LOS GLADIADORES – Arthur Koestler

Los Gladiadores. Arthur KoestlerÚnica incursión de Koestler en el campo de la novela histórica, ‘Los gladiadores’, o ‘Espartaco’ (The gladiators, 1939), es el título inaugural de un terceto narrativo en que el autor aborda –entre otras cosas- el tema de la ética revolucionaria. Novelando el episodio de la sublevación de esclavos acaecida entre los años 73 y 71 a. C., Koestler estudia algunos de los dilemas relativos a fines y medios o el conflicto ‘moralidad trascendente v/s conveniencia social’ en una revolución. Se trata, pues, de una obra de registro político, basada parcialmente en la extrapolación y el anacronismo. Los otros componentes del trío son ‘Oscuridad al mediodía’ (Darkness at noon, 1941; también conocida en castellano como ‘El cero y el infinito’) y Arrival and departure (1943; al parecer, sin traducción al castellano); ambas novelas, ambientadas en el siglo XX.

Arthur Koestler (1905-1983) fue un escritor de origen judío, nacido en Budapest y educado en Viena. En 1931 se afilió al Partido Comunista alemán, cuando trabajaba en un periódico berlinés. Poco después viajó a la URSS en misión reporteril, ocasión en que pudo conocer la atroz realidad del alardeado ‘paraíso de los trabajadores’. Progresivamente desencantado del comunismo, Koestler realizó una indagación primaria sobre la figura de Espartaco, movido de la curiosidad sobre quien inspiró el nombre del Spartakus-Bund (Liga Espartaquista, movimiento del que había nacido el PC alemán). Entusiasmado por lo que descubrió y acuciado por la dura contingencia en que se hallaba inmerso, concibió la idea de componer una novela histórica sobre la rebelión de esclavos.

Koestler creyó notar ciertos paralelismos entre la época del mentado suceso y las primeras décadas del siglo XX. Postula en su autobiografía que el siglo I a.C. fue “un siglo de intranquilidad social, de revoluciones abortadas y de violentos movimientos de masas […]. Las causas que determinaron tales trastornos sociales y políticos tenían un rasgo igualmente familiar a nuestra era: el derrumbe de valores tradicionales, una rápida transformación del sistema económico, grandes masas de gente sin ocupación, debido a la importación de esclavos de trabajo y a los cereales mas baratos llevados desde las colonias, la ruina de los pequeños campesinos y el aumento de grandes latifundios, una administración corrompida y una clase rectora decadente [etc.]” (‘La escritura invisible’, Debate, 2000; p. 287). De acuerdo a esto, el autor procura reconstruir la historia de la sublevación recurriendo a las escasas fuentes históricas disponibles y al expediente de la ficción novelística, esto último con dos propósitos: suplir de modo especulativo los vacíos de la historiografía –curiosidad y prerrogativa de novelista, incipiente en su caso- y, ante todo, plasmar ciertas consideraciones nacidas de su evaluación del moderno paradigma revolucionario, extrapolándolas por vía de anacronismo al precedente establecido por Espartaco. El proceso de creación de ‘Los gladiadores’ permitió a su autor ordenar ideas y romper definitivamente con el comunismo.

Como anticipaba, Koestler hace de la ética revolucionaria el tema medular de la novela. En su versión del episodio histórico, Espartaco quiere construir una sociedad utópica, una “federación basada en la justicia y la buena voluntad” que llevaría el nombre de ‘Estado del Sol’. El ideario que lo inspira es de índole igualitaria y protocomunista: nadie debía arrogarse el derecho de imponerse a los demás y todos compartirían la propiedad de los bienes. El problema es que la realización de la utopía enfrenta un sinnúmero de dificultades, tanto internas como externas, y Espartaco no puede sino actuar como un tirano. Es lo que Koestler denomina la ‘ley de los desvíos’: el líder revolucionario, amante de su pueblo y colmado de buenas intenciones, se ve obligado a desviarse del camino que inicialmente se ha trazado -demasiado piadoso, excesivamente ingenuo- y a ejercer la crueldad en nombre de la bondad; para suprimir de la historia las matanzas y los despotismos, se convierte él mismo en déspota asesino. Considerado desde la lógica revolucionaria, es una porfiada realidad, refractaria a las buenas intenciones, lo que fuerza a que los iluminados como Espartaco –así nos lo presenta el novelista- pospongan virtud y humanitarismo en nombre de un futuro soñado, cuya (hipotética) realización justificaría los sacrificios del presente (tema que es mejor tratado en ‘Oscuridad al mediodía’). No obstante, la exasperada observación hecha por uno de los personajes es la de más precio: “No hay tirano más peligroso que el que está convencido de ser un abnegado guardián del pueblo”. Esta es, en definitiva, la conclusión que mejor identifica el pensamiento de autor.

