LA CIENCIA DE SHERLOCK HOLMES. Los secretos forenses de los casos más famosos de la historia – E. J. Warner

LA CIENCIA DE SHERLOCK HOLMES. Los secretos forenses de los casos más famosos de la historia - E. J. WarnerPese al título, que nadie se revuelva en su asiento, pues no vamos a hablar de novela policíaca ni de ciencia ficción.Este libro nos habla sobre algo que tiene que ver con la historia, al menos si consideramos ésta en su acepción etimológica: La palabra historia deriva del griego στορία (traducible por «investigación» o «información», conocimiento adquirido por investigación), del verbo ἱστορεῖν («investigar, inquirir»). Aunque la historia de la que hablaremos reconozco que es un poco peculiar: la historia de la ciencia forense. La historia de los avances científicos utilizados en el auxilio de jueces y tribunales. La investigación médica al servicio de la justicia.Y, más específicamente, el estudio de la ciencia forense durante la época victoriana.

A la autora de este ensayo se la califica en la solapa del libro de «Historiadora del Crimen».No tengo muy claro exactamente cuál ha sido su formación, pero en mi opinión ha escrito un libro entretenidísimo, a caballo entre un libro de divulgación científica, un estudio histórico sobre la investigación forense, y un recopilatorio de hechos criminales resueltos hace un par de siglos gracias a la intervención de la ciencia médica. A poco que el lector esté interesado en la investigación de un misterio, en la resolución de un crimen, podrá disfrutar de una lectura ágil y sorprendentemente amena, de la mano de dos viejos conocidos: Holmes y Watson.

En 1928, el crítico de arte, periodista y escritor Willard Huntington Wright, publicó un artículo titulado «Veinte reglas para escribir historias de detectives». En su regla 14, decía lo siguiente:

«El método del asesinato, y los medios de su detección, deben ser racionales y científicos. Es decir, la pseudo-ciencia, la imaginación o los dispositivos puramente especulativos no son admisibles. Una vez que se sumerge un autor en el reino de la fantasía, a la manera de Julio Verne, queda fuera de los límites de la ficción detectivesca, retozando en los caminos inexplorados de la aventura.»

Supongo que la señora Warner conocía este viejo artículo cuando le propusieron abordaruna pequeña historia de los avances científicos aplicados a la medicina legal o «jurisprudencia médica». Aunque en un principio la idea de convertir a un personaje de ficción, el famoso detective Sherlock Holmes,en el hilo conductor de un ensayo sobre avances científicos pueda provocar muecas de incredulidad, resulta sorprendente cuántas cosas se descubren tras las novelas del señor Conan Doyle si a uno le iluminan convenientemente el camino. Porque si algo queda aclarado al finalizar esta lectura, es que el creador del gran detective se ajustó escrupulosamente a la regla que Wright enunciaría mucho tiempo después del nacimiento literario de Holmes. Arthur Conan Doyle, médico de profesión, estaba totalmente al día en los principios, métodos y técnicas forenses conocidos, incluso en aquellos aspectos más discutibles de la jurisprudencia médica que, aún disfrutando en la época victoriana de adeptos y seguidores, se rechazaron por seudo científicos en épocas posteriores. Y todo ese caudal informativo lo puso a disposición de los lectores a través de los protagonistas de sus novelas. No debemos olvidar que en el siglo XIX la ciencia forense era, ante todo, una ocupación médica.

El libro tiene trece capítulos con una estructura común: cada capítulo se centra en un tema específico («La voz de la sangre», «Cuentos de bestias y perros negros», «Disparos en la oscuridad» por ejemplo).Se abordan así desde los orígenes de la dactiloscopia y la toxicología, hastala aventura que suponía llevar a cabo una autopsia en 1847, pasando por el uso del disfraz en la comisión de un crimen, los mitos médicos o los curiosos orígenes de la famosa Sûreté francesa. Cada capítulo se inicia con un texto extraído de alguna de las novelas protagonizadas por Holmes. A continuación se desarrolla la exposición sobre ese determinado aspecto objeto del capítulo: la realidad científica, los nuevos descubrimientos, los obstáculos en la investigación criminal, los avances y los errores, los científicos que propiciaron estos avances, su colaboración o su enfrentamiento. Y todo ello con una prosa muy amena,intercalando constantemente casos reales de la época (reconozco que la labor de documentación ha sido muy importante) y, por supuesto, descubriéndonoscómo esos nuevos conocimientos, las nuevas técnicas, tenían un hueco en los casos en los que intervenía Sherlock Holmes. Finaliza el capítulocon unas pistas finales sobre otros misterios, otras anécdotas o los trompicones o avances posteriores al respecto. También incluye un pequeño diccionario, y la sección habitual de bibliografía.

