FERNANDO III EL SANTO: EL REY QUE MARCÓ EL DESTINO DE ESPAÑA – Manuel González Jiménez

Fernando III el santo“Hoy vemos más que los nos precedieron porque oteamos el horizonte desde la altura gigantesca de su sabiduría”

Dos años después de que su excelente y monumental monografía sobre Alfonso X viera la luz, Manuel González Jiménez (presidente de la Sociedad Española de Estudios Medievales y socio correspondiente de varias Academias de la Historia, entre otros méritos) vuelve a deleitar a los amantes de la Gran Historia, la Historia con mayúsculas, con una nueva biografía real, la de “Fernando III el Santo: El Rey que marcó el destino de España”. Una obra que, al igual que aquélla, desborda los límites de una biografía al uso, ofreciendo un detallado retrato de las Españas –especialmente de Castilla, León y Al Andalus- de la primera mitad del siglo XIII, tan desconocidas como fascinantes y antecedentes inmediatos de la época alfonsí.

A diferencia de la anterior sobre Alfonso X, colofón de toda una vida consagrada a la investigación de la época del Rey Sabio, esta nueva biografía constituye, en palabras del propio autor, un “mucho de síntesis y de puesta al día y algo de investigación”. Y es que, sobre todo, la obra es el resultado de un soberbio y cuidadoso proceso de “aggiornamento”, una magistral revisión acometida desde la envidiable capacidad de síntesis que la experiencia proporciona a los grandes maestros. La nueva biografía viene así a completar las lagunas de las que la antecedieron (las de Julio González, Gonzalo Martínez Díaz, Ana Rodríguez López…), enriqueciéndolas con renovadas perspectivas sobre la sucesión de los acontecimientos y sobre su valoración e interpretación. Tanto es así, que casi podríamos catalogarla como la “biografía definitiva” de Fernando III si no supiéramos que, en términos científicos… nada hay definitivo.

La excepcional calidad de la obra ha sido reconocida por la Fundación José Manuel Lara mediante la concesión del Premio 2006 de Biografía “Antonio Domínguez Ortiz” por decisión unánime del jurado. El galardón no hace sino justicia. Porque Manuel González, -corredor de fondo, mucho más que velocista- no escribe sino Historia en estado puro. Conjuga, como pocos saben hacerlo, el agudo análisis de las fuentes narrativas y el amplio conocimiento de las documentales con la práctica de un estilo tan culto como preciso. Y es que el autor no concede tregua alguna a la pseudo-historia, a la mitología políticamente correcta, a la manipulación intencionada o a la “historia del corazón”. Muy al contrario, ofrece al lector su oficio honesto y cabal, apoyando todo su discurso en las fuentes y en las pruebas, tamizadas, desde luego, por un análisis previo tan crítico como profundo, desmenuzadas a través de un aparato crítico contundente y apoyado en una casi inabarcable bibliografía.

Esos son los ingredientes de esta excepcional biografía de Fernando III, hijo de Alfonso IX de León y Berenguela de Castilla (y nieto del vencedor de las Navas de Tolosa, Alfonso VIII), que accedió a la corona de Castilla en 1217, a la muerte de su tío Enrique I, y al trono de León en 1230, tras la de su padre Alfonso IX. El autor aborda en ella todos los aspectos de la vida del rey “guerrero” y “santo”: el conflicto nobiliario que sucede a la muerte de su antecesor, las relaciones de la corona con las distintas facciones políticas, la unificación de los reinos de Castilla y León, la influencia política de Doña Berenguela, la conquista de Jaén, de Córdoba, de Sevilla, de Murcia, el comienzo de las repoblaciones y repartimientos en Andalucía… Apenas se detiene en la vida privada del monarca, cuyas noticias son tan escasas como dudosas. Y, por el contrario, concentra su atención en la conquista de Andalucía, de la que fue artífice principal, y, muy especialmente, en la de Sevilla, de enorme –e irreversible- trascendencia política, militar y cultural.

El grueso de la obra se enmarca entre una magnífica introducción y un curioso epílogo que complementan la biografía del personaje con un recorrido a través de la historiografía y la veneración fernandinas. De la primera se nos brinda una estupenda síntesis en la introducción de la obra, ofreciendo al lector las claves fundamentales para interpretar las crónicas de la época y las biografías posteriores. Respecto a la segunda, el autor reseña, tan prolija como asépticamente, el origen y expansión del aura de santidad que, tras la muerte del monarca, comenzó a rodearlo, hasta finalizar en la canonización de 1671.

En definitiva, el libro no sólo ofrece la biografía de Fernando III y contribuye a la radiografía del siglo XIII, sino que constituye todo un compendio de la “fernandología” a través del tiempo. Una obra, en fin, muy atractiva tanto para historiadores como para aficionados que se interesen por la figura de un rey, en gran medida olvidado, cuya muerte puso fin a una época, la de la gran expansión territorial de la Reconquista.

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47 comentarios en “FERNANDO III EL SANTO: EL REY QUE MARCÓ EL DESTINO DE ESPAÑA – Manuel González Jiménez

  1. La abuela de Arauxo dice:

    Qué libro más interesante. Qué reseña más interesante. Qué autor más interesante. Qué personaje más interesante. Qué época más interesante.

