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	<title>Comentarios en: LA GUERRA CIVIL EUROPEA, 1917-1945 &#8211; Ernst Nolte</title>
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	<description>Libros de Historia. Libros con Historia.</description>
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		<title>Por: Juan Claudio Lechín</title>
		<link>http://www.hislibris.com/la-guerra-civil-europea-1917-1945-ernst-nolte/comment-page-1/#comment-78514</link>
		<dc:creator>Juan Claudio Lechín</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 14 Aug 2011 12:32:55 +0000</pubDate>
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		<description>No es verosímil que gran parte de una nación, casi todo un pueblo, destruya a una raza sistemáticamente y durante años sin causas profundas. No fue Rusia el enemigo histórico de Alemania sino Francia, no fue Rusia quien los humilló en Versalles sino Francia. Entonces, cómo explicar un temor hondo, psicológico, incluso de fisonomía atávica, contra los bolcheviques (aunque fueran judíos, algunos). ¿Lucha de clases, eliminación de la propiedad? Hitler y la jerarquías de NSDAP eran de orígen lumpen, ¿porque defenderían con tanto encono a la propiedad y a una clase a la que ya no pertenecían por ser marginales? En cambio se detecta ya en el siglo XIX un profundo antisemitismo en el pueblo alemán, se detecta una frágil identidad por su reciente unificación nacional, su apego a las tradiciones frente a un liberalismo novedoso, un rezago frente a la odiada Francia en incorporarse a la modernidad liberal... ahí hay más fragua de pulsiones esenciales para fabricar un Holocausto que en una copia mecánica, que alega Nolte, que como toda emulación mecánica, aún por miedo u odio, no es perdurable. La imitación es pasajera a menos que se pueda colgar de esencias propias, no se sostiene con rigor a través del tiempo sino está fundamentada en traumas o pulsiones propios, hondos; condiciones necesarias para el Holocausto. Copiaron entre ambos, sí, Stalin también hizo los procesos de Moscú copiando la Noche de los Cuchillos largos, pero estas copias de iniciativas del otro no hacen causalidad para eliminar millones de gentes y sostener impertérrito que se trata de una ruta necesaria y correcto.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>No es verosímil que gran parte de una nación, casi todo un pueblo, destruya a una raza sistemáticamente y durante años sin causas profundas. No fue Rusia el enemigo histórico de Alemania sino Francia, no fue Rusia quien los humilló en Versalles sino Francia. Entonces, cómo explicar un temor hondo, psicológico, incluso de fisonomía atávica, contra los bolcheviques (aunque fueran judíos, algunos). ¿Lucha de clases, eliminación de la propiedad? Hitler y la jerarquías de NSDAP eran de orígen lumpen, ¿porque defenderían con tanto encono a la propiedad y a una clase a la que ya no pertenecían por ser marginales? En cambio se detecta ya en el siglo XIX un profundo antisemitismo en el pueblo alemán, se detecta una frágil identidad por su reciente unificación nacional, su apego a las tradiciones frente a un liberalismo novedoso, un rezago frente a la odiada Francia en incorporarse a la modernidad liberal&#8230; ahí hay más fragua de pulsiones esenciales para fabricar un Holocausto que en una copia mecánica, que alega Nolte, que como toda emulación mecánica, aún por miedo u odio, no es perdurable. La imitación es pasajera a menos que se pueda colgar de esencias propias, no se sostiene con rigor a través del tiempo sino está fundamentada en traumas o pulsiones propios, hondos; condiciones necesarias para el Holocausto. Copiaron entre ambos, sí, Stalin también hizo los procesos de Moscú copiando la Noche de los Cuchillos largos, pero estas copias de iniciativas del otro no hacen causalidad para eliminar millones de gentes y sostener impertérrito que se trata de una ruta necesaria y correcto.</p>
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		<title>Por: Rodrigo</title>
		<link>http://www.hislibris.com/la-guerra-civil-europea-1917-1945-ernst-nolte/comment-page-1/#comment-70682</link>
		<dc:creator>Rodrigo</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Aug 2010 17:07:03 +0000</pubDate>
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		<description>Una idea con visos de verosimilitud. Hay que considerar, en todo caso, que el antijudaísmo era en la época de la unificación alemana (siglo XIX) un fenómeno transfronterizo, el que se manifestaba –matizado y con diversa intensidad- en gran parte de Europa y fuera de ella. Con el predominio casi indiscutido del discurso nacionalista y el triunfo de la nación-Estado, los judíos solían tenerla muy mal ya que aparecían como el elemento extraño por antonomasia, no sólo ajeno al “alma nacional” en puridad sino perturbador de su proyectada grandeza –esto, para los nacionalistas alemanes y para sus congéneres de los demás países, todos supuestamente necesitados de un chivo expiatorio y de un elemento aglutinador por contraste-. Era una variante de antijudaísmo en buena medida “universal”, y por lo mismo y porque su número en Alemania era muy menor en comparación con el de otros países (Polonia, Rusia, Hungría y otros, en los que el antijudaísmo era en el siglo XIX y comienzos del siglo XX mucho más feroz), no creo que alcance a explicar la singularidad del antijudaísmo nazi, con toda su virulencia y efecto destructivo. (Además, los judíos alemanes estaban mucho más integrados en su entorno social que los de Europa oriental.) Si el nacionalismo revanchista de la primera postguerra mundial –fieramente antijudío- hubiese sido todo, Alemania podría haberse contentado con apoderarse de Prusia Oriental, Alsacia-Lorena y los Sudetes, además de anexionarse Austria, pero la mezcla de expansionismo y antijudaísmo de los nazis iba mucho más allá de una simple reivindicación de unidad nacional.  También hay que tener en cuenta que no todos los sectores de la sociedad alemana compartían el violento antijudaísmo de los nazis, por lo que Hitler optó por moderar la presencia del elemento antijudío en el discurso público de su movimiento-partido. 

