LAS HUELLAS DEL CONQUISTADOR – José Luis Pérez Regueira

Las huells del conquistadorSiguiendo con mi racha de empapuzarme de libros sobre el siglo de oro español (claro, que ya me tocaba conocer un poquito de la Historia de nuestra tierra), esta vez le ha tocado el turno a una novela, centrada en los descubrimientos americanos, y en concreto en la figura de uno de los conquistadores que, aún no teniendo mucho nombre, sí obtuvo unos logros dignos, al menos, de una buena novela como es esta. Se trata de Hernando de Soto, natural de Jeréz de los Caballeros y descubridor de La Florida.

Hernando de Soto era para mí un personaje desconocido, pero gracias a esta novela, he podido descubrir a un hombre verdaderamente fascinante -como casi todos sobre los que leo de esta época-, con una vida cargada de aventuras y momentos para la épica. De familia bien de Jeréz de los Caballeros, parte jovencísimo para embarcarse a las Indias junto a la expedición de Pedro Arias Dávila, para a partir de ese momento, vivir lo que parece un guión de película hollywoodiense.

Panamá, Nicaragua y Honduras son las tierras que le ven madurar y destacar como jinete hasta alzarse con una de las capitanías de las fuerzas de Arias Dávila. Tras simpatizar con el gobernador de la zona y destacar como líder y combatiente, obtiene sus primeras misiones, que le llevarán a anular un par de rebeliones de grupos españoles con afán independentista y a casi darse de frente con el propio Hernán Cortés.

Sus siguientes pasos le llevan junto a Pizarro a tierras peruanas y a tener el honor de ser el primer español en verse con el gran Atahualpa. Rico como pocos, decide volver a España para casarse con Inés de Bobadilla -hija de Arias Dávila- y asentarse en tierras sevillanas.

Pero como la cabra siempre tira al monte, De Soto ve la oportunidad de su vida para ser recordado como uno de los grandes conquistadores y organiza su propia expedición para descubrir La Florida. Expedición que verá su muerte tras un sinfín de enfrentamientos con terribles tribus indígenas, a la edad de 42 años.

Hasta aquí, más o menos los hechos y andanzas de Hernando. En cuanto al estilo del libro, he de decir que es una novela fácil de leer, bastante dinámica -con algunos momentos algo lentos- y muy bien documentada. La verdad, da gusto descubrir que no sólo la trama está bien hilada, sino que el autor ha realizado una buena investigación, dotando a la novela de un sinfín de pequeños detalles que dejan patentes los buenos conocimientos del que escribe.

Quizás tenga alguna pega para mí, y son: su longitud (más de quinientas páginas es algo que empiezo a tolerar poco), algunos momentos en los que la narración se vuelve algo simplona, y por último, una cuestión editorial que los que hayáis leído “El pintor de Flandes” de la misma editorial habréis experimentado: y es que no puedo concentrarme con los números de las páginas tal y como están (en lugar del clásico sistema de tener la numeración a pie de página, esta novela la tiene en los márgenes izquierdo y derecho a media altura)… se me van los ojos.

En definitiva, una buena -y larga- novela para conocer a un gran personaje de la Historia de nuestros conquistadores: Hernando de Soto, natural de Jeréz de los Caballeros y descubridor de La Florida.

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44 comentarios en “LAS HUELLAS DEL CONQUISTADOR – José Luis Pérez Regueira

  1. Urogallo dice:

    Como soy malo, lo voy a decir: Se habrá documentado mucho, pero el que aparece en la portada es Alvarado.

    Aunque relativamente desconocido en nuestro país, es muy conocido en los USA, aunque solo sea por que exploró gran parte de lo que hoy en día forma su país.

  2. cavilius dice:

    Ni idea del libro, richar, aunque Hernando de Soto sí me sonaba del colegio (con los Pizarro, Hernán Cortés, Lope de Aguirre y todos esos).

    Uro, no es que seas malo, es que está en tu naturaleza…

    Saludos

  3. Arauxo dice:

    Y tampoco creo, Uro, que el autor tenga la culpa, hombre…

    Pero es que siempre estamos igual ¿eh? Buscándole no sé cuántos pies al gato. Claro que si no nos dedicáramos a eso ¿para que iba a existir Hislibris?

    ¿Sabes algo más sobre el autor, Richar? ¿Ha escrito algo antes digno de mención? Porque su nombre ni siquiera me suena… Y la novela ¿está escrita en castellano actual o con reminiscencias antiguas? ¿Está en primera persona, lo cuenta Hernando de Soto?

    Un saludo y gracias por una nueva reseña, Richar.

  4. Jenofonte dice:

    Puede ser interesante la novela, aunque la reseña no deja entrever que tratamiento le da el autor al mentado conquistador, que adquirió una sorprendente aureola romántica después de haber dejado su huella en América. Lástima que la huella es una de destrucción y muerte. Son admirables su espíritu de aventura, su tenacidad y perseverancia para continuar, a pesar de todos sus padecimientos en pos de la búsqueda de oro por un camino pavimentado de cadáveres. Como explorador si que tiene méritos de sobra, su expedición debe haber cubierto más de siete mil kilómetros.
    Saludos.

  5. richar dice:

    Arauxo: no conocía nada más sobre el autor, tal es así que me había comido una “i” en su apellido (ya está corregido). Esto es lo que pone en la editorial:

    José Luis Perez Regueira (Plasencia, 1953) es licenciado en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y becado por la Unión Europea en la Escuela de Periodistas Europeos de París. Redactor-fundador del diario El País, en 1976, ha pertenecido desde entonces a la plantilla del periódico.

    La novela está escrita en castellano actual y si no recuerdo mal -el libro lo leí hace unos pocos meses- está en tercera persona.

    Jenofonte: el tratamiento que le da el autor sea quizás demasiado bondadoso, ya que nos muestra un Hernando de Soto muy “centrado” en todo lo que hace, justo, coherente, honorable… atributos que sin duda chocan con los personajes que le rodeaban, más centrados en la riqueza a cualquier coste. Pero oye, quizás fue así. Y desde luego, como explorador sí que tiene mérito.

    Uro: detalle curioso el que mencionas de la portada, aunque seguramente responde a la editorial y no al autor.

    Saludos,
    Richar.