El afán polémico de la novela es patente conforme se desenvuelve la trama y explícito en el post scriptum -apéndice explicativo añadido por el autor en la edición inglesa de 1965, e invariablemente incorporado en las ediciones en castellano-. La tentativa de Koestler no fue la única en su género ni en su tiempo. Otros representantes de la denominada ‘literatura del exilio’ (Lion Feuchtwanger, Alfred Döblin, Heinrich Mann) cultivaron la modalidad literaria que el venezolano Arturo Uslar Pietri calificara de “reconstrucción de la historia”, en novelas de tesis que se valen de paralelismos históricos para dilucidar un presente conflictivo. Más que en el acápite de la fidelidad histórica, mis reproches irían por el lado de la perdurabilidad de la obra; lado del que, como es lógico, suele cojear la ficción de tinte político. La sola presencia del post scriptum me suscita dudas acerca de la autonomía de la obra (aquello de “La novela debiera ser capaz de hablar por sí misma”). Con todo y recordar que el de la autonomía narrativa es un principio nacido de una época, un artificio literario entre otros, creo que la relevancia y la vigencia de ‘Los gladiadores’ están muy supeditadas al contexto histórico que impulsó su redacción. Se trataría, por tanto, de una obra con fecha de vencimiento.

Hecha constancia de tales reservas, me parece que la novela aún se sostiene satisfactoriamente, bien confeccionada como está, de modo que se deja leer con gratitud. Resulta interesante, además, por los dilemas que plantea.

En suma, recomendable.

Arthur Koestler, ‘Los gladiadores”. Pocket Edhasa, Barcelona, 2005. Traducción de María Eugenia Ciocchini, 504 pp. Hay edición por Altaya bajo el título de ‘Espartaco’ (1996, misma traducción, 346 pp.).

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82 Respuestas a “LOS GLADIADORES – Arthur Koestler”

  1. cavilius Dice:

    Koenig, estás hecho todo un sofista.

  2. Koenig Dice:

    Eso lo serás tu. Por si acaso.

  3. Ariodante Dice:

    Bueeenas! Acabo de encontrar esta estupendísima reseña -como siempre, Rodrigo- después de dos días sin mirar la papri (no se puede una distraer, jolín). Y estupendísimos los comentarios. Me refiero a los comentarios sobre la reseña, no sobre las meriendas, quizás podríamos abrir un hilo en el foro sobre si churros o cereales, para que el personal necesitado de estas elucubraciones se pueda explayar a gusto.
    Me parece interesantísimo el tema que se ha planteado sobre la novela histórica. Yo ya lo habia planteado en algunas ocasiones, porque ciertamente uno puede escribir una buenísima novela pero no una novela histórica, si utiliza el procedimiento de escribir desde el pensamiento contemporáneo. Al menos, pienso y, ya que es prácticamente imposible pensar como pensarían ellos, al menos que no se note demasiado: utilizar la tercera persona, el narrador externo, podría ser una manera, pero claro, ello conlleva el distanciamiento emocional, pero algo hay que dejar, no podemos con todo.
    El tema de las revoluciones tambien es interesante, pero ha quedado algo difuso. Si, es cierto, Aretes, que hoy en dia parece que estemos algo “apardalados”, que nos resbala todo…hasta que nos toca directamente. A ello ha contribuido, probablemente, las sesiones de reality show que suponen los telediarios, las pelis de superviolencia, etc. Y la propia realidad, que, si tuviéramos que tomárnosla realmente como es, no ganaríamos para disgustos y dramas, y los humanos somos asi, nos acostumbramos incluso a eso, fijate.
    Me ha gustado mucho esto. Cito la cita de Rodrigo.
    “No hay tirano más peligroso que el que está convencido de ser un abnegado guardián del pueblo”. Esta es, en definitiva, la conclusión que mejor identifica el pensamiento de autor.
    También me ha gustado mucho la cita que has hecho de la autobiografía de Koestler.En relacion con la novele histórica. Y pregunto ¿Cuántos tomos son y qué títulos llevan? Si lo has escrito mas arriba y se me ha pasado, no te repitas, dimelo y lo vuelvo a leer todo. estoy segura de dejarme algo, pero, como siempre, toda buena tertulia hace surgir muchas ideas y algunas se pierden o se quedan flotando en el aire inalámbrico mientras nadie las recoge.