A estas alturas el de Nolte es un libro difícil de encontrar. Hace unos meses quedaba un ejemplar en la librería del FCE de Santiago, y bueno, ya fue vendido.

Saludos, Alfredo.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Una idea con visos de verosimilitud. Hay que considerar, en todo caso, que el antijudaísmo era en la época de la unificación alemana (siglo XIX) un fenómeno transfronterizo, el que se manifestaba –matizado y con diversa intensidad- en gran parte de Europa y fuera de ella. Con el predominio casi indiscutido del discurso nacionalista y el triunfo de la nación-Estado, los judíos solían tenerla muy mal ya que aparecían como el elemento extraño por antonomasia, no sólo ajeno al “alma nacional” en puridad sino perturbador de su proyectada grandeza –esto, para los nacionalistas alemanes y para sus congéneres de los demás países, todos supuestamente necesitados de un chivo expiatorio y de un elemento aglutinador por contraste-. Era una variante de antijudaísmo en buena medida “universal”, y por lo mismo y porque su número en Alemania era muy menor en comparación con el de otros países (Polonia, Rusia, Hungría y otros, en los que el antijudaísmo era en el siglo XIX y comienzos del siglo XX mucho más feroz), no creo que alcance a explicar la singularidad del antijudaísmo nazi, con toda su virulencia y efecto destructivo. (Además, los judíos alemanes estaban mucho más integrados en su entorno social que los de Europa oriental.) Si el nacionalismo revanchista de la primera postguerra mundial –fieramente antijudío- hubiese sido todo, Alemania podría haberse contentado con apoderarse de Prusia Oriental, Alsacia-Lorena y los Sudetes, además de anexionarse Austria, pero la mezcla de expansionismo y antijudaísmo de los nazis iba mucho más allá de una simple reivindicación de unidad nacional.  También hay que tener en cuenta que no todos los sectores de la sociedad alemana compartían el violento antijudaísmo de los nazis, por lo que Hitler optó por moderar la presencia del elemento antijudío en el discurso público de su movimiento-partido. </p>
<p>A estas alturas el de Nolte es un libro difícil de encontrar. Hace unos meses quedaba un ejemplar en la librería del FCE de Santiago, y bueno, ya fue vendido.</p>
<p>Saludos, Alfredo.</p>
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	<item>
		<title>Por: alfredo</title>
		<link>http://www.hislibris.com/la-guerra-civil-europea-1917-1945-ernst-nolte/comment-page-1/#comment-70609</link>
		<dc:creator>alfredo</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 Aug 2010 02:21:29 +0000</pubDate>
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		<description>Interesante el libro de Nolte aunque no lo he conseguido aun en mi pequeña ciudad de Chile. Estando en la universidad pude leer &#039;La crisis del sistema liberal&#039; del mismo autor. Un detalle que han pasado por alto en las referencias que han escrito lineas arriba es que Nolte, a diferencia de este humilde y joven servidor, vivio el nazismo y por lo mismo puede captar elementos de el que a la distancia del tiempo son imperceptibles para otros mortales mas contemporaneos. Al margen de aquello y escribiendo a la distancia geografica y temporal, tengo la sospecha que el antisemitismo nazi tuvo tambien algo de herramienta aglutinadora de unos alemanes que por siglos han vivido mas bien dispersos. La vieja estrategia de unir a los nuestros presentandoles un enemigo comun.
Saludos</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Interesante el libro de Nolte aunque no lo he conseguido aun en mi pequeña ciudad de Chile. Estando en la universidad pude leer &#8216;La crisis del sistema liberal&#8217; del mismo autor. Un detalle que han pasado por alto en las referencias que han escrito lineas arriba es que Nolte, a diferencia de este humilde y joven servidor, vivio el nazismo y por lo mismo puede captar elementos de el que a la distancia del tiempo son imperceptibles para otros mortales mas contemporaneos. Al margen de aquello y escribiendo a la distancia geografica y temporal, tengo la sospecha que el antisemitismo nazi tuvo tambien algo de herramienta aglutinadora de unos alemanes que por siglos han vivido mas bien dispersos. La vieja estrategia de unir a los nuestros presentandoles un enemigo comun.<br />
Saludos</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: Pere</title>
		<link>http://www.hislibris.com/la-guerra-civil-europea-1917-1945-ernst-nolte/comment-page-1/#comment-65889</link>
		<dc:creator>Pere</dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Feb 2010 08:54:37 +0000</pubDate>
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		<description>Ayer en EL PAIS el gran Jacinto Anton publicó este magnifico articulo que demuestra que la resistencia antinazi en Alemania fue más vigorosa de lo que trasciende habitualmente:

