LAS GUERRAS PÚNICAS – Adrian Goldsworthy

LAS GUERRAS PÚNICAS. Adrian GoldsworthyAdrian Goldsworthy -Historiador británico, autor de este ensayo, uno de sus primeros libros- nació en 1969, doctorándose en 1994, por lo que aún no se le puede considerar un “cuarentón” y ya está considerado como un gran estudioso de la historia militar antigua, reconocido así por los críticos y por el público (frecuentemente, aparece como experto en documentales de Canal Historia relacionados con su especialidad. Wikipedia®).
Sus biografías y ensayos sobre César en Caesar: Life of a Colossus, o estudios como su The Complete Roman Army, o The Roman Army at War y sus Grandes generales del ejército romano. Campañas, estrategias y tácticas, han obtenido grandes elogios. Un escritor que promete pues tiene muchos años por delante para deleitarnos con nuevos ensayos sobre grandes batallas y personajes militares, que son las historias que nos gusta leer a los hislibreños.

Compré este libro sin gran entusiasmo, lo tenía en mi pila de amontonados para el futuro, pensando que resultaría una obra densa y pesada. Tras leer dos novelas de un autor español basadas sobre el mismo tema, sentí la necesidad imperiosa de conocer los hechos de mano de un erudito en la materia y poder contar con una base más fidedigna de las Guerras Púnicas, no quedarme sólo con las novelas mencionadas.

Cuál fue mi sorpresa al encontrarme ante un relato ameno y de lo más didactico. No se limita a narrar las batallas con precisión, sino que describe con minuciosidad el arte de la guerra, el sistema militar cartaginés, la formación de los ejércitos romanos, etc.

Basándose siempre en los textos antiguos de Polibio y Livio, contrasta situaciones con hipótesis pausibles, dentro del marco de lo razonablemente lógico. No dando demasiado crédito a lo que pudieran ser propaganda romana en beneficio o detrimento de Roma o Cartago y sus generales.

De la misma manera describe las formaciones del ejército púnico de Aníbal, más convencionales y la composición de las legiones romanas, desde los triarii o los velites, a los manípulos de hastati y principes. Acabando el libro con una cronología de personajes de la época, unos apéndices sobre el sistema político republicano y el ejército consular.

Para mí ha resultado ser un libro muy completo, ya que no se limita a la narración de las tres guerras, sino que además nos sitúa en esa época histórica con un estudio analítico de lo que ocurrió en el Mediterráneo, desde la muerte de Alejandro Magno hasta la destrucción de Cartago, un siglo de duración en el que acaecieron la división de las conquistas de Macedonia, la caída de los púnicos y el comienzo del imperio romano.

La edición de Ariel nos obsequia con 16 mapas y esquemas de las batallas más trascendentales, que aunque no son muchas, vienen muy bien para una mejor comprensión del texto. Con 447 páginas de rigor histórico, escrito con cautela.

Lo dicho, un libro muy interesante, agradable e instructivo. Os lo aconsejo.

Un abrazo.

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72 Respuestas a “LAS GUERRAS PÚNICAS – Adrian Goldsworthy”

  1. César Dice:

    Y yo que pensaba que me había extendido demasiado…

    Salivo de emoción con las ganas de comenzar a escribir algunos comentarios a los comentarios, parte por parte. Aprecio enormemente vuestros conocimientos y vuestras opiniones (por eso me interesa este foro) pero una respuesta adecuada exigirá revisar algunos datos en casa…donde ahora no estoy (navidades dixit). ¡Esperadme, romanos, que ya llego!

    En cualquier caso, perdonad mi brusquedad, si se ha notado mucho.

  2. Akawi Dice:

    Nada hombre, no te preocupes. Estamos en Navidad y por otro lado sólo es cuestión de puntos de vista, que cada cual tiene el suyo.
    Saludos.