En este ensayo, la ensalada de historia, ciencia, literatura y una pizca de intriga se sirve como un plato refrescante y sorprendente. La ciencia revela al culpable imponiéndole su castigo y reconstruyendo el orden (casi siempre). Y la historia nos revelalos largos y a veces tortuosos senderos por donde tuvieron que caminar los hombres de cienciaenauxilio de la Justicia.

La ciencia de Sherlock Holmes
E.J. Wagner.
Editorial Planeta, 2010
330 páginas.

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17 Respuestas a “LA CIENCIA DE SHERLOCK HOLMES. Los secretos forenses de los casos más famosos de la historia – E. J. Warner”

  1. ARIODANTE Dice:

    Pues la cosa parece que tiene miga, en fin, yo soy lectora de Conan Doyle y no sólo de sus historias detectivescas, sino todas. Pero ciertamente, su bagaje científico y médico salta en seguida en las de Holmes. No puede evitarlo y da una impronta de verosimilitud a los relatos, por escabrosos que parezcan.Creo que con este libro puede sacarse más jugo a una segunda(o decimotercera, si nos ponemos en plan romano) lectura de Holmes.
    Una reseña muy completita y detallada, Vale.

  2. Rodrigo Dice:

    Una muy interesante reseña, Valeria. Ahora bien, lo de la regla 14 me hace gracia, sobre todo por el remate que ese señor Wright le pusiera en su día: «…retozando en los caminos inexplorados de la aventura». ¡Magnífico reclamo! Así dan ganas de que todo autor de narrativa con apellido (géneros policial, histórico, de ciencia ficción y el que fuere) mandase a paseo las dichosas reglas y otros encasillamientos, dedicándose sencillamente a fantasear y a darnos a los lectores ocasión de acompañarlos en su exploración.

  3. Ascanio Dice:

    Este libro me llamaba la atención muchísimo, querida Valeria, porque todo lo que huela a victoriano (o sea, a niebla, a opio, a Jack el Destripador, a corsés, a cementerios y a bailes de sociedad) me atrae poderosamente.
    Me alegro de que no te haya defraudado, porque me fío de ti y sé que tampoco me defraudará a mí.
    Una reseña estupenda, como todas las tuyas.

  4. Valeria Dice:

    Gracias chicos.

    Rodri, las reglas de Huntington me llamaron la atención cuando las encontré buceando por internet, porque para ser del año 1928 son realmente dignas de tener en cuenta (Y la traducción es mía, así que asumo la culpa de ese “retozar”).

    Ascanio, la verdad es que yo pienso que este libro te gustaría no por lo que huela a victoriano, sino por ese olor a formol y a bata blanca que despide su lectura, ese olor que percibe alguien que pasea por alguna vieja facultad de ciencias y llega de repente a una sala oscura y llena de tarros de vidrio con cosas raras dentro. Eso, y la manera tan entretenida de relatar, con gran ritmo y encajándolas perfectamente unas con otras y con la exposición científica correspondiente, las historias de viejos crímenes. Yo disfruté como una enana recordando mis clases de criminología. ¡Qué tiempos aquellos!.

  5. Josep Dice:

    Sólo un inciso: Sherlock Holmes es algo menos ficticio de lo que se cree. Está inspirado, de hecho, en uno de los profesores universitarios de Arthur Conan Doyle, cuyo nombre recordaré, probablemente, cuando ya sea tarde.

  6. Ascanio Dice:

    Se llamaba Joseph Bell, Josep.