http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Dijeron/esvastica/elpepusocdmg/20100207elpdmgrep_9/Tes</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer en EL PAIS el gran Jacinto Anton publicó este magnifico articulo que demuestra que la resistencia antinazi en Alemania fue más vigorosa de lo que trasciende habitualmente:</p>
<p><a href="http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Dijeron/esvastica/elpepusocdmg/20100207elpdmgrep_9/Tes" rel="nofollow">http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Dijeron/esvastica/elpepusocdmg/20100207elpdmgrep_9/Tes</a></p>
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		<title>Por: Pere</title>
		<link>http://www.hislibris.com/la-guerra-civil-europea-1917-1945-ernst-nolte/comment-page-1/#comment-65834</link>
		<dc:creator>Pere</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 04 Feb 2010 18:47:17 +0000</pubDate>
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		<description>Uno tiene siempre en mente que, al fin y al cabo , Nolte fue discipulo de Heidegger del cual cuanto más sabemos más aborrecible (e ilegible) se vuelve. 

Insisto que hay que tener claro que Nolte barre para casa pero que sus esquemas aportan luz y coherencia al siglo XX y matizan la singularidad alemana y eso lo dice el propio François Furet, que es critico en cierta parte con su obra.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Uno tiene siempre en mente que, al fin y al cabo , Nolte fue discipulo de Heidegger del cual cuanto más sabemos más aborrecible (e ilegible) se vuelve. </p>
<p>Insisto que hay que tener claro que Nolte barre para casa pero que sus esquemas aportan luz y coherencia al siglo XX y matizan la singularidad alemana y eso lo dice el propio François Furet, que es critico en cierta parte con su obra.</p>
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		<title>Por: Rodrigo</title>
		<link>http://www.hislibris.com/la-guerra-civil-europea-1917-1945-ernst-nolte/comment-page-1/#comment-65818</link>
		<dc:creator>Rodrigo</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Feb 2010 22:24:41 +0000</pubDate>
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		<description>Saludos, Pere.

Respecto del primer punto, diré que el enfoque asumido por Nolte me parece irrelevante. Aplicado con la vehemencia y la erudición del autor, en vez de refinar la comprensión del problema, creo que lo distorsiona. No se resuelve mucho reduciendo la cuestión a una simple relación de original y copia, o de acción y reacción. Por supuesto que la hoguera del nazismo se alimentaba del odio o el temor al comunismo, pero no es este factor el único que explica la popularidad del movimiento ni el apoyo al III Reich, como tampoco agota la comprensión del nazismo.  Y, como señalaba en la reseña, el repudio del comunismo no era privativo de los nazis, aunque es cierto que éstos lo llevaron al extremo.  (En este punto suscribo lo afirmado por David.) 

En relación al segundo punto. Pienso que Haffner es en buena medida un caso fuera de lo común, escasamente representativo de lo que pudiera considerarse como la media entre los alemanes de su tiempo. No se avino a condescender con el régimen nazi y formuló una fundada crítica de la pasividad y la falta de coraje cívico exhibidos por sus compatriotas –especialmente en lo que cabe al segmento de los que no adherían al nazismo-. Creo, por otra parte, que la nación alemana era en aquella época más vulnerable que otras a un discurso extremista y violento como el del nefasto aventurero político que fuera Hitler. Aquí entran a tallar las teorías sobre la especificidad alemana pero también las consideraciones sobre las circunstancias del momento (la crisis económica, la derrota sufrida en la Iª G.M. y tan mal digerida, la defección del estamento militar, el fracaso de la República de Weimar, los efectos del Tratado de Versalles, etc.). Con respecto a la responsabilidad de la nación alemana, me remito a lo sostenido por autores como Ian Kershaw, Eric Johnson, Robert Gellately y Peter Fritzsche, entre otros. Kershaw acertaba al decir en una entrevista que los alemanes divinizaron a Hitler mientras estuvo vivo (o les faltó poco para hacerlo) y luego le echaron la culpa de todo; fue su cabeza de turco, a la que colgaron todas las culpas.  

Con respecto al tercer punto. La comparación entre ambos fenómenos, el nazi y el comunista, es una tarea útil, de relevancia superior a la del  mero interés académico. Lo que considero ocioso es el ejercicio de determinar cuál de los dos fue el más perverso.