  4. Rodrigo Dice:

    Gracias, Ario.
    Los de la autobiografía de Koestler son dos tomos, el primero de ellos, ‘The God that failed’, que Debate publicó hace unos años bajo el título de “Flecha en el azul”. El segundo tomo es el que he mencionado y citado. Tuve en mi poder, años atrás, el diario que el escritor llevó en conjunto con su esposa el período final de su vida, publicado por Editorial Thor (o algo así); no me pareció que tuviese mucha enjundia.
    Lo que señalas acerca de la novela histórica es muy sensato, y bastante acorde con lo planteado por el escritor. Tiene que ver con una cierta inconmensurabilidad -palabrita con la que mucho me macharon en la Facultad, aunque yo no la llevaría al extremo de una absoluta inasibilidad. Al final, si no me he perdido, es un problema afín al que enfrenta el historiador, exigido de no aplicar indiscriminadamente categorías del presente para entender el pasado. Pero Koenig ha resuelto súper bien el tema, ¿o me equivoco?
    Ahora bien, hay un punto sobre el que no tengo completa certeza -¿sobre qué puedo tenerlas?-: si acaso Koestler vuelve demasiado intemporal la historia de Espartaco y la rebelión, descontextualizándola, tal vez por abusar de los paralelismos y enfatizar demasiado las constantes. Tiene que ver con lo que planteaba Cavilius. Pero, diablo, que ya he optado por tomarla más por novela política que histórica -y en este sentido resulta muy interesante-.
    Mira, me he dado cuenta de la falta de una ‘l’ en la reseña, en esa frase que citas: “Esta es, en definitiva, la conclusión que mejor identifica el pensamiento DEL autor”. Condenada errata.

    Hombre, Koenig, discutir; pero es que para esto hace falta un desacuerdo fundamental, y no veo por dónde…

  5. Rodrigo Dice:

    ‘Machacaron’, que no ‘macharon’ (arggg…).

  6. Koenig Dice:

    Lo que, por otro lado, me cuesta aceptar es que siendo Koestler un comunista desencantado pretendiera que “La Rebelión de los Gladiadores” fuera exclusivamente una novela histórica.

    Me escama.

    Saludos.

  7. Rodrigo Dice:

    Bueno, bueno, Koenig, no es que Koestler la considere ‘exclusivamente’ novela histórica, sino que la caracteriza como tal.

  8. Koenig Dice:

    Juas, juas.

    Entonces si la “histórica” es sólo una caracterización ¿a que protestar tanto?

    Si es que hoy tengo el día.

  9. Ariodante Dice:

    Cito a Koenig: “A las dos vías por el planteadas se me ocurre que debe añadirse una tercera: buscar en textos y restos cómo eran y pensaban los protagonistas de la historia, como se veían, como se relataban, que objetos usaban, como vestían… y emplear esta información para crear una imagen coherente y fiel de las épocas pasadas.”
    Si, estoy de acuerdo, pero hay que admitir que no siempre es posible encontrar esos datos. Y sobre todo, al novelar, lo más dificil es interpretar la manera de pensar, de sentir. No digo que sea absolutamente imposible. Lo que es imposible es comprobarlo. Es decir, novelar la historia y que siga siendo novela histórica, …mmm, caray, es complicado. Por eso me fastidia esta cantidad de escritorcillos de best sellers que, basándose exclusivamente en los sentimientos y la manera de pensar y reaccionar actual, te construyen en un pis pas una historia que nada tiene que ver con el original, pero que se lee divinamente porque está escrita hoy para lectores de hoy y sin muchas pretensiones. Y están en su derecho, lógicamente, pero…corramos un tupido velo.

  10. Josep, como siempre llevando la contra, Dice:

    Hace décadas que leí “Espartaco” y me gustó, sobre todo por los secundarios. Ese magistrado de los mercados, eternamente circunscrito por la mediocridad y la dificultad de ascenso social, soñando con su rentable 10% y unas acciones que lo enriquezcan; ese pseudohistoriador lavándose con agua fría y golpeándose la cocorota contra una viga…
    Se critica demasiado el “¡qué parisinos son estos griegos!”. La mayor parte de nuestra mentalidad se basa en una estructura física que no ha variado ni un ápice desde hace más de 100000 años. La cultura de cada época es como la espátula que suaviza la superficie de la arcilla y puede añadir algún matiz expresivo en la obra, pero no modifica el volumen total del barro.
    ¿Acaso no os reconocéis al leer a Ovidio? Incluso quienes no disfrutan con los trágicos ¿no se ven reflejados en Aristófanes? ¿No es universal e intemporal el deseo de “construir arados con las lanzas que la paz habrá vuelto inútiles”? Cuando las mujeres dicen en “Lisandra” que “nosotras también queremos follar” ¿no os parece estar escuchando a una de vuestras compañeras? Los hombres comunes nos movemos por unos impulsos, pasiones y sentimientos que no son tan distitos de los de nuestros antepasados. No es nuestra mentalidad la que cambia tanto, sino la (falsa) forma en la que los poetas la embellecen.