  6. Jenofonte dice:

    Gracias, Richar. Lo que sucede es que en las escuelas se nos enseña la historia desde el punto de vista español, es decir, lo de los beneficios que trajo la civilización europea, la religión, la justicia y el gobierno, con sus signos visibles que ponían los conquistadores en las plazas que fundaban, o sea, la cruz y la picota. Después aprendemos la historia que no nos contaron, la muerte, la esclavitud, la conversión forzada, la explotación, las enfermedades y para qué más. Ahí, al conquistador español le deja de brillar la armadura. Por supuesto que hubo hombres de toda categoría, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, por ejemplo, se distinguió por su excelente trato a los indígenas, aunque por ello pagó un muy alto precio, además. Pero la gran mayoría, sin embargo, mostró un comportamiento que merece y mereció aún en esos difíciles tiempos, el más absoluto repudio.
    En todo caso, será bueno leer acerca de De Soto, y conocer algo más del personaje que será, seguramente, tan humano como cualquiera con cualidades y defectos. Lo que si tenía, estoy seguro, era perseverancia.
    Saludos.

  7. Anthos dice:

    Sobre Hernando de Soto se ha escrito mucho en inglés, sobre todo Charles Hudson, quien cuenta cómo la noche del 21 de mayo de 1542, día en que muere el explorador, su cadáver es arrojado al Mississippi en un envoltorio pesado para hacerlo desaparecer, toda vez que su reputación entre la población indígena era tal que se le tenía por inmortal. En la memoria colectiva lo ha sido.

    Saludos.

  8. Urogallo dice:

    ¿En España se podría contar la historia desde otro punto de vista que desde el de los conquistadores?. Misión de los naturales de las Españas del otro lado del oceano sería contarla desde la otra perspectiva. ¿Cuentan los italianos la conquista de Hispania desde el punto de vista de los celtíberos?.

  9. Paco T dice:

    ¿Me lo parece o seguimos lastrados por el mea culpa de la conquista americana? No hace mucho, recuerdo un debate en TV en el que la polémica se centró en el hecho de que uno de los invitados había empleado el término epopeya para referirse a la conquista del Perú. La mala conciencia de los españoles por los desmanes cometidos en América sigue viva…

  10. Urogallo dice:

    La tendrán otros españoles, yo no tengo ningún remordimiento ( como tampoco lo tendrán los Italianos por Numancia, por otra parte).

  11. Paco T dice:

    Precisamente a eso iba, querido Uro. Nadie debería tener mala conciencia por actos realizados por otras personas en épocas pasadas. Otra cosa es leer sobre ellas, estudiarlas, aprender.

  12. Alejandro dice:

    No solo eso, yo creo que es motivo de orgullo para todos los españoles, lo que no me hace sentir tan bien, es la falta de libros de autores españoles sobre la conquista de américa (existen infinidad de historias sobre las que se pasa de puntillas), mientras nos encandilan con alejandro magno, troya, y demás se olvidad la magnitud de la empresa que… porque no decirlo emprendieron fundamentalmente los castellanos, eso por no hablar de ciertas obras en especial de autores ingleses en las que vienen a decir que no tuvo tanto merito o como, hasta hace no tanto, se defendía que los pueblos nativos eran pacíficos que no conocían la guerra y nosotros unos salvajes que… en fin no e quiero alargar.

  13. Urogallo dice:

    Ejem, yo creo que hay libros de sobra, solo hay que saber buscar.

  14. Arauxo dice:

    Es que los españoles pertenecemos al único pueblo del mundo que siente vergüenza de su propia Historia… remota. Y no sólo por la conquista de América. Ahora, al parecer, también tenemos que hacer un acto de contrición por la conquista de Toledo, la batalla de las Navas de Tolosa, las andanzas del Cid Campeador o la ofensiva castellana de Fernando III el Santo, por no mencionar la expulsión de los judíos en 1492 o la de los moriscos en 1609.

    Pero eso sí: aquí nadie pide perdón, por ejemplo, por la destrucción y expolio de nuestro patrimonio histórico y artístico, la mayor parte del cual ha desaparecido en los últimos doscientos años.

    Un saludo.

  15. Paco T dice:

    Efectivamente, Arauxo. Y lo mejor de todo llega cuando te enteras de cosas como las polémicas por símbolos que se consideran políticamente incorrectos, a despecho de los siglos o la historia que tengan detrás. Verbigracia: las peticiones (hechas en serio) de retirar de la catedral de Santiago la imagen de Santiago Matamoros (lo de la batalla de Clavijo y todo lo demás les daba igual a los peticionarios, supongo) por el mal rollito que provocaba entre el colectivo magrebí, o casi en el mismo caso, la petición (hecha también en serio) de retirar las cabezas de moros de la bandera de Aragón, por el mismo motivo.

    Ya sólo falta retirar las cadenas del escudo de Navarra por conmemorar las Navas de Tolosa, o derruir la catedral de Córdoba para restituir la mezquita al culto musulmán. O ya puestos, vender la Alhambra a algún potentado, como se hizo con multitud de conventos e iglesias que se han transportado a EEUU piedra a piedra, para volver a montarse allí como inmensos puzzles.

    Respecto a pedir perdón, Arauxo, creo que aquí se ha considerado siempre eso como un acto de suprema humillación, por lo que dudo mucho que nunca, nadie, lo haga. Y menos si ese alguien pertenece a la llamada “clase política”, que de clase tiene más bien poca, y de vergüenza, menos. De todas formas, para pedir perdón por esas cuestiones hay que ser responsable y tener amplitud de miras… y, en fin, veo que me voy a poner muy pesado, así que mejor me callo ya.

  16. Ulises dice:

    Realmente no entiendo, ¿está de moda eso del “perdón”?. La rueda de la historia gira, pero no se devuelve. Si es por pedir perdón, tendríamos que remontarnos a ¿Caín y Abel?, o puede ser que a los Hombres de Cromagnon les exijamos pedir perdón por exterminar (es una teoría) ¿a los Hombres de Neanderthal?.
    Me molesta la actitud de algunos españoles que dicen que los americanos debemos “agradecer” a los conquistadores por habernos traído la civilización y la religión. Lo encuentro ridículo, no creo que tengamos que agradecer nada. Pero también es ridículo exigir a los españoles que pidan perdón por hechos ocurridos hace cinco siglos, hechos que son nada más y nada menos que el resultado del devenir histórico de la humanidad. Después de conseguida la independencia de la Corona Española, ¿nos dedicamos a vivir en paz?, no es así, nos hemos dedicado a tratar de conquistarnos, a nuestra vez, los unos a los otros, y si no, a nuestras guerras civiles.
    Todos estamos en el lugar que estamos debido a una conquista, desde que la tribu de Agh le quitó sus tierras de caza a la tribu de Ugh, y así en adelante.
    Entiendo que el pueblo, colectividad, minoría, que sé yo, descendiente de los moros se sientan digamos, incómodos frente a ciertos símbolos e imágenes pero, si de ofensas y perdones se trata, ¿no sería esperable que dicha colectividad pidiera perdón por invadir la península ibérica?.
    ¿Ahora la epopeya no está de moda?, ¿desde cuando la palabra perdió su valor?, ¿tendremos que avergonzarnos de nuestras victorias y nuestras derrotas, de nuestros logros y sacrificios?. El día que lo hagamos dejaremos de ser hombres, y más nos valiera desaparecer de este planeta.
    Saludos.

