GETTYSBURG – Allen C. Guelzo

Durante tres días de julio de 1863, Gettysburg, un pueblecito de Pensilvania, se convirtió en el escenario de una de las batallas más señaladas de la Guerra de Secesión norteamericana. Parafraseando, injustamente, a Winston Churchill, antes de Gettysburg todo habrían sido derrotas, después de Gettysburg, todo serían victorias. Por supuesto, la afirmación es falsa, tanto para la batalla que hoy nos ocupa como para la de El Alamein, a la que se refería el insigne británico. Sin embargo, es interesante escarbar un poco en los acontecimientos de 1863 para averiguar cómo y por qué esta batalla se ha convertido en la más importante de aquella guerra fratricida. Pero antes parece necesario explorar un poco el alcance del libro reseñado. Allen C. Guelzo, de la universidad de Princeton, es sin duda uno de los mayores expertos mundiales sobre la Guerra de Secesión en general y sobre Abraham Lincoln en particular, y esta obra, muy legible y para nada plúmbea a pesar de superar las setecientas páginas, es un excelente compendio de la campaña y contiene una magnífica descripción no solo de la batalla, sino también de las múltiples controversias en torno a la misma, todas las cuales ayudan a entender esa fama de la que hablábamos antes.

Para empezar, es necesario indicar que la región sobre la que más se ha escrito, la que más se ha visitado y la que más interés ha suscitado en lo que a la Guerra de Secesión se refiere es el cuadrilátero que va del valle inferior del río Shenandoah, en los montes Apalaches, al océano Atlántico y de Washington a Richmond, las capitales de la Unión y de la Confederación, a una distancia de unos 175 km una de otra. En un escenario bélico total más grande que Europa, no deja de resultar sorprendente que la mirada mayoritaria se haya posado en un espacio tan pequeño, pero en esta región se batieron los generales más famosos –Robert E. Lee o Ulises S. Grant–, maniobraron los ejércitos más señalados –El Ejército del Virginia del Norte o el del Potomac– y se celebraron más batallas concentradas que en cualquier otra de los actuales Estados Unidos. Gettysburg, ya lo habrá pensado el lector de esta reseña, se sale del marco geográfico, pero la batalla se inscribe en los ciclos operacionales contenidos en el mismo y, si cabe, la escapada hacia el norte sirve para concentrar más la mirada en el reducido sector al que nos referíamos.

Además de acaparar los focos por los motivos señalados, la batalla de Gettysburg resulta especialmente interesante por los errores, polémicas y aciertos de los contendientes. Si nos fijamos en las fuerzas confederadas, la repentina desaparición de JEB Stuart con su caballería, cuya misión era explorar el terreno, localizar al enemigo y entorpecer dichas acciones del contrario, dejaría ciego a Lee en la fase más delicada de la campaña. Pero tampoco el genial confederado está libre de crítica. Tras haber prometido al general Longstreet, su mano derecha, que no buscaría una batalla agresiva, sino que se limitaría a obligar al enemigo a atacarlo en posiciones preparadas, Lee, tras el éxito obtenido el día 1, ordenó un asalto directo tras otro contra las cimas ocupadas por los nordistas: primero por la derecha, luego por la izquierda y finalmente por el centro. En un mundo en que el arte de la guerra estaba cambiando a pasos agigantados, el frío acero de las bayonetas y la masa ya no eran suficientes para romper una posición bien atrincherada. Peor todavía, fracasó por completo a la hora de coordinar los esfuerzos de sus tres jefes de cuerpo de ejército, dos de los cuales, Ewell y Hill, eran novatos en estas funciones.

El Ejército del Potomac también se enfrentó, durante la campaña y la batalla, a sus propios demonios. Había sido formado y organizado por el general McLellan, un hombre entre cuyos objetivos no parecía figurar la intención de aplastar a la confederación sino la idea de llegar a un arreglo pacífico, y un militar más capacitado para la organización que para la dirección de un combate que, tras su destitución, había decidido entrar en política en contra del presidente Lincoln, su antiguo comandante en jefe. Tras su destitución, sin embargo, siguieron en sus puestos muchos jefes de cuerpo de ejército que le debían el puesto y que formaron una camarilla siempre dispuesta a apoyar a aquel de entre ellos, como Joe Hooker, que ostentara el mando supremo. Sin embargo, como sucediera con su mentor, Hooker acabó cansando a Lincoln, demasiadas exigencias sin una sola victoria, y cuando amenazó con dimitir, su jefe aceptó y nombró a un sustituto para comandar el Ejército del Potomac.

Así fue como, a apenas unos días de la batalla, un oscuro general, nacido en Cádiz pero norteamericano hasta la médula, se vio puesto al frente de un ejército en el que la mayoría de los altos mandos o no lo quería o más directamente lo despreciaba. George Gordon Meade, la “vieja tortuga de ojos saltones”, apenas iba a tener unos días para tomar el control, e iba a tener que confiar en oficiales como Dan Butterfield, el jefe de Estado Mayor, o Daniel Sickles, al mando del III Cuerpo de Ejército, que no iban a dudar en traicionarle o desobedecerle. Al final, la paciencia, el cuidado en no correr riesgos y una más que juiciosa gestión de los refuerzos y las reservas darían la victoria a la Unión. La logística y la organización, la artillería y los atrincheramientos acabarían por vencer al élan y al acero de las bayonetas, pero había faltado poco.

