LA VIOLACIÓN DE NANKING: EL HOLOCAUSTO OLVIDADO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL – Iris Chang

9788494531170Diciembre de 1937, las tropas del Ejército Imperial del Japón, en su cruenta guerra con China, toman la que entonces era su capital, Nanking. Comienza a partir de ese momento la mayor pesadilla que nunca pudieron imaginar los habitantes de aquella ciudad. Más de 300.000 asesinados, según los datos que ofrece el Memorial de Nanking, supusieron las atrocidades perpetradas por 50.000 soldados nipones. Es una de las mayores masacres cometidas antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial y, seguramente, una de las menos conocidas. Hay muchos motivos que explican que esta matanza no haya sido tan popular como las producidas posteriormente con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, pero desde luego fue un aviso muy serio de lo que se podía esperar de un imperio japonés dominando el continente asiático.

La autora de este conmovedor relato es la tristemente fallecida periodista Iris Chang ( 1968-2004), escritora que abordó con valentía y fuerza de voluntad un tema que sigue siendo hasta nuestros días fuente de polémica en Japón y China, aunque por motivos bien diferentes entre un país y otro.  

El libro está publicado por la editorial Capitán Swings, consta de apenas 400 páginas y es un relato, una reflexión y una denuncia sobre un tema que no está cerrado, ni mucho menos. Chang recibe esta información gracias a sus padres, los cuales vivieron una gran parte de su vida en la China continental. A partir de este momento decide investigar qué pasó en Nanking 1937 y, sobre todo, por qué se habla tan poco de una masacre de esas características tan brutales. En su lucha por esclarecer esta incomoda verdad decide apostar por el testimonio de víctimas y verdugos, ligando el relato de los hechos con los testimonios de los protagonistas. El trabajo de Chang es a su vez un alegato por la recuperación de la Memoria Histórica; no solo decide aventurarse en una descripción aséptica de la masacre, sino que osa ir más allá trasladando la polémica matanza hasta el momento presente. ¿Qué significó, y significa hoy en día esta matanza en China y Japón?

Chang demuestra que las versiones en ambas naciones están en las antípodas. Mientras para China es un genocidio sin parangón, para muchos japoneses no deja de ser una consecuencia terrible de la guerra donde las cifras de muertos siempre se ofrecen a la baja. En Japón, a diferencia de Alemania, no ha existido tan claramente un sentimiento de culpa colectiva por sus acciones durante la Segunda Guerra Mundial, el ocultismo y la deformación de la realidad histórica es un hecho palpable hoy en día. Numerosos han sido a lo largo de los años, y no tan alejados precisamente, los ministros y demás altos cargos que han tenido que dimitir por negar la matanza, o al menos justificarla, de ahí que el tema en el país nipón sea controvertido. Un ejemplo: el alcalde de Nagasaki, Sr Motoshima Hitoshi, responde en un pleno municipal a una pregunta formulada por el partido comunista japonés sobre la posible culpabilidad del emperador Hiroito en el desencadenante de la guerra (estamos en diciembre de 1987); su respuesta fue su sentencia de muerte: para el Sr. Hitoshi, soldado nipón en la guerra, el emperador fue el responsable de la guerra. Después de furibundos ataques desde todas las capas de la sociedad, Motoshima Hitoshi acaba siendo asesinado el 18 de enero de 1990 de un tiro en la espalda realizado por un fanático ultranacionalista.

La verdad se silencia en Japón desde los mismos libros escolares, así de rotundo lo afirma la autora del libro, Iris Chang. En este libro de muerte y denigración también hay un sitio para los héroes, personas de carne y hueso que arriesgaron su vida en defensa de los habitantes de Nanking: nombres como el del alemán John Rabe, hombre de negocios que entonces trabajaba para la empresa Siemens y, curiosamente, miembro del partido nazi; Robert Wilson, cirujano; Wilhemina Vautrin, directora de estudios al Ginling Women’s Arts and Sciencie College de Nanking; John Magee, presidente de la sección de la Cruz Roja y al que se le debe la valentía de haber filmado las masacres; George Fitch, director de la l’YMCA; Lewis Smythe, sociólogo; Miner Searles Bates, historiador; James McCallum, misionero en China. Un sentido homenaje hacia todos ellos: la autora no ceja en insistir, sin ellos el mundo sería peor, Nanking y sus habitantes les reconocen su dignidad y no los olvida.

En definitiva, un libro de historia, pero también un libro para reflexionar sobre la naturaleza humana y, además, un alegato frente a la deformación de la realidad histórica y sus consecuencias en las próximas generaciones.

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17 Respuestas a “LA VIOLACIÓN DE NANKING: EL HOLOCAUSTO OLVIDADO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL – Iris Chang”

  1. Farsalia Dice:

    Espléndido y al mismo tiempo desgarrador libro. Muy recomendable. Bien por la reseña, David.

  2. APV Dice:

    Un detalle Motoshima Hitoshi sobrevivió al atentado y sino me equivoco vivió hasta hace un par de años si no me equivoco.