  11. Rodrigo Dice:

    Por supuesto, Josep, “el hombre es hombre aquí y en la quebrá (quebrada) del ají”, que diría el huaso (campesino de mi país). Y hay temas que son históricamente transversales y trascienden las diferencias culturales. Pero no creo que estas diferencias sean mera ficción poética. El fondo emocional es en esencia el mismo, pero en el cómo se manifiesta y por qué vías se canaliza hay variaciones insoslayables según épocas y lugares. La mentalidad es una variable que supera la sola estructura física del hombre -y, ya que estamos, la psicológica-, e incorpora elementos históricos, culturales, en fin, sociales, de los que no es cuestión de hacer tabla rasa como si nada. Los imaginarios cambian; los valores predominantes no son siempre los mismos. Por algo existe una rama o corriente de estudios historiográficos denominada ‘historia de las mentalidades’, en la que confluyen aportes multidisciplinarios sumamente complejos.
    Estoy de acuerdo en que no hay que hacer de las diferencias de mentalidad un abismo infranqueable al punto de hacernos incomprensble todo cuanto ocurra fuera de las coordenadas valóricas o culturales en que nos movemos (por así decir). Pero tampoco es que haya que menospreciarlas, a mi entender.
    Por último, seguro que coincidiríamos en admitir que las mejores obras literarias son -entre otras cosas- aquellas en que nos reconocemos cualquiera sea el ropaje que vistamos o el modo en que nos ganemos la vida.
    Saludos.

  12. Ariodante Dice:

    “seguro que coincidiríamos en admitir que las mejores obras literarias son -entre otras cosas- aquellas en que nos reconocemos cualquiera sea el ropaje que vistamos o el modo en que nos ganemos la vida.” Rodrigo dixit.
    Coincido completamente, Rodri. Efectivamente, una lee Lisístrata (creo que te referías a esa obra, Josep, no Lisandra) encuentra muchos parecidos, como cuando una lee a Shakespeare, o a cervantes, o Montaigne…te reconoces en las grandes pasiones, en los ideales, en los valores universales. Efectivamente, asi es. Pero “la forma”, el “cómo”, eso es lo que diferencia las épocas. Y si quieres representarlo en una obra de ficción histórica, has de tenerlo en cuenta, digo yo…

  13. Ariodante Dice:

    Uuuuh, ¡he puesto Cervantes con minúscula….! ¡Si Don Miguel me leyera!

  14. Rodrigo Dice:

    Irreverente que eres…

  15. Josep, el despistado, Dice:

    Pues sí, era Lisístrata…

  16. Ariodante Dice:

    Aaaah, menos mal que la memoria aún me funciona a ratillos.

  17. Josep Dice:

    Eso es porque llevo más cervezas que tú (se llama Wernicke-Korsakov)

  18. stargoogle.com Dice:

    esta es una obra literaria genial pero sin ofender hay mejores y no es que sepa mucho pero aqullos que les gusta leer visite mi link

  19. JJsala Dice:

    He entrado en este foro en la creencia de que se trataba de “Los gladiadores” de Roger Mauge. Eso me pasa por leer solamente el título de la novela.
    Ya consciente de que se trataba de “Espartaco” de Koestler, que lo tengo pero no lo he leido, he tenido el gusto y el placer de leer todo el hilo a velocidad supersónica.
    Algoal rerspecto.
    ¿No es revolución lo contrario de evolución, o sea volver hacia atrás, hacia el origen?
    En cualquier caso, ¿no son las verdaderas revoluciones aquellas que, a lo largo de la historia, han cambiado las condiciones de vida de las personas, y en este sentido solo lo serían (revoluciones) las producidas por inventos y descubrimientos científicos (revolución agrícola de hace 10.000 años, revolución industrial de hace 200 años y la revolución tecnológica reciente) que de verdad cambian la vida y el pensamiento humano????.
    Por cierto, he leido en algúna parte que la idea de Espartaco (y sus seguidores) era salir de la península itálica y convertirse en piratas y vendedores de esclavos. Lo cual sería lógico en la época. Lo que no tiene sentido es la versión pre-cristiana que Kubric le dá al personaje en su homónima película.

    Salud

  20. Rodrigo Dice:

    Hola, JJsala.

    Me parece que, más que volver al origen, la propiedad genérica de las revoluciones es el intento de romper drásticamente con el orden establecido y con el pasado que lo hizo posible. No ha faltado la referencia a unos orígenes idealizados ni un quimérico propósito de restablecerlos, pero no me parece que esto sea una constante ni un factor más decisivo que la voluntad de ruptura. Creo que a muchos revolucionarios les hubiera chocado el sentido regresivo de una ‘vuelta a los inicios’; hacer tabla rasa con la historia y empezar poco menos que de cero: esto sí que los congregaba, más generalmente. Por supuesto, revolución sí que se contrapone a evolución, entendida ésta como desarrollo gradual.

    Las revoluciones políticas y sociales han logrado menos de lo que prometían, ciertamente; tal vez trastocaron menos de lo que se proponían las estructuras de la sociedad -entendida como un todo-, pero no creo que desmerezcan de su condición de tales. En términos de efectividad, puede que las de tipo económico y científico-tecnológico a que aludes sean más exitosas, por decirlo de algún modo. Pero aquellas también fueron ‘verdaderas revoluciones’, lo suficiente como para parecerles a los que las vivieron -y padecieron- una especie de cataclismo y como para hacer de puntos de inflexión en la historia.