Sobre el cuarto. Nolte no es el único autor que constata la sobrerrepresentación de judíos entre los líderes bolcheviques y los de la Liga Espartaco. Lo hace Kershaw, lo hace Richard Overy, lo hace Robert Service, lo hace Paul Johnson, también -si mal no recuerdo- Enrique Moradiellos en su libro introductorio sobre el antisemitismo (o antijudaísmo); lo puede hacer cualquiera que tenga la información a la mano. Sin embargo, a diferencia de Nolte, ellos no lo hacen con la intención de propasarse en la comprensión indulgente del antijudaísmo nazi. Lo de Nolte me recuerda un pasaje de las  memorias de Sebastian Haffner, el que reproduzco a continuación: 

&lt;i&gt;De hecho a la gente le encantaba opinar sobre la “cuestión judía” basándose en porcentajes. Se ponían a calcular  si la parte proporcional de judíos miembros del Partido Comunista  no era demasiado elevada y su equivalente entre los caídos en la Gran Guerra demasiado baja (de hecho, yo mismo escuché esto último de labios de una persona que se consideraba miembro de la &gt; y tenía un título de doctor. Con la máxima gravedad me demostró que los doce mil judíos alemanes caídos en la Gran Guerra representaban una proporción menor respecto a la totalidad de judíos alemanes que su equivalente en el caso de los Arios. De ahí concluía “una cierta justificación” del antisemitismo nazi)&lt;/i&gt; (Haffner, ‘Historia de un alemán (1914-1933)’, Booket, 2005, p. 153). 

En cuanto a lo extendido del antijudaísmo, completamente de acuerdo. Pero el que el antijudaísmo específicamente nazi fuera o no sinceramente motivado o resultado del oportunismo,  no afecta demasiado al resultado concreto de este  motivo. Me refiero, obviamente, a los millones de judíos asesinados.

El quinto punto. Creo que sí, es una idea como otras y al menos como metáfora dice bastante. Hasta el marxista de Hobsbawm la considera válida. Como señalara Farsalia,  ha creado –en cierto modo- escuela. Otra cosa es considerarla plausible conforme la postula Nolte. 

Ario, muchísimas gracias por tu apreciación.

