YO, JULIA – Santiago Posteguillo

«(…) Adso también me sirvió para resolver otra cuestión. Hubiese podido situar la historia en un Medioevo en el que todos supieran de qué se hablaba. Si en una historia contemporánea un personaje dice que el Vaticano no aprobaría su divorcio, no es necesario explicar qué es el Vaticano y por qué no aprueba el divorcio. En una novela histórica, en cambio, hay que proceder de otro modo, porque también se narra para que los contemporáneos comprendamos mejor lo que sucedió, y en qué sentido lo que sucedió también nos atañe a nosotros.

El peligro que entonces se plantea es el del salgarismo. Los personajes de Salgari huyen a la selva perseguidos por los enemigos y tropiezan con una raíz de baobab, y de pronto el narrador suspende la acción para darnos una lección de botánica sobre el baobab. Ahora eso se ha transformado en un topos, entrañable como los vicios de las personas que hemos amado; pero no debería hacerse (…)».

Umberto Eco, “Apostillas a El nombre de la rosa”, en El nombre de la rosa, DeBolsillo, 2017, p. 755.

Desde hace un tiempo, la novela histórica o, mejor dicho (no seamos presuntuosos), parte de la novela histórica tiene lo que considero un problema: el salgarismo. No es un problema grave, si uno es consciente de ello. La cuestión, sin embargo, no se circunscribe a lo que hace casi cuarenta años definiera con acierto Umberto Eco; el problema subyace en que, con la excusa del salgarismo, no se tenga claro qué se está realizando cuando se escribe una novela histórica. Un binomio con dos partes esenciales: novela, la parte literaria esencial, e histórica, el ámbito que trata. Con un equilibrio entre las dos partes una novela de este género funciona; el lector puede tirar de su memoria (o de su bagaje como lector) y mencionar grandes títulos (y grandes autores). Funciona porque, sin dejar de respetar el componente histórico, es una novela que literariamente está muy bien escrita; es de ese tipo de novelas que resisten una o varias relecturas pues, independientemente de que uno conozca la trama, esta se ha perfilado de tal manera que el disfrute puede ser incluso mayor que con su primera lectura. 

Por supuesto, tratándose del género de la novela histórica, ese segundo componente, el netamente histórico, también es importante. Pero debemos tener claras algunas cosas cuando la escribimos (y, consecuentemente, cuando la leemos). Una novela histórica debe entretenernos al mismo tiempo que picar nuestra curiosidad; no debemos «aprender» con ellas, si acaso animarnos a indagar en obras dispuestas al caso (es decir, ensayos y monografías históricas) y de este modo «aprender» sobre unos hechos, unos personajes o un período histórico en concreto. Como texto literario que recrea un momento del pasado, debe ser verosímil, pero no veraz: su propósito no es demostrar que algo sucedió como se cuenta en sus páginas; debe ser plausible, más que estrictamente fiel (o fidedigna) a unos hechos históricos, y debe ser lo suficiente flexible en su voluntad de, echando mano de una ficción creíble, «rellenar» los intersticios y las lagunas que hay sobre unos acontecimientos históricos determinados, como para que nos «creamos» lo que se cuenta y nos resulte «posible». En el esfuerzo de suspender nuestra incredulidad, la novela histórica debe tener alicientes que consiga que ese empeño se realice sin que salten las alarmas en nuestra cabeza a medida que vamos leyendo. Añadamos a eso, y es algo fundamental, que una novela histórica debe ser entretenida, «didáctica» hasta cierto punto y equilibrada. Son reglas sencillas y que, bien llevadas, lograrán que una novela histórica funcione y concite el interés del lector del género.

Con las novelas de Santiago Posteguillo me temo que esas reglas saltan por los aires. Ya con su primera trilogía –Africanus: el hijo del cónsul (2006), Las legiones malditas (2008) y La traición de Roma (2009), todas en Ediciones B–, protagonizada por Escipión el Africano, y en una segunda trilogía –Los asesinos del emperador (2011), Circo máximo: la ira de Trajano (2013) y La legión perdida (2016), en Editorial Planeta–, con Trajano al frente, se perciben una serie de rasgos que han jalonado su obra. Se trata de novelas extensas (cada vez más extensas) y con capítulos breves. Novelas que abundan en un detalle por la secuencia de narración bélica, prolija en no muchos casos y, al mismo tiempo, reiterativa: un uso (y abuso) de latinismos y jerga especializada sobre armas, unidades y formaciones militares romanas que suele repetirse hasta la saciedad; un protagonista con tintes heroicos, «perfecto» pero al mismo tiempo plano, con escasísimos matices (que son los que nos forjan como seres humanos y nos hacen comprensibles y creíbles) y rodeado de una «leyenda rosa» que prácticamente lo santifica; por el contrario, uno o varios villanos pergeñados con rasgos tan marcadamente negativos que prácticamente se convierten en parodia se erigen en los rivales a batir, en «los malos de la película» que, siguiendo una línea claramente marcada desde el principio, obstaculizarán la labor del protagonista en la consecución de sus propósitos. La construcción más bien pobre de los personajes, especialmente de los femeninos, se acompaña de un salgarismo exacerbado: sin importar lo que esté sucediendo en la trama en un momento determinado o a qué deben enfrentarse los personajes, se «rellena» con datos y datos la acción, incluso en los diálogos, que el equilibrio entre lo literario y lo histórico salta en mil pedazos.

Se podría pensar que se trata de errores de novato en una primera novela publicada, y más en el género histórico: es tanta la documentación consultada durante su elaboración que casi resulta «necesario» incluirla en la trama. Esa necesidad de «demostrar» lo mucho que uno se ha documentado acaba por ahogar la novela y convertirla en un pastiche. ¿Qué objetivo tiene el autor? ¿Escribir una novela que fluya con naturalidad, pero sin olvidarse del contexto histórico o elaborar un ensayo, un «libro de historia», camuflado (escasamente) bajo los ropajes de una ficción histórica? ¿Qué es esa novela y qué acaba pareciendo?

Para valorar Yo Julia (Editorial Planeta, 2018), séptima novela histórica de Posteguillo –lo remarco: séptima novela–, el objetivo de esta reseña, me permitirá el lector que acuda directamente al final de la misma; o, mejor dicho, a lo que hay más allá del final: la «Nota histórica» con la que se abren los «apéndices» que complementan el volumen. Unos apéndices, por cierto, que son, cada vez más, una «seña de identidad» del género, por llamarla de alguna manera: prácticamente no hay novela histórica que se publique actualmente, especialmente aquellas ubicadas en el pasado más lejano (la Antigüedad), que no cuente con unos apéndices que incluyan mapas (necesarios, sí, sobre todo si los personajes se mueven por un espacio extenso), glosarios extensos (que traducen esa retahíla de latinismos que se han ido soltando en el texto), planos de batallas si se da el caso (no siempre aparecen, pero suelen ser bastante útiles para que el lector se haga composición de lugar de una batalla en particular) y, como colofón de un estado de cosas que se nos ha ido de las manos, bibliografía. Sí, bibliografía en una obra de ficción (quizá habría que resaltar en negrita esto último, pues no siempre «parece» quedar claro). No está de más, e incluso es un estímulo, que el autor aporte algunas sugerencias por si el lector quiere profundizar en un tema o unos personajes «más allá» de la lectura realizada (insistimos: lectura de una novela histórica): un par o tres de libros, si acaso, un hilo del que tirar. El problema está cuando se quiere «demostrar» la documentación que se ha realizado y para ello, como si de una monografía o un ensayo histórico, zas, se sueltan las decenas y decenas de obras, entre libros, artículos de revistas y ediciones de fuentes clásicas consultadas. Para el caso que nos toca, esta novela, la cosa se «reduce» a las 163 referencias bibliográficas. Repito el número: 163. Hay «libros de historia» que no tienen ni la mitad de esas referencias… y no son novelas. El «ser» y el «parecer», sobre ello volveremos a menudo en esta reseña.

Decía la «Nota histórica». Personalmente (aquí ya entran mis peculiaridades y cada lector tendrá las suyas), no necesito una nota del autor que me explique qué hay de «histórico» en lo que ha escrito y qué se ha inventado. Puede ser un extra para los lectores, pero no lo requiero: tengo claro que he leído una obra de ficción, por muy amplio que sea el componente histórico que la acompaña. Y tampoco necesito que me respondan todas las dudas que pudiera tener (si fuera el caso) en torno a la «historicidad» de lo leído; y básicamente porque de una obra de ficción no espero eso, «historicidad», sino verosimilitud y plausibilidad. La «historicidad» la busco en la sección de no ficción de una librería, no en la de ficción. Pues, bien, vayamos a esa nota final del autor. Déjeme el lector que le transcriba algunos párrafos. Por ejemplo:

«Pero tal y como se cuenta en Yo, Julia, Pértinax es asesinado antes de poder reorganizar el Imperio y la pugna entre Juliano, Severo, Nigro y Albino se desata en toda su virulencia. Como el lector ha podido ver, será Septimio Severo el que se impondrá estableciendo la que es la cuarta y última dinastía alto-imperial: la dinastía Severa. La duda que me surge, tras escribir Yo, Julia, es hasta qué punto es correcto referirnos a esta dinastía con ese nombre y no con el apelativo de la dinastía de Julia, pues como se ha visto, mucho tuvo ella que ver en el establecimiento de esta nueva estirpe de emperadores. Es muy probable que, sin el empuje de su esposa, Septimio Severo no se habría atrevido a desafiar a tantos en tan poco tiempo y con esa fortaleza y convicción» (pp. 647-648).

Fíjese en esas frases destacadas en negrita; quizá al lector habitual de este tipo de novelas –y me refiero explícitamente a este exacto tipo de novelas, las de Santiago Posteguillo y seguidores–, esto no le dirá gran cosa, pero yo me quedé pasmado al leerlo, una vez finalizada la novela (lo que es el texto, apéndices al margen, que a veces parece que si no te lo has leído «todo» en realidad no has leído la novela…). Leyendo esa nota me pregunté (quizá sea retórico decirlo, de hecho, me convencí) hasta qué punto el autor mezcla dos esferas distintas: el ensayo histórico y la novela histórica. Porque –y he escogido sólo unos fragmentos, pero la nota entera trasluce mucho más– se da a entender que los hechos «son» como se ha contado en la novela, como el lector ha podido ver (sólo faltaba decir «constatar»); de este modo, respecto a la última frase resaltada, queda implícito que es en la novela como el lector puede descubrir la verdad histórica.

Suele haber novelas de tesis (el siglo XIX estuvo poblado de ellas, por ejemplo), en las que «se plantea como objetivo principal el desarrollo de una determinada opinión o ideología» (la definición es del Diccionario de la Real Academia Española), pero me pregunto si es que el autor ha querido convertir su novela en lo que no es: un ensayo, una obra que analiza hechos a partir de unos datos y unas fuentes (que suelen contrastarse y a los que se debe imponer una pertinente crítica textual). ¿Es Julia Domna, para los lectores (quién sabe incluso si para el autor), tal y como se cuenta en la novela? (remito a la frase final de esa nota: «En suma, así, tal y como se narra en Yo, Julia, fue como Julia Domna consiguió, al lado de su esposo, el control absoluto de Roma», p. 654, el resaltado es mío). Yendo más allá en esta reflexión: ¿es consciente el autor de lo arriesgado y peligroso de su propuesta para lectores neófitos en la materia, aquellos que se acercarán al personaje por primera vez desde su novela? Porque aquí no es que se estén borrando las barreras entre lo que fue un personaje histórico y lo que puede ser un personaje de una novela: aquí es que se está induciendo a la confusión. «No, hombre, el lector es lo suficientemente maduro para distinguir una cosa de la otra», se me dirá: ¿de verdad?, me pregunto, ¿de verdad van a quedar los lectores de una novela, más aún si no tienen los conocimientos sobre ese personaje y su época, los suficientemente advertidos de que una cosa es una obra de ficción (histórica), por muy entretenida que les pueda parecer, y otra la «realidad» histórica? Y añado las comillas en esto último pues, ya sobre un personaje del que existen muchas lagunas y no pocas imágenes distorsionadas en su época y en las décadas y siglos posteriores, cuesta hacerse un «retrato» completo y contrastado desde la labor del historiador.

