CANCIÓN DE NAVIDAD – Charles Dickens

«Puede que haya muchas cosas buenas de las que no he sacado provecho», replicó el sobrino, «entre ellas la Navidad. Pero estoy seguro de que al llegar estas fiestas -aparte de la veneración debida a su sagrado nombre y a su origen (…) he pensado que son unas fechas deliciosas, un tiempo de perdón, de afecto, de caridad; el único momento que conozco en el largo calendario del año, en que hombres y mujeres parecen haberse puesto de acuerdo para abrir libremente sus cerrados corazones y para considerar a la gente de abajo como compañeros de viaje hacia la tumba y no como seres de otra especie embarcados con otro destino. Y por tanto, tío, aunque nunca ha puesto en mis bolsillos un gramo de oro ni de plata, creo que sí me ha aprovechado y me seguirá aprovechando; por eso digo: ¡bendita sea!»

La Navidad es sin lugar a dudas una época del año muy especial. Ya sea uno cristiano, judío, musulmán… o de Ankh Morpork, en su fuero interno sabe que esos días tienen un algo difícil de explicar. A ese sentimiento unos lo llamarán magia, otros lo achacaran a que es el final de año pero todos coinciden en que en el ambiente hay una especie de electricidad. Los cristianos llaman a este tiempo Navidad en honor al nacimiento de Jesús (la Natividad); los judíos encienden la menorá en su Festival de las Luces; e incluso algunos los musulmanes recuerdan en sus mezquitas a Jesús como un espíritu proveniente del Creador. Sea uno de un credo o de otro, hay que reconocer que la Navidad, desde sus comienzos, ha sido importante en la Historia. Muchas guerras se han parado temporalmente durante esos días, y muchos personajes principales han reconocido su importancia. Pero no siempre ha sido así. La forma mercantilista (en su gran mayoría) en que se celebra hoy en día la Navidad a base de compras, caros regalos y banquetes pantagruélicos, es una desviación del verdadero espíritu que conforma estas fiestas. La paz y la hermandad que deberían presidir el final de año han sido aplastadas bajo capas y capas de papel de regalo y kilos y kilos de comida sin deglutir. Hubo un tiempo, hace muchos años en que pasó algo parecido, pero esta vez por escasez de ese espíritu al que anteriormente refería. En algunos sitios no se celebraba, ni se acordaban que existía y en otros las autoridades les prohibían hacerlo (y no, no era el Grinch). Gracias a Dios, que existió un hombre al que le preocupó esta cuestión y quiso volver a resucitar el verdadero sentido de la Navidad. Se trataba de un escritor, a lo mejor algunos lo conocéis, llamado Charles Dickens (1812 – 1870), que gracias a una serie de cuentos de Navidad consiguió que los villancicos y los buenos deseos de paz volvieran a sonar en las calles. Pero por encima de todos esos cuentos hubo uno que pasará a la posteridad por ser el heraldo de la bondad entre los hombres. Se titula Canción de Navidad y es una de las obras literarias que más han influenciado a la cultura mundial. Y si no enciendan la televisión en Diciembre y cuenten las múltiples versiones que aparecen antes y durante el día de Navidad.

Para empezar (y aquí parafraseo al propio Dickens) la Navidad, como tal, estaba muerta. A partir de mediados del siglo XVIII y parte del XIX, la Revolución Industrial y la tecnología que de esta partía habían alienado en exceso a la civilización. El humo de las fábricas había  cegado la mirada de muchas personas y las interminables horas de trabajo habían congelado el corazón de otros tanto prohombres. Si por un lado la bonanza técnica iba a traer el maná a la población mundial, el coste social iba a ser terrible. Las ciudades empezaron a llenarse de trabajadores venidos del campo y se fueron creando barrios en donde éstos se hacinaban como animales. La miseria, la ruina, el hambre que llamaba a la puerta, y la delincuencia eran el día a día de una población hambrienta. Los ricos hacendados cada día nadaban más en la abundancia mientras que los pobres se hundían irremediablemente en el fango de la desgracia. La diferencia entre una clase y otra era tan grande, tan insalvable, que incluso había gente acomodada que nunca en su vida habían puesto un pie en aquellos barrios miserables. Parecía que eran habitantes de dos planetas distintos cuando en verdad eran casi vecinos. Charles Dickens, que también había vivido su ración de miseria cuando de pequeño trabajaba en una fábrica de betún, fue un espectador de excepción de todo lo que ocurría a su alrededor, y no dudó en denunciar esta situación en sus novelas en las que junto a las típicas dosis de ironía se pueden recordar escenas aterradoras de aquellos tiempos. Acuérdense cuando en el orfanato Oliver Twist le dice a un irritado señor Bumble: “Por favor, señor, quiero un poco más”. Esta escena todavía me pone los pelos de punta.

