LA GUARDIA BLANCA – Mijaíl Bulgákov

LA GUARDIA BLANCA - Mijaíl BulgákovLos hermanos Turbin, Alexéi, Elena y Nikolái, soportan en Kiev el crudo invierno de 1918-1919, en plena guerra civil rusa y bajo una zozobrante ocupación alemana. Fervientes monárquicos, aborrecen por igual a bolcheviques y separatistas ucranianos. Alexéi tiene 28 años, es médico y como tal fue movilizado durante la Gran Guerra; ahora se enlista en el ejército contrarrevolucionario para ejercer igualmente como médico en campaña. Elena, joven hermosa y altiva, debe sufrir la frustración de verse abandonada por su marido, un oportunista oficial de origen báltico que, a escasa andadura de la narración, huye del país en dirección a Occidente. Nikolái, por último, es un escolar que a sus 17 años ansía participar en la lucha. Ellos, los Turbin, son sólo los más destacados del variopinto elenco de La Guardia Blanca, novela del escritor ruso Mijaíl Bulgákov.

Bulgákov (Kiev, 1891 – Moscú, 1940) ejerció durante unos años la medicina antes de dedicarse por completo a la literatura. Opuesto a la revolución, optó por permanecer en Rusia en vez de emigrar, como sí hicieron sus hermanos. Publicó en 1924 su primera novela, precisamente La Guardia Blanca, cuya pronta adaptación al teatro -bajo el título de Los días de los Turbin– obtuvo un resonante y polémico éxito de público en Moscú. En sucesivas piezas teatrales y breves relatos creados a lo largo del mismo decenio, Bulgákov plasmó una obra irreverente en que, con las armas de la parodia y la sátira, exhibió una temeraria desafección para con el incipiente régimen soviético. Éste, por su parte, acabó por censurarlo y reducirlo a la categoría de escritor semiproscrito. En la década de 1930 Bulgákov se vio obligado a sobrevivir escribiendo guiones cinematográficos y libretos de ópera de dudosa calidad. Impedido de emigrar y constantemente vigilado por los servicios de seguridad, intentó congraciarse con Stalin cuando arreciaban los juicios espectáculo y el terror indiscriminado. Afectado por una enfermedad renal, falleció en 1940 –a tiempo, quizás, de sufrir el destino de escritores como Isaac Bábel y Ósip Mandelshtam, víctimas mortales del estalinismo-. Entre otras obras que fueron directamente al cajón, Bulgákov había escrito lo que concibió como su obra capital: El maestro y Margarita, novela que gracias a la tenacidad de Elena Bulgakova, viuda del autor, y a una crucial intervención del escritor Konstantín Simonov, fue por fin publicada en 1967, aunque en versión expurgada. Poco después vio la luz en su integridad tanto en la Unión Soviética como en Occidente, con tan buen resultado que hoy se la considera una de las cimas del género de la sátira o parodia social –también es una novela de contenido alegórico- y uno de los clásicos del siglo XX.

La Guardia Blanca, ya está dicho, está ambientada en la época de la guerra civil rusa y su punto de vista es el de los blancos, el bando zarista. (El contexto histórico es apenas insinuado en la marcha de la narración.) Son días en que el antiguo imperio de los zares parece desmigajarse y en que, después del Tratado de Brest-Litovsk, las Potencias Centrales (Alemania y el Imperio Austro-húngaro) ejercen un protectorado sobre Ucrania y apuntalan por medio de tropas de ocupación un gobierno antibolchevique, el que es encabezado por el general Skoropadski, quien se ha autoproclamado hetman o «atamán» (comandante cosaco). El afán de emanciparse del dominio ruso cunde en buena parte de la población nativa, siendo Symon Petlyura uno de los líderes del nacionalismo ucraniano. Precisamente es él quien está tras las tropas cosacas que a fines de 1918 se ciernen sobre la ciudad de Kiev –que en la novela permanece innominada, designada sencillamente como «la Ciudad»-, para finalmente ocuparla el 14 de diciembre (favorecido por la neutralidad de las fuerzas alemanas) y luego liderar, el propio Petlyura, el gobierno de una efímera república independiente de Ucrania. Nunca vemos personificarse a Petlyura en las páginas de la novela, pero su nombre resuena constantemente como un verdadero leit motiv que suscita tanto temor como odio, sobre todo entre los leales al zar (un nombre que es repetido por unos y otros, a modo de terrible conjuro, y que de a poco se convierte en una especie de mito). La resistencia que por su parte oponen los blancos es débil; sus improvisadas fuerzas, a las que se han incorporado los hermanos Turbin y sus amigos, son pronto derrotadas y los más se dan a la desbandada.