Tampoco es que la novela de Posteguillo, como sus seis anteriores, «invente» nada nuevo. No deja de ser una versión más o menos moderna de la «historia novelada», es decir, de ese género en el que a un episodio o para el caso unos personajes históricos se les añade una prosa más o menos «literaria», pero sin un aliciente o un aporte netamente literarios propios; sin creatividad, si me apuran, sin desarrollo más allá de lo que unas fuentes históricas dejaron escrito sobre ellos. Glosar y aderezar para un lector actual, pero sin que realmente haya una «recreación», una construcción literaria desde la imaginación y la inventiva. Leyendo las seiscientas y pico páginas de esta novela, apéndices al margen, uno se queda con la sensación –ya intuida en sus dos trilogías anteriores– de que estamos, en gran parte, ante eso: una historia novelada, pero no exactamente ante una novela histórica.

Y, también en gran parte (o en toda ella si tuviera que apoyarme en lo que subyace en el fragmento antes destacado) por parte del autor en la nota final, donde volvemos a la dicotomía entre ensayo y novela, entre «ser» y «parecer»: «(…) ya era hora de que alguien se tomara un tiempo y un espacio de cierta extensión para contar su vida, lo cual he intentado hacer con el máximo nivel de historicidad posible» (p. 653, el resaltado es mío). No puedo dejar de resaltar en negrita esa frase pues delata claramente un problema (uno más) de esta novela a nivel de concepción: la búsqueda (no diré de manera obsesiva, pues eso supondría añadir un matiz que descalifica a quien lo hace y esta reseña no es una argumentación ad hominem) de la historicidad. No de la verosimilitud (la apariencia de verdad) o siquiera de la veracidad (la cualidad del que dice, usa y profesa siempre la verdad; remito a definiciones del DRAE), con la que estoy en desacuerdo para una novela histórica, pero digamos que aceptamos pulpo. No, la palabra empleada es historicidad: la cualidad de histórico, es decir, aquello «perteneciente o relativo a la historia», «que ha tenido existencia real y comprobada», que son las primeras dos acepciones del DRAE sobre dicho adjetivo. Porque hay una tercera acepción que se refiere a lo dicho de una obra literaria o cinematográfica, «de argumento alusivo a sucesos y personajes históricos sometidos a fabulación o recreación artísticas», pero la verdad, esta novela es escasa justamente a ese aspecto; la fabulación o la recreación artísticas.

Y no es que lo diga yo porque sí: el propio autor menciona en esa nota que «la mayor parte de las acciones narradas en Yo, Julia son históricas» y refiere la relación de personajes y hechos, incluidas las guerras civiles y las batallas de Issus y Lugdunum, «recreadas con fidelidad a los datos que poseemos» (ibid.); «y así la mayoría de hombres y mujeres que desfilan por el relato son auténticos e hicieron lo que se dice aquí» (pp. 653-654). Queda en la estricta ficción inventar el nombre a las esposas de Clodio Albino y Pescenio Nigro, Salinátrix y Mérula, respectivamente, «pues no queda claro en las fuentes clásicas cómo se llamaban», y los esclavos Lucia y Calidia, quizá lo realmente más interesante, como lector del género que tiene su novela, aunque no se esconde (una vez más) de añadir el autor que «lo que se cuenta, pues sobre los esclavos en esta novela (forma de conducirse ante los amos, trato recibido, el tráfico legal e ilegal de seres humanos y otras cuestiones) es real» (p. 654, el resaltado es mío).

Lo demás, y no es poco, es lo mismo que en las otras seis novelas de Posteguillo. Más de lo mismo, se podría decir: personajes esquemáticos, maniqueos y con pocos matices, salgarismo a saco y en prácticamente cada página, cada diálogo incluso; tramas y subtramas que se ven venir de lejos, con capítulos de relleno y finales de los mismos a lo cliffhanger para mantener en tensión de manera artificial a la propia trama y a los lectores. Llama la atención que, siendo esta vez una mujer la protagonista, se repitan los mismos defectos de sus anteriores héroes (Escipión y Trajano), pero cayendo también en estereotipos que, curiosamente, el autor quiere superar en su novela. Comenta en su nota: «La igualdad de género ha de construirse en el presente y pensando mucho en el futuro, aunque la igualdad también se hace no ya reescribiendo la historia o la historia de la literatura, pero sí completando la que tenemos elaborada con el añadido de todas aquellas mujeres importantes que existieron y que tantas veces hemos pasado por alto, para perjuicio de todos» (p. 650). Pero su Julia se tiñe de, si no los mismos desde luego muy parecidos, defectos que se les solía achacar en las fuentes y en una visión patriarcal de la feminidad.

Julia es inteligente, mucho, en la novela; de hecho, la más inteligente de todos los personajes, la que tiene las cosas claras desde el principio: no su marido, Septimio Severo, no sus enemigos, no sus colaboradores. Ella. Puede y debe entenderse y aplaudirse, además, que se dote de matices a un personaje femenino, y más a la hora de recrear a personajes femeninos de la antigüedad, pero no a costa de perpetuar los mismos estereotipos que luego se critican en la novela. La belleza de Julia se repite constantemente cuando se la menciona o habla de ella, en boca o pensamientos de otros personajes; una belleza capaz incluso de «hechizar» a los muchos hombres que la escuchan o hablan con ella, incluso cuando estos no le dan importancia (y ahí sí está bien reflejada la mentalidad de la época) por ser mujer. Una belleza que «define» al personaje, constantemente, mientras que la inteligencia tiene que ganársela y de hecho no es hasta el final de la novela cuando prácticamente todos, incluso sus enemigos (Plauciano, por ejemplo), le conceden esa inteligencia; porque, claro, hasta entonces la visión de aliados y enemigos, de su marido incluso en algunos momentos, es que esa inteligencia «esconde» algo; como si la inteligencia de los hombres no escondiera nada. Luego están párrafos como el siguiente, al inicio del capítulo LVIII (“Resolviendo”):

«Su esposo yacía medio desnudo a su lado. Acababa de llegar al éxtasis y estaba a punto de dormirse, pero ella sabía que no había mejor momento para persuadir a su marido de algo que los instantes posteriores a haber yacido juntos. Y disfrutado. Ambos. Y ella ni siquiera tenía que fingir. La pasión era mutua. El objetivo final que anhelaban ambos también. Estaban unidos de tantas formas… De esa unión nacía su fuerza.

Julia se tumbó de costado, ella desnuda por completo, y pasó una de sus piernas de piel tersa y suave por encima de uno de los muslos de su esposo»

Dese cuenta el lector que la que yace desnuda en el lecho es ella, no su marido el emperador, cuando lo normal, tras haber mantenido relaciones sexuales, es que ambos estuvieran desnudos; o quizá es que él tuvo frío y se tapó, y ella, pues no, pero ya es casualidad. Pero remarcar esa desnudez para, en el recuerdo del espectador, mantener esa belleza ideal del personaje, no deja de reiterar clichés y lugares comunes que se pretende romper. Del mismo modo, no deja de ser también muy curioso (por emplear un adjetivo) que sea una mujer, y de manera constante y desde luego cansina, quien llame «zorra» y «puta» a Julia. No un hombre, ya sea Plauciano, que desde siempre le ha tenido ojeriza, ya sean los emperadores rivales de Severo que pueden intuir el papel que juega Julia en el auge de este personaje. No, una mujer: Salinátrix, la esposa de Clodio Albino, que, en su último diálogo (final del capítulo LXXII), repite ese mantra: «—¡Estáis todos gobernados por una zorra, por una puta extranjera! (…) ¡Y un día lo lamentaréis todos!». Desde luego las mujeres también tachan de «puta» y «zorra» a otras mujeres, pero ¿era necesario recargar tanto ese aspecto a la hora de construir a un personaje? Un personaje femenino que se construye desde una visión las antípodas de la protagonista, la heroína, que nunca utiliza esos calificativos en referencia a su archienemiga.

Julia, en aras de elevarla precisamente a esa perfección de la que hacen gala los héroes posteguillanos, es la que mueve los hilos, la que orquesta el camino que llevará a Septimio Severo a convertirse en el único e indiscutible emperador. Ella es la que tiene una idea determinada que desencalla una situación (también la que pergeña un plan que ya el lector sabe desde el principio que no conducirá a nada, sólo a engordar la novela con páginas innecesarias). «Tenías razón. En todo», concluye Septimio al final de la novela. Sólo ella tuvo la clarividencia de ver las cosas y anticiparse a los problemas. A estas alturas, los héroes perfectos cansan, suelen hacerlo en las novelas de Posteguillo y esta no es una excepción. ¿La diferencia? Ahora es una mujer. Bravo por ello. Pero una mujer pintada con los mismos toques que los héroes anteriores y, si acaso, con decisiones argumentales mucho más discutibles. Eso ya no es tan laudable: de hecho, no debería ser la igualdad de género que el autor demanda en su nota.

Cabría añadir muchos más detalles, como que resulta poco o nada creíble que un personaje, a sus 51 años de edad, y en la noche previa a la continuación de una batalla que quedó en tablas entonces, mantenga relaciones sexuales (y alcance «el éxtasis», dicho así, «varias veces») cuando al día siguiente, ya desde primerísima hora de la mañana, debe estar concentrado y darlo todo en una contienda en la que se jugará la vida. Llaman bastante más atención errores de bulto en una novela que, recordemos incluye 163 referencias bibliográficas para «certificar» esa documentación de la que se quiere hacer gala. Por ejemplo, en referencia a Septimio Severo, cuando el personaje dice en la página 470: «Mis aliados naturales en Roma son los equites, la clase inferior de los caballeros», demostrando no saber (tampoco el autor) que los equites SON los caballeros. O, previamente, en la página 160, en referencia a un oficial militar (que por el nombre intuimos que volverá a aparecer y ser determinante en el futuro): «(…) Su familia pertenecía a la clase ecuestre —intermedia entre los patricios y los plebeyos—, pero sin demasiados recursos. (…)»; la «clase» (de nuevo aceptaremos pulpo, pero debería decirse orden) ecuestre no tiene nada que ver con la distinción entre patricios y plebeyos.

