JULIUS CAESAR: A LIFE – Patricia Southern

Gayo Julio César es el personaje perenne de la historia romana, sobre el que siempre se vuelve. Su vida, carrera y obra es la más conocida de la historia de Roma, gracias al hecho de que su período es el mejor documentado de esta civilización y sobre él hay relatos de autores romanos durante varios siglos. Tuvo el acierto –y el oportunismo propagandístico– de escribir dos esbozos de obras históricas, sus comentarios sobre la guerra de las Galias y sobre la guerra civil de los años 49-47 a.C. (añadamos los textos sobre la guerra africana y la guerra hispana de los años 46-45 a.C incluidos en el Corpus cesariano), que permitieron que generaciones de lectores conocieran, «de primera mano», lo que hizo en ambas contiendas. Contamos con el testimonio explícito de Cicerón en muchos de sus discursos y sobre todo en su correspondencia con Ático y algunos amigos y familiares (Bruto, su hermano Quinto, el propio César en unas pocas epístolas) y con relatos casi contemporáneos como Salustio (su monografía sobre la conjura de Catilina), para, ya en las siguientes dos generaciones, las obras de Tito Livio y Veleyo Patérculo. Con casi dos siglos de distancia nos quedan las biografías de Plutarco (incluida la suya), Suetonio (su biografía, para la que pudo tener acceso a documentación de archivo) y Apiano (su historia de las guerras civiles), siendo la historia de Dión Casio (ya en el primer tercio del siglo III de nuestra era) una obra muy posterior al personaje pero también valiosa (y discutible). Todos ellos, empezando por el propio César, crearon una imagen del personaje «diferente» en cada caso, partiendo de fuentes similares pero también diversas (la historia perdida de Asinio Polión sobre el período de los años 60-42 a.C. influyó en algunos de esos autores). La leyenda, acicateada por el heredero de César, Octavio/Augusto, se forja, mezcla, amplía, difunde y mitifica, hasta el punto de que parece confundirse la vida del personaje con esa leyenda que la cultura popular del último siglo y pico ha llegado a exacerbar (del cine a la televisión, sin obviar la masa de novelas históricas que sobre el personaje se ha escrito, con mejor o peor pluma). Y más en un personaje siempre de candente actualidad: «[…] cada generación lo contempla a la luz de su propios tiempos, por lo que, al final, resulta cuestionable si en algún momento hubo un César real» (p. 9, traducción propia). 

Tratar de dejar la leyenda a un lado y situarse en el hombre y en lo que hizo en cada momento, a partir de un estudio crítico de las fuentes, es la labor que Patricia Southern (n. 1948) se ha propuesto con una obra que excede los márgenes a menudo borrosos de la biografía y que ya en el título deja claras sus intenciones: Julius Caesar: A Life (Amberley Publishing, 2018). Como la autora remarca en un primer capítulo, “Caesar: An Extraordinary Life”, a menudo la escritura histórica no puede evitar vestirse con la ventaja que supone la presciencia que nos da analizar los hechos conociendo sus consecuencias. «En cada momento significativo durante la carrera de César, es tentador reconocer los aspectos y las características que le ayudaron a resolver sucesivos dilemas, y aunque esto puede ser útil también puede hacer que parezca que el auge hacia el poder era inevitable, un progreso fluido a partir de un objetivo planeado y hacia otro objetivo planeado, superando obstáculos y la oposición hasta que se alcanzara la meta final. Este enfoque no tienen en cuenta los contratiempos documentados y los no documentados, los fracasos, las oportunidades perdidas y los retrocesos, las revisiones de los planes y la a menudo despiadada manipulación de las personas y los sucesos que permitieron a Cesar sobrevivir y seguir adelante con sus ambiciones intactas» (p. 11, traducción propia). Y es algo que los autores antiguos que escribieron sobre él, especialmente los más tardíos, hicieron: establecer un camino que no necesariamente estaba claro en vida del personaje. César mismo era consciente de sus habilidades y capacidades, y las explotó, «pero no era omnisciente, sobreviviendo muchas veces por un pelo  gracias a una combinación de determinación, rapidez mental, oportunismo y, muy a menudo, una cierta dosis de suerte» (p. 12, traducción propia). En cualquier momento pudo morir por una enfermedad, sucumbir en un combate o ser asesinado (antes de los Idus de Marzo), o pudo tener que lidiar con una derrota política o militar que lo hubieran condenado a la oscuridad, comenta Southern.

