles que el rey Leopoldo hubo de declinar su intervención y dejar el fuera el Estado Belga el que se hiciese cargo del Congo. Escenas de absoluta crueldad y locura, protagonizadas por los miembros británicos de la expedición, canibalismo, violencia de toda índole, hechos que la sociedad victoriana no podía creer ni digerir.

Casualmente hubo un testigo privilegiado de esta situación, que fue precisamente el, por entonces marino, capitán Joseph Conrad, que remontaba en misión comercial el río Congo hasta las cataratas Stanley, encontrándose horrorizado con las huellas y los restos de la columna del explorador, lo que le ocasionó una fortísima impresión, posteriormente reflejada en su obra: en el relato Una avanzadilla del progreso, y en la novela El corazón de las tinieblas. A la vuelta del viaje estuvo sumido en una profunda depresión, desalentado ante tamaña muestra del Mal que los humanos son capaces de sentir y aplicar.

Concretamente, se inspiró en el naturalista Jameson, miembro del equipo de retaguardia de Stanley, perturbado por el entorno de horror, para crear a su personaje Kurtz. Tanto Jameson como el mayor Barttelot, ambos miembros en la expedición, fueron macabros protagonistas de un drama que acabó con sus muertes, pero que tras los informes de testigos, proporcionó un gran malestar en el mundo civilizado, al que se le enseñaba el insospechado lado oscuro del alma humana.

Stanley murió a los 64 años, en Londres, a consecuencia de enfermedades contraídas en África, que le habían debilitado mucho en los últimos años de su vida. Estos años, con la compañía de su esposa, fueron dedicados a giras de conferencias por varios países, y a escribir varios libros con los resultados de sus investigaciones geográficas y la información recabada en sus viajes.

Ariodante
Javea, agosto 2009

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28 comentarios en “LA LEYENDA DE HARRY STANLEY – John Bierman

  1. Ascanio dice:

    Anda, qué reseña más mona, Ario.
    Y qué vida más interesante la de estos viajeros del XIX. ¡Eso sí que eran viajes arriesgados y no nuestro overbooking!
    Yo, ignorante de mí, sólo conocía de este hombre su famosa frase. Oye, Ario, ¿la dijo realmente o es apócrifa?

  2. Valeria dice:

    Ario, me encantan tus reseñas. Pero en esta necesito ayuda: ¿puedes ampliar lo de la expedición de Emin Pashá y la muerte de Gordon en Jartum? Ya sabes, la ignorancia, que es atrevida.

  3. ARIODANTE dice:

    La primera, en la frente: no me llegan los avisos de los comentarios. ¡Javiii!

    Ascanio: al parecer, sí que la dijo (la famosa frase), y se dolió durante años por haber sido tan estúpido como para no ocurrírsele otra mejor. Por lo visto hubo chanzas y cachondeo al por mayor.

    Valeria: la muerte de Gordon en Jartúm fue a manos de los seguidores del Mahdí , con el Mahdí (una especie de líder musulmán fundamentalista de la época) dirigiendo el cotarro. Pero nada que ver con Stanley. Ocurrió antes, o al menos, antes de que Stanley fuera al Congo.
    Peero: los seguidores del Mahdí al parecer hicieron de las suyas por la zona, y Emin Paschá, que también era un personaje de confuso origen, pero era representante diplomático europeo (ahora mismo no me acuerdo de qué país) se vió cercado y amenazado por las tropas del Mahdí. El problema es que todo es bastante confuso, al menos por el relato de Stanley, que cuando después de miles de sufrimientos consiguió llegar a donde estaba el Paschá, resulta que no habia ni rastro del Mahdí, el Paschá vivía a lo grande y no tenía ni la más mínima intención de ser rescatado, cosa que Stanley forzó, porque había ido a ello y no se iria sin Paschá. Y lo que ocurrió mientras tanto con el resto de su expedición fue inenarrable, al parecer. Apocalipse Now o algo similiar.
    Pero no sé si te he dicho lo que querías saber.