  17. Almendro dice:

    Ya va siendo hora de recuperar el orgullo, que buena falta nos hace. Llevamos muchos años con la cerviz humillada y a cambio de que? De nada. Mientras tanto, todos aquellos que odian a España se frotan las manos y cada día se envalentonan y se crecen un poquito más. Libros como el que nos ocupa, son una buena medicina.

  18. Epaminondas dice:

    El conocimiento de la historia tal y como ocurrió, con sus aciertos y desaciertos, es la mejor medicina contra el fiebre disgregadora nacionalista que sufre nuestro país. Por desgracia en las escuelas de las regiones nacionalistas no es la historia verdadera la que se enseña, sino un aguachirli filtrado y matizado a través de la óptica nacionalismo.

    Nuestros chiquillos y jóvenes en las regiones nacionalistas (y en otras no tan nacionalistas cada vez más) desconocen cada vez más su país y su historia, les enseñan la historia de su región como si de una patria inmemorial fuera, cuando no el abierto odio a España.

    El cambio de esta situación se me antoja extremadamente difícil mientras los dos partidos nacionales no quieran pactar para atajar el mal de raiz (y creo que es sobre todo uno). Siento ser pesimista pero si la cosa no cambia llegará un día que la mayoría de estas regiones habrán “aprendido” a desapegarse completamente de España (a trevés de una educación falseada y corrupta) y su independencia será un hecho.

    saludos

  19. jerufa dice:

    ¡Cuanta razón lleva ese último párrafo!. Lo grave es que los que nos “mandan” no ven o no quieren ver más allá. Como no les va a coger…
    ¡Imbéciles!

  20. ignacio el argentino dice:

    A mi los españoles al menos no me deben nada, pero si me queien mandar algo bienvenido sea.
    saludos

  21. cavilius dice:

    El conocimiento de la historia tal y como ocurrió“, “no es la historia verdadera la que se enseña“, “cuando no el abierto odio a España“, “educación falseada y corrupta“… Discúlpame, Epaminondas, porque te aseguro que no tengo en absoluto el menor ánimo de polemizar y menos sobre política (estaremos de acuerdo todos en que este no es un blog de política sino de historia). Pero esas expresiones que has empleado, tanto si las cree uno o como si no, como mínimo asustan.

    Por otro lado, no veo por qué la fiebre disgregadora nacionalista, suponiendo que exista tal cosa, ha de verse afectada o alterada por la lectura de libros como Las huellas del conquistador, o El imperio español, de Hugh Thomas, reseñado también en Hislibris. Si (salvando las lógicas distancias) un ateo leyera los versos de San Juan de la Cruz ¿por qué no iban a gustarle? ¿Ateo y encima no sabe apreciar la buena poesía, y precisamente por ser ateo? Pues vaya cruz.

    Sólo he pretendido hacer este par de observaciones. Quienes me conocen algo a través de este portal (creo que) saben que no padezco de ninguna fiebre, ni la que dicen existe en un sentido, ni la que me temo existe también en sentido opuesto. Pero por si cualquiera de esas fiebres fuera contagiosa, he querido hacer este comentario a modo de vacuna. Seguramente sin éxito.

    Saludos.

  22. Epaminondas dice:

    Las opiniones que expreso son eso: “opiniones”. Mientras exista libertad de expresión y democracia no debes “asustarte” de ellas, puedes estar en desacuerdo y si quieres oponerte a ellas. Por otra parte creo que en este foro siempre ha primado la libertad de expresión, incluso en temas muchísimo más polémicos (ayer leía comentarios sobre gente que cuestionaba la existencia de los campos de exterminio nazi y Richar no los censuró en aras a la libertad de expresión del foro; a mí personalmente la defensa de la no existencia de dichos campos me parece aberrante, aún así entiendo la postura de Richar).

    ¿son políticas mis opiniones?, evidentemente muchos aspectos que tienen que ver con el pensamiento son políticos y otros (que deberían ser científicos) lametablemente se politizan. La historia del mundo también es la historia de la política, así que es difícil separar los aspectos políticos de los otros. Yo me he limitado a responder a un comentario de otro forista que también trataba del tema sobre el que me he expresado.

    Respecto a los comentarios que hago sobre la educación en España y la estrategia nacionalista sobre la misma en sus territorios es asunto de dominio público donde no creo estar descubriendo nada nuevo, ¿o acaso no es así?. Yo mismo milité durante mi juventud en uno de esos partidos (cercano ideológicamente a Convergencia i Unió) y conozco de sobra los planteamientos.

    Yo tampoco pretendo polemizar, y si me vas conociendo te darás cuenta que mi pensamiento es lo más opuesto a cualquier tipo de tiranía de derecha o izquierda, esa es la única fiebre que padezco. Mi única pretensión es poder comentar sobre libros (lo cual incluye las ideas que expresan esos libros) en libertad.

    saludos

  23. Arauxo dice:

    Querido Cavilius:

    Uno puede aceptar o rechazar las opiniones de los demás (literarias, culturales, históricas… pero también políticas) con absoluta libertad desde el mayor de los respetos. Todos sabemos que tú lo haces; y sabemos también que el respeto es para ti un valor absoluto del que siempre haces gala con exquisita cortesía. Quede esto claro antes de seguir adelante.

