CRÓNICA DE LOS XII ENCUENTROS HISLIBRIS (Madrid, 14 y 15 de junio de 2024)

Viernes, 14 de junio de 2024

No poseyendo ningún habitante del planeta, por fortuna, que se sepa, la facultad panóptica de verlo, oírlo y saberlo todo, ni el poliédrico don de aprehender la realidad de las cosas desde todas las perspectivas posibles, ni la habilidad de la ubicuidad ni el dominio de la presciencia ni la clarividencia acerca del devenir del mundo; siendo pues esta la situación del común de los mortales, incluidos en ese conjunto los hislibreños (sí, ¿no?), no sabrá mal ni parecerá extraño conocer a través de un único, personal, particular y limitado punto de vista los hechos acaecidos en Madrid relacionados con los conocidos XII Encuentros Hislibris, los cuales consistieron en esencia en el encuentro y reencuentro (de ahí el nombre sin duda) de los hislibreños, y en la entrega de los galardones correspondientes a la XIV edición de los Premios de Literatura Histórica Hislibris. Punto y aparte.

Antes de zambullirse en la vorágine hislibril, y para no hablar en primera persona he aquí la tercera, este hislibreño hubo de resolver a primera hora de la mañana un turbio asunto relacionado con el oscuro negocio de la compraventa de libros en el quinto pino, o pinar, concretamente en el Pinar de Chamartín. Solucionado el asunto y cargadas las alforjas con la mercancía (asunto este que a nadie interesa, como es lógico, pero ya quedó claro en el párrafo anterior que cada uno cuenta la feria según le va en ella), se reunió con una pequeña gran porción del espíritu hislibreño el cual había adoptado la forma de Lucie, Farsalia y un par de cafés. Juntos ya los tres, quisieron dejarse imbuir por el espíritu de los libros, o imbuir a los libros del hislibreño, cosa también posible, pruebas hay de ello por doquier, y acudieron a la Feria del Libro del parque del Retiro.

Garbeo rápido y breve; el calor apretaba y el tiempo un poco también. Visitose la parada de Desperta Ferro Ediciones y también la de Edhasa (que eran una y la misma) y saludose a quienes en ella habitaban (cometiéndose entonces el imperdonable y poco caballeroso error de no hacer las presentaciones pertinentes entre Lucie y Penélope Acero, editora edhasiana), y de inmediato los tres hislibreños se dirigieron al hislibreño hogar de Rosalía y Pedro, y nunca mejor dicho porque aquello no era una casa sino un hogar. Allí comieron manjares hindúes y bebieron café de Nicaragua en torno a una mesa rodeada de libros y más libros (es que en los estantes había doble hilera de ellos), qué más se podía pedir. Disfrutaron de la hospitalidad y amabilidad de Rosalía y Pedro, vieron y hojearon un par de joyas encuadernadas de 1932 y 1905, y al final no hubo más remedio que dejar tan grata compañía e ir al Periscopio, el local donde iba a tener lugar la entrega de premios.

Muchos otros hislibreños aguardaban allí para dar comienzo con la ceremonia casi mística de anunciar qué libros y autores se habían hecho con los galardones en el sexto año bisiesto del tercer milenio de nuestra era. Estaban presentes Equix, Hahael, Nuruialwen, Íñigo, Koenig, Arturo y Javi_LR, conocido en los archivos policiales como Javileré. Y comenzó el acto, y empezaron a caer los premios. Farsalia fue la voz cantante y Cavilius hizo los coros, con algunas intervenciones a capela de Íñigo.

