JUANA LA LOCA, LA CAUTIVA DE TORDESILLAS – Manuel Fernández Álvarez

Portada«No lo despertéis, silencio… el rey se ha dormido». (Locura de Amor, 1948)

De algún tiempo a esta parte parece que el cine la y las cadenas de televisión española han vuelto a resucitar un género que ya parecía olvidado en nuestros anales cinematográficos. Nos referimos a aquel de tipo histórico, sobre todo centrado en la época de los Reyes Católicos y el Siglo de Oro. Con aciertos y desaciertos, con interés de acercar nuestra propia historia al gran público y con errores graves al enseñar, a veces, ninjas pegando botes por Castilla, los directores españoles parecen haberse dado cuenta que en nuestro pasado existe un filón inmenso con el que llenar las salas de cine, y mantenernos pegados al sofá de casa una noche tras otra .Pues bien, entre todas estas películas y series hay que detenerse en un personaje, en una reina en concreto, que continuamente aparece (y no, no es Isabel la Católica) y que llama muchísimo la atención a todos: la desdichada Juana I de Castilla (1479 – 1555), más conocida por el pueblo y para toda la eternidad como La Loca

Algunas actrices como Aurora Bautista en Locura de Amor (1948), Pilar López de Ayala en Juana La Loca (2001) o Irene Escolar en la reciente La Corona Partida (2006) nos han acercado, más o menos de forma correcta, a  este personaje clave en la Historia Española, aunque para una comprensión mejor de la egregia figura de esta reina triste y patética (utilizando siempre esta última palabra con respeto y  atendiendo a lo que dice la RAE: «Que denota gran angustia o padecimiento moral, capaces de conmover profundamente y agitar el ánimo con violencia») he alejarles temporalmente de la magia del celuloide y recomendarles el extraordinario trabajo que hizo el difunto Manuel Fernández Álvarez con su obra Juana la Loca, la cautiva de Tordesillas. Como gran experto en aquella época, el autor centra el objeto de su ensayo en la vida y época de aquella reina, legitima por derecho, que fue apartada del poder y encerrada en un castillo  durante cuarenta y seis años ignorando que aquella España que sus padres unificaron se había convertido en uno de los mayores imperios de la Historia Universal. La gran reina Isabel tapa toda visión que hagamos de aquellos años renacentistas, pero Manuel Fernández Álvarez con la erudición, estudio y dedicación que siempre le había distinguido sobre otros historiadores de corta y pega actuales ladea algo los vestidos de Isabel y descubre detrás de ellos a otra gran reina que, desgraciadamente, ha llegado hasta nosotros deformada por los estereotipos que se la han añadido a través de los siglos. Se la ha tachado de loca (sin conocer el nivel psicológico ni los antecedentes mentales habidos en la familia), abandonada, e incluso de ninfómana que solamente penaba pensando en cómo apagar el fuego que había en su interior con su amado Felipe el Hermoso. He aquí, por tanto, un libro que verdaderamente nos presenta la justa medida de una mujer dominada por un mundo de hombres y donde ella, simplemente, solo quiso ser libre.

Comienza este ensayo con el nacimiento e infancia de la infanta, el 6 de Noviembre de 1479, y en cómo muy pronto tuvo que aprender a vivir en una corte itinerante, ofreciéndosenos una imagen muy alejada de la gazmoña y rosa historia tradicional que nos presenta un hogar feliz en donde la reina Isabel era una especie de matrona ideal la cual estaba todo el día pendiente de sus amados hijos. Hecho imposible debido por un lado a la diferencia de edad que había entre ellos, y por otro a que la reina Isabel no podía estar todo el rato con sus vástagos ya que estaba ocupada en la retaguardia, en una corte en constante movimiento,  ayudando a su esposo a unificar España además de culminar el proceso de reconquista. Pero avancemos unos pocos años más. A los diecisiete años, la joven Juana, guapa, con un bello pelo castaño tirando violín, casi besada por el fuego, como nos muestra el pintor Juan de Flandes, se casa con el archiduque Austria, Felipe el Hermoso, hijo de Maximiliano I, y heredero de la Casa de Borgoña y de los Países Bajos. Juana se convierte nuevamente en peón del gran tablero geopolítico que es Europa, y su movimiento ajedrecístico tiene como único fin aislar a Francia, el gran enemigo de los Reyes Católicos en esos momentos. Pero a pesar de que cuando llega a los Países Bajos a bordo de una gran flota, en concreto al puerto de Arnemuiden, y su marido no viene a buscarla hasta un mes después, Juana no se indigna y parece estar hechizada por aquel nuevo mundo de sensaciones. Aunque las riñas entre los esposos son continuas, y las infidelidades están a la orden del día, Juana se queda continuamente embarazada y parece feliz en sus nuevos dominios

Pero la desgracia se ceba en la corte española, ya que pasado el tiempo muere en 1497 el heredero de la corona, Juan (según se cree por exceso de amor), un año después Isabel, que estaba casado con el rey Manuel I de Portugal, y dos meses después Miguel, su retoño. Es por ello que Isabel reclama a Juana que vuelva a España porque es la siguiente en la línea sucesoria y solo ella puede alcanzar el rango de reina. Llama la atención que en aquellos años todavía nadie de pábulo a los rumores sobre el posible desequilibrio mental de Juana. En 1501 el obispo de Córdoba, que es enviado a Flandes como embajador dice lo siguiente de la futura reina: “habida por muy cuerda y por muy sentada.”  Los arranques temperamentales que tiene continuamente  parece que lo achacan a su condición de celosa esposa. La idea que tenía Isabel es que las Cortes juraran a Juana como reina absoluta (hecho que se produjo en las Cortes de Castilla) a pesar de las reticencias de Felipe y Fernando de Aragón.

