40 PREGUNTAS FUNDAMENTALES SOBRE LA GUERRA CIVIL – Stanley G. Payne

40 Preguntas fundamentales sobre la Guerra CivilLeí el libro que hoy me ocupa reseñar el pasado verano, desde entonces me he planteado la idoneidad de publicar o no una reseña sobre el mismo; ¿la razón?: se trata de una visión sobre nuestra desgraciada guerra civil que no gustará a muchos; ¿por qué?: porque existen muy pocas obras relativas a este tema que lo aborden desde la autentica equidistancia que debiera exigirse a cualquier historiador.

Payne en mi opinión intenta adoptar esta equidistancia –bebiendo y citando muy variadas fuentes- pero esta afirmación no deja de ser una completa falsedad para el “stablishment” que masivamente gobierna nuestras universidades y saber “políticamente correcto”; hay fuentes que por lo envenenado necesariamente han de ser mortales para el lector “incauto”. No intento por tanto dar gato por liebre a nadie, este libro no comulga con la tradicional visión progresista de la guerra civil y malhadada república, tampoco con la tradicional visión que la historiografía franquista dio del conflicto, intenta ocupar un territorio intermedio donde causantes y causas atañen a los dos bandos por igual.

Cuando ojeé esta obra en la librería me pareció interesante que un hispanista como Payne publicara un trabajo que pretendía en 40 preguntas y respuestas contestar las cuestiones fundamentales sobre la crisis de la república y la posterior guerra civil. Ciertamente no quedé decepcionado con la obra. Acabado el libro dispongo de una estructura más clara de lo que fue aquel conflicto, pues lejos de ser la intención del autor el exponer alguna novedosa contribución pretende poner ante los ojos del lector una obra fundamentalmente didáctica, un manual con el que repasar las causas del conflicto y los factores que hicieron que este se resolviera en el sentido que todos conocemos.

Como su título anticipa, la obra se divide en cuarenta capítulos que corresponden a cuarenta preguntas que se hace el autor y a las que responde con un desarrollo textual de unas quince páginas por capítulo. La estructura de este listado de preguntas es cronológica, comenzamos con las causas de las numerosas guerras civiles en España desde 1820 y acabamos con un último capítulo en el que aborda las consecuencias de la guerra civil y su historiografía en la actual sociedad española, tema de notoria actualidad por la manipulación, muchas veces burda y siempre interesada, que se hace del conflicto en pos de cierta rentabilidad electoral. Entre estas preguntas, primera y última, son ejemplo de la multitud de temas tratados: la revolución de 1934, el frente popular y el fin de la república burguesa, causas y amplitud del golpe de estado: conspiradores y oportunistas, ayuda a los sublevados y no intervención de las democracias, importancia creciente del PCE en el gobierno y apoyo de Stalin, represión y crimen en ambos bandos, nacionalismo e infidelidad institucional, destino del oro de la república, fracaso de la ofensiva sobre Madrid, Franco y la conquista de la jefatura, porqué de la larga duración de la guerra, anarquismo y utopía, etc, etc…

En mi opinión se trata de un buen libro, un libro recomendable para quien quiera introducirse en el espinoso conocimiento de la Guerra Civil Española, un libro equilibrado que no intenta quitarle nada a nadie y que como es lógico reparte a cada cual su parte de responsabilidad en aquel doloroso trance que aun sangra en la memoria. No recomendable para aquellos que tienen clarísimo que: “el malvado fascismo acabó con el sueño democrático de un pueblo oprimido por siglos de oscurantismo clerical”. Como es lógico las causas, culpas, consecuencias, y muertos se extienden a ambas orillas. Seguidamente tenéis los detalles editoriales:

CUARENTA PREGUNTAS FUNDAMENTALES SOBRE LA GUERRA CIVIL
STANLEY G. PAYNE
LA ESFERA DE LOS LIBROS, MADRID 2006. 549 páginas.

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383 comentarios en “40 PREGUNTAS FUNDAMENTALES SOBRE LA GUERRA CIVIL – Stanley G. Payne

  1. Urogallo dice:

    Miralo por el lado bueno, es una solucion a la corrupción administrativa de la que ya hemos hablado.

  2. Epaminondas dice:

    No te enfades davide pero negar la evidencia de los beneficios del comercio. Tema profundamente estudiado por la ciencia económica (de cualquier tendencia) y por la filosofía de la ciencia me parece extremo.

    Yo espero al menos en esto provocar una cierta reflexión.

    saludos

  3. Koenig dice:

    Buenas tardes.

    La lectura de ambas posiciones me está llevando a pensar, tal vez equivocadamente, que, aparte de tener planteamientos totalmente opuestos, estoy asistiendo, por ambas partes, a un ejercicio de defensa monolítico de una teoría concreta. Por un lado a favor de la máxima intervencion estatal, y por otro a favor de una mínima intervención estatal (dicho de una forma muy burda, ya que se ha explicado antes mucho mejor). Sinceramente opino que la aplicación de un sistema o de una ideología concreta a algo tan mutable como es la realidad es imposible. Pienso que no hay sistema económico, político o social lo suficientemente perfecto, ya sea detallado o genérico, que pueda dar respuesta a todas las situaciones sociales habidas y por haber.

    Hablando de unos y otros.

    Es muy interesante el panorama que nos propones, amigo epaminondas, del intercambio equitativo de bienes en lo que al valor se refiere. No obstante este intercambio requiere, a mi humilde entender, una serie de premisas.

    En primer lugar que haya tanta oferta como demanda. Es decir, no vale en una situación de monopolio o de oligopolio. Sucede algo parecido a lo que comentaba con respecto al estado tiránico: que está organizado frente a la inmensa mayoría del pueblo, que no lo está. Es decir ¿Que sucede cuando el mercader de utensilios de piedra se da cuenta de que él es el único que los posee y los demás los necesitan hasta tal punto que él puede modificar el equilibrio a su antojo?

    Por poner un ejemplo tal vez mas claro.

    En un pueblecito de montaña sólo hay una panadería, y la barra cuesta cincuenta céntimos. Es un intercambio que panadero y comprador de pan consideran justo.
    Al día siguiente el panadero decide subir el precio de la barra a un euro. Los vecinos tienen dos opciones: considerar justo el intercambio una barra un euro, o considerar justo el intercambio una barra un me cojo el coche (si lo tengo) y me voy al pueblo de al lado a comprar el pan. En ambos casos el comprador tiene derecho a considerar justo lo que quiera. Pero ¿Que sucede si el panadero del pueblo de al lado, dándose cuenta del beneficio que puede sacar, sube igualmente el precio del pan a un euro? ¿Nos trasladamos a otro pueblo? ¿Hasta cuando habrá que trasladarse?

    Hay otra opción, que alguien monte otra panadería y no se apunte al juego. Pero sinceramente ¿venderá la barra a cincuenta céntimos? ¿lo hara mas bien a setenta y cinco?

    Y aquí llego a otra premisa, que no exista un afán de lucro desmedido en ninguno de los dos sectores. O por exponerlo de otro modo: que lo que ambas partes consideran un intercambio justo esté dentro de un marco equilibrado, verdaderamente justo. Seguramente los nativos americanos que vendieron sus tierras por unos collares de cuentas consideraron justo el intercambio, a priori.

    Resumo. La libre competencia, el juego de la oferta y la demanda, no siempre es posible, ya que pueden intervenir muchos factores que la falseen.

    En el otro extremo está la intervención pública. Y la intervención pública tiene, igualmente, una serie de defectos.

    Por un lado la uniformización, porque un servicio público es igual para todo el mundo, y se elimina casi por completo el derecho a elegir. Un ejemplo tonto: el 30 de enero todas las sociedades tienen que presentar su declaración anual de IVA por internet. Yo tengo una sociedad pero no se como se hace ¿Tengo que pagar a un gestor para que me lpresente la declaración? ¿Tengo que enseñarle las cuentas de mi sociedad a un amiguete para que me envíe los datos a hacienda? ¿Tengo que descargarme los programas y aprender a hacerlo, con el consiguiente gasto de tiempo, para presentar mi declaración? ¿Porqué no basta con llevar el sobre hasta la ventanilla? Mi derecho a elegir como presentar mi declaración ha sido totalmente conculcado, y eso que estamos hablando de que voy a entregar dinero al Estado. Si es al revés ni te cuento.

    Pongamos que todo esto es para el bien común. Supongo que al menos al presentarse informáticamente se reducirá el número de funcionarios ya que van a tener menos trabajo ¿O no? Porque aquí salta otro de los grandes prolemas. El funcionario (dicho sea con todo respeto al funcionario individual) dispone de un blindaje laboral del que nadie mas dispone. Al empresario le pueden salir mal las cosas, al trabajador lo pueden despedir, el profesional liberal puede tener pocos clientes. Pero el funcionario no se ve sometido a ningún tipo de incidencia de estas. El funcionario cobra desde el día en que pasa la oposición hasta el día en que se jubila, trabaje o no trabaje. Esto limita extraordinariamente la eficacia del estado, ya que acaba por sostener a un cuerpo (el porcentaje que sea, no entraré en esa polémica) de personas que ni trabajan ni sufren las consecuencias de su ausencia de trabajo.

    Pero sigamos con las pegas ¿Qué sucede cuando la función pública decide entrar directamente en el campo de la iniciativa privada? Por ejemplo: yo tengo una escuela de Tiempo Libre, donde se imparten cursos y se titulan monitores y coordinadores de campamentos. El ayuntamiento del lugar en que resido ha decidido, sin siquiera comunicármelo, sacar su propio curso. Por supuesto subvencionado y por supuesto a mitad de precio. Sería lógico si mi precio fuera abusivo. Pero resulta que apenas se cubren los gastos ¿Cual es el resultado de esto? Que el ayuntamiento tiene veinte alumnos y mi escuela diez. Y por falta de alumnos acabaré por cerrar mi escuela. Gracias a Dios no me gano la vida con esto ¿Qué sucedería si fuera al revés?