  2. Ascanio dice:

    qué abuela más interesante.

  3. La abuela de Arauxo dice:

    Gracias, Ascanio. Es que mi abuela me quiere mucho…

  4. Arauxo dice:

    Ejem… esto no lo decía mi abuela sino yo.

  5. Germánico dice:

    Una reseña muy interesante, Arauxo. Estás dejando el listón alto, así que ten cuidado con las siguientes: igual nos decepcionas.

    Por mi parte, nada que añadir:ya sabes que no controlo este periodo. Pero me llama la atención que tu abuela padezca la misma psicopatía que mi hermano Británico. Tenemos que hacer que se conozcan.

    Saludos.

  6. Arauxo dice:

    Gracias, Germánico. Viniendo de ti (que sé que me odias cordialmente), tus palabras son todo un estímulo. Lo que espero es haber despertado suficientemente tu interés como para que, al menos, recuerdes el título…

    No lo dudes: tarde o temprano llegará la decepción. La vida es así.

    Perdona a mi abuela, que hoy está tan dicharachera como aburrida y que se ha dedicado a copiar a tu hermano Británico para pasar el rato. Ya sabes que el demonio cuando no tiene nada que hacer, mata moscas con el rabo…

    Un saludo desde el aburrimiento.

  7. Germánico dice:

    Claro que me lo apunto, Arauxo.

    Recibe mi más cordial maldición.

  8. richar dice:

    Pues yo me voy a reiterar en una de mis patologías: no tengo ni la más remota idea de la Historia de España. Y ya sé que es un defecto, entre otras cosas porque seguro que es igual de interesante que la de Grecia o la de Bulgaria (bueno, esta no lo sé).

    Por el contrario, me sé de uno -Anthos- al que este tema le apasiona, así que a ver si aparece y enriquece tu estupendo post con algún sugerente comentario.

    Por lo demás, tu abuela y el hermano clónico de Germánico están para encerrar…

    Saludos,
    Richar.

  9. Arauxo dice:

    Querido Richar:

    Anímate con la Historia de España, hombre, que tiene episodios apasionantes. Y la España medieval, más todavía.

    Respecto a la Historia de Bulgaria, se la dejo a Germánico, que seguro que se leyó 40 ó 50 libros sobre ella durante su infancia…

    Espero a Anthos con verdadera ansiedad. Es todo un placer leer sus comentarios.

  10. Germánico dice:

    Bulgaria, la Tracia. ¡Yo soy Espartaco!

  11. Julio dice:

    Arauxo,

    Me uno a las opiniones de los demás en cuanto a tu reseña. Tengo algunas dudas del libro: ¿se trata de una biografía o de una novela (digamos biografía novelada)? No mencionas las relaciones con la corona francesa y tengo entendido que eran cruciales en ese siglo (Luis IX y Felipe IV, ¿es correcto?) y ¿sobre las cruzadas?.

    Por supuesto que soy el menos entendido en cuanto a la historia española, así que más que intención de iniciar discusiones se trata de pura curiosidad histórica, saludos.

    Julio

  12. Arauxo dice:

    Salve, Julio.

    El libro es una monografía histórica pura y dura. De novela o biografía novelada, nada de nada. Y nada más lejos de la realidad: el libro es para amantes de la historia real sin chismorreos ni leyendas. Se le caerá de las manos a quien busque una historieta sobre Fernando III. Voy a tener que repasar mis reseñas porque no es la primera vez que induzco una confusión semejante. Algo haré mal cuando, después de leerse casi 800 palabras, el lector se acaba preguntando si el libro es una novela o no…

    Ciertamente y como tú apuntas, las relaciones de los reinos hispánicos con la corona francesa durante el siglo XIII fueron intensas y, en buena medida, cruciales. Pero por razones de distinta índole (y entre las que lógicamente, se incluye la proximidad) fueron mucho más decisivas las de Aragón o Navarra que las de León o Castilla. Con eso no estoy afirmando que no existieran estas últimas. Al contrario, se intensificaron notablemente desde que en 1200 Blanca de Castilla, hija de Alfonso VIII, fuera escogida personalmente por su abuela, la legendaria Leonor de Aquitania, para contraer matrimonio con Luis VIII de Francia. De hecho, las relaciones entre ambos reinos fueron especialmente estrechas durante la regencia de Blanca, ejercida durante 8 años, entre la muerte de su esposo en 1226 y la proclamación de la mayoría de edad de su hijo Luis IX (el famoso San Luis, Rey de Francia) en 1234. Sin embargo, las continuas sediciones nobiliarias (una constante durante las minorías de edad de los reyes medievales) impidieron a Blanca de Castilla centrar su atención en otros asuntos que no fueran la pacificación interna del reino.

