TIERRAS DE SANGRE – Timothy Snyder
«Catorce millones es la cifra aproximada de personas asesinadas por políticas intencionadas de asesinato masivo implementadas por Alemania nazi y la Unión Soviética en las tierras de sangre. Defino las tierras de sangre como territorios sujetos al poder policial tanto alemán como soviético y asociados a las políticas de asesinato masivo en algún momento entre 1933 y 1945». Resumido de modo diáfano por el propio autor, éste es el tema del libro, acotado conceptual, geográfica y cronológicamente. Ahondemos un poco. El marco geográfico, las tierras de sangre, comprende en términos actuales la mayor parte de Polonia, las repúblicas bálticas, Bielorrusia, Ucrania y la banda fronteriza occidental de Rusia, de San Petersburgo (Leningrado) al Mar de Azov. El marco conceptual lo proporciona el asesinato masivo como objetivo deliberado e inmediato de determinadas políticas soviéticas y nazis. El universo de víctimas de operaciones de matanza planificada –en el lugar y lapso de tiempo señalados- excluye las bajas de guerra, muertes por hambre, enfermedad o agotamiento en campos de concentración o asentamientos de trabajo forzado, así como víctimas mortales de deportaciones y evacuaciones. La mayoría de los muertos eran civiles; ninguno portaba armas al momento de ser asesinado.
El tema central del libro, publicado originalmente en 2010, lo constituyen cinco casos específicos de exterminio políticamente motivado, a saber, los siguientes: a) la hambruna de 1932-1933 derivada de la colectivización de la agricultura en la Unión Soviética, particularmente en Ucrania; b) el Gran Terror de 1937 y 1938 en la misma Unión Soviética; c) la matanza de oficiales y ciudadanos polacos por alemanes y soviéticos entre 1939 y 1941; d) la muerte de civiles y soldados soviéticos y polacos a manos de la Alemania nazi en concepto de inanición planificada (como en Leningrado), represalias por actividades de resistencia (acciones partisanas, sublevación de Varsovia) y prisioneros de guerra abandonados al hambre, el frío y la enfermedad; e) el exterminio de judíos como resultado de la denominada Solución Final, entre 1941 y 1945. Hay que señalar que Snyder aborda también otros episodios de muertes multitudinarias y temas conexos, como las muertes debidas a trabajos forzados en campos de concentración alemanes o a medidas de limpieza étnica (deportación de alemanes durante la guerra y después de ella, por ejemplo), o la cuestión del antisemitismo de cuño estalinista y la tergiversación de la historia por el ocultamiento de la especificidad judía de las víctimas del Holocausto (planteamiento en la línea del estudio de Antonella Salomoni, La Unión Soviética y la Shoah); pero, aunque Snyder les dedique sendos capítulos, tales cuestiones son abordadas de modo secundario o marginal, no por minimizar el horror de aquellas muertes o la importancia de estos temas sino por rigor conceptual –metodológico–: se trata de situaciones que no obedecen a un programa de asesinato masivo directo y premeditado.
Tres fueron las técnicas privilegiadas de matanza: la ejecución mediante armas de fuego, como el fusilamiento o el tiro en la nuca practicado por agentes del NKVD; la exposición a gases tóxicos; la inanición provocada: el caso del Holodomor o hambruna ucraniana, o del «Plan de Hambre» alemán, en virtud del cual el régimen nazi proyectaba acabar con la vida de millones de eslavos y judíos durante el invierno de 1941-1942, tras el inicio de la Operación Barbarroja (plan que se vio a medias frustrado por la imposibilidad de derrotar a la URSS). En términos cuantitativos, el hambre fue la principal técnica de asesinato: más de la mitad de los catorce millones de víctimas, civiles y prisioneros de guerra, murieron por carencia deliberada de alimento.