  4. Rodrigo dice:

    Formidable reseña, Ario. Y un curioso personaje este Stanley, del que no sabía más que Ascanio.

    Lo del Congo es como para poner los pelos de punta. Suerte que hubo el escritor de talento (Conrad, por supuesto) que supo plasmar el horror del episodio, aunque fuese de modo tangencial con respecto a los acontecimientos históricos y desde el punto de vista del hombre blanco (sí, pero captando su esencia por medio de una escalofriante inmersión en el corazón de las tinieblas).

    Me llama la atención sobre todo lo relativo a esta parte, justamente: la explotación del Congo. Tendré en cuenta el libro.

    Saludos.

  5. ARIODANTE dice:

    Y en el libro lo cuenta con todo detalle. Al menos algunos episodios de canibalismo y de otras torturas que a mi me pusieron de los nervios, todo sea dicho.

  6. Ariodante dice:

    Valeria: aqui tienes una explicación más larga sobre Emin Paschá:
    http://es.wikipedia.org/wiki/Emin_Pasha

  7. Valeria dice:

    Gracias, Ario, me has respondido perfectamente.

  8. Clío dice:

    Ario, que personaje tan interesante y como siempre impecable tu presentación, pero entre la marciana y tú me habeis picado la curiosidad: ¿que frase fue la que dijo? y si la dijo ¿porque se arrepintió de decirla?¡caray! ¡que me quedais con la intriga!

  9. Aretes dice:

    Me la sé, me la sé:

    Doctor Livingstone, supongo

  10. Valeria dice:

    En inglés, al pie del último dibujo, con el que finaliza la reseña.

  11. cavilius dice:

    Esto de poner imágenes en las reseñas es todo un hallazgo…

  12. Aretes dice:

    Imágenes, vídeos, enlaces…
    Imparable.

  13. Clío dice:

    Y yo buscando por toda la reseña la famosa frase y estaba en la imagen!
    gracias compañeros, pero ¿porque dice Ario, que se arrepintió de decirla?
    venga! opiniones!

  14. Ascanio dice:

    Pues supongo que imaginó pasar a la posteridad con otra frase algo más original, digo yo.

  15. Aretes dice:

    Es que entre tanto negro, suena un poco a chunga ¿no?

    A mí me parece un toque de fina ironía muy elegante.

  16. Clío dice:

    Si es como dice Ascanio, es posible que se arrepintiera, ahora si hacemos caso a Aretes, no tenía porque arrepentirse, a ver que dice la autora de la reseña…

  17. cavilius dice:

    Creo que es Ascanio la que tiene razón. De hecho, yo siempre que hablo pienso en la posteridad esa…

  18. ARIODANTE dice:

    La autora de la reseña, insiste en que no recibe los avisos de los comentarios en su correo.(¡¡¡¡¡Jaaaaaaviiiiii!!!!!)
    Aclarado este término, la frase en cuestión (“Dr Livingstone, I presume”) le acarreó la vergüenza de ser demasiado formal en plena jungla, pero por otra parte, a pesar de hacerse pasar por norteamericano, a Stanley le surgió la vena británica en el momento en que, nerviosito él, se encontró al único que podía ser Livingstone, por otra parte. Es como si Livinstone, a su vez, le hubiera contestado “I beg your pardon?” (=Perdón, ¿cómo dice?). Menos mal que el Doctor estuvo más cauto; además, como estaba ya acostumbrado a Africa, la vena británica se le había recalentado un pelín.
    Y sí, lo de introducir fotos en las reseñas me parece una idea estupenda. Las fotos son mías, quiero decir, que le mandé la reseña a Javi tal cual. Como veo que ha sido aceptada, apartir de ahora, las mías irán con imagen.

    1. Javi_LR dice:

      (¿No te estarán entrando en alguna carpetita de correo no deseado o similar?)

  19. ARIODANTE dice:

    Nooop! De hecho, acabo de recibir el tuyo.