    De todos modos, dichas relaciones también se abordan en el libro de Manuel González Jiménez, pero bien es cierto que de modo pasajero. La razón entronca también con otra de las referencias que tú mencionas: las cruzadas. El problema es que mientras el resto de Europa vivía los últimos coletazos del espíritu cruzado, la Península Ibérica, y muy especialmente Castilla durante la etapa de Fernando III, estaba enfrascada en su propia cruzada contra Al Andalus, lo que no favorecía la participación de Castilla en los asuntos europeos. Y el término “su propia cruzada” no es, en absoluto, metafórico. La lucha contra los sarracenos del sur fue reconocida por el papado como una verdadera cruzada, con todos los privilegios y consecuencias inherentes a esa consideración. E incluso la figura de Fernando III fue reconocida internacionalmente como prototipo de cruzado perfecto. Por otra parte, su reinado (1217-1252) sólo coincidió con dos cruzadas a Tierra Santa: la sexta (1228-1229), que apenas tuvo trascendencia y que se solapó con el comienzo de la expansión territorial fernandina en el reino de Jaén, y la séptima (1248-1254), que dio comienzo durante el asedio de Sevilla, tras cuya conquista enfermaría el monarca castellano hasta su muerte en 1252. En resumidas cuentas: mientras que Luis IX partía para Tierra Santa, Fernando III conquistaba Sevilla y empezaba su repoblación. Curiosamente, son los dos reyes del siglo XIII (y los únicos de Francia y España) que la iglesia acabó canonizando, ambos cruzados (en tierras diferentes) y primos hermanos entre sí.

    A veces, irrita el interés (y curiosamente el morbo) que despiertan las cruzadas “orientales” y la escasa atención que se presta a “la del sur”, por no mencionar otras estupideces tan políticamente correctas como profundamente ignorantes…

    Un último dato, Julio: Felipe IV el Hermoso de Francia no fue contemporáneo de Fernando III, sino algo posterior (1268-1314).

    Un saludo. Y tampoco son tan nefastas las discusiones… si se utilizan argumentos y se respetan las ideas y las creencias de los demás.

  13. pepe dice:

    Si el libro de Fernando III ha merecido una excelente reseña es que no debe ser malo del todo; me alegra ver que, además de británicos y franceses, hay buenos hispanistas españoles.
    Arauxo, tengo cierta curiosidad por saber si la discusión sobre el concepto de Reconquista, incluyendo lo apropiado o no del término, es un debate cerrado. Sustituirlo por “cruzada” no parece ahora muy apropiado desde el punto de vista de lo “políticamente correcto”, por más que fuera ya denominado así por el papado … La Reconquista se presta quizá como ningún otro hecho histórico a ser utilizado según convenga. Mientras que unos lo usaron para exaltar virtudes patrias, otros lo señalan como el origen de nuestros males y lo borrarian de los libros de historia si pudieran.

    Pepe.

  14. Arauxo dice:

    Querido Pepe: no lo dudes. Manuel González Jiménez es uno de los mejores. Hasta ahora se ha prodigado poco en lo que a divulgación se refiere. Pero lo que escribe… va a misa.

    No, lo del término “Reconquista” no es un debate cerrado en absoluto. Y ahora, mucho menos que nunca. Porque estamos en la época de “me la cojo con papel de fumar”, y hablamos el “eufemismés”, que es el lenguaje de los debilitos mentales y de los acomplejados soplapollas (con perdón, es una metáfora). Así que el problema sigue vigente. Y ahora se habla, sobre todo, de “expansión territorial de los reinos del norte”. Pero todavía no ha empezado lo peor, que llegará cuando algún cretino denuncie que no hemos pedido perdón por lo que le hizo Argantonio, rey de Tartesos, a los pobres indígenas que poblaban las marismas de Huelva…

    Y esto no es ninguna tontería: falta poco para que los grandes intelectuales españoles exijan a Benedicto XVI que retire la canonización del canalla, racista y fundamentalista de Fernando III (un aliado extemporáneo del imperialista Bush) en pro de la Alianza de Civilizaciones…

    Ojú, Dios mío. A veces pienso que la Edad Contemporánea ha terminado. Y empieza la Edad Cretina.

  15. Anthos dice:

    Aquí estoy, Richar. No es que hubiera desaparecido, es que he pasado unos días por el reino astur impartiendo tediosas clases de urbanismo, ocupación que nos concierne a quienes los dones recibidos de Dios o, en su ausencia y por delegación, de la no siempre equitativa Naturaleza, no nos alcanzan para otros menesteres.

    Hago mención a mi periplo asturiano porque, por casualidad, se ha producido cuando completaba la lectura de uno de los volúmenes de la biblioteca de Hislibris: «La aventura de los Templarios en España», de Xavier Musquera. Lo eché a la maleta y, mientras visitaba una vez más, llevado por mi predilección hacia el arte románico y prerrománico, San Salvador de Valdediós (el popular «Conventín»), o la arquería del intradós absidial de San Juan de Amandi, o las cruces patés labradas en los sillares de Santa María de la Oliva en Villaviciosa, o San Julián de los Prados (familiarmente conocido como «Santullano» por los ovetenses), iba asociando a estos monumentos las referencias que el autor del libro les dedica por su posible vinculación con la Orden del Temple. Un día de estos, cuando tenga tiempo, insertaré una pequeña glosa del citado libro.

