LA TÉCNICA EN EL MUNDO ANTIGUO: UNA INTRODUCCIÓN – Helmuth Schneider

LA TÉCNICA EN EL MUNDO ANTIGUO: UNA INTRODUCCIÓN – Helmuth Schneider«Arquídamo, el hijo de Agesilao, al ver un proyectil lanzado por una catapulta, traída entonces por primera vez de Sicilia, gritó: “¡Oh Heracles, el valor del hombre ha muerto!”
Plutarco. Máximas de reyes y generales, 191D

Según reza la contraportada de este librito, la técnica es el conjunto de todo tipo de artefactos, sistemas, procedimientos y acciones humanas que se aplican en la obtención y transformación de materiales, así como la producción de nuevos artefactos con el fin de su aprovechamiento. Esta definición marca el camino por el que transcurrirá la exposición que vendrá a continuación, una exposición que supone un acercamiento a lo que los antiguos hicieron para mejorar su modo de vida y su adaptación al medio que les tocó vivir.

Esa amplia definición de qué se debe entender por «técnica» hace de ella algo vastísimo y difícilmente abarcable en apenas dos centenares de páginas. Y efectivamente así es. Leer este pequeño libro es como recorrer al galope varios miles de años y tener la agridulce sensación de estar aprendiendo algo y realmente no saber nada. Porque este ensayo no es más que una introducción, somera, liviana  y ligera, al apasionante mundo de los avances técnicos que se produjeron en las civilizaciones antiguas. Pocas veces una traducción inexacta de un título ha sido más adecuada y cabal con el contenido que el propio original, y este es uno de esos casos: el título de la obra, cuya traducción literal del alemán sería Historia de la Técnica Antigua, parece casi una broma cuando vemos lo que en realidad hay en sus páginas, que no pasa de ser una toma de contacto, un breve acercamiento, como no podía ser de otra manera en apenas ciento ochenta y cinco páginas. Acierto, por tanto, el de la editorial al añadir al ambicioso título original la modestia de lo que en rigor se corresponde con el contenido.

¿Qué es lo que no encontraremos en este libro? Me temo que muchas cosas, aunque todo depende de las expectativas de cada lector, lógicamente. Para empezar, se echa de menos algún tipo de explicación conceptual en torno al término «techné», cómo era entendido por los griegos y cómo fue evolucionando con el tiempo hasta convertirse en la definición que se menciona en la contraportada. En segundo lugar, si se nos anuncia que se va a hablar de la técnica en la Antigüedad, se espera que se hable, en mayor o menor medida, de las civilizaciones que se incluyen en ese amplísimo periodo histórico; sin embargo es Roma la que gana por goleada, seguida de lejos por Grecia y, aún más atrás, por Egipto. Cierto es que los romanos juegan un papel importantísimo en el progreso técnico y es de ellos de quienes se conserva más documentación sobre el tema, pero habría sido de desear un mayor equilibrio de fuerzas.

Otro de los grandes defectos de este ensayo, si no el mayor, es la escasez de concreción cronológica, la frecuente ausencia de referencias (las hay pero pocas) a fechas o lugares, siquiera aproximados, con lo cual da la impresión de que la Antigüedad haya sido un periodo histórico uniforme y monolítico que ha avanzado o retrocedido como un único bloque. Son habituales las expresiones del tipo «sobre tal asunto, las cosas se hacían de la manera x», sin especificar el dónde (¿entre los griegos, entre los romanos, entre los fenicios, los babilonios, los persas…?) ni el cuándo. «La Antigüedad» es un periodo que abarca desde que el hombre empezó a agruparse en ciudades hasta el fin del Imperio Romano, y que incluye numerosas civilizaciones que tuvieron modos de vida y evoluciones dispares. Ni siquiera basta con decir «los romanos cultivaban el campo utilizando tal artilugio», porque «los romanos» estuvieron sobre la faz de la tierra cerca de mil años, y probablemente ese artilugio no lo usaron ni durante esos mil años ni en todo el territorio romano. Por otro lado, las descripciones de aparatos o el funcionamiento de algunas invenciones técnicas son a veces confusas y usando terminología específica, y aunque en alguna ocasión se acompañan de dibujos y esquemas ilustrativos, se echa de menos una mayor claridad expositiva.