  3. Ann-Tharez Dice:

    comentario sobre un comentario:leer a Gisbert Haefs como fuente primaria de historia es una error, pero no tan grueso, recuerden aque Schliemman creyo encontrar Troya solo leyendo a Homero, tuve la oportunidad de leer varios libros de este autor y corroborrar su informacion, la que se puede debatir, pero creo en lineas generales es correcta, pero ahy que leer teniendo en cuenta que es una novela historica o sea la historia, poblada de letras que sobran, y no es lo mismo que un articulo redactado por un historiador para ser ledio como fuente de informacion, se me entiende?
    sobre la obra en cuestion, me encantaria leerla pero aun no la he encontrado en las librerias de mi ciudad.
    un abrazo y felices fiestas!

  4. Urogallo Dice:

    Me ha gustado lo de revisar datos, eso siempre genera debates más interesantes.

    Yo mismo estoy interesado en el tema de las pre-jubilaciones por baja en el ejército romano, pero esa es cuestión para el hilo de armas de Grecia y Roma.

  5. Akawi Dice:

    ¡Mira tú, qué casualidad!

    Yo también estoy muy interesada en las prejubilaciones por bajas.
    Urugallo si te enteras de algo no dudes en decírmelo. jejeje,…
    Un abrazo.

  6. César Dice:

    Hola, Akawi

    Quisiera comenzar por tu argumentario pues me parece que das una clave sobre la raíz de mis opiniones: es cierto, no es el libro ni el autor, es que sigo buscando otras explicaciones para esa época, que tanto ha delimitado la nuestra. También coincido en que si los romanos no se hubieran apropiado del mundo, otros imperios lo habrían hecho. Cuando la URSS cayó, por ejemplo, Sadam pensó que era su oportunidad. Temo que mi desazón pasa por la lógica de los estados: siempre hay alguno que quiere dominar a los otros. Mi pregunta es: ¿siempre fue así? Según la historia oficial de los vencedores, sí. ¿Y las otras versiones?

    Aquí pasó a Koenig: cuando dices, amigo, que las fuentes son las que son, me encuentro ante una evidencia puramente empírica, pero precisamente por eso me interesa la historia: ¿es que los pueblos derrotados no tenían historiadores? ¿O es que la practicidad romana consistía también en despreciar la versión de los vencidos? Y es esa versión la que me interesa para completar una visión global, y no parcial, de los acontecimientos. Es cierto que los romanos incorporaron las espadas cortas de los hispanos y los conocimientos arquitectónicos de los griegos… pero después de esclavizarlos. Por eso me cuesta mencionar con mayúsculas el progreso de entonces hasta el de nuestros días. Resulta interesante una noticia que apareció hace pocos días en El País: un oftalmólogo mexicano encontró, dentro de una imagen casi de tamaño natural de un santo católico, un pergamino mexicatl con datos de la conquista española. Los Mexicatl sabían que su historia desaparecería, y no encontraron mejor modo de trasmitirla a las generaciones futuras que usando como correo las imágenes que sabían que perdurarían (una pequeña marginalia: los mexicatl hacían lo mismo con los pueblos conquistados: borraban su historia. A lo mejor, por eso merecieron ese destino). Por ello no descarto incorporar a mis análisis la versión novelada de Gore Vidal (“Creación”).

    No quiero que me cuenten la historia, su historia, para simplemente repetirla: quiero que me den elementos para reflexionarla, para sacar mis propias conclusiones.

    Aquí paso al segundo punto: la equidistancia. Es cierto, amigo Koenig, que el distanciamiento no garantiza la imparcialidad. Podemos haber nacido muy lejos del Tiber… Junto con la ideología y las escuelas en las que uno se nutre, está la forma como nos posicionamos en el mundo. Temo que siempre estaré del lado de Vercingetorix, Caractato, Viriato… todos los que lucharon por la independencia de su territorio. ¡Incluso Asterix!. Koenig menciona que nadie lucha para lucrar al vecino –en contraposición a mi comentario de que las águilas romanas luchaban para lucrar a su nobleza, principalmente-. Pero entre el vecino y la nobleza hay un segmento que se llama el pueblo, o los ciudadanos, de cada región. La conquista romana orientaba toda la producción y todo el comercio de las zonas conquistadas hacia el pago de tributos a las arcas imperiales. Y el que no pagaba, al mercado de esclavos. Y todas las transacciones importantes se hacían con moneda romana, claro. Y todos los documentos oficiales dirigidos al gobernador romano no se hacían con traductores. No era necesario sacar un edicto imponiendo la moneda o la nueva religión. Pero cualquier forma cultural o económica debía estar abocada a cimentar la nueva situación. ¡Alea jacta est!