Saludos.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Saludos, Pere.</p>
<p>Respecto del primer punto, diré que el enfoque asumido por Nolte me parece irrelevante. Aplicado con la vehemencia y la erudición del autor, en vez de refinar la comprensión del problema, creo que lo distorsiona. No se resuelve mucho reduciendo la cuestión a una simple relación de original y copia, o de acción y reacción. Por supuesto que la hoguera del nazismo se alimentaba del odio o el temor al comunismo, pero no es este factor el único que explica la popularidad del movimiento ni el apoyo al III Reich, como tampoco agota la comprensión del nazismo.  Y, como señalaba en la reseña, el repudio del comunismo no era privativo de los nazis, aunque es cierto que éstos lo llevaron al extremo.  (En este punto suscribo lo afirmado por David.) </p>
<p>En relación al segundo punto. Pienso que Haffner es en buena medida un caso fuera de lo común, escasamente representativo de lo que pudiera considerarse como la media entre los alemanes de su tiempo. No se avino a condescender con el régimen nazi y formuló una fundada crítica de la pasividad y la falta de coraje cívico exhibidos por sus compatriotas –especialmente en lo que cabe al segmento de los que no adherían al nazismo-. Creo, por otra parte, que la nación alemana era en aquella época más vulnerable que otras a un discurso extremista y violento como el del nefasto aventurero político que fuera Hitler. Aquí entran a tallar las teorías sobre la especificidad alemana pero también las consideraciones sobre las circunstancias del momento (la crisis económica, la derrota sufrida en la Iª G.M. y tan mal digerida, la defección del estamento militar, el fracaso de la República de Weimar, los efectos del Tratado de Versalles, etc.). Con respecto a la responsabilidad de la nación alemana, me remito a lo sostenido por autores como Ian Kershaw, Eric Johnson, Robert Gellately y Peter Fritzsche, entre otros. Kershaw acertaba al decir en una entrevista que los alemanes divinizaron a Hitler mientras estuvo vivo (o les faltó poco para hacerlo) y luego le echaron la culpa de todo; fue su cabeza de turco, a la que colgaron todas las culpas.  </p>
<p>Con respecto al tercer punto. La comparación entre ambos fenómenos, el nazi y el comunista, es una tarea útil, de relevancia superior a la del  mero interés académico. Lo que considero ocioso es el ejercicio de determinar cuál de los dos fue el más perverso.</p>
<p>Sobre el cuarto. Nolte no es el único autor que constata la sobrerrepresentación de judíos entre los líderes bolcheviques y los de la Liga Espartaco. Lo hace Kershaw, lo hace Richard Overy, lo hace Robert Service, lo hace Paul Johnson, también -si mal no recuerdo- Enrique Moradiellos en su libro introductorio sobre el antisemitismo (o antijudaísmo); lo puede hacer cualquiera que tenga la información a la mano. Sin embargo, a diferencia de Nolte, ellos no lo hacen con la intención de propasarse en la comprensión indulgente del antijudaísmo nazi. Lo de Nolte me recuerda un pasaje de las  memorias de Sebastian Haffner, el que reproduzco a continuación: </p>
<p><i>De hecho a la gente le encantaba opinar sobre la “cuestión judía” basándose en porcentajes. Se ponían a calcular  si la parte proporcional de judíos miembros del Partido Comunista  no era demasiado elevada y su equivalente entre los caídos en la Gran Guerra demasiado baja (de hecho, yo mismo escuché esto último de labios de una persona que se consideraba miembro de la &gt; y tenía un título de doctor. Con la máxima gravedad me demostró que los doce mil judíos alemanes caídos en la Gran Guerra representaban una proporción menor respecto a la totalidad de judíos alemanes que su equivalente en el caso de los Arios. De ahí concluía “una cierta justificación” del antisemitismo nazi)</i> (Haffner, ‘Historia de un alemán (1914-1933)’, Booket, 2005, p. 153). </p>
<p>En cuanto a lo extendido del antijudaísmo, completamente de acuerdo. Pero el que el antijudaísmo específicamente nazi fuera o no sinceramente motivado o resultado del oportunismo,  no afecta demasiado al resultado concreto de este  motivo. Me refiero, obviamente, a los millones de judíos asesinados.</p>
<p>El quinto punto. Creo que sí, es una idea como otras y al menos como metáfora dice bastante. Hasta el marxista de Hobsbawm la considera válida. Como señalara Farsalia,  ha creado –en cierto modo- escuela. Otra cosa es considerarla plausible conforme la postula Nolte. </p>
<p>Ario, muchísimas gracias por tu apreciación.</p>
<p>Saludos.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: ARIODANTE</title>
		<link>http://www.hislibris.com/la-guerra-civil-europea-1917-1945-ernst-nolte/comment-page-1/#comment-65816</link>
		<dc:creator>ARIODANTE</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Feb 2010 21:49:58 +0000</pubDate>
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		<description>Siempre dando la nota, Uro!</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Siempre dando la nota, Uro!</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: Urogallo</title>
		<link>http://www.hislibris.com/la-guerra-civil-europea-1917-1945-ernst-nolte/comment-page-1/#comment-65806</link>
		<dc:creator>Urogallo</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Feb 2010 14:47:28 +0000</pubDate>
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		<description>¿Se vaya haciendo?. Yo creo que la teníamos por derecho de nacimiento.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>¿Se vaya haciendo?. Yo creo que la teníamos por derecho de nacimiento.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: ARIODANTE</title>
		<link>http://www.hislibris.com/la-guerra-civil-europea-1917-1945-ernst-nolte/comment-page-1/#comment-65805</link>
		<dc:creator>ARIODANTE</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Feb 2010 14:35:12 +0000</pubDate>
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		<description>Rodrigo, me he quedado anonadada: es un magnífico artículo, ciertamente. Como tú mismo haces una crítica de las tesis del autor, crítica que comparto, no tengo nada que añadir, porque ya se hadicho mucho y mejor de lo que yo podría explicar, ya que no soy especialista en el tema. 
Artículos como éste (y otros muchos, por supuesto) son los que están haciendo que Hislibris brille y se vaya haciendo una reputación en el mundo del ensayo y la novela históricos. Vaya, de nuevo, mi enhorabuena, Rodri.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Rodrigo, me he quedado anonadada: es un magnífico artículo, ciertamente. Como tú mismo haces una crítica de las tesis del autor, crítica que comparto, no tengo nada que añadir, porque ya se hadicho mucho y mejor de lo que yo podría explicar, ya que no soy especialista en el tema.<br />
Artículos como éste (y otros muchos, por supuesto) son los que están haciendo que Hislibris brille y se vaya haciendo una reputación en el mundo del ensayo y la novela históricos. Vaya, de nuevo, mi enhorabuena, Rodri.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: Pere</title>
		<link>http://www.hislibris.com/la-guerra-civil-europea-1917-1945-ernst-nolte/comment-page-1/#comment-65802</link>
		<dc:creator>Pere</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Feb 2010 13:19:29 +0000</pubDate>
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		<description>Nazis y comunistas, comunistas y nazis. La historia como Apocalipsis, la historia como relato denso y salvaje como jamás se había visto y que jamás se vuelva a ver!). 

Felicidades por la elección de un libro importantísimo y por una reseña extensa y currada que me sugiere cinco temas:

1. ¿Quién es el original y quien la imitación? La respuesta, ya conocida, servirá de manera indicativa para señalar al culpable del desaguisado y Nolte, defendiendo su verdad y barriendo pro domo sua desarrolla su tesis con buen oficio y señala que, efectivamente, el canon de activista político protagonizado por jóvenes de modales chulescos encuadrados en organizaciones paramilitares, con cazadoras de cuero negras, insignias parareligiosas y una notable embriaguez metafísica es un producto genuino del partido bolchevique que todos los radicales europeos copiaron e incluso (¡glups!) mejoraron. Otra cosa es la legitimidad que otorga la victoria y la habilidad en el uso de la propaganda. Igual que otra cosa es el desprecio por la vida humana y el sentimiento de querer dar un “empujón a la historia” que estaban en el espíritu de Europa durante la Primera Guerra Mundial, acontecimiento bélico que tiene un carácter fundamental en el análisis de Nolte y del cual por habernos quedado (afortunadamente) descolgados, pienso que los españoles debemos opinar con cierta prudencia. En todo caso, el marco mental propuesto en el libro tiene sus cimientos en 1917. 

