LA ISLA DE LAS SOMBRAS. LA BATALLA DE ESFACTERIA – Juan Luis Gomar Hoyos

LA ISLA DE LAS SOMBRAS. LA BATALLA DE ESFACTERIA – Juan Luis Gomar HoyosSi los atenienses asaltan la isla, nuestros hombres deben salir de allí victoriosos o muertos”.

Hay personajes en la Historia que merecen tener su novela. Circunscribiéndonos a la civilización de los griegos (porque, reconozcámoslo, todo lo que vino después no han sido sino notas a pie de página de lo que ellos hicieron), y acotando aún más la cuestión y por ir encauzando el tema a lo que interesa en estas líneas, que es el ámbito militar, los nombres de Temístocles, Alcibíades, tal vez también Milcíades, Epaminondas, Pirro, Mitrídates, y desde luego y eclipsando a todos los demás, Alejandro Magno, más o menos pueden sonar en la cabeza del lector de novela histórica. Hay una segunda fila (por popularidad, que quizá no por méritos) integrada por semidesconocidos: Ifícrates, Conón, Foción, Timoteo, Filopemén, “el último de los griegos”… y los protagonistas de esta obra que nos presenta Juan Luis Gomar: Brásidas y Demóstenes. El espartano tenía bien ganados los elogios que su rival de Anfípolis, Tucídides, le brindó en su Historia de la guerra del Peloponeso; y el ateniense (que nada tiene que ver con el orador Demóstenes) también demostró ser un general con una percepción por encima de la de sus contemporáneos. Y, desde luego, ambos se merecían una novela como esta.

La guerra entre Atenas y Esparta no habría sido la misma sin el concurso de estos dos hombres. Brásidas, vencedor en muchas batallas y conquistador de numerosas ciudades, a menudo sin necesidad de llegar a las armas, tuvo la desgracia de morir en la victoria que le dio más notoriedad: la que decidió el destino de Anfípolis, luchando contra el ateniense Cleón (quien también encontró allí la muerte). Brásidas gozó de una enorme fama durante los diez años que estuvo al mando de las tropas espartanas; en Anfípolis, por ejemplo, se le honró como si hubiera sido él el fundador de la colonia. El historiador ateniense Tucídides, el primer enemigo que tuvo que batir en aquella ciudad, lo describe como un hombre “enérgico”, “muy valioso para los lacedemonios en todas las coyunturas”, “justo y moderado”, “recto e inteligente”, “hombre honesto en todos los sentidos”. Fue sin duda, junto con Gilipo, quien destacó en Sicilia, y Lisandro, vencedor de Egospótamos y artífice de la capitulación final de Atenas, uno de los espartanos más determinantes de aquella guerra.

Demóstenes en cambio, siendo figura destacada, no fue un individuo tan brillante. Tuvo éxitos pero también fracasos, aunque estos no eclipsaron la fama que adquirió en Esfacteria. Tanto fue así que seguramente gracias a ella se le escogió para capitanear las tropas de refuerzo que los atenienses enviaron a Sicilia en ayuda de Nicias, único general ateniense que quedaba (Alcibíades se había dado a la fuga y Lámaco había muerto en combate) al mando del enorme ejército enviado por Atenas para conquistar la isla. Pese a sus buenas maneras militares, no pudo evitar el desastre total de la expedición y encontró la muerte a manos de los sículos, al igual que Nicias. Ese fracaso fue un golpe terrible para Atenas, el principio del fin, que sin embargo aún tardaría dos lustros en llegar.

Ambos generales se vieron las caras en Esfacteria. Y es precisamente este suceso, la luz de uno y las sombras del otro, lo que narra la novela de Juan Luis Gomar. En Esfacteria, pequeña isla del sudoeste de la península peloponesia prácticamente enganchada a la costa, frente al territorio de Pilos, patria del homérico rey Néstor, un pequeño contingente de hombres dirigidos por Demóstenes logró hacerse fuerte por un tiempo y resistir a los espartanos. Apenas hacía siete años que había comenzado la guerra del Peloponeso, en la que se enfrentaban Atenas y sus aliados contra la liga lacedemonia comandada por Esparta. Lo que sucedió allí y la repercusión del suceso en toda Grecia lo describió Tucídides apenas unos decenios después, y lo relata ahora Juan Luis Gomar un par de milenios y medio más tarde; el tiempo transcurrido entre uno y otro justifica con creces que los hechos sean de nuevo recordados, revisitados y novelados.