    Pero una cosa son las opiniones y otra los hechos, que no son discutibles. Tanto en las ikastolas del País vasco como en muchos centros docentes de Cataluña, por ejemplo, se enseña una Historia falsa repleta de mitos nacionalistas que, por oposición, son al mismo tiempo mitos antinacionales (y mejor no tratar el asunto de la enseñanza de la lengua común que nos une o debiera unirnos…) Pero además, esa manipulación de la Historia y la invención de pasados gloriosos y gestas “nacionales” que nunca existieron no sólo se propagan en la escuela; también se utilizan (y no sólo en las Comunidades mencionadas) los medios de comunicación desde el poder para adoctrinar y expandir consignas nacionalistas tan falsas como burdas. Y participan incluso los clubes de fútbol en la difusión de esos valores “nacionales” y en la conformación de una identidad “nacional” que se alimenta del desprecio a la identidad nacional común. Eso no es una opinión, Cavi, son hechos. Aunque, por supuesto, estoy dispuesto a escuchar tu interpretación de los mismos.

    Pero, además, Cavi, tus propias palabras reflejan, lamentablemente, esa realidad. Afirmas que no padeces “de ninguna fiebre, ni la que dicen existe en un sentido, ni la que me temo existe también en sentido opuesto“. A la primera, que entiendo como fiebre nacionalista disgregadora, no le atribuyes una existencia real (“suponiendo que exista tal cosa” y “dicen existe”); de la segunda pareces dar testimonio (“me temo existe”). Pues no sé si en Cataluña se percibe la primera, Cavi, pero en resto de España sí se percibe y no sólo como una auténtica amenaza para la convivencia común, sino como manifestación de un absoluto desprecio a lo que somos.

    Reconoces que te asustan las expresiones de Epaminondas. A mí me asustan, Cavi, las declaraciones de muchos políticos, las actitudes violentas de muchos colectivos, la actitud hostil hacia todo lo que suene a español o nacional, la ausencia absoluta de símbolos nacionales (cuando no la agresión indisimulada) en muchos territorios, la agresión verbal y física a los políticos no nacionalistas, la conculcación del derecho a la libertad de expresión, a la libertad de enseñanza, a la libertad de comercio; y, afinando aun más, la discriminación de las comunidades (y de los escritores, de los intelectuales, de los profesores universitarios, de los funcionarios…) castellanoparlantes.

    Y una última consideración, Cavilius. En Francia, por ejemplo, lo que tú llamas fiebre en sentido opuesto, que supongo identificas con la “exaltación del nacionalismo español”, se entendería simplemente como respeto debido a los símbolos nacionales (omnipresentes en el país vecino), manifestación común de patriotismo y expresión normal del sentimiento nacional. ¡¡Y es el país más centralista de Europa!! Pero, si me apuras, esa manera de entender lo que tú llamas “fiebre” nacional es la que existe en casi todos los países del mundo… menos en España. Aquí, al parecer, tenemos que soportar, con mucho y buen talante, que cualquier expresión de sentimiento nacional sea entendida como una “fiebre en sentido contrario”. Pues sí, tengo que reconocer que este país está enfermo, pero no precisamente de esas “fiebres”…

    Un saludo.

  24. Epaminondas dice:

    coincido plenamente con lo dicho por Arauxo.

    saludos

  25. cavilius dice:

    Sí, Arauxo; suscribo tu primer párrafo, y que sepas que todos también pensamos que tú haces gala de los mismos méritos que me atribuyes a mí.

    Pero:

    No, Arauxo; no creo que la Historia que se enseña en Cataluña, que yo he recibido, y que recibirá mi hija que ahora tiene dos años, sea más falsa, esté más repleta de mitos nacionalistas, más manipulada o sea más creadora de pasados gloriosos, que la que pueda impartirse en el resto de España, en Francia o en Grecia. Llámame ingenuo, estás en tu derecho, porque te aseguro que es mi opinión sincera. Por otra parte, me resulta cuando menos chocante que unos expongan hechos y otros expongamos “interpretaciones de los mismos”.

    No, Arauxo; la “identidad catalana” (y me niego a intercalar adjetivos como “nacional”, “nacionalista”, “regional” o similares, adjetivos éstos politizados hasta el absurdo), esa identidad que conozco de primera mano porque convivo día a día con ella, y no porque me la cuenten o porque la vislumbre a través del televisor o los periódicos; esa identidad que respeto tanto como la aragonesa o la gallega o la española (¿qué importan los solapamientos territoriales?), pero con la que no comulgo (me temo que soy un paria sin más sentimiento de raigambre que el que pueda deducirse del lema ubi bene ibi patria); esa identidad no se alimenta de ese desprecio al que te refieres, sino que, como cualquier otra, está por encima de políticos, medios de comunicación o clubes de fútbol sino que arranca de algo mucho más profundo y más sincero y menos banal. El reto para quien no la comparta es darse cuenta de ello.

    No, Arauxo; mis palabras reflejan lo que uno quiere ver reflejado en ellas, que los reflejos dependen de dónde esté uno situado y de por dónde venga la luz. Es posible que exista esa “fiebre nacionalista disgregadora” (así debe de ser, puesto que “en el resto de España así se percibe”), en todo caso queda clara mi postura ante ella y qué importancia le concedo; y respecto a la segunda fiebre, efectivamente Arauxo, me temo que existe, y efectivamente Arauxo, doy testimonio de ella.

    No, Arauxo; no se opone el “susto” que me provocan esas expresiones (y que, en cuanto tales, espero que a ti también te provoquen), a ese otro “susto” causado por declaraciones de políticos enfebrecidos, actitudes violentas, etc. Más bien se complementan. Y tanto susto genera miedo, y el miedo genera más miedo, y tanto miedo genera miedo al miedo. Y así estamos todos, Arauxo, todos, me temo, porque en todas partes cuecen habas.

    No, Arauxo; no identifico la fiebre en sentido opuesto con la “exaltación del nacionalismo español”, que me parece tan loable y digna de respeto como la exaltación del nacionalismo francés o de cualquier otro nacionalismo. Veo admirable que haya quien se emocione ante la bandera española, con la misma admiración que veo al que se emociona ante la senyera o la Union Jack (yo soy incapaz de emocionarme ante esas cosas, lo siento). Así que te aseguro que “cualquier expresión de sentimiento nacional” no es entendida, en mi caso, como ningún tipo de fiebre; el “mucho y buen talante” que sé que tienes no ha de soportar un mal entendimiento de esa expresión por mi parte. A lo que me refería con lo de “fiebre en sentido contrario” es a la que hace que muchos ciudadanos reaccionen negativamente (digámoslo así) al oír la palabra “catalán”; o al oír las palabras “nacional”, “nacionalismo”, etc. pronunciadas por alguien que sea catalán; o que hace que dejen de comprar productos por el simple hecho de proceder de Cataluña; o que le digan a alguien “vete a tu tierra” cuando se enteran de que es catalán… Esta fiebre es tan maligna, tan contagiosa, tan nociva para las relaciones entre los seres humanos como aquella otra “fiebre disgregadora”. O quizá más, quién sabe. Y estoy seguro de que los virus causantes de tanta fiebre no están sólo en Cataluña.