    Implorado el perdón, y no dudo que obtenido de vuestra comprensiva tolerancia, por esta digresión que nada tiene que ver con la obra objeto de la reseña que nos ocupa, me centro un poco más en nuestro ínclito Fernando III. En efecto, esta parte de la Historia de España, como muy bien dice Richar, me apasiona, aunque no haya logrado nunca, como muy bien calla Richar, que él sienta lo mismo. No cabía esperar una reseña sobre un rey tan sevillano saliendo de otra pluma que no fuera la tuya, Arauxo, experto como eres en temas hispalenses y cuyo magisterio me ha sido de tanta utilidad en estas cuestiones. Verdaderamente has suscitado mi interés por el libro con tu panegírica exposición y habré de leerlo. Entre tanto no puedo referirme a él, pero, como siempre me ha interesado la relación de los Papas con los poderes civiles y en particular con nuestros reyes, no me resisto a mencionar la que hubieron de sufrir los progenitores de Fernando III, especialmente el desgraciado Alfonso IX, quien a juicio de Roma, nunca acertó en sus decisiones.

    Una velada alianza con los almohades en contra de su homónimo y rival rey de Castilla Alfonso VIII, le acarreó la primera excomunión eclesiástica con dispensa de fidelidad por parte de sus súbditos. El buen monarca leonés, en un intento de postergar las rencillas con su vecino castellano, entendió que un modo operativo y sincero de establecer la paz entre ambos sería tomar por esposa a Berenguela, una de las hijas de Alfonso VIII. Y así lo hizo. Pero los contrayentes eran tío y sobrina, respectivamente, y carecían del preceptivo privilegio papal, por lo que el provecto Celestino III le excomulgó de nuevo, excomunión que hizo extensiva a la esposa, y también a los obispos de Astorga, Salamanca y Zamora que habían oficiado el enlace. Decepcionado el soberano leonés por el fracaso en su política de acercamiento a Castilla, reanudó las hostilidades, claro. De cualquier forma, porque sí o porque no, le iban a excomulgar.

    Pero no quedó aquí su aciaga relación con los pontífices romanos, al parecer empeñados en su fracaso matrimonial. Celestino III, además de excomulgarle por dos veces, anuló su casamiento con Teresa de Portugal a pesar de haber tenido ya un hijo. Unido en segundas nupcias con Berenguela de Castilla, este nuevo matrimonio fue asimismo disuelto en 1204 por Inocencio III y hubieron de separarse, sin perjuicio también de que de él hubiera nacido para entonces un infante, el futuro Fernando III de Castilla y León. Prueba de que el anatema divino no es un mal de trasmisión genética es el hecho de que de una pareja eclesiásticamente ilegítima y excomulgada resultara un hijo santo. Puede extraerse otra enseñanza: que frente a la referencia evangélica sobre la indisolubilidad por parte del hombre de lo que Dios ha unido, en este caso los reinos de Castilla y León que Dios desunió, por instrumento de su legado en la tierra (Inocencio III), un hombre (Fernando III el Santo), los unió para siempre.

  16. Julio dice:

    Arauxo, si hubiera un ícono de admiración lo pondría en lugar de todas estas letras. Y no es que tus reseñas sean incompletas, también considera que habemos lectores de todo tipo y algunos muy poco entendidos en el tema, pero eso sí muy curiosos, gracias por la amplia exposición, saludos

    Julio

  17. Arauxo dice:

    Envidia cochina de la peor especie me despiertas, Anthos, por tu escapada astur. Me has recho recordar con nostalgia indescriptible la ruta del prerrománico. Una ruta que, para quien no la conozca, es de obligado recorrido si el tiempo, las circunstancias y los recursos lo permiten. Porque, sin miedo a exagerar, no creo que haya en España (y posiblemente en Europa) un itinerario cultural más interesante, más bello, más íntimo ni más romántico. Bien merece al menos una semanita de vacaciones. Y a las que tú mencionas, añadiría yo, además de las excepcionales y archifamosas del monte Naranco, la iglesia de Santa Cristina de Lena. Una verdadera joya en un paraje de ensueño. Quién pudiera, Anthos, quién pudiera…

    Respecto a tus comentarios, resultan tan ilustrativos y sugerentes como siempre. Y te gustará el libro porque aborda muchas cuestiones de semejante índole. Pero debo hacerte una corrección: yo no soy experto en nada, sino aprendiz de todo.

    Un saludo.

  18. Urogallo dice:

    Concido, yo vivo al lado.

  19. Arauxo dice:

    Qué suerte tienes, Urogallo…

    Y no te voy a decir lo hermosa que es tu tierra para que no engordes demasiado. Aunque hablando de engordar, si empezamos con su gastronomía… qué pastel de cabracho, qué fabes, qué lacón, qué cabrales, qué choricitos a la sidra, qué arroz con leche… y ¡qué sidra, pardiez, qué sidra, Urogallo! ¡Bebe un poco a mi salud este fin de semana!

    Un prerrománico saludo.

  20. Germánico dice:

    Es abstemio, Arauxo. En serio. Buen chico, pero abstemio: no disfruta “el don de la ebriedad”.

    Saludos.