Como se puede ver la gente no estaba para muchas celebraciones. En muchos hogares no había ni para llevarse un pedazo de pan a la boca y menos un pollo o un pavo. Dickens se dio cuenta de esto y por ello quiso aventar el rescoldo oscurecido de las Navidades pasadas y conseguir volver a unos tiempos más amables y fraternales. Pero este deseo no iba a ser tan fácil ya que en el siglo XVII los protestantes prohibieron cualquier celebración que tuviera que ver con el nacimiento de Jesús ya que vinculaban esta efeméride con el catolicismo. La victoria de los puritanos en la guerra civil dio la puntilla a la Navidad pues un edicto de 1647 prohibieron totalmente esta celebración bajo pena de muerte (edicto que no duró mucho pues la masas se sublevaron ante esta decisión tan extrema) Al final la Navidad quedó como un simple día de descanso para los trabajadores. Algo parecido ocurrió también en las colonias americanas. Por tanto a Dickens le quedaba un trabajo duro de concienciación. Y la oportunidad para ello le llegó cuando sus editores Chapman & Hall le amenazaron con cerrarle el grifo si no subían las ventas de sus libros y, también,  si no conseguía escribir una obra que vendiera lo suficiente para seguir manteniéndole. Llama la atención que con este ultimátum consiguieran que Charles Dickens escribiera una de las obras más importantes de la Historia de la Literatura a la vez que esculpir uno de los mayores iconos de la cultura occidental: el malvado y tacaño Ebenezer Scrooge. Cuando Dickens les informó que iba a escribir el primero de sus cuentos navideños, sus editores no se creían lo que estaban escuchando (lo mismo le pasó tiempo después al escritor J.M. Barrie al proponer escribir una obrita de teatro llamada Peter Pan y Wendy). A Christmas Carol, como se llama originalmente la novela, se publicó finalmente en 1843 y aunque tuvo una acogida buena, más bien tibia, no resolvió los problemas económicos del escritor que acabó rompiendo con sus editores.

No creo que haya ninguna persona, a no ser que haya vivido en una cueva toda su vida, que no conozca el argumento de Canción de Navidad, pero por si acaso la hubiera, que de todo hay en la viña del Señor, no se preocupe que al momento principio a informarle de la maravillosa historia de un hombre de corazón de hielo llamado Scrooge. Dickens nos informa que éste es un prestamista odiado y temido a partes iguales por los londinenses, ya que no hay persona más malvada que él en la faz de la tierra. Dickens lo retrata de la siguiente manera: “Era un viejo pecador agarrado, aprovechado, ahorrativo, cicatero y codicioso. Duro y afilado como un pedernal del que jamás acero alguno había extraído un generoso fuego; reservado, independiente y más solo que la una. El frío de su interior helaba sus ancianos rasgos, le cortaba la nariz puntiaguda…” Todo le molestaba, sobre todo la Navidad que según sus propias palabras era un día perfecto para que los trabajadores consigan un día de jornal sin haber trabajado. Como se puede ver era una persona que iba camino de la perdición. Pero la misma noche de Navidad, un antiguo socio, ya fallecido, se le aparece como fantasma y le asegura que le visitaran tres espíritus que le devolverán por la senda del bien. Estos espíritus son el de las navidades pasadas, presentes y futuras. Al principio Scrooge es un tanto reacio a hacerles caso pero tras cada visionado que estos le ofrecen, poco a poco su corazón se deshiela dando paso a un torrente de amor hacia los demás cambiando, por tanto, su vida y destino para bien.

Si solo nos tomamos esta novela como el típico cuento de fantasmas victoriano desgraciadamente rascaremos poco más que  la superficie de este fresco popular, por lo que es necesario abrir más nuestros sentidos e ir más allá de la palabra escrita y al igual que Scrooge tomar la mano de un Dickens espiritual y traspasar las líneas del libro y aterrizar en el Londres de 1843. Normalmente, los entendidos en el mundo dickensiano, entienden Canción de Navidad como una crítica al capitalismo salvaje del siglo XIX. Scrooge es solamente la punta del iceberg de este sistema que chupaba la sangre a las clases más humildes. La niebla típica londinense se junta con el humo de las fábricas impidiendo en muchos casos a los viandantes llegar a sus casas. Los niños, medio desnudos, retozan en la nieve, con la única esperanza de cantar un villancio a cambio de una moneda,  y en muchas casas se pasa hambre mientras que en las de los ricos se atiborran sin parar (esto no solo pasaba entonces, ahora es igualmente común. Es lo que tienen las obras clásicas, que son intemporales). Un ejemplo de ello lo vemos en una escena en la que Dickens compara el menú navideño de un Bob Cratchit cualquiera (ayudante de Scrooge) con el que se prepara en las cocinas del alcalde de la ciudad. A todo esto las ayudas sociales que proporcionaba el estado eran paupérrimas. Hay un momento en el que Scrooge se siente aliviado al saber que todavía existe fríos hospicios, y ruedas de castigos para pobres en las cárceles, y sentencia diciendo que a los indigentes les vendría mejor morirse para dejar de ser una carga para la buena sociedad. Este es el mundo neblinoso que nos ofrece en un principio el escritor. Mundo que el sufrió en sus carnes, como ya he comentado anteriormente.

