DE ALEMANES A NAZIS – Peter Fritzsche

DE ALEMANES A NAZIS - Peter FritzscheEn este libro, cuya publicación original data de 1998, el historiador estadounidense Peter Fritzsche contribuye al problema de por qué los nazis concitaron un alto grado de apoyo entre los alemanes. Lo hace distanciándose de la suposición de que quienes votaron por el nacionalsocialismo lo hicieron más como sujetos pasivos, víctimas de las circunstancias y de la desesperación, que como actores participativos y conscientes de su decisión. Según nuestro autor, factores como el nacionalismo, el militarismo y el autoritarismo son insuficientes para explicar la popularidad de los nazis; también lo son la crisis económica y la disconformidad con la República de Weimar, lo mismo que el resentimiento contra los vencedores de la Iª Guerra Mundial y contra el Tratado de Versalles. Son, todos ellos, factores importantes pero que configuran un cuadro incompleto si no se considera el factor ideológico y de lealtades políticas que se activó a mediados de 1914; en la perspectiva de Fritzsche, un período absolutamente crucial. En él se puso en marcha un proceso de movilización sociopolítica desatado por el fervor patriótico de julio y agosto de aquel año; un proceso que subvertiría las bases tradicionales de la cultura política alemana y que progresivamente cristalizó en una conciencia comunitaria que tuvo como vector no al estado ni a la monarquía sino a la nación.

Los días de julio y agosto de 1914 adquirieron en el imaginario alemán un estatus simbólico prestamente explotado por la extrema derecha después de 1918 pero que, además, prevaleció por décadas en las narraciones sobre lo ocurrido en aquella época. Fritzsche concede crédito a la revisión que la historiografía ha realizado a fines del siglo XX de la idea de una Alemania monolítica, unánimemente comprometida en 1914 con la causa bélica; idea que resulta poco creíble si se tienen en cuenta las multitudinarias manifestaciones contra la guerra que por entonces tuvieron lugar, además de otras expresiones de escepticismo y de preocupación frente al conflicto: fueron muchos los alemanes que no se dejaron embriagar por las consignas patrióticas y el entusiasmo bélico, admite Fritzsche. Sin embargo, lo que esta revisión no ha atinado a percibir –según nuestro autor- es que las manifestaciones a favor de la guerra y de apoyo al gobierno cuajaron un sentimiento de comunidad nacional como no habían logrado hacer las políticas implementadas por el régimen en las décadas precedentes. Su intento por inculcar en las masas un sentido de identidad y cohesión nacional a través del ceremonial público resultaba torpe e infructuoso porque redundaba en el carácter autoritario, aristocrático y paternalista de la política alemana. Las manifestaciones patrióticas de 1914 implicaron que gentes de las clases media y baja se apoderaran del lugar tradicionalmente reservado a las tropas del Káiser en los desfiles por las calles de Berlín y otras ciudades, abandonando de este modo su rol de meros espectadores del ritual gubernamental y provocando el desconcierto de la policía, cuyo cometido de controlar a las masas se vio enormemente dificultado, además de sorprender a un gobierno demasiado habituado a coreografiar las manifestaciones públicas.

Lo que se desencadenó en 1914, según Fritzsche, fue una dinámica de índole popular, como tal gestada desde abajo, que supuso un salto cualitativo hacia la consolidación de una conciencia comunitaria nacional. Se trató, por tanto, de un punto de inflexión decisivo para el proceso de nacionalización de las masas (a la vuelta de los años, uno de los objetivos fundamentales del III Reich). Esta dinámica sentó las bases para la conformación de una sociedad civil que pudo soportar los embates de una guerra más larga y más cruenta de lo inicialmente esperado. Por sobre el fraccionamiento de intereses resultante de la crítica situación económica y a pesar de una desmoralización bastante generalizada, en 1918 persistía un sentido de solidaridad nacional tal que las dificultades particulares seguían subordinándose al consenso patrio. Los alemanes seguían viéndose más como miembros de una nación que como personas afectas a lealtades partidarias o de clase.