  21. Arauxo dice:

    Qué lastima, Germánico… Es como el ciego que no sabe qué es el color, ¿Verdad?

    ¿Eres musulmán, Urogallo? Y… ¿cómo puede uno ser abstemio viviendo en Asturias y permanecer cuerdo?

    Cambiando de tema, Anthos, y después de releer tu comentario, ¿detecto cierto tufillo anticurial o antipontificio en tu discurso y cierta inclinación proleonesa, favorable a Alfonso IX, como si el “pobre hombre” hubiese sido conducido por las circunstancias -que adoptaron forma de Papa-, muy a su pesar, contra su hijo Fernando? Si es así, esto último me parece una postura muy benevolente, para excusar un comportamiento que no sólo creo estratégicamente equivocado sino que más recuerda una pataleta infantil o un “ataque de cuernos” que la decisión madura y responsable de un padre y de un rey.

    En fin, esto es más por encontrar mi ración diaria de polémica que por otra cosa…

    Un saludo cariñoso.

  22. Anthos dice:

    Pues sí, Arauxo, sí. No te has equivocado al detectar mi disposición antipontificia que no trato de disimular cuando se refiere al vesánico Inocencio III, ese tirano político-religioso que llegó al genocidio exterminador en el conflicto albigense del Midi-Pyrénées, el que se titulaba a sí mismo «inferior a Dios pero superior al hombre», ese a quien ni Gregorio VII se aproxima en su disparatada teocracia. Pero ésta es otra cuestión.

    Por lo que atañe al «desgraciado Alfonso IX» o al «buen monarca leonés» no son sino formas entre familiares y coloquiales de presentar al padre de Fernando III que, lejos de ser santo como éste, sí hubiera merecido la canonización de comparársele con los papas con los que le tocó convivir, y que, quizá por esto y sin otra mayor reflexión ni fundamento, a veces se me antoja un personaje hasta simpático.

    Más saludos.

  23. Arauxo dice:

    Hombre, Anthos, aunque sólo sea por continuar esta enriquecedora tertulia, voy a desempeñar las funciones de abogado del diablo, personaje por otra parte muy eclesiástico y de gran tradición occidental. No lo tomes sino como lo que es: un mero ejercicio para avivar el intercambio de pareceres, interpretaciones e informaciones.

    Yo… no puedo ser tan implacable con Inocencio III. Comprendo tu animadversión hacia su figura, especialmente por lo que a la “cruzada albigense” se refiere, una indiscriminada y sanguinaria matanza sin justificación moral alguna con la que te percibo bastante sensibilizado. Pero, como he apuntado en otros lares, no creo que debamos juzgar la Historia –medieval, en este caso- con valores contemporáneos. Si aplicamos criterios semejantes (que yo entiendo anacrónicos), Anthos, nos veremos obligados a condenar toda la Historia Universal y eso… nos conduce a un absurdo intelectual. ¿Quién se salvaría, Anthos? Al final concluiríamos que el hombre es una bestia para el hombre y, muy especialmente, el “homo historicus”. ¿Y… después?

    Vaya por delante que yo también condeno sin paliativos –desde mi perspectiva cronológica- los abusos y crímenes cometidos y me duelen especialmente los de la Iglesia (porque como habrás posiblemente deducido por otros comentarios, soy y me siento católico, lo cual no evita náusea alguna por la sangre derramada sino que la alimenta). Pero la Cruzada albigense, independientemente de su atrocidad e inmisericordia debe situarse, para ser justos, en sus también justos términos. Independientemente de sus planteamientos neta y agresivamente anticatólicos, la Iglesia había intentado la conversión pacífica de los cátaros a través de figuras de “primera línea” como San Bernardo de Claraval o Santo Domingo de Guzmán. En el intento, varios predicadores y defensores de la ortodoxia fueron asesinados. E Inocencio III (un papa de principios de siglo XIII, que recordemos, es una época de extremada dureza en la que los conflictos de todo tipo, y también los religiosos, se solventaban a sangre y fuego. No podemos olvidar que en el año 1198, cuando Inocencio III accede al solio pontificio, ya se habían desarrollado tres cruzadas… Una época, además, sumergida de lleno en los enfrentamientos entre el papado y el imperio y en la lucha de aquél por liberarse de toda tutela secular…) Inocencio III, decía, “perdió la paciencia” y predicó la dichosa –y vergonzosa- Cruzada Albigense. Pero en realidad, la persecución fue utilizada por los capetos (primero Felipe Augusto y después Luis VIII) como un mero instrumento, un pretexto para acometer una importante expansión territorial a costa de Aragón, en el Condado del Mediodía o región occitana, y sin detenerse ante “minucias” morales de ninguna clase. A ello se une la brutalidad empleada por el lugarteniente de Felipe Augusto, Simón de Montfort, que desde luego sí era un auténtico canalla (incluso para la mentalidad de la época…) exacerbado por el aliento fundamentalista del abad de Citeaux, Arnaud Amaury. Más aún: gran parte de la brutal campaña se desarrolló tras la muerte de Inocencio III, durante los pontificados de Honorio III, Gregorio IX, Inocencio IV… y se convirtió pronto en una simple lucha por esferas de poder entre Francia y Aragón que poco tenían ya que ver con un enfrentamiento entre católicos y cátaros. Es verdad también que en la persecución de los cátaros está el origen de la Inquisición, pero ésta se fundó antes de Inocencio III y se puso realmente en marcha después de su muerte…