Que además se diga que «Augusto nombró a dos césares» (capítulo LIV) o que a Livia «sólo le interesaba que Augusto nombrara césar, heredero, a uno de los dos hijos de su anterior matrimonio» (capítulo LXIV) es confundir al lector con una afirmación que no es cierta: en época de Augusto, el primer (valga la redundancia) Princeps, no había una clara aceptación por parte de todos de que su heredero sería su sucesor en el poder monárquico, pero aún revestido con ropajes republicanos; y mucho menos se le llamaba «césar», como así sería siglos después. Distan doscientos de Augusto a Septimio Severo, la concepción netamente monárquica del poder imperial se va modificando: no es la misma con el primero, que desea presentarse como el primer ciudadano de un régimen republicano «restaurado», que con el segundo, en cuya época esa farsa ya no es necesaria fingirla. También resulta cansina, hasta el punto de que uno está tentado de lanzar la novela contra la pared, una muestra (más) de ese salgarismo al que está tan abonado el autor: ese mismo capítulo LXIV en el que, entre las páginas 537 y 547) y como quien no quiere la cosa, dos personajes hacen un repaso de los emperadores que hasta entonces han estado en el poder y quiénes fueron sus esposas; se los menciona a todos y se habla de sus mujeres (y de con quien se casaron estas anteriormente). Curiosamente, el autor lo menciona en su nota final como parte de su argumento por la «igualdad de género»:

«Hace ya tiempo que, profundizando en la historia antigua de Roma, he llegado a la conclusión de que si bien es muy posible que, dada la estructura patriarcal de Roma, hubiera muchos más hombres que mujeres en posiciones de relevancia, no es menos cierto que con frecuencia el historiador hombre y el novelista hombre han dejado de lado a figuras históricas femeninas de enorme impacto tan solo por el hecho de ser mujeres. Por ejemplo, creo que esta debe de ser la primera novela histórica en donde el autor se ha molestado en siquiera mencionar a todas las emperatrices de los dos primeros siglos del Imperio romano (en el repaso que se pone en boca del senador Claudio Pompeyano en el capítulo LXIV). ¿Acaso no eran importantes, influyentes y poderosas las emperatrices de Roma?» (p. 648).

Sinceramente, hay (si es posible) argumentaciones a favor del salgarismo, pero esta es una de las más peregrinas que me he encontrado en mi larga vida de lector del género.

Concluyamos. Santiago Posteguillo ha vuelto a perpetrar otra de sus extensas novelas, que además ha recibido el plácet del mundo editorial (o el galardón a una «trayectoria») con la concesión del Premio Planeta de este 2018 (dejo a la consideración de cada uno valorar esto como prefiera). Y lo hace con una novela que no aporta nada nuevo a lo que ya conocemos. Una, matizo, séptima novela que incide en los mismos problemas y deméritos habituales en su obra, con el agravante de que además ya se asume que lo que se está haciendo va más allá de la mera etiqueta de novela histórica. La suya es la última muestra de una parte de la novela histórica que cada vez es menos novela y más otra cosa (¿historia novelada?), y en la que lo histórico se ha comido casi por completo a lo estrictamente literario. Una novela sin ambición literaria, sin inventiva, sin imaginación incluso. Una novela que hará las delicias de sus (muchos) seguidores, contamos con ello, pero que nos debería alertar, si no lo había hecho antes, acerca de los caminos que asume un género que, reconozcámoslo, murió de éxito y está mutando en gran parte, pero mantengamos una cierta esperanza, por débil que sea, hacia la inanidad y su propio suicidio. En la dicotomía entre los apocalípticos y los integrados que estableciera Umberto Eco en una de sus obras seminales en relación con la cultura de masas, me temo que en esta ocasión y por mucho que me pese, me adhiero en la bancada de los primeros.

     

105 comentarios en “YO, JULIA – Santiago Posteguillo

  1. Vorimir dice:

    Por tu reseña parece que, por desgracia, es más de lo mismo. El autor da la impresión de haberse acomodado a un estilo, a una forma de narrar y escribir, que por muy malo que sea queda abalado por el éxito comercial. Escribe para sus fans, para gente quizás de poca exigencia pero tiene crimen que te cuele casi 200 citas de bibliografía y mezcle y confunda términos básicos en la historia de Roma. Tú sabes que defendí a capa y espada su Escipión y sigo creyendo que son muy superiores a sus siguientes novelas, las de Trajano me parecieron directamente muy malas, sobre todo la 2 y la 3. Esta espero que aunque pobre en estilo sea al menos entretenido. Al menos. Y es que me ha caído como regalo y en unos meses me la leeré (no a corto plazo).
    PD: Cainita, envidioso, quién no ha escrito ninguna novela no debería ser capaz de criticar…

    1. Farsalia dice:

      Las novelas de SP siempre han sido “más de lo mismo”. Podría entender, no obstante, que en una primera novela, en la primera trilogía incluso (y eso es mucho estirar, me parece), se abunde en una serie de “recursos” (ejem ejem) que jalonan un estilo. Pero ese estilo, literariamente muy pobre, no ha mejorado con el paso de los años, de las subsiguientes novelas: estamos ante una séptima (¡SÉPTIMA, diablos!) y sigue abusando de los mismos tics y reiterando los mismos deméritos. ¿Evolución, que se le supone a un autor LITERARIO? Cero. Quizá para sus lectores fans acríticos ese sea uno de sus “valores”: yo lo considero una involución constante en cada una de sus novelas. Porque una novela, como la propia indica, es un artefacto literario y hay poco de esto en sus libros. Que además sus novelas sean cada vez menos “novelas” y más otra cosa (¿historia novelada? ¿ensayo encubierto?) agrava la cuestión, especialmente en un género como la novela histórica.

      1. Vorimir dice:

        Por desgracia estoy de acuerdo en lo que comentas con respecto a su involución y el estancamiento en su “estilo”.

  2. Rodrigo dice:

    Una crítica demoledora y muy bien razonada, con cuyos presupuestos no puedo estar más de acuerdo. Si bien no soy lo que se dice un aficionado a la novela histórica, me interesa sobremanera cuanto concierna a la literatura en general, y creo que la perspectiva desde la que abordas el género -su índole, características y eventuales fallos- es de lo más convincente.

    Por cierto, la somera incursión que realicé en la obra de Posteguillo me dejó una triste impresión sobre sus cualidades estrictamente literarias. Detecté también señales de los vicios que denuncias en la reseña, todo lo cual me lleva a concluir que el prestigio literario de este señor es por completo injustificado.

    Cuanto más se abona en la crítica de un autor como Posteguillo, más apreciables me resultan -por ejemplo- los méritos de Sienkiewicz en su ‘Trilogía polaca’. Como apunté en su día, nunca perdió de vista el escritor polaco que lo suyo era la creación de novelas, por lo que nunca abusó del andamiaje histórico ni abrumó sus narraciones con una abundancia de datos ni con pretensiones de veracidad o de rigurosa fidelidad histórica. Se dirá que eran otros tiempos, alguno conjeturará que si Sienkiewicz escribiese en el presente incurriría tal vez en los mismos fallos que pululan en la novela histórica actual. El hecho es que su obra es la que es; los Posteguillos de hoy podrían aprender mucho si la tomasen como ejemplo.

  3. Farsalia dice:

    Me temo que la novela histórica como tal, como se escribía hace décadas, murió. Hoy tenemos otro género, surgido de aquel, con otra manera de desarrollarse, para lectores que no son lo como los de antes, incluso con otros objetivos. Sólo que se la sigue llamando novela histórica. Soy consciente de que puedo ser un apocalíptico, de que espero en la novela histórica actual cosas que ya no se estilan, pero ello no quiere decir que tengamos que aceptar pulpo como animal de compañía.

    También la novela histórica actual es diversa y en muchos (muchísimos) casos un híbrido con otros géneros, de la novela negra a la novela romántica, pasando incluso por, y por qué no, la novela social. Pero lo que encuentro también, y en no pocos casos, es una novela histórica que tiende hacia el ensayo, que añade decenas por no decir centenas de referencias bibliográficas, notas a pie de página, explicaciones en muchos casos innecesarias. Un tipo de novela que deviene clónico y que adultera y devalúa lo que propiamente es el género. Las novelas de SP y sus seguidores e incluso epígonos va por esa línea y cada vez más. Y creo que debemos mantenernos alerta, como lectores del género, ante este tipo de novelas que, en busca de valores que no requiere (¡historicidad, por todos los dioses!), se está convirtiendo en algo cada vez más insustancial, literariamente hablando.

    1. Vorimir dice:

      Te digo también que hay autores de novela histórica “de romanos” o “de batallitas” actuales que le dan mil vueltas a Posteguillo en cuanto a narrativa, personajes y estilo pero venden mucho menos y claro…

      1. Farsalia dice:

        Hay mucha novela “romana”, pero también me parece que mucha de ella, en especial la patria, parece derivar del estilo posteguillano…

    2. Vorimir dice:

      Tampoco se puede esperar que cada vez que alguien escriba una novela haga un nuevo “Yo Claudio” (que no lo digo por defender a SP, pero sí a muchas novelas históricas muy dignas de autores españoles).

      1. Farsalia dice:

        Hoy en día (y siempre) se pueden hacer tantas cosas que es una pena acabar encontrándote (casi) siempre lo mismo…

      2. Farsalia dice:

        Lo “jartoso”, ya sabes… :-P

  4. Farsalia dice:

    También asumo que esta es, ya no una batalla, una guerra perdida; que reivindicar la novela histórica como, dentro de su pluralidad, debe ser, es incluso un esfuerzo inane. Pero ello no debe impedirnos ser críticos cuando hay que serlo. Y cada vez debermos serlo más.

  5. Carmen L. dice:

    Impresionante disección, Farsalia. Gracias por compartirlo aquí y en FB. Un aviso hasta tremebundo para los que queremos… escribir. Como lectora, el autor en cuestión se me cayó en la primera novela.
    De acuerdo con “mantener una cierta esperanza” e intentando fomentarla con mis pequeñas aportaciones. Saludo cordial de curioso del foro.

    1. Farsalia dice:

      No sé si es un “aviso”, pero sí es una cuestión que hace tiempo que me preocupa dentro del género. Pero, lo dicho, tengamos esperanza, pues la novela històrica, y especialmente la del mundo antiguo, no se circunscribe únicamente a SP, desde luego. ¡Saludos!

      1. Nausícaa dice:

        Creo que hay muchos autores de novela histórica española que no están en la misma onda que Posteguillo, por suerte. Tenemos muchos estilos muy diferentes, y gente que escribe verdaderas preciosidades en 200 páginas, como es Mateo Sagasta, con su Mala hoja, por ejemplo. Puedo citar muchos más con los que disfruto, y creo que, aunque él venda mucho, también se escribe mucho y diferente, cosa que se agradece.

  6. Luis Pinto dice:

    Con todo respeto ante todo, la verdad que el autor de la crítica se ubica en niveles de conocedores y estudiosos pero……..una cosa es vivir en las nubes de la ¨verdad¨ otra es vivir con los pies en la tierra donde vivimos muchos lectores que no nos interesa estar empapados de tanta sabiduria, sabiduría sin interés para muchos de nosotros los lectores rasos y simples que buscamos el deleite de una literatura simple, sencilla y clara.
    Es tanta la sabiduría del crítico que se gastó mas de 10 páginas normales con una bravata que es confusa y tediosa de leer, es decir, palabrería que sólo él entiende y quizas otros 3 o 4 sabios que lo entiendan. Esto no es mas que envidia, ¨fisica envidia¨, el escritor con su escritura clara, concisa…..el critico envidioso con pura chachara que él solo entiende. Quizas me vaya a tildar de iletrado o ignorante, habrá que ver cuantas palabras se gastará el critico para decirme lo que acabo de decir…….

    1. Farsalia dice:

      ¡Ya tardaba en salir lo de la “envidia”, todo un clásico! XD Sinceramente, Luis, a estas alturas es de esperar “argumentos” más desarrollados que ese… y que prefiero dejarte a ti. ¡Saludos!

    2. Leandro H. dice:

      Reconozco que yo siento envidia, y mucha, pero es la cultura enciclopédica del autor de esta reseña la que me la provoca. Eso sí que me pone celoso, y no el número de libros vendidos por un señor o un premio otorgado de aquella manera.