Todas estas taras se derivan del hecho que el libro es meramente introductorio; es de suponer que las limitaciones de espacio y el querer hablar un poco de todo han hecho que el resultado sea parecido a viajar en un tren mirando el paisaje: el pasajero verá muchas cosas pero rápidamente y de manera difusa.

En cuanto a los aspectos positivos, lo primero que llama la atención es lo prometedor del índice: hay en él capítulos dedicados a la agricultura, los transportes, las infraestructuras, la técnica militar, los libros, la artesanía… Y ciertamente todos estos temas son abordados, pero de la manera que ya he dicho. También acierta en la importancia que le da a algunos elementos técnicos por encima de otros. Por ejemplo, los avances relacionados con la agricultura merecen ser destacados por cuanto los hombres de la Antigüedad (y esta es una de las pocas ocasiones en las que es válido generalizar) vivían básicamente del trabajo en el campo. O el valor del agua como elemento necesario para la vida y también como fuente de energía alternativa a la fuerza bruta del hombre o de los animales. Se menciona también en el libro la innovación que supuso, hacia el siglo I a.C., la invención del vidrio soplado y del cristal (vidrio incoloro), que influiría tanto en la fabricación de objetos como en la construcción de edificios.  O el empleo por parte de los romanos de las construcciones en arco, ausentes en el mundo griego y egipcio. Todos estos ejemplos demuestran que el ensayo no está vacío de contenido sino muy al contrario, rebosa de él, tanto que su brevedad es casi ofensiva.

Se afirma en varias ocasiones a lo largo del libro que «los antiguos» hacían de la técnica una valoración positiva, lo cual no es algo que deba pasarse por alto. A menudo las creencias de los hombres les han llevado a rechazar los avances técnicos por considerarlos contrarios a lo que esas creencias establecen, pero en general (y si no, léase de nuevo la cita que encabeza la reseña) en la Antigüedad tal rebuscamiento no tenía lugar y los logros técnicos eran ponderados únicamente en tanto producían un beneficio para el trabajo.

Este ensayo, por tanto, debe ser tomado como lo que es: una breve introducción a la historia de la técnica antigua, que puede servir o bien para satisfacer el interés de los que no buscan más que una visión global sobre el tema, o bien para que se despierte la necesidad de ahondar en otros libros en busca de más información.

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11 Respuestas a “LA TÉCNICA EN EL MUNDO ANTIGUO: UNA INTRODUCCIÓN – Helmuth Schneider”

  1. farsalia Dice:

    Lo tengo en casa, pero aún no lo he leído. Es de esos que te los pimplas en una tarde tranquilamente.

  2. Ascanio Dice:

    Pues, en vista de la reseña, tan clarita y acertada, me parece que este libro me lo voy a saltar olímpicamente.
    Por cierto, ¿qué dice de las pirámides? ¿Se atreve a aventurar alguna teoría acerca de su construcción? Porque supongo que no mencionará a mis congéneres, o sea, los marcianos.

    Ay, Cavi, cómo te duele que los protagonistas de este libro sean los romanos… ;-)

  3. cavilius Dice:

    Pues qué va a decir de las pirámides, Ascanio: que es un logro excepcional de los egipcios. Y ya está. No menciona ni a marcianos ni a humanos, ni dónde ni cuándo ni cómo.

    ¿Los romanos? Sí, bueno, ahí están, haciendo más bulto del que deberían…

  4. Ascanio Dice:

    Jolín, pues si de las pirámides, que debe ser lo más impresionante desde el punto de vista de la “técnica” de la construcción no dice nada, de los acueductos… ¿qué dice? ¿Que el de Segovia es una jartá grande? ¿O que llevaban agua y para de contar?

