LA INFANTERIA AL ATAQUE – Erwin Rommel

LA INFANTERIA AL ATAQUE - Erwin RommelCorriendo los tiempos que corren y tratándose de un libro de Tempus, lo cierto es que uno no puede evitar empezar la reseña con un aviso para navegantes. El libro está bien traducido.

Dicho esto, vayamos al grano. La obra narra, en primera persona, las acciones protagonizadas por Rommel durante la primera guerra mundial tanto en Bélgica y Francia como en Rumanía y en el frente italiano, donde sus acciones le valieron la valiosísima “Pour le Merite”, la más alta condecoración militar que podía otorgar Alemania. Sin embargo la temática en si, sin dejar de tener importancia, no es lo más interesante del libro.

Para empezar hay que indicar que la obra está escrita en 1937, es decir, cuatro años después del acceso de Hitler al poder y cuando Alemania estaba en pleno proceso de remilitarización y nazificación. Es decir, nos hallamos en el momento de apogeo del nazismo dentro de Alemania, y el propio prólogo a la edición de 1937 parece hacerse eco de ello. “Los ejemplos que siguen son prueba de la formidable capacidad de combate de la infantería alemana, incluso enfrentada a fuerzas superiores en hombres y equipamiento; estos bocetos son también prueba de la superioridad del comandante subalterno alemán sobre sus correspondientes enemigos”. Y ante tal despliegue no puede uno dejar de preguntarse si está hablando de 1914 o de 1937. Porque en 1914 los soldados alemanes resultaron ser, en conjunto, tan iguales como los de otras naciones.

Estas frases, y otras diseminadas por la obra parecen definir en Rommel una forma de pensar que puede ayudar a definir una cuestión que ha hecho correr ríos de tinta: la posible comunión del “zorro del desierto” con el nazismo. Lo cierto es que si “Guerra sin Odio”, si los “Papeles de Rommel”, publicados tras la Guerra por Sir Basil Liddel Hart y su hijo Manfred Rommel parecen indicar que no comulgó con las ideas nazis; este libro, que contiene expresiones casi panfletarias sobre la superioridad del soldado alemán, teñidas en ocasiones de un claro desprecio por los soldados que se le oponen, que se van a ver mucho más vilipendiados que alabados, parece indicar que algunas ideas si compartieron el partido y él.

En su reciente obra sobre otro famoso militar alemán de la época, Rudolf Witzig, decía Gilberto Villahermosa que no se había descubierto que el biografiado fuera miembro de carnet del partido nazi. Aunque probablemente por educación, por pensamiento y por convicción estaba de acuerdo con su mensaje. Tal vez algo similar sucediera con Rommel.

Aunque también es cierto que la época y el lugar en que el libro fue escrito estaban orientados a aceptar puntos de vista filo, pro, o directamente nazis, antes que cualesquiera otros, y teniendo en cuenta que el libro pretendía ser didáctico y que Rommel daba clases en la Academia Militar de Potsdam a una élite militar que formaba parte de una sociedad dirigida por sus líderes en la vía del culto a la superioridad racial y a la subyugación, si no eliminación pura y simple, de sus oponentes, también es posible que no le quedara otro remedio.

La tercera opción es que sin creer en ello decidiera hacerle la pelota al régimen descaradamente.

El resultado, desde luego, no pudo ser más alentador. A Hitler le encantó. En Polonia Rommel fue jefe de la escolta de su cuartel general, en Francia estaría al mando de una división acorazada con la que él solito iba a salvar la campaña en Arras (según Friesser esto fue una grosera exageración de Rommel que Hitler se tragó) y en África… En África hizo lo que le dio la gana saltándose sistemáticamente tanto las órdenes que recibía desde Berlín como la cadena de mando italiana a la que estaba sometido, para convertirse en el héroe mimado del nazismo y de Alemania.

No es extraño que en cuanto las cosas empezaron a salirle mal se desencantara. Lo extraño hubiera sido que se desencantara cuando todo le iba bien.