La novela La isla de las sombras es viva, dinámica, trepidante. Incansable como el propio Demóstenes. Se ciñe al terreno duro y agreste de la pequeña Esfacteria como una coraza de linotórax al cuerpo de un hombre. El elemento fuerte de la historia, tal y como la ha relatado Gomar, son los combates entre los dos bandos, las escaramuzas, los enfrentamientos entre los atenienses de Demóstenes y los espartanos de Brásidas, primero, y de Epitadas, después. Y no es fácil construir un relato “a ras de suelo”, por decirlo así, un relato que le crea al lector la sensación de que está allí y tiene que apartar las ramas de la maleza para ver lo que está sucediendo. Es mérito del autor haberlo conseguido, con descripciones detalladas de los hechos y de los movimientos de unos y otros.

Otra virtud del texto de Gomar es la fluidez de las secuencias y de algunos de sus diálogos. Es complicado, cuando se pretende trasladar al presente acciones y conversaciones de individuos que vivieron hace dos mil quinientos años, hacerlo de manera creíble y sin que suene a impostura. Los personajes encajan en patrones bien conocidos y sin embargo sus diálogos no suenan a clichés. Es de destacar el papel que juegan los discursos en la obra. Y seguramente no es por capricho: en la Atenas de los siglos V y IV a.C. la frecuencia con la que la asamblea del pueblo se reunía para debatir las cuestiones políticas que afectaban a la ciudad era casi enfermiza. Los atenienses tenían una bien ganada fama en toda Grecia de discutir, pleitear y debatir a todas horas y acerca de cualquier tema. Por otro lado, la obra de Tucídides acerca de la guerra del Peloponeso recoge numerosos discursos que se pronunciaron a lo largo del conflicto en la colina Pnyx. Por ello no ha de extrañar, sino que es más bien de agradecer por cuanto tiene de fidelidad a la idiosincrasia ateniense, que en La isla de las sombras aparezcan alocuciones de los protagonistas de los hechos narrados: Cleón, bien caracterizado (al “estilo tucidídeo”, podría decirse) como un orador excesivo y de palabras gruesas; Nicias, el prudente y piadoso general que años después caería en Sicilia; Demóstenes, hombre de acción con las ideas muy claras… Vale la pena mencionar también la relación de amistad que en la novela tienen estos dos últimos personajes, Nicias y Demóstenes, amistad con la que se abre la novela y que aflora cada vez que ambos surgen en escena. Porque conviene decir, por otro lado, que la historia que Gomar narra es en realidad un recuerdo: la historia se inicia con Nicias y Demóstenes en Sicilia, y prosigue con el «flashback» del primero sobre lo que sucedió años antes en Esfacteria. Confieso que esperaba que, una vez terminado este extenso  y emocionante «flashback», continuara el desenlace de lo de Sicilia. Imagino que en la segunda parte de la novela lo veremos…

Buen pulso narrativo, en definitiva, en una novela en la que el número de personajes históricos es alto, como no podía ser de otro modo: además de los ya mencionados aparecen en escena el dramaturgo Sófocles en su faceta militar (que la tuvo, y nada despreciable), los reyes espartanos, otros personajes que menciona Tucídides como Epitadas, los éforos (un Augénidas que juega un papel importante)…

Buen debut, por tanto, el de Juan Luis Gomar en el mundo de la narrativa histórica, y excelente tema el escogido. Los aficionados a la narración histórica en general, y a las cosas de griegos en particular, ya tenemos una novela más que añadir en nuestras alforjas.

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29 Respuestas a “LA ISLA DE LAS SOMBRAS. LA BATALLA DE ESFACTERIA – Juan Luis Gomar Hoyos”

  1. Iñigo Dice:

    Reseñón y una estupenda novela… bravo a ambos, novelista y reseñados.

  2. Farsalia Dice:

    Sangre y fango…

  3. Juan Dice:

    No quiero polemizar, pero quiere deciros a los que hacéis reseñas que siempre he tenido esta web como una referencia, pero últimamente promocionáis novelas históricas bastante, no ya desconocidas, si no pobres. (ignoro si son escritas por amigos o conocidos vuestros) Me ha costado encontrar en google información del autor y de la novela y los pocos que la han leído no hablan precisamente maravillas de ella. Entiendo el esfuerzo que requiere hacer una reseña, y es un trabajo que hay que agradecer, pero mejor invertir ese esfuerzo en un libro que de verdad vaya a dejar poso.