    Hace ocho años estábamos mi mujer y yo de viaje de novios en Praga visitando la Catedral de San Vito, y nos encontramos con dos matrimonios españoles que viajaban juntos; al principio tal encuentro nos alegró. Nos explicaron que eran de Salamanca, creo recordar; cuando les dijimos que éramos de Barcelona contestaron algo así como (no recuerdo las palabras exactas) “ah, pues con vosotros sí que se puede hablar”, a modo de queja respecto al conjunto de catalanes, con los que en general no se puede hablar, y no sólo por una cuestión idiomática. Entre otras pocas cosas, nos contaron que en una comida de grupo, habían visto que un matrimonio de catalanes, cuando hablaban entre ellos lo hacían en catalán para que nadie les entendiera, signo clarísimo de mala educación y desprecio hacia los demás. Esa reacción (“con vosotros sí que se puede hablar”) yo la valoré entonces como algo puntual y no le di más importancia; esa reacción en los últimos tiempos se ha hecho mucho más frecuente; esa reacción la he vivido incluso en Hislibris. Y sigo sin darle importancia, porque la soporto “con mucho y buen talante”, pero va costando.

    Un saludo con todo mi aprecio sincero, Arauxo.

  26. Epaminondas dice:

    Veo Cavilius que citas espantado mis palabras aunque a mí prefieres ignorarme, a pesar de que yo contesté tu e-mail, creo que educadamente. Donde el ser es la palabra, es una dolorosa forma de desprecio -muy poco galante- la que utilizas: el vacío. Demonizas mis palabras, ya sé que son duras, pero antes que quemarlas en la hoguera de tu ira deberías preguntarte si no serán ciertas para muchos, ¿son todos ellos “nacionalistas españoles”?, no, son simplemente españoles.

    Vacío también es el que se hace desgraciadamente en tu tierra a aquel que siente España como patria (auque también ame a Cataluña), al que quiere que sus hijos estudien algo más de dos horas semanales en castellano, al que quiere un rótulo para su establecimiento en esta lengua, etc.

    Vacío se ha creado alrededor de las pobres personas que abandonaron sus tierras para ir a vivir en tierras catalanas, vacío existencial, identidad vacía, ni siquiera pueden ser representados políticamente por entidad alguna que no sea nacionalista (solo germinalmente Ciutadans), lo no-nacionalista no tiene lugar dentro de esta Cataluña, lo español debe dejarse atrás, lastre del que uno se desprende.

    La “identidad catalana” debiera ser perfectamente compatible con la española, debieran poder ser ambas “sinceras y profundas”, y a un tiempo poder habitar en el mismo pecho, ¿porqué no es así?. La mayoría de valencianos o mallorquines –primos hermanos de catalanes- si podemos, a mejor dicho, aún podemos.

    Yo no odio a Cataluña, yo quiero a Cataluña, igual que quiero a otras tierras de España y aún algo más, pues como dije soy valenciano. Me duele inmensamente que cada vez nos alejemos más, y no puedes negar que la educación “antagónica” dispensada tiene poco que ver. Lo cierto es que como valenciano es para preocuparse (o como navarro que es lo mismo en la otra situación), pues si la situación va a más en Cataluña, si Cataluña se marcha de España, el conflicto civil es seguro en Valencia.

    Por lo demás lo habitual, toneladas de victimismo: me miran mal, mi acento, que hable en cristiano, etc… Lo mismo debería pasarnos a mi y a mi mujer cuando viajamos y seguimos utilizando nuestra lengua, pero no nos pasa. ¿No será que no es eso Cavilius?, ¿no será que sentirse víctima favorece el desapego?; por cierto si todos los problemas vienen de vuestros políticos lo tenéis fácil: votad a otros.

    Saludos sin acritud de un vecino valenciano.

  27. Epaminondas dice:

    Como se puede caer en la tentación de calificarme de “nacionalista español”, y yo no me siento representado por esa definición y para no dejarme nada en el tintero quisiera hacer una distinción entre dos palabras que parecen iguales pero no lo son:

    Nacionalista y patriota.

    El nacionalista lo es por exaltación de su país frente a otro u otros sobre los que se considera superior. Por tanto el nacionalista siempre estará enfrentado a algo, la carencia de oposición desnaturaliza el nacionalismo.

    Patriota es quien ama a su país, es por tanto algo natural y consustancial al alma humana. Uno puede ser patriota y respetar y admirar a sus vecinos, no es algo que tenga que ver con los demás sino con uno mismo. Sería lo más parecido al amor propio.

    El patriotismo es necesario y positivo, el nacionalismo en cambio es destructivo y sojuzgador. Cada cual que se defina según sienta. Los ejemplos históricos o actuales son más que evidentes y están en la mente de todos.

    Saludos a todos.

  28. cavilius dice:

    Tienes toda la razón en tu irritación, Epaminondas; y si bien no tengo excusa para mi falta de tacto al no haberte contestado antes, sí al menos tengo justificación: me disponía a hacer la réplica cuando apareció el comentario de Arauxo, y, por alguna misteriosa razón, me vi impelido a referirme directamente a sus palabras; luego diversas circunstancias han hecho que el tiempo haya ido transcurriendo hasta ahora mismo, que sí puedo volver a sentarme con calma ante el ordenador. Por favor, no tomes mi “vacío” anterior como desprecio (despreciar es algo que hago poco y mal). Efectivamente, aquí en internet, y más en Hislibris, el ser es la palabra (hermosa definición, Epaminondas), pero de todos modos, y permíteme la broma filosófica, no pensé que mi vacío de palabras ocasionara una ausencia en tu ser.

    En primer lugar: evidentemente que todos podemos opinar sobre lo que nos plazca; en absoluto he pretendido censurarte, sólo he querido puntualizar que me parecía que estabas tocando un tema (ciertamente inaugurado en otro comentario) que tiene más que ver con la actualidad política que con la historia política. Sea, pues, como tú dices, y en aras de la libertad de expresión, quien quiera, que hable de ello en este portal; a mí no me parece el lugar adecuado y por ello, después de este comentario, no volveré a acercarme al tema. Pero he de decir que el ejemplo de los campos de exterminio nazi no sé si es válido, porque eso sí forma parte, desgraciadamente, de la historia.