2. La singularidad alemana en la historia del siglo XX. Fijada la premisa anterior Nolte procede a deslindar la responsabilidad del régimen nazi de la que le corresponde a la nación alemana, que tendría la condición de ser otro campo de batalla más dentro de la Guerra Civil Europea en que la población fue al mismo tiempo cómplice y victima. Cuidado que este es un tema movedizo. Sin embargo creo que no le faltan razones. Las lecturas de los escritores conservadores Sebastián Haffner o Joachim Fest señalan que las primeros en sufrir en sus carnes el sistema de gobierno del Tercer Reich fueron los propios alemanes, un hecho que apoya la tesis de Nolte. También dan testimonio de que no todo fue pardo en la patria de Goethe entre 1933 y 1945, que hubo matices, desobediencia e incluso resistencia. En este sentido es de resaltar la polémica habida entre las memorias de Fest tituladas precisamente “Yo no” y las de Gunter Gras, escritor que desde su torre de marfil ha condenado reiteradamente a su país a tener que purgar eternamente las culpas del nazismo y que resulta que “el sí” que vistió el uniforme de las SS. 

3. Busque y compare. Suena frívolo pero es que el debate en sí mismo me lo parece del todo. ¿Como enunciarlo sino? ¿Auschwitz o Vorkuta? ¿Gestapo o Checa? ¿Matar por la raza o por la clase social? Es un hecho que la Operación Barbarota fue una guerra de conquista y exterminio en una escala jamás vista, solo igualada en la crueldad del avance ruso sobre Alemania. También es un hecho, como pone de relieve el pensador de moda Slavoj Zizeck, que a los prisioneros del Gulag se les obligaba a escribir una carta de felicitación al camarada Stalin el dia del aniversario de este y esta actividad, que de tan paradójica yo seria incapaz de valorar, es impensable en los campos de exterminio de la Solución Final. Y cierto que los hechos no se pueden comparar. El nazismo es el mal en su estado más puro y absoluto que ha visto la humanidad y sin embargo no conoció un autoexterminio del partido y del país en la escala de las purgas de Stalin ni tampoco empleó hambrunas masivas, como medio de desucranización, por ejemplo. Afortunadamente el nazismo está condenado ad eternitatem (en eso estamos todos de acuerdo), pero el comunismo sigue ahí, reducido a la mínima expresión, pero rocoso y desafiante. Sobre las raíces de este hecho es donde el libro plantea sus preguntas.

4. La cuestión judía. Punto al que se acogen todos los críticos de Nolte para fustigarle. Sin embargo uno piensa en una entrevista realizada al pensador anglo-ruso-judío Isaiah Berlin en que fue preguntado por esto mismo y respondió que era cierto que los principales cabecillas comunistas europeos eran judíos y que eso exacerbó la paranoia de la conspiración judía, que sería bolchevique y capitalista al mismo tiempo (!) y añade Berlin un misterioso comentario “pero hay cosas que precisamente por ser ciertas no deben ser dichas nunca”. Esta entrevista se encuentra en el libro “Los verdaderos pensadores de nuestro tiempo” de Seix Barral donde, mira por donde, el autor, el periodista francés Guy Sorman, tambien entrevista de manera crítica y a mi modo de ver injusta a Ernst Nolte calificando a su teoría de la Guerra Civil Europea más o menos de exponente de la reacción conservadora fascistoide en Alemania (claro está, Nolte ubica los orígenes doctrinales del fascismo europeo en el partido Action Française idea que no se refleja en la reseña y eso no gusta nada a nuestros vecinos). En todo caso el antisemitismo no era un producto exclusivo alemán. Era y me temo que sigue siendo hoy un ingrediente común de la Europa de la época, aunque se pase de puntillas sobre ello y aunque en el Tercer Reich alcanzó cotas de destrucción ilimitadas. Sin embargo a uno siempre le queda la duda de cuanto había de oportunismo criminal y cuanto de fe verdadera  en el antisemismo de los nazis (a recordar las palabras del Mariscal Göring “judío es quien yo decido que lo es”). El holocausto se perpetró en medio de la indiferencia / participación de los europeos, no solo de los alemanes.