  7. Nausícaa dice:

    Estupenda reseña. Si ya es difícil hacerla buena de un libro que te ha gustado, tomarte el enorme trabajo, porque lo es, de defender los razonamientos que te ha llevado a decir lo que no te gusta de un libro es un esfuerzo considerable que se agradece. No siempre se encuentran opiniones sinceras y razonadas de un libro, y los lectores estamos ya bastante hartos de las reseñas amables que solo comentan las cosas positivas aunque haya que buscarlas con lupa y callan las negativas.
    Por mi parte, te doy las gracias por el trabajo.
    Solo añadir que el único libro que he leído de SP, Los asesinos del emperador, coincidía punto por punto con lo que comentas de este. Tras mil páginas que me resultaron tediosas en grado sumo, dije que uno y no más. Y después de leer tu comentario, me ratifico.
    Lo de la envidia… Es el recurso de quien no tiene otro recurso.
    A mí también me lo han dicho muchas veces aunque ni escribo ni he tenido intención de dedicarme a ello jamás.

  8. Farsalia dice:

    Gracias, Nausicaa. Procuro ir más allá de gustos (y rehuir esa perversa analogía de “esto me gusta, es una maravilla; esto no me gusta, es un bodrio”), ya me conocéis. La novela de SP es la enésima muestra de un estilo que se preocupa más de la cantidad que de la calidad; que además “pretenda” erigirse en vehículo de la “historicidad”, de lo “real”, ya es el colmo… ¡en una NOVELA! Sobre “envidias”, tomémonos con buen humor un, esto, “argumento” tan pobre.

  9. Michael Leubner dice:

    Pues como lector raso, que por ahí arriba se nos menciona, me encanta SP y su estilo, y todas y cada una de sus NH. Y espero que no cambie. Yo personalmente si leo un libro de un autor que no me gusta, no sigo leyendo sus libros… en fin. Y en cambio a otros les encantará. Cada uno tiene sus gustos e intereses literarios.
    Y como lector raso, la crítica es un tostonaco, vamos, que ni me la he acabado. Y el autor de la misma si le da por escribir una NH fijo que lo peta fijo.

    1. Farsalia dice:

      Es curioso: yo me tomo la molestia (no, no es esta la palabra que debería emplear: el deber, diría) de leer con detalle la novela, al margen de los gustos, pues uno es concienzudo con sus argumentaciones, pero no nos tomamos la misma deferencia con esta reseña, ¿no? ¡Gracias, hombre! XD

  10. Valeria dice:

    Bueno, Farsalia, tus primeros párrafos los podía firmar yo, igual que si me hubieras leído el pensamiento. Cuánta pupita ha hecho este asunto a la NOVELA histórica.

    Cada vez me cuesta más el sobrevivir al asunto del salgarismo en la novela. Personalmente, lo llevo mal. Y lo de la bibliografía…..imaginen a algún autor de novela negra añadiendo un apéndice al fina de su novela, citando documentación sobre balística, medicina forense, estructura orgánica y competencias de los cuerpos policiales…

    Yo me he leído 5 de las novelas de Posteguillo. No la que se reseña, ya lo adelanto. Y siendo consciente de sus defectos (los rellenos absurdos o el maniqueísmo de los protagonistas) siempre recalco lo mucho que disfruté con “Las legiones malditas”. Pero es verdad que, si en la primera trilogía estos defectillos eran llevaderos, con Trajano, al engordar, ya no los llevé tan bien. Aún recuerdo el famoso capítulo del perro. La trilogía de Trajano se me hizo bola.

    En algún sitio de esta web comenté alguna vez que Santiago Posteguillo era mucho mejor con los personajes menores (los que nacen de su cabeza, los que crea él mismo) que con los históricos, porque con ellos tiene un enorme corsé -que el mismo autor se pone, al pretender “dar fe” de que las cosas fueron como fueron- que los hace un poquito “sintéticos” (utilizando, si se me permite, una definición más propia de la ciencia ficción). Artificiales.

    Lo curioso es que yo he estado debatiendo con una amiga este pasado fin de semana acerca de Posteguillo, y a ella le gustaban esas disgresiones sin fin y esas explicaciones no pedidas. Para gustos, libros.

    Pero me temo que mi próxima lectura de setecientas páginas no será esta.

    1. Farsalia dice:

      Con personajes de ficción como Lucia y Calidio SP se “suelta” más: en ellos sí se percibe una voluntad de “inventar”; cierto es, no obstante, que el exceso de andamiaje no permite que se salgan de aquellos marcos que el autor impone a toda su obra y, a la postre, comparten algunos tics “historicistas” que los personajes históricos.

  11. Iñigo dice:

    Como decía Nausica, yo también tuve las mismas sensaciones que las que comentas alrededor de “Yo, Julia”, tras la lectura del primero de la trilogía de Trajano, punto por punto y con todos sus defectos, a excepción de los comentarios realizados sobre el protagonista que en este caso es femenino, aunque me da que aumentadas por su extrapolada y ponderada condición sexual. No me repetiré en lo que ya dije en su momento de “Asesinos del emperador”, es decir, abuso de páginas, personajes estereotipados, tramas de relleno… y con todo parece que su instrumentalización como lectura ligera y de mero entretenimiento funciona… Pero desde luego el estilo de las novelas de SP no es para mí. Me sobra mucho y me falta más.

    1. Farsalia dice:

      Siempre lo comento, lo sabéis, que me tomo las novelas de SP como entretenimiento y para esponjar el cerebro. Pero llega un momento dado que las ruedas de molino con las que el autor quiere que comulgues manda al garete ese factor meramente lúdico…

  12. lolio dice:

    A quién le habrá empatado esta banda tan exquisita. En fin.

    1. Farsalia dice:

      ¡Gooooooooooooooooooooool en las Gaunas!

    2. Vorimir dice:

      Nos ha empatado el gusto por la Literatura y la Historia, ni más ni menos. Sí, en mayúsculas.

  13. Rodrigo dice:

    Otra pregunta que bien podríamos hacernos, Farsalia. Si la reseña fuera indulgente o laudatoria, en vez de crítica, ¿vertirían los fans de Posteguillo las mismas descalificaciones?

    Comentarios de esa índole eran más o menos frecuentes en Hislibris, unos diez años atrás. Había uno bastante típico, por el tenor de “Me gustaría saber qué novela ha escrito el reseñador”, y que nunca aparecía cuando se trataba de reseñas encomiásticas. El supuesto era que las reseñas críticas solo podían permitírselas quienes hubiesen escrito sus propias novelas, siendo esto indiferente en el caso de las reseñas positivas o complacientes; por donde se lo mire, un doble estándar insostenible. Como los de ahora, provenían aquellos comentarios no de verdaderos lectores -degustadores de la literatura, exigentes e informados, capaces de practicar una lectura crítica- sino de simples fans, entregados de antemano a todo lo que brote del magín de sus ídolos (e ignorantes, sobra decirlo, de las más elementales pautas de la apreciación litetaria). Reacción característica del fan es acudir a la descalificación gratuita, mientras que la verdadera argumentación brilla por su ausencia.

    1. Vorimir dice:

      De hace 10 nada, hace dos o tres me la soltaron a mí en una crítica a otra de las novelas de este mismo escritor, si mal no recuerdo. Así que los que se suben en el burro siguen sin bajarse de él 10 años después.

      1. Nausícaa dice:

        Eso es algo que siempre se me ha echado en cara por parte de los sufridores de mis reseñas y sus palmeros: que siendo crítica literaria y correctora de estilo no sea escritora.
        No creo que en las otras artes se exija a los críticos que sean artistas, ni a los musicales, ni a los pictóricos. Ni siquiera a los gastronómicos se les exige que sean cocineros.
        Creo simplemente que el lector de base está tan poco educado en la crítica real, demasiado acostumbrado a las reseñas «amables», que reacciona como los niños maleducados, con pataletas cuando algo no le gusta.

    2. Farsalia dice:

      Argumentar supone dedicarle un rato, es lo que tiene. Pero supongo que es más rápido y cómodo soltar la primera tontería que se le pasa a uno por la cabeza… con todo el respeto para las tonterías, claro. De todos modos, tanto da lo que digas: si no has leído la novela de turno (no es el caso), quién eres para criticar; si la lees y das una valoración razonada, que si no te gusta esa novela, no las leas, que para gustos colores. No, si los gustos están muy bien, pero aquí no estoy (estamos) hablando de meros gustos: estamos planteando una problemática y abriendo un debate al respecto. Y desde luego cada cual se entretiene con lo que le place, sólo faltaría. Pero aquí, y hace tiempo, venimos planteando una serie de problemas con las novelas de SP. Y esta novela es la lógica culminación de una inexistente evolución que, no es por nada, pero los que amamos la literatura, y eso incluye la novela histórica, apreciamos.

      Luego hay “argumentos” de lectores fans como que las novelas de SP venden mucho (como si eso fuera un factor “literario” para valorar la calidad de eso, de una obra “literaria”); que si gracias a SP hay mucha gente que ha “descubierto” la novela histórica (una parte de la misma, cabe matizar)… como si el género no hubiera existido antes.

      En resumidas cuentas: un poquito de por favor, que decían los clásicos.

    3. Iñigo dice:

      Precisamente ese argumento de cómo puede recibir estas críticas una novela que vende tanto y gusta a tanta gente, es uno de los argumentos más defendidos y con los que yo también me he encontrado a la hora de analizar en alguna reseña ciertas novelas de autores con un buen volumen de ventas… Si ese es su argumento pues apaga y vámonos, porque entonces sobra todo comentario, entiendo yo que enriquecedor e instructivo que se pueda volcar alrededor de las tramas, narrativa y personajes de la susodicha. Total si vende mucho que más da lo demás y lo que opinemos otros… ¿No será que al aficionado incondicional le molesta soberanamente se analice con lupa y taquígrafo, de manera razonada, la obra de su intocable y adorado escritor?

  14. Derfel dice:

    Excelente análisis de Farsalia, que va mucho más allá de la simple crítica de la novela referida. Lo encuentro muy acertado.

    A don Santiago no se puede decir que le haya leído, como mucho le he hojeado lo justo para comprobar que no me va.

    Se me ocurre, por comentar algo, que es posible que este tipo de novelas históricas (como muchas del género policíaco de los últimos 5/10 años) respondan al viejo fenómeno de la literatura de masas:el folletín decimonónico o las novelas de kiosko del siglo XX en España tipo Corín TEllado o Zane Grey. Esto lo digo con todos los respetos y sabiendo todos de lo que estamos hablando: literatura de entretenimiento, para aquellos que se acercan a los libros sin más objetivo que pasar el rato (parto de la premisa que cada cual busca en los libros lo que mejor le parece; entretención, conocimiento, goce estético, etc).

    Lo particular, quizá, de este fenómeno de la novela histórica es que existe un perfil de lector que, sin añadir complejidad a la lectura (la que pueda, por ejemplo, suponer la lectura de un ensayo), pretende aprovechar el viaje para “aprender” un poco: algo de Historia, algo de cultura general.

    Esa mezcla de literatura “fácil” y divulgación histórica resulta muy atractiva para un sector nada desdeñable de población lectora, y el éxito editorial es más que evidente. Que lo disfruten él y sus fans.

    En definitiva: lo de las peras y el olmo.

    1. Farsalia dice:

      Gracias, Derfel. Justamente es eso lo que se pretende con esta reseña: ir mucho más allá de una mera “crítica”. Plantear un debate, de hecho… si se quiere debatir, claro, no ponerse en plan fan forofo.

      El folletín está implícito en las novelas de SP, en muchas de sus tramas, y es un género al que, los que ya llevamos un bagaje como lectores a nuestras espldas, le tenemos cariño. Pero es que el folletín implica una cierta creatividad, aunque sea a partir de lugares comunes y patrones que se repiten, y en este caso encontramos poquísima invención.