    No tengo hoguera ni ira (siento si me expresado como si las tuviera), ni afán por demonizar nada, simplemente me preocupa que esas palabras tuyas sean, precisamente como tú sugieres que debería cuestionarme, ciertas para muchos. Evidentemente, todos estarán en su derecho de creer cierto lo que consideren oportuno, faltaría más, pero la certeza sobre eso en concreto no es tan inocua como sobre, por ejemplo, si Cicerón era un buen tipo.

    En cuanto al vacío hacia el que se siente patriota español, aunque también ame a Cataluña, no sé si te refieres a la imposibilidad de poder expresar ese patriotismo; si es así, te pareceré un poco ciego porque no he visto tal vacío por ningún sitio. En serio, no conozco ningún caso, y por más que me lo pienso, no logro imaginar la situación en la que alguien diga sentirse español y por ello se le haga el vacío o se le discrimine. Puedes creerme o no, obviamente. Ahora bien: la cuestión idiomática es otro cantar. Tan otro cantar como que es un cantar político, no, por así decirlo, popular o de la calle. ¿Que los políticos que nos gobiernan se han excedido en su afán por salvaguardar los valores del idioma catalán? Es muy posible, no te lo niego, pero entonces cúlpese a ellos, no a Cataluña, porque ellos no son Cataluña. Por otra parte, y al margen de que se estén haciendo bien o mal las cosas en ese sentido, de lo que estoy convencido es de que no hay nada más enriquecedor a nivel lingüístico que vivir en una comunidad bilingüe, o trilingüe si me apuras. Perdona que personalice la cuestión: mi hija está creciendo en un ambiente familiar bilingüe, unos le hablamos (porque es nuestro idioma nativo) en castellano y otros le hablan (por la misma razón) en catalán. ¿Podrás creer que ella contesta (a su manera, claro) en un idioma o en otro según con quién hable? (Bueno, he de decir que quizá predomine un poco más en su vocabulario el castellano, porque es que ella quiere mucho a su “papa”). Cuando crezca sabrá hablar dos idiomas por el precio de uno. ¿No es increíble? (Disculpa la nota personal).

    (Sé que no viene a cuento, pero quisiera decir que esta tarde he asistido, en el centro de Barcelona, a una estupenda conferencia pronunciada por alguien venido de Madrid, quien ha hecho gala de un perfecto castellano aderezado con un tenue y elegante acento onubense).

    El otro vacío al que aludes, Epaminondas, el de los inmigrantes, ese no te lo puedo aceptar. Mis padres (de nuevo personalizo, pero creo que en esta ocasión es un ejemplo válido para una infinidad de casos) vinieron aquí desde Extremadura en 1962, y con ellos sus hermanos, sus padres, sus tíos. Mis suegros vinieron desde Teruel. Y también con ellos sus hermanos, padres y tíos. Efectivamente, “pobres personas que abandonaron sus tierras para ir a vivir en tierras catalanas”. Miles y miles de españoles como ellos hicieron lo mismo, desde Andalucía, Extremadura, Murcia (esto era “la pequeña Murcia”, se oye decir aún por aquí). Mi entorno familiar es ése, y la ciudad en la que vivo tiene un altísimo porcentaje de población inmigrante. Y te puedo asegurar que nunca se han sentido vacíos de identidad, ni han tenido que callar su españolidad, ni se han sentido peor representados políticamente de lo que pudieran haberlo estado en Extremadura, Andalucía o Murcia. Ni tampoco se han visto obligados ni necesitados de aprender catalán (mi madre a duras penas lo entiende -tiene delito, después de más de 40 años aquí- y eso nunca, repito, nunca le ha supuesto un obstáculo). La política es (o ha llegado a ser, que del pasado no puedo hablar) algo sucio, tendencioso, retorcido, oscuro, en Cataluña como en cualquier otro sitio. Y si en la política catalana (tú lo sabrás mejor que yo, sin duda, dada tu pasada militancia) se usa el arma de considerar un lastre lo español, no creo que sea una lacra atribuible a su cualidad “catalana” sino a su esencia “política”. Pero insisto en ello, Epaminondas: ese vacío que tú dices que siente la población inmigrante en Cataluña, es justamente eso: vacío. Evidentemente que la identidad catalana debería ser compatible con la española, y yo creo sinceramente que lo es. Que haya sectores políticos (catalanes y españoles) que no lo vean así no debería enturbiarle a nadie la vista. Tú eres valenciano, y dices que sí puedes convivir con ambas identidades, valenciana y española. Obviamente es el ejemplo que se ha de seguir. Aunque al ser tú valenciano no sé qué pensar, porque por la zona de la “franja” catalano-aragonesa circula el dicho de que “valencià i home de bé no pot ser”.(Disculpa la broma).

    No he pretendido tampoco hacer victimismo, te lo aseguro. Pero discernir quién es víctima y quién se hace la víctima no es fácil. En cualquier caso, no ha sido mi intención ni lo uno ni lo otro.

    No discuto (quién soy yo para ello) tus definiciones de “nacionalista” y “patriota”, me parecen tan válidas como cualesquiera otras. Habrá quien quiera definir esas palabras con el diccionario en la mano, o quien a través de ejemplos halle su propia definición… Pero no me parecería correcto (ni creo que tú lo sugieras) definir negativamente de manera arbitraria el término “nacionalista” para así acusar a quien lo use, porque entonces éste preferirá, sin ningún reparo ni remordimiento, usar el término “patriota”, que ha sido definido positivamente.

    Sigo pensando que la causante de todos estos males es la política, no las personas. El monstruo político lo tergiversa, retuerce y manipula todo, y por ello hace tiempo que dejé de interesarme por él. Dices tú, Epaminondas, que si todos los problemas vienen de nuestros políticos lo tenemos fácil votando a otros. Cierto. Pero también “vuestros” políticos son (o así lo deduzco de tus comentarios, o del de jerufa más arriba, o de los de Arauxo aquí o en otras ocasiones) como para tirarlos por un barranco. Así que también lo tenéis fácil: votad a otros. Pero me temo que esto de votar ahora a éstos, luego a los otros, luego de nuevo a éstos, no sirve más que para marear la perdiz, y que la la resolución de las diferencias que puedan existir entre los que convivimos juntos depende única y exclusivamente de la voluntad de las personas de a pie como tú y yo.