5. 1914 – 1945.  No me parece desacertado la idea central de Nolte para encuadrar este periodo tan duro de nuestra historia. La idea de la Guerra Civil Europea como episodio culminante del malestar espiritual causado en los pueblos de Europa por la industrialización que los arranca violentamente de sus modos de vida milenarios lanzándolos a la búsqueda de nuevas identidades nacionales donde son pasto de oportunistas, es una idea como otra. Precisamente, en otra entrevista sostenida con Isaiah Berlin (en esta ocasión le entrevistaba el pensador iraní experto en Hegel, Ramin Jahanbegloo) este discrepaba ácidamente de Nolte, pero no acusándole de ser más fascistoide o menos, sino porque en su opinión los alemanes ya eran nacionalistas durante las guerras  napoleónicas, cuando todavía no habían sido industrializados. Berlin opinaba que el malestar europeo procede mayormente de las heridas infligidas al orgullo de los pueblos y al afán de superarlas, lo que el denominaba “la rama doblada” (no confundir con el fuste torcido de la humanidad). Y ya que estamos hay otras opiniones. François Furet que aparece en el libro y se cita en la reseña cuya tesis es la del revolucionario europeo como un burgués que se odia a sí mismo, o la de Winston Churchill que calificaba de modo sugerente a este periodo como la Segunda Guerra de los Treinta Años.

No puedo evita citar la comparación inteligente y acertada de un buen amigo mío, abogado de Girona, que señala la similitud entre la historia de Francia y la de Alemania en sus respectivas revoluciones nacionales. En síntesis, Francia una monarquía histórica y sólida, un puntal del equilibrio europeo, pierde con su derrota ante Gran Bretaña en la Guerra de los Siete Años su acceso al dominio mundial y se queda encerrada en el continente. La consecuencia no immediata es un cambio de régimen político de caracteres extremistas, liquidación de la monarquía, programa de máximos del nuevo estado y expansionismo con vocación planetaria que desemboca en las guerras napoleónicas. Al cabo de un siglo Alemania, un actor completamente integrado en el equilibrio de poderes europeo, pierde su imperio colonial en la Gran Guerra lo que conduce a la caída del imperio, a dar entrada a los radicales y a desarrollar un programa de conquista mundial. Discutible pero interesante, como las tesis de Nolte que también señalan a un culpable del relato: ¡Perdida Albión, devuélvenos el Peñón!