    Y para terminar, como la función pública tiene su propia legislación, resulta que en muchos casos es intocable. En el caso que comentaba antes, si fuera otra escuela la que vendiera sus cursos a mitad de precio, podría acusarla de competencia desleal. Pero como es un ayuntamiento, me aguanto. Y además de aguantarme, lo financio con mis impuestos.

    En fin, esto no son mas que ejemplos que sirven para iluminar los muchísimos problemas a los que se enfrentan las teorías y las líneas ideológicas o económicas. Problemas a los que en algunas ocasiones no saben dar respuesta, y en otras se les ocurre alguna salida de pata de banco para encajar las soluciones dentro del sistema, aunque se vea que no pegan.

    No se si todo esto me clasifica como liberal, neoliberal, social liberal, libre alma cándidad o liberalmente infumable, pero sigo pensando que sólo hay una mejor solución para cada problema, y buscarla con honradez, sin preguntarnos primero qué es lo que dice la escuela a la que me apunto, y como encajo mi solución dentro de ese sistema después, suele ser un excelente camino para encontrarla.

    Opino, claro.

    Saludos

    Koenig.

  4. davide dice:

    Estimados señores, llegados a este punto, y sin solución de continuidad, me voy con mi improductiva alma fucionarial a racanear a otra parte. Gracias por su paciencia y comentarios.

  5. APV dice:

    Epaminondas
    El origen del comercio internacional estuvo en manos estatales, fueron los monarcas de las primeras civilizaciones los que realizaban operaciones de comercio-piratería-conquista-diplomacia (las distinciones no eran tan claras en esa época) para obtener los recursos que escaseaban en sus regiones.
    Civilizaciones como los estados mseopotámicos, Egipto, varios estados helenísticos,… tenían una economía muy centralizada en manos del estado o de la iglesia.

    Incluso la Roma de la Pax Romana que citas gozaba de una intervención estatal muy importante, sino pensemos en el aprovisionamiento de cereal, las subvenciones estatales a los armadores, el abastecimiento militar (motor comercial e industrial por excelencia de importantes regiones), la minería,…

  6. Epaminondas dice:

    Davide, no lo tomes por lo personal tío. Nada de lo dicho va por tí ni nadie te juzga. Ya te dije una vez que los profesores y médicos me parecen dos categorías de funcionarios infravaloradas.

    Lamento si te he ofendido y espero que sigas participando si tienes a bien.

    Saludos y no te cabrees…por favor.

  7. Koenig dice:

    Igualmente quiero presentarte mis disculpas davide, si te he ofendido en algún modo, pues no ha sido esta mi intención.

    De hecho, espero que alguno de los “contertulios” te hayamos ofendido sin querer, pues esto nos permitirá “desfacer” el entuerto y seguir opinando tranquilamente, cada uno desde sus sentires y conocimientos. Lo contrario sería una pena. Te invito por ello a exponer tus quejas, si las tienes, para que podamos darte la oportuna reparación, si cabe.

    Saludos.

    Koenig.

  8. jerufa dice:

    Yo no he intervenido nada en este hilo, pero al menos felicitar al reseñador y los contertulios por conseguir meter su novela en el top five.
    ¡congratulations!

  9. unoqueva dice:

    Davide,
    casi no he parcitipado en esta reseña pero estoy de acuerdo con todas tus opiniones, absolutamente al 100%

    APV
    totalmente de acuerdo contigo, sin olvidar mencionar que el libre comercio a veces (muchas veces. bahh en realidad casi siempre) que declaran los liberales conservadores neocon o como quisieramos llamar a todo el arco de derecha, implica abuso saqueo y explotacion de pueblos mas debiles, tenemos miles de ejemplos

    una cosa es la teoria o los discursos de esta gente y otra la politica que aplican, alli se ven los verdaderos “pingos”

  10. Urogallo dice:

    ¿Qué novela?.

    Koenig, querido, de sobra sabes que no estoy ( no puedo estar) en contra de cierto nivel de gasto público, pero que me horroriza tanto el despilfarro, como lo que tú comentas, esa competencia desleal patrocinada por nuestros impuestos.

    Tú, pagano donde los haya, perjudicado por tus propios impuestos.

    Esa es la situacion que tanto me espanta. Los impuestos deben existir, pero no para tan abominables fines. Por eso deben ser controlados y reducidos.

  11. Urogallo dice:

    Ot-tia Epaminondas, te has cargado a César Vidal en el top five.

  12. Epaminondas dice:

    Bueno yo no me lo he cargado, nos lo hemos cargado entre todos, además sin mensajes chorra.

    Sois un montón de queridísimos hijos de vuestra madre. ¡Os quiero muchachos!.

    Por cierto, se me quedó un mensaje colgado por moderación que ha aparecido con fecha 21 de enero a las 8:35; lo digo especialmente por davide porque en parte era para él.

    Vuelve gashego, vuelve.

  13. Urogallo dice:

    Copio y pego, por que cuesta encontrarlo:

    EPAMINONDAS, EL ASESINO DE CESAR VIDAL:

    La izquierda española tiene en su seno los dos componentes: social-liberalismo (o socialdemocracia, como toda la vida, tal y como ya dije en mi intervención) y socialismo, más clásico (y por tanto mucho menos democrático, marxista).

    ¿Porqué es el socialismo menos “democrático” (y aquí mezclo conceptos voluntariamente para no complicar más el debate)?

    El socialismo actual es heredero directo del socialismo anterior a 1989 (es el mismo vamos…), y solo ha evolucionado externamente. En esencia mantiene sus principios: desconfianza en la sociedad libre (la sociedad civil) de cuyas desigualdades ha de “salvarnos”, por tanto muestra una completa desconfianza y vigilancia sobre la libertad de las personas. Esto implica un fuerte intervencionismo en la esfera privada de personas e instituciones, limitaciones a la propiedad privada, control de todos los resortes del estado –ejecutivo/legislativo y judicial-, adoctrinamiento desde la infancia (y en su defecto “atontamiento”), y control de la realidad que percibe el ciudadano, esto es control lo más absoluto posible de los medios de comunicación.

    De lo expuesto anteriormente podemos darnos cuenta que lo que intenta el socialismo del siglo XXI es mantener una apariencia democrática aunque realmente esta solo sea superficial, en esencia pretende mediante el control de todos los resortes del estado poder mantener una mayoría social que lo asegure en el poder elección tras elección, algo parecido a lo que fue el PRI mexicano. Los que seáis demócratas coincidiréis conmigo en que se trataría de una democracia de bajísima calidad, es más sería una especie de tiranía camuflada.

    Yo espero que el socialismo español sea capaz de evolucionar completamente a la socialdemocracia y acabe de ahuyentar los fantasmas del pasado de nuestras vidas. Este es creo el principal problema de España en estos días.

    Saludos respetuosos.

  14. Koenig dice:

    leeeido, dos veces, porque no había pillado la coña de Uro.

  15. Incitatus dice:

    Sí Davide no te ofendas, eres una pieza fundamental en este debate…

    Uro coincido plenamente contigo. Que nuestros impuestos sirvan para financiar ciertos partidos es intolerable (en eso creo en un sistema de financiación de partidos privado como también creo en las listas abiertas); que nuestros impuestos sirvan para pagar un sistema administrativo mamotrético, mientras que como decis profesores y médicos son infrapagados es igualmente intolerable; del mismo modo que el mantenimiento de estructuras agrícolas anticompetitivas y arcaicas…

    Por otro lado el marco legal en el que se tiene que regular el comercio y la actividad económica es el máximo papel de estos, pero creo también que SÍ deben mantenerse los impuestos (reducidos eso sí) a esa actividad económica para con ello poder financiar, de forma regulada y eficiente, aspectos menos lucrativos pero igualmente necesarios de la actividad social (Cultura, ecología, movimientos sociales…) Lo que sí me parece una locura es el exceso de los impuestos indirectos que solo perjudican al consumidor (objetivo de toda actividad económica) y especialmente a las rentas más bajas.

    En el caso de la empresas el intercambio puede ser equitativo cuando se trata de dos empresas de similar tamaño o importancia económica. Pero en caso de empresas pequeñas frente a grandes, estas últimas siempre intentarán sacar la máxima tajada sin contar con lo que le ocurra a la otra, convirtiéndose por lo tanto en un abuso sobre la pequeña.

    Continuaré que voy a ver si ceno algo
    saludos

  16. Epaminondas dice:

    Gracias Uro.

    también han aparecido dos mensajes de davide de las 4:19 y de APV de las 6:30. El de APV te gustara especialmente Uro.

    Según parece habrá que echarle encima al comercio internacional también las muertes de Manolete y Chanquete.

    saludos

  17. Urogallo dice:

    Habia visto lo del aprovisionamiento de cereal ( a mi no me había salido moderado), pero hay que tener en cuenta que estamos hablando de una forma de capitalismo mediatizado por el estado: La propia ciudad de Roma permanecía al margen del sistema ( Panem et circems).

  18. unoqueva dice:

    parece que vamos a tener q crear un altar al LIBRE COMERCIO

  19. Urogallo dice:

    Hombre, se lo podriamos elevar a la economia de estado…

    Ooops, pero si ya hubo uno: Se llamaba URSS.

  20. Epaminondas dice:

    Si, y creo que aniquiló a millones de personas. ¿O quizá los salvó?.

  21. Incitatus dice:

    Recordemos también la gran “bondad” de las compañías de Indias Orientales y Occidentales, de Holanda, Francia y sobre todo gran Bretaña, creo que no se convirtieron en el paradigma de la bondad ni del antimperialismo.

    Yo aún menos que en el libre comercio pleno creo menos en la economía planificada modelo URSS y similares. Pero, en mi “eclectismo” general, creo en un libertad de comercio matizada y en el que las empresas colaboren en la financiación de los estodos y no solo estos en la financiación de las empresas. De todas formas creo aun menos en los altares y en la existencia de una fórmula mágica a cualquier cosa que no pase por el equilibrio.

