HITLER Y SUS VERDUGOS – Michael Thad Allen

HITLER Y SUS VERDUGOS - Michael Thad Allen

Se ha afirmado que su naturaleza altamente burocrática y tecnológica es lo que distingue al genocidio de judíos orquestado por los nazis de otras terribles matanzas del siglo XX –tesis que en Alemania ha podido ser defendida por un historiador de izquierdas como Hans Mommsen lo mismo que por uno de derechas como Ernst Nolte-. También se ha asegurado que el genocidio de judíos fue posible por el alto grado de eficiencia de unos mandos medios irreflexivos, unidimensionales y moralmente inconscientes, especie de autómatas que habrían echado a andar una enorme maquinaria asesina sin otro horizonte que el de una ciega obediencia y el cumplimiento de las metas establecidas por la superioridad político-administrativa. Hitler y sus verdugos (una muy deficiente traslación del título original, «Hitler’s Slave Lords») es un ensayo que se enmarca claramente en la primera afirmación y que desmiente, en cambio, la segunda. Su autor, Michael Thad Allen, es un historiador estadounidense versado en el área de las relaciones entre tecnología, administración y sociedad.

Publicado por primera vez en 2002, el libro consiste esencialmente en un escrutinio del papel desempeñado por importantes funcionarios de una división especial de la SS denominada Oficina Principal de Administración de Negocios, o WVHA, su acrónimo en alemán. La WVHA fue creada en 1942 a partir de la fusión de entidades preexistentes vinculadas al área económica de la SS, organización ésta que había evolucionado desde sus modestos inicios como guardia personal de Adolf Hitler hasta ser una vanguardia del régimen nazi, y entre cuyas múltiples ramificaciones se contaba un ámbito dedicado a la producción fabril. Encuadrados en este organismo, a cuyo cargo se puso la administración de los campos de concentración, ingenieros y gerentes de nivel medio implementaron un programa de abastecimiento de trabajadores forzados para una parte significativa de la industria alemana, los que en el momento álgido de la explotación de mano de obra esclava llegaron a representar una cuarta parte del total de la fuerza de trabajo de Alemania. Además de verificar que no existen contradicciones inherentes entre la organización de negocios moderna, la esclavitud y una ideología bárbara como el nazismo, el estudio de Allen muestra que, tanto en el reclutamiento como en el desempeño de unos profesionales que se preciaban de administradores modernos, la ideología y el compromiso moral sí contaban.

Bajo el control de la WVHA y en asociación con importantes empresas privadas, cientos de miles de personas -provenientes en su mayoría de Europa oriental- fueron forzadas a trabajar en una red de plantas manufactureras coordinadas con diversos campos de concentración. Dadas las inmisericordes condiciones de explotación a que fueron sometidos, muchos de estos trabajadores murieron de hambre, frío, enfermedad o extenuación, siendo especialmente alta la mortandad en los programas dedicados a la construcción de las llamadas «armas maravillosas» (armamento avanzado con que el III Reich pretendía volcar el desfavorable curso de la guerra). De su análisis de los procesos de administración de empresas llevados a cabo por dirigentes SS y profesionales enmarcados en la WVHA, el autor infiere que no cabe hablar de una separación tajante entre nazis fanáticos de un lado y tecnócratas apolíticos y desideologizados, del otro. Postula que hubo en este ámbito un consenso ideológico tal que la administración y la racionalidad económica eran completadas por los principios rectores del régimen, tales como la conquista de espacio vital y la hegemonía racial. Se sabe bastante de gentes como Adolf Eichmann y Reinhardt Heydrich, pero no de individuos como Oswald Pohl, Wilhelm Bürbock, Gerhard Maurer, Hans Kammler o Kurt Wisselink, quienes ocuparon cargos importantes en la WVHA y fueron responsables por tanto del funcionamiento de «fábricas de exterminio» bajo control de la SS. El trabajo de Allen provee conocimiento sobre su aciago papel.

El cometido de la WVHA tuvo por divisa primordial el «productivismo», doctrina que, formulada antes de la guerra y difundida en artículos y folletos, prendió en el alma de la SS como distintivo de una entidad en constante expansión y que aspiraba a erigirse en cuerpo de élite del III Reich. Suponía un énfasis en la dimensión utópico-colectivista del nazismo y una crítica implícita del capitalismo: el productivismo concebía la economía como una función propicia al fortalecimiento de la «germanidad», lo que significaba que las empresas –al menos las controladas por la SS- debían preocuparse más de enaltecer el alma alemana que de generar ganancias. La producción fabril debía ocuparse de formar buenos alemanes, priorizando el interés de la nación por sobre los intereses particulares. (Se trata, pues, de una doctrina que entronca con lo que el historiador Jeffrey Herf denominó «modernismo reaccionario», una corriente de pensamiento que floreció entre elementos conservadores y antiliberales de la Alemania de entreguerras y que, en lo sustancial, postulaba el rechazo de las ideas racionalistas e individualistas de la Ilustración al tiempo que promovía el desarrollo espiritual de la nación germana mediante el uso intensivo de la tecnología y la industria modernas: una extraña combinación de irracionalismo e industrialismo. Cfr. Herf, El modernismo reaccionario, FCE, México, 1990.)