A tema tan pavoroso corresponde una narrativa estremecedora, precisamente la desplegada por el autor. Regada de testimonios y adecuadamente engarzada en el contexto general que la hizo posible, la de Tierras de sangre es una historia de horror que no por conocida deja de impactar. Impacta, claro, la visión de conjunto aportada por el autor, coherente con las premisas establecidas. ¿Cuál es la idea motriz que subyace al esfuerzo del autor? Pues, la que sigue: corregir o afinar la percepción de los asesinatos en masa cometidos por el nazismo y el estalinismo, percepción que Snyder juzga distorsionada por la preponderancia simbólica asignada a los campos de concentración. En opinión del autor, los campos de concentración apenas ofrecen una pálida imagen de la desgarradora historia de las tierras de sangre y de la capacidad predatoria de los dos regímenes involucrados; el hecho es que la mayoría de las víctimas de las políticas de asesinato colectivo, civiles o desarmadas, no murieron en los campos de concentración (por de pronto, el 90% de quienes fueron internados en el Gulag en el período considerado salieron con vida; la aniquilación masiva de judíos por los alemanes no se consumó en los campos de concentración sino en fosas, camionetas de gas y fábricas de la muerte como Belzec, Treblinka y Auschwitz). También es una distorsión el que suela enfatizarse el aspecto industrializado de las matanzas –del horror totalitario, puede decirse-; la mayor parte de las víctimas lo fueron por métodos elementales como el fusilamiento y la hambruna. Abundando en este planteamiento, Snyder hace hincapié en que la exposición a gases tóxicos no tiene mucho de moderno o de novedoso, lo que, desde el punto de vista del reseñador, no anula la pertinencia de los modernos procedimientos administrativos y de planificación implementados más que del instrumento en sí –las cámaras de gas–: la racionalidad instrumental aplicada al exterminio no sólo como objeto de estudio sino como motivo de horror.
El enfoque temático tiene su propia relevancia, y esto es lo que mejor justifica la elaboración –y la lectura– del libro. Sucede que las tierras de sangre constituyen el escenario de los peores crímenes del nazismo y el estalinismo, la región en que ambos sistemas coincidieron e interactuaron con toda su perversidad. «Las tierras de sangre –afirma el autor- son importantes no solamente porque la mayoría de las víctimas fueron sus habitantes, sino también porque fue el centro de las principales políticas que llevaron al asesinato de habitantes de otras regiones». Si en la preguerra la URSS llevaba la delantera en materia de crímenes, el traslape e interacción de los dos sistemas (como aliados primero y luego como enemigos mortales) desató un potencial aniquilador que se ensañó en las tierras de sangre como en ningún otro lugar. Es el caudal de víctimas habidas en ese escenario compartido lo que permite dimensionar la sistemática capacidad destructiva del nazismo y el estalinismo. En definitiva, es lo que permite perfeccionar el estudio comparativo de ambos regímenes, crucial para la comprensión del siglo XX. En este marco, Snyder asume como referentes fundamentales a la pensadora Hannah Arendt y al escritor Vasili Grossman, pioneros cada uno a su modo en la tentativa de comprender ambos fenómenos de manera conjunta: Arendt, aportando una visión genérica que reúne los dos regímenes bajo la designación de «totalitarismo» (véase Los orígenes del totalitarismo, 1951); Grossman, posicionando los crímenes del nazismo y el estalinismo en un terreno común (más que geográfico, más que ideológico, un terreno ético e histórico: cfr. Vida y destino y Todo fluye).