Además el libro nos proporciona un magnífico muestrario de la filosofía militar del propio Rommel. En las páginas de “La Infantería al Ataque” vamos a encontrarnos con muchas acciones de pequeñas unidades en las que los protagonistas son los soldados, pero soldados especiales: los que se infiltran, se esconden, emboscan, aprovechan el terreno y atacan al enemigo por los flancos y la retaguardia. Nada pues de asaltos frontales con la bayoneta calada, tan del gusto de aquella primera mundial. Son las mismas tácticas que Rommel empleará con éxito en África en 1941-43. Por otro lado también nos vamos a encontrar con el increíble ego del protagonista. Asistiremos a sus quejas porque tiene que abandonar una posición porque el resto de las tropas y mandos no le apoyan a “él”; a profundas incursiones que, en alguna ocasión, pondrán a sus hombres en situaciones muy difíciles; a su total desconocimiento y desinterés por las cuestiones logísticas y a un absoluto desprecio no ya por la seguridad de su fuerza, sino también, en algunos casos, por el plan general de acción y por las necesidades y problemas de otros oficiales y soldados que no combaten directamente bajo su mando. Son las mismas acciones que lo llevarán a la derrota en  África en 1941-43.

Finalmente y dicho lo dicho no quiero acabar esta reseña sin insistir en el origen de estos dos Rommel. Porque lo cierto es que durante años nuestro escritor tuvo una imagen, y ahora, poco a poco, empieza a surgir la otra, que probablemente fue algo más real.

La imagen que más ha trascendido de Rommel empezó a forjarse, a nivel internacional, en 1941, cuando como oficial general fue enviado al norte de África. Allí tuvo ocasión –empleando a mayor escala las técnicas descritas en el libro que hoy comentamos- de vapulear a sus oponentes británicos en varias ocasiones. En ese momento surgió el mito, un mito cultivado no sólo en una Alemania cada vez más necesitada de inspiración para sus soldados, sino también en un Reino Unido que debía explicar sus derrotas adjudicando la victoria a un enemigo extraordinario. La situación llegaría a tal extremo que cuando Montgomery llegó para ocupar el mando del 8º Ejército en África prohibió que se empleara su nombre: había que decir “los alemanes”, o “el enemigo”. Expresiones ambas con mucha menos carga negativa que “Rommel”.

A esta “glorificación del enemigo vencedor” hay que sumar las circunstancias de su muerte. Acusado de connivencia con el complot para matar a Hitler del 20 de julio de 1944, se le dio a elegir entre el suicidio y un juicio público, con la advertencia de que en el segundo caso su familia sufriría las consecuencias. Se añadió entonces a la imagen del hombre de guerra genial la del general anti-nazi.

Después de la guerra la nueva situación política y el interés por el ejército alemán por un lado, y la necesidad de presentar una Wehrmacht limpia como fundamento de la nueva Bundeswehr por otro (tal y como explica Wolfgang Wette), amén de muchas otras razones menores, potenciaron las dos circunstancias antedichas para presentar al público de posguerra el mito de Rommel. El gran Mariscal de Campo, brillante en la batalla, que nunca aceptó el nazismo y que fue asesinado por este; imagen que entonces aplastó la ahora naciente imagen opuesta: la del joven y condecorado miembro de la casta militar alemana que ascendió meteóricamente gracias a la complacencia del nazismo con él y a su propia complacencia con el nazismo (tal vez incluso por encima de sus auténticas capacidades como jefe militar), fue convertido en un héroe por la propaganda y empezó a desencantarse cuando, andando la guerra, perdió predicamento y fue relegado a ocupar puestos secundarios.

Opino.

Erwin Rommel
LA INFANTERIA AL ATAQUE
Tempus 2009

 

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19 Respuestas a “LA INFANTERIA AL ATAQUE – Erwin Rommel”

  1. Hindenburg Dice:

    Bueno, decir que Rommel quedó relegado a “puestos secundarios” cuando recibió una de las máximas responsabilidades sobre las tropas alemanas en Francia y los preparativos para repeler el inminente asalto alidado, me parece una exageración.

    En cuanto a la obra en si, advertir que muchos capitulos son bastantes técnicos y estan concebidos casi un manual de texto para un curso militar, aunque hay partes mas narrativas, sobre todo al principio. La filosofia de anteponer el ataque sobre otras consideraciones sale a relucir una y otra vez, solo aceptando las tácticas defensivas de mala gana. Y en la obra cuando aparece algún desprecio hacia las capacidades del enemigo esta justificado por causas totalmente objetivos. Cuando el enemigo se bate con eficacia Rommel se lo reconoce.

  2. Vorimir Dice:

    Ufff, creo que será demasiado denso-técnico para mi gusto pero le pasaré la reseña a un amigo al que le encanta la 2GM, seguro que se lo ha leído o ha odio hablar el libro. Y si no es así, agradecerá mucho la reseña de maese Koenig.