    Sobre Keenu Baal, o Aníbal, coincido con Koenig (J) sobre que finalmente erró por el sur romano. Resulta curioso que la gerusía cartaginesa jamás confió en Aníbal: este salió hacia Hispania cuando tenía nueve años y nunca fue considerado de los suyos. La clase gobernante púnica eligió entre Aníbal y los romanos, y ya sabemos lo que pasó en el año 146 a.c.

    Un último apunte: la fuente sobre la batalla de Zamma –las cinco interrupciones- es de Haefs. No había leído antes que podía ser una práctica habitual detener las batallas en cualquier momento. Tácticamente, lo considero peligrosísimo. Pero si hay teorías que lo sostienen…

  7. Akawi Dice:

    César dijo:
    Mi pregunta es: ¿siempre fue así? Según la historia oficial de los vencedores, sí. ¿Y las otras versiones?

    No soy ninguna experta ni historia, ni en el tema concreto que preguntas, pero desde mi punto de vista, si nos fijamos en los perdedores de guerras mucho más modernas, han tardado años en aportar sus opiniones.
    Por ejemplo en la II GM o en la GCE, hemos tenido que aguardar bastante tiempo para que se publicaran o se filmaran películas vistas desde el otro ángulo.
    Me imagino que cuando un imperio como Cartago queda totalmente destruido y su ciudad arrasada, lo inmediato si queda alguien vivo, sería sobrevivir. Además no creo que a nadie le satisfaga hablar de sus propios fracasos.
    Por otro lado pienso que para tener una opinión más exacta habría que leer a los clásicos, teniendo siempre en cuenta la cantidad de textos que se han perdido.
    Un ejemplo de lo que tú preguntas podría ser El Paso de las Termópilas, que ha llegado a nuestros días gracias a esos 300 espartanos que frenaron la embestida y fueron los derrotados.
    De todas formas, me da la sensación que tu miras un poco la historia desde la perspectiva del siglo XXI.
    Siento no poder ayudarte en tus dudas.
    Un saludo.

  8. Koenig Dice:

    Buenos días.

    Siguiendo con el debate, a ver si puedo aportar mi granito de arena.

    Con respecto a las fuentes.

    Creo que estamos totalmente de acuerdo en valorar lo interesante que sería que hubiera una descripción de las guerras púnicas escritas por alguno de los contemporáneos de Aníbal (citando este como ejemplo de otros muchos casos similares). Desde luego aportaría una alternativa a las fuentes romanas que son, que yo sepa, las únicas que han perdurado.

    Supongo que la ausencia de fuentes de uno de los contendientes, en el caso de las guerras púnicas y en muchos otros, depende de toda una serie de factores.

    Si nos fijamos en como y quienes transmitían la historia, muchos pueblos de la época romana lo hacían de forma oral, bien a cargo de cualquiera, bien a cargo de grupos sociales, o profesiones, concretas. La desaparición de estos grupos que supuso la romanización implicó, en gran medida, la desaparición de esas historias orales tal y como eran conocidas entonces, y su transformación para acercarlas a la nueva cultura dominante.