  20. ARIODANTE dice:

    Creo que ya sé lo que ha pasado, Javi; antes (antes de esos arreglos informáticos que nos han tenido majaretas una temporadita) cuando alguien sacaba una reseña, los avisos comentarios venían automátcamente. En las reseñas ajenas, había que suscribirse. Y ahora, por lo que veo, hay que suscribirse incluso a las propias. Porque eso es lo que he hecho de diferente, entre tu respuesta y la mía.

  21. Valeria dice:

    Pues a mi me encanta: en medio de la selva, con lo porteadores negros, tras un viaje infernal, bwana para arriba y bwana para abajo, encuentra nada menos que en África a un personaje perdido, el único hombre blanco que debía estar en cientos de kilómetros, y comprime en esa sencilla expresión , como si se hubiesen encontrado en el Reform Club o en la Sociedad Geográfica, la flema de un educado caballero británico o, vaya usted a saber, la ironía por el trabajo que le dio encontrarlo. Julio Verne no le hubiera buscado una frase mejor.

  22. ARIODANTE dice:

    ¡Y a mi! Pero claro, la vemos fuera de contexto y precedida de toda una serie de interpretaciones.
    Lo curioso es que Stanley, que iba a por Livingstone como una especie de reto periodístico, luego cayó bajo su encanto (debía tener carisma, el tal Livingstone) y casi se olvidó de por qué habia ido alli, y se fueron juntos -en cuanto las fiebres les daban un respiro- a explorar el lago Tanganika, a cazar, y a pasárselo en grande, tanto que a Stanley le costó decidirse a volver. Y Livingstone, por supuesto, no quiso volver de ningún modo.

  23. juanrio dice:

    Lo que conozco, fundamentalmente, del personaje es por lo que cuenta Adam Hochschild en su libro La locura del Rey Leopoldo, y en el lo describe como un azote para el Congo. Pero da la impresión, leyendo tu reseña, Ariodante, que el personaje tiene más matices, aunque relacionados con la crueldad y la ausencia absoluta de prejuicios en cuanto al uso de la violencia y la crueldad. Me acabas de dar otro disgusto, Ario, otro libro más que me interesa…

  24. ARIODANTE dice:

    ¿Otro disgusto? Cielos, Juanri, lejos de mi esa idea! De todas formas este libro es de libreria de viejo, no lo encontrarás fácilmente, y si lo encuentras, te costará dos o tres eurillos, que es lo que me costó a mi. Yo lo conseguí en París-Valencia. Pero iguañ en el Desván lo encuentras, ahi en Madrid.
    En realidad, el personaje del Leopoldo aqui se toca bastante de refilón. Pero la idea es que pasaba por humanitario y era todo lo contrario, pero era un guapín, un figurón, pues lo que dice Cavi de Alcibíades, en su reseña. Y por la espalda clavaba puñaladas traperas.

  25. juanrio dice:

    Que alivio, Ariodante…lo buscaré por las librerías de viejo…es que entre que no quiero seguir acumulando, y no leyendo, y que últimamente parece que se está poniendo de moda el precio entre 25 y 30 euracos…

  26. ARIODANTE dice:

    Con un poco de paciencia, una gran mayoría de libros pasan, al cabo de dos o tres años (y no te digo nada si son más, como éste) primero a reeditarse en bolsillo, y segundo, a las librerias de ocasión. Asi que los que andamos escasos de liquidez, tenemos que esperar. Ya sé que es un mal consejo, desde el punto de vista de un editor (Javi, no leas esto), claro. Pero como hay gente para todo, los que tenemos el vicio de leer y de acumular libros, o hacemos esto o nos tenemos que poner en la esquina a pedir una limosnita.

  27. metauro dice:

    ¡ vaya, qué verguenza ! el Corazón de las Tinieblas durmiendo el sueño de los justos en mi estantería. Y es que ( culpa de mi bastorro paladar literario) nunca he podido con Conrad: la Línea de sombra me aburrió, y de Nostromo no fui capaz de llegar a la página veinte. Espero que ahora, con el refuerzo de esta superlograda y currada reseña, y sus comentarios, me lance al Heart of Darkness.
    Gracias, compañeros !

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