Enhorabuena Rodrigo.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Nazis y comunistas, comunistas y nazis. La historia como Apocalipsis, la historia como relato denso y salvaje como jamás se había visto y que jamás se vuelva a ver!). </p>
<p>Felicidades por la elección de un libro importantísimo y por una reseña extensa y currada que me sugiere cinco temas:</p>
<p>1. ¿Quién es el original y quien la imitación? La respuesta, ya conocida, servirá de manera indicativa para señalar al culpable del desaguisado y Nolte, defendiendo su verdad y barriendo pro domo sua desarrolla su tesis con buen oficio y señala que, efectivamente, el canon de activista político protagonizado por jóvenes de modales chulescos encuadrados en organizaciones paramilitares, con cazadoras de cuero negras, insignias parareligiosas y una notable embriaguez metafísica es un producto genuino del partido bolchevique que todos los radicales europeos copiaron e incluso (¡glups!) mejoraron. Otra cosa es la legitimidad que otorga la victoria y la habilidad en el uso de la propaganda. Igual que otra cosa es el desprecio por la vida humana y el sentimiento de querer dar un “empujón a la historia” que estaban en el espíritu de Europa durante la Primera Guerra Mundial, acontecimiento bélico que tiene un carácter fundamental en el análisis de Nolte y del cual por habernos quedado (afortunadamente) descolgados, pienso que los españoles debemos opinar con cierta prudencia. En todo caso, el marco mental propuesto en el libro tiene sus cimientos en 1917. </p>
<p>2. La singularidad alemana en la historia del siglo XX. Fijada la premisa anterior Nolte procede a deslindar la responsabilidad del régimen nazi de la que le corresponde a la nación alemana, que tendría la condición de ser otro campo de batalla más dentro de la Guerra Civil Europea en que la población fue al mismo tiempo cómplice y victima. Cuidado que este es un tema movedizo. Sin embargo creo que no le faltan razones. Las lecturas de los escritores conservadores Sebastián Haffner o Joachim Fest señalan que las primeros en sufrir en sus carnes el sistema de gobierno del Tercer Reich fueron los propios alemanes, un hecho que apoya la tesis de Nolte. También dan testimonio de que no todo fue pardo en la patria de Goethe entre 1933 y 1945, que hubo matices, desobediencia e incluso resistencia. En este sentido es de resaltar la polémica habida entre las memorias de Fest tituladas precisamente “Yo no” y las de Gunter Gras, escritor que desde su torre de marfil ha condenado reiteradamente a su país a tener que purgar eternamente las culpas del nazismo y que resulta que “el sí” que vistió el uniforme de las SS. </p>
<p>3. Busque y compare. Suena frívolo pero es que el debate en sí mismo me lo parece del todo. ¿Como enunciarlo sino? ¿Auschwitz o Vorkuta? ¿Gestapo o Checa? ¿Matar por la raza o por la clase social? Es un hecho que la Operación Barbarota fue una guerra de conquista y exterminio en una escala jamás vista, solo igualada en la crueldad del avance ruso sobre Alemania. También es un hecho, como pone de relieve el pensador de moda Slavoj Zizeck, que a los prisioneros del Gulag se les obligaba a escribir una carta de felicitación al camarada Stalin el dia del aniversario de este y esta actividad, que de tan paradójica yo seria incapaz de valorar, es impensable en los campos de exterminio de la Solución Final. Y cierto que los hechos no se pueden comparar. El nazismo es el mal en su estado más puro y absoluto que ha visto la humanidad y sin embargo no conoció un autoexterminio del partido y del país en la escala de las purgas de Stalin ni tampoco empleó hambrunas masivas, como medio de desucranización, por ejemplo. Afortunadamente el nazismo está condenado ad eternitatem (en eso estamos todos de acuerdo), pero el comunismo sigue ahí, reducido a la mínima expresión, pero rocoso y desafiante. Sobre las raíces de este hecho es donde el libro plantea sus preguntas.</p>
<p>4. La cuestión judía. Punto al que se acogen todos los críticos de Nolte para fustigarle. Sin embargo uno piensa en una entrevista realizada al pensador anglo-ruso-judío Isaiah Berlin en que fue preguntado por esto mismo y respondió que era cierto que los principales cabecillas comunistas europeos eran judíos y que eso exacerbó la paranoia de la conspiración judía, que sería bolchevique y capitalista al mismo tiempo (!) y añade Berlin un misterioso comentario “pero hay cosas que precisamente por ser ciertas no deben ser dichas nunca”. Esta entrevista se encuentra en el libro “Los verdaderos pensadores de nuestro tiempo” de Seix Barral donde, mira por donde, el autor, el periodista francés Guy Sorman, tambien entrevista de manera crítica y a mi modo de ver injusta a Ernst Nolte calificando a su teoría de la Guerra Civil Europea más o menos de exponente de la reacción conservadora fascistoide en Alemania (claro está, Nolte ubica los orígenes doctrinales del fascismo europeo en el partido Action Française idea que no se refleja en la reseña y eso no gusta nada a nuestros vecinos). En todo caso el antisemitismo no era un producto exclusivo alemán. Era y me temo que sigue siendo hoy un ingrediente común de la Europa de la época, aunque se pase de puntillas sobre ello y aunque en el Tercer Reich alcanzó cotas de destrucción ilimitadas. Sin embargo a uno siempre le queda la duda de cuanto había de oportunismo criminal y cuanto de fe verdadera  en el antisemismo de los nazis (a recordar las palabras del Mariscal Göring “judío es quien yo decido que lo es”). El holocausto se perpetró en medio de la indiferencia / participación de los europeos, no solo de los alemanes.</p>
<p>5. 1914 – 1945.  No me parece desacertado la idea central de Nolte para encuadrar este periodo tan duro de nuestra historia. La idea de la Guerra Civil Europea como episodio culminante del malestar espiritual causado en los pueblos de Europa por la industrialización que los arranca violentamente de sus modos de vida milenarios lanzándolos a la búsqueda de nuevas identidades nacionales donde son pasto de oportunistas, es una idea como otra. Precisamente, en otra entrevista sostenida con Isaiah Berlin (en esta ocasión le entrevistaba el pensador iraní experto en Hegel, Ramin Jahanbegloo) este discrepaba ácidamente de Nolte, pero no acusándole de ser más fascistoide o menos, sino porque en su opinión los alemanes ya eran nacionalistas durante las guerras  napoleónicas, cuando todavía no habían sido industrializados. Berlin opinaba que el malestar europeo procede mayormente de las heridas infligidas al orgullo de los pueblos y al afán de superarlas, lo que el denominaba “la rama doblada” (no confundir con el fuste torcido de la humanidad). Y ya que estamos hay otras opiniones. François Furet que aparece en el libro y se cita en la reseña cuya tesis es la del revolucionario europeo como un burgués que se odia a sí mismo, o la de Winston Churchill que calificaba de modo sugerente a este periodo como la Segunda Guerra de los Treinta Años.</p>
<p>No puedo evita citar la comparación inteligente y acertada de un buen amigo mío, abogado de Girona, que señala la similitud entre la historia de Francia y la de Alemania en sus respectivas revoluciones nacionales. En síntesis, Francia una monarquía histórica y sólida, un puntal del equilibrio europeo, pierde con su derrota ante Gran Bretaña en la Guerra de los Siete Años su acceso al dominio mundial y se queda encerrada en el continente. La consecuencia no immediata es un cambio de régimen político de caracteres extremistas, liquidación de la monarquía, programa de máximos del nuevo estado y expansionismo con vocación planetaria que desemboca en las guerras napoleónicas. Al cabo de un siglo Alemania, un actor completamente integrado en el equilibrio de poderes europeo, pierde su imperio colonial en la Gran Guerra lo que conduce a la caída del imperio, a dar entrada a los radicales y a desarrollar un programa de conquista mundial. Discutible pero interesante, como las tesis de Nolte que también señalan a un culpable del relato: ¡Perdida Albión, devuélvenos el Peñón!</p>
<p>Enhorabuena Rodrigo.</p>
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