Semejante enfoque global es lo que justifica la incorporación del Holocausto en un contexto amplio de campañas de exterminio masivo en un mismo escenario temporal y espacial. Bastante énfasis pone el autor en la singularidad de las víctimas judías y en la desvirtuación de su desgracia por el comunismo de la Guerra Fría. (La Polonia de posguerra asume proporciones importantes en el libro, en particular por el intento de exagerar el papel de los comunistas –reinvención del levantamiento del gueto de Varsovia como presunta revuelta nacional polaca dirigida por comunistas– o por exagerar el número de víctimas polacas no judías.) Cierto es que la ausencia de tropas estadounidenses y británicas en Europa oriental y la bajada del Telón de Acero dificultó un tiempo la correcta percepción de lo ocurrido en las tierras de sangre. La versión soviética de la guerra procuraba hacer olvidar que Stalin y Hitler fueron alguna vez aliados; al régimen soviético le era también menester escamotear la identidad de los judíos exterminados. La perspectiva conjunta de Snyder es, pues, contraria al desdibujamiento y trivialización del Holocausto por el bloque comunista, al que, en palabras del autor, le «bastaba una sola modificación, la inmersión del Holocausto en un recuento general del sufrimiento, para colocar por fuera aquello que había sido central en Europa oriental: la civilización judía».
Cuidado. El sentido comparativo e integrador que anima el estudio de Snyder es de un rigor tal que no degenera en la formulación de patrones de causalidad (como aquel de «el Gulag es anterior a Auschwitz»), conducentes a argumentos rayanos en la exculpación y la justificación (afortunadamente, Snyder no es un Ernst Nolte de segunda mano), como tampoco degenera en el trazado de equivalencias absolutas o empates a destajo (morales y demás) entre los dos regímenes en cuestión. Véase el siguiente ejemplo, relativo a las deportaciones: «La experiencia de los alemanes deportados al final de la guerra es comparable a la de los muchos más numerosos ciudadanos soviéticos y polacos que fueron deportados durante y después de la guerra. Sin embargo, la experiencia de los alemanes que huyeron, fueron evacuados o deportados, no fue comparable a la de los diez millones de ciudadanos polacos, soviéticos, lituanos, letones, judíos y otros que fueron sometidos a las deliberadas políticas alemanas de asesinato masivo. La limpieza étnica y el asesinato masivo, aunque relacionados en varias formas, no son lo mismo. Aun en los peores casos, los horrores sufridos por los alemanes que huían o durante las deportaciones no correspondían a políticas de asesinato masivo en el sentido de las hambrunas planeadas, la Purga o el Holocausto» (pp. 592-593). Cuestión de coherencia conceptual, cuanto menos.
¿Hará falta decirlo?… La de Tierras de sangre es la historia de un eterno baldón de la Humanidad.
Timothy Snyder (1969, EE.UU.) es historiador, doctorado en Oxford, profesor de Historia en la Universidad de Yale. Especializado en historia de la Europa central y oriental, ha publicado diversos artículos y libros sobre la materia. Colaboró con el fallecido Tony Judt en su obra póstuma, Thinking the Twentieth Century (una historia de las ideas del siglo pasado publicada en 2011). Tierras de sangre es el primer libro de Snyder traducido al castellano.
- Timothy Snyder, Tierras de sangre. Europa entre Hitler y Stalin. Grupo Editorial Norma, Bogotá, Colombia. 2011. 669 pp. También hay edición española por Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg, mismo año.
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25 dUTC Enero dUTC 2012 a las 11:51 am
Una estremecedora reseña, Rodrigo. La conclusión no la podías resumir mejor: la historia de un eterno baldón de la humanidad. Me alegro que sigan escribiéndose desde el rigor y la seriedad textos que nos obliguen a estremecernos una vez más, y a recordar.
25 dUTC Enero dUTC 2012 a las 11:54 am
Buena reseña de un magnífico libro. No puedo añadir mucho más a lo que Rodrigo ha sintetizado. Leí el libro en diciembre –justo antes de releer El imperio de Hitler de Mark Mazower– y me pareció una actualización muy necesaria y acertada de cuestiones que iban más allá de la mera contextualización del Holocausto.