      Prácticamente todo se supedita a esa búsqueda de una “historicidad”, que no una verosimilitud y una plausibilidad que, a su vez, permita que los personajes “respiren”, se desarrollen, se “suelten” y no acaben siendo personajes de cartón piedra y con escasos matices. Una “historicidad” que ahoga las tramas, pues básicamente se busca no salirse de lo que las fuentes nos han legado; unas fuentes, por cierto, que son las que son y como lector uno también debe poner en la pertinente cuarentena, ya no digamos como escritor. Porque para acabar repitiendo los mismos clichés y leyendas negras y rosas… apaga y vámonos.

      Y tener claro lo que se hace: una NOVELA, no un ensayo, menons aún un sustituto del ensayo. Quizá lo que se pretenda sea escribir la “novela histórica divulgativa”…

      1. Derfel dice:

        “Novela histórica divulgativa”, eso es…Creo que es una buena definición del fenómeno.

        El folletín claro que resulta entrañable y en su momento dio grandes novelas que todos hemos leído y disfrutado. Pero tampoco olvidemos que junto a los Dickens, Wilkie Collins y demás “folletineros” transitaron por la historia de la literatura cientos de escritores que en su momento tuvieron éxito, vendieron y de los que hoy nadie se acuerda (los Posteguillo de antaño).

      2. Vorimir dice:

        Y el que puso un poco de moda eso del nuevo folletín: Ken Follett(in)

    2. Iñigo dice:

      De esas historias novelas y no novelas históricas he leído algo este verano… Y es una lástima, porque generalmente suma en decrimento de la narrativa y los personajes… Habrá que analizarlo detenidamente.

    3. Iñigo dice:

      Historia novelada, quería decir, perdón.

  15. Turriano dice:

    Farsalia, la verdad es que sin entrar en si tienes o no razón en lo que comentas en la reseña no se puede decir que no esté argumentado. Está claro lo que quieres decir y ejemplo de sobra para que se entienda. Yo he leido la primera trilogía y el primero de la segunda y bueno, si, ciertamente, en mi opinión, hay muchas de las cosas que comentas.
    Sin embargo, tiene Santiago un éxito clamoroso, incluso impresionante diría yo, si lo comparamos con otros autores también españoles e incluso asiduos a la novela histórica sobre Roma o Grecia…Me gustaría conocer tu opinión de por qué Santiago tiene tanto éxito en comparación con otros autores que en hislibris sí obtienen buenas críticas habitualmente como Javier Negrete y compañía …
    Gracias

    1. Vorimir dice:

      Literatura folletinesca de fácil digestión para el público en general. Pero el éxito no tiene por que ir unido a calidad literaria ni a que sea una buena novela histórica.

    2. Farsalia dice:

      Sí, novelas de trama sencilla, cortos capítulos (y muchísimos), con detalle por lo militar, casi como si estuvieras viendo una película; personajes esquemáticos y claramente identificables (buenos y malos), aunque con escasa profundidad. Algo rápido, directo, don alardes literarios. Si se conformara con eso, como tantas y tantas novelas, estupendo. El problema es cuando “quiere” ser otra cosa que una novela histórica. De ahí las bibliografías, notas a pie de página, explicaciones de más… y el cansino salgarismo.

      1. Farsalia dice:

        “Sin” no “don” alardes literarios.

  16. Derfel dice:

    Coincido con casi todos vosotros.

    Otro fenómeno que me parece novedoso y llamativo es el hecho de que, actualmente, el lector voraz de literatura de consumo en muchos casos se ofende si se pone en cuestión la calidad de los textos.

    Son los “ofendiditos” de la literatura…

  17. Rodrigo dice:

    Nausicaa apuntaba al respecto una observación decidora, Derfel. Decía ella que el lector de base está poco educado en la crítica real (o de fondo, podríamos añadir). De ahí que le ofendan las reseñas negativas de sus autores de culto.

    Tiendo a pensar que es un fenómeno concerniente más que nada a la novela de género (histórica, policial, de terror, etc.). No iré a generalizar menospreciando a los seguidores de alguna de sus vertientes (yo mismo leo de vez en cuando algún ejemplar de novela negra, o de fantasía, o histórica), pero sospecho que a los lectores exclusivos de narrativa de género no se les da muy bien la práctica de darse un garbeo por los terrenos de la crítica literaria, ni siquiera en el nivel más básico: el de las recensiones publicadas en la prensa, o en páginas web de contenido cultural. Si lo hicieran, constatarían de partida que las reseñas no tienen por qué ser invariablemente elogiosas, que la crítica punzante es no solo legítima sino que necesaria y saludable, y que la argumentación razonada en pro o en contra de una obra literaria cualquiera vale por cien mil exabruptos.

    Es cierto que las recensiones que tengo en mente (por decir algo: las de Guelbenzu en El País, o las de Daniel Gascón en Letras Libres) no suelen abordar novelas de género (aunque Guelbenzu reseña a veces novela negra), pero sus lineamientos son perfectamente ilustrativos de lo que se debe en cuenta cuando se lee narrativa de ficción. (Aquí mismo, en Hislibris, procuramos poner un granito de arena en estas materias.) Contribuyen a informarnos de lo que toca al ejercicio de la apreciación literaria, y motivan al desarrollo de las destrezas argumentativas, insustituibles a la hora de emitir juicios en torno a las obras que leemos. ¿Será una total pérdida de tiempo el invitar a los fans de Posteguillo a airear la mente asomándose a ese rico universo, el de las reseñas literarias?

  18. tonum dice:

    Qué risa de flipaos.

  19. Balbo dice:

    Yo me leí, in illo tempore, las tres novelas de SP acerca de Escipión, y me entretuvieron un verano y un otoño. Pero se quedó ahí la cosa. Cuando llegó la siguiente trilogía, la de Trajano, no pude con ella. Demasiado estereotipo y demasiado andamiaje, como muy bien dice Farsalia. De esta última novela no tengo opinión, pues no la he leido, pero parece que va por los mismo tiros. Hace poco alguien me comentaba que el tamaño en páginas en las novelas históricas actuales es un poco excesivo, y yo le rebatí alegando que eso será en algunas novelas actuales porque, en cambio, me acuerdo de las de la Macu (1000 hojas arriba o abajo) y en cambio se bebían de lo increibles que eran. Yo creo que no es cuestión del tamaño, sino de la calidad. A mi me parece raro que muchos escritores saquen novelones (hablo de tamaño) con tan poco tiempo entre ese y el anterior. Desgraciadamente parece que lo hacen como los churros… y claro ahí también entrariamos en el eterno debate de la preferencia al escribir, que si la preferencia la tiene la calidad o los fans. Pero esa será otra historia.

    Saludetes.

  20. lrtaboada dice:

    Estoy de acuerdo con su critica en muchos aspectos, pero difiero en que lo que a usted le parece negativo yo lo encuentro como lo más atractivo de una novela histórica. Supongo que es por eso por lo que disfruto tanto con las novelas de Posteguillo.
    Bien es verdad que algunos personajes son planos y algo maniqueos (los digamos “malos” hay veces que parecen los simples y perversos personajes de una película infantl), y que se recrea en escenarios bélicos (opino que es uno de sus principales éxitos porque narra las batallas de forma magistral), pero lo que más distancia nuestra opinión es lo que se denomina “historia novelada”. Yo disfruto más de la historia novelada que de la ficción histórica. Creo que es una forma amena de acercarse a la historia para los que, como en mi caso, tenemos muchas lagunas en ese campo (y ya sé de sobra que lo correcto son los libros de ensayo, no lo pongo en duda en ningún momento), y queremos, al mismo tiempo pasar un buen rato sin más complicaciones (y también admito que con un buen ensayo se disfruta lo mismo, o más, que con una novela). Por eso me apasiona la saga de “Señores de Roma” de McCullough (que por supuesto no pretendo comparar con Posteguillo) y no soy capaz de leer a Scarrow.
    Con esto no pretendo crear ningún tipo de polémica, nada más lejos demis intenciones, es la primera vez que opino aquí y sólo faltaría empezar “haciendo amigos”, lo que pretendo es explicar, desde mi modesto y personal punto de vista, por que algunos disfrutamos tanto de las novelas de Posteguillo.
    Espero no se ofenda nadie con esta pequeña explicación. En lo que sí que no estoy de acuerdo es en categorizar en “lectores poco exigentes” a los que nos gusta Posteguillo y en casi “un nivel superior” a los que no les agrada. Creo que es muy defendible y respetable cualquier punto de vista.

    1. Javi_LR dice:

      Nada, nada. Tu opinión (y la manera de exponerla) te honra. Así da gusto, Irtaboada.

    2. Balbo dice:

      Coincido contigo en lo apasionante que es la saga de Señores de Roma. Me leí los siete libros de un tiron, uno detrás de otro, y eso que eran unos tochos bien gorditos. Y también coincido cointigo, aunque SP no es escritor de mi devoción, en que tampoco es bueno dividir a los lectores de novela histórica en lectores premium o lectores ramplones. Lo importante es leer, ni más ni menos.

      Saludetes

    3. Iñigo dice:

      La verdad es que te honra argumentar tu opinión como lo has hecho, no como otras personas que precisamente lo que no han hecho es argumentar.

    4. Farsalia dice:

      Gracias, Irtaboada, por tu comentario a una reseña que, al mismo tiempo, es una puerta abierta al debate.

      Respecto a lo que comentas sobre “lectores poco exigentes” de las novelas de SP, hombre, está claro que no se puede meter en el mismo saco a todos los lectores de sus novelas (cada lector es un mundo)… pero no es menos cierto que muchos de sus lectores son “poco exigentes” con lo que les ofrece este autor. Y tampoco los que no gustan de su prosa son “lectores de un nivel superior”…

  21. Javi_LR dice:

    Si se me permite, aportaré una opinión al debate teórico de la novela histórica.

    La novela histórica siempre ha sido un género idealizado. Ahí estuvo la novela helenística. Ahí estuvo, dando un salto de muchos siglos, la novela romántica.

    La evasión a otros mundos pretéritos es un topos básico de la novela (como hacia mundos futuros, lejanos, exóticos, etc.). Es ese desconocimiento de los usos, costumbres, paisajes, personajes, etc. el que hacía disfrutar al lector, y el que hacía que el autor pudiera escribir bajo una libertad absoluta. La lejanía también invitaba ha hablar de otras cuestiones más sociales y humanas, gracias a su perspectiva, y que el lector no se sintiese atacado (como pasa en la ciencia ficción).

    Obviamente, la carga de lo histórico, en cuanto a realismo, ejercía una curiosa confrontación con lo evocador e idealizado. Ese equilibrio era gozoso.

    Hoy en día esa idealización, ese romanticismo, parece imposible. Hoy en día la novela histórica ha perdido su naturaleza de lo que fue pues se ha modificado una de sus bases. El realismo ganó, dominó toda creación para saciar todo ansia lectora.

    Aun así, el realismo no hubiera sido cosa tan mala (de hecho, originó grandes novelas) si los autores, con el tiempo, no hubieran confundido este término con el mostrar todo el andamiaje. Mostrar esto es, sencillamente, de mal escritor. Un atentado a la honestidad literaria. Y es de mal lector, de muy mal lector, que te agrade dicho andamiaje. Las recompensas inmediatas ni son buenas, ni son reales, ni son gozosas.

    1. Farsalia dice:

      Uno de los alicientes de la novela histórica “a la antigua usanza”, para distinguirla, en cierto modo, de la andanada de los últimos años, es que precisamente “evocaba” ese pasado “recreado”, como mencionas. Creaba una imagen, desde luego idealizada en gran parte, que también dejaba mucho a la imaginación propia del lector, a que se “construyera” una visión propia mientras leía esa novela. Eso es algo de lo que hoy en día carece gran parte del género.

