MEMORIAS ULYSSES S. GRANT. 2ª PARTE. GUERRA DE SECESIÓN (1861-1863) – Ulysses S. Grant

Segunda parte de las memorias de Ulysses S. Grant de las tres que conforman las mismas (reseña de la primera parte). En esta ocasión vamos a poder ver en acción la versión militar más destacada de nuestro protagonista. Estas abarcarán desde el estallido de la rebelión de la Confederación, tras el ataque de esta última al fuerte nacional de Fort Sumter en abril de 1861, hasta diciembre de 1863 con la victoria de Chattanooga. Es hora de formar y presentar batalla al enemigo y eso es lo que va hacer el general Grant a lo largo y ancho de las más de cuatrocientas páginas que constituyen este segundo volumen, muy bien acompañado además, de material cartográfico indispensable para seguir con criterio las diversas operaciones militares.

En poco más de tres años Ulysses Grant pasaría de ser el presidente de la junta de reclutamiento del pequeño pueblo de Galena en Illinois en 1861, donde comandaría la creación de una compañía norteña, a convertirse en General en Jefe de los ejércitos de la Unión en 1864, un ascenso ganado en los campos de batalla de los Estados Unidos. Este volumen nos mostrará muy a las claras las dotes de mando de Grant. Además nos ilustrará con una buena dosis de su sapiencia militar que entusiasmará a todos los aficionados al arte de la guerra, aportando también su brillante visión de la táctica y de la estrategia, virtudes enlazadas directamente a las decisiones políticas y que favorecerán la comprensión global de sus órdenes sobre el campo de batalla, de ahí que destaquemos ese componente ideológico al que constantemente hará notar el propio general Grant a lo largo y ancho de toda las memorias.

Grant no se anda por las ramas. Aquí hay acción desde el primer folio, hay mucho que contar y cualquier discurso que no haga referencia a su labor al mando de las tropas a su disposición queda apartado de las mismas, por lo que el ardor guerrero se nos presenta inmediatamente. Tal y como menciona Grant, todo comenzó para él y para la Unión aquel 11 de abril de 1861, fecha en la que fue bombardeado por los sudistas el fuerte nacional de Fort Sumter situado en el puerto de Charleston. Los Confederados se proclamaron a sí mismos extranjeros, algo que para Grant suponía una afrenta a la bandera nacional, exaltando su ardor patriótico. La guerra comenzaba y con ella la brillante carrera militar de nuestro personaje. Si en el primer volumen ya destacamos la clarividencia de Grant en muchos aspectos que rodean el simple hecho de la vida, en estas memorias de guerra no va a ser menos. Hay lecciones que podrían ser aplicadas hoy día en nuestra vida cotidiana sin perder valor alguno. Grant describe su primer contacto con el enemigo y cómo su corazón empezó a latir cada vez con más fuerza conforme se acercaba a su oponente el coronel sudista Thomas Harris, acampado este cerca de Salt River. Era tal su estado nervioso que llegó internamente a cuestionarse su retirada, pero no tuvo valor para llevar a cabo esa huida y decidió seguir adelante. Todo cambió cuando pensó que si él estaba asustado su rival también lo estaría, a partir de entonces nunca más sintió esa sensación ya que consideró que el enemigo tenía tantos motivos de preocupación como los pudiera tener él. Esta perspectiva de la guerra le acompañaría hasta el final y nunca la olvidaría. Una primera lección que fue determinante para su discurrir guerrero, tal y como afirma el propio Grant, y que bien a las claras se puede apreciar en el relato.