La novela está impregnada de una atmósfera turbulenta, del todo acorde con el crítico período. Predominan las escenas de interior, en que los personajes sobrellevan las difíciles circunstancias del momento. Las esporádicas escenas de lucha, ya en las afueras de la ciudad, ya en sus calles, más bien consisten en refriegas de tono menor; no hay en ellas asomo alguno de gloria ni de épica; no hay heroísmos, aunque sí, en ocasiones, gestos y actitudes admirables. No se refocila el autor en la relación de situaciones de violencia -que la hay, y los protagonistas no dejan de verse expuestos a ella: Alekséi, el mayor de los Turbin, retorna malherido al hogar cuando ya se lo daba por perdido; Nikolka, el menor, que llegó a portar galones de sargento y comandó una unidad formada por cadetes y estudiantes, ha escapado por los pelos de ser acribillado mientras, a su lado, perecía su coronel-. Lo que abunda en cambio es el desorden y la confusión. Los blancos se quejan una y otra vez de la ineptitud de su mando y de la falta de apoyo de los alemanes; su determinación de combatir se derrumba en cuanto se enteran de la fuga del atamán (consumada al amparo de la noche y bajo disfraz, en la víspera de la caída de la Ciudad).

La técnica desplegada por Bulgákov es funcional al propósito de plasmar este desorden y al de representar el despecho y la desesperanza que hacen presa de los personajes, especialmente en pasajes en que la acción transcurre en lugares públicos (una plaza, las calles). En base a un fraseado corto y nervioso se entremezclan en esta tesitura descripciones rápidas, impresiones y pensamientos fugaces, interjecciones, onomatopeyas, frases superpuestas de individuos que comentan los acontecimientos o sencillamente expresan el miedo que los embarga… En los instantes de intimidad la prosa desacelera, y tenemos entonces descripciones más sosegadas y un ritmo más pausado, siempre en un estilo que puede calificarse como impresionista, adobado por momentos con imágenes y metáforas de notable plasticidad. La estructura obedece en general a una secuencia cronológica lineal y comprimida, con la excepción de un par de pasajes en que se verifican sendos saltos temporales, ya muy avanzada la novela; uno de ellos reviste la forma de retroceso, en el que se nos pone al tanto de lo ocurrido a Aléksei el día de la toma de Kiev (cuando fue herido). Ante nosotros se desenvuelven seres comunes y corrientes, con vivencias, sentimientos y premuras como se puede suponer que serían los de cualquiera en una contingencia similar, sin acartonamientos ni maniqueísmos. No es ciertamente un tipo de literatura de intención aleccionadora ni inhibida por compromisos ideológicos; sí es, a mi entender, literatura de la buena.

– Mijaíl Bulgákov, La Guardia Blanca. Editorial Lectorum, México, 2006. 269 pp.

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33 comentarios en “LA GUARDIA BLANCA – Mijaíl Bulgákov

  1. Urogallo dice:

    ¡ Interesantísimo tema!. No puedo explicar bien porque, pero siempre me han atraido los ejércitos blancos en la guerra civil rusa. No solo tenían el encanto de las causas perdidas, también estaba la famosa escena en Dr Zhivago de los niños cadetes avanzando guiados por un viejo. ¡ El ideal ante todo!.