  22. Turriano dice:

    Reseñé aquí mismo la primera novela de la trilogía de Escipion y ya en aquella novela comenté que había un tratamiento muy diferenciado entre Escipión y Aníbal y sólo por el hecho de que Escipión era el protagonista y es cierto que eso me causó cierta irritabilidad. El propio autor reconoció eso mismo en los comentarios a la reseña, pero lejos de evitarlo en las siguientes novelas lo ha potenciado.
    Es cierto, y siempre ha sido así,que los personajes maniqueos funcionan muy muy bien, supongo, intuyo, que la razón de esto es porque la condición humana necesita identificarse, tomar partido, y por supuesto a favor del personaje bondadoso y adalid de la justicia etc …en realidad se ve en la propia sociedad donde cada uno de nosotros va con los buenos o creemos que son los buenos y contra los que creemos que son los malos, ya sea en el deporte como en la política. Si algún psicólogo de profesión decidiera escribir una novela, por ejemplo una de romanos como esta, si se propusiera tener éxito sabría que debe de hacer exáctamente lo que hace SP en cuanto a lo maniqueo de sus personajes. Lo mismo ocurre con las series o películas de corte histórico. Por poner un ejemplo, Gladiator es eso mismo, sin embargo está catalogada como una buena película por gente corriente como por los propios críticos. Con esto quiero decir que el problema no está en mi opinión tanto en lo maniqueo del asunto como en la otra cuestión que aborda Farsalia. Y es que si a Gladiator le metes minutos de metraje enseñando aspectos de la sociedad romana, o del ejército etc pues te aburres, ya uno sabe que desde Germania a Hispania en caballo no tardas un ratito como se ve en la película pero te da igual, no te importa, y lo que no quieres es que te vayan contando los detalles sin emoción del propio viaje en si, y esto es lo que hace SP en mi opinión y lastra la historia, aburre incluso. Es más, con tantos capítulos e historias sin cerrar cuando vuelve a alguna de ellas ya no te acuerdas de qué iba …me recuerda a las típicas series que gustan en la primera temporada pero que para estirar el chicle hacen 10 temporadas más intrascendentes y volviendo a lo mismo.
    Respecto a la descripción de las batallas me parece que incluso a los fans de SP les sobran muchas páginas y tecnicismos y lo que creo que realmente les importan son las pequeñas historias de personajes secundarios que realmente esperas con impaciencia.

    1. Javi_LR dice:

      Opino como tú, Turriano: el personaje maniqueo puede incluso funcionar muy bien, sobre todo en el antagonista. No es un defecto en sí mismo.

    2. Farsalia dice:

      Lo “malo” de los “malos” es que cansan… y lo “bueno” de los “buenos”, ni te cuento. Ese maniqueísmo en la construcción de personajes es lo que resta credibilidad. Los grises son los que explican mejor como somos.

      Tan “perfectos” suelen ser los héroes de las novelas de SP, de Escipión a Julia, que acaban por ser paródicos. en el caso de Yo, Julia, en aras de “empoderar” artificiosamente al personaje, convierte a todos los demás, de emperadores a altos mandos militares, en auténticos incompetentes; que no era un personaje irrelevante en el auge de su esposa, no hay duda, pero de ahí a que en no pocas ocasiones sea ella la que salva la situación, no siendo una experta en asuntos militares, es de traca.

      1. APV dice:

        Es que los personajes planos acaban por ser irreales, buenos muy buenos o malos muy malos, mientras que antihéroes o antivillanos o personajes más caleidoscópicos se vuelven interesantes.

        En literatura o en el cine es complicado hacer buenos villanos, pero precisamente recordamos las obras donde el villano nos interesa.

  23. Derfel dice:

    Yo no digo que los lectores de Posteguillo sean poco exigentes: digo que Posteguillo es una lectura poco exigente. No es lo mismo.

    Y pienso que tan malo es el “elitismo literario” como el “buenismo literario”.

    1. Javi_LR dice:

      Totalmente de acuerdo, Derfel. Creo que hay cosas universales incluso en literatura, yendo a tu segundo enunciado. En cuanto al primero, que algo sea una tontería no convierte en tonto al sujeto; entre otras cosas, porque el sujeto es la propia tontería. Tomártelo a lo personal es poco inteligente (“tomártelo a lo personal”: sujeto).

      1. Rodrigo dice:

        Por aclararnos, Javi. ¿No es el mal lector -malo, justo porque “le agrada el andamiaje”- un lector poco exigente -precisamente porque es de lectores exigentes demandar del escritor que simule el andamiaje?

        Si al lector de Posteguillo no le rechina el que sus novelas sean en este respecto deficientes -y hablamos de un ítem medular en toda forma de narrativa de ficción-, ¿no lo vuelve esto un lector poco exigente? (=mal lector).

      2. Javi_LR dice:

        No creo que el “lector poco exigente”, Rodri, sea un “mal lector” per se. De hecho, creo que el “mal lector” con frecuencia suele ser muy exigente: exige continuamente explicaciones, que no haya elipsis, que se le muestren mapas, bibliografía, notas aclaratorias, ausencia de complicaciones y palabras poco usadas, aunque certeras, etc.

  24. Rodrigo dice:

    Je, je… Visto así, claro que puede jactarse de ser el más exigente lector de todos, pero no me refería a eso.

    1. Javi_LR dice:

      Ya lo sé, Rodri, ya lo sé, pero de veras que es una palabra que me gusta muy poco. En la vida normal y cotidiana, el que exige suele ser el caprichoso, el ignorante o el egocéntrico. Y, a fin de cuentas, el buen lector realmente exige muy poco. De hecho, diría que nada que no fuese en su propia denominación: lo bueno.

      1. Rodrigo dice:

        Entiendo.

        Afortunado, pues, el que merezca de tu parte el calificativo, aparentemente tan sencillo. “Buen lector”. Mejor que la Medalla del Congreso, o la Pour le Mérite.

  25. APV dice:

    En primer lugar he de decir que la reseña está muy razonada, y hacía tiempo que no veía un tema tan animado en la PAPRI.

    Ciertamente hay autores que han caído en el ensayismo en sus novelas, y no solo ahora, también hubo salgarismos (me gusta esa palabra) en diversos géneros incluso por ejemplo en la ciencia ficción. El ensayo o la novela a vees se entremezclan dando lugar incluso a cosas como autores de ensayo que usan novelas para sus fuentes (y para marcar sus filias y enemistades).

    Peronalmente no puedo juzgar en este caso concreto, porque no he leído a SP (siempre he preferido irme más al ensayo directamente).

    1. Farsalia dice:

      Con el salgarismo hemos vivido por encima de nuestras posibilidades… :-P

  26. Pepe dice:

    Felicidades al autor, Farsalia. Me parece, de lejos, la mejor reseña que he leído en la historia del blog. Se moja y de que manera. si tenía alguna duda en darle una oportunidad a Posteguillo, se me han ido leyendo el blog.
    Lo indignante, y repito, lo indignante, es que se le premie con el mayor galardón privado de las letras españolas. Esto debería ser un escándalo y apenas se ha mencionado en los medios de comunicación y sospecho que semejante benevolencia en la era del feminismo y de lo políticamente correcto, es por presentar el personaje de una heroína totalmente inventada e incluso anti-histórica.

    1. Nausícaa dice:

      No confundas las cosas, el premio Planeta no es un premio a la mejor novela. Es elemento de marketing de la editorial. El premio Planeta consiste en encargar una novela a un autor de la casa de reconocido prestigio y ventas para garantizar estas, y el premio en metálico es un adelanto de los derechos de autor. Todo lo demás es parafernalia comercial de ventas. El finalista suele ser otro autor de la casa o alguien relacionado a quien se quiere lanzar, normalmente con una novela que cumple las tendencias de moda en el momento.

      El resto de finalistas… Pues escritores llenos de ilusión que van a tener casi imposible publicar su novela precisamente por haber sido finalistas del premio planeta.

    2. Farsalia dice:

      Gracias, Pepe (¡bienhallado!); si esta reseña sirve precisamente para generar debate y darle más vidilla a la Papri, me conformo con eso.

      El Premio Planeta es… lo que es, lo sabemos todos. No es un premio a la mejor novela, eso lo tenemos también todos claro; sí el galardón, y de ahí tu matiz, Pepe, más importante otorgado por las editoriales y el de mayor bonificación económica. A mí me “preocupa” que otorgándole ese premio se “premie”, valga la redundancia, esta adulteración del género de la novela histórica o, siendo coherente con lo que decía al inicio de la reseña, de parte del mismo. Que habrá muchos, muchísimos fans de SP que no lo consideren así (aunque, curiosamente, también muchos de ellos habrán considerado, “a.SP”, este premio con la peor de sus opiniones… y ahora no, claro), tampoco es novedad.

      Que los medios de comunicación no hagan hincapié en la mediocre calidad literaria de la novela, cuento con ello: apenas quince minutos después de su “anuncio” ya había artículos de prensa muy detallados sobre la novela. Y más de una reseña elogiosa hasta el punto de decir basta he leído también en esos mismos medios de comunicación. Que vayan a hacer menos mención de lo que perpetra el autor con su protagonista femenina, al margen de feminismos y lo políticamente correcto, tampoco no me va a coger de nuevas.

      1. Pepe dice:

        Ya sabemos que es marketing, que el premio está adjudicado meses, o incluso años antes. Pero dárselo a Posteguillo, que para mí hace novela histórica de “garrafón” al lado de genios de las letras, como Vargas Llosa, Ramón J Sender, Torrente Ballester, Muñoz Molina, Cela etc, Para el Planeta es pegarse otro tiro en el pie. No es que sea el primer escritor al que le dan un premio que le queda grande, pero la benevolencia de la prensa, ensalzando injustificadamente la novela, es lo que más me irrita.

  27. casandro dice:

    A la vista de lo que da de sí la reseña, no puedo evitar dar mi opinión. Empezando por el final, se trata de un premio otorgado por una de las las grandes editoriales, la primera en castellano, y sin querer ( ni poder ) acusar al jurado, es evidente que la casualidad no existe cuando el dinero está de por medio. Y lo que quiero decir, desde la ignorancia respecto al modo de funcionamiento de los concursos, es que un manuscrito del Sr. Posteguillo debiera ser facilmente reconocible por los otorgantes del premio. ( Incluso si no han leido sus trabajos anteriores ) Y evidentemente, un autor ya consolidado vende más que un desconocido.

    En segundo lugar, quiero disculparme de antemano por el perogrullo que voy soltar, pero para mí, el mal lector es el que no lee, el a-lector, el que sólo lee por que le regalan un libro y no tiene nada más que hacer, o el que te pide consejo para comprarse un libro de historia o una novela, y la explicitación consiste en …”la que sea, es igual….”.

    Por lo menos el Sr. Posteguillo ha conseguido que más gente lea y muestre más interés acerca de la historia, y ese mérito debemos concedérselo. Yo soy de la opinión de que, a parte del estilo, que entiendo intencionado, lo que cuenta y como lo cuenta, obedece a una intención distinta del éxito empresarial. Hay algo más allá, que quizás esté relacionado con su formación académica ( creo que es filólogo clásico ).

    Quiero felicitar ( aunque no signifique nada ) al reseñador por que de su texto trasciende que le ha dedicado especial atención y trabajo, y de que no se trata de una crítica de manual ( positiva o negativa ). Yo he leido 5 libros del señor Posteguillo. No creo que lea el que es objeto de esta crítica, ni el último de la primera trilogia. El abuso del cliffhanger ( Aka coitus interruptus al final de cada capítulo ), la escasa dimensión de los personajes y la poca evolución que ha demostrado en su producción literaria para pulir estas cuestiones son defectos que me hacen llegar a esta decisión.