Según esto, resulta ilustrativa la exigencia sentada por los directivos de la WVHA de recurrir a los servicios de profesionales no sólo ideológica y emocionalmente comprometidos con el régimen sino también rigurosamente cualificados. «Los nazis ardientes no le servían de nada a la WVHA si carecían de conocimientos en el campo de la administración. Tanto los ideales como el conocimiento eran importantes, ya que ambos eran necesarios para apoyarse mutuamente» (p. 220). Así pues, las intersecciones entre ambos factores constituyen el interés central del autor. Para hombres como Hans Kammler, ingeniero de la Fuerza Aérea que hizo una emblemática carrera en la SS, elementos como tecnología, organización racional y supremacía racial alemana configuraban un todo indisoluble. La diferencia entre un Kammler y los líderes SS que suscribían el paradigma productivista pero carecían de una especialización afín, residía precisamente en que el primero sabía cómo mover al unísono dichos elementos.

En concepto de Allen, la WVHA es un caso en que organización e ideología se reforzaban recíprocamente, conformando un modelo burocrático cuyo dinamismo se basaba en la imbricación de factores como el consenso ideológico, o la identificación activa de los funcionarios con principios políticos suprainstitucionales, y la confianza puesta en la eficiencia de unas estructuras impersonales y jerarquizadas. Estas constataciones vienen a romper con la perspectiva que tendiera a sostener que el trabajo técnico en el III Reich alejaba a profesionales y funcionarios de todo orden de consideraciones morales (más que perspectiva, un mito convenientemente levantado por Albert Speer y secundado por algunos historiadores, según el autor). En vez de desenvolverse como unos opacos engranajes burocráticos, mandos y profesionales de la WVHA actuaron como ejecutivos modernos, creativos e intervencionistas, a la vez que como individuos plenamente conscientes y responsables de sus actos, orgullosos de su lugar en el Reich.

«Ya sea que se tratara de gerentes de nivel medio, de contadores públicos, de abogados o de ingenieros […], los funcionarios de la WVHA habían favorecido el trabajo de esclavos, el racismo más craso y el Nuevo Orden en los territorios ocupados del este, diciendo también que eran actitudes modernas; en pocas palabras, no habían visto contradicción alguna en considerar como algo moderno los ideales bárbaros que más tarde los historiadores intelectuales denominarían como “antimodernos”.[…] De la manera más perversa, habían ayudado a integrar la organización y la tecnología moderna al movimiento de extermino de Auschwitz y Birkenau» (pp. 342 y 343).

– Michael Thad Allen, Hitler y sus verdugos. Grupo Editorial Tomo, México, 2006. 440 pp.

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15 comentarios en “HITLER Y SUS VERDUGOS – Michael Thad Allen

  1. Urogallo dice:

    Pués estoy muy de acuerdo Rodrigo. Todos los historiadores , revisionistas o no, coinciden en la mecanización fría y eficiente del holocausto para denigrarlo o negarlo. “La cadena de producción aplicada al asesinato” o “La revolución industrial de las matanzas” son definiciones tan crueles como exactas.
    Merece pués, muchísimo la pena, que se lance un libro enfocado a explicar los entresijos de una organización tan eficaz como inhumana.
    Como decía el personaje de Kenneth Brannagh en “Solución Final”, de haber puesto este sistema a pleno rendimiento, se podrían haber exterminado a 10.000.000 millones de judíos en cuatro años “Si hubiese tantos…”.

  2. Rodrigo dice:

    Ah, bribón. Tú siempre poniéndome tras la pista de cosas tan interesantes. Veré qué es aquello del Kenneth Branagh.

    Y sí, tienes razón en lo que dices. También los historiadores revisionistas (Nolte y otros) hacen hincapié en el aspecto mecanizado del exterminio. Sobre este tema el libro proporciona un análisis muy fino aunque por momentos puede llegar a resultar un tanto árido: esto, en los capítulos de tipo más técnico, enfocados en cuestiones relativas a administración y estructura organizacional -incluyendo el estudio de diagramas-. Pero en general es un trabajo valiosísimo y que ya figura como entrada bibliográfica en libros de publicación posterior (al menos es el caso de Dictadores, de R. Overy, y de El imperio de Hitler, de Mark Mazower).