El premio a la mejor novela histórica fue agradecido con un pequeño texto del propio autor Lorenzo G. Acebedo, que se leyó en su nombre. Fue una lástima que nadie pudiera acudir a recoger el premio a la mejor novela histórica traducida. En cambio el diploma a la mejor obra de no ficción, dada la ausencia de Javier Veramendi, lo recogió Koenig caracterizado como aquel, aunque todo el mundo supo que se trataba de un imitador. Pero sí que fue el auténtico Javier Negrete quien recogió el premio que le acreditó como mejor autor de novela histórica en español durante el pasado año, la cual cosa agradeció con unas palabras y una gran sonrisa. El diploma al mejor autor novel fue correspondido con un magnífico texto, aunque por desgracia no con su presencia, de la ganadora María del Mar Peña, que fue leído por Lucie en su nombre. La mejor cubierta también contó con la presente ausencia de los ganadores.

La labor editorial de Satori Ediciones durante el 2023 merecía ser premiada, según acuerdo unánime del jurado, y aquella tarde en El Periscopio se hizo justicia. Marián Bango y Alfonso García viajaron desde Gijón, se alojaron en El Escorial y recogieron felicísimos el merecido galardón. Y por último pero tan importante como los anteriores, se concedió el premio honorífico a David Hernández de la Fuente, cuyo impresionante currículum fue esbozado brevemente aunque largamente (se entiende, ¿verdad?) por el maestro de ceremonias. Al hallarse el ganador ausente por motivos de causa mayor, en su nombre lo recogió un sorprendido Javi_LR, compañero suyo de pellas durante la carrera según él mismo confesó.

Asistentes y algunos ganadores de los XIV Premios de Literatura Histórica.

Finalizado el acto, el espíritu hislibreño trasladó a la congregación hasta el lugar elegido para satisfacer las terrenales necesidades alimenticias nocturnas de los seres humanos, o sea, cenar. Comida, bebida, charla y prisas de última hora de este hislibreño a quien se le escapaba el autocar de regreso al mundanal mundo mundano. Pero los que se quedaron continuaron con la juerga…

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Sábado, 15 de junio

He aquí que, pobre de mí, asumo el cálamo que dejó el cronista aquel que, ya en el filo de la medianoche, abandonara el lugar de los comercios y bebercios, mientras las alegres charlas llegaban a su auge; pero, como suele pasar, todo lo que sube debe bajar, y en este caso fueron los asistentes que, ya en las primeras horas del sábado, bajaron al metro para dirigirse a sus respectivos lugares de descanso.

La mañana del sábado se inició soleada y anticipaba el calor que, aun así algo clemente, acompañó a los que se reunieron, entre ellos el springsteeniano Mr. Gado, delante de las taquillas del Museo del Prado, a la sombra escasa de la estatua del tenaz maño que pintara majas, retratos, caprichos, desastres de la guerra y pinturas negras. De pinturas iba la cosa, acompañadas también de fotografías en productos químicos (¿sabían ustedes de imágenes vertidas en papel con gelatinas de plata y otras mezclas?).

Pues algunos hislibreños, liderados por la sabia y pormenorizada Rosalía de Bringas, ducha en estas lides, asistimos a la exposición temporal (apunten la fecha; hasta el 22 de septiembre del presente año) Arte y transformaciones sociales en España (1885-1910). Casi dos horas y a caballo de dos plantas de la parte nueva del Museo, se gozó de la exposición, de los comentarios de Rosalía, de alguna amable riña por la tonante voz farsaliana, que no dudó en llevarse a cuestas (pagando, ¿eh?) el voluminoso catálogo, que más tarde dejaría en su alojamiento; que no hay ya fuerzas para cargar con el peso en páginas de cinco lustros de cambios en una España agropecuaria que se asomaba al abismo (y la protesta) industrial, y con estampas como la educación infantil, la prostitución, la muerte y los entretenimientos de la futura sociedad de masas. Lo dicho, que no se la pierdan (la exposición, claro), pues vale muchísimo la pena, por la selección de imágenes (muchas les sorprenderán) y por la panorámica histórica que el comisariado de la muestra ha mostrado.