    Desde un punto de vista más subjetivo, el trato que le da a Aníbal y a sus hermanos en los libros sobre Escipión, ( no sólo de malos malísimos, sino íncluso de poca intervención) lo siento, pero no se lo perdono ( Tenia que decirlo ).

    Muchas gracias por la oportunidad de expresarme. Es tarde y escribir estas lineas me ha impedido acabar la lectura del libro del Sr. Arce sobre Alarico….pero eso es otra historia.

    PD. Perdón.No he podido evitarlo.

    1. Nausícaa dice:

      Acabo de responder en el comentario anterior sobre el premio Planeta, así que me remito a ello para responderte a lo que planteas sobre el jurado y dicho premio.

      Respecto a esto:
      «Por lo menos el Sr. Posteguillo ha conseguido que más gente lea y muestre más interés acerca de la historia, y ese mérito debemos concedérselo. Yo soy de la opinión de que, a parte del estilo, que entiendo intencionado, lo que cuenta y como lo cuenta, obedece a una intención distinta del éxito empresarial. Hay algo más allá, que quizás esté relacionado con su formación académica ( creo que es filólogo clásico )».

      Sí es cierto que ha conseguido que mucha gente que no leía, lea y se interese por la novela histórica y por la Historia, cosa que es muy de agradecer. Lo estoy viviendo en mi propia familia, un primo mío y no salgo de mi asombro y de mi agradecimiento.
      Respecto a la formación académica de Santiago Posteguillo, no, no es filólogo clásico, sino profesor de filología inglesa.

      1. casandro dice:

        Gracias por su respuesta. Entonces lo que yo he insinuado muy veladamente, usted lo confirma, y por ende, coincidimos. Se trata de un premio literario de diseño premeditado.

        Respecto al tema de la formación, hace referencia a que yo creo que el Sr. Posteguillo utiliza sus trabajos para hacer una vindicación de las fuentes clásicas y de su veracidad, con lo cual enlazo con sus afirmaciones en las notas históricas que menciona de que los hechos ocurrieron tal y como él los describe, que és uno de los aspectos que con más contundencia ataca el Sr. Farsalia en su reseña. Estoy de acuerdo con él. Y considero que cuanto menos es sospechoso.

    2. Farsalia dice:

      Gracias, Casandro, por tu comentario. Que haya lectores que muestren más interés acerca de la historia después de haber leído las novelas de SP no tiene nada de censurable, al contrario: uno de los grandes alicientes de la novela histórica es que te pique la curiosidad, alimente las ganas de seguir indagando en unos hechos y personajes, y que uno acuda a librerías y bibliotecas a informarse, donde corresponde, sobre esos temas. Pero que el autor pretenda que su novela sea el lugar del aprendizaje o, como comenté remarcando algunos párrafos de su nota final, que pretenda sustituir con su novela al ensayo, incluso erigir a aquella como el espacio donde el lector “puede ver” los hechos históricos, eso es mucho más peligroso. Y ante eso debemos mantenernos en alerta. Pues se trata de una NOVELA lo que SP ha escrito.

      Y el lector, con mayor o menor bagaje como tal a sus espaldas, debe ser consciente de ello y, como he mencionado en otras ocasiones, no comulgar con ruedas de molino. Por mucho que le entretenga, por mucho que le mantenga enganchado a la novela. Porque, en esta era de fake news, ese ejercicio que realiza el autor es también una muestra de fake historical novel.

      1. casandro dice:

        Gracias a usted. En mi opinión la intencionalidad de presentar una versión como la “verdadera” és legítima, aunque hacerlo a través de literatura de ficción no sea el vehículo correcto, en mi opinión. Otra cosa es que las notas, las bibliografias, y las afirmaciones reiterativas sean convincentes o no, o a que público van dirigidas.

        Respecto a lo que deben hacer los lectores es algo que se escapa, no ya de mis posibilidades, sino también de mi voluntad. Le deseo suerte.

        Y por último, no hay nada nuevo bajo el sol. Los “fake” son tan antiguos como la historia….¿ Que explicó Ramses II, y publicó, tras Quadesh ?. La lucha continua.

      2. Vorimir dice:

        Si ya ni los historiadores más serios son capaces de decir que están planteando la verdad de lo ocurrido… y menos en algo con fuentes tan escasas y -a veces- contradictorias como el Mundo Antiguo.

  28. Arturus dice:

    La verdad es que hacía tiempo que no se leía por aquí un debate tan jugoso, y nuevamente a cuenta de una obra de Posteguillo (en su día hubo otro un tanto acalorado y en el que creo que me mojé bastante defendiéndole). No voy a añadir nada nuevo a todo lo que se ha comentado ya, simplemente estoy de acuerdo con la afirmación de Derfel sobre ese tipo de lector que “utiliza” la novela histórica para aprender de una forma entretenida. Creo que el autor ha dado en el clavo y confecciona el tipo de obra que más puede calar en aquellas personas a quienes les gustaría saber más de Historia pero que, quizá por prejuicios, escasez de bagaje lector o simplemente falta de ganas, no recurre al ensayo. Posteguillo sabe jugar sus bazas y no necesita evolucionar como autor. ¿Para qué, si ya tenía una legión de incondicionales y, encima, le han dado el Premio Planeta? (premio que quizá no le hubiesen concedido si la novela se llamara “Yo, Septimio”, por cierto). Dejando oportunismos políticamente correctos al margen, ya no me apetece leer este tipo de obras, en parte porque cada vez me estoy volviendo más perezoso con la longitud de las tramas, sean literarias o en formato de serie televisiva, y porque, humildemente, creo que mi bagaje como lector de Historia ha aumentado y ya no necesito tanto de ese andamiaje que, lo reconozco, antes sí me motivaba y me hacía disfrutar. Algún día tendré que hacer el ejercicio de releer las cinco novelas de Posteguillo que tengo en casa y comparar sensaciones…
    Y por último, pero no menos importante, agradecer a Farsalia una reseña tan justificada como esta. Cuando uno hace el esfuerzo de leer lo que critica y hacerlo poniendo en juego semejante batería argumentativa, hay que reconocer el mérito.

  29. Farsalia dice:

    Gracias, Arturus, Que un autor no “evolucione” tras SIETE novelas ya nos dice mucho de su “calidad” literaria, ¿no te parece? Que siga abonado a eso para seguir perpetrando mamotretos (al menos este sólo tiene seiscientas y pico páginas, apéndices al margen) que reinciden en los mismos defectos, una y otra vez, es para hacérselo mirar. Está claro que al autor no le importa (o no aparenta importarle), pero me parece que, como lectores, por muy entregados a su estilo, también nos lo tenemos que hacer mirar. Y no seguir comulgando con esas ruedas de molino. Si el lector, quiere, desde luego.

    1. Vorimir dice:

      Lo que es peor, para mí ha ido involucionando claramente. En lugar de tratar de mejorar el estilo y la forma, incluso lo ha dejado de lado para aumentar la cantidad. En la trilogía trajanesca salta a la vista…

      1. Arturus dice:

        Hay autores que, repito, no van más allá porque el éxito, como es el caso, está de su lado o porque, sencillamente, no saben escribir de otra manera. Creo que el autor tiene potencial para liberarse del exceso de historicidad y dejar fluir su novelística. Otra cosa es que sepa cómo hacerlo o le interese.

      2. Vorimir dice:

        Sí, está claro que o no sabe escribir mejor o no le interesa. Pero lo peor encima es lo que señalo, para mí ha ido empeorando, que es peor todavía que estancarse.

    2. Farsalia dice:

      La verdad, Arturus, tras SIETE novelas tengo muchas dudas de que el autor sepa “evolucionar” como escritor. El potencial se puede achacar a una primera o una segunda novela, incluso, apurando mucho, a una tercera novela; pero desde luego no a una séptima: ese potencial ya lo ha gastado de sobra. Y limitarse a escribir para fans no es siquiera un recurso: es una decisión que se justifica por otros factores (el comercial, sin duda), pero no por los literarios. Que si me dijeran que escribe otra cosa, pues vale, pero esto se supone que es una NOVELA.

  30. dvfrank dice:

    Es indudable la capacidad crítica de Farsalia así como la de tantos otros críticos que colaboran en Hislibris y a quienes debemos más de un café o un par de cervezas.

    Dicho esto, y siempre desde el respeto, no puedo debatir demasiado porque no tengo argumentos ni conocimiento necesario para ir más allá del: pues a mí SP me gusta.

    Y coño, la verdad es que me gusta. No es el mejor escritor que he leído ni sus novelas las que más he disfrutado pero me ha hecho -y me hace- pasar muy buenos ratos. Novela extensa, sobre Roma, con personajes buenos y malos. ¿Qué más le puedo pedir?

    Aún sin conocer a Farsalia ni a ningún experto que se mueve por esta página, creo que es demasiado atrevido criticar con tanta saña a un escritor como Santiago Posteguillo. Ahí es donde creo que quizá patine un poco la crítica meramente… constructiva, por llamarlo de alguna forma. Parece, de algún modo, como si molestase en exceso que todo el reconocimiento que está recibiendo el autor fuese erroneo o injustificado.

    Más allá de que se ponga en duda su capacidad como novelista -yo personalmente no me atrevería a juzgar a nadie- creo que el esfuerzo, la dedicación y la implicación que tiene en cada obra está fuera de toda duda. Y no sé, me da la sensación de que quizá se le pierde un poco el respeto poniendo en duda su trabajo sólo porque quizá se empeña en divulgar más allá de lo razonable.

    Puedo estar equivocado en mis afirmaciones pero me incomoda un poco el que, por una parte, SP se haya llevado el premio Planeta y, a la vez, parezca -por aquí- que es un escritor sobrevalorado hasta el extremo.

    1. Vorimir dice:

      El premio Planeta es un tongo que lo da la propia editorial a quién quiere a través de un jurado de amigos. Te gusta Posteguillo como le gusta a muuuucha gente. A mí me gustó mucho su trilogía de Escipión e incluso por esos tiempos discutía con Farsalia defendiéndola. Llevaba una temporada aburrido de la novela histórica y SP volvió a prender mi interés. Mi problema fue la trilogía de Trajano, donde el primero ya se me hizo aburrido y cada libro era peor que el anterior, muy largos y con mucho relleno y peor escritos. Quizás el chasco fue aun mayor por que yo esperaba una evolución positiva en su estilo que eliminase o atenuase lo que no me gustó tanto en Escipión pero todo lo contrario, el autor dio claramente prioridad a la cantidad que a la calidad. De la misma temática o similar hay escritores mucho mejores pero venden menos. SP viene viviendo del éxito de su primera trilogía que ha arrastrado a mucho lector ocasional o menos crítico. Esta nueva novela con protagonista femenino huele a encargo editorial desde mi casa.

      1. Arturus dice:

        Nadie pone en duda la dedicación y el esfuerzo de Posteguillo en sus novelas, creo que eso está fuera de toda duda. Lo que se critica aquí es otra cosa, lo que señala Vorimir y que no voy a repetir porque ya se ha debatido a lo largo de todo el hilo. Yo también lo he pasado bien con sus novelas, de hecho fue a partir de ellas que mi interés por la Roma clásica creció y me orientó hacia otras obras, a veces novelas y a veces ensayos, con las que aprendí y me entretuve mucho. Pero también es cierto que no las he vuelto a leer y no he pasado del segundo libro de Trajano, primero porque me da mucha pereza ponerme de nuevo con libros tan extensos teniendo tanto nuevo por leer, y segundo porque tengo la sensación de que ahora no resistirían muy bien una revisión. Por cierto, eso no me ocurre con otras obras como “El águila en la nieve” o “Águilas y cuervos”, con las que sí he repetido. Por algo será.