  22. Urogallo dice:

    Hombre, de la Jhon Company yo podría hablar un rato, y recordemos que es otro caso de capitalismo de estado, no de capitalismo: Mercados cautivos, apoyo militar estatal, tasas prohibitivas…

    No se trata de desterrar al estado, ni de prohibir los impuestos, solo de llegar al punto ideal de justicia.

  23. Incitatus dice:

    En eso último sí estoy de acuerdo, ese es el punto Uro.

  24. Incitatus dice:

    El problema, supongo que insalvable es encontrar ese punto ideal que este acorde con más gente.

  25. unoqueva dice:

    bueno , ya q se van a los extremos y hablan de matanzas de millones de personas.. podemos hablar del “libre comercio” ingles en la India? en Sudafrica? ni hablar del libre comercio español en las colonias americanas? o en la actual Bolivia? de los norteamericanos actualmente en Nigeria? hace falta q sigamos con ejemplos?

    criticar el “Libre Mercado” como lo proponen hoy en dia las potencias occidentales, no es ser marxista siquiera implica un grado de socialismo

    ahora entiendo a Davide

  26. Rodrigo dice:

    El tema que se discute ahora es un tema escabroso, y desde hace mucho me parece que discutir sobre él y otros parecidos es una forma casi perfecta para ganarse enemigos (la perfecta es discutir sobre religión, y es por esto que la evito lo más que puedo). Espero que no sea esta la ocasión de malquistarme con nadie en el sitio.

    La verdad es que mis argumentos para intervenir en este debate no pueden ser mucho mejores que los expuestos por algunos contertulios, y me refiero específicamente a Davide, APV e Incitatus. Conste que valoro en mucho las opiniones de Epaminondas, Urogallo y Koenig, no sólo porque se trate de muy honorables y respetables contertulios, sino porque sus argumentos tienen mucho de cierto; pero tiendo a inclinarme del lado de los primeros. Me propongo abordar el asunto ateniéndome a ciertas dimensiones de interés más sociológico que económico (ya ves, estimado Ep: me he arriesgado al descrédito casi corporativo que a veces los del área económica a la que tú perteneces hacen recaer en los sociólogos, y yo soy uno de ellos). Lanzo a continuación una porción de elementos a los que trato de insuflar una cierta coherencia –muy débil, lo admito: apenas puedo aspirar en este momento a recabar información y coordinar ideas-.

    Ya quisiera que el comercio, cuya importancia histórica y relevancia civilizadora no voy a negar, funcionara según los términos ideales que postula Epaminondas. El comercio ha reportado y reporta muchos beneficios, la evidencia lo demuestra, pero también hay evidencia que demuestra que el comercio ha discurrido por sendas mucho menos ideales que las supuestas por Epaminondas. Más que de comercio hablaría de economía, capitalista por supuesto. Hay que tener en cuenta el hecho indesmentible de la desigualdad en las relaciones económicas internacionales y también internas de cada país. Está muy bien la defensa de la libertad, el problema es que en lo económico la libertad que pesa es la de los peces gordos, la libertad de los peces chicos es residual y muchas veces secundaria, la justa para no dejarse devorar.

    Una de las connotaciones de la desigualdad es la relativa a la concentración creciente del capital, al punto de que no es lo mismo un gran empresario que uno pequeño o uno mediano.

    El proteccionismo intensivamente implementado por las grandes potencias económicas, promotoras del libre comercio internacional. El intervencionismo estatal ha sido promotor fundamental de la prosperidad económica de los países desarrollados. En el siglo XX, no sólo Francia, Alemania y Japón –arquetipos en este sentido- sino también el Reino Unido y los EE.UU. se han valido de mecanismos intervencionistas tales como protecciones tarifarias, subvención a las exportaciones, reducción de tasas aduaneras para la importación de insumos necesarios a los bienes exportables, concesión de monopolios, carteles, créditos a medida, planificación de las inversiones y de las corrientes de mano de obra, apoyo a la investigación afín al desarrollo interno, etc. No obstante, estas mismas potencias venden al exterior –se subentiende: al mundo subdesarrollado- el discurso libremercadista y de completa desregulación de la economía.

    Se suele argüir que las potencias económicas son un ejemplo de las bondades del libremercadismo, y es cierto que ellas promueven estas bondades en sus ‘tratados de libre comercio’ con países pequeños. Pero la verdad es que estas potencias han impuesto invariablemente sus propios términos en las relaciones internacionales; y estos términos son obviamente los que más convienen a sus propios intereses, y decir esto equivale más o menos a decir los intereses del gran capital metropolitano, y sólo muy secundariamente el interés de la población total de la metrópoli. Puede que la cosa sea distinta tratándose de relaciones entre potencias, cuya relativa equiparidad contempla justamente la de las relaciones comerciales. Pero enfatizo en este momento las relaciones entre desiguales, que es donde se advierte el lado flaco –el más flaco- de la quimera librecambista. Como podrá suponerse, aquí entra en juego el factor histórico del imperialismo, decisivo en la historia mundial por siglos, hoy transmutado en una forma distinta de dominación internacional que más bien habría que denominar ‘hegemonía’. La cuestión es que, en términos generales, las relaciones económicas entre países siguen verificándose en condiciones de extrema desigualdad, con el resultado de que los beneficios para una y otra parte –sea la del león o la del ratón- son muy dispares. Me parece que el liberalismo tiene buenos argumentos que exponer en su favor y una muy sólida base para su crítica del estatismo, pero también la teoría de la dependencia tiene sólidas evidencias que corroboran muchos de sus asertos, como el de la generalización de una inicua división social del trabajo: a nivel interno –amplios sectores sociales supeditados a una situación de subordinación y dependencia- y a nivel internacional –una mayoría de países reducidos a un papel equivalente de subordinación y dependencia respecto de una minoría de países desarrollados-.

    División internacional del trabajo en el sistema capitalista mundial, en que unos hacen la parte del patrón y otros la del peón. Es historia conocida: las regiones periféricas del sistema -colonias o países subdesarrollados- suministran materias primas a la industria metropolitana, la cual las procesa y exporta sus productos en condiciones muy ventajosas. Antes se trataba de mercados cautivos –caso emblemático: la India, mercado cautivo de la industria británica-, hoy es el mundo entero el campo de disputa abierto a la codicia de las transnacionales. Históricamente, el proceso se verificó con la total connivencia de los sectores privilegiados –la oligarquía- de los países en posición de subordinación: los productores locales de azúcar, café, lana, trigo, minerales e infinidad de otras materias primas no tenían interés alguno en desarrollar una industria local. Las oligarquías locales fueron cómplices serviles del imperialismo capitalista, valiéndose a menudo de dictaduras militares como recurso para sustentar su dominación. Latinoamérica ha sido ejemplo antonomásico de esta situación; y si en el patio trasero de los EE.UU. se alborotaba el cotarro, siempre pendía la amenaza del desembarco de los ‘marines’.

    La asimetría es tal que los países pequeños se ven forzados por los organismos económicos internacionales (OMC, Banco Mundial, FMI, BID…) a adaptar sus estructuras internas al discurso libremercadista, mientras que las grandes potencias mantienen mecanismos proteccionistas tremendamente poderosos. En los hechos, integrarse al sistema económico mundial significa por lo general que las empresas transnacionales gocen de la libertad más completa para hacer de las suyas en países débiles, mientras que éstos tienen grandes dificultades para incluso tratar de vender sus productos básicos en los grandes mercados del exterior, muchas veces vedados por el proteccionismo estatal. Parece que no están muy descaminados los que afirman o sugieren que tras las grandes reformas económicas y sociales operadas desde inicios de los ’80 en adelante, muchas veces en el contexto de regímenes dictatoriales –Chile es un caso emblemático- estarían las demandas de los grupos transnacionales de poder, sobre todo los que habrían amañado el famoso Consenso de Washington. Dichas reformas apuntaban tácita o explícitamente a hacer del mercado el ámbito privilegiado de la marcha social, y en lo sustancial consistían en reducir la ingerencia estatal, privatizar los servicios públicos, cautelar un estricto equilibrio fiscal para servir la deuda externa, focalizar el gasto fiscal en políticas públicas, garantizar el libre flujo de capitales, minimizar barreras arancelarias, abrirse a la economía mundial. En apariencia no está mal, pero entre otras cosas el resultado ha sido una creciente deslegitimación de la política y la degradación de los espacios sociales como ámbito de generación de sociedad civil. Pierde pie el ideal del ciudadano como categoría social privilegiada y se impone la categoría individualista, atomizada y socialmente alienada del consumidor. La integración colectiva ya no opera tanto según el modelo convencional de la participación política y la participación social, sino por la vía de la actividad económica.

    La culminación del proceso es la globalización, que implica la mundialización casi irrestricta del sistema capitalista. En efecto, no se puede hablar de comercio internacional actual sin hablar de globalización.

    Giddens afirma que las empresas comerciales, especialmente las corporaciones transnacionales, “pueden ejercer un inmenso poder económico y poseen la capacidad de influir en la política bien del país sede, bien en otras partes. Las más grandes compañías transnacionales manejan en la actualidad presupuestos muy superiores a los de la mayoría de los estados”. Generalmente, el actuar de éstos se restringe a garantizar las condiciones que dichas compañías requieren para optimizar su rendimiento. Incluso ha podido sostenerse que la proliferación de pequeños Estados-nacionales sería funcional a los intereses del capital transnacional. “La libertad de movimientos y la falta de restricciones en pos de sus fines de que gozan las finanzas, el comercio y la industria informática globales dependen de la fragmentación política […] del escenario mundial. Se podría decir que tienen intereses creados en los ‘Estados débiles’, es decir, en aquellos que son débiles pero siguen siendo Estados” (destacados propios del original; Giddens: ‘Consecuencias de la Modernidad’).