Bajo el sol que relucía en todo su esplendor en un cielo raso, nos dirigimos al cercano Ateneo de Madrid, en cuya ya de por sí muchedumbrada cantina se abrevaron buena cerveza, espirituosos refrescos y chispeantes aguas con gas, a la par que llegaron los hislibreños del día anterior, con alguna ausencia, pero a los que se añadió Atenea. Al son de la flauta hameliniana de Rosalia, algunos nos escapamos para colarnos en algunas de las estancias del Ateneo, reconocer a personajes en los cuadros de muchos de sus miembros, impresionarnos por estampas klimtianas encima de algunas puertas y captar la veteranía de tamaña sede de la cultura madrileña.

En el vestíbulo del Ateneo de Madrid.

Poco a poco llegaron los que no se unieron a la exposición por avatares diversos, y juntos nos encaminamos al aledaño Círculo de Bellas Artes, en cuyo restaurante estábamos citados. Allí nos esperaban, aunque no se conocieran entonces, el intrépido Íñigo Montoya y el joven Historiamilita, una de las recientes incorporaciones a la grey hislibreña. Se montó mesa en el restaurante para los que allí. con apetito y charlas pendientes, se apostaron. Y aquello fue un banquete que no por menos pantagruélico fue asimismo menos sabroso, aderezado con vinos, cervezas y aguas varias, así como la especia de la lengua desatada que da sabor a la chicha que allí se concitó. Las conversaciones se ventilaron por zonas y temas, pero nadie se quedó con hambre de conversaciones sazonadas con el condimento de la buena camaradería.

Comida en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

El tiempo voló, los planes mudaron. De la prevista sesión en El Periscopio* para hablar sobre el futuro de Hislibris (¡20 años se cumplen en 2025, señorías!), se optó, avanzada la tarde por reunirse en una tasca y, bajo la exposición de un pogüerpóin de esos en un computador portátil que trajo Javi_LR, este, por más señas, presentó una panorámica de por dónde irán los tiros, y de cuyas dianas ya se hablará en su momento. La cosa estuvo animada, hubo debate vivo y puedo anticiparles la recuperación del Concurso de Relatos Históricos y algunas iniciativas en varios campos cibernéticos que aún deben analizarse a fondo antes de poner en marcha. Podemos decir que somos más viejos, pero que brillamos en arrogancia juvenil para emprender nuevas empresas bajo la bandera hislibrense y con las huestes hislibreñas dispuestas a conquistar el mundo. ¡Que se prepare el orbe!

*Con posterioridad se supo que otra reciente incorporación a la banda de hermanos hislibreños, Pero López, se aproximó a la sede del Periscopio, aun avisado del cambio de última hora, para asistir a la sesión de tarde y se encontró con la persiana bajada. Lamentamos su ausencia y le pedimos disculpas.

Tras la despedida de Koenig y Rosalía, con quehaceres familiares pendientes, hubo manduca bajo el nombre de cena en un local en pleno Barrio de las Letras madrileño y en la calle de nombre Moratín, y las deliciosas viandas y las chispeantes conversaciones se zamparon e intercambiaron entre los que allí se ajuntaron tras la sesión pogüerpointizada. Y la cosa estuvo alegre, pero los cansancios, que hasta entonces brillaron por su ausencia, se avinieron en masa y las retiradas, en una hora inusalmente inhabitual entre los hislibreños, empezaron a producirse y por motivos varios. Con cuentagotas, el Lereida, el Pamplonica, la Ilustradora y el Springsteeniano se fueron despidiendo, y quedaron, en busca de una terraza en Lavapiés, doña Grace Kelly, la X marca el lugar, el hahaeliano corresponsal en los Cerros de Úbeda y el tonante farsaliano, dispuestos a tomar la penúltima. Más charlas hasta pasada la medianoche y despedidas varias; no hubo esta vez una charla hislibreña a las cuatro de la madrugada en plena Gran Vía matritense y a la vera de un entre curioso y sorprendido repartidor de flyers, pero se dijo de casi de todo y se quedaron comentarios pendientes para un próximo Encuentro.