    Y como no quiero tener más diferencias contigo que las estrictamente derivadas de cuestiones históricas, y como ya dije antes, no volveré, por voluntad propia, a hablar de estos temas, al menos en Hislibris. No puedo ni quiero tener enfrente al último grande entre los griegos, (véase el hilo de Puertas de Fuego), por quien sólo puedo sentir admiración, sobre todo después de que Hermann Bengtson escribiera solemnemente que “Epaminondas creó una Mesenia libre”.

    Un saludo.

  29. cavilius dice:

    Moderándome están, Epaminondas, debo de haber dicho alguna estupidez.

    En cualquier caso, y mientras aparece mi comentario, te pido disculpas por haberte causado un comprensible enfado.

    Saludos.

  30. Epaminondas dice:

    Quedo a la espera de tus palabras pues.

    En cualquier caso no hay nada que disculpar, company, espero que podamos disfrutar de muchas tertulias interesantes.

    otro saludo….expectante

  31. Ascanio dice:

    Querido Cavilius, eso de tenue y elegante acento onubense que dices en tu moderado comentario, me ha llegado al alma.
    ¿No nos puedes decir quién era mi paisano?

  32. Epaminondas dice:

    Compañero Cavilius, griego de renombre.

    Efectivamente “no pot ser”, sería demasiado ser valenciano, gran general griego, y buena persona: es imposible, este cóctel tiene que petar por algún lado.

    Pero siendo ambos griegos ¿qué otra cosa podemos hacer que matarnos?, es el pasatiempo favorito griego, ¿no?; por eso, no sé si nacionalizarme romano antes de que alguien me pegue un lanzazo cochino en Mantinea, lugar al que me llevan irremediablemente mis pasos y que según me dice la pitonisa de Delfos tiene mucho mal fario.

    Muchas cosas son las que quiero comentarte y algunas rebatirte, si no quieres no me contestes, entiendo perfectamente que el tema te asquee, aunque en mi opinión a veces no hay más remedio que taparse la nariz y seguir adelante.

    Yo hablo los dos idiomas que tú mencionas, los aprendí en casa y en la escuela, para mí no supuso trauma alguno y ambos son para mi patrimonio y orgullo. Que tu hija los aprenda es fabuloso, respetuoso, enriquecedor, ¿quién podría negarlo?. ¿Es ese el problema?, ciertamente no.

    El problema es que se imponga a todos los niveles en que la administración tiene “poder” (educación, trámites, comercio, etc…) uno de ellos marginando absolutamente al otro, penalizando incluso el uso del otro, conculcando completamente el derecho de los ciudadanos a utilizar libremente cualquiera de ellos, todo ello en aras de la construcción de un nuevo estado nacional: Cataluña. Todo ello pasando por encima de aquellos que no están de acuerdo, donde incluyo a los que no se atreven a estarlo. Todo ello pasando por encima del derecho de movilidad que los españoles tenemos dentro de nuestra patria, ya que bien con barreras legales o psicológicas se mantiene el corralito lo más cerrado que se puede.

    No digo esto para herir a nadie, lo juro, lo único que pretendo es mover alguna conciencia antes de que el desastre total sobrevenga.

    Los catalanes de primeras generaciones (los de procedencia emigrante) sois claramente la gran víctima, pues si bien potencialmente deberías ser el contrapeso anti-nacionalista, en la práctica apenas suponéis dificultad ante el rodillo de los políticos nacionalistas –y en Cataluña sabemos que lo son todos, misteriosamente- ¿porqué?, ¿porqué?, ¿porqué?…

    Vivís acomplejados, tenéis tantas ganas de que se os considere “verdaderos catalanes” que no osaréis abrir la boca en contra de las tesis nacionalistas por miedo a oír el horroroso “este es charnego”, y eso lo hacéis aunque por el camino vuestra alma, vuestra identidad quede hecha harapos. Os encontráis tan poco representados por vuestros políticos, los cuales son nacionalistas (y catalanes de pura cepa, oi!) independientemente de su signo político, que consideráis la política como algo despreciable, mezquino, algo que esta ahí pero de lo que es mejor no hablar, es mejor refugiarse en otras cosas, la historia, por ejemplo. La historia está plagada de política sin embargo; la historia en gran medida es también el devenir de los parámetros políticos en otros tiempos.

    Todo esto lo digo porqué conozco bien Cataluña (hasta soy del Barça por larguísima tradición familiar), porque aquí en la vecindad las relaciones familiares y humanas traspasan mil veces la frontera antes inexistente. La distinción entre nacionalista y patriota es por supuesto mía, así lo hago para explicar que existe una diferencia entre el amor a lo tuyo, amor propio, y el amor contra lo ajeno, arma cargada de odio que tantas sociedades ha destruido al correr de nuestra bienamada historia.

    Cavilius, piensa que los políticos harán o desharán independientemente de que te aísles de ellos, los estados son gobernados por políticos siempre, los puedes elegir tú en las democracias o te vienen impuestos en las tiranías, si tú pasas de la política ella no pasará de ti, aunque no encuentres a nadie de tu gusto, no renuncies a tener y expresar tu opinión, la libertad solo se mantiene en democracia, y la libertad (y como griegos bien lo sabemos) es el mayor patrimonio que los hombres podemos tener.

    No he pretendido en ningún momento ofenderte a ti o a nadie, si lo he hecho pido perdón de antemano. Solo es mi humilde opinión la que está aquí escrita.

    Un abrazo y buen fin de semana.

    Ep

  33. cavilius dice:

    Buenas.

    A partir de tu saludo inicial, coincido contigo en los cuatro primeros párrafos; a los cuatro siguientes me opongo más o menor rotundamente, en los dos que les siguen podríamos llegar a un acuerdo, y en los tres últimos volvemos a coincidir. Calcula, calcula, pero ganan las coincidencias.

    Lo de pasar de la política quizá es un poco fuerte; digamos que la observo “de lejos”. Y te aseguro que no me es difícil adoptar esa actitud mental. Sólo hay que encender la tele lo mínimo (alguna peliculilla y punto), no leer a los contemporáneos (especialmente a los que tienen por profesión el periodismo o la política) y lo más importante de todo: buscarse un buen olivo al que encaramarse. Con vistas al mar a ser posible.

    Otro abrazo, che.