    Por otro lado, Castells afirma que “en la medida en que la globalización se ha desarrollado, esencialmente, como instrumento de articulación de mercados capitalistas, la rentabilidad económica […] se convierte en el criterio fundamental para la inclusión o exclusión en las redes globales”. La globalización y la informacionalización “están privando de sus derechos a la sociedades. […] La aceleración repentina del tiempo histórico y la abstracción del poder en una red de ordenadores están desintegrando los mecanismos de control social y de representación política existentes. Con la excepción de una pequeña elite de globopolitas […], en todo el mundo las personas sufren una pérdida de control sobre sus vidas, sus entornos, sus puestos de trabajo, sus economías, sus gobiernos, sus países y, en definitiva, sobre el destino de la tierra” (Castells, ‘Globalización, identidad y Estado en América Latina’). Más allá de las consecuencias estrictamente económicas, la globalización, gloria de la expansión capitalista, reviste consecuencias sociales, políticas, culturales e identitarias muy graves. Algunas son positivas pero otras demasiado negativas como para dejarlas pasar por alto.

    Joseph Stiglitz: “Hoy [el BM y el FMI] son instituciones dominantes en la economía mundial. No sólo los países que buscan su ayuda, sino también los que aspiran a obtener su ‘sello de aprobación’ para lograr un mejor acceso a los mercados internacionales de capitales deben seguir sus instrucciones económicas […]. El resultado ha sido para muchas personas la pobreza y para muchos países el caos social u político”. Esas instituciones “están dominadas no sólo por los países industrializados más ricos sino también por los intereses comerciales y financieros de esos países, lo que naturalmente se refleja en la política de esas entidades” (Stiglitz: ‘El Malestar de la Globalización’). Intereses privilegiados por la disparidad en la distribución internacional del poder = asimetría = unilateralismo = desigualdad = sometimiento.

    Sobre los abusos, ineficiencia y corrupción anexos al estatismo se puede decir mucho, pero también sobre la pérdida de legitimidad y eficacia –pérdida de poder- por parte de los Estados-nación. Habermas ha enfatizado el efecto arrasador de la globalización, que tiende a minar la soberanía de los Estados-nación y a caducar sus atribuciones tradicionales (tales como seguridad jurídica, eficacia del aparato administrativo, soberanía territorial, identidad colectiva, legitimidad democrática, resguardo de la sociedad civil). “[Con la globalización] la base fiscal de la política social se estrecha […], la capacidad de integración nacional disminuye y la base relativamente homogénea de la solidaridad ciudadana se debilita. […] El Estado nacional pierde progresivamente su capacidad para recaudar impuestos, estimular el crecimiento y asegurar las bases esenciales de su legitimad; y esta pérdida no es compensada por ningún equivalente funcional. […] En lo que concierne a estos funciones, los déficits no son compensados a nivel supranacional” (Habermas, ‘La Constelación Posnacional’).

    Quiero dejar en claro que no es mi intención hacer la apología del Estado-nación ni mucho menos del estadocentrismo, sino hacer ver el lado negativo del libremercadismo llevado a ultranza.

  27. Rodrigo dice:

    El modelo actual, sobre todo en su vertiente neoliberal, consagra el mercado como espacio privilegiado de lo social, instaurando una especie de imaginario mercadocentrista en reemplazo del imaginario sociopolítico tradicional que proporcionaba las bases de la integración social. Este imaginario de mercado promueve la libertad individual al tiempo que la iniciativa, la toma de decisiones y las responsabilidades individuales. Nada malo en sí, pero no es ésta la vía por la cual habrá de surgir una sociedad equitativa, cohesionada y fuerte, sobre todo si te tiene en cuenta que sociedad no es la simple suma de individualidades, y que la pérdida de referentes sociales de integración generan anomia y alienación social. No postulo una dictadura de las mayorías ni una politización integral de la sociedad, sino el robustecimiento de la sociedad civil, obstáculo eficaz ante tentativas dictatoriales de cualquier signo y antídoto de la desintegración colectiva –la mencionada anomia y alienación social-.

    Otra arista del asunto es el imperio del consumismo. En una definición parcial y tentativa, consumismo es el gasto desmedido en que incurre el individuo sobrepasando sus posibilidades salariales reales. Debilitados los parámetros tradicionales de integración social y de satisfacción personal, el motor central del reconocimiento social del sujeto –incluso de su autorreconocimiento- es el consumo desenfrenado –consumo conspicuo y acorde con un propósito de exteriorizar estatus-. Se trata de una desvirtuación de lógicas y estructuras del sistema social por extrapolación de criterios económicos a la generalidad de ámbitos o subsistemas sociales. Sus resonancias son amplias. Hay una nota de consumismo en toda situación que sea resuelta o dirimida por la lógica del consumo, no obstante ser, la índole de tal situación, extraña a lo propiamente económico. Tiene que ver con lo que suele denominarse ‘economicismo’, o invasión abusiva de sectores extraeconómicos por parámetros y criterios propios de la economía; tema afín, por tanto, a uno como el de la ‘mercantilización de la cultura’. El consumismo se expresa en la circunstancia de que ciertas áreas de la vida individual o colectiva se ven regidas por ‘leyes’ exógenas, venidas de la lógica económica, tales como la maximización de beneficios y la minimización de costos –por decir algo-. Parece absurdo que leyes o criterios como éstos se impongan en ámbitos que no son los de la propia economía; sin embargo, esto ocurre, y es lo que da pie a los críticos del mercado. No se critica tanto al ‘mercado’ en sí, como al hecho de que la lógica del mercado pretenda legitimarse como la lógica fundante de la vida social en su integridad; se critica el que la sociedad entera parezca volverse mercado y nada más que eso: un lugar cuya expresión sublime sea la transacción económica y en que incluso la política devenga un juego de oferta y demanda. Esto, la mercantilización integral de la sociedad basada en el consumismo desenfrenado, es lo que desagrada a quienes no deparamos una mirada complaciente para el actual estado de cosas –es decir, el triunfo del liberalismo, o peor aún, del neoliberalismo a ultranza.

    Por otra parte, el neoliberalismo desconfía desde sus orígenes de la democracia, sobre todo de la de tipo participativo e integrador. Von Hayek, mentor intelectual de esta corriente, consideraba que lo fundamental para asegurar la libertad del individuo era garantizarle total libertad de acción en un mercado completamente desregulado, mientras que la libertad política y la democracia integral eran relegadas por él a un lugar secundario. Y toda tentativa de conferirle –o mejor, de reconocerle- al hombre la capacidad de construir sociedad le parecía una desvirtuación de la naturaleza humana, puesto que, según Hayek, la sociedad es fruto de procesos espontáneos en los que los planes y la voluntad humana no tienen cabida alguna, como si la sociedad fuese moldeada de modo por completo inextricable por una suerte de ‘mano invisible’, causa providencial del desarrollo social a la que -poco menos- los hombres debiéramos rendir culto. Lo paradójico es que en países como Chile el modelo neoliberal ha sido impuesto por la fuerza, ‘desde arriba’, de modo unilateral e inconsulto, en conformidad con todo un programa de ingeniería social. El neoliberalismo nada tiene de espontáneo, y sí en cambio mucho de planificado y racionalmente construido, y su resultado es una sociedad mercadocentrista, hegemonizada por una lógica transaccionalista, que genera –desde sus fundamentos estructurales- discriminación y exclusión crecientes, con escasas o nulas posibilidades reales de reducir la brecha entre ricos y pobres. Cosas muy diferentes de las planteadas y deseadas por el liberalismo clásico.

    En la época del auge del modelo ‘Estado de Bienestar’ hubo una especie de contrato social entre el capital, los sindicatos y el propio Estado. En alguna medida, la sociedad civil pudo fungir, por una vez en la historia, como sede de gestión y control de los problemas económicos y sociales. El derrumbe progresivo de dicho modelo ha vaciado a la sociedad de esta atribución, “mandando a todo el mundo a casa para luchar por sus intereses individuales, contando exclusivamente con sus propias fuerzas” (Castells: ‘La era de la información’). Nuevamente, fragmentación social y alienación del individuo respecto de cualquier proyecto comunitario de integración.

    El proyecto frustrado de la Modernidad: ésta pretendía que las personas se erigiesen en seres autónomos, capaces de pensar y de evaluar por sí mismos, y que fuesen co-partícipes activos en la generación de las leyes que habrían de regir la vida en sociedad. La Modernidad otorgaba la máxima prioridad a los ámbitos de la política y la cultura como espacios para el desarrollo tanto individual como colectivo del ser humano, y enaltecía en el hombre su calidad de ciudadano y persona titular de derechos y responsabilidades. Es un proyecto frustrado por razones varias, de las que no es necesario dar cuenta en este lugar. El asunto es que, en nuestro tiempo, es el ámbito de lo económico el que ha asumido el sitial de preponderancia como espacio de realización de lo público y como lugar de consumación de las ilusiones y aspiraciones individuales; todo lo cual me causa una triste impresión acerca de lo que hemos llegado a ser en tanto colectivo. Porque, desde una perspectiva teórica y valórica lo más amplia posible, no es el mercado ni son las leyes económicas el referente adecuado para construir vida en sociedad, ni son la instancia que habrá de propiciar, en propiedad, el desarrollo y despliegue de la personalidad.

    El que sea la categoría ‘consumidor’ o ‘adquirente’ la que mejor nos defina en tanto actores sociales, en vez de categorías como ‘ciudadano’ o ‘persona’ (en sentido ético): esto es lo que me molesta. El que el reconocimiento de nuestra legitimidad como actores sociales esté supeditado más a nuestro desempeño como agentes económicos, que a nuestra entidad como titulares de derechos y deberes civiles y políticos: esto es lo que me disgusta. Si el libremercadismo imperante considera que la realización de cada cual radica en la conquista y potenciación de capacidad de compra, permítaseme discrepar por completo de tan mezquina ideología.