  3. ausente dice:

    Es pavoroso, pensar en la metodica alemana concentrada en un fin tan escabroso.

    Siempre me ha llamado la atención el tema de los juicios a la Alemania Nazi, tengo un vacío gigante en el tema de la post-guerra en Alemania, cuál fue el real alcance de estos juicios respecto a la cantidad de gente calificada que trabajó para el régimen, ¿se sometió a juicio solo a los que cabian dentro de la categoría de jerarcas militares o de partido, además de los “visibles” ejecutores del plan de exterminio?, ¿que quedó para las corporaciones privadas (que se indican como colaboracionistas en tu reseña si no mal entiendo), grandes empresarios?, imagino (mal o bien) que de alguna forma fue necesario hacer “sacrificios morales” a cambio de una rápida recuperación de la economía alemana, de otra forma es díficil explicar que un país en las cenizas se recuperara en un período tan corto de tiempo (sólo algunas décadas para ser nuevamente una potencia en Europa).

    Quizás para muchos sea mejor pensar que todo ese daño fue producido por fánaticos y autómatas, que como se dice en Chile, “se arrancaron con los tarros” ellos solos.

  4. Rodrigo dice:

    Hubo otros juicios, Ausente, en Alemania, Italia y países de Europa Oriental, y los procesados iban desde guardias de campos de concentración a industriales y jerarcas de medio pelo. Un porcentaje importante de los procesados fueron absueltos (fue el caso de 15 de los 45 acusados en el proceso contra el personal del campo de concentración de Bergen-Belsen, por ejemplo); en el caso de los que eran hallados culpables las penas solían no ser demasiado severas, y muchos de los condenados a penas de prisión fueron liberados con anticipación. Los grandes industriales, con frecuencia culpables de emplear mano de obra esclava, quedaron en general libres de polvo y paja.

    «Los crímenes de los nazis podían haber sido “cometidos en nombre de Alemania” (por citar una alocución del canciller Helmut Kohl, pronunciada medio siglo más tarde), pero apenas existía la percepción genuina de que hubieran ido cometidos por alemanes.» (Tony Judt).

    Hay que tener en cuenta que en Alemania Oriental se produjo un traspaso masivo de personal de un sistema al otro, de modo que muchos funcionarios y profesionales ex nazis (jueces, burócratas, agentes de la policía, rectores de universidades, docentes, personal técnico, etc.) sencillamente hallaron empleo en el nuevo estado de corte comunista. Y en las zonas ocupadas por las potencias occidentales, bueno, fue más o menos lo mismo, con un mayor interés de estadounidenses y británicos por implementar programas de desnazificación. En un contexto de inicio de la Guerra Fría, los ocupantes –menos los franceses, claro- procuraban levantar su mitad alemana (occidental u oriental) para que sirviera de glacis o antemural contra el enemigo en ciernes, capitalista o bolchevique.

  5. Pere dice:

    Impresionante reseña de la que retengo esta terrorífica síntesis sobre la utopia nazi: “verificar que no existen contradicciones inherentes entre la organización de negocios moderna, la esclavitud y una ideología bárbara como el nazismo, el estudio de Allen muestra que, tanto en el reclutamiento como en el desempeño de unos profesionales que se preciaban de administradores modernos, la ideología y el compromiso moral sí contaban.”.

    En fin que uno, que se tiene por liberal, se apuntaba con naturalidad a las tesis de Nolte sobre la no singularidad alemana y la europäische Bürgerkrieg pero la interpretación de Allen me ha dejado el disco duro bastante revolucionado. ¿la recepción entusiasta del productivismo fordista en la Alemania nazi no fue oportunismo puntual?, ¿forman parte de la utopia nazi – desde su punto de vista, claro- las películas de Disney que visionaban los jerarcas nazis en el Bergdorf?, ¿tampoco fue producto del oportunismo anticomunista la facilidad con que las elites norteamericanas integraron a los antiguos nazis en el sistema de la RDA? ¿Tan – salvajemente – coherente era el sistema?

    Resumo: la derecha también tiene su lado oscuro ¿voy bien?

  6. Javi_LR dice:

    Rodrigo, deberíamos hacer un especial con tus reseñas. Uno se va quedando sin palabras y tiene miedo en caer en una especie de “apariencia de halago”.

    A mí lo que más me llama la atención es en la obediencia del individuo en el sistema. ¿Conocéis el “experimento Milgram”?