  7. pepe Dice:

    A mi también me parece interesante el libro, y la reseña de Valeria no hace sino aumentar el interés. Disfruté con la última película de Sherlock Holmes, aunque no todas las críticas fueron elogiosas.

  8. pepe Dice:

    Me llama la atención el hecho de que Sherlock Homes sea un personaje tan querido por los lectores, a pesar de los muchos defectos que tiene. La gran mayoría de nosotros conocimos al famoso detective en la infancia, y el asombro y la fascinación que nos produjo entonces permanecen vivos. Con independencia de si las novelas tuvieran más o menos valor literario,
    la silueta alargada envuelta en la niebla fumando pipa forma parte ya del imaginario colectivo. No sé si algo de esto sería lo que estaba pensando Borges cuando escribió que “Pensar de tarde en tarde en Sherlock Holmes es una de las buenas costumbres que nos quedan.”

  9. Publio Dice:

    Muy buena e interesante reseña Valeria. Por ahora no está accesible pero tomo nota del libro para ver si lo acaban grabando o transcribiendo.

    Por cierto Ascanio, una buena novela sobre el Londres victoriano es El mapa del tiempo de Félix j. Palma reseñada por Farsalia. Formada por tres partes donde H. G. Wells es el nexo de unión entre las tres pero en la primera parte también tenemos un poco de Jack el Destripador, fumaderos de opio… Y todo el libro muy bien enmarcado en la época victoriana. Yo disfruté mucho con su lectura.

    Jack

  10. pepe Dice:

    Ya es casualidad que hoy me haya llegado un libro de José Vicente Pascual a quien, como seguramente recordaréis, conocimos gracias a la intrépida entrevista que le hiciera Ariodante hace algunas semanas. El libro se titula “El pescador de pájaros” y en la portada aparece la silueta de cierto famoso detective londinense, que al parecer está pasando una temporada de descanso en Granada, donde se desarrolla la aventura. Pasmoso. Me pongo a leerlo esta misma noche.

  11. Ascanio Dice:

    Gracias, Publio. “El mapa del tiempo” ya lo tenía en la mente desde que salió, hace un par de años. Pero me echó un poco para atrás algo que comentó Pepe (creo), y que fue algo así como que su mujer (doña M.) lo había leído y le había comentado que psí-psá. ¿Puede ser, Pepe?

    Por cierto, Pepe, he buscado “El pescador de pájaros” y veo que es una editorial algo rarita, y además fue publicado en el 2000. ¿Te ha llegado ese ejemplar por cauces normales, o lanzando algún conjuro de ancas de rana, patas de cabra y logaritmos neperianos como los que tú sueles hacer de vez en cuando?

    En cuanto lo empieces a leer me cuentas tus impresiones. Por cauces hislibreños o privados, como más te guste. Porque todo lo que tenga que ver con la pipa de Holmes me interesa.
    Ah, y recuerdos a doña M.

  12. pepe Dice:

    Ascanio, Ascanio, ¿no esconderá su nombre, por ventura, a Lady Valentine Forsythe, dama de compañía de lady Arethes, frecuentadora de la tertulia de Mrs. Margaret Mitchell, de Groxton Low Wall, distrito de Elmbridge, en el condado de Surrey? De ser así me atrevería a decirle que tenemos un conocido común, el reverendo John O’Harauxon, joven impetuoso, a quien echamos mucho de menos en la taberna “Hisbooking” de Wapping, en los Docklands, cada vez que hay una buena pelea. Luego sigo, mi estimada amiga, que ahora me reclaman algunos deberes domésticos inaplazables.

  13. Ascanio Dice:

    Mi estimado amigo Pepe, me sorprende usted. ¿Tenemos en común al reverendo John O´Harauxon? ¿El famoso clérigo de la Iglesia anglicana, cuya parroquia le cedió amablemente Lord James_LaRue, a cambio de celebrar oficios dominicales en favor del alma de Mr. Caviliton?
    Sin embargo, creo que se equivoca de clérigo, porque al reverendo O´Harauxon no le gusta nada armar gresca, y menos en la taberna “Hisbooking”, antro de perversión y lujuria, donde arriban los marineros de los navíos de Su Majestad la reina Victoria (que Dios guarde muchos años), ahítos de grog. No sé si recordará lo que recogieron los periódicos recientemente, cuando el teniente Richardson y el contramaestre Koningen tuvieron que sacar a rastras a varios de esos marineros, los cuales sufrieron después un Consejo de Guerra a cargo del almirante Urogaling.
    En fin, debo ahora rezar mis oraciones antes de ir a mis aposentos a dormir, así que le dejo a usted en la compañía de Dios.
    Su amiga,
    Ascanio.