    De la mano de la mercantilización de la sociedad va el fenómeno moderno de la progresiva privatización de lo social –paradójico en grado sumo-. Hannah Arendt distinguía tiempo atrás varias formas de confusión de significados relativos a política y sociedad, luego de su formulación primigenia por filósofos de la Grecia clásica. Una de ellas es la confusión entre esfera pública y esfera privada, cuya consecuencia es la valorización de la vida privada como ámbito primordial de realización humana. La privatización de la vida política debe ser entendida como una desvirtuación de lo político, ya que de alguna manera la política se ha transformado en la actividad administrativa por excelencia tal como si la comunidad política fuera considerada como una gran familia, cosa que evidentemente no es. Por otra parte, esta privatización de lo social en desmedro de lo público se relaciona con el auge de la economía que, de ser entre los griegos –según Arendt- una parte menor de la ética y de la política, pasó a ser una de las principales ciencias sociales. La economía no puede, desde su visión técnica y reduccionista de los fenómenos sociales, atender al problema del sentido y significado del acontecer histórico-político como lo hace la propia política. El modelo de una sociedad ‘privatizada’ implica una organización pseudo-pública de la vida colectiva y la conversión de las sociedades modernas en sociedades donde los seres humanos ya no se definen como ciudadanos sino como trabajadores/empleados. Es cierto que los planteamientos de Arendt tienden a ser bastante ingenuos porque se inspiran mucho en el modelo de democracia directa (aunque restrictiva, ya se sabe) de la Atenas clásica. Pero su defensa del espacio de lo público –que no es el económico- me parece muy rescatable. También su defensa de la política. La política se identifica con la existencia de un espacio público participativo e integrador en que se verifique el diálogo sobre cuestiones que atañen a todos. Por el contrario, la privatización de la vida pública atenta contra la política y la democracia porque pretende sustraer asuntos comunes del debate público, asignando su resolución a procedimientos tecnocráticos que los manejan como si fueran asuntos privados y sin otra aspiración que responder a objetivos inmediatistas.

    Basta ya, que de alguna manera me he desahogado y ya no me fío de que estas sábanas mías interesen demasiado.

    Por mi parte, preferiría volver al tema que debatíamos antes. Creo tener algunos matices que introducir.

    De cualquier modo: saludos a todos.

  28. Rodrigo dice:

    Pido disculpas por la extensión de estas intervenciones y por los errores de sintaxis y ortografía.

  29. unoqueva dice:

    buena intervencion Rodrigo

    sobre todo tambien tiene que quedar claro, que estos economistas liberales, conservadores, etc, no aplican sus recetas en sus propios paises.. por algo sera…..

    tambien te comento que en mi pais, un sociologo jamas podria estar tan desacreditado como un economista… todo lo contrario , amigo

  30. Epaminondas dice:

    Querido amigo Rodrigo,

    No puedo felicitarte por tu capacidad de síntesis pero si por tu tremenda capacidad expositiva y tu más que probada erudición en estos y otros aspectos. Respecto a lo expuesto, encuentro partes de notabilísimo interés pero en general creo que tus conclusiones están erradas. Si puedo, en la medida de mis escasas fuerzas, intentaré exponerte alguna de estas contradicciones. En general diré que si éramos incapaces de ponernos de acuerdo sobre un tema tan básico y autoevidente para mí como la bondad del comercio, al ampliar el tema a todos los otros aspectos, haces de este debate un monstruo inmanejable, ni en cien años acabaríamos de rebatirnos y contrarebatirmos.

    La primera observación, por tanto, es que dedicas muy poco espacio a la crítica del comercio como institución humana básica, te pasas a la crítica del “sistema capitalista” declarando que los problemas del comercio son “evidentes”, a partir de aquí siete páginas en word criticando el capitalismo. El liberalismo político tiene en libre comercio una de sus bases ideológicas fundamentales, por eso intentaba yo centrar el debate en esta idea, porque si sois capaces de tumbar esta idea os habréis ganado un puesto en la historia. Citas a Hayek sesgadamente y parece que el liberalismo acabe propugnando una especie de dictadura del capital, pareciera que el liberalismo desprecia la democracia. Nada más falso.

  31. Epaminondas dice:

    El liberalismo desconfía de las democracias que se rigen por mayorías sin que exista en el estado una efectiva separación de poderes. Votas una vez cada cuatro años y durante ese periodo el partido en el poder se comporta como un omnímodo tirano sin prácticamente limitaciones pues domina todos los resortes del estado –legislativo, ejecutivo y judicial-, más intenta dominar la prensa, coloca a sus adláteres en la administración, se corrompe sin posibilidad de vigilancia, la política se convierte en ghetto de profesionales cerrada al pueblo, etc. Esta es la situación habitual en la mayoría de nuestras “democracias”.

    Ya que la mera elección democrática se muestra como imperfecta (y hay que aceptarla como es pues no tiene solución, ya que al contrario que el comercio no alcanza sus resultados por unanimidad de las partes), señalamos que lo más importante en una democracia no es como se elige a los gobernantes sino como se controla a los mismos. El otro mecanismo para evitar el abuso de los gobernantes sobre la comunidad y el individuo es reforzar los derechos individuales de forma que la tremenda fuerza avasalladora del estado o de organizaciones poderosas como mega empresas no puedan siquiera penetrar un ápice en algún aspecto garantizado por los derechos de la persona (derecho a la vida, a la libertad, a la propiedad, etc.).

    Y esto es todo de momento que más no puedo.

  32. Antonio dice:

    Buenos días:

    Epaminondas: ahí has hablado bien: el mejor sistema imperfecto que tenemos.

    Con Dios.

  33. APV dice:

    Estimado Epaminondas.

    Sostienes que es autoevidente la bondad del comercio, lo cúal sería cierto en una situación de plena igualdad entre las partes contratantes.
    Pero en el mundo real es muy común que una de las partes esté en una posición de ventaja o fuerza respecto a otra: mayor capadidad económica, mayor poder, control del mercado, aprovechar una situación de debilidad,…

    Esta desigualdad obliga a la existencia de normas para corregirlas, normas que ya surgieron en origen de los propios comerciantes para regular su actividad.

    Claro está que se precisa al estado, como ente democrático y monopolizador de la fuerza pública, para hacer cumplir esas normas y defender a la posición más débil en las relaciones comerciales, que en términos generales suelen ser los trabajadores, los consumidores,… es decir los ciudadanos que carecen de esa fuerza económica para mantenerse en un plano de igualdad frente a una empresa, garantizando además sus necesidades.

  34. Rodrigo dice:

    Nada de erudición, Epaminondas, sólo refrito de ideas de propiedad común en la crítica del liberalismo económico.

    Mi intención era criticar el radio de acción ideológico del libre comercio, por así decir. Creo que enfaticé bastante el aspecto ‘mercantilización/privatización de lo social’. Se puede abordar la crítica de algo según sus efectos indirectos y de largo alcance.

    Suscribo plenamente a tu crítica de la democracia electoralista y limitada. Ten en cuenta que esa crítica es una bandera de lucha frecuente de buena parte de la izquierda -al menos en Latinoamérica-.

    Más que atacar el liberalismo ataco al neoliberalismo, que me parece no es un simple liberalismo de última generación sino una especie de perversión ideológica del liberalismo clásico.

    Acaso debí reforzar el planteamiento abordando el aspecto propositivo, esbozando alguna alternativa concreta al libremercadismo. El problema es que mis dudas sobre el tema son mayores que mis certidumbres. Además, soy el emperador de los eclécticos. Ni Incitatus me supera.

  35. davide dice:

    Agradezco sincera y humildemente las disculpas de aquellos que se han sentido a bien de manifestarlas. Yo también debo disculparme por si a alguien he ofendido con alguno de mis comentarios.
    Como muy bien apuntaba Rodrigo al principio de sus correctas e interesantes intervenciones: cuando uno se mete en estos andurriales tiene bastantes posibilidades de acabar enemistado. Es por ello que ante el giro que estaban tomando las intervenciones he preferido dejarlo ahí para evitar males mayores.
    Saludos a todos.

  36. davide dice:

    Te agradezco enormemente Rodrigo tus comentarios desde el punto de vista de la sociología, me han parecido de lo más sugerentes, especialmente cuando te has referido a la pérdida del sentido de “ciudadano” por parte de los individuos.
    A mí, al hilo de todas estas intervenciones, me ha surgido una duda que quiero compartir con vosotros. ¿Alguna vez se han formulado, de una manera más o menos seria, las bases teóricas de una idelogía que podríamos denominar Anarco-liberalismo?. Me estoy refiriendo, evidentemente, a la eliminación del Estado por vía de su sustitución gradual por parte del mercado privado; aunque sólo fuese como mera táctica en un estadio concreto y finito en el tiempo.
    Gracias.

  37. Epaminondas dice:

    Pero Rodrigo el liberalismo clásico se pervierte cuando los liberales van primando el concepto de igualdad frente al de libertad. De aquí nace la socialdemocracia y conservadurismo modernos.

    Los liberales clásicos nos mantenemos fieles a los origenes: primacia de la libertad frente a la igualdad. Pensamos que forzar la igualdad de todos (eliminando incluso la gran salvaguardia de la libertad que es la propiedad privada) ha traido los grandes totalitarismos que tanto daño han hecho a la humanidad durante el s. XX.

    Y he aquí el fondo del problema, ¿verdad amigos?

  38. Epaminondas dice:

    Una cosa espero al menos que os quede clara, los liberales (los clásicos) no somos el monstruo sediento de oro que la izquierda generalmente proclama, somos personas profundamente humanistas. Si ni siquiera mi humanismo os he podido transmitir es mejor que me dedique a escribir sobre la picha de los gorriones.

    Saludos.

  39. Javi_LR dice:

    Davide, te recomiendo la lectura de “El banquero anarquista”, de Pessoa. Es un canto anarco-liberal, terrible, pero tocando cosas muy interesantes.

    Personalmente, me posiciono junto con Koening en sus apreciaciones. Enhorabuena por el debate.

  40. Epaminondas dice:

    Estimado APV,

    Me temo amigo que mezclas un poco todo. En el acto de comercio las partes son unánimes y libres respecto al acto de comercio considerado; su igualdad genérica no tiene porqué afectar. Son iguales jurídicamente porque así lo establece o debería establecer la ley respecto a los actos privados (igualdad de todos los individuos bajo la ley, por tanto un incumplimiento por cualquiera de las partes tiene las mismas repercusiones), son libres porque el comercio es un acto voluntario que además beneficia a las dos partes. Entended que si no hay reciprocidad y libertad no hablamos de libre comercio sino de otra cosa. Ej. cupones o cartillas de racionamiento.