Grant sigue un orden cronológico y nos expone con gran detalle cada movimiento llevado a cabo durante todas las acciones en las que se ve envuelto el ejército del Norte, explicando el razonamiento de cada decisión tomada y el porqué de la misma, de una manera muy didáctica y sin maquillar en ningún momento las consecuencias de las mismas y rebatiendo con argumentos los errores del adversario. Curioso también resulta leer, como comentaba, las diferentes operaciones con los que habían sido sus enemigos en la batalla. El hecho de que la mayoría de ellos hubiesen sido sus compañeros antes de la guerra facilita estos diálogos tan interesantes. Tampoco renuncia a la autocrítica, o más bien deja caer una cierta incomprensión hacia algunas de las decisiones políticas que afectaban a la campaña militar. Por ejemplo, Grant consideró un error no haber explotado sobre el terreno los primeros triunfos ya que de esta manera se hubiese evitado la incorporación de hombres al ejército Confederado. Los sureños lanzaban en ocasiones acometidas en varios puntos a la vez y los norteños aguantaban la embestida para pasar posteriormente a aprovechar ese desgaste y destruir en lo posible al enemigo, tanto a nivel de material como de hombres, pero como hemos mencionado anteriormente no terminaban de aprovechar esta ventaja. Cuestiona la virtud guerrera sureña sin desmerecerlos y, algo que puede sorprendernos, ataca a los escritores norteños críticos con su manejo de la guerra a los que clasifica como más perjudiciales que el propio enemigo sureño.

La instrucción militar del soldado fue otra de sus obsesiones. Creía firmemente en ello y no cejó en criticar ciertas actitudes fruto de una pésima dirección de mando. La Batalla de Shiloh es un ejemplo de ello, y así lo deja por escrito en sus memorias. Otra virtud que muestran estas memorias radica en su apuesta por situarse lo más delante posible en la batalla. Para Grant una retaguardia muy alejada de la cabeza era sinónimo de mala dirección. No podemos tampoco obviar en estas memorias el componente sangriento de la misma guerra. En Shiloh menciona literalmente que se podía haber atravesado un campo abierto pisando los cadáveres sin que un pie tocase el suelo. Grant también fue partidario de lo que denominaríamos la búsqueda de la batalla decisiva con vistas a acortar la contienda, un detalle que disentirá con su posterior posicionamiento hacia una guerra total sobre el adversario, llevando la misma a terreno enemigo y adaptando su logística y necesidades a lo tomado sobre el terreno. Grant no pareció seguir la norma por la cual las tropas no debían operar muy alejados de sus bases de suministros.

La batalla de Vicksburg ocupa un lugar preferencial en las memorias. Todos y cada uno de los movimientos dirigidos hacia la toma de este importante enclave que conectaba las partes de la Confederación divididas por el Mississippi alcanzan en el relato la categoría de excelencia, una oda a la táctica, a la colaboración entre fuerzas terrestres y marítimas y al uso de medios artilleros a gran escala.

En definitiva, un trabajo en el que el general Grant nos expone con sencillez su arte operacional, utilizando un lenguaje franco y racional cercano al lector, donde la mayor virtud radica precisamente en esa facilidad de palabra para hacerse entender y comprender sin ambigüedades.

 

Título: Memorias Ulysses S. Grant. 2ª Parte. Guerra de Secesión (1861-1863)
Autor: Ulysses S. Grant
Páginas: 428
Editorial: HRM (2019)

     

5 comentarios en “MEMORIAS ULYSSES S. GRANT. 2ª PARTE. GUERRA DE SECESIÓN (1861-1863) – Ulysses S. Grant

  1. Vorimir dice:

    La publicación de estas memorias me parece un gran acierto, todos los aficionados y estudiosos de la historia de EEUU y de su Guerra Civil tienen a su alcance fuentes de primera mano.

  2. Iñigo dice:

    No las he leído, pero el personaje me tienta.

  3. Jsar dice:

    acabo de comprar, los 3 volúmenes el último en preventa todavía. La comencé a leer en inglés hace unos años, pero me superó el idioma y no pude pasar de la campaña de México. Se agradece traducción.

  4. Ha sido un gran acierto por parte de la editorial HRM Ediciones el traer esta memorias al castellano. Una apuesta arriesgada sin duda, pero creo que necesarias para los que nos interesa la Guerra de Secesión Estadounidense.

  5. Urogallo de Virginia dice:

    Hay que recordar que las escribió forzado por la miseria y la enfermedad. No dejará esto de darle un tono interesante…

    Dios bendiga a la Confederación

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