  3. José Sebastián Dice:

    Brillante reseña Koening. Coincido plenamente en que Rommel, al igual que otros militares de carrera como Stauffenberg, fueron los “niños mimados” de Hitler durante la etapa del rearme e, iniciada la guerra, mientras la “Wehrmacht” encadenaba una victoria tras otra. Los intereses de los militares y del partido nazi coincidían por lo que ambas partes “coexistían pacíficamente”. El problema surge con las primeras derrotas (Operación Tifón) y estalla definitivamente con los desastres del Sexto Ejército en Stalingrado y de la “Panzerarmee” en El Alamein (magníficamente relatadas por Robert Citino en “Las derrotas de la Werhmacht: las campañas de 1942)”. Hitler, para desgracia de sus soldados, asume el control absoluto de las operaciones militares, acabando con la libertad de acción táctica en la cadena de mando que había sido un signo de identidad del ejército alemán – y que tan al límite llevaba Rommel en sus victorias – y exigiendo a sus generales resistir hasta el último hombre y confiar en la “fuerza de la voluntad” como único motor para acabar con el cada vez más poderoso Ejército Rojo y con la entrada en guerra de Estados Unidos. Brillantes estrategas como Rommel o Von Manstein no podían comulgar con este credo, aunque como dijo el segundo “un mariscal de Prusia no se amotina”. Saludos

  4. APV Dice:

    Respecto a la presunta superioridad alemana, bueno en conjunto el ejército alemán era tenido en 1914 por el mejor de Europa y sus soldados los mejor adiestrados (con la excepción a nivel individual con los ingleses).

    Respecto al enfasis con el ataque bueno era el enfoque básico del ejército alemán en el que se instruyó, tomar la iniciativa. Y el principal problema por el que escriben en la época de enteguerras es superar el estatismo de las trincheras sea con tropas de asalto o de otra forma.

    De todas formas es interesante ver como muestra la evolución del ejército alemán y como se aprenden con sange las lecciones.

  5. Hindenburg Dice:

    La anecdota de Rommel atacando en solitario a tiros primero, y a la bayoneta despues, a cinco soldados franceses en uno de los combates de 1914 es bien aleccionadora de como se tomaba muy a pecho ( y demasiado, porque en esa escaramuza Rommel terminó gravemente herido y se salvo solo porque los franceses, temerosos de otros soldados alemanes que pululaban en el bosque detras de Rommel no se acercaron para rematarlo ) la doctrina alemana del ataque como instrumento preferente.

  6. Koenig Dice:

    Ciertamente.

    Es además muy aleccionadora sobre el caracter de Rommel, muy poco consciente en algunos momentos de las consecuencias que sus actos pueden tener para su mando.

    Con respecto a otras cosas.
    Personalmente sostengo lo dicho, Rommel es bastante denigrativo con los ejércitos de otras nacionalidad, y las causas objetivas que explica no siempre lo son tanto. Son causas que el puede considerar objetivas, pero no es lo mismo. Es más, cuando se mezclan algunos comentarios con los que se refieren al soldado alemán, la diferencia de trato queda muy clara.

    Con respecto a los puestos secundarios, lo cierto es que el brillante Mariscal fue relegado a tareas defensivas, lo que es secundario de por si, y además con un control muy escaso de los medios a su disposición. El resultado es que estuvo aproximadamente un año sin probar combate. Su caso recuerda curiosamente a las bajas por enfermedad de Guderian o Rundstedt. Rommel después de África, lo cierto es que fue aparcado.
    Aclaro.
    Ciertamente primero estuvo enfermo, tuvo que someterse a tratamiento y recuperarse.
    Después se le puso al mando de un Grupo de Ejércitos, el B, que fue destinado al Norte de Italia para oponerse a la defección de este país y a un eventual intento aliado de aprovecharla. Esto de por si me parece llamativo si del Mariscal de Campo estrella del Reich hablamos. Es extrañísimo que no fuera destinado a Rusia. Aún más extraño resulta que ante la dualidad de pareceres entre Kesselring y el sobre como llevar la campaña de Italia, el alto mando acabara por dar la razón a Kesselring y su cuartel general y él fueran trasladados. Ciertamente las cosas ya no pintaban bien. Había habido un tiempo en que se le hubiera dado la razón.
    Pasando a Normandía, lo cierto es que su misión principal fue preparar las defensas, pues tan solo tenía bajo su control directo divisiones costeras y una división blindada, la 21ª, muy mal equipada. Se le subordinó a Von Rundstedt, que ya había demostrado su escasa sinergia con las unidades blindadas y con el estilo de mando inherente a las mismas, y las fuerzas acorazadas quedaron bajo el control directo de Hitler.