  4. caliban66 Dice:

    Jo, no sé qué decir… ¿Coincido con Cavilius? Me alegro de que os haya hecho pasar un buen rato. Y es cierto que coincido con Cavilius en lo de los personajes que menciona. Me sorprendió mucho no haber oído nada de Brasidas antes de leer a Tucidides. El segundo libro de esta historia trata sobre el porque creo que es un personaje injustamente olvidado. El tipo le causó a Tucidides un disgusto serio y aún así , este habla excelentemente de el. Y con razón .
    En fin, gracias por vuestros comentarios.

  5. Farsalia Dice:

    Ahora que puedo escribir unas cuantas líneras seguidas. Cuando terminé de leer esta novela, me propuse enviar una reseña de la novela a esta página, pero después pensé que, habiendo enviado la de Sandra y en aras de la variedad que necesita la Papri, quién mejor que un griego ilustre como Cavilius. Y la reseña hace justicia a la novela. Quedé atrapado pronto por ella y me dejé llevar. Me gustó incluso lo que en una novela histórica al uso suele hastiarme: las secuencias bélicas, muy bien ensambladas aquí y que te hacen “sentir” que estás en medio de todo el jaleo. Los discursos en la asamblea ateniense también están muy bien perfilados, muy tucidídeos. Hay un puñado de personajes que destacan, no sólo Nicias y Demóstenes: Brásidas, los reyes y el éforo espartano, el rebelde ilota, Cléon (ese Cleón), etc. Devoré la novela en apenas un par de días y aunque, ya en lo personal, me chirriaron un par de cosillas (algún diálogo algo pomposo, la escena con las hetairas), me pareció una espléndida novela, y más en un autor novel… que no lo es por lo que le hemos leído en el concurso de relatos.

    Enhorabuena por tu novela, Juan Luis, ya lo hablamos en Madrid, y bien por la reseña, que le hace justicia.

    Sangre y fango…

  6. Farsalia Dice:

    Vaya, moderación…

  7. cavilius Dice:

    Gracias por los comentarios.

    Juan, de vez en cuando por aquí se reseñan también (yo lo he he hecho en bastantes ocasiones) libros que nos han gustado poco o nada, porque también esa esa es una información que puede ser útil a los demás. Pero no es el caso: a mí esta novela me ha gustado, ya lo digo en la reseña. No la veo pobre en ningún sentido; unos aspectos me han agradado más, otros menos, pero para ser una novela novel me parece bastante potable. Pero es evidente que esto ya son opiniones particulares. De todos modos, he buscado por internet y no he encontrado comentario alguno sobre la novela, ni positivo ni negativo, supongo que porque es bastante reciente. Dicho todo esto con el mayor respeto.

    Brásidas es todo un personaje que se merecía una novela (ya le conozco como protagonista de otra), al igual que por ejemplo Cleón, que suele estar de secundario principal pero que alguna vez debería subir a la primera línea. Hay tanto partido que sacar de aquellos individuos que habitaron la tierra griega hace casi tres milenios…

  8. Ariodante Dice:

    Buenas. El libro lo tengo en cola, ya he leído la de Caligula, así que en breve le tocará a este. Así que casi prefiero leer muy por encima la reseña, que viniendo de Cavilius tiene toda mi confianza.
    Respecto a lo que dices, Juan, lo que yo veo no es que en estos últimos tiempos las reseñas se hagan de novelas o autores de un nivel pobre, sino, quizás, que se reseñan muchos libros cuya relación con la historia es relativa. Me refiero no a los ensayos, sino principalmente a las novelas. Pero bueno, tampoco veo que ese sea un problema si todos lo ven aceptable

  9. ave Dice:

    Una gran novela escrita por un gran escritor de novela histórica, aunque no sea famoso (todavía)

  10. Valeria Dice:

    ¡Reseña de Cavi! ¡Y de griegos! Como en los viejos tiempos…
    Otra que se pone a la cola, como dice Ariodante.
    Felicidades, Calibán. Que sea un éxito y hagas disfrutar a mucha gente.

  11. Vorimir Dice:

    Así está la cosa, le han tenido que escribir una novela para que la reseñe. :P

    Yo la estoy leyendo, pero avanzo poco a poco (según mi kindle llevo el 20%). Ya comentaré cuando la termine.

  12. Arturus Dice:

    Muy buena reseña, Cavilius, quién mejor…, y felicitaciones al reseñado, por supuesto, espero que tu novela tenga la acogida que seguro merece.