    Como curiosidad sobre ellos, y sin animo de apartar el interés de esta novela que Rodrigo presenta de modo suculento y magnífico, cuando los últimos ejércitos blancos de Ucrania estaban aislados en Crimea, llegaron a pedir permiso al gobierno español para integrarse en su ejército africano.

    Curiosa posibilidad que nunca se estudió con seriedad.

  2. ARIODANTE dice:

    ¡Estupenda reseña, querido contertulio transoceánico! Opino como Uro (cosas veredes), que le novela desprende un olorcillo encantador a causas perdidas que atrae muchísimo, por lo que nos cuentas. La anoto en la lista de posibles lecturas, desde luego.

  3. Urogallo dice:

    Causas perdidas y monarquicas, apunto. Las monarquias absolutas tienen un encanto especial, sobre todo cuando son otros los que las sufren, y uno tiene el privilegio de vivir en una democracia parlamentaria sin encanto ni autocracia.

  4. APV dice:

    Si siempre ha tenido ese halo romántico un príncipe o rey exiliado o destronado que se supone que vendrá a arreglar todos los males comete el gobierno vigente.

    Por cierto, ejércitos rojos, blancos, verdes, negros, azules,… la guerra civil rusa en Ucrania fue muy confusa y colorida.

  5. Urogallo dice:

    Y los franceses con la flota del Mar Negro amotinándose. Lo que faltaba para el cuadro.

  6. pepe dice:

    No he leído nada de Bulgákov, pero estoy dispuesto a hacerlo si me aseguras que El maestro y Margarita realmente merece la pena. Creo que alguien dudaba en algún comentario de que ese libro fuera coinsiderado como obra maestra de la sátira. Por lo demás, el contexto de La guardia blanca es el mismo que el de la ¿novela? del maestro Juan Martínez que estaba allí, y que me gustó casi tanto como me ha gustado tu reseña. Enhorabuena. (Por cierto, ¿qué crees que estará pensando Jerufa?).

    http://hemeroteca.abcdesevilla.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/sevilla/abc.sevilla/1982/11/03/068.html

    https://www.hislibris.com/el-maestro-juan-martinez-que-estaba-alli-manuel-chaves-nogales/

  7. pepe dice:

    Volviendo al autor, quizá sería interesante echar un vistazo a las cartas que escribió a Stalin y que acaban de ser publicadas en castellano:

    http://www.casadellibro.com/libro-cartas-a-stalin-mijail-bulgakov-y-evgeni-zamiatin/1624454/2900001357540

    Hay un reciente e interesante artículo de J. Estefanía en el que se informa esta publicación y se da noticia de la ingenuidad con la que Bulgákov y Zamiatin le pedían a Stalin que pusiera fin a las persecuciones de las que eran objeto y que les permitiera escribir en libertad. Ya me diréis qué os parece.

    http://wap.elpais.com/index.php?module=elp_gen&page=elp_gen_noticia&idNoticia=20100213elpepicul_1.Tes&secc=cul

  8. ARIODANTE dice:

    Pepe, hay que ver lo enteradísimo que estas de todas estas cosas…
    Uro, ya en la matización divergemos. Lo de monárquicas o no, a mi me da igual. Claro que la monarquía rusa era muy especial, tan exótica, tan blanca…

  9. Rodrigo dice:

    Agradecido por los comentarios, naturalmente.

    Pues, Pepe, yo creo que Jerufa seguirá pensando que estoy al quite en todo lo que sepa a bolchevique…

    Interesante fragmento el de Chaves Nogales, confirmando lo que dices sobre la similitud de contexto y lo que afirmabas en tu reseña sobre la calidad de su escritura (la del español, se entiende). (“Los petliuras”. Según consta en la novela, el apellido es extraño incluso para los habitantes de Kiev, tanto que lo deforman grotescamente en “Peturra” -trátese de aclamar o bien de denigrar al personaje-.)