Cerniéndose el fantasma de la derrota militar y agudizada la crisis interna, en 1918 sobrevino el quiebre del régimen. La monarquía cayó sin que muchos alemanes lo lamentasen, ni siquiera entre los sectores moderados; su desgaste era en verdad pronunciado, tanto como el descrédito del Káiser (cuya desequilibrada personalidad ya antes de la guerra había socavado el prestigio de la corona). La revolución del mes de noviembre abrió las puertas a la democracia en un país de fuerte tradición autocrática, consumándose un proceso de movilización que potenció la virtud pública o ciudadana de los alemanes, esto es, su facultad de erigirse en genuinos actores cívico-políticos y de organizarse a objeto de articular y representar intereses comunes. Proliferaron los grupos de interés: gremios, sindicatos, asociaciones de veteranos de guerra, grupos paramilitares; la militancia partidaria se hizo más intensa que nunca. Así como con el fervor patriótico de 1914 arrancó una dinámica popular que promovió el despertar cívico de los alemanes (el que en ese momento cobró la forma de un apoyo masivo al gobierno), noviembre de 1918 significó, a través de la crítica generalizada al régimen, la definitiva autolegitimación del pueblo como actor político y el surgimiento de diversos proyectos de revitalización nacional; unos de estirpe ultranacionalista, otros de filiación marxista, los terceros de raigambre democrático-republicana. Por sobre sus insalvables diferencias, estos proyectos tuvieron en común el dar la espalda al reciente pasado monárquico.

Ahora bien, si bien es cierto que la aceptación de los duros términos del Tratado de Versalles comprometió la legitimidad de la República de Weimar y que ésta se vio aún más debilitada por las sucesivas crisis económicas, no fueron éstos, según Fritzsche, los factores que generaron directamente el voto nazi. Tampoco hay una estricta línea de continuidad entre las tradiciones autoritarias, nacionalistas y militaristas alemanas y el apoyo al partido nazi; además de éste había otras organizaciones que reivindicaban dichas tradiciones, esgrimiendo el repudio del «sistema» de Weimar -lo mismo que el antimarxismo y el antijudaísmo- como bandera de lucha. Lo distintivo del nazismo fue que respondió a un difundido anhelo de renovación nacional y de reforma social que ni la Alemania guillermina ni la democracia weimeriana habían logrado satisfacer. El nazismo representaba un fenómeno radicalmente nuevo en el escenario político alemán puesto que no anclaba su legitimidad en el pasado como hacía la derecha conservadora y se proponía superar el esquema de representación de intereses clasistas.

El atractivo del nazismo residía principalmente en su promesa de consolidar la unidad nacional y proveer a aspiraciones populares largamente frustradas, rompiendo en el ínterin con los parámetros de todos los demás sectores políticos –conservadores, liberales, socialistas-. Constituía, pues, un fenómeno revolucionario, ideológicamente innovador (tremendamente favorecido además por su cercanía con el pueblo y su vigoroso activismo). Fue con el rupturismo ideológico del nacionalsocialismo que muchos alemanes simpatizaron y acabaron por comprometerse. Pero se trataba de un proyecto radical, nada de conciliador sino excluyente y violento; un proyecto inspirado en el odio y que alentaba el odio, que amenazaba a diversos sectores de la sociedad alemana y que al cabo, no de modo accidental, desembocó en guerra y genocidio. La revolución nazi supuso una movilización progresivamente radicalizada cuyos términos contaron con el acuerdo y la complicidad de muchos alemanes.

Asumido por el pueblo alemán un rol políticamente activo, al votar muchos de sus ciudadanos por los nazis lo hicieron a favor del proyecto de regeneración cultural y social que éstos ofrecían: una visión afirmativa de Alemania no basada únicamente en el rechazo de discursos o modelos antagónicos como el marxista y el liberal. Fritzsche hace hincapié en que la ideología sí contaba. El apoyo a los nazis fue la opción de individuos conscientes y con capacidad de deliberación; por ende, el voto nazi constituyó una acción coherente e ideológicamente comprometida.

Expuesta la síntesis de lo medular del libro, un atisbo de crítica. He creído advertir un vacío en el planteamiento del autor. Al no estudiar las causas del proceso de movilización social de 1914 y de las tendencias populistas entonces activadas, da la impresión de haberse tratado de un fenómeno demasiado espontáneo como para ser creíble. Hechos sociales como el patriotismo y la conformación de un consenso nacional no surgen de la nada y en ellos no interviene como único factor propiciador el ceremonial público oficialmente dirigido, de modo que aunque éste surtiese escaso efecto como mecanismo de integración y cohesión social, otros mecanismos –o factores- sí que debieron ser fructíferos. Se puede conjeturar que algunos de ellos fueron: la prensa, la literatura, las artes en general (especialmente la arquitectura representativa y la obra musical de Wagner), obras públicas (sobre todo las de tipo conmemorativo), instituciones de afiliación voluntaria (en el caso que nos interesa: clubes de gimnasia, asociaciones de tiro al blanco y agrupaciones corales), y, muy indispensable, el sistema educacional. Todos ellos y eventualmente otros han debido operar durante mucho tiempo, incluso desde antes de la unificación alemana consumada en 1871, como vehículos transmisores de ideas nacionalistas o cuando menos patrióticas y como aglomerantes sociales. El sentido de pertenencia a una comunidad nacional tuvo con seguridad raíces anteriores a 1914, y es de suponer que para esta fecha estaría bastante avanzado. Otra cosa es que el estallido de ardor patriótico provocado por la guerra fuese ocasión para la plena expresión del mismo.

