LOS GIRASOLES CIEGOS – Alberto Méndez

Los girasoles ciegosHe de decir que por primera vez en mucho tiempo, algunos pasajes de un libro han llegado a angustiarme. Y eso está bien, porque sea para bien o para mal, cuando un libro alcanza ese nivel de impacto es que es algo relevante.

Los girasoles ciegos recoge cuatro cuentos o historias cortas, ambientadas en la guerra civil española. Pero son historias comunes, de personas normales, con poco o nada que ver con la guerra. Todas ellas tratan sobre perdedores, incluso una que habla de un soldado del bando nacional, que el día que gana la guerra se pasa al bando republicano.

Las cuatro historias están relacionadas dos a dos por un fino hilo, pero que al final pone de manifiesto como la brutalidad de la guerra y sus catastróficas consecuencias llegan a todos los puntos de la sociedad, con una capilaridad total.

La primera historia cuenta cómo un soldado nacional cambia de bando cuando sabe que se va a rendir el enemigo, para ser un perdedor. Le avergüenza ser un ganador en esa guerra. La segunda historia, la más brutal desde mi punto de vista y en la que tuve que dejar de leer, cuenta la historia de un hombre y su hijo recién nacido, que escapan al perder la guerra. Angustiosa. En la tercera, un preso se inventa una historia sobre el hijo del mando que lo interroga, para que este lo mantenga con vida, y la mentira crece y crece hasta que explota. Por último, el libro se cierra con la narración sobre la vida de una familia en Madrid, después de la guerra, en la que el marido y padre vive escondido. Un cura que intenta acercarse a la madre, acaba provocando una tragedia.

Resumiendo, un libro corto, pero intenso y si esto se puede decir de un libro, triste y angustioso.

La victoria en la guerra sólo se consigue cuando se hace ganar también a los vencidos. (Manuel Fraga Iribarne)

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75 Respuestas a “LOS GIRASOLES CIEGOS – Alberto Méndez”

  1. Curistoria Dice:

    De nada, es un placer :)

    Saludos.

  2. javier Dice:

    Por cierto, que recordé tu circunstancia al leer el segundo relato y eso le añadió aún más dramatismo a la cosa.

    Cuando hace una semanas leía un libro de Ivo Andric en el metro se me acercó un chaval serbio alucinado por encontrar un libro suyo en español. Me habló de él, de su país, me preguntó por qué lo leía, me pidió hojearlo. Ahora cuando veo ese libro me acuerdo de aquel chaval, y creo que cuando vea este de los girasoles me acordaré de tu historia.

    En fin, curioso.

    Saludos

  3. Curistoria Dice:

    Vaya Javier, me alegro que te acordaras de mi :)

    Saludos

  4. aretes Dice:

    Volviendo al tema del libro, ¿no os parece curioso que tanta gente que vivió aquella guerra siga viva y no lo cuente? Siendo una etapa tan intensa, es como si fuera una pesadilla que no quieran recordar.
    Mi madre no la vivió, pero mi padre era un chavalín y con pocos años tuvo que ir lejos de su familia, aún así sólo cuenta retazos, y cuando lo hace hay que animarle para que siga. Me admira esa generación, cuando pienso en lo vulnerables que somos nosotros en nuestra comodidad!!!

  5. Curistoria Dice:

    Igual es una buena forma de autodefensa contra “el mal trago” pasado. No lo sé.

    Saludos.

  6. javier Dice:

    En cualquier caso, es una pena. Siempre me acuerdo de aquello de que cuando un viejo muere, una biblioteca se quema. Hay que preguntar y dar la brasa, que luego no habrá oportunidad y te arrepentirás. Lo digo por experiencia.

    Saludos

  7. aretes Dice:

    Puede ser, pero tragos de ese tipo, tan gordos, tan jóvenes, tendrían que marcar más. Es como una amnesia colectiva y me pregunto si no hubo como un pacto de silencio tácito. Por otra parte es tan enriquecedor cuando alguien lo cuenta, debería haber un sitio, como este blog, para mayores de setenta ¿os imaginais?