  7. ARIODANTE dice:

    Sí, Javi, deberíamos. Rodrigo se lo merece. Es un reseñador de primera.
    Y respecto al experimento Milgram…¡qué espanto! Refuerza mi teoría sobre la maldad humana hobbesiana. Sólo el hecho de aceptar entrar en el experimento ya es terrorífico. El concepto de “obediencia” es muy discutible, desde luego. Muchísima gente se escudó en ello para justificar crímenes injustificables.

  8. Rodrigo dice:

    Alguna vez debí estudiar (de pasada) los experimentos Milgram, Javi. Sus conclusiones son espeluznantes y resultan una ducha fría de realismo acerca de la naturaleza humana, aparte de lo explosivo que resultó en su momento el que se hiciera -por fin, según algunos- “verdadera ciencia” de lo humano (entendiendo “ciencia” como experimentación en laboratorio). En todo caso, su metodología ha sido duramente cuestionada y tengo entendido que, desde hace tiempo, sicólogos y sicológos sociales no les dan mucho crédito .

    Pere, puede que el nazismo tuviera tanto de oportunismo como de convicción sincera.

  9. Rodrigo dice:

    (Maaarditas cursivas.)
    Vale, chas gracias, pero no es para tanto.

  10. Chuikov dice:

    Aplausos para Rodrigo! Pienso igual que Javi: un apartado para ti en Hislibris.
    Me apunto este libro para septiembre.

    Para el que lea en ingles, aconsejo “An uncompromising generation”, de Michael Wildt. Tiene bastante que ver con lo que nos has explicado, Rodrigo, pero aplicado a los altos cargos del RSHA. Se trata del mejor libro que he leido este anio. Tiene un amplio capitulo sobre los juicios y las vidas posteriores de altos cargos del RSHA, por si estas interesado, Ausente. Esta parte del libropuede llegar a ser indignante.

  11. Russek dice:

    Hola a todos:

    Justo acabo de leer un libro de un tema relacionado, que al parecer causó mucho revuelo en Alemania hace unos años:

    GÖTZ ALY: LA UTOPÍA NAZI. CÓMO HITLER COMPRÓ A LOS ALEMANES. Crítica (Barcelona), 2007, 488 páginas (en ingles es Hitler’s Beneficiaries: Plunder, Racial War, and the Nazi Welfare State )

    El autor se refiere en especial al aspecto económico de la guerra, enfocándose al saqueo nazi en los paises ocupados y como esto benefició directamente al pueblo alemán que pudo mantener su nivel de vida y gracias a ello seguir legitimizandose la cúpula nazi en el poder. El expolio ocurrió de muy diversas formas y la tesis principal del libro es que esto aceleró primero la deportación de los grupos “inferiores” y más adelante su exterminio, previa expropiación de sus propiedades, desde acciones en la bolsa, dinero en efectivo, joyas, hasta sus mismos dientes y cabello. El autor aporta muchos datos del saqueo país por país.

    Recomiendo asimismo una crítica del libro del historiador ingles Richard J. Evans en http://hnn.us/roundup/entries/33991.html que considera que Aly deja demasiado a un lado los aspectos ideológicos del sistema nazi.

    Ya que estamos en la inercia de recomendaciones, no se pierdan uno de Ian Kershaw que salió en español hace poco (al menos en México): La dictadura Nazi, problemas y perspectivas de interpretación (Siglo veintiuno, editores)

  12. Rodrigo dice:

    Gracias Chuikov. Tomo nota del libro, que espero traduzcan pronto.

    Suscribo tus recomendaciones, Russek. Lo de Aly es interesante aunque desliza una tesis algo dudosa, y en general estoy de acuerdo con lo que sostiene Evans. (Con el título que le puso Editorial Crítica me esperaba un estudio del contenido ideológico del nazismo, con sus aristas utópicas. Lo cierto es que el libro apunta en otra dirección, precisamente la que reseñas.)

    Ah, Javi. Gracias por solucionarme el desaguisado de las cursivas.

  13. David L dice:

    Uff…, Rodrigo, creo que te superas en cada reseña que publicas en Hislibris. Poco más que decir ante tanto erudito sobre el tema, simplemente me gustaría recordar una frase del maestro Raul Hilberg en la que éste comentaba que no existía presupuesto para el exterminio, así que la expropiación sistemática de los bienes judíos y su explotación mecánica y coordinada desde las altas burocracias especializadas fueron determinantes para que el asesinato de millones de personas pudiera realizarse tan eficazmente.

    Un saludo

  14. Rodrigo dice:

    Muy generoso de tu parte, David, aunque no creo merecer tanto elogio. Por otra parte, la observación de Hilberg resulta de lo más terrible y pertinente. Espero leer algún día su obra fundamental.

    Saludos

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