LA HIJA DE CUBA – María Elena Cruz Varela
16 dUTC Enero dUTC 2012
Antes de proseguir con esta reseña he de advertiros que se trata de un libro descatalogado. Sí, ya sé que es como decir, aquí tenéis este excelente libro pero no os lo podéis echar al coleto. Sin embargo, precisamente porque es una novela extraordinaria me he decidido a reseñarla, así que si algún día tenéis la oportunidad de encontrárosla, no paséis indiferentes junto a ella, o sí, dependiendo de vuestros gustos.
Con este libro María Elena Cruz Varela se embarca en su segunda novela histórica y lo hace obteniendo un resultado muy satisfactorio. Ana Lucía, exiliada cubana e historiadora de la literatura, llega a Madrid becada para ahondar en el estudio de los escritores más destacados del siglo XIX en España. Tras un encuentro nada casual con una anciana dama que le propondrá el estudio de un manuscrito del XIX que resulta ser la autobiografía de la dramaturgo, poetisa y novelista Gertrudis Gómez de Avellaneda, empieza a rodar la novela.
















Corrían aires de cambio en 1990. Como llevado de ellos, Mijaíl Gorbachov entregó al gobierno de Polonia un voluminoso legajo de documentos con exhaustiva información sobre las masacres de Katyn, Starobelsk y Kalinin, en el curso de las cuales varios miles de oficiales y ciudadanos polacos fueron ejecutados por orden de Stalin. El sorprendente gesto del gobernante soviético, verdadero acto de mea culpa histórica, se complementó poco más tarde con las excavaciones llevadas a cabo en los lugares de la matanza por un contingente de voluntarios polacos y soldados del Ejército Rojo, quienes debieron sortear varias tentativas de sabotear las operaciones por el KGB. Todo un golpe para los defensores del viejo orden soviético: como si no fuera suficiente con los traspiés sufridos en materia internacional (derrota militar en Afganistán, insurrección de la Europa Oriental, creciente hegemonía de la superpotencia antagónica), la mencionada iniciativa de Gorbachov representaba un jalón de los más importantes en el proceso de revisión del pasado, el que los partidarios de la línea dura sólo podían concebir como un intento de difamar al Partido y al país.
Geoffrey Parker no necesita mayor presentación que la qua ya se ofreció en la
Habrá una guerra civil entre católicos y no católicos en el País Vasco. Al principio los católicos sufrirán seriamente y perderán muchos hombres, pero al final triunfarán con la ayuda de los veinticinco ángeles de Nuestra Señora. (Vaticinio de la Virgen de Ezkioga al carpintero Francisco Goicoechea «Patxi», 7 de Julio de 1931)
Guyot levantó la vista hacia el imponente bastidor de madera y le preguntó «¿Es esta la misma?». Al principio el verdugo no le entendió y le hizo repetir la pregunta. Enseguida se dio cuenta de que quería saber si se trataba de la guillotina en la que había sido ejecutado su rey. «Solo se ha cambiado la cuchilla», le aclaró Sanson. Trabado por su ataduras, Guyot se arrodilló entonces a duras penas y besó la tarima aún seguía empapada por la sangre de Luis XVI.
El primer gran acierto del presente libro está en el título del mismo: Vidas de Pitágoras. «Vidas» en plural, no simplemente «vida». Esto es así porque la persona de Pitágoras ha ido siempre unida a la leyenda del personaje. No se trata de un caso único. Algo similar ocurre con otros grandes prohombres de la Antigüedad; Homero, por ejemplo, poeta grandioso cuya mención remite unas veces a un nombre propio y otras, a un colectivo de escritores anónimos. Y si avanzamos unos cuantos siglos hacia adelante, dicha especulación intelectual sobre la auténtica personalidad de nombres tan ilustres ha llegado a alcanzar al mismo William Shakespeare. Es por este motivo que resulta habitual en los estudios históricos y filosóficos hablar de pitagorismo o escuela pitagórica, en lugar de Pitágoras, en singular.
En el convulso escenario de la Rusia de 1917, multitud de circunstancias hacían improbable que un partido moderado se impusiese a los demás en la lucha por el poder. Con un partido bolchevique decidido a hacerse con el control total del país y a suprimir todo signo de oposición, las expectativas para el establecimiento de un régimen que no fuese otro que una férrea dictadura eran prácticamente nulas. Que este régimen adquiriese la forma extrema que tuvo con Stalin al mando era quizás menos inevitable, algo más cercano al accidente histórico. ¿Qué hubo detrás del estalinismo, de un régimen que simboliza buena parte de los horrores del siglo XX? Este es, en líneas generales, el tema del libro que reseño.
La obra de Publio (o Cayo) Cornelio Tácito (c. 55 – c. 120 d.C.) es más conocida que su autor, de quien tenemos pocos datos. Nos falta incluso su praenomen y si no fuera por algunas referencias internas o algunas cartas cruzadas con coetáneos como Plinio el Joven incluso podríamos dudar de su propia existencia. Sabemos que fue senador, siguió el cursus honorum habitual para los hombres de su rango, alcanzó un consulado sufecto durante el reinado de Nerva y pudo culminar su carrera con un proconsulado en Asia mientras Trajano iniciaba las campañas contra los partos. Desconocemos cuando murió aunque se considera que vivió los primeros años del principado de Adriano, pues se proponía redactar una continuación de sus Historias que incluyeran el período de Trajano. De él nos quedan dos obras mayores, aunque no completas, las ya mencionadas Historias (que debían recoger el período entre las muertes de Nerón y Domiciano, aunque apenas hemos recibido los libros correspondientes a los años 68-69 d.C.) y los Anales, su opus maius, que relataba el inicio de la decadencia de Roma, según su autor, por culpa del gobierno autoritario de los sucesores de Augusto (14-68 d.C.); una obra también fragmentaria (faltan el período completo de Calígula, gran parte del de Claudio y el final del neroniano).
Este libro quiere ser un manual y un texto dirigido sobre todo al mundo universitario, con la peculiaridad de ser, por así decirlo, de producción propia y no una traducción de un texto francés o inglés.
