Pero no toda la sociedad era así, y de eso se aprovecha Dickens. Ésta, a mediados del siglo XIX, comienza a sentir nostalgia de tiempos mejores, de épocas pretéritas donde la Navidad era sinónimo de compasión y paz entre los hombres. Gracias a la publicación de Canción de Navidad, nuestro escritor, se convierte por tanto en la persona que resucitó esta festividad. La gente que abrió este ejemplar quedó tan sorprendida que muy pronto volvieron a sonar los villancicos en las esquinas y los árboles de navidad volvieron a crecer en las calles. Las escenas navideñas que aparecen en el libro se instalaron en el imaginario público propiciando que las fiestas siguientes fueran un calco del libro, hasta llegar, con el tiempo, a fusionarse en las mentalidades de todo el mundo. Dickens había resucitado a los espíritus de las navidades del pasado, presente y pasado. Había cumplido con creces su propósito inicial: “…despertar antiguos pensamientos de amor”. ¡Incluso se publicaron postales navideñas con escenas de la novela!

Desde entonces Canción de Navidad (y sus otros cuentos navideños posteriores) se han convertido en uno de los libros más reeditados y vendidos del mundo. Un auténtico clásico de la literatura mundial. Se han hecho infinidad de obras teatrales y se han dirigido un buen número de películas, convirtiendo a sus personajes en iconos de Navidad. Por lo menos en el mundo anglosajón. Hay quienes achacan a Dickens el haber convertido la Navidad en un producto, aunque en descargo del escritor es preciso puntualizar que éste no revivió las fiestas como las conocemos ahora sino que avivó la llama de lo que debería ser el espíritu navideño de paz, amor y concordia. Otra cosa es que las grandes empresas cogieran ese espíritu y lo convirtieran en una fábrica de ganar dinero. De todas maneras les voy a contar un secreto: el que ahora escribe esta humilde reseña, al llegar estas celebraciones,  tiene la costumbre de releer todos los años Canción de Navidad para solazarme con la increíble gesta de un avaro que gracias a la intervención divina pudo enderezar su vida, a la vez que quitar su nombre de la lápida.

Ya solo me queda despedirme de ustedes diciéndole lo mismo que el pequeño Tiny Tim al final del libro: ¡Que Dios nos bendiga a todos!

     

6 comentarios en “CANCIÓN DE NAVIDAD – Charles Dickens

  1. Vorimir dice:

    Mejor reseña para estos días casi imposible. :D

  2. APV dice:

    El tradicional Solsticio de Invierno marcaba el final de los trabajos de preparación para el invierno y su hambre desde el origen del hombre, y al mismo tiempo marcaba el renacer del día que comenzaba a crecer frente a la noche. Lógicamente a lo largo de la Historia y de los continentes se asoció a alguna celebración que luego se volvería religiosa en algún sentido.

    En el mundo XIX en parte al industrializarse se debilitó ese aspecto atávico al dejar de ser campesinos o cazadores, pero se seguía sintiendo en parte hasta la popularización entre otros por Dickens.

  3. APV dice:

    Un aspecto importante de la obra es el personaje de Scrooge, que ha formado un arquetipo propio que remonta a Molière y hasta Plato, el avaro rico. Personaje que parece que en este caso se inspiró en John Elwes y en Jemmy Wood, individuos conocidos en la Inglaterra de su tiempo por su tacañería pese a su gran riqueza (mirad la Wikipedia).

    Es uno de los grandes villanos, sin ser alguien malvado, y cuyo odio hacia la Navidad deriva de los traumas sufridos en esa época del año. Ciertamente adopta, como las clases dirigentes, una visión malthusiana del mundo, lo que luego sería el darwinismo social o el objetivismo como justificación de su posición, como había sido la ética protestante antes pero que en el XIX se encontraba debilitada; pero es una visión abstracta y no particular frente a la percepción de la verdadera pobreza (ver la Navidad de su empleado), prueba de lo compartimentado de la sociedad inglesa del momento.

    Como arquetipo se ha extendido en el futuro a numerosas obras y hacia numerosos personajes reales: los robber barons, el recluido Hughes,…

  4. Balbo dice:

    No ne extraña que Scrooge esté resentido con la Navidad. A través de las visiones del fantasma de las navidades pasadas, vemos que el padre de Scrooge era alcohólico y lo trataba con dureza cada vez que iba al hogar ; su querida hermana murió por entonces; y su avaricia le llevó a perder a su amada por esas fechas. Fueron la experiencias que iba sufriendo, y su codicia, las que le impulsaron a odiar la Navidad.

    1. Vorimir dice:

      No me extraña que así estuviese tan resentido. Soy yo que no me ha pasado nada de eso y le tengo una manía a estas fechas que no puedo con ellas. XD

  5. Urogallo dice:

    Vuelve a tu montaña, Grinch.

    Lo cierto es que a mí el cuento siempre me pareció bastante poco navideño, y me identifiqué bastante con la crítica literaria que lo incluye dentro de la tradición victoriana de cuentos de fantasmas.

    No en vano, es un cuento que no hace una sola referencia al nacimiento del redentor…Vamos, ni al de Newton.

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