    Desde luego ninguno de los dos panoramas es el de “La Infantería Ataca”, tampoco son el del Deutsches Afrika Korps. En realidad Rommel estaba de capa caída, y la consecuencia directa de ello es que no hubo duda alguna, a pesar de que, parece ser que no había pruebas contra el, a la hora de “sacrificarlo” tras el intento de asesinato contra Hitler.

    Opino.

  7. José Ignacio Dice:

    Creo que Rommel es un general sobrevalorado, y que si se le relegó a tareas defensivas es porque el alto mando le consideraba un temerario a quien, en cierto modo, le gustaba actuar por libre. Respecto a sus ideas políticas, yo le veo más bien un militar apolítico, hasta cierto punto, que sin duda se entusisamó con el nazismo, pero no por ello fue un nazi en sentido estricto. Como muchos militares alemanes era más bien un nacional – conservador, es decir nacionalista, partidario de un gobierno fuerte y autoritario, anticomunista, y posiblemente antisemita en términos moderados, pero también partidario de la autonomía del ejército, y como a muchos de sus colegas no creo que le hiciese mucha gracia que un cabo austriaco metiese sus narices en los asuntos de guerra que debian estar revervados para los profesionales del ramo. Y sobre su desencanto final, considero que más que a su relativa relegación en el mando tuvo por principal causa las derrotas sufridas y la convición que la guerra estaba irremediablemente perdida. Tampoco parece claró que estuvise involucrado de forma abierta en el movimiento que dio lugar al golpe del 20 de julio, más bien, estaba dispuesto a intervenir, si eran otros quienes ponian el “cacabel al gato”. También es cierto que no se le puede reprochar la comisión de crímenes de guerra, y de hecho se negó a cumplir la famosa “orden de los comandos”, pero no sabemos cual hubiese sido su comportamiento de haber sido destinado al frente del Este , no creo que hubiese sido muy distina de otros compañeros que se mancharon las manos de sangre.

  8. Lucía Dice:

    Estupenda reseña, monsieur Koening, siempre es un placer leer sus críticas. A mi me ocurre como a Vorimir, le voy a pasar sus comentarios a un familiar muy aficionado al tema de la IIGM, en general, y de Rommel, en particular.

  9. Valeria Dice:

    Con independencia del contenido de la obra, creo que siempre es interesante para el aficionado a la Historia poder leer de primera mano a los protagonistas de hechos pasados. Supongo que, aunque sea fugaz, o haya que leer entre líneas, siempre ofrecerán una visión del sujeto digna de atención. Como una manera de captar el carácter, los valores, las influencias o la formación vital de cada personaje.

  10. APV Dice:

    Hindenburg en la anécdota Rommel encabezaba un grupo de soldados, lo que parece es que se quedó sólo en el último momento (el mismo habla de lo difícil de dirigir soldados en terreno boscoso).

    Koenig, dices relegado a tareas secundarias, pero no estoy tan de acuerdo.
    Probablemente no se le envió a Rusia por la sencilla razón de que no tenía experiencia alguna con los soviéticos y había muchos oficiales con más antigüedad.
    Él era el que llevaba más tiempo luchando contra los aliados occidentales así que era lógico destinarlo a hacerles frente en sus invasiones a Europa.

    Si fue apartado de Italia se debió a dos motivos: no se llevaba bien con el mando italiano y no creía que los aliados fueran tan poco agresivos de no usar el mar para flanquearle, por lo que preveía un repliegue y un frente movil.
    Kesselring que estableció sucesivas líneas estaba más cerca de las ideas de Hitler de defender todo, con lo que fue elegido, y tuvo mucho éxito porque los aliados le siguieron el juego.

  11. Galaico Dice:

    Bueña reseña, Koening, sobre este mítico mariscal, temido sobre todo por los aliados gracias a sus grandes triunfos con el África Korps. Ese es el Rommel que todos conocemos, El zorro del desierto. Pero luego pagó su servicio con su vida porque era tenido por traidor hacia Hitler y le implicaban en el atentado que se estaba preparando contra él. Por lo que se ve, Rommel era símplemente un militar, parece ser que antinazi . Era el único que veía claramente la victoria de los aliados. Koening se ve que domina el tema de E. Rommel y nos aclara muchas dudas sobre este mito pero lo que parece que nunca se sabrá es si realmente estaba implicado o no en el atentado contra el Fhürer.