Con respecto al desarrollo en Alemania de una sociedad civil y de la correspondiente conciencia ciudadana: puede conjeturarse que, supuesto que la tesis de Fritzsche acerca de su génesis en las movilizaciones de 1914 y 1918 sea correcta, no habrían bastado los escasos años de vida de la República de Weimar para consolidarlos, de modo de no resultar tan vulnerable la población alemana a un discurso extremista, antirrepublicano y antidemocrático como el del nazismo. No habrían sido suficientes, tampoco, como para insuflar en los alemanes el valor cívico de oponerse a un régimen arbitrario. (En sus memorias, Sebastian Haffner señala precisamente que el valor cívico era «de por sí una rara virtud en Alemania, tal y como sentenciara Bismarck en su día». Cfr. Haffner, Historia de un alemán; Booket, 2005, p. 46.)

Me parece que el libro ofrece una rica veta para la comprensión de un problema sobremanera complejo.

-Peter Fritzsche, De alemanes a nazis. Siglo XXI, 2ª edición, 2009. 264 pp.

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17 comentarios en “DE ALEMANES A NAZIS – Peter Fritzsche

  1. farsalia dice:

    Lo tengo visto y hojeado muy recientemente en la nueva edición de Siglo XXI. Varias veces lo he tenido en mis manos (es barato, además, unos 16 € creo recordar). Caerá, sin duda. Y con la visión poliédrica que ofreces, Rodrigo, con más motivo.

  2. MarcosKtulu dice:

    Muy buena reseña, te zarpaste. Acá esta a unos 9 euros.

  3. Rodrigo dice:

    Es cierto, no está muy caro. Además es un libro conciso y muy enjundioso.

    Mmm, poliédrica… mmm. Vale, gracias Farsalia. ;-)

    Acá, ¿en Argentina, Marcos?
    En todo caso, bienvenido a Hislibris.

    A todo esto, lo que comento en el penúltimo párrafo no incide gran cosa en la tesis principal. Pero cabe tenerlo en cuenta, creo, sobre todo si se lo contrasta con lo expuesto por George L. Mosse en su libro La nacionalización de las masas, reseñado en esta página.

    Saludos.

  4. ARIODANTE dice:

    Bueno, Rodri, no sé si poliédrica, pero te ha salido una extensa e intensa reseña, y con un tema que desde luego, se presta al “poliedrismo”… Concuerdo contigo en qu las raíces del nacionalismo alemán discurren a lo largo del siglo XIX, no son cosa de unos pocos años, y todos los factores que sugieres, incliudo Wagner, me parecen relevantes. Wagner, en sus años mozos, antes de desarrollar su genio musical, se dedicaba a participar -en mi opinión un tanto ingenua e inconsientemente- en movimientos políticos nacionalistas, fue amigo de Bakunin (lo que ya de por sí indica su inconsciencia), que lo consideraba en bien poco, políticamente hablando, por cierto.
    También concuerdo con el autor en la participación activa de los alemanes en el el surgimiento del nazismo. Sería inexplicable en caso contrario. Todos los que se empeñan en asegurar que unos pocos enloquecidos (nazis, o terroristas o fundamentalistas de uno u otro signo) son capaces de mover montañas sin la aquiesciencia de la sociedad, se equivocan de parte a parte. Lo que pasa es que es muy duro reconocerlo.
    En fin, Rodri, una reseña excelente y un libro interesante y prometedor.

  5. David L dice:

    Excelente reseña de un libro que he tenido en las manos más de una vez y que siempre me ha tentado comprarlo, aunque todavía no lo he hecho.