  14. pepe Dice:

    Lady Ascanio, el sincero afecto que me une a usted me obliga a declarar que, si no fuera por algunos ratos como éste en los que departimos tan amigablemente, me vería obligado a pasar en esa taberna más tiempo del que la prudencia y el buen sentido aconsejan, con los molestos inconvenientes que comporta el trato con caballeros (por llamarles de algún modo) como los que ha mencionado antes. Asímismo, dicho afecto me anima a recomendarle el libro por el que me pregunta, toda vez que mi esposa lady M., dueña de una singular agudeza lectora, quedó en su momento muy satisfecha (…de la lectura, no me malinterprete) y así lo ha venido poniendo de manifiesto en todas las reuniones para tomar el té en las que ha participado últimamente. En cuanto al libro de la editorial Comares por el que también se interesa, le diré que me ha llegado por el conducto habitual, que no es otro que mi buen amigo y librero Augustus Lovecraft. En los últimos tiempos he perdido la afición a salir en busca de libros por las oscuras callejuelas aledañas a Grub street y este caballero, verdadero atleta de la distribución editorial, se ocupa puntualmente (es un decir) de satisfacer mis necesidades literarias y proveerme de cualquier libro que necesito. Quedo a su entera disposición para hacerle saber mi opinión una vez leído pues, como ya queda dicho, nada me resulta más grato que disfrutar de su ingenio y de su conversación.

    Suyo afectísimo,

    Lord Pepe.

  15. Ascanio Dice:

    Mi muy querido Lord P., nada me agradaría más que compartir con usted y con Lady M. una tarde de tertulia literaria en mi casa de Belgravia Sq., (la zona más de moda en Londres esta temporada). Con mucho gusto le ofreceré una taza de té Earl Grey y unas pastas caseras elaboradas por Pegotty, mi cocinera. Y como conozco la afición de usted hacia los productos de calidad, me atreveré a obsequiarle con unos sandwiches de pepino que le sorprenderán. No creo equivocarme si le confieso que no hay pepinos como los que crecen en el huerto de mi cottage de Spartinshire, y no hay sándwiches iguales a éstos en todo el Imperio de Su Majestad (que Dios guarde muchos años).
    Ahora debo abandonarle, ya que debo partir a la city para elegir unos encajes y unos metros de muselina con los que mi costurera, Miss Eyre, me confeccionará un bello vestido de baile para la próxima onomástica del Gobernador de las Indias Orientales, Lord Derphelew, a quien sé que conoció usted en la última temporada de verano en Bath. Le ruego que le comente a su bella esposa, Lady M., que tanto Pegotty como Miss Eyre están a su disposición por si las necesitan ustedes para cualquiera de las recepciones que tan brillantemente ofrecen a la alta sociedad londinense.

    Su amiga,
    Lady A.

  16. Urogallo Dice:

    Bueno, por fin puedo hacer honor a la estupenda reseña de Valeria: Hoy me he pillado el libro.

    La verdad que aunque cuando salió anunciado tenía mis reservas y pensaba que sería solo una bonita publicidad destinada a vendernos un CSI con calesas y gorras de cazador, la reseña me convenció de conseguirlo en cuanto pudiese.

  17. Urogallo Dice:

    Despachado. La verdad que se lee a toda velocidad gracias al tipo de letra enorme en que ha sido impreso.

    Entretenido y tal y como lo describe Valeria: Una descripción de la ciencia forense en el siglo XIX a través de ejemplos y siempre con la vista puesta en Sherlock Holmes. ( Aunque la presencia de Holmes termine siéndo un tanto forzada).

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