    El Sr. Amancio Ortega y tú no sois iguales excepto bajo la ley (creo), el debe ser mucho más rico que tú. Sin embargo cuando vas a Zara eres libre de comprar determinado genero a su precio estipulado o no, depende de ti. Zara por su parte no discrimina a sus clientes pero si al pasar tu tarjeta tiene problemas puede pensarse si te acepta un talón o no (quizá no se fíe). Ambos sois libres de negociar y no influye en el acto de comercio la gran desigualdad económica que existe entre el Sr. Ortega y tú.

    Pon tú un ejemplo que pruebe claramente lo contrario, por favor. Así lo discutimos.

  41. Epaminondas dice:

    Ah!!

    Bienvenido de nuevo Davide. Me alegro de que vuelvas gashego del demonio.

  42. APV dice:

    En realidad la diferencia en la posición económica genera desigualdades. Pues esa repercusión que señalas en caso de incumplimiento no tiene en la práctica las mismas consecuencias para una gran empresa que para un ciudadano (por ejemplo el mero gasto de reclamar por incumplimiento contractual).
    Es por ello que hay leyes que buscan proteger a la parte más débil en dicho acto de comercio. Así por ejemplo en el caso del consumidor que goza de unos derechos que refuerzan su posición para dar cierta igualdad al acto de comercio.

    Además igualdad bajo la interpretación de la ley no es tratar a todos por igual, sino igual a lo que es igual y diferente a lo que es diferente.

    No entiendo esa oposición que señalas entre libertad e igualdad cuando son elementos complementarios.

    No podemos hablar de libertad sin cierto grado de igualdad, pues de lo contrario estariamos ante una falta de libertad, pues ante un monopolio u oligopolio empresarial no hay realmente libre competencia ni libre comercio con los ciudadanos. Y los carentes de recursos no gozan de mucha libertad donde elegir.

    Del mismo modo que no hay igualdad sin cierta libertad, pues al imponer dictatorialmente la igualdad ya hay una desigualdad entre los que la imponen y a los que se le impone.

    Se trata pues de un equilibrio equitativo entre amas.

  43. davide dice:

    Gracias Javi, por tu recomendación. Ya lo he leído y, efectivamente, dá que pensar. La consecución del anarquismo utilizando las propias armas del sistema que se propone destruir es, cuando menos, digno de respeto por su atrevimiento.
    Pero qué mentes más calenturientas damos a veces los humanos.
    Saludos, y sigue con ese tipo de recomendaciones.

  44. Javi_LR dice:

    Sí, Pessoa, aparte de tener la cabeza llena de contabilidad, distintas personalidades y poesía, decía cosas muy interesantes. Pero como me dijo alguien una vez, hay que tener en cuenta en la época en la que lo escribió, cuando el capitalismo liberal, si bien ya estaba desarrollado, aún permanecía en pañales y expuesto a los peligros de no estar… ¿controlado, regulado?

    Seguramente, proseguía diciéndome esta voz, en nuestros días hubiese partido desde otros puntos para alcanzar ese anarquismo; desde… ¿una posición de “comehierbas neorural” quizá? A palabras de ese alguien, que no quiero ser ofensivo.

    Me voy a permitir poner algo de poesía entre tanta economía. De Pessoa, claro:

    Severo narro. Cuanto siento, pienso.
    Palabras son ideas.
    Murmurante, el río pasa, y lo que no pasa,
    es nuestro, no del río.
    Así quisiera el verso: ajeno y mío
    Y por mí mismo leído.

  45. davide dice:

    Bueno, el relato da mucho para comentar, Javi. El protagonista va siguiendo todo un razonamiento lógico para llegar a una conclusión que no desvelaremos por si alguien está interesado en leerlo, -por su brevedad se puede encontrar el texto completo en internet sin mayores problemas-.
    http://www.elortiba.org/pessoa.html

  46. davide dice:

    “¿Cómo podía superar en mí la fuerza del dinero? El procedimiento más sencillo hubiera sido alejarme de la esfera de su influencia, apartarme de la civilización: irme al campo a comer raíces, beber agua de los manantiales, andar desnudo y vivir como un animal. Pero todo eso, aunque lograse vencer la dificultad de hacerlo, no hubiera sido combatir una ficción social: no era siquiera combatir, sino huir. Cierto es que quien rehuye el combate no es derrotado en el campo de batalla; pierde sin haberse batido. El procedimiento debía ser otro; tenía que ser un procedimiento de combate y no de fuga. ¿Cómo sojuzgar al dinero luchando con él? ¿Cómo sustraerme a su influencia y tiranía sin eludir el encuentro? Procedimiento no había más que uno: adquirirlo, adquirirlo en cantidad suficiente para no sentir su influencia; y en cuanta mayor cantidad lo adquiriese, tanto más libre me hallaría de sentirla. Fue al ver así las cosas, al verlas claramente con toda la intensidad de mi convicción anarquista y toda la lógica de un hombre inteligente, cuando entré en la fase actual la comercial y bancaria, amigo mío de mi anarquismo.”
    Extraído del relato de Pessoa.

  47. davide dice:

    “Y es en este párrafo donde, bajo mi punto de vista, el banquero se equivoca. Es fácil ver la realidad del siglo XXI desde aquí, Pessoa no vivió en este tiempo y, por lo tanto, su cosmovisión es muy distinta. Tal vez, si el banquero hubiera nacido en 1970, ahora estaríamos hablando del “comehierbas neorural anarquista” y no de un “banquero anarquista”. En cualquier caso pienso que si el banquero hubiera tomado el camino de abandonar la sociedad putrefacta en la que vivía, y en la que vivimos para irse al campo y renunciar a su pasado “social” su lucha hubiera sido igual de lícita (no me parece, ni mucho menos una huida) y, posiblemente, mucho más cercana a lo que yo entiendo como anarquismo… pero eso es otra historia.”
    Extraido de un foro que lleva por nombre La revelación. El que firam el párrafo es un tal malandro, y también escribe un tal Javi. ¿Eras tú?. De eso, por lo que veo ya vá más de un año.
    Saludos.

  48. davide dice:

    Por cierto, si alguien está interesado en saber más acerca de esa corriente denominada anarcoliberalismo o anarcocapitalismo aquí os dejo el enlace de Wikipedia.
    http://es.wikipedia.org/wiki/Anarcocapitalismo
    Precisamente, los ejemplos históricos más próximos que señalan sus autores pricipales, Murray Newton Rothbard y David Friedman; se encontrarían en la sociedad islandesa medieval entre los años 930 y 1262, y en el antiguo oeste americano durante el período que va de 1830 a 1900.
    Sociedades en las cuales los sistemas de mercado podrían haber suplantado al Estado en la mayoría de sus funciones fundamentales, incluida la seguridad de la comunidad.

  49. davide dice:

    Finalmente, yo no te veo Epa como un capitalista chuapasangres, es más entiendo que de tus opiniones se manifiesta claramente una defensa total de la libertad y demas principios propios de la democracia liberal. Por ello tampoco me gustaría que tu me vieses como un estatalista furibundo y coaacionador.
    Me atrevo a asegurar que en los principios básicos de la Revolución francesa -acontecimiento, por cierto, tan sujeto a debate tanto por parte de la historiografía marxista como de la liberal- estamos plenamente de acuerdo. Es en la fórmula de consecución y garantía de ellos donde discrepamos.

  50. Javi_LR dice:

    Sí, Davide, al parecer ese era yo. Y malanadro aquella voz. ¡Ya más de un año de eso! Cómo corre el tiempo. Y cómo es internet, menos mal que uno no se agencia enunciados ajenos.

    Muy interesante el link que aconsejas, por cierto.

  51. davide dice:

    Entre aficionados a la historia, ya sabes Javi, debemos citar las fuentes.
    Recuerdo una anécdota en la facultad. Por falta de tiempo y también de ganas, por qué no decirlo, fusilé un trabajo de un profesor, que resultó ser colega de la profesora a la que tenía que entregar el trabajo. Bueno, el caso es que aparte de mandarme para septiembre, la tía quería denunciarme. Ya ves tú.

  52. Incitatus dice:

    Desde luego uno tiene un día de trabajo duro y avasallaís el debate… leches lo que he tenido que leerme de una tacada.

    Bienvenido de nuevo Rodrigo, te echaba de menos.

  53. Incitatus dice:

    Como ya me habéis definido: ecléctico, no creo que ninguna teoría liberal, socialista, conservadora, marxista, anarquista etc. deba llevarse al extremo. Creo que todas, y reafirmo todas las teorías, han aportado su granito de arena para ir poco a poco conformando nuestro imperfecto sistema, que personalmente prefieron a todos los que ha habido con anterioridad.

    Epa, creo profundamente en la libertad y en la propiedad privada. Creo que ninguna ley tenga que regular como uso esa propiedad o como se autorregula internamente un empresa (salvo en el trato a los empleados) Pero también creo firmemente en concepto de: “la libertad de uno acaba donde empieza la de otro” y ahí es donde tiene que aparecer una institución pública para regularlo. ¿o por ejemplo la empresa no coarta bastante la libertad de sus asalariados, en muchos aspectos?