    El autor comenta que el nacionalismo, el militarismo, el autoritarismo, la crisis económica, el resentimiento con el Tratado de Versalles y la disconformidad con la República de Weimar no son suficientes como para explicar la popularidad de los nazis si no se considera el factor ideológico. Desde luego que tiene razón, pero ese factor ideológico se ha nutrido, como de si de un coctel molotov se tratase, de cada uno de esos motivos. Si a ello le sumamos la visión nazi sobre la incapacidad de una caduca sociedad burguesa, incapaz de hacer frente a los nuevos tiempos surgidos tras la Gran Guerra, y a una clase política ligada a un pasado fracasado tras la derrota militar en 1918, todo ello nos dará la receta usada por los nazis para llevar a cabo una revolución nacional con el suficiente atractivo como para arrastrar a un gran número de alemanes. No olvidemos que Hitler y su partido nacionalsocialista (NSDAP) consiguió un techo electoral, si no recuerdo mal, de un 37% de los votos, es decir, de cada tres alemanes uno votaba nazi. A pesar de no lograr una mayoría parlamentaria suficiente por si misma para gobernar en solitario, no podemos desechar estos resultados electorales como de un fracaso. Más de un tercio del país apoyaba a los nazis, si a ello le sumamos sus apoyos por la derecha encontramos una buena cantidad de alemanes receptivos a unirse a esta revolución nacional que desarrolló el NSDAP durante sus años en el poder.

    Un saludo

  6. Chuikov dice:

    No hace mucho que leí el libro. Y recuerdo que era enjundioso como dices, Rodrigo. Pero tú lo has exprimido, le has sacado el mensaje que yo ahora reconozco, pero no supe sacar.

    Es un gran trabajo, tanto el libro como la esmerada reseña.

    No sé si sabes que hay otro trabajo de Fritzsche en español, en Crítica, “Vida y Muerte en el Tercer Reich”. No lo he leído.

  7. Rodrigo dice:

    Gracias, compañeros.

    Ario, no tenía idea de la amistad entre Wagner y Bakunin. Como en realidad no sé mucho del compositor no puedo opinar gran cosa sobre su participación en la cosa política. En tanto a lo demás, sí, estamos de acuerdo.

    David, me parece que tu planteamiento no difiere sustancialmente del de Fritzsche, quien pone mucho cuidado en destacar la alta popularidad del nazismo -expresada en votos- y la relevancia de este factor en la llegada del nazismo al poder. Precisamente, en esto reside uno de los ejes de su análisis. Fritzsche enfatiza que, siendo cierto que en dicha llegada al poder tuvieron parte fundamental las negociaciones a puerta cerrada entre Hitler e importantes personalidades del conservadurismo, también es cierto que estas personalidades accedieron a tales negociaciones porque Hitler lideraba el partido más grande del país –en términos de votaciones-. Sin el alto grado de apoyo ciudadano al NSDAP, Papen, Hugenberg y otros no lo hubiesen tenido en cuenta.

    Chuikov, leí Vida y muerte en el III Reich y envié la reseña.

    Saludos.

  8. Clodoveo11 dice:

    Pues yo no sé si estar muy de acuerdo con esa tesis. En noviembre del 32 los nazis sacaron el 33% de votos, una tercera parte, tras una campaña de terrorismo callejero, intimidaciones, indiferencia descarada de Von Papen a las actividades nazis, etc. Casi un 70% de votos los rechazaban o por lo menos no participaban de ellos. Otra cosa es que después el apoyo de las fuerzas conservadoras fuera decisivo para su toma y posterior monopolio del poder, reforzado por el terror. Pero los factores señalados no los veo tan decisivos: el tratado de Versalles no fué aplicado estrictamente ni en su totalidad, y la crisis económica golpeó a muchos países sin derivar al totalitarismo necesariamente. A partir de esa fecha y con los resortes del poder en sus manos sí que la adhesión masiva al nazismo fué un hecho, pero en condiciones progresivamente más restrictivas para las libertades.

    Saludos.

  9. Rodrigo dice:

    Ya, pero es un hecho que el NSDAP era con ventaja el partido más votado, Clodoveo. Pero no dice Fritzsche que por esta razón debían los nazis hacerse necesariamente con el poder, ni traza un esquema simplista acerca de la llegada de los nazis al mismo. Más bien pone énfasis en la popularidad del partido –expresada en votos- como uno de los muchos factores que incidieron en dicho fenómeno, factor que a su vez se explicaría en importante medida (no únicamente) por su carácter innovador (revolucionario) y por un nivel de afinidad o convicción ideológica de los votantes. Fritzsche retrocede a 1914 para configurar el cuadro sociopolítico que resultó en los significativos porcentajes de votación para el nazismo a comienzos de los años 30, en primer lugar, y en segundo procura comprender el atractivo que ejerció un discurso extremista y antidemocrático como el nazi en una sociedad formalmente democrática. Me parece relevante, puesto que no es desdeñable el que alrededor de un tercio del universo de votantes apoyara y legitimara un partido que prometía acabar de raíz con la propia democracia, la que por demás llevaba años torpedeando por medios como los que señalas (terrorismo callejero, intimidaciones, etc.). Fritzsche aclara de entrada que su análisis está enfocado en el proceso por el cual el nazismo tuvo la votación que tuvo.