Y es que, básicamente, la «historia» de César comienza con su pretura, o especialmente su primer consulado, y se convierte en la figura «extraordinaria» en sus últimos quince años de vida. Antes del año 59 a.C., César era un senador más, un hombre que, como tantos otros que formaban parte de la nobilitas de ese período, trataba de desarrollar una carrera política que lo condujera a lo que todo miembro de esa nobilitas aspiraba: el consulado, lo más alto que, en cuestión de ejercer el poder, podía ejercer un romano de la élite. «Si César hubiera muerto en el año 61 a.C. [durante su propretura en Hispania], sin haber alcanzado el consulado y sin ser descendiente de una importante familia en ese momento y con una larga y ancestral línea de cónsules que habían realizado varias hazañas en defensa de Roma, apenas habría dejado una impresión en la historia romana» (p. 15, traducción propia). Son esos quince años finales de su vida, profusamente documentados, los que formaron el legado de su «grandeza» y reputación en el mundo antiguo… y el moderno.

Leyendas al margen sobre combates en la cuna contra serpientes –del mismo modo que el mito del niño Octavio que mandó callar a las ranas– y anécdotas como la altanería mostrada ante los piratas que lo secuestraron en su camino a Rodas, entre otras muchas, César no parecía más «predestinado» que sus coetáneos de la élite a alcanzar y retener el poder. Fue a partir de su consulado e incluso durante si edilidad, a causa de decisiones y comportamientos que tomó, cuando algunos contemporáneos suyos, como Cicerón, «reconocieron» una tendencia al despotismo. El modo en el que, por ejemplo (según el relato de Suetonio), humilló a Lúculo en una sesión del Senado durante su consulado, cuando éste se opuso a que fueran ratificadas las disposiciones de Pompeyo en el Este, y cómo lo hizo caer de rodillas y suplicar  –ya fuera un acto de cobardía por parte de Lúculo o un gesto para mostrar abiertamente hasta dónde llegaban los rasgos de tiranía en César–, debió de dejar perplejos a sus colegas. Del mismo modo, sus «hazañas» durante mando en las Galias (58-50 a.C.), engrandecidas en unos «comentarios» que trataban aparentemente de ser informes «oficiales» –pero no escondían propósitos de propaganda– o la celeritas (rapidez) con que se movió durante las (interminables) guerras civiles de los años 49-45 a.C. –siendo el famoso lema veni, vidi, vici (llegué, vi y vencí) el epítome de todo ello–, por no hablar de su clementia (que engañó a pocos, pues dejaba entrever que todo el mundo estaba a su merced… excepto Catón, que se negó a permitir ser perdonado y prefirió suicidarse), no dejaban de ser (múltiples) evidencias de una leyenda que el propio César ayudó a crear. Una leyenda rosa que se teñiría de negro cuando, en sus últimos meses de vida, acumuló inmensas cotas de poder, más que ningún romano hasta entonces, y toda una sucesión de honores que hicieron pensar a no pocos (amigos y especialmente enemigos) que su propósito en la vida era alcanzar un poder absoluto, algo nefas para los romanos fervientemente creyentes en el componente «republicano» del Estado romano (la res publica).

