EL LEVIATÁN – Rosie Andrews

“Todo se vuelve amarillo. Es como si mirasen directamente al sol. Viejos y jóvenes mueren calcinados, los huesos blancos esparcidos sobre escombros rojizos. Los supervivientes se aferran a la tierra y se olvidan de llorar. La lluvia de otoño cae sobre una ciudad de sangre”.

Debut literario de esta profesora británica de lengua y literatura, que se lanza al ruedo novelístico con una obra de título inquietante ya utilizado por Paul Auster en una novela que no tiene nada que ver con la presente. También lo empleó en el siglo XVII el filósofo Thomas Hobbes en su conocido tratado filosófico, y tampoco tiene nada que ver su contenido con esta novela. Con lo que sí tiene que ver es con la Biblia.

El Leviatán es un engendro monstruoso mencionado varias veces en las Sagradas Escrituras: El libro de Job lo describe como un ser marino semejante al cocodrilo, y señala que de sus fauces salen llamaradas, humo de su nariz, tiene el corazón duro como una roca y aterroriza a los más valientes cuando se yergue ya que es invulnerable a espada, lanza, dardo o jabalina. “No tiene igual en la tierra”, dice Job. Isaías lo llama monstruo del mar y serpiente huidiza y tortuosa, y en los Salmos se dice que tiene varias cabezas. En cualquier caso, se trata de una encarnación del Mal, tal vez incluso una representación del propio Satán. Con este ser sí tiene bastante más que ver El leviatán de Rosie Andrews. Esta es una novela a la que le cuadran con bastante comodidad los calificativos de obra de misterio, de terror incluso, de brujería y de suspense. La acción transcurre en dos momentos diferentes separados entre sí por 60 años, y el escenario es la Inglaterra de Cromwell y Carlos I, en el momento en que se abate sobre el país la guerra civil entre los adeptos al rey y los partidarios de establecer un sistema parlamentario no monárquico. El joven soldado Thomas Treadwater regresa preocupado a su hacienda en Norwich, en el condado de Norfolk, a causa de una angustiada carta de su  hermana en la que le pone al corriente de ciertos hechos de extrema gravedad que afectan a su familia. Como suele suceder, lo más inquietante no es lo que su hermana le cuenta sino lo que le oculta, y la baza de la novela es jugar precisamente con eso, con lo que queda más allá, escondido y en tinieblas, al margen de lo que se sabe. Este es el planteamiento de inicio, quizá no muy original pero sí con la dosis necesaria de interés para picar la curiosidad y seguir leyendo.

Aunque buena parte de las páginas de la novela transcurren en 1643, el lector también se verá trasladado en ciertos momentos a 1703, viaje el cual es un tanto arriesgado ya que, tratándose de una novela en la que se pretende resolver un misterio, es un reto difícil no anticipar respuestas ni desvelar incertidumbres en esos viajes al futuro. Aunque es inevitable en el tablero del juego de la vida y la muerte, que el lector lea y por tanto sepa quién va a (sobre)vivir a lo sucedido 60 años antes, creo que la autora resuelve bien el desafío que ella misma se marca, y además reserva una buena dosis de acción y misterio para la parte de la historia que se desarrolla en el siglo XVIII, la cual por otro lado está situada en su mayor parte hacia el final de la novela.

La trama incluye abundantes elementos de caza de brujas, posesiones, relato histórico (pero no demasiado; no es de ese tipo de novelas que se explayan con prolijas descripciones de hechos históricos, que a menudo corresponderían más a un ensayo que a un relato de ficción). La contextualización es justa y más que correcta, y de eso se trata, porque el foco de atención del lector está llamado a dirigirse a lo que le está sucediendo a la familia Treadwater. Lo sobrenatural flota en el ambiente página tras página, y también un cierto aroma a azufre propio de los seres demoníacos. No aparecen personajes históricos (creo que Cromwell solo es citado una vez), con una excepción: se trata del sabio erudito y poeta John Milton, quien desempeña un papel importante en la historia en especial en su última cuarta parte (lo cual no es mucho, ciertamente). Milton es conocido sobre todo por ser el autor del magnífico poema El Paraíso perdido, composición épica al estilo homérico (incluso comienza con una invocación a la musa Urania) donde se cuenta la caída en desgracia de Adán y Eva en el Paraíso. En esa obra también se habla del monstruoso Leviatán, y es tentador pensar que Rosie Andrews se ha fijado en ello para incluir al poeta en su novela:

Allí está Leviatán, la más enorme de las criaturas animadas, extendido en el piélago, como un promontorio, y durmiendo o nadando semejante a un campo en movimiento; sus agallas aspiran todo un mar, que el cuerpo arroja.

Milton escribió su magna obra cuando ya hacía unos años que le había sobrevenido la ceguera (también esta es mencionada en la novela), y me viene a la cabeza, permítaseme la pequeña digresión, que Jorge Luis Borges también perdió la vista, lo cual, al igual que a Milton, no le privó de seguir escribiendo. Por ejemplo, este fragmento de Siete noches (1980), obra en la que el escritor argentino habla, entre otros, del propio Milton y  de la ceguera:

Un escritor, o todo hombre, debe pensar que cuanto le ocurre es un instrumento; todas las cosas le han sido dadas para un fin y esto tiene que ser más fuerte en el caso de un artista. Todo lo que le pasa, incluso las humillaciones, los bochornos, las desventuras, todo eso le ha sido dado como arcilla, como material para su arte; tiene que aprovecharlo. (…) Si el ciego piensa así, está salvado. La ceguera es un don.

Quién sabe si la autora de El leviatán se habrá inspirado también, aunque de modo casual, en ese “todo lo que le pasa” para hacer aparecer a Milton en su obra, puesto que es profesora de lengua y literatura y sin duda conoce a la perfección a John Milton, uno de los poetas cumbre de las letras inglesas.

Volviendo a la novela, y ya para rematar este acercamiento a la misma, hay que decir que el lenguaje es rico y fluido, la prosa envolvente y la trama atractiva para todos aquellos que aprecian la intriga y el mundo de lo sobrenatural. Yo confieso que no soy muy amante de las “cosas imposibles” (aunque ¿qué es imposible?) en los relatos de ficción (y menos en los de no ficción, claro), pero de vez en cuando conviene desconectar, dejarse llevar y disfrutar, aunque el que llame a tu puerta sea el mismísimo leviatán.

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Rosie Andrews, El leviatán. Barcelona, Ático de los Libros, 2022, 334 páginas.

     

3 comentarios en “EL LEVIATÁN – Rosie Andrews

  1. Iñigo dice:

    Cuando menos, pinta curioso ;-)

  2. cavilius dice:

    Lectura entretenida lo es. Y quien quiera ver a John Milton en acción (no sé si habrá muchas novelas históricas en las que aparezca el poeta), aquí podrá hacerlo.

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