  5. pepe Dice:

    Estupenda reseña, Cavilius, aunque se me ha escapado el porqué de que los protagonistas sean los romanos. El tema se presta al gran formato, con profusión de esquemas y dibujos que faciliten no solo la comprensión sino el disfrute visual. ¿Qué dimensiones tiene?

  6. ARIODANTE Dice:

    Y seguro que tampoco incluye dibujitos…desde luego lo has puesto de vuelta y media, chatín. Pero igual está pensado para la generación Logse. Probablemente. Sigue siendo una magnífica reseña de un libro que no voy a leer. Fenomenal.

  7. farsalia Dice:

    Pues creo que no, no tiene demasiado aparato visual. Bueno, es el tipo de libros que los anglosajones (a very short history) y alemanes suelen publicar asiduamente. Libros que suelen ser muy útiles (tengo muchos en inglés) y que, la verdad, se deberían publicar más por estos lares.

  8. Urogallo Dice:

    Pepe, el libro simplemente hace honor a la verdad histórica. Resulta agradable a pesar de sus limitaciones que deje alta la superioridad romana en los aspectos prácticos de la vida.

    Me ha gustado la cita. Citas así se han venido repitiéndo cada genearación hasta la primera guerra mundial. La tecnología matándo el heroismo.

  9. cavilius Dice:

    Ascanio: de los acueductos dice algo más, porque habla del aprovechamiento del agua, de las construcciones en arco, de lo listos que eran los romanos…
    Pepe: también a mí se me escapa que los romanos sean protagonistas, no ya de este libro sino de algo en general. Si todo lo que hicieron fue copiar, y lo que crearon fue porque se inspiraron en lo que habían copiado… ¿Las dimensiones del libro? Pues por pequeño que fuera el bolsillo de un abrigo, yo creo que ahí cabrían varios.
    Ariodante: ya te lo dice farsalila y en la reseña se cita de pasada: hay algún esquema, algún dibujo, pero no demasiados. Pero es que el libro es lo que es y busca el alcance que busca. Si no recuerdo mal, el autor tiene otras obras más amplias y seguramente más minuciosas sobre el tema.
    Farsalia: sí, quizá debieran publicarse más libros de esta clase. Son libros introductorios, es un formato ligero (de forma y de contenido), están dirigidos al gran público… Pero no sé si, con un pequeñito esfuerzo más, el gran público podría atreverse a buscar algo con más enjundia.
    Urogallo: dudé entre esa cita (que creo recordar que aparece en el libro) y esa otra de que las flechas no pueden escoger a los valientes. Pero esta útlima no tenía tanto que ver con las cosas de la técnica como la primera, claro.

  10. Urogallo Dice:

    Bueno, también esa habría tenido su replica en el renacimiento, sobre las armas bastardas accionadas por patanes que niegan incluso la gloria de la muerte a los que han nacido para gobernar.

    Poniéndome en plan Pepe, habría mucho que tratar sobre la cuestión. Puesto que los mismos caballeros y nobles que denigran la matanza indiscriminada y sucia que producen las armas “mecánicas” son los mismos que las introducen en el campo de batalla para lograr una ventaja práctica, sus lamentos tienen mucho de hipócrita, y de: “¿Por qué no se me habrá ocurrido a mí antes?”.

  11. pepe Dice:

    Acabo de recibir la revista del Círculo de Lectores y he visto que aparece un libro de Javier Ordóñez -que algo sabe de historia de la ciencia- de título Ideas e inventos de un milenio (900-1900) que sí parece tener vocación por lo “visual”.

    -Señor-dijo el Pozzo-, háganos la gracia de darnos camino, pues que es cosa que tenemos que ir a colocarnos en el lugar adecuado para disparar contra Vuestra Merced

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