De este modo, pues, tratando de ponernos en el preciso contexto en el que vivió y actuó César, es como Southern ha escrito una biografía que, por méritos propios, podemos ubicar entre los mejores libros sobre el personaje. Y todo ello teniendo en cuenta las fuentes de que disponemos, lo que nos cuentan de ello y especialmente cómo lo cuentan. César mismo, Cicerón, Salustio, Veleyo, Plutarco, Suetonio, Apiano, Dión Casio y alguno más son las fuentes principales sobre el personaje, pero no cuentan las cosas de la misma manera, como Southern apuntilla a menudo. Tal asevera esto, pero obvia el contexto, o tal cuenta esto sobre una campaña en las Galias o un aspecto de la guerra civil, pero César no lo menciona en sus comentarios. Es constante la crítica de las fuentes, del mismo modo que se apoya la autora en la bibliografía moderna y no cualquiera. Southern aporta dos páginas de bibliografía, entre obras antiguas y obras modernas, pero entre estas están aquellas que son las más relevantes sobre el período de César. Obras en inglés, por supuesto, o traducidas al inglés, como la biografía de Luciano Canfora; pero desde luego no faltan las consideradas mejores biografías de César (incluida la de Canfora, algo que no suele suceder a menudo), como son la de Matthias Gelzer (traducción inglesa de 1968, orig. alemán de 1921), la de Christian Meier (traducción inglesa de 1995, original alemán de 1982) y la de Adrian Goldsworthy (2006, aunque personalmente tenga mis reservas sobre éste). No falta la obra seminal de Ronald Syme (The Roman Revolution, 1939, traducción española de Taurus en 1989, reeditada en 2010 por Crítica), estudios como los de P.A. Brunt (Social Conflicts in the Roman Republic, 1971) o Lily Ross Taylor (Party Politics in the Age of Caesar, 1949), entre otros, todos ellos imprescindibles. Del mismo modo que la autora trata convenientemente a las fuentes antiguas, hace lo propio con las interpretaciones de los autores modernos, citando ora aquí y ora allá a Meier y Gelzer (sobre todo).

Detalle importante es que Southern expone y analiza, en ocasiones con un énfasis que no suele abundar en una biografía para un público amplio, diversas cuestiones sobre el personaje: por ejemplo, hasta qué punto estuvo implicado, y si resulta «creíble» el hecho, en la llamada «primera conjura de Catilina» (cui bono, como dicen los clásicos, o qué tenía que ganar con ello); cómo considerar el pacto privado que conformó el mal llamado «Primer Triunvirato» que reunió a César, Pompeyo y Craso (y si se forjó antes de o durante el primer consulado del personaje, en el año 59 a.C.); cuál fue la estrategia «real» de Pompeyo a la hora de enfrentarse a César en la guerra civil de los años 49-48 a.C.: no tanto si fue acertada o no su decisión de llevar la guerra a Grecia, como interpretar hasta qué punto tenía decidida esta decisión o si fue un working progress; o, para rematar, hasta qué punto César calibró los numerosos honores y poderes recibidos en sus últimos meses de vida. La autora expone, a partir de las fuentes, e interpreta (a menudo dejándose llevar por la «lógica»), pero no impone una única interpretación (aunque, desde luego, tiene las suyas).

El hecho de que sepamos más, o la leyenda del personaje sobredimensione más, de los últimos quince años del personaje, de su primer consulado a su asesinato, no significa que este período (60/59-44 a.C.) tenga más peso en el libro. A diferencia del libro de Jérôme Carcopino, Julio César: el proceso clásico de la concentración del poder (original francés de 1936, traducción española en 2004; no se menciona en la bibliografía), que comienza su relato con un César ya crecidito (a la muerte de Sila, en 78 a.C.), y al que apenas dedica unas pocas páginas sobre su «formación», Southern no da mayor énfasis a los años de madurez política del personaje; de hecho, un tercio largo del libro transcurre antes del año 59 a.C. y se ofrece una amplia y detallada panorámica de la Roma del período, así como la biografía de César. Dos capítulos están dedicados a las campañas gálicas: uno sobre las tribus galas y la situación «política» que se encontró César, así como la manera de guerrear de estos y el tipo de ejército romano que él forjó, y otro sobre las propias campañas durante los años 58-50 a.C. Del mismo modo, la guerra civil de los años 49-45 a.C. se desarrolla en cuatro capítulos: las causas y el camino hacia ella en la misma década de la guerra de las Galias, la escalada hasta el cruce del Rubicón (punto de no retorno), las campañas de los años 49 a 47 a.C. y las de los años 46 y 45 a.C., sin dejar a un lado las reformas políticas de César. Queda un capítulo final sobre los últimos meses del personaje, la acumulación de poderes y honores, y la conjura y asesinato.