    Tampoco creo en el igualitarismo, que sí en la igualdad. Se tiene que dejar la iniciativa a la gente por medio de la posibilidad de alcanzar obejetivos materiales y morales, sin cortapisas. Pero sí creo en la generosidad y en cierta necesidad de redistribución para poder mantener un sistema sanitario, cultural y de educación pública, por que creo en la igualdad de posibilidades y esto es imposible sin cierta redistribución. E insisto en que me parece exagerado el impuesto de casi 50% a las rentas altas o del 33% del beneficio a las empresas (creo que solo coarta la inversión y lleva a la evasión de impuestos, por lo tanto a menores ingresos para el estado)

    Creo en el comercio como una fuente de crecimiento fundamental y en todos los aspectos. El comercio conlleva no solo intercambio económico sino intercambio cultural, intelectual, político y sociológico. Pero este comercio creo que debe estar sujeto a cierta reglamentación, externa a las empresas, para evitar abusos de los más grandes a los más chicos.

    y aquí me quedo por el momento que es muy tarde
    Saludos

  54. Incitatus dice:

    ya me han mandado a moderación… y mira que en mis opiniones creo que soy bastante moderado…;-)

  55. Rodrigo dice:

    Bien, estimado Epaminondas, desde el punto de vista de la ortodoxia doctrinal, cualquier desviación de los principios fundamentales representa una perversión. Esto vale, supongo, para cualquier tipo de doctrina, ideología o corriente de pensamiento.

    Desde hace tiempo tiendo a desconfiar de las ortodoxias, sobre todo teóricas. Me parece que en ellas se corre el riesgo de traslapar características esenciales de la realidad como la complejidad, la variedad y el dinamismo, en favor de principios generalmente simplistas y reduccionistas. No estoy sugiriendo que tú incurras en esta suerte de ‘vicio intelectual’, Ep; sólo explico mi preferencia por una mezcla de heterodoxia y eclecticismo –a propósito, el libro de Ernesto Sabato, “Heterodoxia”, me parece harto iluminador-. Sobre todo en sociología ha sido frecuente el problema de la sustitución de la realidad por la teoría, con lo que se suele perder de vista que las formulaciones teóricas deben servir como mecanismo explicativo del mundo -o de la parcela de mundo que les compete-; eventualmente como instrumentos propiciadores del cambio social. Esto en vez de hacerlas pasar por el mundo mismo. Desconfío de las teorías omnicomprensivas con pretensiones de absoluto, cerradas a la aporía y a la incertidumbre. Una razón más para recelar del marxismo, pero también de otras corrientes teóricas como la tan cacareada ‘teoría de sistemas’ –uff-.

    Por cierto: no estoy por forzar la igualdad de todos, sino por la búsqueda de equilibrios, como diría nuestro colega polemista Incitatus.

    Agradezco a Davide y a Incitatus la recepción que han brindado a mi intervención reciente –lo mismo que a Epaminondas, obviamente-. Ahora sí que me comprometo a no volver a abusar de la paciencia de todos con frazadas similares.

    Saludos.

  56. Rodrigo dice:

    Hum, había olvidado referirme al contertulio Unoqueva. ¿El mismo Uno que Lee de antes?
    En realidad yo no me refería a un descrédito genérico de unos u otros -economistas o sociólogos- sino a una cierta disparidad de estatus académico y -en cierto sentido- social entre ambas profesiones, en el contexto de mi país. Me parece que el crédito otorgado socialmente a los sociólogos es menor que aquel del que gozan los economistas. Claro que en parte nos lo hemos ganado: nos hemos pasado de charlatanes y a veces de ineptos. Ya se ve que de lo primero no me salvo. ;)

    Amigo Incit: yo echo de menos el foro, que ahí estábamos pasándola bien últimamente, ¿eh?

    Por cierto, Davide: no tengo aporte alguno que realizar en el tema del anarco-liberalismo. Y se me ha vuelto muy interesante el libro de Pessoa. Lo buscaré.

    Saludos.

  57. davide dice:

    Puedes localizar el relato, estimado Rodrigo, en la dirección que te señalé arriba.
    Por cierto, aunque yo soy más de ciencia política, pura y dura, de vez en cuando no está mal combinarla con la lectura de algún trabajo de ámbito sociológico. Más que nada, por eso de la interdisciplinariedad en las ciencias sociales.
    Saludos.

  58. Rodrigo dice:

    Jem, gracias por el dato, Davide. Se me había pasado -incluso la naturaleza de ‘relato’ del título de Pessoa.
    Por supuesto, lo de la interdisciplinariedad es importante.
    Saludos.

  59. davide dice:

    Tengo que reconocer Rodrigo, que en la librería de Almería (ciudad en la que habito) donde suelo acudir a comprar los libros, las secciones de política y de sociología están pegadas, y siempre miro de soslayo ésta última. Así, como por encima del hombro. En plan, a ver qué se cuentan estos sacamuelas.
    Saludos

  60. Koenig dice:

    Buenas tardes.

    Se me ocurre que podría enfocar mi humilde aportación a este debate desde otro punto de vista profesional. Han hablado economistas, profesores, sociólogos. Tal vez podría yo aportar mi granito de arena desde el punto de vista del derecho. En varias ocasiones se ha comentado aquello de que la Ley es igual para todos. Y esto es cierto, solo en parte.
    La Ley, tal y como hablamos de ella aquí y tal y como la conocemos en los países donde vivimos (espero que en todos), quiere ser igual para todos. Pero esto no pasa de ser un deseo programático, una realidad, tan sólo en la letra. Porque en su aplicación la Ley no es igual para todos.
    Afirmación atrevida, pero muy real. La Ley la redactan, la interpretan y la aplican personas, ciudadanos, consumidores, gente del mundo del derecho, etc. Y estas personas por sus inteligencias, sus conocimientos, sus deseos y percepciones, sus debilidades o simplemente por el momento anímico en el que se encuentran hacen que la aplicación de la Ley sea muy distinta en un momento y situación que en otro. Y casi me atrevería a añadir que es una suerte.

    ¿Favorece esta diferencia a los poderosos? Se me ocurre que aquí hemos estado hablando departiendo de dos tipos de poderosos: los del dinero y el gobierno (entiéndase como los órganos de dirección de una sociedad, ya sea a nivel local, autonómico o nacional).

    Desde el punto de vista del dinero: no soy adicto a las teorías conspirativas, ni a las acusaciones de corrupción ni a este tipo de tonterías (si suceden pienso que son anomalías que no pueden fundamentar una regla general). Pero si es cierto, dicho con todo respeto y confianza en su capacidad y conocimientos, que no tiene la misma capacidad para influir en la aplicación de la Ley un abogado de oficio que toda una batería de abogados especialistas sobre un tema concreto. Aunque simplemente sea por el tiempo y los medios de que puedan disponer para estudiar y defender los asuntos, o por la autoridad que puedan tener ante los tribunales.
    Tampoco es lo mismo arriesgar en un litigio una mínima parcela del patrimonio propio que un porcentaje importante. Quien arriesga un año de sueldo, sólo para pagar gastos si pierde, será mucho mas reacio a embarcarse en pleitos que quien arriesga lo que gana en una mañana.
    Y seguramente hay mas diferencias, simplemente se me ocurrirán después de haber enviado este texto.

    Analizando la posible preeminencia ante la Ley de lo que hemos llamado gobierno. Frente al ciudadano es absoluta. Aunque sólo sea porque dispone de una legislación especial, propia, el Derecho Administrativo, que no sólo rige sus relaciones internas, sino también sus relaciones con los ciudadanos. Relaciones que no se basan en absoluto en una igualdad de derechos, sino en el derecho superior de esto que hemos llamado gobierno. El ciudadano puede protestar, pero no sin haber cumplido antes con lo requerido, o al menos no sin haber demostrado fehacientemente el daño que le haría cumplir antes de protestar.

    Concluyo: creo que desde el punto de vista jurídico una situación de total libertad en el ámbito comercial se convertirá en injusta para parte de la ciudadanía, ya que los medios de defensa de que dispone a la hora de llevar la igualdad ante la Ley a la realidad son diferentes. Igualmente creo que desde el punto de vista jurídico un sistema estatalista será igualmente nocivo para parte de la ciudadanía. El Estado, gobierno, burocracia, es una apisonadora, que a favor de un bien común nunca definido puede atropellar al ciudadano sin darle posibilidad de defenderse.

    Creo que habrá que buscar un sistema mixto y razonable, que, por supuesto, tampoco funcionará.

    Opino.

    Koenig.

  61. Rodrigo dice:

    Uuuh, lo que se cuentan, Davide: cosas que sólo interesan a los del gremio, y sólo a una parte de ellos. Cuando me da por perder el tiempo leyendo sociología, sólo me ocupo de obras más o menos generales de autores conocidos, como los que mencioné arriba: Habermas, Giddens, Castells y otros. Nada de Luhmann ni de sus acólitos sistémicos. Aparte, trabajos aplicados: al tema de los imaginarios sociales, por ejemplo. Por necesidad -es decir, trabajo-: informes, artículos. No contesto a tu requerimiento , ya lo sé, pero es que aclarar en pocas palabras qué se traen entre manos los sociólogos es difícil. Mira, cualquier cosa que tenga interés social (o sea, casi todo), ahí van esos presumidos y la esquilman. ;)

    Pero no, hablando en serio, me parece imprescindible acceder a los autores de renombre si se quiere tener una visión interpretativa general de las cosas. “La Era de la Información” de Manuel Castells es, por ejemplo, un referente obligado sobre el tiempo presente. Se lo compara con Weber, con la ventaja de no ser tan difícil de leer como “Economía y Sociedad”. “Consecuencias de la Modernidad”, de Giddens, lo mismo. “La sociedad del riesgo”, Ludwig Beck. Etc.

    Saludos.

  62. Koenig dice:

    Otro de los aspectos que tal vez debiéramos tener en cuenta es el aspecto egoísta de la naturaleza humana.
    Cada vez que surge una idea económica o política nueva se supone que tiene como objetivo el bien del pueblo, de la nación, de la humanidad. Y probablemente es cierto. Pero es curioso como los propulsores de dichas ideas siempre son mas “biendecidos” que los demás.
    Hay un párrafo muy bueno:
    “Aquellos que luchan por su propio bien tratan de presentarlo como el bien general. Por eso proclaman: mi bien coincide con el bien general, mi bien no es sólo imprescindible para mi, es imprescindible para todos. Realizando mi propio bien, persigo también el bien general”. V. Grossman “Vida y Destino”.