  8. Ascanio Dice:

    Pero si ya tenemos a Germánico…

  9. aretes Dice:

    Ji, ji, ji

  10. calimero Dice:

    Por lo que a mi experiencia respecta creo que mucha gente no habla de su experiencia en la guerra (sobre todo si ha estado en retaguardia, la población civil), por haber adquirido la costumbre de callar, de silenciar según que cosas, de intentar vivir en el anonimato (esto vale para los dos bandos). Con respecto a los “vencedores”, tras los primeros años en donde hubo de todo desde luego, hay que tener en cuenta que apartir de 1965 y los “veiticinco años de paz”, se pretendió echar tierra sobre todo lo sucedido e intentar empezar de nuevo.

  11. DAREA Dice:

    SOMOS TAMBIÉN HIJOS DE LA GUERRA QUE ELLOS PRETENDIERON IGNORAR PERO QUE INUNDO LA VIDA DE MIEDO.

  12. cavilius Dice:

    ¿Por qué un relato nos afecta emocionalmente más que otro? ¿Por qué (por ejemplo) los desollamientos de personas vivas que describe Nicholas Guild en El asirio, las batallas sanguinarias de la Ilíada, los pueblos arrasados, mujeres violadas, niños vendidos como esclavos, adultos asesinados, ancianos torturados, que narran Herodoto o Tucídides en sus Historias, por qué todas estas guerras, matanzas y muertes no nos producen la misma impresión que las descritas en un relato sobre nuestra guerra civil, o sobre la de Bosnia, o sobre la Segunda Guerra Mundial? Evidentemente, por la sensación de cercanía, tanto geográfica como temporal. Una novela sobre las calamidades que alguien ha sufrido en la guerra civil española, o en la postguerra, puede coincidir sin dificultad con lo que le haya pasado a alguien de mi familia, o a un amigo, o a alguien que veo por la televisión. Puedo hablar con el vecino del quinto, que tiene casi 90 años, y pensar en el sufrimiento que habrá podido padecer en sus carnes durante la guerra y postguerra. Pero nunca me cruzaré con un asirio ni podré estar en la Tebas del siglo IV a.C. Cuando se trata de penalidades, la cercanía provoca presión, angustia, y cuesta mucho inmunizarnos contra ello, como hemos hecho contra lo lejano. La lejanía espacio-temporal cauteriza, nos libra de esa carga empática que lo cercano acarrea.

    He leído Los girasoles ciegos. Cuando ya salía de una librería lo vi en un estante, y no sé si mi subconsciente me traicionó (“cómpralo hombre, que se titula Los girasoles griegos“) o fueron los comentarios de Curistoria los que me hicieron cogerlo primero, ojearlo después, leer unos párrafos al azar, y comprarlo finalmente como hipnotizado. Y he de decir que es uno de los mejores libros que he leído. Maravillosamente bien escrito, con palabras medidas para no decir más de lo que se pretende ni menos de lo necesario, sin recreaciones gratuitas en el dolor de los protagonistas ni cortapisas en la descripción de los acontecimientos. Un libro que emociona y conmueve. La segunda y cuarta historias son escalofriantes, tensas, angustiosas. La primera y la tercera son duras, crueles. Y en ninguna de ellas hay bandos, sólo unos seres humanos que matan o quieren matar, y otros que viven o quieren vivir. La maldad descrita en el libro no se basa en ideologías sino en la ruindad humana, que está por encima de razones y creencias. Es la misma ruindad que habita en el corazón de los griegos y de los romanos, de los occidentales y de los orientales, de los religiosos y de los ateos. Pero el libro también habla de la grandeza del ser humano, de su espíritu de supervivencia, de sus ansias por encontrar la verdad y la libertad. La misma grandeza también que tuvieron griegos, romanos… No sería justo quedarnos sólo con lo primero y no esforzarnos en ver lo segundo.