El resultado es un libro que, como su espléndida biografía de Augusto (1998, 2ª edición en 2014, traducción española en 2013), trasciende lo puramente biográfico y se erige en una valiosa monografía sobre el personaje y su época, sobre su carrera política y la Roma que lo albergó y vio, con mayor o menor reticencia, alcanzar un poder que en todo era monárquico menos en el nombre. Su heredero, Gayo Octavio –tanto de su fortuna como de su nombre («tú, muchacho, que todo lo debes a un nombre», como le reprocharía Marco Antonio) y su «legado» político–, engrandecería su leyenda, pero también aprendería de los errores y la imprudencia de César: «Octaviano aceptó su posición como heredero de César y se aferró a ella con tenacidad durante los siguientes cincuenta años, remodelando el Imperio lenta y pacientemente, quizá de un modo parecido al que César tuvo en mente, pero con mucha menos prisa. César fue un hombre que tenía prisa y en su frenético deseo por rápidos resultados abandonó la tradición y pisoteó a aquellos que se agarraban a ella. Octaviano fue más afortunado ya que tuvo más tiempo para alcanzar aquello que quería y en el 27 a.C. un Senado agradecido le cambió el nombre por el de Augusto. Se convirtió entonces en el primer emperador de Roma, utilizando el nombre personal de Imperator con el que se distinguió a César y con más poder en sus manos que cualquier rey» (p. 299, traducción propia).

Otro buen libro que merecería una traducción española.

     

15 comentarios en “JULIUS CAESAR: A LIFE – Patricia Southern

  1. javier dice:

    Parece un libro muy interesante sobre Cesar. Me gustaria saber si tiene posibilidades de ser publicado en español,ya que a pesar de poder leer en ingles, siempre es mejor en castellano.

  2. Farsalia dice:

    Por posibilidades, podría publicarse en castellano, otra cosa es que haya alguna editorial interesada… desde luego el libro lo merece.

  3. Vorimir dice:

    Otro de los personajes más jarturibles de la Historia antigua, junto a Aníbal y Alejandro. Y ojo que a mí me gusta mucho tanto su figura como su época y este parece u nbuen libro pero hay taaaaaantos. Y aun así tampoco me extrañaría verlo publicado en español (por eso de la jarturibilidad del susodicho).

  4. Balbo dice:

    “jarturibles” y “jarturibilidad”… me ha encantado ese vocablo, jejeje ;-p

  5. Farsalia dice:

    La “Tríada”: Alejandro, Aníbal y César. Un inciso: Luciano de Samosata, en uno de sus Diálogos de los muertos, presenta a Alejandro, Aníbal y Escipión en el Hades, y los tres, ante un Minos que no está para que lo hagan esperar, discuten sobre quién debe ser juzgado primero; y, claro, establecer una prioridad en tal cuestión significa hacerlo sobre quién lo merece al haber sido mejor general. Queda claro (es uno de los tópoi lterarios de la antigüedad: la novela histórica no ha inventado nada…) que el mejor era Alejandro, con lo cual hay que decidir entre Escipión y Aníbal. Teniendo en cuenta la fama de pérfido que tenía Aníbal en el mundo antiguo, el segundo puesto se lo lleva Escipión, quedando el cartaginés para un ignominioso “bronce”. Ya en el mundo, antiguo, antes y después de Luciano, se escribía mucho sobre los tres (o cuatro) personajes, se “plutarquizaba” y se extraían lecciones morales de sus exempla. Hoy en día las cosas no han cambiado… tanto.