  12. Hindenburg Dice:

    Cierto APV, en aquella acción Rommel era un teniente ( creo , no recuerdo el rango ahora mismo, y de hecho el libro es útil para comprobar su paulatino ascenso en el escalafón) que encabezaba una sección. Hay un comentario con un velado reroche a los hombres que se quedaron rezagados. Pero que al toparse con número de franceses que le superaban en 5 a 1 tomara la decisión de disparar, abatir a dos y arremeter a la bayoneta contra los otros tres que por supuesto le disparon y lo derribaron demuestra perfectamente su carácter personal, y que consideraba, incluso en el combate individual, que tomar la iniciativa y abrumar al advesario con una exhibición de fuerza era la clave de la victoria extraordinaria…o de una derrota total. Era la filosofía, compartida por una cierta tradición cultural gérmanica de que el concepto mismo de la lucha, la competición es lo esencial, y que la victoria o la derrota quedan en un plano inferior. Ese estilo temerario o “aventurero”, por cierto, lo acercaba mas al estilo de los nazis que al de los oficiales de Estado Mayor del Heer, cuya tradición prusiana buscaba una victoria segura apoyada en bases técnicas era más convencional. Tal vez eso explique la sintonía inicial de Rommel con el nazismo, aparte de otras cosideraciones adicionales.

  13. David L Dice:

    La escuela militar prusiana, si no recuerdo mal, daba mucho valor a la libertad de acción de sus oficiales sobre el terreno de combate, siendo esto así tal vez no deba extrañarnos la singular manera de actuar de Rommel. Quizá pecara de ser un tipo demasiado osado y lo de cubrir los flancos, además de asegurar una posible vía de retirada, no fuera para nada con el espíritu militar de el zorro del desierto…pero…¿no era eso lo que siempre caracterizó a los ejércitos alemanes?

    Tengo el libro en edición de bolsillo, me alegra saber que la traducción es correcta, un plus añadido a la hora de animarme a su lectura. Por cierto, la obra mencionada por Koenig, “Lamuerte de la Wehrmacht” de Robert Citino es una joya de libro y una muy buena síntesis para comprender y analizar la filosofía militar alemana.

    Un saludo.

  14. APV Dice:

    Hindenburg, por el escenario me da la impresión de que Rommel confiaba en que sus hombres lo estuvieran siguiendo cuando se topa con los franceses, diciendo luego de abatir a los 2 que parece que no le seguían por lo que tuvo que cargar.

    Respecto a la escuela alemana ciertamente dejaba mucha autonomía e incluso había un exceso de celo por parte de los oficiales de lograr méritos a todos los niveles: basta ver lo sucedido con los comandantes del 1º y 2º ejércitos.
    Pero también era una idea aplicada en Francia, donde Grandmaison propugnaba el ataque a ultranza que paralizase al enemigo, que acosado no podría maniobrar.

  15. Koenig Dice:

    Buenas noches.
    Hay una diferencia entre el ataque a ultranza y la agresividad.

    Empecemos por la doctrina alemana: Esta se basaba en que cada oficial debía ser capaz de decidir por si mismo como cumplir las misiones que se le encomendaban sin que las instrucciones de sus superiores entraran en detalles. Por su parte los jefes superiores debían ser capaces de adjudicar a cada fuerza una misión acorde a sus posibilidades, en caso contrario adjudicarle elementos de fuerza extra y en todos los casos coordinar las diferentes fuerzas bajo su mando.

    Siguiendo con la agresividad la doctrina alemana, si no recuerdo mal, propugnaba la acción como modo de hacerse con el control de la batalla. Esto significaba que en caso de ofensiva el oficial debía enviar su unidad al ataque buscando atacar el punto más débil de enemigo -que no es lo mismo que lanzarse al ataque él personalmente- y en caso de defensa esta no debía ni basarse en posiciones inamovibles ni, sobre todo, ceder la iniciativa al enemigo esperando que eligiera donde y cuando lanzar su asalto. En este segundo caso (defensiva) debía lanzar ataques a pequeña escala, de prueba, contra las posiciones enemigas, desbaratar sus preparativos, tensionar a sus oficiales, capturar prisioneros y provocar errores.

    Desde este punto de vista que Rommel, como oficial, se lanzara al ataque en cabeza de sus hombres sin tener la seguridad de que lo seguían fue un error por exceso de agresividad. Independientemente de su valor personal. Además también tenía tendencia a no coordinarse con las unidades a derecha e izquierda, dejando demasiado a menudo que fueran ellas las que se coordinaran con el, si podían.