    La verdad es que la historia y la vida diaria están llenas de ejemplos de esto que digo. Es universal la tendencia de quienes son mas fuertes económicamente de propugnar la mínima injerencia del Estado, igual que la mayoría de quienes propugnan la intervención del Estado para redistribuir la riqueza suelen pensar que es justo por encima de su propio nivel de riqueza donde hay que empezar a redistribuir.

    Así pues nuevamente me declaro escéptico frente a los dos grandes sistemas económico políticos que se vienen comentando. Sigo pensando que habrá que buscar uno mixto y razonable: uno donde a mi me dejen hacer lo que me venga en gana y redistribuyan la riqueza de los que tienen mas que yo, a ser posible. Claro que sospecho que los demás pensarán que este tampoco es bueno.

    Opino

    Koenig.

  63. Koenig dice:

    Vaya, este último es una continuación de un comentario anterior que está esperando moderación.

    Léanlo bajo su responsabilidad. :-)

  64. Rodrigo dice:

    En espera de que aparezca la primera parte, debo decir que este comentario es excelente, Koenig.

    Claro que si citas a Grossman, toda prevención que pudiera haber de mi parte se derrumba, así que mi opinión no es desinteresada. ;)

    En algo me recuerda al famoso “Todos son libres, pero algunos son más libres de otros” (Orwell).

  65. davide dice:

    Conozco a los autores que citas Rodrigo, pero tengo que reconocer que nunca me ha leído ningún libro entero de ellos, si acaso artículos o fragmentos. Estoy de acuerdo contigo en que, forzosamente, debes acotar el objeto de estudio o análisis, pues todo es inabarcable.
    A mí, lo que más me atrae es la Hª de las ideologías y sistemas políticos en general, y en particular, el nacionalismo. tema, por supuesto, del que también se han ocupado los sociólogos. En concreto, aquí en España, destacaría la obra “EL DIOS DE LA MODERNIDAD: EL DESARROLLO DEL NACIONALISMO EN EUROPA OCCIDENTAL” de LLOBERA, JOSEP RAMON; y por supuesto, a nivel internacional el clásico de Benedit Anderson, “Comunidades imaginadas”. Por cierto, con muchos ejemplos de América latina, creo que está publicado por el FCE.
    Epa, si ves que esto se desvirtua nos das un toque, es que ya lo dice el refrán, “a falta de foro buena es la Papri”.

  66. Koenig dice:

    Por cierto, impresionantes “tochoposts” los tuyos Rodrigo.
    Habría muchas ideas que comentar, pero se saldrían del tema.

    Saludos.

    Koenig.

  67. Rodrigo dice:

    No, claro Davide, si ya suponía que debías conocer a los autores que mencioné. Los ponía como ejemplo nada más.
    El tema que mencionas es tremendo. A propósito, acabo de comprar un libro sobre el nacionalismo: “La patria lejana”, por Juan Pablo Fusi, español (Taurus).
    Hay un sociólogo chileno que trabajó por mucho tiempo en Inglaterra, Jorge Larraín Ibáñez. Especialista entre otras cosas en el área de la ideología o sociología del conocimiento. Es todo un referente en el ámbito anglosajón: su obra en esta área está en inglés. Se dice que habría resuelto el tema de la ideología según Marx y ‘desde’ Marx -o sea, la ideología según la concibió Marx, y cómo el pensamiento de Marx es también ideología, a pesar de Marx-. Juicio excesivo, pero algo dice. Acaba de salir al mercado chileno el primer volumen del trabajo de Larraín sobre la ideología, en que aborda el problema ‘Marx’. Me parece que debería tener mayor difusión de la que conseguirá con una editorial chilena. En fin.

  68. Rodrigo dice:

    Vale, Koenig.

    (Davide: te he puesto un comentario breve que espera moderación. Muy mal redactado: en cinco líneas, 6 veces el nombre de Marx.)

  69. davide dice:

    Conozco el libro de Fusi. Intenta hacer un recorrido por todos los tipos de nacionalismos existentes en el mundo. Creo que demasiado ambicioso, flojea en algunas partes. La dedicada a los casos europeos, en general, y españoles, en particular, las mejores. Claro está.
    De todas maneras, es un buen libro para un acercamiento al tema, si es que ese es tu caso.
    Saludos.

  70. Incitatus dice:

    Koenig, desde el punto de vista del historiador, comulgo plenamente por con lo expuesto.
    La perfección no existe y no va a existir nunca, solo se puede tender a ella, como al infinito. Con altibajo poco a poco la humanidad se va acercando, creo yo, aunque aun le queda mucho trabajo. Insito en que ningún tiempo pasado fue mejor a menos que te tocara ser Luis XIV. Creo que la sabidúría está en saber coger lo mejor de todas las tendencias, como ya dije en mi largo post anterior.

    saludos
    Incitatus

  71. Urogallo dice:

    Respecto al tema de la “redistribución” de la riqueza, habría que decir que es un tema un poco absurdo, ¿Por qué?. Por que no podemos afrontar con seriedad que el gobierno de España diga que uno de sus fines es redistribuir la riqueza ( la mía,claro) y que luego se permita que un “empleado” obtenda 20.000.000 de euros de su trabajo…Y estamos hablando de un “empleado”, no de un empresario al que tiene que permitirsele que obtenga un beneficio razonable de su empresa para que siga creando riqueza.

    La administración, al fin y al cabo, es la que permite este tipo de cosas. 5.500 euros al mes por diputado…¿Para eso sirven mis impuestos?.

    Incluso los defensores de la imposición estatal tienen que reconocer que el dinero se pierde por todos lados y que no se recauda de la forma más justa.

  72. Incitatus dice:

    Hombre Urogallo, eso creo que ninguno lo hemos defendido. Obviamente es una de las cosas más urgentes para arreglar.

  73. Urogallo Von Falkenhayn. dice:

    Para nada, es un juicio generalista, no es una respuesta a comentario alguno.

  74. Incitatus dice:

    mis disculpas

  75. jenofonte el de los pies ligeros dice:

    Urogallo, ese apellido de “von” es que es vds. de la Alta Nobleza Alemana. saludos , jenofonte

  76. Urogallo dice:

    Altísima nobleza del Gran Ducado de Liechtenstein. ¡La duda ofende!.

    Por lo mismo supongo que usted hablará un griego atico perfecto.

  77. Si etimologicamente estudias la palabra “jenofonte” ya sabes la respuesta,pues significa lo que significa en griego (jónico,por supuesto, en el que se escibió la Iliada).
    Atentos saludos, taconazo prusiano y reverencia a Urogallo Von.

  78. sito dice:

    Es vergonzoso que en este país no se hable de la Guerra Civil española. Esos complejos que entiendo pero no comparto, impiden que indaguemos sobre nuestra historia..
    Esta Navidad, visité una exposición en Guadalajara que se denominaba “Guadalajara en guerra”. Me estremeció ver las fotos de la contienda, las grabaciones llamando a la batalla o a la resistencia, fotos de nuestro patrimonio artístico antes y después de la contienda, y sobre todo, me sobrecogió que un anciano, lloraba delante de una fotografía de su pueblo. Es un tema muy interesante y parece un libro perfecto para adentrase en esa parte de nuestra historia tan reciente y tan desconocida para muchos de nosotros.

  79. Ignacio dice:

    Eso de buscar (y encontrar) la equidistancia me parece falso y forzado. Casi prefiero las tesis partidistas de unos o de otros. No estamos hablando de niños que se pelean en el recreo por una onzas de chocolate.

    Con este tema ocurre a menudo que se exagera la postura del otro para ridiculizar sus tesis. Por otro lado, contar lo que ocurrió no me parece indecente ni maniqueo. Antes no se podía.

  80. Focio dice:

    Excelente, maravilloso, una obra maestra. Es un portento de ecuanimidad y buen juicio histórico. Una verdadera lección cómo se puede hacer una historia rigurosa fundamentada en los hechos y no en prejuicio sectarios. De lectura absolutamente imprescindible.

  81. Los diputados no indican la fuerza necesaria de una fuerza politica. Los anarquistas la fuerza con más militantes en su CNT. Solo tuvieron un diputado y en 1936. Y sus votos decidian si ganaba la derecha o izquierda. Sobre todo en Cataluña-Catalucia.
    ERC obtuvo 22 diputados.Mas en sus listas entraron gente a los que muchos militantes del partido usando una expresión blanda no admiraban mucho.
    Alguien puede explcar la paradoja de que se llamasen defensores de la República las izquierdas y se sublevasen contra la República en 1934.
    Espero no provocar peleas.

  82. ricardo dice:

    Con todos mis respetos,si comentas que después de leer este libro tienes una idea clara de como fué la guerra civil,creo que tienes una idea bastante equivocada,porque este libro es impresentable,me falta ya poquito para acabarlo,y lo leo entre la sorpresa y la tremenda indignación e incluso vomito que me produce,un Payne(que aparte de reconocer que tiene ritmo en su escritura,es un autentico converso y llamado por muchos de sus compañeros historiadores,un autentico Judas),
    Solo leer los antecedentes de la guerra civil,ya produce consternación,pues no dice absolutamente nada de los grandes logros que consiguió el gobierno de la republica,eso si,los errores(que los hubo)los relata muy detalladamente,trata a la CEDA,de angelitos,habla de los atentados desde la izquierda a la Falange,pero elude los atentados de la propia FAlange,trata de inepto a Alcala-Zamora y de radical a Azaña,y no comenta ni profundiza de el odio generado por las clases dirigente hacia la clase obrera,que al final fué un punto fuerte para que explotara, y ya pasa por encima el gobierno o mal gobierno de Lerroux,ahí no dice nada ahora de los gobiernos de izquierda,caña,caña,con todos mis respetos,me seguiré quedando con Beevor y compañia,antes que este impresentable,no me gusta esta forma de documentar,es más,es muy peligrosa.

  83. Solo se que este libro es la historia de el falangismo español,y no se por que de tanto comentario.

    Jorge Löpez Zegarra

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