    Para Japón le ha sido siempre difícil asumir su culpa, aunque no es el único: Alemania la asumió porque le dieron en la cara con ella, Austria alega que fue el primer país invadido (eso de que convencieron al mundo de que AH era alemán y Mozart austríaco), Rusia porque fue invadida en 1941 y fue quien acabó con los alemanes (claro que el reparto en 1939 y sus invasiones quedan un poco oscurecidas), Italia porque si bien luchó con el Eje lo hizo muy mal y con mucha torpeza,…
    Incluso China tiende a mitigar los horrores de su guerra civil en la guerra contra Japón.

  3. Miki Dice:

    En efecto, Hitoshi sobrevivió al atentado y ha fallecido en 2014 (de hecho, con posterioridad, hizo otras declaraciones polémicas sobre las bombas atómicas), lo que no quita fuerza al argumento.

  4. David L Dice:

    Sí, es cierto, sobrevivió al atentado, como así indica la autora, disculpad el gazapo. Ahora bien, ya que habéis mencionado el caso del alcalde de Nagasaki, ex soldado del ejército nipón, no podemos mostrar mejor ejemplo de la intolerancia y de la ausencia de compromiso con la verdadera actuación de Japón durante la Segunda Guerra Mundial, el atentado perpetrado contra el Sr Hitoshi por ultranacionalistas fue “sólo” el final de un acoso al que fue sometido desde sus propios compañeros de partido hasta la incitación a su asesinato por organizaciones de derecha. En Japón parece que no está tan claro aquello de asumir su culpabilidad en las masacres cometidas durante la guerra. El actual primer ministro japonés, Shinzo Abe, ya ha anunciado que no pedirá perdón en su próxima visita a Pearl Harbor, viaje que realizará el 26-27 de diciembre de este mismo año 2016 junto al presidente estadounidense Barack Obama. Podemos entender que tras más de 70 años del final de la contienda el mensaje a trasladar sea el de la reconciliación y el homenaje a todas las víctimas, pero en el caso japonés, muy al contrario de lo sucedido con los alemanes, la asunción de culpabilidad se ha puesto en entredicho desde el primer día de la posguerra. A este omisión de la memoria histórica dedica Iris Chang una gran parte de este trabajo, es más, seguramente fue este el principal objetivo que alentó a la autora a la hora de comenzar el estudio e investigación de lo que sucedió en 1937 en Nanking. Parece que estas heridas siguen todavía sin estar cerradas, la polémica está servida.

    Un saludo.

  5. Farsalia Dice:

    A Iris Chang, que no llegó a verla, le habría complacido el estreno de una película como ‘Ciudad de vida y muerte’ (Lu Chuan, 2009), un filme que recogió los acontecimientos de la Violación de Nanking. De hecho, en su libro reivindica que el cine haga por recordar esa masacre lo que ha hecho por otros episodios de la Segunda Guerra Mundial 8y otros conflictos).

  6. Arturus Dice:

    Buena reseña, David. Como dice el título, un tema complejo y poco conocido.

  7. Publio Dice:

    Interesante reseña de un sugestivo tema.

  8. APV Dice:

    El problema es que por un lado Japón no ha asumido totalmente su papel y por otro el problema con las disculpas. Este último es una mezcla de problema cultural (el significado de las palabras usadas como owabi), de contradicción (con el acto de algunos grupos y políticos, el papel de Yasukuni), de sentimiento (para los japoneses ya se han pedido suficientes disculpas y sino quieren aceptarlas es que prefieren ir de víctimistas), de foma (algunos esperan algo así como la Genuflexión de Varsovia haciendo una Dogeza).

  9. David L Dice:

    Sí, lo que pasa es que difícilmente se puede llegar a pedir disculpas cuando, según la autora , se sigue “olvidando”deliberadamente en los libros escolares, no sólo a niveles infantiles sino en medios universitarios, la ocultación o al menos la omisión de muchas de las barbaries perpetradas por los japoneses durante los años de guerra.

    Saludos.

  10. Rodrigo Dice:

    Muy interesante, David, intentaré hacerme con el libro.

    En El precio de la culpa, el holandés Ian Buruma aborda el problema de cómo han enfrentado alemanes japoneses sus respectivas culpas, incluyendo lo de Nankín. Apunta al respecto unas consideraciones muy dignas de tener en cuenta.

    Un detalle: Buruma escribió su libro en 1992, la edición de Duomo incorpora un prólogo de su propia mano muy posterior. La cosa es que él afirma que en Japón la historia contemporánea no es tema de estudio en las universidades, y que no son historiadores profesionales sino periodistas y libelistas los que ventilan cuestiones como las relacionadas con las del Japón imperialista en los años 30 y 40, lo que genera serias distorsiones. Me pregunto si seguirá ocurriendo esto, o no. Es algo que incide directamente en la forma en que se posiciona el asunto de las culpas en la agenda pública.