    Según he entendido, tanto “Los gladiadores” (Koestler) como “Espartaco” (Fast) -en la que se inspiró la película de Kubrick- juegan con los paralelismos históricos y cuentan con que los lectores las interpreten en clave anacrónica, pero esto es mucho más acentuado en la primera. En ambos autores hubo una clara motivación proveniente de su propia contingencia política. Por otro lado, me parece que los realizadores de la película imprimieron a Espartaco ese sentido pre-cristiano más fuertemente que H. Fast en su novela.

    Saludos, nuevamente.

  21. Joaco Dice:

    Este libro lo lei cuando tenia siet años primer libro que lei y si bien no lo entendí, no el sentido alegorico por lo menos, si me quedaron un monton de cosas que luego germinarían en ideas. Años mas tarde lo volvi a agarrar y comprendí de lo que estaba hablando.
    Es realmente un libro interesantisímo, como novela, como novela histórica y como novela política. Aunque no compato totalmente la opinión que vierte en sus páginas, me parece uno de los mejores libros que se han escrito sobre la Roma antigua. En cuanto a lo de las revoluciones, me parece que muy lejos de tener poca importancia son infravaloradas. Sencillamente son el motor de la historia, o a lo sumo los pequeños saltos que esta va dando. Sin caer en el ejemplo clarísimo de la Revolución Francesa, la Revolución Rusa ha cambiado para siempre totalmente la faz del mundo. Si bien el sistema comunista cayó hace rato. Es gracias a ella que los gobiernos occidentales tuvieron que incorporar a su plataforma política muchisimas conceciones que sin ella no hubieran hecho.
    En cuanto a la vigncia de la Revolución hoy por hoy, es mucho más que en una camiseta. En mi país Argentina en dos semanas derribamos cuatro gobiernos. Más tarde la cosa se calmó pero por un momento no se sabía que podía pasar. En ese momento la alternativa de la Revolución estaba ahí vigente en los pensamientos de la gente enfurecida. Por eso la revolucion no ha muerto puede volver en cualquier momento y mas fuerte que nunca. La crisis de este sistema demuestra que las cosas no estan calmas en absoluto. Va a seguir habiendo hambre y pobreza, desocupación y miseria. Mientras esto no cambie la Revolución siempre va a ser una posibilidad.
    Desde estos montes en el living de micasa
    Saludos

  22. JJSala Dice:

    Aprovecho para aclarar algo que expresé en mi intervención del 7 de Noviembre.

    Cuando decía que revolución era lo contrario de evolución, le aplicaba el mismo sentido que tiene la palabra rebobinar, es decir volver el hilo a la bobina. Solo era una cuestión semántica.

    En cuanto a las revoluciones socio-políticas (francesa, rusa), o lo que es lo mismo, levantamientos populares, dirigidos por vanguardias, no siempre o nunca procedentes de estas clases populares y que, a la postre, son las que obtienen beneficio de las mismas y acaban constituyendo nuevas élites gobernantes (Francia napoleónica,URSS, Cuba, China.) que siguen la misma senda de dictadura y explotación de sus antecesores, pero con la falaz excusa de la “revolución”.

    Por ello mantengo que las únicas y verdaderas revoluciones que han existido, son las que producen cambios tecnólogicos, los cuales facilitan y hacen menos dura la vida de las gentes y, a la postre, conciencian sobre los valores de la libertad y los derechos de los individuos y de los pueblos mas que cualquiera de las otras revoluciones.

    Sostengo, revolución agrícola de hace 10.000 años, revolución industrial del siglo XIX y revolución tecnológica del siglo XX.

    Quien siga pensando que las llamadas “revoluciones (sangrientas y crueles)” son la solución actualmente para los problemas de todo tipo que afligen a esta nuestra sociedad, viven en un verdadero anacronismo histórico.

    Si existe solución (?), ésta vendrá de un cambio, que una de dos, o lo produce un nuevo paradigma mental y/o una nueva revolución tecnológica que nos sitúa y traslada a una forma diferente de vivir la vida.

    Y todo esto nada tiene que ver con las necesarias y deseables rebeliones de los individuos contra aquellos (de todo color e intención) que tratan de obligarnos a seguir las sendas borreguiles que ellos marcan.

