LA GUERRA DEL PELOPONESO – Donald Kagan

LA GUERRA DEL PELOPONESO - Donald KaganHubo un tiempo en Grecia en que un porcentaje importante de las polis, las ciudades-estados que la componían, se unieron para hacer frente, en dos ocasiones, a la invasión persa.

Y curiosamente, menos de cincuenta años mas tarde, un porcentaje importante de esas mismas polis se enzarzó en una guerra que duró casi tres decenios, y cambió por completo la cara de Grecia.

La historia de la Guerra del Peloponeso es la que nos narra Donald Kagan en este libro, aunque en versión divulgativa (la primera en la frente), es decir, es la versión para todos los públicos de los cuatro libros, mas académicos, escritos por el autor sobre este tema: The Outbreak of the Peloponesian War (el inicio de la Guerra del Peloponeso); The Archidamian War (la Guerra Arquidámica); The Peace of Nicias and the Siclian Expedition (la Paz de Nicias y la Expedición a Sicilia) y The Fallo of the Atenían Empire (la Caída del Imperio Ateniense).

Pero en fin, puestos con este, vamos a hablar del libro. La Guerra del Peloponeso es de sobras conocida. En torno a dos grandes ligas (alianzas), la del Peloponeso, dirigida por Esparta, y la de Delos, dirigida por Atenas, se agruparon muchas otras polis en una guerra que pasará por diferentes fases y llevaría a la derrota final de Atenas (pues si, el Titanic, se hunde).

El libro está muy bien estructurado, en parte en herencia de los cuatro volúmenes que son su origen. Así comienza narrando cómo se iniciaron las hostilidades. Como siempre a causa de alguna pequeña ciudad o territorio no muy cercano (Parte I, El Camino Hacia la Guerra); para pasar a hablar de los primeros años, de las primeras estrategias, consistentes, para los espartanos en invadir el Ática, y para los Atenienses en utilizar sus largos muros para defender a la población y sus cóncavas naves para atacar las costas de sus enemigos (Parte II, La Guerra de Pericles).

Tras la gran peste y la muerte de Pericles las cosas cambian, principalmente en Atenas. La estrategia fundamentalmente naval empieza a ceder algo de protagonismo a las operaciones terrestres, y pronto -¡milagro!- un contingente terrestre espartano es obligado a rendirse en una pequeña isla antaño pacífica: Esfacteria. Las campañas que siguen son tan efectivas que, por fin, parece llegar la paz, la de Nicias, que pone fin a las hostilidades (Parte III, Nuevas Estrategias).

Sin embargo no se trata de una paz duradera, ya que ninguna de las dos grandes potencias ha sido vencida, ambas conservan y reconstruyen su capacidad bélica, y en el plazo de cinco años se pasa de la primera guerra mund… del Peloponeso a la segunda (Parte IV, La Falsa Paz). Esta nueva fase de una guerra que continúa va a tener su originalidad en un cambio de escenario: Sicilia. Los mismos mecanismos políticos de siempre, consistentes en atacar antes de que el contrario se vuelva demasiado fuerte y en destruir un enemigo potencial antes de que sea real, consiguiendo convertirlo en real cuando sólo era potencial; son los que llevarán a los atenienses a planificar una inmensa (para la época) expedición anfibia a Sicilia. Una expedición que terminará en una derrota durísima, que tal vez hubiera sido suficiente para dar fin a la guerra en otro tiempo, pero ya no. La sociedad griega ha cambiado -como muy bien nos explica Kagan a lo largo de todo el libro- y lo que al principio era impensable, como las masacres de griegos a manos de otros griegos, se ha convertido en moneda corriente, igual que la continuación a ultranza de la guerra mientras quede una posibilidad de resistencia. Como sucede con todas las guerras largas, esta se ha enconado de tal modo que no terminará, piensan los contendientes, sin suponer el final definitivo de uno de ellos (Parte V, El Desastre de Sicilia).

Si la catástrofe siciliana no supone, pues, la destrucción de Atenas sino que a pesar de ella se mantiene en guerra, va a haber cambios importantes en este contendiente… y en el otro. Atenas va a sufrir cambios políticos antidemocráticos que si bien van a suponer una mejora en algunos aspectos (parece que votar las decisiones estratégicas secretas en un lugar público donde cualquiera pudiera enterarse no era la mejor opción), en otros van a suponer una ruptura de la unidad que a la larga resultará fatal, especialmente cuando las ciudades de la liga de Delos empiecen a preguntarse si todo eso va por ellos y si no estarían mejor yendo por libre. Sin embargo es posible que aún sean más importantes los cambios que va a sufrir Esparta. En primer lugar van a armar una flota, los espartanos combatirán por mar. En segundo lugar, esa flota la van a armar con el dinero del odiado persa (Parte VI, Revolución en Atenas y en el Imperio).

Y finalmente Atenas cae. La nueva flota espartana acabará siendo efectiva, y tomando el control del Helesponto, como lobos grises, los espartanos ahogarán los suministros que llegan a Atenas desde las costas del Mar Negro, sumando la hambruna, o el miedo a la hambruna, a los múltiples pesares de los atenienses, que finalmente se rendirán (Parte VII, La Caída de Atenas).

La conclusión de todo esto fue de lo más curiosa. Los espartanos, que habían empleado la libertad de Grecia, al menos de la sometida al imperio ateniense, como causa moral, acabaron repartiéndose gran parte del imperio vencido con los persas, y fundando su propio imperio. Y Atenas, completamente derrotada, condenada a la tiranía (multiplicada por treinta además), sin flota y sin imperio… no tardaría en recuperarlo en buena parte tras una posguerra de lo más eficaz. En diez años volvían a tener una flota, posesiones imperiales, sus muros largos y un asiento de favor en las maniobras antiespartanas de Grecia.

Estos son los acontecimientos principales por los que pasa el libro, todos interesantes, pero más interesantes aún, si cabe, cuando el autor los desglosa, los explica, desgrana sus consecuencias y los aplica a explicar los profundos cambios que provocaron.

Con respecto a fallos y aciertos, y antes de que alguien rompa el teclado del ordenador de un cabezazo, es un texto fluido, muy cómodo de leer (tal vez demasiado pues se lee casi como una película, o un documental de los buenos), y lleno de datos interesantes. Un texto acompañado por unos cuantos mapas, siempre escasos pero suficientes, que ilustran bien los acontecimientos. Pero sin embargo es un texto al que, tal vez por saber que era una versión de otros cuatro, noté que faltaba algo. Es como si en algunas partes del mismo se dieran cosas por sabidas, acontecimientos que, al condensar y allanar cuatro libros en uno, se quedaron en el tintero por demasiado detallados y acabaron por convertirse en una sensación de duda un tanto desagradable.

Pero, en todo caso, es el libro de una eminencia del mundo griego antiguo. Una eminencia que tal vez debió quedarse en aquel mundo, pues sus ideas, muy conservadoras, pueden empañar un tanto su credibilidad, aspecto sobre el que me llamó la atención no hace mucho, en una distendida charla uno de nuestros hislibreños habituales, y que si bien no debe impedir ni prejuzgar la lectura, es un dato a tener en cuenta.

Interesante en todo caso.

Opino claro.

LA GUERRA DEL POLOPONESO
Edhasa 2009.