    La alternativa a la transmisión oral es la escritura, mucho mas difundida en la costa mediterránea. Así los griegos, los romanos y seguramente los cartagineses (no estoy al corriente de cuanto nos ha llegado de ellos, aunque creo que no gran cosa). En este caso también hubo personas mas o menos especializadas en escribir la historia: historiadores como Herodoto, Tucídides, Tito Livio o Apiano de Alejandría. Supongo que entonces (igual que ahora si queremos ser irónicos) los historiadores escribían para un patrón (o para una sociedad): alguien que los protegía, que los mantenía y que leía y difundía sus obras. Esto hace que lo mas lógico es que se escribieran aquellas cosas que interesaban al patrón (o a la dicha sociedad), y no otras.
    Adonde nos lleva esto. Pues supongo que en Roma, en el Siglo I aC. Una historia que cantara las bondades de Cartago y la malicia del senado queriendo provocar a los pobres cartagineses a una guerra debía ser un pasaporte directo a la calle.

    Tal vez los cartagineses escribieran algo sobre el tema (me atrevería a decir que seguro, incluso), pero como bien dice Akawi, aquellos textos debieron perderse cuando cayó la ciudad y su civilización fue destruida, y si alguno sobrevivió nadie debió concederle importancia suficiente como para guardarlos. Aunque quien sabe, tal vez algún día algún arqueólogo con suerte encuentre algo.

    Por ahora tendremos que conformarnos con la perspectiva de los hechos que ofrecieron unos romanos interesados en quedar bien con quien les pagaba.

    Con respecto a las novelas que citas, amigo César, he leído tanto “Creación” como “Aníbal”. Son magníficas novelas. Pero, al igual que cualquier otra novela, no creo que puedan usarse como fuente. En dos sentidos.
    En primer lugar porque lo que saben los autores de las novelas sobre la época es lo que escribieron esos romanos interesados de los que hablaba antes. Sumado a lo que han corroborado los restos arqueológicos. Y todo lo demás son deducciones no necesariamente correctas.
    En segundo lugar, y lo mas importante, porque un novelista tiene todo el derecho del mundo a enamorarse de su personaje, a otorgarle una serie de virtudes y a adornarle una serie de acciones para convertirlo en un modelo positivo de persona. A fin de cuentas, es el novelista. Porque, vaya usted a saber, igual el tal Aníbal era un canalla de primer orden y fue una suerte que los romanos lo derrotaran.

  9. Koenig Dice:

    Con respecto a Vercingetorix, Caractato o Viriato como luchadores en la defensa de su territorio, su fracaso y la posterior romanización.

    La verdad es que es una planteamiento que se me hace, dicho sin malicia y sin pretender ser ofensivo en absoluto, un tanto romántico.

    Creo que en los líderes que surgieron entre los pueblos celtas para oponerse a la invasión romana encontramos una serie de características comunes:

    Todos llegaron a algún acuerdo con los romanos: Vercingetórix había sido uno de los “contubernales” de César, y se separa de él y pasa a ser antirromano tras la derrota en Bretaña. Caractato era hijo del rey de los Catuvelaunos, una de las tribus mas expansionistas de la isla antes de la conquista romana, tras resistir durante años sobrevivió y tras ser capturado por los romanos fue liberado. Y Viriato parece que acabo por ser nombrado “amigo del pueblo romano”, en el 140 a.C. Lo cual lo deja, por cierto, a un nivel similar al de Astérix (si me puedo permitir la broma), que luchaba por su aldea, pero jamás se planteó liberar toda la Galia.

    Ninguno de ellos estuvo dispuesto a dejarse la vida en la resistencia antirromana.

    Tampoco fueron gente de baja extracción. Todos pertenecían a las elites locales. Eran precisamente el tipo de gente que, de haber sido romanos, hubieran mandado al pueblo a luchar para enriquecerse.

    Ninguno luchó por defender su territorio, sino sus privilegios. Ni su cultura, sino su posición preeminente dentro de ella.