    Evidentemente, el libro angustia, porque no podemos evitar leerlo con las gafas “de cerca”, mientras que a Herodoto no podemos evitar leerle con las gafas “de lejos”. Y si ese motivo hace que algunos no quieran acercarse al libro, en su derecho están, cada uno escoge sus alegrías y sus angustias en la medida que puede, y en cuestión de libros, podemos, por suerte. Pero, sinceramente, creo que en este caso se perderán algo: se perderán, como mínimo, la lectura de un muy buen libro que puede remover lo más profundo de nosotros mismos.

    Saludos

  13. Curistoria Dice:

    Magnífico comentario Cavilius. Deberíamos quitar mi reseña y poner este comentario como referencia al libro.

    Por cierto, estoy de acuerdo en todo.

    Saludos.

  14. Arauxo Dice:

    Pues…va a ser cuestión de plantearse su lectura, sí… pese a que Cavilius lo recomiende…

  15. cavilius Dice:

    Tu reseña es estupenda, Curistoria. Tan estupenda que ha hecho que un enfermo como yo, que sólo lee cosas de Grecia, se haya saltado la regla.

    Saludos

  16. clio Dice:

    Touché amigo cavilius, debajo de tu fina ironia late por lo que veo un mar de sentimientos, sobre todo me ha gustado el final de tu comentario gracias, como dice Arauxo va a ser cuestión de plantearse su lectura pero ya

  17. Arauxo Dice:

    ¿Sentimientos dices, Clío? ¿Cavilius? Pero si yo creía que Cavilius era el nombre de nuestra enciclopedia cibernética sobre Grecia, los griegos y su entorno… ¿No es un androide como las computadoras esas que jugaban al ajedrez?

  18. clio Dice:

    Yo creo que mas bien es Roy Batty ….

  19. cavilius Dice:

    Yo he visto cosas que vosotros jamás creeríais. Atacar con cuchillos tortillas ardiendo más allá de Orihuela; he visto rayotes de boli fosforescente brillar en la oscuridad cerca de la puerta del Tantarantana. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.

    Es hora de dormir.

  20. clio Dice:

    !Que poiêtiko! Dormir…tal vez soñar….(con tortillas, que ricas, ahora que tengo tanta hambre)

  21. Casio Dice:

    No es un adroide; los caza. Es un Blade Runner.

  22. Casio Dice:

    Aunque resulta que, al final, igual sí lo es…

  23. lUIS Dice:

    De acuerdo en todo con Arauxo

  24. lUIS Dice:

    Leí hace poco la polémica entre Arauxo y Javier a propósito de la finalidad de la Literatura. Me pareció interesantísima y envié un mensaje de apoyo entusiasta a Arauxo.
    Hoy vuelvo a la página con un poco más de tiempo y añado esto por si mi reflesión resultara útil para alguien: Es la eterna polémica entre los partidarios de la teoría del compromiso y los contarios. Creo que es una polémica eterna (desde Horacio: prodesse aut delectare) y que no tiene solución. Sin embargo, a mí me parece más sólida, actualmente, la que enfatiza el segundo término, es decir, la literatura como “delectación”.
    Las reflexiones de Arauxo me parecieron impecables y me permito añadir un pequeño párrafo a su reflexión sobre la “verosimilitud”: [Las obras de estética realista basan su verosimilitud en el parecido que hay entre la ficción y la realidad. Las de estética fantástica demandan un poco más al lector: inventan un mundo nuevo, distinto del real pero reglas y normas tan inflexibls como las del mundo real… . La historia debe “encajar” dentro de esta nueva realidad; pero independientemente del escenario, el lector encuentra “historias humanas”.
    Y por último: la “verosimilitud” de cualquier historia no es el objetivo del escritor ni define la mayor o menor calidad de la obra sino que es solo un resorte, un mecanismo, un medio para conseguir que el lector entre en el juego literario que se le propone]

  25. Clío Dice:

    Pues dos años y pico despues de esta reseña, he leido los girasoles ciegos y al releer el comentario del amigo Cavilius, no puedo estar más de acuerdo con él. Cada una de las 4 historias conmueven el alma de manera distinta, pero sobre todo y con mucho la que me ha parecido más bella pese a su horror, es la historia del poeta y su hijo, lírica y sublime.

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