Por supuesto, la gran polémica de Gettysburg es adivinar si fue Lee quien perdió la batalla o fue Meade quien la ganó. En esta controversia, la posición de Guelzo es bastante clara. Lee cometió errores imperdonables de coordinación, cedió el control de los acontecimientos a subordinados que no estaban de acuerdo con la maniobra que se les ordenaba hacer y estuvo ausente en momentos cruciales. Meade, por su parte, mantuvo una actitud excesivamente retraída, trató de convencer a sus jefes de cuerpo de que la retirada era la mejor opción, emitió órdenes poco claras e hizo todo lo posible por que la responsabilidad de lo que fuera a pasar recayera sobre otros. Son las conclusiones que se obtienen de la lectura del libro de Guelzo y, aunque no estoy de acuerdo con todas, están, en general, bien argumentadas.

Para terminar esta reseña parece pertinente volver a la frase de Churchill. No todo fueron victorias después de Gettysburg y no todo habían sido derrotas antes, al oeste de los Apalaches y sobre el cauce del Mississippi los federales llevaban obteniendo grandes éxitos desde el primer año de guerra, y sería allí donde se fraguaría la derrota total de la confederación, pero si algo hay que conceder a la batalla de Gettysburg es que, al igual que el almirante Jellicoe en Jutlandia, George Gordon Meade fue el hombre que pudo perder la guerra en una sola batalla. De haber sido derrotado, las consecuencias para la Unión habrían podido ser catastróficas; su victoria fue un escalón hacia el resultado final, pero en absoluto el último. Y parafraseando a Hindenburg tras la batalla de Tannenberg, aunque después la batalla de Gettysburg ha tenido muchos ganadores, de haber sido derrotado el Ejército del Potomac, entonces el único perdedor habría sido Meade.

Opino.

Allen C. Guelzo. Gettysburg, Desperta Ferro Ediciones, 776 pp. 2020

     

11 comentarios en “GETTYSBURG – Allen C. Guelzo

  1. Davout dice:

    – Por lo que llevo leído también creo que es un libro muy recomendable. Tiene muchos mapas lo cual siempre es de agradecer y se lee fácil. Otro que tengo pendiente, no tengo perdón de Dios. Muchas gracias por la reseña.

  2. Iñigo dice:

    Me está llamando desde la estantería, pero todavía no ha cogido la vez en mi listado de lecturas… Tendré que hacerle un hueco en cuanto pueda. Interesante parece y mucho.

    Por cierto, magnífica reseña querido amigo.

  3. Historicus dice:

    El único “pero” que le puedo poner a este maravilloso volumen es el de los mapas. Cuando leo una acción perfectamente descrita en el texto y la voy a buscar en el mapa correspondiente allí no hay apenas rastro de las unidades y movimientos que se describen.
    Algún día deberían empezar a publicar los mapas o planos que se correspondan con lo narrado en el texto y no con la visión general de la acción. Y si eso supone un mapa cada dos o tres páginas (que evidentemente estoy exagerando) pues bienvenido sea.
    Por supuesto es mi opinión personal y particular.
    Saludos.

    1. Koenig dice:

      Gottfried, Bradley M. (2010): The Maps of Gettysburg: An Atlas of the Gettysburg Campaign, June 3–July 13, 1863 (American Battle Series). El Dorado Hills: Savas Beatie.

      Abarca del 3 de junio al 13 de julio en 380 páginas, con más de un centenar de mapas. Es un trabajo estupendo.

      Opino.

      1. Historicus dice:

        Muchas gracias amigo Koenig. tu sabiduría nos ilumina.

  4. Juan dice:

    De este libro si puedo opinar. Y coincido con Historicus. Los mapas muy pobres, pero es que todos los libros de Desperta Ferro cojean en ese apartado. Lo cual no puedo explicarme, ya que sus revistas tienen unos mapas y gráficos insuperables. El libro muy completo. Gracias por la reseña.Coincido al 100%

  5. APV dice:

    En los foros estadounidenses se valora bien el libro, siempre que se tenga en cuenta que adopta una posición anti-Meade bastante evidente.

    Otros autores sobre la batalla que recomiendan serían Trudeau, Sears, Coddington (muy completo pero ya tiene años), Tucker (muy antiguo), Pfanz (individuales para cada día del combate),…

    1. Koenig dice:

      Para la controversia que menciona APV:
      Sauers, R. A. (2003): Gettysburg. The Meade Sickles Controversy. Dulles: Potomac Books (¿Y el ganador es…?)

      Para quien quiera una biografía, muy positiva, de George G. Meade:
      Huntington, T. (2013): Searching for George Gordon Meade. The Forgotten Vicyor of Gettysburg. Mechanicsburg: Stackpole.

      Finalmente, una interesantísima colección de artículos sobre esta batalla en:
      Boritt G. S. (ed.) (1997): The Gettysburg Nobody Knows. Oxford: Oxford University Press.

      Opino.

  6. palencia dice:

    En mi opinión, el libro es lo mejor que se ha publicado en castellano hasta la fecha, después de la pequeña desilusión que me supuso el libro de Keegan (ya se que ambos libros no son comparables ya que uno narra una batalla y el otro toda la guerra). A mi, más que los mapas, lo que más he echado en falta es unas tablas con el orden de batalla de cada uno de los dos ejércitos: a veces durante la lectura, es complicado acordarte a que división pertenecía tal o cual brigada o a que cuerpo pertenecía tal o cual división. Gracias por esta acertada reseña.

  7. Urogallo dice:

    ¡Marea alta confederada!

    Iba a conseguirlo justo antes de la reciente incidencia vírica…Pronto, pronto…

    1. APV dice:

      Supongo que pronto saldrá en formato digital.

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