    ¿El artículo de J. Estefanía? Buenísimo. La cita de Zamiatin al final del quinto párrafo es del todo contundente y apropiada, creo yo. ¿El dato sobre la nueva publicación? Excelente. Es un libro que espero llegar a tener.

    En cuanto a El maestro y Margarita: sí, pienso que es una buena novela, inquietante por lo grotesco y absurdo de las situaciones que en ellas se narran (de pronto recuerda a Rabelais) y por el plan paródico de su trama, presidido por la visita a Moscú del diablo y su cortejo. Hay en ella una especie de recreación del mito de Fausto –con su respectiva Margarita- y una novela dentro de la novela, una libre incursión en el Nuevo Testamento entrelazada con la trama principal y que tiene a Poncio Pilatos como protagonista –la parte que confiere mayormente a la novela su toque alegórico-.

    Ariodante, Uro, APV: adelante con vuestros comentarios sobre el contexto histórico. Son enteramente pertinentes.

    Uro, fíjate que cuando leía esta novela también me acordé de aquella escena de El doctor Zhivago, con el protagonista disparando a un tocón hasta que acierta accidentalmente a un cadete que se ha cruzado. Buena película, mejor aún la novela.

  10. APV dice:

    Cierto Uro, los franceses y muchos más que se apuntaron.
    En el caso de la Flota rusa del Mar Negro hizo muchas cosas, creó que hubo pocas banderas que no izara durante esos convulsos años.

    Ariodante recordemos que para el pueblo llano el Zar era el batiushka, el padrecito.

  11. Urogallo dice:

    Leo en AUSTERLITZ, de Ariel, que los campesinos rusos odiaban mortalmente a los nobles que les oprimían, pero como comenta APV, el Zar era casi un Arcángel sin alas para ellos.

  12. ARIODANTE dice:

    Si, sí, APV, el Zar era el “padrecito”, pero también llamaron “padrecito” a Stalin, ojo…el pueblo ruso estuvo demasiados siglos acostumbrado a la sumisión, y le costaba -y creo que aún le cuesta- acostumbrarse a la democracia.

    Ey, Rodrigo, ¿cómo va lo del terremoto? Me tienes preocupada, oye. ¿Tenéis problemas en Santiago? Porque supongo que con lo fuerte que ha sido, lo habreis notado por allá. Espero que no haya pasado nada grave en tu entorno familiar.

  13. Rodrigo dice:

    Vaya que si lo notamos, Ario. Ha sido un sacudón fortísimo que me ha dejado el piso patas arriba, y no te cuento el susto que pasamos.

    Por suerte la familia está bien. Algo que no todos entre mis compatriotas pueden decir, lamentablemente.

    Saludos.

  14. Valeria dice:

    Rodrigo, llevo todo el día pensando en ti, aunque hasta ahora no te lo haya podido decir. Me alegra que estés bien, y lamento muchísimo los padecimientos de tu país en estos momentos.

  15. pepe dice:

    Rodrigo, igual que muchos compañeros de Hislibris he visto con gran preocupación las imágenes que nos llegan desde Chile. Me alegra saber que los tuyos están bien y te envío desde aquí un fuerte abrazo. Ánimo.

  16. Rodrigo dice:

    Muchas gracias, estimadísimos Valeria y Pepe.

  17. juanrio dice:

    Hace unos diez años tuve la suerte de ver una obra de teatro, Cartas de amor a Stalin de Juan Mayorga, que trata de esas cartas que le escribía Bulgakov. Una gran representación que daba la medida del sufrimiento que pasó el autor. Si alguna vez tenéis oportunidad….Enhorabuena, Rodrigo, por tu interesante reseña.