    Como comprenderás, Anthos, todo eso no es consuelo para un católico que quiere ser honesto (cuya única pretensión es la de intentar ser razonablemente ecuánime), y cuya Iglesia tiene como lastre una historia de 2.000 años, plagada, como toda historia humana, de demasiadas sombras, pese a sus luces, que también las tiene. Precisamente una de ellas es el espíritu reformador de Inocencio III, plasmado fundamentalmente en el IV Concilio de Letrán y en el encargo que hace a Francisco de Asís (uno de los grandes santos de la Iglesia, de esos que constituyen hoy un ejemplo a seguir para muchos hombres de bien) de renovar la Iglesia… Y es que la Historia (la de la humanidad, la de la Iglesia, la de España…) es eso: luces y sombras; pocas luces y… muchas sombras.

    Por cierto, Anthos, la reforma gregoriana es también algo más que una “disparatada teocracia” que se enmarca, desde luego, en el continuo enfrentamiento entre el papado y el poder civil durante gran parte del Medievo, pero de eso ya hablaremos otro día… siempre que tú quieras.

    En breve comentaré algo también sobre tu apuesta pro-leonista y sobre Alfonso IX, para no aburrir al personal…

    Un saludo (agradecido en cualquier caso por tus comentarios y por tu tiempo).

  24. Ascanio dice:

    Han pasado 6 meses desde entonces…
    ¿Qué entenderá Arauxo por en breve?

  25. Urogallo dice:

    Leon, tierra de hidalgos, frente a castilla…solar de maquileros.

    Yo de este noble rey y nobilísimo santo recuerdo sobre todo su biografia en la excelente colección que subvencionó la junta de Castilla y León: “Reyes de idem”, a veces los políticos no se dedican solo a tirar el dinero.

  26. Arauxo dice:

    En breve arrearé un pescozón a una que yo me sé…

  27. jerufa dice:

    tsé, tsé, tsé….cuidadín, cuidadín…

  28. jerufa dice:

    Te recuerdo que la recientemente promulgada y publicada Ley de Igualdad castiga con severidad este tipo de conductas agresivas.

  29. Clara dice:

    Si utilizan un vocabulario tan amplio en los comentarios por mucho que lo intento no puedo entender del todo lo que dicen…supongo debido a mi edad puesto que tengo 13 años.Aun así me interesa la historia de mi pais y tambien sus comentarios los cuales sigo intentando descifrar…
    Un saludo desde Sevilla

  30. Aretes dice:

    Hombre, un detalle, limitad el vocabulario.

  31. richar dice:

    Saludos Clara y bienvenida.

    Posiblemente te llevas el premio a la más joven del blog, pero da gusto ver que gente de tu edad se interese por la historia de estos lares. Sigue así, y tampoco te preocupes por no entender los comentarios de estos personajes que pueblan la página… son todos unos pedantes y ninguno habla así en realidad :-)

    Un saludo,
    Richar.

  32. Arauxo dice:

    Querida Clara:

    Es una alegría encontrar a gente tan joven como tú interesada en la Historia de España y en la Historia Medieval. En nombre de todos los comentaristas de Hislibris, me uno a Richar para darte la bienvenida y pedirte que frecuentes estas páginas todo lo que quieras, enriqueciéndote con lo que encuentres y enriqueciéndonos, a su vez, con tus comentarios.

    Es normal que, con tu edad, el vocabulario te parezca algo extraño. No te preocupes. Si lees con atención y realizas un pequeñito esfuerzo, verás como, poco a poco, vas aprendiendo palabras y acabas por entenderlo todo. Piensa que lo bonito de ésta página es precisamente que sirve para que todos podamos aprender algo sobre los libros, sobre la Historia, sobre la Literatura, sobre el lenguaje…

    Así que ánimo, porque si con 13 años tienes verdadero interés en la Historia de tu país, cuando tengas… no sé… ¿30?, serás una auténtica especialista.

    Un saludo de un paisano (también desde Sevilla).

  33. Ascanio dice:

    Jovencísima Clara, bienvenida a esta web, donde estaremos encantados de compartir contigo todas tus opiniones y deseosos de que preguntes todo lo que no sepas (que ya se encargará otro de contestarte).
    Tienes toda la razón al quejarte por el lenguaje utilizado, porque las palabrejas que tu paisano Arauxo escribe en este hilo, tales como arreo, pescozón, cabrales, tufillo (lógicamente hablando de cabrales hay que mencionar el tufillo), choricitos a la sidra, Edad Cretina o ataque de cuernos sólo son comprensibles para los que llevamos ya aquí algún tiempo. Sin embargo, puedes escribirle a su abuela y quejarte.
    Pero no te preocupes, porque de vez en cuando aparecen almas caritativas como Germánico, que nos aclara la mente con expresiones como psicopatía o ¡Yo soy Espartaco!, y devuelve la cordura a la reseña, reconduciéndonos por el buen camino.
    En fin, espero que esta aclaración sirva para que no te asustes más y sigas visitándonos, que aquí estaremos (por mucho que le pese a richar).
    Un saludo que espero que se entienda.