Y ahora qye estoy leyendo Breviario del odio de Léon Poliakov…
25 dUTC Enero dUTC 2012 a las 11:58 am
Excelente pero abrumadora reseña, Rodri. Pero la verdad es que nunca se va a escribir suficiente sobre todo aquel horror. Es loable que, al menos, los análisis del autor sean claros, según expones tú. Porque en esas situaciones se tiene a igualar todos los actos dramáticos, cuando son son iguales, aunque se parezcan mucho. Coherencia conceptual, como bien dices.
25 dUTC Enero dUTC 2012 a las 13:42 pm
Deslumbrante Rodrigo. Felicidades. Paso a paso se va haciendo la luz sobre las verdades incomodas del siglo XX y su violenta espiral. Cómo la lechuza de Atenea, la sabiduría solo se revela una vez finalizada la acción del día.
En todo caso, creo que algo se sigue escapando en la comprensión de un proceso en que, bajo mi modesto punto de vista, la obra de Ernst Nolte constituye un eslabón fundamental que en ningún modo puede ser despachada con la etiqueta de revisionismo de segunda mano. Al poner de manifiesto que el estado (sea mundial, sea nacional) es la referencia fundamental, explicita o no, en la articulación de la violencia de los revolucionarios bolcheviques y nazis, resulta un hecho incontestable que, efectivamente, el Gulag precede a Auschwitz. Y es un hecho que no exculpa sino que explica la aceleración dialéctica del poder destructivo estatal hasta las inauditas dimensiones que de manera tan brillante se reseñan.
Si la obra de Tocqueville ilustra la acumulación sin igual de poder en el estado jacobino surgido de la Revolución Francesa (poder que es usufructuado por las elites y asimilado mansamente por la población); la filosofía alemana de los años 20 del pasado siglo, narra como las vivencias de la Primera Guerra Mundial conducen a interiorizar en la mente de los europeos el relato del estado como alfa y omega de su existencia terrenal. El estado se aloja en la mente de la población, que plenamente convencida le vende el alma, como cuentan – justificándolo y anatematizándolo- los autores alemanes y libre de frenos y remordimientos, hará con la población lo que se le antoje. Coctel de metafísica hegeliana mezclada con nacionalismo jacobino que va a dar un resultado devastador que solo ahora, en el crepúsculo del estado-nación, alcanzamos a empezar a comprender. Saludos
25 dUTC Enero dUTC 2012 a las 14:26 pm
Gracias, Pere, pero es que yo a lo de Nolte le tengo escaso aprecio -bastante dije sobre la cuestión en su momento, creo-. Menos después de haber leído el libro sobre el nazismo y el revisionismo histórico de Pier Paolo Poggio, autor que de modo muy convincente despedaza la metodología y las tesis del alemán. No iré a negar, no desde mi condición de simple aficionado a estos temas, que del planteamiento de Nolte se pueda extraer más de alguna cosa interesante, pero tampoco iré a convalidarlo por completo.
Gracias por los comentarios, Valeria, Ario, Farsalia. Sus palabras contribuyen a estimular la lectura del libro de Snyder.
Saludos.
25 dUTC Enero dUTC 2012 a las 16:05 pm
Como siempre una gran reseña, Rodrigo. Un libro del que tomo buena nota para cuando lo tenga accesible.
¡Simple aficionado! En fin…
25 dUTC Enero dUTC 2012 a las 16:36 pm
Muchas gracias Rodrigo por la fantástica reseña. Ya lo tenía apuntado desde que Farsalia nos comentaba su lectura. Muy interesante.
25 dUTC Enero dUTC 2012 a las 19:48 pm
Apuesta segura, Publio, Davout. El libro les gustará.
Mil gracias.
26 dUTC Enero dUTC 2012 a las 10:20 am
Grandísima reseña, Rodrigo. Mi más sincera enhorabuena.
Un libro realmente imprescindible que queda anotado para acometerlo cuando el tiempo lo permita.
Como dice Ávaro Lozano en su sintética pero genial “La Alemania Nazi”, cuando hablamos de esta época de la Historia se trata de “un pasado que no quiere pasar”. Ni, añado, podemos permitirnos que pase ni olvidarlo.