¡Hasta 2025, hislibreños!

Pues en 2025 nos vemos y con una efeméride que conmemorar. Y, como se dice por estos lares, Hislibris Estuvo Allí y esta crónica escribió para la grey hislibreña, para los que estuvieron y, sobre todo, para los que no pudieron asistir: a vosotros va dedicada.

     

12 comentarios en “CRÓNICA DE LOS XII ENCUENTROS HISLIBRIS (Madrid, 14 y 15 de junio de 2024)

  1. Iñigo dice:

    Ole, ole y ole… Y por cierto, corroboro absolutamente todo lo dicho por estos lares.
    Un placer veros de nuevo a muchos de vosotros, y conoceros en persona a otros tantos, que ya era hora.

  2. Arturo dice:

    ¡Jajajá, espectacular, enhorabuena a los cronistas, habéis vuelto a subir el listón de estas crónicas, lo cual es cada vez más difícil! Fue un placer veros el viernes y sentí perderme el programa del sábado, pero me consuelo pensando que no tardarán en presentarse nuevas ocasiones de ver a la muchachada hislibreña. Tengo la sensación de que el paréntesis de la pandemia ha quedado definitivamente atrás. ¡Abrazos a todos!

  3. Farsalia dice:

    Bravo, grande lo pasamos y espero que nos veamos pronto.

  4. hahael dice:

    Pardiez, buena crónica. Doy fé que en ella se cuentan hechos muy ciertos y verídicos, que no como otras dadas en exceso a la imaginación. Y que quedan ganas de repetir. Un abrazo a todos.

  5. atenea dice:

    ¡Pero qué grandes sois todos!

  6. Valeria dice:

    Compruebo que, como el vino, pasa el tiempo y vosotros estáis cada día mejor. Es un placer veros, aunque sea solo en foto.

  7. Vorimir dice:

    Parece que ha sido un buen evento, ¡enhorabuena a todos!

  8. cavilius dice:

    ¡Qué bien que lo pasemos, y lo que disfrutemos!

  9. La verdad es que tengo que decir que el poco rato que estuve con vosotros me lo pasé genial. Ya me da pena no haber estado en el momento de la entrega de premios y en las otras actividades. El año que viene espero estar en todo.
    Una alegría haberos conocido en persona y haberos desvirtualizado. Sois unos grandes.
    Un abrazo fuerte,
    Isma (HistoriaMilita)

  10. Farsalia dice:

    Pasémoslo bien, hablémoslo y bebiéremoslo todo. Y lo que quedare para 2025, viérese entonces.

  11. Pero López dice:

    Buenas, yo soy el mentado Pero López. Lo más gracioso es que cuando fui a la quedada de Hislibris y no se presentaron sus señorías (bueno, yo llegué una hora tarde porque había estado comiendo con mi primo y la cosa se alargó, pero en cualquier caso allí no había nadie), es que fui al local del Periscopio, como estaba la persiana bajada llamé a la puerta de al lado y salió un tipo con cara de haber estado durmiendo la siesta, cuando le dije que si era ahí el local del Periscopio, una librería o el concurso de Hislibris me miró con cara de alucinado, como pensando «de qué me está hablando este tío». Por supuesto no tenía ni idea de nada.
    Luego ya que ya había echado el viaje, por agotar todas las alternativas llamé a la puerta del otro lado y salió un señor mayor que tampoco sabía de qué le estaba hablando.
    Hice varios intentos con otros locales comerciales pero no había nadie.
    Les recomiendo, estimados hislibreños, que le regalen algún ejemplar de la antología a los vecinos, que hay que fomentar la lectura y las buenas vecindades :-)

    Muchos hislibreños esperamos con ansia la vuelta del concurso de relatos, ¡ojalá esta vez sí!

    1. Iñigo dice:

      Lástima. Otra vez será. La infraestructura del evento es compleja en los tiempos gestionados.

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