  34. Socrates dice:

    Un saludo a todos

    Estaba buscando alguna novedad en la red sobre el inigualable rey santo, y me encontré con este foro tan divertido e interesante, así que algo habrá que comentar.

    Por un lado decir que el libro de Manuel González Jiménez, que leí hace cinco ó seis meses era absolutamente necesario, y como tal pasará sin pena ni gloria por las librerías, puesto que no elogia la antipatria, la sodomía, la vagancia, ó las ideas liberales ó progresistas, por poner un ejemplo. Pero la obra es verdaderamente buena, muy documentada y escrita con respeto al personaje histórica del que se habla, que es lo mínimo exigible, y que desgraciadamente cada vez ocurre menos. Pues hoy es escritor-historiador cualquiera que sea afecto al régimen de “libertades” establecido.
    Lo que si hecho de menos en el libro es alguna referencia a hechos políticamente incorrectos que llevó a cabo el Gran rey CASTELLANO, como por ejemplo el capítulo en el que él mismo marcho al monte a cortar leña para purificar a los herejes sevillanos.

    Por otro lado pregunto, ¿qué es esto?, “León, tierra de hidalgos, frente Castilla…solar de maquileros”. Urogallo, ¿donde estabais el 16 de Julio de 1.212?. Mientras Castilla tiraba del carro como siempre de la eterna Hispania, otros, desde luego no estaban en las Navas de Tolosa, no me quiero extender, porque no soy antileonesista, pero desde entonces hasta ZP, haber que habéis aportado de positivo a la Patria. Comparar a Castilla con León es como comparar a Dios con el Diablo.

    Otra cosa, Jerufa , por muchos decretos, proyectos de ley y demas historias que se quieran inventar. Un hombre nunca será igual que una mujer, aunque si que podemos llegar en poco tiempo a ser todos iguales. Pero en ese momento ya no habrá ni hombres ni mujeres sino entes animados absolutamente diabólicos.

    Me despido con una saludo a todos y muy grande a Clara, es increíble que con la sobredosis de estupidez que nos llevan metiendo varias décadas, todavía quede juventud sana con ganas de aprender . Ánimo.

  35. richar dice:

    Saludos Socrates y bienvenido al blog.

    Veo por tu intervención que empiezas con fuerza, cargando contra algunos pesos pesados de Hislibris, así que nada, bienvenido y a coger el toro por los cuernos :-)

    Sólo un apunte: sé que jerufa está de vacaciones, así que no creo que te responda hasta dentro de un tiempo. En cualquier caso, si te quedas por aquí entre nosotros, seguro que te contestará.

    Un saludo,
    Richar.

  36. Aretes dice:

    Me uno a la bienvenida, Sócrates.

    Empezarás con fuerza, como dice Richar, y cogiendo el toro por los cuernos, pero da gusto leer comentarios que aportan otros puntos de vista, aunque sea para sembrar polémica, y además, bien escritos.

    No sé si te responderá Jerufa, por mi parte, totalmente de acuerdo: un hombre nunca será igual a una mujer, gracias a Dios, añado.

  37. Arauxo dice:

    Salve, Sócrates.

    Manuel González Jiménez es un autor que sólo rinde pleitesía a la verdad histórica. Le importan un bledo las modas historiográficas o ideológicas, no se casa con nadie y desconoce la correción política. Por ello, en sus obras, el respeto al personaje y a la verdad de los hechos, escueza a quien escueza, ha sido siempre su blasón personal y su estandarte.

    No recuerdo, la verdad, si menciona en el libro el episodio de la biografía del Rey Santo que citas, respecto al acopio de leña que hizo de su propia mano para ejecutar a los cátaros, según cuentan -tal vez con mayor carácter mítico que histórico- los cronistas. Pero sí quiero recordar haber leído algo sobre el particular en alguno de sus artículos. Siendo justos, tampoco puede exigirse en una biografía de este tipo la acumulación de detalles hasta extenuar al lector; la labor de síntesis, en este caso, es tanto o más importante que la de análisis. Aunque sí podría poner la mano en el fuego por una aseveración: si Manuel González no atribuyese verosimilitud a la leyenda, estoy seguro de que tendría buenas razones (y no prejuicios) para hacerlo. Y no digo que así sea, en absoluto; digo que así sería en tal caso.

    Comparar a Castilla con León es como comparar a Dios con el Diablo. Hay qué ver cómo nos gusta buscarnos las cosquillas… Ea, Urogallo, a defenderte, hombre. Pero con datos ¿eh? con datos.

    Y bienvenido, Sócrates. Es un placer conocer las opiniones de otro lector del libro y de alguien que se interesa también por la Edad Media y por la Historia de España. A ver si te seguimos viendo por aquí.

    Un saludo.

  38. Socrates dice:

    Muchas gracias por tan afectuosa bienvenida, la verdad es que hacía tiempo que no se me recibía así en ningún sitio.