Al hilo del contenido de la obra he recordado lecturas precedentes que tratan magníficamente el tema del asesinato masivo por parte de los Nazis en las “tierras de sangre” durante la primera fase de la “Operación Barbarroja” que precedió al asesinato industrializado en los campos de exterminio: “Los amos de la muerte. Los SS Einsatzgruppen y el origen del Holocausto” de Richard Rhodes; y “Aquellos hombres grises. El Batallón 101 y la Solución Final en Polonia” de Christopher Browning.
Reconozco que me falta acometer obras que dediquen idéntico tratamiento a los esbirros de Stalin, Beria y Cía. Solo algunos libros se ocupan tangencialmente de ellos.
Saludos y felices lecturas a todos
26 dUTC Enero dUTC 2012 a las 14:22 pm
Interesante apunte. Aparte las consabidas historias generales, sobre las purgas recuerdo un libro famoso de Robert Conquest, El Gran Terror (edición española de los años 70). Testimonios hay unos cuantos. Orlando Figes aborda el tema de la represión desde la perspectiva de las víctimas en Los que susurran. Algo hay también en el libro de Walter Laqueur sobre Stalin. Bibliografía más específica, sobre todo equivalente a los libros de Rhodes y Browning, ahora mismo no lo tengo claro.
Gracias, José Sebastián.
26 dUTC Enero dUTC 2012 a las 14:37 pm
Rodrigo,
Nuevamente tu reseña es el punto decisorio para la compra de un libro. Gracias por empujarme y hacer que este libro que lo tengo en vista hace un tiempo pase a la categorìa de necesario.
A vuelta de vacaciones caerá.
26 dUTC Enero dUTC 2012 a las 15:23 pm
Muchas gracias por tus recomendaciones, Rodrigo. “Los que susurran” de Orlando Figes ocupan un lugar destacado en mi librería entre los libros pendientes de lectura. Me tengo que armar de valor – por su tamaño – para afrontarlo. También en obras del genial Laurence Rees como “Una guerra de exterminio. Hitler contra Stalin” y “A puerta cerrada. Una historia oculta de la Segunda Guerra Mundial” aparecen aportaciones interesantes.
Olvidé mencionar “El sitio de Leningrado” de Michael Jones, una obra maestra donde van de la mano ambos tiranos – Hitler y Stalin – . Mientras los nazis siguen la táctica de sitiar la ciudad y acabar con su resistencia a través de la inanición (se relatan millares de muertes por hambre y frío, casos de canibalismo…), la Nomenklatura soviética de la ciudad (Zhadanov y cía) vive en la abundancia acopiando víveres y celebrando fiestas privadas, con la complacencia del Vozhd.
Saludos
26 dUTC Enero dUTC 2012 a las 15:45 pm
Es una reseña tan elaborada que te deja un poco encogido el corazón.
Muchas gracias, Rodrigo, por compartirla con nosotros.
Solo puedo añadir cuánto lamento que nos separe una distancia geográfia tan enorme, porque sería un privilegio tenerte más cerca y aprovechar para conversar directa y personalmente con alguien tan experto y cualificado.
(Claro que nunca se puede decir, ¿verdad?).
Un saludo desde Madrid.
26 dUTC Enero dUTC 2012 a las 22:54 pm
Me alegro, Cristián. El libro no te defraudará, ya lo verás.
En general los libros que mencionas son muy buenos, José Sebastián. Me falta A puerta cerrada, de Rees. Espero hacerme pronto con él. (A propósito del libro de M. Jones, estupendo ciertamente: me enteré por casualidad de una nueva publicación sobre el sitio de Leningrado, obra de cierta señora Anna Reid. Las reseñas de Leningrad: Tragedy of a City Under Siege son muy elogiosas; a ver si lo traducen alguna vez.)