    Salud

  23. Rodrigo Dice:

    Ni por asomo me consideraría un experto en la materia, Joaco, pero no creo que las revoluciones sean “el” motor de la historia. No si se las entiende (cual sucede en el paradigma moderno) como ruptura de la continuidad histórica, una cesura histórica radical; cosa por demás bastante diferente de los “pequeños saltos” de la historia. Pienso que la dinámica histórica es bastante compleja como para reducir su interpretación a uno solo de sus factores. En cuanto tales también son gravitantes las guerras, los movimientos de los pueblos –migraciones, invasiones, procesos de conquista y colonización-, los descubrimientos geográficos, el comercio y las transformaciones socio-económicas, las innovaciones científico-tecnológicas, los vuelcos culturales; también las crisis o convulsiones políticas y sociales de alcance medio y de menor dramatismo que las revoluciones (revueltas, asonadas, golpes de estado). No sólo cuentan los cambios abruptos sino también de los de tipo gradual y las reformas. Y hay que valorar el asunto desde una perspectiva propiamente histórica. Es decir, creo que acabaríamos por desvirtuar el concepto de revolución si lo aplicásemos indiscriminadamente a toda época y a toda forma de cambio histórico, por drástico que fuera éste en el pasado. Hubo muchos siglos de historia antes de que la revolución socio-política, en su acepción estricta (que es según entiendo la que empleamos aquí), se convirtiese en factor, y bien que hubo historia antes de la modernidad. (Difícilmente pudiera explicarse su transcurso por la vía simplista de la revolución como motor impulsor.) Esto mismo define la mecánica con la que opera de propósito, no veladamente, la novela de Koestler, “Los gladiadores”: el anacronismo y la extrapolación.

    Pues mira, JJSala, si –por ejemplo- una rebelión de esclavos no es lo mismo que una revolución, tampoco lo es un levantamiento popular. Levantamiento popular es un movimiento de insurrección de la base social –las masas, en los tiempos modernos- al que se puede atribuir un grado de espontaneidad en su gestación y de improvisación en su desarrollo, y cuyos logros son bastante más limitados que los de una revolución. Los levantamientos populares suelen ser manifestaciones político-sociales informes, estructuralmente deficientes, con mucho de dispersión y vaguedad respecto a organización, conducción y metas; inmediatistas, su impacto es por lo general de corto o, a lo más, mediano plazo. Por lo mismo es que en general son eventos históricos puntuales y efímeros, a diferencia de las revoluciones. Ahora bien, pueden estar asociados a las revoluciones, como es el caso del levantamiento que resultó en la destrucción de La Bastilla en 1789.

    Aparte lo anterior, suscribo a tu caracterización crítica de las revoluciones socio-políticas (tercer párrafo de tu última intervención), y concuerdo en tu escepticismo respecto de la validez de la revolución como instrumento de cambio y mejora. (Pienso que, si somos bastante sabios como para aprender de lo que llaman las lecciones de la historia, dejaremos de asignarle demasiada vigencia a la revolución como alternativa.) Sin embargo, disiento de tu consideración de las revoluciones tecnológicas como las únicas y verdaderas. El concepto de “revolución” se sostiene con independencia de su bondad o efectividad, y no creo que haya que confundir el nombre con el adjetivo ni reducir el concepto a uno solo de sus tipos. Semántica, si quieres. Una revolución política o social no deja de serlo porque resulte fallida, porque deje de cumplir lo que promete o porque sus efectos sean eventualmente menores o menos benéficos que los de una revolución de otro tipo. Los ejemplos clásicos de revolución que has mencionado fueron lo bastante súbitos, violentos y sus consecuencias bastante profundas como para encajar en la definición y tenerlas por verdaderas. Ocurrieron, ¿no?

    Sí, las revoluciones tecnológicas, incluso innovaciones tecnológicas específicas, tienen un impacto político, social y cultural importante, hasta de onda larga que diría alguno. Ni qué decir de su impacto económico. Aunque puede que convenga más considerarlas como condiciones de posibilidad (entre varias otras) de ciertas transformaciones antes que como causa directa de éstas. La imprenta, por ejemplo, no ocasionó por sí sola -obviamente- el quiebre con la era premoderna, ni todo lo que ha resultado de este quiebre es bueno o conveniente (aunque esto es ya otro tema).

    Saludos.

  24. JJSala Dice:

    Hola Rodrigo.

    Ciertamente, un levantamiento popular no es una revolución.

    Yo no digo que lo sea, ni mucho menos, digo que las llamadas y conocidas revoluciones, (francesa, rusa, china), han sido levantamientos populares contra el orden establecido, dirigidos, comandados e ideologizados por vanguardias/élites, las cuales, una vez en el poder, han reproducido el mismo sistema que decían combatir, aunque con la coartada/disfraz del cambio o sea de la revolución ( Alboroto. Sedición. Cambio violento de las instituciones políticas de un país).

    Ciertamente, cuando valoro estas “revoluciones”, lo hago en virtud de sus
    resultados en relación a sus pretendidos fines. ¿Sobre que base sino habremos de analizarlas?.

    ¿No es sobre los resultados de cualquier acción, cuanto menos sobre las que persiguen mejorar la vida de los seres humanos, que debemos juzgarlas, o debemos hacerlo por las supuestas buenas intenciones, aún y cuando causen tanto o más dolor y muerte que lo que pretenden combatir?.