    Lo malo es que de mandar una pequeña unidad en la I GM pasó a mandar un Cuerpo de Ejército en África, donde cometió errores sememejantes. Su famoso ataque hacia la alambrada durante la ofensiva británica Crusader, con él al frente de la caballería cual si se tratara nada menos que de Murat, fue una de las causas finales de la derrota alemana. A raíz de su acción perdió contacto con el resto de su ejército, gastó sus últimas reservas de combustible y, si su Estado Mayor no hubiera tomado la decisión de ordenar la retirada en su nombre o si los británicos hubieran estado más rápidos, el DAK hubiera sido destruido. Algunos elementos, de hecho, lo fueron.

    Opino.

    Saludos.

  16. Koenig Dice:

    Casualmente y sobre este tema me encontré ayer con unas palabras de Alan Moorehead, el corresponsal australiano en el 8º Ejército y autor de la “Trilogía Africana”, en las que hablaba de Rommel.
    “Rommel ha sido mejor general que cualquiera de sus homólogos del bando británico, y solo por una razón: porque el ejército alemán ha sido mejor que el británico. Rommel no es mas que la expresión de ese ejército alemán mejor capacitado”.
    Moorehead, “African Trilogy”, Cassel 1998, pag 418.

  17. lucano Dice:

    Estimado Koenig
    Me parece muy bien traído este libro, aunque debo confesar que no coincido con el trasfondo de la reseña ni el perfil esbozado sobre el autor.
    Me explico:
    1) sobre el libro: es en mi modesta opinión más un libro técnico sobre tácticas de infantería que unas memorias al uso sobre su participación en la Gran Guerra. De ningún modo me parece que aludir a las cualidades del soldado alemán suponga una suerte de apología del nazismo, pues se trataba de utilizarlo para instruír soldados (o más bien oficiales y suboficiales) alemanes que habían perdido una guerra. No parece procedente exaltar las virtudes de los americanos, por poner un ejemplo. Tampoco ejemplificar actuaciones incorrectas con soldados enemigos me parece tan raro, se trata de transmitir convicción en las propias capacidades. Además el mensaje es claro, insiste (a veces un poco machaconamente) en una línea argumental muy clara: la movilidad frente a lo estático, la iniciativa frente a la actuación rutinaria. Para eso es el libro, no le veo otra intención y menos de tipo panfletario. Por otra parte de ningún modo aconseja ataques de corte suicida, muy al contrario insiste una y otra vez en la protección de los soldados en sus nuevas posiciones (“el sudor ahorra sangre”, en referencia a la necesidad de atrincherarse tras el avance, aún a pesar del cansancio lógico).
    2) Respecto al autor, lo comento en otro post para no cargar demasiado al personal.
    Saludos

  18. David L Dice:

    Llevo leídas casi 200 páginas de “La Infantería al ataque” de Edwin Rommel y no puedo más que avalar su lectura. Coincido prácticamente con Lucano en cuanto al sentido de estas memorias, si obviamos el pequeño análisis técnico que realiza Rommel al final de cada capítulo, el resultado es un gran libro de acción. Desde luego es apasionante leer las incursiones del teniente Rommel en la retaguardia enemiga y, como bien ha comentado Lucano, siempre haciendo énfasis en la rapidez de movimientos sin descuidar la defensa. Pensaba, antes de su lectura, que sería mucho más técnico, pero he podido comprobar que puede ser leído sin ninguna dificultad. Hay acción por doquier, la cercanía de líneas permitía “saltar la trinchera”y poder enfrentarte al enemigo muy cerca, a veces demasiado, la lucha cuerpo a cuerpo era algo habitual. El propio Rommel, en la acción que ha descrito Hindenburg anteriormente, se lanza prácticamente a la bayoneta y es herido en el muslo de un certero disparo mientras atacaba a la desesperada. Tras ser herido y derribado espera en el suelo ser atravesado con la bayoneta por algún poliu( soldado francés) salvando la vida in extremis. En fin, sigo con tan apasionante lectura la cual recomiendo vivamente. A mí me está pareciendo de lo mejor que he leído en lo que va de este año 2012.

    Un saludo.

  19. David L Dice:

    Acabado el libro de Rommel. Comparto la opinión que sobre este libro resalta Lucano y me gustaría añadir una frase del propio protagonista que dice mucho de él:

    ¡quien no arriesga no gana!

    Sin duda toda una filosofía de vida.

    Un saludo.

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