    A todo esto, me parece que el autor omite en este libro el factor Hitler, absolutamente crucial en un movimiento carismático como el nazismo. Sin embargo, esta omisión queda en alguna medida subsanada en Vida y muerte en el III Reich, que es una suerte de continuación de De alemanes a nazis puesto que cubre el período del gobierno nazi bajo similar premisa, la de la adhesión popular al nazismo. Y ahí sí que tiene en cuenta la importancia de Hitler como sostén fundamental de la legitimidad de un régimen personalista y carismático como el III Reich (idea equivalente a la de el “mito del Führer”, formulada por Ian Kershaw).

    Saludos.

  10. Rodrigo dice:

    Digo “sociedad formalmente democrática” porque está claro que la de Weimar era una democracia demasiado incipiente y precaria, carente de un sustrato cultural consolidado que la legitimase y fortaleciese. Tanto que muchos alemanes la concebían como una anomalía histórica, extraña a la “germanidad”, y muy pocos le profesaban sincero afecto –todo lo cual se puede lo más bien considerar sin incurrir en anacronismos, como el de aplicar criterios extemporáneos a una época en que no había en torno a la idea y el valor de la democracia un consenso generalizado como el de nuestros días-.

  11. ARIODANTE dice:

    Una matización, Rodri. Cuando digo que Wagner fue “amigo” de Bakunin, quiero decir que tuvo relación con él. Relación política, Wagner le admiraba profundamente y Bakunin…bueno, a saber qué pensaba Bakunin. Se conocieron en Dresde, en la revolución del 48-9. Esto lo he leído en la biografía de Wagner, de Martin Gregor-Dellin (que si consigo acabarla alguna vez, 900 págs., la reseñaré). Cito: ” Las relaciones entre Wagner y Bakunin estuvieron impregnadas de exquisita delicadeza y cortesía. Ambos monomaníacos podían escucharse el uno al otro durante horas. Pero(..) no se tomaban demasiado en serio. (…) Bakunin describió a Wagner como un “iluso” con el que no tenía lazos políticos.”

  12. Rodrigo dice:

    Ya caigo. Gracias por la aclaración, Ario.

  13. tomasin dice:

    Hola, el movimiento revolucionario nacionalsocialista murio en 1934 en la famosa noche de los cuchillos largos, aquí Hitler traicionó al pueblo aleman y a su partido que lo habia llebado al poder…

    Hay otro punto de vista aparte del de Friezche y que los historiadores han omitido ….el de Louis Pauwels y Jacques Bergier…

    Aparte mi padre estuvo trabajando en Alemania en una mina en 1964-5-6 y me dijo una vez, ¿ sabes porqué los alemanes siguieron ciegamente a Hitler? Porque les prometió que cada aleman sería el alcalde de un pueblo del mundo…Además me dijo que en el inconsciente colectivo del pueblo aleman hay un orgullo de creerse superior a las demás razas…eso no quiere decir que no sean amables, corteses, educados y cultos… pero la raza alemana está impregnada de barbaros…solo hay que despertarlos…y volverían ser lo mismo que hace 60 años… Yo no estoy muy de acuerdo con mi padre…pero el vivió y comió con ellos tres años….

  14. Rodrigo dice:

    ¿Esto?:
    http://es.wikipedia.org/wiki/El_retorno_de_los_brujos

    Pues no me parece tan extraño que los historiadores lo hayan omitido.

  15. lucia dice:

    alguien me explica esta parte? por favor
    Lo que se desencadenó en 1914, fue una dinámica de índole popular, que supuso un salto cualitativo hacia la consolidación de una conciencia comunitaria nacional. Se trató, de un punto de inflexión decisivo para el proceso de nacionalización de las masas Esta dinámica sentó las bases para la conformación de una sociedad civil que pudo soportar los embates de una guerra más larga y más cruenta de lo inicialmente esperado. Por sobre el fraccionamiento de intereses resultante de la crítica situación económica y a pesar de una desmoralización bastante generalizada, en 1918 persistía un sentido de solidaridad nacional tal que las dificultades particulares seguían subordinándose al consenso patrio. Los alemanes seguían viéndose más como miembros de una nación que como personas afectas a lealtades partidarias o de clase.

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