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37 Respuestas a “LA GUERRA DEL PELOPONESO – Donald Kagan”

  1. farsalia Dice:

    Leí este libro cuando se publicó en septiembre y coincido bastante con tus apreciaciones (reseña en mi blog). Un buen libro, pero que no vale lo que pagas (ni siquiera los mapas compensan los 45 € que vale el libro), del que esperabas algo más (también me pareció una versión abreviada de su tetralogía sobre el conflicto), pero que se lee con amenidad y ritmo.

  2. cavilius Dice:

    Lo leí hace poquito y también tengo la misma impresión que farsalia y Koenig. Pese a estar muy bien escrito, sí que da un aire de resumen de algo de mucha más envergadura. Por poner algún pero que no se haya dicho: pues que Kagan juzga muchas veces a toro pasado, en plan “si Fulánides hubiera hecho tal cosa en lugar de tal otra, no le habría ido tan mal”, pero ese es el privilegio que tiene un historiador sobre su protagonista, el de conocer el futuro. Otras cosillas: trata de redimir la figura de Cleón, habitualmente juzgado de manera muy severa, o de minimizar un poco el empaque de la expedición a Sicilia… Pero en líneas generales me parece un libro estupendo cuya única pega es el precio.

  3. cavilius Dice:

    Otra cosilla más: mucho seguimiento de la obra de Tucídides, con pinceladas de Diodoro, de las Helénicas de Oxirrinco y de algún otro de cuando en cuando. Y cuando se acaba Tucídides, tira de Jenofonte y Diodoro. Pero es que es lo que hay, claro.

  4. farsalia Dice:

    Sí, más no hay…

  5. Aretes Dice:

    Creo que para quien, como una servidora, no tiene grandes pretensiones de saber todo y cada uno de los detalles es un libro a tener en cuenta… cuando lo encuentre rebajado, claro.

    Koenig, así que te pasas a las batallitas de lanzas y escudos… Pues también te lucen, también.

  6. ARIODANTE Dice:

    Completita reseña, sí señor! Se me ocurre que, bueno, si él mismo ha publicado cuatro tomos sobre el tema y luego los quiere resumir para los que no estén dispuestos a zamparse los cuatro tomos (que seguro hay algunos que lo estarán y otros que no), a mi me perece una buena iniciativa. No me parece tan buena que cueste 45€; ésa me parece catastrófica. Que haya mapas, ya era hora, por ese precio hasta pod´rian añadirle un cd con un videoclip y banda sonora.

    Y una preguntita, chato: cuando dices que sus ideas (las de Kagan, entiendo) son muy conservadoras, ¿a qué te refieres, exactamente? Lo pregunto porque aunque he oido nombrar mucho a Kagan, no le he leído y no sé de que va. Es decir ¿se trata de una interpretación de la historia conservadora? ¿en qué consiste una interpretación convervadora de la historia? Pregunto desde mi ignorancia, asi que requiero respuesta sencillita, para legos.

  7. farsalia Dice:

    Desconozco cuales son esas ideas conservadoras, pero, habiendo leído este libro, me resultan del todo indiferentes y puedo decir que no afectan para nada la lectura del mismo. Total, hace tanto que la palmaron estos griegos y bastante tuvieron con sus problemisllas internos. Pero sí tengo curiosidad por saber cuáles son…

  8. cavilius Dice:

    Exactamente, Aretes y Ariodante. Creo que este libro reúne las mejores cualidades que se le pueden pedir a un libro divulgativo: ha sido escrito por un experto en la materia (en este caso probablemente es el mejor experto que hay), con lo cual puedes fiarte de todo lo que te cuenta; y además se lee con gran facilidad y soltura, con lo cual no se hace aburrido en absoluto, y eso que tiene más de 700 páginas. Y por si fuera poco, en el mercado español tampoco hay mucho más donde escoger en cuanto a monografías de este calibre sobre la guerra del Peloponeso.

  9. Javi_LR Dice:

    En cuanto a las ideas conservadoras, yo me lo tomo como lo que en puridad significa: “Dicho de una persona, de un partido, de un gobierno, etc.: Especialmente favorables a la continuidad en las formas de vida colectiva y adversas a los cambios bruscos o radicales” (DRAE). Vamos, un garante del estíritu clásico, un continuador de los textos “de toda la vida”, sin margen a mayores especulaciones atrevidas y alejadas del canon. Tampoco creo que haya que buscar en esto tres pies al gato. No obstante, a lo mejor Koenig se ha referido a otra cosa. Pero lo dudo.

  10. ARIODANTE Dice:

    Es lo que siempre he pensado; pero no sabía si en historia clásica había alguna, digamos, polémica entre distintas versiones conservadoras y vanguardistas. No puedo imaginar una interpretación “vanguardista” de la guerra del Peloponeso, la verdad, salvo que se encontrasen pruebas fehacientes que documentaran un cambio radical en la interpretación, y en ese caso no sería “vanguardista” el adjetivo más adecuado. No sé si me explico. Se pueden avanzar interpretaciones de los hechos dudosos o de la ausencia de datos en una época determinada. Y ahi cabe moverse en una dirección o en otra. Pero ante hechos documentados, sólo cabe anteponer nuevos hechos que en alguna manera contraríen a los anteriories.
    Es que entonces no entiendo el sentido de llamar conservadora a una interpretación clásica. Porque me ha parecido que había como un matiz negativo; quizás estoy sacando conclusiones desmadradas, pero me había surgido la duda, simplemente.
    Claro que, volviendo a leer el texto del galo, me parece que se refiere a las ideas personales de Kagan, no a su interpretación de la historia. Las ideas personales de este señor a mi no me interesan lo más mínimo, pero su texto por lo que se expone en la reseña, me parece francamente importante.

  11. Pamplinas Dice:

    El traductor es Alejandro Noguera, de la fundación Iveco y museo Iber. Experto en la materia, sin duda un buen traductor.

  12. Javi_LR Dice:

    Cierto, Pamplinas, cierto.

    Ariodante, ahora que releo la reseña y caigo en alguna conversación pasada, tal vez tengas razón y esas ideas que señala el galo sean, digamos, más contemporáneas.

  13. ARIODANTE Dice:

    O sea, que no tiene nada que ver con su interpretación de la historia, deduzco. Y sí, parece que Alejandro ha traducido bastantes libros. Este chico promete…

  14. Koenig Dice:

    Me he metido en un berenjenal. Paso a aclararme.

    Cuando leí el libro tuve la sensación de que algunos de los comentarios de Kagan no eran excesivamente elogiosos para la democracia ateniense. No le di importancia.

    Sin embargo buscando datos sobre el autor parece que es uno de los defensores de los principios del neoconservadurismo estadounidense, y del “Project for a New American Century”.

    Indudablemente no critico a nadie por sus ideas políticas, pero si suelo criticar que estas ideas políticas se filtren a los libros de historia. Impresión que tuve, seguramente errónea, en su momento.

    Pero tampoco sabría precisarlo demasiado, así os pido disculpas por haber mezclado churras con merinas. No venía al caso.

    De hecho, como ya he dicho, es una eminencia del mundo griego, y concuerdo totalmente en que su libro, como divulgación, es muy bueno.

    Un saludo.

  15. ARIODANTE Dice:

    Fenomenal; ¡pues estamos todos de acuerdo!