  13. Lucie Dice:

    Qué decir de esta novela que no haya dicho ya en otras partes.
    Utilizando una frase muy hislibreña: “Coincido con Cavilius” y también con Farsalia en casi todo, menos… en lo de la hetaira (fue una de mis escenas favoritas). No soy nada de temas bélicos y sin embargo, me parece que está todo narrado con una agilidad tremenda. El ritmo, pasado el primer tercio de la novela (desde la llegada a Esfactaria, para ser exacta) se torna trepidante.
    Me ha gustado especialmente la “atemporalidad” del conflicto político, lamentablemente muy en voga en la actualidad, sin perder el foco sobre la mentalidad griega de los personaje ni caer en anacronismos.
    Me dijo alguien un día hablando de Juan Luis Gomar: “es un gran contador de historias”. Al igual que lo hacía con Cavilius, no puedo más que coincidir. Espero la segunda parte.

  14. Shamán (centauro) Dice:

    Yo he leído la novela y me ha parecido interesante a nivel histórico, con recreaciones que hasta donde sé son bastante fidedignas y con una carga de acción muy bien llevada, lo que para mí, que no soy un gran aficionado a la novela histórica, ha sido muy de agradecer. No considero que sea una novela pobre, para nada, incluso sin tener en cuenta que el autor es novel. El estilo es correcto, apropiado, el texto y la edición están bien cuidados, los acontecimientos relatados, así como la forma y los puntos de vista desde los que se enfocan, también me han parecido acertados y contribuyen a crear una narración muy dinámica.
    A mí me ha entretenido mucho, y en más de una ocasión me ha costado soltarla. Por otra parte, calificarla de pobre usando como argumentos que Google no se haya hecho eco del autor (que ha publicado su primera novela hace poco más de un mes) o que otra gente la haya leído y no le haya gustado (por curiosidad he buscado pero no he encontrado comentario alguno aparte de los aquí presentes), es algo que no termina de entrar en mis planes a la hora de valorar una novela. Por supuesto y por suerte, en el ámbito de la opinión y los gustos hay mucho escrito, pero de momento nada impuesto.
    Yo estuve allí el día que la voluntad del hombre fracasó.

  15. Likine Dice:

    Buena reseña, Cavilius. Yo he disfrutado bastante con esta novela. Y lo he hecho tanto desde la primera línea de la falange, como sentado entre los miembros de la ekklesía, y aunque es cierto que las cosas de griegos casi siempre me pueden, en este caso no he tenido que empeñarme en ello. Por lo demás, las arengas y el enfrentamiento parlamentario entre el curtidor y Nicias, en los discursos y en la descripción de las emociones de cada cual, me ha resultado de lo mejor del libro. Muy entretenido. Eso sí, ¡demasiado filolaconismo!

  16. argonauta Dice:

     Acabo de terminarla y me encantaría hacer un par de comentarios.

    Sobre la novela en sí: me ha enganchado, es dinámica, con diálogos bien contextualizados, y lo que más me gusta: es tan (para mi entender) preciso en la historicidad, incluso de los términos usados, que logra esa capacidad de traslación y verosimilitud que yo disfruto cuando leo una novela histórica; como único pero pondría el foco excesivamente bélico de la trama, pero eso obviamente va en gustos e intereses personales.

    Sobre los lacedemonios en particular: no sé qué opina el resto de historicistas de este foro, pero en general encuentro en la literatura y no digamos en el cine (no hace falta ni mencionar el nombre de la saga) una fuerte atracción por ese pueblo. Sin embargo analizado en términos racionales representan uno de los conceptos políticos más espantosos que ha parido la humanidad: la supervivencia del más fuerte dentro del grupo, la justificación del abuso de un pueblo sobre el resto, y la supeditación del individuo ante un estado todopoderoso; todo ello llevado a la máxima expresión de pureza.

    Con un salto de muchos siglos, a mi entender, esto enlaza a la perfección con el ideal fascista de los años 30 del siglo veinte, con las diferencias naturales del tamaño de las naciones de una y otra época y de la mecanización.

    ¿No existe un poco de esa atracción morbosa por el mal? ¿es la pátina romántica que pone el tiempo trascurrido desde esa antigüedad la que hace que sean más atractivos?