  18. pepe dice:

    Hace poco, animado por el entusiasmo que provoca en Rodrigo todo lo ruso, me he puesto a leer Митина любовь de Иван Алексеевич Бунин. No me está gustando demasiado, de modo que cada vez le dedico menos tiempo. Muy interesante lo de la obra de teatro, Juanrio.

  19. Rodrigo dice:

    Según el google, Iván Bunin. No he leído nada de este autor, Pepe.

    Tomo nota de la recomendación, Juanrio. Gracias.

  20. jerufa dice:

    Pepe, eres la pera, tío. Eso del ciriliruso me ha encantado o lo que sea.
    Pues sí, aquí estoy.
    Y no estaba pensando nada en especial. Eso sí, una breve sonrisilla me ha asomado por la comisura cuando he visto el título y el reseñador ¡De pura cepa!
    Y además, como siempre, un lujazo de reseña.
    Yo, de momento y me perdonarás por ello, Rodrigo, sigo al margen de todo lo que huela a “rojo”, más que nada porque estoy situado ahora en el sitio de Malta allá por 1565 o por ahí y tengo pendiente aún Vida y Destino.
    Si, yaaaaaaaa….llevo meses con esa cantinela, peeeeeero…es verdad.

    Uro, ¿porqué no me explicas lo de los amotinados franceses en el Mar Negro? Parece que en ese cuarto de siglo estuvo la cosa de moda, porque creo que los “nacionales” empezaron a hacer de las suyas allá por 1908, ¿no?

    Saludetes a todos.

  21. pepe dice:

    Vaya, yo pensé que a estas alturas el alfabeto cirílico no tendría secretos para ti …

  22. Rodrigo dice:

    Es que cuando preparaba las maletas para aprender in situ el idioma y demás menudencias de la cultura rusa, años atrás, alguien tuvo la ocurrencia de acabar con el paraíso de los trabajadores y de paso poner fin a la guerra fría. Ahí mi plan perdió toda su gracia y opté por quedarme en casa.

  23. pepe dice:

    Ah, la caída del muro y la pérdida del paraiso, que tiempos… Mira, acabas de ganar un enlace a La Musiquilla:

    http://www.youtube.com/watch?v=SJug5cNVe3Y

    Y para los nostálgicos de la guerra fría, aquí va un enlace a una canción (entendida como documento y no como hecho estético) con uno de los estribillos más famosos de los 80 y una de las letras más horrorosas: “No, no, no, no, no tengo novia/ y no me mola el pacto de Varsovia”.

    http://www.youtube.com/watch?v=JFJScaNisTM&feature=related

  24. pepe dice:

    Si hay alquien leyendo esto, cosa harto dudosa dado el escaso caudal (que sería más propio llamar goteo) de comentarios que últimamente registran los diferentes hilos de esta página (estarán todos en el Foro, aquessa nueva Sodoma) puede estar pensando que no es muy adecuado empezar la jornada oyendo a Polanski y el ardor. Efectivamente, la música tiene la virtud de infundir optimismo o lo contrario (entre otras muchas cosas) en los que la escuchan, y no estaría mal encontrar una canción de la famosa Movida que anime un poco. Bien, atendiendo a los deseos de los que quieren empezar el día con alegría, incluyo dos enlaces (diferentes versiones de una misma canción) que demuestran que, esa gente, cuando quería, sabía hacer buena música.

    http://www.youtube.com/watch?v=–fFH60Ez5U&feature=related
    http://www.youtube.com/watch?v=5Wu6JsJygVs&feature=related

  25. juanrio dice:

    Bueno, Pepe, no creas que Sodoma está llena de gente…estarán en Gomorra. Polanski y el horror, perdón, el ardor…que letras más malas…Sin embargo los Gabinete de vez en cuando daban con la tecla apropiada.