  16. txema Dice:

    Koenig, con la venia… ¿Es tu fuente de inspiración para 300 otra vez? O ha sido a raiz de tu incursión en las Termópilas lo que te ha impulsado a leerte este libro divulgativo? Es simple curiosidad.

    Para mi, este tipo de libros divulgativos son buenos como las revistas hola de la Historia… Para divulgar, pues vale. Pero como decimos en Valencia, ni chicha ni llimonà. Es decir, un librus interruptus para mi gusto. O me das droga dura o no me des nada.

    Pero para gustos colores…

  17. Valeria Dice:

    Pues desde luego tiene precio de sustancia estupefaciente.
    Yo prefiero estos libros a las revistas de Historia. Y un bombero a un bombardero, crecer a sentar cabeza, prefiero la carne al metal, y las ventanas a las ventanillas….

    Lástima que la hucha para los libros gordos está vacía, y tiene prioridad el de Quesada.

  18. ARIODANTE Dice:

    A ver: depende desde qué ángulo se sitúe uno. Para un profesor, un investigador, un especialista, seguro que este libro queda cojo; de hecho, lo más probable es que vayan a las fuentes, directamente, que es lo que yo haría si fuera mi caso, que no lo es.
    La Historia, para los que están fuera del ámbito académico, es ya una cuestión de pura curiosidad, de interés, que en unos casos es vago y general y en otros se concentra es períodos concretos, lo que a uno más le vaya. Y hay quien sólo quiere que le den pildoritas dosificadas y quien lo prefiere en vena, como aqui el amigo Txema.
    Pienso en los libros divulgativos de Arte, por situarme en un punto fuerte: si no se hubieran editado esos libritos de Taschen, por poner un ejemplo, u otras colecciones semejantes, asequibles y muy bien ilustradas, donde te dan píldoras de arte dosificadísimas, pues muchísimos artistas no hubieran llegado al conocimiento del público no académico ni dentro del cerrado mundo artístico.
    Yo creo que la divulgación, siempre que no se nos intente dar gato por liebre y sea correcto lo que nos cuente, es beneficiosa. El especialista ya sabe qué libros escoger y cuales evitar, y también cuales recomendar a los que se inician. I presume.

  19. farsalia Dice:

    Bueno, con este libro no te vas a las fuentes: el libro SON las fuentes.

    No me sorprende demasiado que Kagan sea crítico con la democracia atenienise del período de la Guerra del Peloponeso, independientemente de sus propias ideas políticas: también lo fueron Aristófanes y Platón una generación después. Cuando buscaron las causas de la ruina ateniense, la vieron en unos políticos “demócratas” que llevaron la polis al desastre (la campaña siciliana es una buena muestra).

    En La Antigüedad y sus mitos: narrativas históricas irreverentes, el librito colectivo coordinado por Mª. Cruz Cardete (Siglo XXI, 2010), hay un capítulo escrito por Miriam A. Valdés Guía, “Los griegos inventaron la democracia… ¿o fuimos nosotros?” (pp. 43-61), en el que se diseccionan los mitos historiográficos alrededor de la democracia ateniense. Interesante.

  20. ARIODANTE Dice:

    Acertado comentario, pues.

  21. Koenig Dice:

    Buenos días.

    Indudablemente estoy contigo Txema (sobre todo después de haber sido capaz de aprehender la “Revolución de la Arqueología” de Morris).
    El caso es que tres circunstancias me empujaron a leer este libro.
    En primer lugar saber que Kagan era un experto en el tema, y que yo no entiendo de griegos.
    En segundo lugar haber experimentado que Edhasa publica, en la misma colección, libros cien por cien divulgativos y libros cien por cien casi impermeables al público común. (Lo de Morris fue una ordalía)
    Y en tercer lugar no saber que ese libro era el resumen divulgativo de los otros cuatro.

    Luego, ya puestos, total, para cinco días que duró la cosa fue cuestión de llegar hasta el final, y el libro es entretenido, eso es innegable.

    Con respecto a la inspiración para trescientos. No se si lo dices porque al final te gustó :-) o porque no :-( [el libro o el relato, o ambos o ninguno]. El caso es que a inspiración vino mas bien de Cartledge, de un par de Ospreys, de la película, de algún comentario que oí por la radio, del rollo que le solté a mi santa esposa después de ver la peli con todos los fallos que se me ocurrieron, además de algún clásico que tengo en mi biblioteca… En resumen, de los múltiples puntos de vista y narraciones que puede tener una misma historia. Pero no, no me vino de este libro. De hecho, lo leí después.

    Un saludo.

  22. cavilius Dice:

    Al hilo del comentario de farsalia: es que la democracia que tuvieron los atenienses carecía absolutamente de “filtros”, era directa y representativa del pueblo a más no poder. Era literalmente el gobierno del pueblo, siendo este los ciudadanos que tenían derecho a asistir a las asambleas, claro, no las mujeres ni los extranjeros residentes ni los esclavos. Y en las asamblea, el que más sabe convencer es al que se le hace más caso, lo cual quiere decir que hoy la asamblea vota blanco porque fulanito ha expuesto muy bien las ventajas de ese color, y al día siguiente vota negro porque menganito hace lo propio con el negro (y quién sabe si no se vota también si condenar o no al que propuso el blanco). Mientras tuvieron a Pericles como voz cantante (nunca mejor dicho), la política ateniense tuvo al menos orden y coherencia; sin él, el barco empezó a dar tumbos e incluso llegó a hundirse, y aunque reflotó, ya nunca llegó a navegar tan bien como antes. Y lo del hoy blanco y mañana negro no es una metáfora, es literalmente lo que sucedió en alguna que otra ocasión. El ejemplo más claro es el día que, en plena guerra del Peloponeso, votaron matar y esclavizar a los habitantes de una ciudad y al día siguiente votaron lo contrario.

    El libro que citas, farsalia, lo he estado ojeando hoy mismo y a punto he estado de comprarlo. Tiene también un capítulo (el último, creo recordar) escrito por Domingo Plácido que no debe de estar nada mal.

    Al hilo del comentario de Ariodante: me ratifico en lo dicho, creo que este es un gran libro (por tamaño y por contenido), de un poder divulgativo enorme y escrito para el público que quiera conocer, que no investigar (para eso estarían sus 4 volúmenes), qué caray pasó con los griegos en aquellos 27 años de guerra. Los mapas (antes olvidé comentarlo) a mí me parecieron pocos pero al menos haberlos haylos. Si no recuerdo mal, sólo aparece el mapa descriptivo de una batalla (¿la de Mantinea?, uf, no me acuerdo bien), y yo particularmente me suelo perder cuando no veo una descripción gráfica de las disposiciones de las tropas y sus movimientos.

    Al hilo del comentario de Koenig: ¿Cinco días? Yo estuve todo el mes de febrero cargando con el dichoso libro. Paquetúveas.

    Al hilo del comentario de txema: no pienses que es un libro ligero, yo creo que más bien al contrario, hay en él muchísima información . No es droga dura, es verdad (sí lo deben de ser los 4 volúmenes de Kagan), pero tampoco es una pluma al viento.

    Al hilo del hilo: saludos.

  23. ARIODANTE Dice:

    Querido griego: ¡ahí le has dado! Oportuno y sazonado comentario, chato; estoy absolutamente de acuerdo contigo.

  24. farsalia Dice:

    Los mapas más bien son reitrerativos. Hay casi una treintena, pero que realmente “cuenten” algo, no más diez.