Gracias, Rosalía, pero mis cualificaciones van por otro lado, en esto no soy más que un aficionado. Y me temo que te llevarías una decepción: en persona resulto muy soso.
Saludos a todos.
26 dUTC Enero dUTC 2012 a las 23:24 pm
Para mi los talentos de Laurence Rees van por el lado de la divulgación. Sus programas para la BBC, en que oficia la mayoría de las veces como productor ejecutivo, escritor y director, son esclarecedores y entregan antecedentes que muchas veces permiten hacerse una idea general de los aspectos que trata. Desde su programa del 97 “Nazis: a warning from history”, hasta el del año 2008, World War II: Behind Closed Doors, entiendo que todos han tenido su posterior correlato en libros. Yo al menos tengo dos, el correspondiente a War of the Century y Auschwitz: The Nazis and the ‘Final Solution, que en su edición española editó Critica.
Algunos de sus programas están en DVD y sin duda se encuentran en paginas de p2p. En todo caso, a mí me parecieron más redondos los documentales de la BBC que las versiones en libro que leí.
saludos,
27 dUTC Enero dUTC 2012 a las 0:15 am
Es cierto, Cristián, lo de Rees es la divulgación y pienso que en este ámbito el hombre se desempeña muy bien. No he visto sus programas pero sí he leído los libros que mencionas y me han gustado bastante, sobre todo el de Auschwitz. También están los que recogen entrevistas a supervivientes de la guerra, libros fragmentarios pero muy reveladores del grado de inhumanidad al que se pudo llegar en ese contexto: Los verdugos y las víctimas y El holocausto asiático.
27 dUTC Enero dUTC 2012 a las 9:35 am
A mí de Laurence Rees sólo me falta acometer (lo tengo en mi abarrotada librería como pendiente) “El Holocausto Asiático”.
Como bien apuntais es un excelente periodista de la BBC que se ha especializado en documentales de la II Guerra Mundial que luego tienen su versión en libro.
“Auschwitz, los Nazis y la Solución Final” es de lectura imprescindible, al igual que el visionado del documental que emitió recientemente la 2 de TVE en varios capítulos.
“Los verdugos y las víctimas” es de esas obras que, como diría Albert Espinosa, “te dan una patada en el esófago” y te hacen replantearte donde radica la condición de ser humano.
Te recomiendo Rodrigo que no dejes de leer “A puerta cerrada”. A mí me descubrió aspectos que desconocía de la política de los Aliados durante la contienda, y también aporta datos sobre el precio que los soviéticos pagaron a Stalin durante y después de la contienda. Gracias por la recomendación en torno a la nueva obra sobre el sitio de Leningrado (una de las mayores tragedias de la II Guerra Mundial – Holocausto a parte – y a la que no se le ha prestado la atención debida hasta la caída de la URSS) a ver si lo traducen a la lengua de Cervantes.
Saludos
27 dUTC Enero dUTC 2012 a las 12:22 pm
Gracias de nuevo Rodrigo por tan excelente reseña.
Este trabajo tiene está acotado geográficamente a una extensión de tierra donde las fronteras siempre venían definidas por el poder militar y no por el poder civil. El Tratado de Versalles supuso un nuevo intento de lograr con éxito la creación de un estado con la suficiente entidad como para servir de freno a soviéticos y alemanes, es el caso de Polonia. Para hacer un poco de memoria, recordar que en 1919 el dictador polaco Pilsudski soñaba con la creación de una gran Polonia que incluyese Ucrania, la Rusia Blanca, Lituania, territorios estos donde se centralizaron mayoritariamente las matanzas entre 1933-1945. El propio Mariscal Pilsudski, durante las negociaciones del Tratado de Versalles, deja bien claro cómo funcionaban las cosas en esta zona de la Europa Central: “Todo lo que podemos ganar en el oeste depende de la Entente, de la medida en que pueda desear estrujar a Alemania. En el este la situación es diferente. Aquí hay puertas que se abren y se cierran y depende de quién las abre y hasta dónde”. ¿Se puede resumir más acertadamente la terrible inestabilidad que siempre acompañó a esta zona geográfica de Europa?