    Ya sabes aquello de que el infierno está lleno de buenas intenciones (fallidas).

    Esta conversación mas o menos ya la tuvimos en mi primera intervención en Noviembre.

    Mi insistencia ha venido determinda por las palabras de Joaco, el cual me parece que entiende el término revolución en el único y exclusivo sentido
    de sedición y cambio violento de las instituciones políticas.

    En cualquier caso, mi concepto de revolución, lo que personalmente entiendo por ello, va más allá de descubrimientos o invenciones, como la invención de la imprenta o el de la polvora o el de la rueda o el del fuego, sino como el resultado último al que estos descubrimientos pueden haber coadyuvado,es decir al cambio de paradigmas sociales.

    Salud

  25. Rodrigo Dice:

    Bueno, estimado JJSala, yo no criticaba tu evaluación de las revoluciones sociopolíticas (evaluación que en general comparto). Sí trataba de precisar un poco en el concepto.

    Por un momento parece que lo desvirtuaras al equipararlo a conceptos como levantamiento, alboroto y sedición, pero luego lo radicalizas al referirte a la idea de cambio del paradigma social, asumiendo un concepto de revolución aún más riguroso que el que yo reivindicaba. Esto es confuso.

    Y claro, esta última versión dejaría fuera eventos que la historiografía consagra como revoluciones (la inglesa del siglo XVII, la estadounidense, las de independencia en América Latina, por ejemplo), aunque supusieran en su momento suficiente conmoción social y bastantes trastornos estructurales (“cambio violento de instituciones”) como para considerarlas más que meras rebeliones o revueltas.

    Por otra parte, la idea de revolución –la de tipo sociopolítico- es una idea fallida, por quimérica (aquello de cancelar el pasado y hacer tabla rasa de lo existente es imposible), y hoy resulta irresponsable, por decir lo menos.

  26. Rodrigo Dice:

    Eh, me faltó el saludo.

    Saludos, pues.

  27. Joaco Dice:

    Veamos, tanto la revolución francesa como la rusa y de hecho todo el resto fueron posibles gracias a la intensa participación popular. Lenin y su pequeño grupo de seguidores jamas hubieran tomado el poder sin el apoyo de las masas urbanas y de la simpatía de las masas rurales Que luego se haya instalado en el poder una élite, cosa incuestionable, es otra cosa, pero para mi decir que es una “ley general de todas las revoluciones” sería caer por lo menos en un mecanisismo facil.
    La revolución no es el motor de la historia como equivocadamente plantee, sino la expresión concreta y radical de cambios mas profundos y mas largos. Pero eso no le resta merito alguno. Los grandes cambios sociales desde la antiguedad hasta la actualidad estubieron fuertemente condicionadas por revoluciones y rebeliones populares (y por otros factores por supuesto) incluida la de Espartaco, que evidenció la debilidad de las instituciones republicanas a la hora de enfrentar la creciente conflictividad social, (los movimientos y aspiraciones que latían detras de la reforma de los hermanos Gracos, la rebelión italiana, las guerras serviles y la lucha entre los sectores reformistas y conservadores del patriciado).
    En cuanto a la vigencia de la revolucion hoy por hoy. La revolucion rusa cayó hace apenas 20 años, la cubana todavíano cayó. En estas últimas dos decadas tuvimos crisis económicas, estallidos populares en todas partes del mundo y la brecha entre pobres y ricos creció enormementee. Decir que laa revoluciones no son viables, me parece un poco osado.
    Cordiales saludos.

  28. Rodrigo Dice:

    Qué tal, Joaco.

    Tratándose de revoluciones sociopolíticas, pienso que extrapolar el concepto de revolución a la antigüedad es arriesgado. Por desgracia no sé tanto de historia como quisiera, y me gustaría que los contertulios que sí saben opinaran sobre la rebelión de esclavos liderada por Espartaco. Según recuerdo, Koestler afirma en su autobiografía que, de acuerdo a las fuentes por él consultadas (en los años treinta), no está del todo claro el alcance de los propósitos de la rebelión y que no cabe descartar el intento de fundar una colonia utópica de propiedad común. Robin L. Fox en “El mundo clásico” (libro que leí hace poco), sostiene que la rebelión no pretendía suprimir la esclavitud: los propios sublevados compraron esclavos. En fin, que sería de mucha ayuda saber sobre esto.

    Creo que en Cuba lo que sobrevive no es la revolución sino el régimen arbitrario que ella engendró. Por tales o cuales razones, la revolución cubana acabó y fracasó hace rato.

    Alentar el ideal revolucionario me parece a estas alturas irresponsable. Yo no descarto que en algún futuro se den estallidos revolucionarios aquí o allá, pero dudo que haya de esperarse mucho de bueno de ellos. La radicalidad y el utopismo de la revolución sí que la hace inviable, diría que una amenaza en sí.