    El librito coordinado por Mª. Cruz Cardete es interesante, algunos capítulos más que otros; Domingo Plácido da pistas, más bien reflexiones, sobre algunos temas concretos. Demasiado posmodernismo para mi gusto, eso sí…

    El problema de la democracia ateniense es que nunca tuvo momentos de paz en la época clásica (c. 460-322, si dejamos a un lado sus inicios clisténicos y poco después), tiempo para reflexionar un poco sobre su buen o mal funcionamiento. Tuvo enemigos feroces casi desde el principio, entre sus propias filas, y no acabó de cuajar en aquello que realmente pretendía. Lo sorprendente es que no hubiera más Cleones. Se nos queda también una imagen bastante mitificada de la misma, demasiado idealizada.

  25. Javier Negrete Dice:

    Una apreciación rápida. Aunque no he tenido el libro en las manos, y no sé en cuánto queda el resumen, no hay que olvidar que la suma de los cuatro volúmenes originales se acerca a las dos mil páginas. Kagan escribe con el pulso y el ritmo de un divulgador, pero su obra no es de divulgación, sino un monumento escrito por un auténtico experto… que en ocasiones tiene opiniones que otros expertos compartirán más o menos, evidentemente.

    Otra obra de tono muy distinto sobre la Guerra del Peloponeso, pero muy recomendable, es “A War Like No Other”, de Hanson. Para los amantes de la historia militar, en mi opinión, imprescindible.

    Un saludo,

    Javier

  26. cavilius Dice:

    Ah, Davis Hanson, otro de los escasamente traducidos al castellano…

    Farsalia, yo creo que seguramente sí que hubo otros Cleones (cuya valoración negativa a lo largo de la Historia se apoya en el veredicto que sobre él emite el casi siempre imparcial Tucídides, y que por cierto Kagan pone en duda, como creo que comenté antes -¿lo hice?-); lo que no hubo fue otros Tucídides que hablaran de ellos. (Caramba, ahora me pica la curiosidad repasar a Aristóteles, a algún orador, a Aristófanes y a algún otro, a la búsqueda de Cleones).

  27. txema Dice:

    gracias javier. Tomo nota.

  28. Anaxandrinas Dice:

    He leido el libro, y noto en falta especialmente del escritor, una parcialidad y favoritismo hacia Atenas y en contra de Esparta, que se refleja en lo siguiente: Primero, las derrotas Atenienses siempre trata de justificarlas, y las victorias espartanas, las describe siempre escuetamente, pasando en seguida a justificar las causas, como errores atenienses. Segundo, los persnajes atenienses son más ampliamente descritos en cuanto a virtudes y defectos, que no los espartanos, cuya descripción biográfica es más escueta. En cuanto al precio del libro, de acuerdo en que es caro, pero que se puede esperar de una obra publicada por Edhasa. Y sobre los mapas, si bien algunos son repetitivos, son muy cómodos, por cuanto se introducen a medida que el texto describe un hecho en aquella Zona. En lineas generales considero que es un libro que vale la pena leer

  29. Carlos Dice:

    Pues yo lo leí y quede satisfecho, pero supongo que para algunos contertulios os sepa a poco, debido a vuestros elevados conocimientos y largo bagaje.

  30. cavilius Dice:

    No he percibido esa parcialidad de que hablas, Anaxandrinas, pero con ello no digo que no tengas razón. Es curioso que tras leer a Tucídides, la fuente de la que inevitablemente ha de depender cualquier estudio de la guerra peloponesia, tuve la sensación contraria: dentro de la atmósfera de imparcialidad de su obra, intuí un cierto tufillo de crítica hacia sus compatriotas atenienses. Por otro lado, y en cuanto a lo de las descripciones de los personajes, me temo que Kagan se ciñe (como es obvio) a Tucídides, quien da detalles en mayor cantidad y calidad de personajes atenienses que de espartanos (Temístocles, Pericles, Cleón, Alcibíades, Nicias, frente a Arquidamo, Brásidas y para de contar). La razón de que esto fuera así en la obra de Tucídides es clara: probablemente conoció y escuchó en persona a esos atenienses (excepto a Temístocles), en cambio a los espartanos quién sabe si tuvo la oportunidad.

    Saludos.

  31. Anaxandrinas Dice:

    Estoy de acuerdo contigo, Cavilius. Ya pensé, que el problema de la parcialidad que me pareció al leerla, era debido a la falta de multiples fuentes que dieran opiniones diversas sobre la guerra, y permitieran dar una descripción más objetiva para mi gusto. De todos modos, para mí la obra es buena y vale la pena leerla por su claridad descriptiva, y bajo mi opinión, el acompañamiento de los mapas, aunque repetitivos a veces, ayudan en mucho a leer la obra de una manera muy cómoda.

  32. hipérbolo Dice:

    Bueno, realmente todos estáis en un buen nivel sobre la Grecia clásica.
    Empero, hay algunas cosas, que precisamente porque los historiadores no cuentan, no se suelen tener en idem. Precisamente Kagan, hace también lo idem con mucho estilo. Quiero decir es uno de los especialistas más parciales, esto es más reaccionarios en el mismo sentido que Aristófanes o Tucídides, por decir algo, pero más avispados. Porque, quizá por ser un auténtico especialista en la guerra de marras, trata de salvar la cara haciendo alguna defensilla de un político como la copa de un pino, como es el comerciante en curtidos, y referencia de los sectores populares, Cleón.
    Me explicaré. Porque la cosa es todo menos clara.
    Pues, bien, resulta que Tucídides no solo es un historiador imparcial de la guerra en cuestión, si no también un aristócrata de la familia ateniense de los Filiadas (cito de memoria), ligados a la Tracia, y cuya madre es parte de la nobleza de más abolengo en esa región. Pero la cuestión es que, quizá por esos motivos, fue designado a la temprana edad de 30 años estratego de las tropas atenienses en la zona. Y llegó tarde a la defensa de Anfípolis. Parece ser que porque se entretuvo innecesariamente. Y esa fue la causa de que cayera esta importante plaza ante las tropas de Brásidas. A consecuencia de lo cual fue condenado al exilio, a iniciativa de Cleón.
    Digamos, como un paréntesis, que es una condena muy suave, pues, años más tarde, a los vencedores de las Arginusas, bajo el peso de la influencia de los “moderados” de Terámenes y de las fratrías de los caballeros, se les condenó a muerte, contra la opinión de Sócrates, y se les ejecutó. Claro que al día siguiente se les rehabilitó, pero, claro, la cosa no tenía fácil remedio. La acusación oficial fue que no habían recuperado los cadáveres de los muertos en combate, porque la tormenta que se desató, que habría arruinado la flota y la victoria, se lo impidió. La realidad que en la batalla se concedió libertad a los esclavos que tomaron parte en ella, un pésimo antecedente para los sectores privilegiados, -en la obra de Aristófanes, hay referencias críticas a eso-. Y, cosa usual, los aristócratas, junto con los autores modernos, usan esa situación, y ese cambio de criterio, como argumento contra la democracia, como se hace con la condena de Sócrates, impuesta, también, por los “demócratas moderados”.
    Pues, bien, como decía, es a partir de esos hechos que Tucídides se dedica a escribir su objetivísima historia. Verán Vds. que nadie en su sano juicio admitiría el testimonio de un autor en esas circunstancias, por mucho que reivindique, y trate de mostrarse objetivo. E incluso cuando trata de sí mismo parece crítico. Pero, es que, probablemente, hubo algo más que un retraso en su actuación de Anfípolis.
    Cabe decir que, después del desastre, Cleón tuvo que acudir con tropas de refresco, parece que menos nutridas que las de Brásidas (2.000 hoplitas de éste, frente a unos 1.200 del primero, se supone que de menor calidad que las de aquél, y, aproximadamente, la misma caballería). A pesar de lo cual recuperó las otras dos ciudades que había conquistado previamente el espartano, Esción y Torone. La batalla decisiva, frente a Anfípolis, fue evitada por Brásidas, y sólo cuando los atenienses se retiraban, y no presentaban un frente adecuado cayeron las tropas peloponesíacas sobre ellos, con una información sospechosamente exacta y lograron un triunfo. Los espartanos sufrieron siete bajas, según Tucídides, pero leñe, casualmente una de esas Brásidas mismo. Los atenienses sufrieron 600, según el mismo informante, entre los cuales Cleón.
    Todo y con eso, las victorias anteriores de Pilos y Esfacteria, debidas a los planes políticos de Cleón y a la estrategia del estratego Demóstenes y del propio Cleón, y sus consecuencias, incluido el haber conducido a Atenas como rehenes la flor de las tropas espartanas, que se rindieron en Esfacteria (esos guerreros que nuca se rendían, según fama creada tras las Termópilas) habían minado gravemente la moral de Esparta, y sus posiciones estratégicas, con lo que, muerto Cleón, Nicias, el jefe de los “demócratas moderados”, consiguió imponer una paz bastante favorable. Pero, perdieron la paz, así como habían ganado la guerra anterior, sin completar sus éxitos, en buena medida por los retrasos de los estrategos procedentes de la aristocracia que conducían tropas atenieneses, pues Tucídides no fue el único caso de retrasos sospechosos.
    ¿Por qué la aristocracia, primero, y en buena medida los ricos, los plutócratas atenienses, después, estuvieron dispuestos a traicionar a sus polis, incluida Atenas? ¿Por qué esa tendencia aumentó en la segunda parte de la guerra, después de la muerte de Pericles, y a partir de aquí, en la tercera?
    Pues, obviamente, porque sus aspiraciones eran llegar a una situación similar a la de Esparta, donde una aristocracia latifundista dedicada exclusivamente a la guerra, como única ocupación, se imponía sobre un mar de sirvientes en situación de servidumbre de la gleba (esclavitud donde las familias están ligadas a la tierra, y se adquieren y se transmiten con ella) u otras formas de esclavitud o, cuando menos, de grave y penosa situación. Es curioso que muchos historiadores que reprochan a la democrática Atenas que tenga gran cantidad de esclavos, pasen de puntillas sobre la situación de la muy oligárquica -gobierno de unos pocos- Esparta.
    Máxime cuando ignoran el motivo de por qué el miembro del partido aristócrata, Aristófanes, destina casi todas sus groserías y su lenguaje más escatológico a los demócratas y, especialmente, a Cleón. A quien dedica, entre las obras que nos han llegado, once en total, al menos tres, los acarnienses, los caballeros y las avispas, y múltiples sobreentendidos en las demás. Bueno también hay otro blanco constante de sus iras, Eurípides. Al cual dedica al menos otras tres, dos en exclusiva, Tesmoforias y las Ranas. Y, de paso, según parece, a Sócrates, al que dedica las Nubes. También tiene alguna en la que se dedica a mofarse de las aspiraciones de las mujeres. Pero, el problema es por qué atacar a Sócrates y Eurípides, que no tienen ningún vínculo directo con la política, y al primero especialmente, respecto del que ni siquiera puede alegarse la autorreferencialidad evidente en la escena ateniense.
    Pues, precisamente, porque no se trata del regate en corto o la añagaza táctica, como en el caso de Cleón y los demócratas, si no de las cuestiones de fondo. La aristocracia, que representan Tucídides y Aristófanes, y para el caso también Esquilo o Platón, y la mayoría de los autores que escribieron, aún mucho más mayoritarios entre los que han llegado hasta nosotros, pertenecían a la aristocracia más rancia de los eupátridas. O, como mucho, a los partidarios de la “democracia moderada”. Los moderados eran partidarios de una democracia restringida a los que tuvieran bienes, o en último extremo, como ocurre en las “democracias”, esto es lo gobiernos representativos, actuales, que nominalmente gobierne el demos, pero, en la práctica, eso corresponda por entero a las clases poderosas y pudientes, o como decía el mismo Tucídides, respecto del gobierno democrático del aristócrata Pericles, que sea el demos sólo de nombre. Son los casos del intrigante y traidor Terámenes, o el indeciso Nicias, éste también un aristócrata, o, para el caso, del orgulloso sinverguenza de Ánito, el que maquinó la condena de Sócrates, y de su patrón, el estratega Arquino, o del demagogo, este sí de verdad, en los términos que refiere Sócrates en el Gorgias, Alcibiades, y, por supuesto, en el plano intelectual, de Aristóteles. A sus rivales simplemente no los conocemos.
    No se diga que la calidad de los diálogos socráticos de Platón superó con mucho a los de Simón el zapatero, porque, de éstos, no conocemos más que el nombre. Ahora eso sí fueron más que los escribió Platón, por si queremos un dato objetivo.
    Qué ironía, precisamente eupátridas, referido a los que están dispuestos a traicionar a sus patrias respectivas, cuando sus privilegios peligran o cuando los beneficios lo justifican, o sea casi siempre, y que usan el patriotismo, el nacionalismo y el padre que los matriculó a todos, a troche y moche. Pero, es que, claro, ellos son la patria. Y los demás somos una mierda. O la hez, como dice el mismo Aristófanes… de los comerciantes. Y como tal nos tratan los Aristófanes de turno, o más finamente los Tucídides.
    Pues, bien, el misterio tiene solución. Son las posiciones de Sócrates y Eurípides sobre la mujer o sobre los metecos, los extranjeros residentes en Atenas, obligados al pago de impuestos y sin derechos ciudadanos, o los esclavos, los que condenan al pensador y al autor frente a Aristófanes, y los comediógrafos de su tiempo, pues recordemos que no fue el único que atacó a Sócrates. La cosa es que, probablemente, la comedia era como el canal català o la intereconomía de hoy día, si bien hay algunos más sutiles, el mismo Aristófanes a veces, cuando ataca a los plutócratas en su última obra Pluto; estos últimos son como la Vanguardia o el Periódico. Los que pagaban los festejos tenían unos gustos determinados, aunque esos gustos no fueran los de la población. Así Cleón y los (mal) llamados demagogos, sus sucesores, como Hipérbolo, otro blanco de los comediógrafos, eran unos héroes para el demos ateniense. Claro que, entonces, aunque no había internet, la gente tenía el recurso de hablarse en las calles, en las plazas o en los establecimientos comerciales, como hacía Sócrates. Y cuando Aristófanes presenta su pieza las Nubes, acusando a Sócrates de los tres delitos que en el, entonces vigente, decreto de Diopites llevaban aparejada la condena a muerte, queda en el tercer y último lugar del concurso.
    Pues, bien, estos personajes, que podían llevar al demos a posiciones que tenían por base ampliar y profundizar la democracia, probablemente la única vía de derrotar a la alianza de la liga del Peloponeso y los aristócratas-plutócratas de las polis de la arqué, eran el blanco de los odios más rabiosos de los aristócratas y de los ricos. Y Donald Kagan, y su hijo y su parentela, van del mismo palo. Para no dar dinero a un sujeto de su calaña, mejor leéis su libro en internet, que también está, probablemente para difundir sus puntos de vista ultras.
    Lástima que haya visto la cosa tan tarde. Hubiéramos podido tener un interesante debate por la época de la publicación.
    Gracias.