    Bueno, al tema. Estoy de acuerdo con Arauxo en el episodio de la hoguera, puesto que no se conoce, (que yo sepa), ningún documento oficial de la época que haga referencia a ello, pero dicho esto, tampoco se puede negar que la historia también se escribe con las leyendas que atraviesan los siglos.
    El caso es que este pasaje, que yo llevaba tiempo intentado saber de donde había salido, pues son muchas las referencias que tenía sobre la actitud del Rey Santo hacia los herejes, finalmente gracias a un buen amigo, lo encontré.

    Dice así:
    El cual no se contentó con estériles lamentaciones del mal hecho, antes pasó a imponerle eficaz sanción que de una vez para siempre quitara a los herejes las ganas de pervertir incautos. Casi pena de muerte merescíe ome que anduviese por el regno empozoñando los cuerpos, ¿non quien lo ficiera con las ánimas? Y les aplicó sin contemplaciones las leyes ya de antiguo establecidas contra todo el que enseñase cosas contrarias a la Ley de Dios.
    Fue cosa de ver el juicio que hizo el Rey de los herejes cuando sentado en su trono, con faz grave y severa, apareció rodeado de un consejo asesor de doce sabios, y junto a éstos, los omes buenos que en materia de leyes eran sabidores, ancianos que muchos años habían sido alcaldes y estaban bien enterados de cómo usaba facer, y otros que habían andado a los Estudios de Palencia et Salamanca.
    Condenados los herejes que no quisieron arrepentirse, llevároslos a quemar, y espantó grandemente al pueblo ver que el Rey, aquel mismo Rey que con paciencia invicta oía las malaventuras interminables de las viudas y huérfanas más lacrimosas, CARGÁNDOSE UN HAZ DE LEÑA, LO LLEVÓ ÉL MISMO EN PERSONA HASTA LA PIRA. Cuando los que habían oído algún sermón de los herejes, o siquiera habían copiado alguna cédula de aquellas perfumadas, vieron esto, tal miedotes entró que no osaron en un mes salir de casa sino para ir a la iglesia.¡ Non era cosa de burlas aquella amenaza con que terminaba el Rey sus decretos cuando prohibía algo: “ ca si ficiere abríe mi ira”!

    Este episodio esta sacado de un maravilloso libro sobre la vida de San Fernando llamado “Nuestra Señora en el Arzón”, está escrito por una monja, Sor C. Fernández de Castro, y francamente no se en que época. Yo tengo una edición de 1948 aprobada por la Iglesia Católica con un “ Nihil obstat”. Por lo tanto, la Iglesia da autenticidad al episodio de la pira.

    Espero que esto aclare algo, un saludo.

  39. Ascanio dice:

    Hola Sócrates, bienvenido y gracias por dar un poco de vidilla a esta reseña que Arauxo nos había prometido ampliar hace tantos meses…
    Y ahora, tirando para casa, y como soy hermana de Jerufa, me atrevo a poner la mano en el fuego por él para defenderlo. Su comentario estaba cargado de humor e ironía, y si te quedas por aquí algún tiempo (como espero que hagas) comprobarás que ese es su carácter. Por lo que te pido que no te lo tomes a mal, ni como una provocación. Ya te darás cuenta que entre los hislibreños son normales los pullazos, bromas, ataques e ironías. Menos con Cavilius. Con ese ten cuidadito, porque en cuanto te descuidas, te arrea un esperrengue en las calandracas que para qué te cuento.
    Aretes, jamía, estoy de acuerdo contigo en tu última frase. Vaya aburrimiento si todos fuésemos iguales. De todos es sabido que la mujer siempre será superior al hombre (pfff….).

  40. Hector dice:

    por fin se armo una y no estoy en el medio…….

  41. Ascanio dice:

    Ahora sí.

  42. cavilius dice:

    ¿Alguien osa mentarme? Pues quien me miente, miente.

  43. PEDERNAL dice:

    De la leyenda que circula por ahí, de las barras que supuestamente dió este rey a un vasallo suyo ¿sabeis alguna cosa? ¿Es verdadera y en ese caso… donde está documentada?

  44. Akawi dice:

    ¡Válgame el cielo! Se me había pasado este libro tan interesante y la perfecta reseña que, años ha, elaboró Arauxo.

    Voy rapidamente a buscarlo.

    ¡Ah! Menudos comentarios eruditos de Anthos , Arauxo, Socrates….me encantan, simplemente eso.

    Abrazos.

  45. Antonio dice:

    Buenos días:

    Dos años justos entre comentario y comentario. ¡cómo pasa el tiempo!

    PS: El coro ARTE VOCAL de Villanueva de la Serena (Badajoz) ha sido el ganador del certamen nacional de coros 2009 en San Vicente de la Barquera; perdonen Vds. la disgresión.

  46. Akawi dice:

    No viene al caso, es cierto, pero felicidades. He estado en ambas localidades y son buenos los recuerdos que me ha traido tu mensaje.

  47. Fernando dice:

    Cómo obtener un ejemplar de esta obra que enseñe la vida de Fernando III

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