Esta fluctuación territorial permitió, o mejor dicho, favoreció, que las ensoñaciones, ya fueran nacional-socialistas, comunistas o simplemente nacionalistas, acabaran por sellar mediante la sangre de muchos de sus habitantes las fronteras del momento, además mediante las matanzas se consiguió también la consolidación del régimen de turno. En definitiva, esa zona se convirtió, muy a su pesar, en Tierra de Sangre, donde las ambiciones en política interior o exterior decidieron la suerte de muchos de sus pobladores.
Un saludo.
27 dUTC Enero dUTC 2012 a las 14:48 pm
José Sebastián
Gracias por las recomendaciones. Buscaré Los verdugos y las víctimas. El documental del 2008, … A puertas cerradas me entregó algunos detalles desconocidos a la fecha como indicas. Supongo que el libro será igual de bueno.
Rodrigo,
Ayer tropece con Tierras de Sangre en una librería en Pucón. Quien diria que en vacaciones lo encontraría y fuera de Stgo. Lo compré y en cuento termine el libro de Hastings sobre Churchill, me voy de cabeza a este.
Nuevamente gracias por la estupenda reseña!!!
27 dUTC Enero dUTC 2012 a las 19:41 pm
Gracias por la recomendación, José Sebastián.
Atinada puntualización, David. Lo que refieres es un elemento de política internacional que tuvo gran incidencia en el hecho de que el espacio geográfico en cuestión se convirtiese en escenario de matanzas.
Estupendo, Cristian. Y qué bonito es Pucón, oye.
4 dUTC Febrero dUTC 2012 a las 11:43 am
Reseña maravillosa, Rodrigo. Gracias por compartirla!
4 dUTC Febrero dUTC 2012 a las 19:08 pm
Gracias a ti, Chuikov.
20 dUTC Febrero dUTC 2012 a las 21:13 pm
Estimados amigos:siento disentir de plano de vuestras opiniones, el libro de snyder es un pésimo trabajo,un panfleto anticomunista, ampliamente publicitado por falsimedia.Que yo sepa ha sido objeto de 3 recensiones en la prensa española aún mas demenciales, la ultima ayer 20 de febrero en ABC, por eduardo calleja.
sería muy largo citar todas las mentiras, distorsiones deliberadas,fraudulenta utilización de fuentes primarias, cuando no nula utilización de fuentes primarias que hace este pseudo historiador de Yale, amigo , por ejemplo de norman Davies, un negacionista”débil” del holocausto en polonia.
Todas las falacias del libro de snyder pueden ser desmontadas, leyendo libros mucho más serios y con una impresionante documentación primaria, que son los siguientes:
.Geoffrey roberts :”las guerras de Stalin, 1939-1953″New york,2006.
.Annie lacroix riz:”el vaticano,el III reich y Occidente , de la primera guerra mundial a la guerra fría”,Paris, armand colin,edición 2010.
.Grover furr :”Kruschev lied”,Hamsphire, 2010.
.Dov Levin:”Entre 2 fuegos.los judios de la europa oriental ante la ocupación soviética”,Washington, 1995.
En cuanto a las estupideces mendaces que Snyder dice sobre el pacto molotov-ribentrop, basta para refutarlas con leer a historiadores anglosajones especialistaa en el asunto y en los años 30 , de la categoría del citado Geoffrey roberts,Michel Jabara y otros.Os recomiendo vivamente si manejáis el inglés ó el francés la lectura del libro ya citado de Geoffrey roberts, dificilmente superable en la materia y en las zonas orientales de europa.
En cuanto a Rees, lo considero un divulgador, no un investigador meticuloso como los anteriores en la linea de Antony Beevor y lo mismo que éste lastrado por su anticomunismo patólogico.
salud, rafa granados. madrid.