  33. cavilius Dice:

    Hola hipérbolo. No sé si acabo de entender el sentido de tu intervención, porque dices algo así como que “los puntos de vista ultra” de Kagan, que no conozco, le hacen contar la historia de manera sesgada, posicionándose a favor de los aristócratas (Tucídides, Aristófanes, etc.) y en contra del demos (Cleón, Sócrates, Eurípides). Pero lo que yo recuerdo de la lectura del libro de Kagan es que Cleón no queda malparado, o al menos no tanto como habitualmente suele quedar (y es que el retrato de Cleón que pintan Tucídides, Aristófanes, y también Aristóteles y Plutarco, ha calado en la Historia).

    Por otro lado, sobre esa pregunta que lanzas de por qué los aristócratas atenienses estuvieron dispuestos a traicionar su propia polis a mitad de guerra, lo de “traicionar” es tan sesgado como el posible sesgo que se pueda vislumbrar en la obra de Kagan (que, repito, no estoy en situación de negar aunque a mí no me lo parece). Los oligarcas, como es obvio, nunca estuvieron contentos ni conformes con la democracia, ese nuevo sistema de gobernar una polis la cual, como todas las polis griegas, tenía una tradición de gobiernos oligárquicos y tiránicos muy rancia y respetable. Sí, durante las guerras persas Atenas fue democrática, pero quien luchó en Maratón fue la aristocracia, y por eso esta batalla era más recordada y afamada en la memoria colectiva ateniense que Salamina, donde el combatiente fuer el demos. Durante toda la Pentecontecia las hetairías fueron un caldo de cultivo de maquinaciones calenturientas en contra de la democracia, básicamente porque la democracia les privaba a los aristócratas de prerrogativas que habían disfrutado desde siempre. Pero el carisma del líder democrático Pericles era mucho y poco pudieron hacer contra él en los muchos años que estuvo en la escena política ateniense (acusaciones y juicios que minaban su imagen, pero nada realmente serio). A su muerte llegó la oportunidad, pero enseguida llegó también Cleón, el maleducado y vociferante nuevo líder del pueblo que encandiló a los atenienses con una combinación de habilidad y buena suerte. Y también este murió, y entre eso y el fracaso de la expedición siciliana, y la guerra peloponesia que no se acababa, y el gobierno democrático que parecía incapaz de solucionar los problemas, el caso es que los oligarcas cobraron fuerza y acabaron haciéndose con el poder. Unos meses nada más, pero lo hicieron. Por tanto, no es que quisieran traicionar a su propia polis sino que precisamente querían liberarla del lastre de un gobierno inoperante y veleta, pero sobre todo querían librar a Atenas de un gobierno que no era el suyo.

    Sobre la obra de Tucídides, podrías echar un ojo a un librito de Luciano Canfora, El misterio Tucídides, reseñado en Hislibris, en el que se aportan curiosos argumentos acerca de la supuesta auténtica autoría de la Historia de la guerra del Peloponeso. Pocos son los que comparten las opiniones de Canfora, pero el libro es interesantísimo.

    Saludos.

  34. hipérbolo Dice:

    Hola Cavilius:
    Yo creía que ya había concluido el debate sobre este tema, lo cual me entristecía mucho. Sin embargo veo que, al menos uno de los participantes está dispuesto a continuar. Es una gran noticia. Gracias Cavilius.
    Estoy encantado pues en contestarte.
    Lo primero es, hombre, que Donald Kagan es reaccionario es bastante obvio. Su participación en el PNAC, Plan Para un Nuevo Siglo Estadounidense, y sus opiniones pro armamentistas en “Mientras América duerme” son de sobra conocidas.
    Pero el problema es que eso se refleja en su reflexión histórica, aunque no sabemos si era reaccionario en sus puntos de vista históricos y luego lo trasladó a su punto de vista político o viceversa. En todo caso era ya un profesor conocido, cuando participó en el PNAC. Bien, sabiendo que las cosas son así, pues nada. Quien quiera leer a Pío Moa, por poner un caso extremo, pues que lo lea, pero que sepa de qué va la cosa.
    Bueno, entrando en el fondo de lo que dices, haces referencias muy curiosas.
    Que Maratón fue un triunfo de los aristócratas atenienses (como partido, e incluso como clase o estrato social) lo estimo muy poco fundamentado. Parece más bien una victoria de todos los habitantes del Ática. Que Milciades era de una familia aristrocrática, es claro, la de los Filaidas, precisamente, la de Tucídides. Milciades es, ciertamente, el que liga esa familia a la Tracia.
    Pero, entre los estrategos de Maratón está Temístocles, en un papel muy destacado en el centro del dispositivo (al frente de la tribu de los leóntidas), y como se sabe es un conocido partidario de la isonomía, igualdad de derechos, isegoría, igualdad de palabra, y koinonía, por la que los argumentos aceptables se han de referir al bien común, que es mayormente como se llama al proceso de democratización de la época. Por otro lado no puede decirse que los combatientes por Atenas en Maratón (del 490 a.n.e.) sean todos aristócratas. Pues, las cifras habituales fijan el contingente ático en 9.000-10.000 hoplitas, junto con otros mil plateos, a parte de los esclavos y tropas auxiliares que participaron en la batalla. De ninguna manera los aristócratas atenienses en esa época fueron… 10.000, sino más bien unos cientos. Por otro lado, en la siguiente fase de las guerras, la batalla de Salamina (alrededor del 480) tuvo como principal estratega de la flota a Temístocles, pero en la posterior batalla de Platea el que estuvo al frente del contingente ateniense, fue Arístides, de la fracción aristocrática, no obstante aunque tan riguroso con su ajuste a la ley y a la rectitud que fue llamado el Justo. Parece que Sócrates lo tomaba como referencia y se dice que era antepasado suyo. No sólo hay gentes rigurosas en las filas de la aristocracia primigenia, si no también en las los demócratas tardíos, como p.e. Cleofonte que después de muchos años de controlar el tesoro ateniense, a su muerte, no se le encontraron bienes de ningún tipo.
    Pero, en el curso de la guerra del Peloponeso, la alineación de las polis, dependiendo tanto de su posición de clase como de su situación, en el Peloponeso o en las islas, en la jonia o en los alrededores de Atenas, se efectuó al mismo tiempo que el posicionamiento de la aristocracia. De hecho, el desencadenamiento de las hostilidades se produce con la ocupación de Platea por parte de las tropas de la oligarquía de Tebas. Éstos entran en Platea guiados por uno de los principales jefes de los aristócratas plateos, Nauclides. Y son tales aristócratas los que piden a los invasores tebanos que masacren a los demócratas, bastante numerosos según parece, cosa que en primera instancia éstos no aceptaron. Ciertamente, hubo una reacción de indignación por parte de los plateos, y las mujeres, parece que de todas las clases sociales, y los esclavos subieron a los tejados y lanzaron a los invasores tejas y piedras, y los persiguieron hasta arrinconarlos en las callejuelas y hacerles rendirse. Naturalmente Tucídides, y Donald Kagan, considera a los defensores de la polis “sedientos de sangre”, página 42, del texto de internet.
    Bien la acción de los aristócratas plateos quizá pueda llamarse de otras maneras, pero yo no he encontrado otra descripción más precisa que traición.
    La “sorpresa” de la flota ateniense amarrada en Egos Pótamos fue muy curiosa, probablemente fue debida también a que “alguien” explicó a los lacedemonios dónde y cómo se encontraba la flota. De los acontecimientos ante Anfípolis ya hablé antes.
    Terámenes, el partidario de la democracia moderada, es decir de restringir la ciudadanía de los aproximadamente 40.000 habitantes masculinos a los 5.000 hoplitas, llegó a un acuerdo con los tiranos y formó parte del régimen hasta que fue condenado y muerto por Critias el jefe de los mismos. Por cierto primo segundo de Platón y primo hermano de Cármides, otro de los tiranos, hermano de la madre del mismo Platón. Ambos parece que habían asistido a algunas de las explicaciones de Sócrates, lo que no les impidió emitir un decreto para impedir que el “maestro” hablara, e intentaron implicarle en sus crímenes, por supuesto Sócrates hizo caso omiso y, como él mismo confiesa en la Apología, hubiera sufrido graves consecuencias (probablemente la muerte) si no fuera que el régimen cayó de inmediato. Sin embargo, fuera de las palabras estrictas del filósofo, Platón no hace ni un solo comentario sobre el particular. Es más en el Cármides y en el Critias se hace una valoración de los sujetos bastante favorable, además de procurar exculparles. Y cuando el maestro se bate contra el punto de vista de Critias lo hace frente a otro, Calicles, que no se sabe quién es, pues a diferencia de los restantes participantes en los diálogos platónicos de éste no existe huella alguna en lo que se conserva escrito de Grecia clásica. Es probable que se trate de un seudónimo del mismo Critias, pues los datos de éste coinciden con los del tal Calicles, además de sus puntos de vista.
    De la misma manera que a Cleón la comedia, y Aristófanes, le considera un monstruo sediento de sangre (bueno no siempre, mientras criticó a Pericles no tenía tan mala prensa, perdón no era tan mal tratado por los comediógrafos), pero respecto de los 30 tiranos de Atenas y los 10 del Pireo no tiene nada que decir.
    Por su parte, las hetairías o fraternidades de los caballeros atenienses (probablemente a cuyo frente estaba el mismísimo Jenofonte, que estuvo encantado poco después de largarse a Persia como mercenario de Ciro, el aspirante a emperador) parece que estuvieron implicados en las masacres que infligieron a los demócratas, a los metecos que tenían dinero y a los ricos que no se contaban entre sus partidarios, por razones políticas o simplemente para apropiarse de sus patrimonios. Naturalmente la elección de los tiranos fue realizada por la asamblea, pero bajo la vigilancia de Lisandro, el general espartano, que al fin impuso su criterio sobre quiénes serían. Los propios tiranos estuvieron encantados con ello. Pues, por cierto, no es, que los aristócratas, partidarios de una oligarquía manejada por ellos cobraran fuerza, por los fracasos de la democracia, por una especie de evolución interna (lo que quizá tuvo algún sentido en la reacción del 411), como tú pareces decir, sino que, por el contrario, es la derrota de Atenas la que impone el régimen de los 30 tiranos. En una maniobra que había sido práctica habitual del general Lisandro en las otras polis de la liga de Delos que había ido conquistando. Elección de 10 tiranos y cambio de régimen a lo que sucedía invariablemente un baño de sangre entre los partidarios del gobierno del pueblo y los abusos que realizaron los 30 de Atenas y los 10 del Pireo, sus subordinados.
    Y, cuando tuvieron ocasión los 30 se masacraron unos a otros. El moderado Terámenes (que lo había pasteleado con Lisandro) no fue esta vez lo bastante hábil, él que había dado mil vueltas y había brujuleado entre unos y otros, o sus compañeros de tiranía no fueron lo bastante crédulos, y se dejó el cuello en el intento. Bueno, felonía me parece una expresión bastante ajustada a la acción de todos ellos. De hecho bastó el levantamiento de 72 locos, al frente del estratego popular Trasíbulo, que conquistaron la fortaleza de Filé, frente a oleadas de miles de hoplitas atenienses y espartanos, y las adhesiones que fueron generando, para que el régimen cayera como fruta podrida. Hasta el mismísimo Aristófanes, partidario de la aristocracia hasta las cachas, hace un desganado homenaje a Trasíbulo, tan arraigado en la población ateniense, prácticamente en todos los estratos, debió de estar el odio a los aristócratas tiranos.
    El mismo Jenofonte, que por cierto fue el que recuperó el escrito de Tucídides, luchó contra su patria en la batalla de Coronea, al servicio de Esparta, de lo que fue recompensado con una gran hacienda en Escilunte, en el territorio de Elea, que perdió en cuanto los Eleos recuperaron el territorio. Alcibiades, otro conocido aristócrata, se pasó en plena guerra de Sicilia a los espartanos, después a los persas, nuevamente a los atenienses, para acabar guerreando por su cuenta. Eso se puede llamar de muchas maneras, pero traición me parece la más ajustada a la realidad de los hechos.
    El autor que citas, Luciano Canfora, si no me equivoco, es una especie de provocador ambulante. Ha participado en intensas polémicas sobre la biblioteca de Alejandría, en un punto de vista históricamente desacreditado, sobre el carácter de panegírico o no de la democracia del discurso de Pericles, recogido por Tucídides, punto de vista muy poco documentado, sobre Antonio Gramsci o sobre la democracia. Respecto de la cual, por cierto, uno no sabe cuál es su posición crítica, porque tan pronto critica al liberalismo (o neoliberalismo) basándose en una posición sustancialista de la democracia, como critica a la democracia desde el viejo punto de vista de la teoría de las élites, la vieja teoría sociológica de Michels y su ley de hierro de la oligarquía que, por cierto, no es más que una mala copia del punto de vista de Bakunin y Proudhon. Todo eso se contiene en la crítica de la retórica de la democracia o en la democracia como ideología, sendas obras relativamente recientes y conocidas. (yo tengo sendos ejemplares, traducidos al castellano, de 2002 y 2004, cualquier cosa que necesites te la puedo proporcionar).
    Cordialmente,

  35. cavilius Dice:

    Hola hipérbolo. Es un placer intercambiar comentarios sobre este tema, aunque sea deprisa y corriendo.

    No conocía esos datos de la vida de Kagan (ni esos ni muchos otros, de hecho) y en realidad tampoco me interesan demasiado a menos que, como tú dices, interfieran en su visión de los sucesos históricos que analiza y hagan que esos análisis sean tendenciosos. Será cuestión de releer el libro para ver si me apercibo de ello, porque, vuelvo a decir, el recuerdo que tengo es que en concreto la figura del demócrata Cleón no es especialmente denigrada.