  34. Epaminondas dice:

    Con lo de la tele 100% contigo, no hay mayor redil de ovejas que la caja tonta.

    che molt be !, es obvio que hablando se entiende la gente.

    ¿Que tal Fuego persa de Tom Holland?, ¿alguién lo ha leido?

  35. Arauxo dice:

    Pese a que me gustaría comentar muchas de las cosas que se han dicho, voy a abstenerme, por respeto a la decisión personal de Cavilius de no volver a tratar estas cuestiones en Hislibris. Hubiese querido aportar alguna experiencia personal (yo también he vivido en Cataluña y también tengo algunas anécdotas que podrían resultar ilustrativas…), pero tampoco considero que Hislibris sea el lugar idóneo para mantener este debate. Y, en todo caso, no quiero echar más leña al fuego cuando uno de los contertulios prefiere cambiar de tercio (y por razones que, además de comprensibles, me parecen muy razonables). “Cuando uno no quiere, dos no pelean” me decía mi madre a todas horas durante mi infancia…

    Un saludo.

    PS: Lo que no quisiera dejar de hacer, después de la lectura de tus comentarios, Cavi, es presentarte mis disculpas por el tono de alguna de mis afirmaciones. No es tanto agresividad como exceso de vehemencia, lo cual… no es una excusa.

  36. Epaminondas dice:

    En cualquier caso, Arauxo, que Cavilius no quiera comentar nada más sobre el tema -por motivos personales y convincentes- no implica que tú, yo, o cualquiera, no exponga su opinión sobre lo que le parezca oportuno, sobre el tema de la convivencia en Cataluña, el patriotismo en España, o lo que le venga en gana a vuestras mercedes. No debe perderse la maravillosa libertad de expresión -respetuosa- de que hace gala esta página.

    Es mi opinión.

    Saludos

  37. cavilius dice:

    Efectivamente: yo me retiro del debate pero podéis seguir con él si queréis, estaríamos buenos. Aunque seguiré pensando que este no es el lugar adecuado, pero ese es mi problema, evidentemente.

    Sólo quiero decir un apunte final, y es la perplejidad que siento, y que me acompaña desde hace ya bastantes años, ante las reacciones de la gente cuando se habla de política (me refiero a la gente que tiene dos dedos de frente, no a los exaltados irracionales, que con estos poco se puede hablar). Pocos temas (o ninguno) exaltan los ánimos tanto como este. Ni siquiera el fútbol, que ya es decir, porque, creo yo, en el fondo todos sabemos que lo de la pelotita no es más que un juego que ni nos va ni nos viene. Pero la política sí que nos va y nos viene, o al menos lo que se supone que debería ser la política, y supongo que eso justifica la implicación que manifestamos en el tema. Yo prefiero renunciar a esa implicación por las razones que ya he dado, pero respeto y entiendo a quien no lo haga así.

    Arauxo, ni acepto tus disculpas ni necesitas excusarte. Seguramente me he expresado mal en alguna de las cosas que he dicho, y eso quizá te haya hecho pensar en disculparte. Retráctate ahora mismo.

    Y cambiando el tercio: Epa(minondas), tengo en lista el Fuego Persa, espero leerlo antes de que acabe el año. Pero digo yo: ¿aquí no tocaba hablar de huellas y conquistadores?

    Saludos.

  38. Epaminondas dice:

    En efecto amigo mío, pero es que si uno tiene una pregunta tiene que hacerla en algún sitio (porqué el blog se consulta mucho más que el foro por lo que veo), no sé, quizá debiera haber un hilo solo para comentar cosas que no tubieran que ver con ningún hilo en concreto.

    Epa o Ep está bien ya que hay confianza y el nombre es tan largo que solo de escribirlo le duele a uno los dedos.

    saludos apolíticos….. ;-)

  39. Arauxo dice:

    Está bien, está bien. Me retracto, faltaría más. Y perdón por no haberme retractado antes de la retractación. Y me retracto del perdón pero perdonando también a quien se retracte y a los que se estén retractando en este mismo momento en que me está perdonando por no haberme retractado.

  40. vinicio dice:

    no lo se pero lo que hicieron los famosos conquistadores en NUEVO MUNDO fue atros, no tenían derecho a ello, hicieron desaparecer culturas enteras e imponer la suya como de dioses y dueños del mundo se tratara, total se aprovecharon de la ingenuidad y la ignorancia de aquellos pueblos llenos de riquezas culturales y minerales, aporte: la pobreza y la corrupción con la que se manejan las entidades gubernamentales en todos los lugares conquistados.

  41. mimi dice:

    Dejen de quejarse por su historia, por culpas o no culpas pasadas, todas, todas las naciones del mundo tienen lapsos vergonzosos en su pasado (otras aún en su presente), más aún que ustedes los Españoles, simplemente hay que entender que este mundo de humanos imperfectos y avariciosos de todas nacionalidades, comete atrocidades, pero que sin embargo, en todas la nacionalidades hay también humanos buenos y justos, gracias a Dios, por Dios, no peelen por tonterías,

  42. Pintaius dice:

    Leído recientemente, ha resultado una lectura muy placentera, con una fluidez y calidad narrativa francamente buena. Me ha parecido muy interesante que la narración no fuera completamente lineal, empezando la novela por la mítica muerte de Hernando de Soto, para posteriormente, en una segunda parte, narrarnos su vida a partir de su salida desde Sevilla con la expedición de Pedrarias Dávila. Quizás me ha parecido un poco más forzada la tercera parte de la novela (la más breve), en la que se vuelve a la infancia y adolescencia de De Soto para explicarnos el motivo de su marcha a las Américas, posiblemente porque su relación con el judío converso recuerda excesivamente a otras muchas novelas con la figura del mentor y el joven aprendiz que recibe una herencia de conocimiento y saber. En todo caso, dado que en toda la novela se percibe un profundo trabajo de documentación y de empleo de la fuentes históricas de la época, no quiero dudar de que incluso esa parte más novelesca tenga una, al menos, inspiración real, pues quizás sea así.
    En cualquier caso, se trata de una estupenda y recomendable novela que ayuda a rescatar del olvido no sólo la figura de De Soto, sino la de una pléyade de hombres de toda condición, que a pesar de sus numerosos defectos, y aunque autores de demasiados actos brutales que no son para enorgullecerse, no puede olvidarse que deben ser contextualizados en la mentalidad del siglo XVI, pero que así mismo también fueron responsables de auténticas epopeyas que aún hoy en día siguen motivando el asombro por su audacia y magnitud.

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