    Lo de Auseron es otra cosa. En realidad podríamos decir que Auseron viene de la pre-movida y otras cosas, aunque cayó en las manos de Epic y le sacaron en un horrible disco junto a Pedro Marín y algún engendro más. Fans se llamo aquel horror. Tardó dos años en conseguir publicar La estatua en el jardín botánico y empezar a ganar prestigio. Su Señora del mar viene del Caribe musical…curiosamente de la tierra de los camaradas cubanos….

  26. Tasos dice:

    Un saludo a todo el mundo y en especial a Rodrigo; lamento mucho las desgracias y daños que ha causado el terremoto.
    Soy nuevo e intervengo, si me lo permiten, para felicitar a Rodrigo por esta acertada reseña que me ha abierto el apetito lector de esa novela de Bulgakov, aunque no sé muy bien cuando lo saciaré.
    Desde luego el marco histórico es tremendo y el lío que allí se monto bárbaro.
    Sí, he leído que los agentes comunistas agitaron a la marinería francesa todo lo que pudieron y casi lo consiguen. Resulta muy interesante la intervención, desganada, de ejércitos extrangeros para apoyar a los descoordinados Blancos. Allí hubo desde polacos -a los que les interesaba consolidar su renacida patria – hasta griegos, rumanos y japoneses y demás potencias aliadas, y sin contar a los aliados mayores.
    En cuanto a la marinería rusa, conviene recordar que la infantería naval roja era de lo más eficaz que tenía Trotsky… hasta que hartos de no ver llegar el bienestar se sublevaron en ¿…no lo recuerdo ahora mismo? Y les dieron matarile a unos cuantos.
    Saludos, Tasos

  27. Rodrigo dice:

    Muchas gracias, Tasos. Te refieres seguramente a lo de Kronstadt.

    Curiosa musiquilla, Pepe. La del primer enlace. La otra me resulta más familiar.

  28. Tasos dice:

    Sí, Rodrigo, a ese gran amotinamiento me refiero. Gracias a ti.

  29. Poliarnaya Zvezda dice:

    Sí, como tantas veces, los marineros de Kronstad pasaron, como por arte de magia de héroes proletarios a traidores a la revolución. Y como dices, Tasos, les dieron matarile.

    Lo del paraíso de los trabajadores… ejem. No hay que creerse del todo la propaganda. Y aquello me lo han contado de primera mano. O de primera voz, mejor dicho.

    Por cierto, la crítica de La Guardia Blanca, excelente. Ese libro de Bulgakov no lo he leído. Pero va a caer en mis manos pronto. Sí que leí El maestro y Margarita y Corazón de Perro, también muy interesante.
    Con El maestro y Margarita, la verdad es que disfruté. Muy alegórico, con muchísimo humor, un poco absurdo y surrealista, a veces. Una gozada.
    Un autor que me encanta. El hacerme una foto con la estatua de Bulgákov en Kiev, junto a su casa, fue un momento especial para mi en mi primer viaje a Ucrania.
    No conocía ese dato de las cartas a Stalin editadas. Más deberes…

    De nuevo, gracias por la reseña del libro.

  30. Rodrigo dice:

    Pepe, compañeros, los invito a leer la formidable reseña de Margarita y el diablo escrita por GWW:

    http://confiesoqueheleido.blogspot.com/2010/06/el-maestro-y-margarita-mijail-bulgakov.html

    Comparto plenamente su aguda apreciación de una novela que vale la pena leer.

  31. Rodrigo dice:

    Fe de errata: el título es El maestro y Margarita.

  32. pepe dice:

    Efectivamente, la reseña está muy bien, y la red de páginas de diversos lectores a los que está asociada la de Gonzalo es muy notable. Una seria tentación para perder allí el tiempo en lugar de hacerlo aquí… ¿Crees que admitirán comentarios sobre gastronomía?

  33. Rodrigo dice:

    Pues no sé, Pepe. Pero creo que la dispersión temática es una característica muy hislibreña.

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