    Sobre Maratón: no he dicho que los combatientes atenienses en esa batalla fueran todos aristócratas. Hombre, menuda ciudad habría sido Atenas si hubiera contado en aquellos tiempos con 10.000 familias aristócratas. No me refiero (y parece que me expresé mal) a que todo el ejército ateniense en Maratón fuera aristocrático sino a que ellos, los aristócratas, tuvieron un papel muy relevante en la batalla, en tanto que las tropas griegas estuvieron compuestas por hoplitas, es decir, por hombres atenienses que se podían pagar una armadura; y estos no eran los thetes, el pueblo llano, sino los zeugitas, los hippeis y los pentacosiomedimnos. Cierto que los zeugitas no necesariamente vivirían en la opulencia (de hecho la mayoría probablemente no lo hacían) ni provendrían de familias de rancio abolengo, pero no se puede decir lo mismo de los pertenecientes a las otras dos clases sociales, hippeis y pentacosiomedimnos, que fueron los que ocuparon los puestos de mando en la batalla, los que la lideraron y los que, por esa regla de tres, la ganaron. El polemarco Calímaco, el estratego Milcíades, Arístides a quien tú citas, todos ellos pertenecían a esas clases sociales. No recuerdo si es Boardman o Forrest, creo que el primero, quien piensa que el desfile de jinetes representado en el friso del Partenón, realizado unos 60 años después de la batalla, podría hacer referencia a los 192 atenienses caídos en Maratón (y es que los jinetes esculpidos son exactamente 192). Y hablamos de jinetes, es decir, de hippeis (no sé si tendría sentido que los caídos hubieran sido zeugitas y que en el friso los representaran a caballo), quienes por cierto en la batalla tuvieron que dejarse el caballo en casa y combatir a pie.

    Poner a Temístocles como ejemplo de alguien que sin ser de familia aristócrata tuvo un papel destacado en Maratón creo que no es válido; precisamente a él se le suele poner como ejemplo de la excepción, es decir, de alguien que, teniendo un origen humilde, llegó a puestos destacados en la política ateniense (y la humildad, por cierto y si hacemos caso a las malas lenguas y a Plutarco, se le acabó en cuanto tuvo un poquito de poder).

    Así, en Maratón hubo unos 9 ó 10.000 hoplitas atenienses, cifra parecida a la de 11 años después en Platea (8.000), huestes estas comandadas por el pentacosiomedimno aristócrata Arístides, como tú indicas. ¿Y qué pasó en el 480 a.C. en Salamina? Pues allí los atenienses pusieron en el mar, si hacemos caso a Herodoto, 180 trirremes. Un trirreme tiene una tripulación de unos 200 hombres, de los cuales más de la mitad (170) son remeros, unos 10/15 son marineros con algún cargo o función concreta (kybernetes, timoneles, etc.) y entre 10/30 son hoplitas (epibatai). Y quien manda es el trierarca, liturgia mediante. En cuanto al origen social de estas gentes: los remeros (incluso los marineros, diría yo) eran thetes, el pueblo, el demos sin demasiados recursos económicos; los epibatai / hoplitas son, lógicamente, zeugitas o hippeis (hum, hippeis en un barco…), y el trierarca es un pentacosiomedimno (si es que no ha delegado la trierarquía en otra persona). Teniendo en cuenta que en Salamina, y según Plutarco, los atenienses pusieron a bordo de cada trirreme a 14 epibatai, tenemos un total aproximado de 180 pentacosiomedimnos, 2.500 epibatai y más de 33.000 thetes. (Vaya, quería usar las cifras demográficas que da Gomme pero no me convienen tanto, je je; correré un tupido velo…). Por eso dije antes (o quise decir, mejor) que Maratón viene a ser la batalla en la que la aristocracia luchó por su ciudad, y en Salamina en cambio fue el pueblo quien lo hizo.

    Sobre la traición de los aristócratas: hombre, es que ahora estás mencionando cosas diferentes. Estábamos hablando del malestar de los oligarcas atenienses respecto de Cleón en particular y de la democracia ateniense en general, y ahora introduces lo de Platea, lo de Alcibíades, lo de Jenofonte… Vuelvo a repetir que para un oligarca ateniense recuperar el poder no era traicionar su polis sino todo lo contrario: liberarla de un gobierno basado en voceríos, en parresía y en discursos persuasivos, un gobierno en el que lo que dijera un vulgar curtidor de pieles valía tanto como las palabras de un eupátrida que merecía estar en el poder casi por una cuestión genética. De modo que el golpe de estado del 411 a.C. (sí, me refería a esa fecha) y el gobierno de los Cuatrocientos fue, a sus ojos (siempre a sus ojos, no me entiendas mal), un intento de recuperar las riendas de Atenas, que entre Solón, Clístenes, Efialtes y Pericles, les habían quitado. Seguramente, para los oligarcas atenienses los traidores a la polis habían sido estos individuos y no ellos. Es verdad que lo que pretendía la aristocracia de Platea en los sucesos que desencadenaron el inicio de la guerra del Peloponeso, era lo mismo que lo que buscaba la aristocracia ateniense, y por ser lo mismo es por lo que no sé si se le puede llamar traición. En cuanto a Alcibíades y Jenofonte, son casos completamente diferentes. Lo que motivaba a Alcibíades no era tanto, creo yo, su conciencia de clase como su ambición personal y su instinto de conservación. En cuanto a Jenofonte, quien fue, como es sabido, un admirador del modus vivendi de Esparta, pero también fue discípulo de Sócrates (lo cual me lleva a otra cuestión: ¿fue Sócrates pro-oligarca o pro-demócrata? Y de ser pro-oligarca, ¿se convertiría automáticamente en traidor a Atenas? La posición de Platón está clara, pero ¿y la de su maestro?), un Sócrates que murió porque un gobierno democrático así lo decidió. ¿Traicionó Jenofonte a Atenas por hacerse mercenario, por luchar con los persas, por ser admirador del rey espartano Agesilao, por escribir una laudatoria Ciropedia, por luchar contra Atenas cuando el ejército en el que años atrás se había alistado como mercenario al regresar de Persia se enfrentó al ateniense? Bien, vale, supongo que sí. Pero en la Historia hay tantos matices en cada hecho que se analiza, tantos elementos a tener en cuenta, unos que conocemos y otros que no… ¿Traicionó Jenofonte a su maestro cuando no le hizo caso y le preguntó al oráculo de Delfos no si podía marchar de expedición a Asia, sino si le iría bien cuando marchara? En cualquier caso, diría que traicionar es no ser fiel a lo que se ha prometido (¿incluso en el caso de que se trate de promesas tácitas o supuestas por terceras personas?), y es a esta luz a la que debería medirse la posible traición de unos u otros.

    Saludos.

  36. PERICLES. EL INVENTOR DE LA DEMOCRACIA – Claude Mossé » Historia de Grecia » Historias especializadas » Hislibris – Libros de Historia, libros con Historia Dice:

    […] poco la figura de Pericles. Más reciente en el tiempo (2008) es el libro de Donald Kagan (autor de La guerra del Peloponeso) Périclès, aún no traducido al castellano, que anima a pensar en una mayor tratamiento del […]

  37. lasiter Dice:

    Pues yo soy un visitante en estos temas de la historia griega y este libro me ha parecido simplemente espectacular, es mas la única pega que le tengo, es que se haya acabado. Se lee con total facilidad y fueron pocos los momentos en que se me hizo pesado. Por cierto la reseña está muy bien.

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