  29. JJSala Dice:

    Joaco, yo creo que lo que es osado es plantear las revoluciones como la lucha entre pobres y ricos.

    Por ejemplo. La revolucion francesa no fue tanto una lucha entre pobres y ricos, como entre la burguesía y la aristocracia, ambos ricos, en la que las masas populares actuaron de comparsas y carne de cañón.

    Prácticamente se puede decir lo mismo de cualquier “revolución” tal y como tú parece que las entiendes.

    Concedes a la rebelión (que no revolución) de Espartaco, el mismo valor que a las reformas de los Graco (aritócratas del más alto linaje de los Cornelios Escipiones), cuando lo primero es una guerra de liberación de aquellos que se hallaban esclavizados (sistema social/productivo que aún hoy permanece en muchos países), contra sus amos, los romanos ricos y pobres, aristócratas, plebeyos y populus en general, con unos politicos, los Graco, que obtenían sus clientela en las clases populares y que, al fin y al cabo, lo que buscaban,, por encima de todo, era el poder, al igual que sus oponentes del partido aristocrático, a cuya clase, repito, pertenecían.

    Cayo Mario, del partido popular de los Graco, hizo más por la emancipación de las clases populares, al darles opción a ingresar en el ejercito , que todas las reformas de los dichos Graco.

    Por otra parte, creo sinceramente que cometes un anacronismo ideológico al comparar las luchas entre reformistas y conservadores romanos, miembros todos de la aristocracia, con lo que es hoy día esta misma lucha.

    No entro en custiones sobre el resultado de la revolución rusa y sobre la permanencia de la revolución en Cuba, ya que los resultados de la una y de la otra en cuanto a la la vida de quienes han sufrido la una y sufren la otra, es evidente. Dictadura, tiranía y en el caso de la URSS 100 millones de seres humanos muertos en nombre de la revolución, o mejor dicho en nombre e interés de quienes han ostentado su dirección.

    Rodrigo, creo que en lo fundamental estamos de acuerdo, lo que pasa es que el diálogo epistolar es más bien un monologo alternativo, en el que los matices y las aclaraciones no pueden hacerse en tiempo real y a cada nueva intervención le sucede un nuevo matiz semántico o conceptual.

    Salud

  30. Joaco Dice:

    Veamos, entonces coincidimos bastante más de lo que pense.
    En cuanto al tema actual: las revoluciones son momentaneas, por eso la cubana hace tiempo ya terminó. Lo que quise decir es lo que tu mismo afirmaste, que el regimen que creo se mantienen en pie. El tema de si fomentar una revolución es irresponsable daría para largo, pero yo no reivindicó el estalinismo asesino, que quede claro. Creo que bien encarada se podría hacer una revolución que defienda los intereses populares (o por lo menos lo espero) porque este sistema democrático que tenemos, ni es tan deemocrático, ni sirve para solucionar los problemas que aquejan a los pueblos del mundo, tales como hambre desocupación , pobreza, guerras, racismo y tantos otros. En ese sentido si una revolución implica la muerte de muchas personas, también implicaría la salvación de muchas otras, por hambre se mueren 35.000 personas por dia. En tres años tendrías más muertes que por el régimen asesino de Stalin (que no son 100 millones JJSala, si hubiesen muerto tantos no hubiesen quedado hombre vivo).
    En cuanto al tema de Espartaco (que es el más interesante): yo no digo que haya sido uuna revolución, una rebelión. El anacronismo de Koestler es “El estado del sol” esa ciudad utópica que plantea, le da una dimensión política a una rebelión popular de caracter social.
    En cuanto a los Gracos no creo que quisiesen solo poder, me parece demasiado simplista. Creo que querían defender la república de las fuerzas que 100 años despues provocaron su caida tratando de conciliar los intereses patricios y plebeyos. Pero detras de sus reformas se manifestó una poderosa fuerza de las masas campesinas y urbanas que querían cumplir sus reclamos. Al ser aplastados por la oligarquía siguieron manifestandose hasta la Rebelión Italiana, que puso en jaque a la República. Las rebeliones serviles (que no fueron unicament la de Espartaco) fueron a la par de las mismas y si bien sus intereses eran contradictorios fueron una expresión distinta de los mismos males que aquejaban a la república..
    En cuanto a los conservadores y reformistas. Pues no digo que unos eran “revolucionarios” a lo Lenin. Digo que intentaban captar el favor popular mediante conceciones. Esto no quita que esos relamos estubiesen ahí y que condicionasen el juego político que desembocó en el principado.
    Saludos cordiales.

  31. JJSala Dice:

    O.K. Joaco

    Saludos

  32. 5 de septiembre « ¿Qué escritor nació el…? Dice:

    […] http://www.hislibris.com/los-gladiadores-arthur-koestler/ […]

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