    Es mas, pasada la fase inicial de resistencia, fueron las propias elites locales las que ayudaron al proceso de romanización cultural. Roma, ni siquiera Italia si añadimos las ciudades con el estatus “latino”, eran capaces de aportar todos los cuadros para gobernar las provincias que componían el imperio en torno al final de la república. Junto a un gobernador romano, y una guardia romana, el resto de la provincia la siguieron gobernando los mismo jefes locales, aunque ahora integrados dentro del mundo romano. La burocracia, las cecas, el comercio, los mercados de esclavos, la producción artesanal, los pesos y medidas: todo eso era ejecutado por los propios conquistados mucho mas que por Roma. Roma se limitaba a cobrar impuestos, a dar órdenes desde lo alto de la pirámide y a mantener la amenaza de la fuerza en caso de disensión organizada. Pero en Lugdunum, por ejemplo, el burócrata que hablaba en latín, el que controlaba las balanzas, el que cobraba las tasas a los mercaderes por seguir el río o el que vendía esclavos en el mercado: eran de origen galo. Aunque romanizaran sus nombres.
    La historia nos ha enseñado muchas veces que a largo plazo ningún pueblo puede imponerse sin que el otro se someta.

  10. Koenig Dice:

    Y con respecto a los parones en las batallas. Me parece una teoría que, si aún debe ser corroborada, no deja de ser una explicación para algunas verdades históricas.

    Hablaba antes del cansancio. Supongo que simplemente la lucha en la primera línea iba decayendo con el avance del tiempo, hasta que los contendientes se separaban de forma mas o menos natural y tácita. Es posible que en esto encontremos la verdadera razón de la derrota de ejércitos que según narran algunas crónicas, llevaban muchas horas levantados antes de entrar en combate, o que no habían desayunado. El estado de cansancio general era mayor, el tiempo de resistencia de la primera línea, mas corto. Todo ello daba primacía al enemigo, pues era capaz de presionar alargando el tiempo de combate antes de que el cansancio obligara al guerrero a detenerse.

    Otra de las cuestiones que explicaría era el relevo en las líneas de las legiones romanas. ¿Cómo hacían los hastati para retirarse y ceder la línea a los principes? Seguramente no darse la vuelta en mitad de la pelea y colarse entre las líneas de los que esperaban detrás. Mucho menos en masa. El resultado hubiera sido un inmenso desorden. Ahora bien, si se aprovechaba una de estas pausas para hacer el relevo, la cosa cambia.

    Y por añadir una puntilla mas al asunto y callarme ya por hoy. También podría ser un importante aliciente para la moral, sobre todo la de los guerreros en primera fila, saber que no les esperan seis horas de combate a muerte en el que la única manera de conseguir unos minutos de respiro es que te abran en canal. Sino que saben que tienen que luchar un tiempo, y que luego serán relevados por sus compañeros de la segunda fila.

    Terminar insistiendo en que esto son opiniones, seguramente con errores, y muy resumiditas, que diría Urogallo.

    Saludos.

  11. César Dice:

    Sobre Vercingétorix: Celtillos, rey del pueblo de los arvernos, intentó retomar la cabeza del “partido antirromano” en la Galia, pero fue capturado y ejecutado por el procónsul romano. Su hijo Vercingétorix probablemente entró en este momento en los cantones militares (conturbenales) de César, quien le enseñó los métodos de guerra que emplean los romanos a cambio de su cooperación, sus conocimientos del país y de las prácticas de la Galia cabelluda. Los documentos históricos que testimonian su vida son escasos y están sujetos a una amplia crítica, ya que todos ellos son escritos de romanos que lucharon en la invasión. Vercingétorix es conocido sobre todo por los comentarios que Julio César hace de él.

    El nombre celta Vercingétorix está compuesto por el radical “ver” (el /lo más), el nombre de persona Cingetos, y el radical “rix” (rey), significado Cingetos Rey Supremo.

    De Bello Gallico fue escrito alrededor del 50 a.c., bajo la forma de memorias, con un cuidado aparente de objetividad, pero finalmente revelan su intención de apología personal.