    Los tres mencionados antes (dejemos a Escipión a un lado por ahora) son personajes muy “jartibles” en la actualidad, pero también muy atractivos (o “atracativos”). Personalmente, no me cansan los ensayos (dejo la novela histórica al margen, que esa sí es jartible), sobre todo si se dejan de repetir leyendas y se apartan un poco de la mirada plutarquiana de la que suelen adolecer muchas monografías, sobre todo entre la mala divulgación (volvemos a lo de siempre). Que huyan de la “excepcionalidad” intrínseca a los personajes, destinados a la grandeza per se (y en se, como diría Rubianes). Que nos hablen tanto del personaje como del contexto en el que vivieron y se movieron, de las fuentes sobre ellos (y sus carencias y diversidades), de lo que significaron en vida y de su legado, y de hasta qué punto podemos considerarlos “colosos” de la historia. Eso es lo que me interesa y sobre eso se publican libros muy interesantes.

    Sobre César mismo hay mucha bibliografía, bastante desigual. Para mí la biografía de Canfora es la mejor (y que los autores anglosajones, muchos de ellos, empeñados en leer sólo lo que hay en inglés o se ha traducido a la lengua del Bardo, suelen ignorar; no lo hace Southern, lo cual ya me predispone a favor); le siguen las de Gelzer y Meier, inéditas en nuestra lengua: autores alemanes de la vieja escuela. Goldsworthy tiene mucho empaque, pero su libro no es de los mejores, desde mi punto de vista (tiene aspectos interesantes, eso sí); resulta más interesante la monografía de Carcopino. Y están los muchísimos estudios alrededor de la figura de César y su época (de Lily Ross Taylor a Zvi Yavetz, por mencionar dos de muchos). Hay mucho campo tratado (y por tratar) en torno a Gayo Julio César… si nos dejamos de zarandajas y divulgarizaciones. Lo jartible, como suele con Aníbal, con Alejandro, son las novelas y las malas divulgaciones; eso sí que me hastía…

  6. Vorimir dice:

    Yo hay un momento que me pregunto que te van a aportar de nuevo cuando hay ya tanto escrito. De verdad. ¿Dos matices y dos detalles? Cada vez tengo más ganas de leer más fuentes y menos ensayo. Será que estoy jarturificado. XD

  7. Farsalia dice:

    Yo, en cambio, cuando más leo sobre el personaje y su época, más cosas aprendo y matizo en mis propias conclusiones (siempre provisionales) al respecto; y más reevalúo mis valoraciones de las fuentes. Obviamente, hay que separar el grano de la paja en cuanto a lo que se publica.

  8. Vorimir dice:

    ¿No te pasa que muchas veces piensas? “Vale, eso es lo que tú interpretas como se podía interpretar lo otro” o básicamente al final las fuentes son las que son y al final es intentar sacar punta aquí y allá o hacer un trabajo lo más completo posible. Pero es que hay un momento que leerme un libro de, no sé, 400 o 500 o 800 páginas para ver que cuatro matices hay me da toda la pereza. XD

  9. Farsalia dice:

    Hombre, las fuentes son lo que son, pero interpretaciones hay muchas, como matices; si eso, el estudio de la historia no avanza. Sobre César y su contexto hay mucha información, su período es el más documentado de la historia romana. Pero ello no significa que alrededor del personaje no siga quedando mucho campo por explorar. Y no todo son ensayos: la de artículos de revistas académicas que queda por leer…

  10. Vorimir dice:

    Y por ahí iba mi comentario, a los mejor 4 matices dan para un artículo o dos pero luego se insertan en un libro de nosecuantas páginas donde el 90% o así es “lo mismo de siempre”. Vale, que a lo mejor es el primero del autor sobre el tema y ahí da su visión global y sus matices pero… ¿cuanto de nuevo se aporta?

  11. Farsalia dice:

    Los artículos suelen ser el “foro de debate” en el mundo académico. Los libros no sirven para todo, qué te voy a contar, y las monografías buscan temas más específicos que las biografías. El problema de la jartibilidad no es el tema, sino la aproximación al mismo y el grado de de especialización. Si uno lee diez biografías u obras generales de un tema, lógico que acabe harto, pero si va más allá…

  12. Farsalia dice:

    Me chivan que está en proceso una traducción castellana de este libro para 2019. Hasta aquí puedo leer (tarjetita por allí…).

  13. Vorimir dice:

    Si ya lo dije yo, es un jarturible. XD

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