  17. Farsalia Dice:

    Bueno, en cuanto a cómo los lacedemonios descartaban a todos aquellos niños que consideraban que no eran “aptos” (lo importante para ellos era que hubiera ciudadanos fuertes), hay que tener en cuenta que en el mundo antiguo el abandono de niños era algo común, no sólo entre los espartanos, y por muchos otros motivos aparte de la “pureza racial”.

  18. cavilius Dice:

    Pues no sé qué decirte, argonauta. No eran solo los espartanos los que hacían primar la supervivencia del más fuerte ni justificaban el abuso de un pueblo sobre el resto; baste recordar los textos de Tucídides en los que Atenas impone su autoridad en su imperio marítimo por la simple razón de que ellos son más fuertes. Si acaso, la diferencia podría estar en que los espartanos no adornaban ni disimulaban su modo de vida, mientras que otros, los atenienses, por seguir con el ejemplo, sí lo hacían. Yo diría que la ley del más fuerte ha sido una constante no solo para Esparta.

    Y en cuanto a la forma de gobierno, los espartanos combinaban la realeza (diarquía), la oligarquía (gerousía) y la democracia (apella). Por poner una comparación con el otro modelo de estado que habitualmente se suele poner en el otro lado de la balanza, que es de nuevo Atenas, baste recordar que su democracia excluía a mujeres, extranjeros residentes y esclavos, con lo que, de una población de más de 100.000 habitantes, apenas la quinta parte participaban del sistema democrático. Y de esa quinta parte, no todos eran elegibles para ejercer cargos públicos, y eran muy pocos los que en las asambleas tomaban la palabra para proponer o disponer.

    ¿Que en Esparta estaba todo estatalizado? Pues sí, pero eso necesariamente no ha de demonizar a los espartanos; es el sistema en que ellos escogieron vivir para conseguir, en primer lugar, su supervivencia, y en segundo lugar, su autoridad sobre el territorio. Es decir, las mismas motivaciones que Atenas.

    Sobre este tema, el libro de R. K. Sinclair Democracia y participación en Atenas me parece muy clarificador, igual que los textos de La constitución de los atenienses del Pseudo Jenofonte y La república de los lacedemonios de Jenofonte.

  19. caliban66 Dice:

    Dice Jenofonte, y Herodoto, que los espartanos tenían mucho prestigio por su constitución, cuyo fin último es promover las virtudes necesarias para el estado: valor, sentido de la comunidad y excelencia en la batalla. Separados de su casa, educados en cuarteles sin presencia femenina, yo me los imaginé muy faltos de afecto y por ello, cariñosos entre ellos. En los paises musulmaned que conozco es frecuente ver a dos amigos tomados de la mano. La forma en la que se tratan unos a otros está llena de muestras físicas de afecto: besos, abrazos… en fin, esa cercanía que no pueden tener con amistades femeninas las tienen entre ellos. Pues así me los imaginaba yo. Y en cierta manera, cándidos, a pesar de ser peligrosos guerreros.
    Utilicé a Cleon para ridiculizar en la Asamblea los aspectos más criticables desde un punto de vista democrático de la constitución lacedemonia, mostrando cierto conocimiento incompleto y tergiversado por su parte.

    Por otra parte , la idea de que democracia=paz es muy reciente. Supongo que proviene de las constituciones europeas tras la II G.M., en las que la democracia se tomo como alternativa a los regímenes fascistas anteriores y en las que la paz era de lo más deseado. Los atenienses no ansiaban la paz, sino el imperio. La tiranía anterior a la democracia fue mucho más pacífica: las polis vecinas eran potenciales aliados del tirano en caso de intento de derrocamiento. Atenas , y USA,no son democracias pacíficas. La democracia está concebida como de uso propio, pero la política exterior se basa en el derecho del más fuerte.
    Lo guay era que el que votaba que Atenas declarara una guerra, IBA a la guerra, y el que votaba que no, pero quedaba en minoría, también IBA. Fijaos que grado de compromiso con el estado. Hoy en día se votan protocolos internacionales para quedar bien y luego todos se lamentan cuando esos compromisos se convierten en molestias. Como Kyoto, por ejemplo.