    Entre las victorias de César se cuentan la toma de la ciudad de Avarico seguida del exterminio de 40 000 de sus habitantes (las mujeres jóvenes y los niños fueron enviados como esclavos a Roma).
    Julio César llevó a Roma a Vercingétorix como trofeo de su larga campaña militar en la Galia, donde estuvo cinco años en la Cárcel Mamertina hasta que le hizo desfilar en su cortejo de triunfador. Murió estrangulado poco después de la victoria de César en el año 46 a.c.

    Y sobre Viriato: Sólo después de derrotar a Serviliano, en el 140, Viriato firma un tratado de paz por el que recibe el titulo de Amicus Populi Romani. Pero un año después el Senado rompe el tratado de paz y Viriato es asesinado por Audax, Ditalco y Minuro, por orden de Q. Servilio Escipion, seis años antes de la caída de Numancia.

    ¿Dentro de cincuenta o cien años, quién crees tú que contará la historia de los palestinos en la franja de Gaza?

  12. romano Dice:

    me he leído este libro y me encantó. ahora las guerras punicas son mi periodo favortito

  13. Germánico Dice:

    ¿Como consecuencia del libro? vaya, si es así, desde luego que ha cumplido su función.

    Saludos.

  14. plaucio Dice:

    Hace tiempo que quiero comprarme el libro de el ejercito romano de goldsworthy, pero aca en Argentina aun es como comprar una joya x su valor… estoy esperando que baje un poco su precio. En estos momentos estoy terminando de leer claudio el dios y su esposa messalina. Me parecio increible, no estaba muy familiarizado con la epoca de claudio y la verdad me ha sorprendido para bien, de ahora en mas leere mas sobre estos años. Sobre la segunda guerra punica, recientemente he terminado Anibal, el orgullo de cartago de David Anthony Durham, aunque entretenido lo he encontrado un poco fabuloso.En cuanto al ensayo de las guerras punicas, no es posible encontrarlo aqui, tendre que adquirirlo en algun proximo viaje x el viejo continente, saludos a todos

  15. Akawi Dice:

    Saludos también a tí, plaucio y bienvenido a Hislibris. No sé si será tu primer mensaje pero yo acabo de encontrarte.

    Insiste en buscarlo pues antes o después seguro que lo encuentras y desde mi punto de vista merece a pena tenerlo. Es un ensayo puro y duro, aun así a mí me gustó y Adrian Goldsworthy, te lo deja todo bien claro.
    Ánimo, un abrazo.

  16. LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO - Adrian Goldsworthy » Historia de Roma » Historias especializadas » Libros de Historia, libros con Historia - Hislibris Dice:

    […] Goldsworthy, de quien ya conocemos libros anteriores como Las guerras púnicas (Ariel, 2002), El ejército romano (Akal, 2005), Grandes generales del ejército romano. Campañas, […]

  17. Davout Dice:

    – Gracias por la reseña Akawi. A mi me gustó mucho el libro, me dio una visión muy buena, sobre todo de la primera guerra que no tenía yo muy vista. Además cuando lo leí me descubrió un gran invento: el “corvus” que estoy intentando patentar para la lucha de nuestras fragatas contra los piratas somalíes del Indico…

  18. Akawi Dice:

    Davout un placer. Me alegro de que te gustara el libro.

    Tengo todavía pendiente “César” porque es un enorme tocho. A ver si lo leo este invierno.

  19. Germánico Dice:

    ¿Será César un libro para el languido invierno, donde las pasiones de la juventud se serenan?.

  20. Akawi Dice:

    ¡Puede ser!
    Los calores son muy malos para captar el sentido, la poesia o la dignitas romana. ¿No crees?

    En verano voy alocada, en invierno soy más placentera. jejeje… ¡Bribón!.

  21. Anónimo Dice:

    […] […]

  22. TIGLATH Dice:

    Han pasado tres años de que Akawi publicó esta reseña, aparte de este ensayo ¿hay algún otro interesante para aprender sobre el tema? Estoy interesado en ello. Gracias.

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