  11. Captain Wonder Dice:

    Realmente, no es Japón el único que no quiere aceptar su responsabilidad en los acontecimientos que denuncia el libro, tan bien reseñado, que nos ocupa aquí, se trate de genocidio, de crimen de guerra o de crimen contra la Humanidad. Baste recordar el caso del genocidio armenio, no asumido a día de hoy por Ankara, más de un siglo después de su inicio. En realidad, Alemania sería más bien la excepción que la regla, aceptar la responsabilidad del país en la perpetración y ejecución de un genocidio, la Shoah. Dicho esto, hay que matizar que China, desde la llegada al poder de los comunistas, tampoco se ha caracterizado por su respeto a los derechos humanos ni el respeto a las minorías étnicas. Así tenemos la invasión del Tíbet, la colonización cultural forzada (y violenta) de ese territorio; los campos de reeducación; la absurda revolución cultural de Mao que en los años 60 que se cobró la vida de millones de vidas chinas; el apoyo a gobiernos estanilistas como el coreano, incluso al consumado genocida de Pol Pot, en Camboya, durante los años 70 del pasado siglo, y que casi le llevó a una guerra abierta con Vietnam por acabar con la dictadura criminal de ese país de la antigua Indochina francesa. Más recientemente, tenemos en la memoria el aplastamiento de la protesta de Tiannamen a finales de los años 80… No debería ser motivo de enfrentamiento nacionalista entre los dos países asiáticos la dilucidación de responsabilidades, pues. Si bien al orgullo nacional se añade las indemnizaciones que supondría reconocer la culpabilidad de esos hechos al gobierno nipón. Algo que no ha llevado a la ruina a Alemania, por cierto. En fin, habría que recordar que la guerra entre Japón y los EEUU tuvo su origen en la disputa comercial (bueno, y territorial) de ambos países por China, y en esa batalla ambos perdieron.

  12. David L Dice:

    Hola captain Wonder,

    Muy interesantes y acertados tus comentarios, deduzco de todo ello que ningún país está libre de culpa y el resumen sería más o menos esto: “quién esté libre de pecado que tire la primera piedra”. De todas formas no sé si este argumento sirve como eximente, me refiero a la asunción de responsabilidades por los crímenes cometidos, me temo que si partimos de la base de que Japón no ha sido a lo largo de la historia el único país en perpetrar matanzas entramos en un terreno muy delicado. Estoy de acuerdo con tu exposición, pero creo que no nos puede servir para admitir que Japón debería, al menos, reconocer la masacre en toda su extensión.

    El tema económico tampoco parece que sea algo que debamos obviar, hubo, si no recuerdo mal, alguna compensación económica, pero debo comprobar este dato….no estoy seguro.

    Saludos.

  13. Captain Wonder Dice:

    Gracias, David. Pero no digo que Japón no tenga que responder en consecuencia con la gravedad de los actos por los que se le acusa. Sin embargo, no debe hacernos olvidar que otros atropellos cometidos por el régimen chino continuan impunes, con el agravante que China es uno de los 5 miembros del Consejo de Seguridad de la ONU. Llama la atención su ansia de hacer justicia (en principio totalmente legítima) con su arrolladora capacidad para atropellar derechos humanos. Includo a sus propios ciudadanos.

  14. Captain Wonder Dice:

    De todos modos, los crímenes de guerra del Japón contra los occidentales en el sudeste asiático sí que fueron juzgados por las potencias vencedoras (EEUU y GB) En fin, repito que el genocidio armenio ni siquiera es reconocido, más de 100 años después, por algunos países occidentales, lo que ya es triste, e incluso parece que no sea impedimento para la entrada de Turquía en la UE o como socio preferente. Tampoco el genocidio camboyano es recogido como tal por la ONU… Incluso ya se cuestiona si hubo genocidio en Ruanda. En fin, primero debería quedar claro si los crímenes de Nankin fueron crímenes de guerra, contra la Humanidad o genocidio.

  15. Blücher Dice:

    En Alemania resulta impensable encontrarse con libros de texto donde se revisionase la Historia de la SGM y se minusvalorase o incluso ocultase sus crímenes, pero eso ha pasado y sucede todavía en Japón. Es un sentimiento muy arraigado entre académicos y del que no se escapa mucha de la población, quienes tachan de mentiras y propaganda las cifras de los chinos asesinados por su salvaje régimen imperialista.

    Incluso bastantes criminales escaparon a la justicia con la connivencia y manejos de militares como Mac Arthur, solamente hay que recordar a la infame Unidad 731.

  16. Captain Wonder Dice:

    Como ya he comentado, no es solo Japón el único país que tergiversa la historia, sea desde el gobierno, los medios de comunicación o la Educación, Blücher. Repito que los crímenes contra occidentales hubo más esmero en que no quedaran impunes. Que en Alemania no se tergiverse y se asuma el genocidio, es, desgraciadamente, un caso único en el siglo XX.

  17. Ignacio el argentino Dice:

    Muy buena reseña David. Tema por demás interesante que trabajamos con mis alumnos de secundaria.

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