    2. Farsalia dice:

      Gracias por tu comentario, dvfrank, y tu aportación al debate. Mi reseña va más allá de si me gustan o no me gustan las novelas de SP (como mencioné en ella, mi argumentación no es ad hominem). No me gustan, es evidente, no suelo disfrutar con ellas, pero ello no me impide leerlas y valorarlas al margen de eso, del mero gusto. Para que haya saña, por emplear la palabra que utilizas, y remitiendo a las acepciones del DRAE sobre esta palabra, debería haber furor, enojo ciego, por un lado, y mi reseña no va por esos derroteros, o una intención rencorosa y cruel… ¿en serio la hay? ¿Qué rencor puedo tener yo con SP? Insisto: esta es una reseña que no se basa en argumentos ad hominem, no descalifica a SP como persona. Otra cosa es la valoración que puedo hacer como escritor, a partir de sus obras –en este caso, sus novelas, la presente y las seis anteriores–, y empleo argumentos a partir de sus novelas y de la pericia, o la impericia, como vengo sosteniendo, que tiene el autor en su elaboración.

      Luego dices: “como si molestase en exceso que todo el reconocimiento que está recibiendo el autor fuese erroneo o injustificado”. Otra cosa, desde luego, es que, a la hora de valorar su trayectoria en el género de la novela histórica, que ciño estrictamente a esas siete novelas, no haga un alegato al respecto de una tendencia que detecto en parte de este género; en particular, de la confusión, a la que el autor no es nada ajena, que supone situar su novela como ámbito de “historicidad” y, en última instancia, de “verdad” histórica, algo que he realizado analizando algunos párrafos de su nota final a la novela.

      A estas alturas, tras siete novelas, sí pongo en duda su capacidad como novelista para evolucionar dentro del género. Podría entender en una primera novela, en una segunda, en la primera trilogía entera, apurando mucho, una serie de deméritos y deficiencias. Podría entenderlo, desde postulados netamente literarios… pero tras siete (repito: SIETE) novelas, me parece que ha habido margen de sobra, paciencia como lector, para esperar más, mucho más, de un autor que no se está fogueando precisamente con esta novela de marras. Y no pongo en duda el esfuerzo, la dedicación, la implicación siquiera: pongo en duda su capacidad para evolucionar como escritor del género, de ir más allá de lo que hasta ahora ha ofrecido. Y eso que en la reseña no he entrado a comentar (y valorar) las deficiencias de sintaxis, gramática y puntuación, que hasta cierto punto puedo achacar a la revisión editorial… si es que la ha habido. Y es que, además, soy de la opinión de que una novela no debe “divulgar”, pues ya hay géneros al respecto para ello (el ensayo, ya sea el de alta o mediana divulgación o el académico); ¿una novela debe incluir una bibliografía con 163 referencias? ¿Acaso una novela debe demostrar su documentación? ¿Debe incluso, y es algo que no comenté en la reseña, transcribir fragmentos de fuentes clásicas, de Dion Casio en concreto, como parte de su propia “narración?” (capítulos VI y XXXV). Puedo comprender que en las notas 5, 17 y 30 se haga mención a episodios que esta fuente en particular recoge, pero, ¿transcribir dos párrafos en el texto de la propia novela, que además “sirven” para “documentar” su propia “narración”? Es decir, no es que SP se dedique a parafrasear episodios de los reinados de Cómodo y Didio Juliano, si es que debiera hacerlo (personalmente, considero que un novelista debe crear) o que les dé un matiz desde la ficción: no, los reescribe tal cual y pone además la cita del autor romano, como si de un trabajo de historiador se tratase. ¿Esa es la “labor” de un autor de novela histórica?

      Si no son suficientes argumentos para valorar a un autor por su obra, y extraer conclusiones al respecto, no sé qué estoy haciendo, pues. Porque si “le pierdo el respeto poniendo en duda su trabajo”, no lo hago gratuitamente: expongo hechos, y no le pierdo ningún respeto, pero sí pongo en duda su trabajo. Y no lo hago “con tanta saña” ni, humildemente, creo que “patine”. Por supuesto, se podrá estar de acuerdo o no; pero si no se está, expónganse argumentos como los que he aportado en la reseña y en comentarios como este.

      1. dvfrank dice:

        Aún sin tener demasiada capacidad para desarrollar ninguna crítica como mero aficionado a la novela histórica sí que puedo admitir que SP escribe en la misma línea que le vimos en su primera trilogía o en la segunda. A todos nos gustó más Escipión que Trajano, e incluso dentro de este último también devoré el primer libro con más avidez que el último.

        Coincido, además, con Vorimir en que YO, JULIA parece más un encargo editorial que una decisión propia. El discurso de SP con ese ligero “tufillo” feminista me hace pensar igual que el compañero. Esto no quita que, hasta el momento, esté disfrutando bastante la novela.

        Dicho esto, Farsalia, en lo único en que quizá si puedo discrepar es en el hecho de que la novela se deba ceñir a la novela y el ensayo al ensayo. Como mero aficionado a la novela histórica (no tengo ni puñetera idea de casi nada, aviso) sí que me gusta leer a novelistas que cuentan historias con cierto rigor histórico. Y si van acompañadas por mapas, citas reales, y cosas así… pues me gusta, porque me da la sensación de que además de divertirme con una historia estoy aprendiendo algo por el camino.

        Sin más, agradezco tu contestación y todo el trabajo que desempeñáis en esta página. Creo que es la primera vez que comento algo y no puedo despedirme sin este pequeño agradecimiento a vuestra labor.

        Un saludo.

      2. Farsalia dice:

        Yo es que a un novelista no le pido “rigor histórico” (ni la búsqueda de la “historicidad”), sino verosimilitud; pues su labor no es la de un historiador, sino la del “fabulador”, la del que inventa, recrea si acaso a partir de unos hechos, escarba y bucea en aquellos intersticios que las lagunas suelen dejar. Si SP me va a contar lo mismo, prácticamente en toda su novela, que Dion Casio o Herodiano… ¿qué me aporta su novela? Para eso acudo a ambas fuentes, que de por sí ya son bastante “novelescas” (como lo era Tito Livio, al que sigue como hoja de ruta en su trilogía escipiónica).

        ¡No dejes de participar!

  31. APV dice:

    Sobre los premios todos sabemos los problemas que pueden tener, sobre todo si hay dinero por medio. Pero eso también ocurren con otros como el Nobel. Y luego está el difícil equilibrio entre escoger algo de menor calidad pero que gusta al conjunto de lectores o algo más exquisito pero que solo leen o entienden cuatro sibaritas.

    Por otro lado una novela histórica también tiene que tener historicidad porque sino caemos en el vicio contrario: novelas aparentemente históricas pero llenas de absurdos y elementos totalmente antihistoricos, o si se prefiere, versiones de la Historia estilo Hollywood.

    1. Farsalia dice:

      No, una novela no debe perseguir la “historicidad”: debe recrear un entorno verosímil y plausible, no milimétricamente construido en función de documentación. Debe respetar lo que históricamente sabemos, pero no ahogar la creatividad, la invención, lo puramente literario, con un andamiaje historizado que no se retira al terminar la obra. Debe inventar en aquello que no sabemos, bucear en esos huecos, sin desvirtuar ni llegar a esos absurdos que mencionas. No es complicado… si hay voluntad de hacerlo, claro. Si no, se hace otra cosa.

  32. casandro dice:

    Imaginen que Graves no hubiera transformado el Claudio de Suetonio en su protagonista….

    1. Iñigo dice:

      Lo hizo para su propia gloria… a base de buena literatura, una narrativa de gran nivel, buenos personajes perfectamente perfilados y un estudio fantástico de la época…

    2. Farsalia dice:

      Es muy pertinente lo que comentas, Casandro. De Claudio tenemos muchos datos, sabemos mucho del personaje, gracias a Suetonio y, en menor medida, de Tácito (se perdieron los libros sobre sus primeros años de principado). Robert Graves asumió esa información y creó un Claudio propio, con “vida”. No se limitó a parafrasear lo que nos cuentan las fuentes clásicas, recreó la vida y el reinado de un personaje en toda su complejidad y “rellenó” las lagunas con su propia invención. Y lo hizo de manera coherente y plausible, recreando también el contexto de manera verosímil y sin necesidad de abusar en el salgarismo exacerbado de SP: aportó la información justa y necesaria en cada capítulo de sus dos novelas, de manera pertinente y sobre todo natural.

      1. APV dice:

        Curiosamente la imagen de Claudio que ha quedado en la impronta común es más la que presenta Graves (y la de Derek Jacobo) que la de las fuentes.
        Precisamente se contrapone a visiones de historiadores más actuales que examinan algunos detalles sobre Claudio: su presencia en el Palacio con los derechos sucesorios que supone tras morir Calígula, el número de senadores muerto s frente a otros emperadores considerados villanos,…

      2. Farsalia dice:

        Josiah Osgood, por ejemplo, en su biografía del personaje, Claudius Caesar: Image and Power in the Early Roman Empire (Cambridge University Press, 2010), ya sugiere que en la conjura (o detrás de la misma, como beneficiarfio) contra Calígula estaba Claudio, que rápidamente logró el apoyo de los pretorianos y, también con rapidez, se encargó de eliminar a los asesinos del princeps asesinado. Un tema que daría para más de una novela, ofreciendo una imagen “diferente”, desde la ficción, sobre el personaje,

      3. casandro dice:

        Gracias. La presentación de una alternativa al cliché establecido por la historiografia oficial de un personaje, una cultura o una sociedad es una opción muy válida para el autor que pretende rellenar esos huecos de los que hemos hablado en el debate, los vacios de la historia. Pensemos en el Belisario del propio Graves, la Atenas de fines del IV de Creación ( Gore Vidal ) o los principales personajes de la saga artúrica de Cornwell.

  33. Casandro dice:

    Y creatividad en el personaje……

  34. Derfel dice:

    De hecho, casi tiene más gracia esa opción que la mal llamada “recreación” del personaje: si los Claudios de Graves son lo que son es precisamente por la humanidad que confirió el autor al emperador.

    Al inventarse el personaje, pudo convertirlo en una persona de carne y hueso, atribuyéndole sin ataduras cualidades y defectos, con un resultado muy verosímil.

    1. Farsalia dice:

      Como dicen los clásicos: “Si hay que ir, se va, pero ir pa ná…”.

    2. APV dice:

      Hay que añadir el papel de Jacobo, lastima que nos quedasemos sin saber como saldría el de Laughton, salvo alguna escena que se puede ver.

  35. APV dice:

    Precisamente había una novela sobre Tiberio que trataba de darle un aspecto de personaje más honesto.
    Sobre historicidad, tenemos la novela Los Idus de Marzo donde los personajes están muy bien creados pero es antihistorica por su cronología (personajes muertos en las fechas que pone). Si no me equivoco ya hubo discursion en su reseña sobre si la novela histórica debía seguir a la Historia o inventarse la totalmente.

  36. Ángela dice:

    Tenía de leer este libro porque me gustó mucho la trilogía de Escipión (leyendo la crítica casi me siento mal por haberla disfrutado tanto), pero creo que pasaré, qué desilusión.

    1. Farsalia dice:

      La reseña no te impide leer la novela ni dejar de disfrutarla como otras del autor. Hazlo, si te apetece, y extrae tus propias conclusiones.

      1. casandro dice:

        Que algunos veamos cosas que no nos gustan en las producciones del Sr. Posteguillo no tiene que ser óbice para que lo leas o no, para que te guste o no, e incluso que tengamos o no razón. ( Ahora que no nos lee nadie )

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