  20. Vorimir Dice:

    Curiosamente uno de los más famosos reyes espartanos era cojo: Agesilao. Según Plutarco a consecuencia de un golpe durante su infancia-adolescencia, posiblemente durante la agogé. Sin embargo, la cojera no le impidió formarse como guerrero, así que posiblemente no era tan pronunciada. Y bueno, no era de nacimiento, pero también nos dice que era de cuerpo pequeño (tanto que su padre fue multado por casarse con una mujer bajita que le daría hijos pequeños) y no mu agraciado. Y sobrevivió. Lo mismo a la familia real se le pasaba la mano con lo del abandono…

  21. Antígono el Tuerto Dice:

    Argonauta, ya te han respondido Vorimir, Farsalia, Cavilius y caliban…poco me queda que añadir; excepto mencionar, que en el mundo griego, la guerra era algo endémico y natural (algo similar dice Negrete en su ensayo sobre los griegos, que la guerra era su estado natural). En la época clásica (y en períodos anteriores y posteriores) las guerras entre polis estaban a la orden del día, y los diferentes estados griegos estaban zurrándose unos contra otros a ver quien lograba la hegemonía, al final, la paz vino de mano de la conquista romana…irónicamente, de manos de los “bárbaros”…ya que para muchos griegos, los romanos eran bárbaros, cosa que tanto indignaba a Catón el Viejo…personaje que de por sí se indignaba por todo.
    Por cierto, felicidades por la reseña Cavilius ;-)

  22. cavilius Dice:

    Gracias (a ti y a los demás). Y gracias a caliban por escribir la novela, claro.

  23. caliban66 Dice:

    De nada. Gracias a vosotros por leerla y comentarla.
    Está claro que los romanos son bárbaros, pues hablaban una lengua bárbara. Eso “sacín”.
    No obstante, los espartanos no siempre fueron así. Herodoto habla en su libro I que los tegeatas les dieron para ir pasando, e incluso, tras mal interpretar un oráculo, un ejército espartano fue derrotado y sus soldados fueron convertidos en esclavos, y con los pies atados recorrieron los campos de Tegea. Luego encontraron los huesos de Orestes y cambiaron su constitución con Licurgo y empezó a irles bien.
    Creo que debemos rehuir de enjuiciar pueblos antiguos con criterios actuales de igualdad entre sexos, libertades individuales, etc. Me gustó la escena que pusisteis del
    Emperor’s club sobre cómo la historia olvida a los conquistadores que no aportan nada. Me hizo pensar que Leónidas y sus 300 y su “molon labe” abrieron la puerta a la eternidad a Esparta. Sin el, tal vez hubieran desaparecido, pues poco más dejaron como legado duradero. Su hegemonía duró poco y tampoco dejó mucho rastro , salvo Agesilao.

  24. Argonauta Dice:

    Reconozco que el resto de polis griegas tenía en la práctica un comportamiento muy parecido al de los espartanos (como esas buenas referencias que apuntáis). Pero una cosa es la práctica y otra cosa es reconocerla como virtud (podemos pecar y no abrazar el pecado como ideal).

    Y no dejo de ver algo ligera esa admiración dentro de la “cultura pop” de una ciudad que asumió como virtud unos ideales tan radicales que ni el resto de polis los compartía. Y que parecen fundamentarse en una alucinación colectiva: cada uno de los individuos espartanos cede todo (en todos los aspectos de su vida privada) al estado a cambio de su primacía y a pertenecer a un grupo “superior” (que sí, ha ocurrido muchas veces en la historia de la humanidad).

    Y lo que más relevante me parece, que paradójicamente es justo el opuesto al ideal hombre=individuo que asumimos como parte clave de la aportación de la cultura griega al mundo occidental.

  25. Antígono el Tuerto Dice:

    Bueno, la “cultura pop” admira culturas no por sus valores o por sus aportaciones a la civilización moderna, sino por criterios mediáticos y estéticos tan etéreos como la “molonidad”…es decir, lo que mola.
    Por esa razón, y no por otra, tienen tanto predicamento (actualmente) los vikingos, aparecen en series, documentales, revistas y hasta en la sopa; todo ello a pesar de lo poco que aportaron (culturalmente hablando) a la sociedad occidental…exceptuando algunos genes, aportes linguísticos y poco más.

  26. Vorimir Dice:

    Bueno, y el boom espartano tras la peli de 300… los gladiadores por la serie de TV Spartacus y por Gladiator, los escoceses medievales por Bravehart, etc…

  27. caliban66 Dice:

    Pop viene de Populus, que es una palabra barbara. Qué se puede esperar de los bárbaros. ;)

  28. Ignacio el argentino Dice:

    Excelente y minucioso libro que tuve el honor de leer cuando aún era un borrador. Muchos éxitos Caliban!!!

  29. caliban66 Dice:

    Gracias, colega.

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