Felipe se siente insultado al ser considerado como un mero rey consorte y un tanto airado, a los seis meses,  abandona a su mujer y se marcha a sus tierras de Flandes donde la vida es placentera y más hecha a sus gustos, pero Juana se tiene que quedar en España para aprender al lado de su madre a ser una verdadera reina. La convivencia entre ambas se agria y las peleas y las recriminaciones son continuas. Isabel la amonesta diciendo que deje  de ser tan celosa y atienda a sus deberes como madre y reina y Juana la tacha de hipócrita pues sabe, y lo había vivido en su infancia, que Fernando le era continuamente infiel. Estas peleas agravan la débil salude de Isabel y en 1504 muere. Es curioso que el famoso testamento de la Católica sea el que ofrece las primeras dudas sobre la inestabilidad mental de su hija. En un párrafo de dicho testamento dice que aunque Juana era la verdadera heredera su esposo Fernando podría ser regente si su hija «estando en ellos, no quiera o no pueda entender en la gobernación dellos». Este fue, por tanto, el verdadero motivo que provocó la lucha por el poder entre su padre y Felipe. Juana se había convertido en un obstáculo para ambos para llegar a sentarse en el codiciado trono.

Todo valía, incluso que su propio esposo firmara en 1506 la infamante Concordia de Villafáfila en las que ambos, Felipe y Fernando, se repartían las riquezas de España si la reina no estuviera bien mentalmente. Felipe asumiría la condición de rey, y Fernando se retiraría a Aragón, pero sin prescindir de la mitad de las rentas que podía dar el nuevo Mundo, y se hacía a la vez cargo de las órdenes militares. Como se puede ver todo valía, y todo se hacía para enajenar a la reina legitima. Al principio Juana se enfadaba pero llegó un momento en que nada empezó a importarle. Solo llegó a gustarle correr por los jardines del conde Benavente, famosos por su colección de animales curiosos. Es en este punto donde su estado mental ya no daba más de sí. Pero ¿a qué se debe tal condición? Muchas han sido las teorías, desde la hereditaria, es decir la nostalgia que había heredado de su abuela materna Isabel de Portugal, encerrada (como ella lo estará posteriormente) en el Castillo de Arévalo y donde corría por los pasillos gritando “¡Álvaro! ¡Álvaro!” recordando tal vez al malogrado Álvaro de Luna; e incluso el complot masculino que la volvió incapacitada poco a poco. Todo ello, junto a graves depresiones, fue la que la llevó tiempo después, tras la muerte de su esposo Felipe en Burgos en 1506, y la increíble y aterradora comitiva con el féretro a través de Castilla, a ser encerrada por orden de su padre  en 1509 en el triste castillo de Tordesillas, junto con su hija Catalina (ésta se libro de vivir en aquel hogar demente en 1525 al casarse con Juan III de Portugal).

Todos estos episodios, y más que me dejo en el tintero, son los que componen el magnífico ensayo escrito por Manuel Fernández Álvarez titulado Juana La Loca, la cautiva de Tordesillas. Entre la belleza virginal que nos enseña Juan de Flandes, hasta la mirada de loca que Juana deja para la posteridad en el cuadro que  Francisco Pradilla pintó en 1877, hay una diferencia enorme, una evolución humana que va desde el sueño de juventud hasta la caída en el abismo de la locura. Y todos estos pasos, analizados con un rigor histórico exquisito, junto con la certera descripción de una época inolvidable, es lo que nos ofrece esta obra sobre una mujer, una reina por legitimo derecho, que acabó siendo víctima de una auténtica locura, de un terrible juego de tronos.

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9 comentarios en “JUANA LA LOCA, LA CAUTIVA DE TORDESILLAS – Manuel Fernández Álvarez

  1. Arturus dice:

    Excelente reseña, Balbo. Creo que tengo este libro en casa, además de “Carlos V. Un hombre para Europa”, que reseñé no hace mucho, y el de Felipe II. Gran historiador Manuel Fernández Álvarez y muy ameno.

  2. David L dice:

    Este debe ser uno de los pocos libros sobre las biografías de los Austrias del ilustre maestro Manuel Fernández Álvarez que no tengo, sus anteriores estudios, todos ellos magníficos, sobre Isabel La Católica, Carlos V y Felipe II están en mi biblioteca. ¿Qué se puede decir de tan gran historiador? Para mí es uno de los grandes, no creo que haya algún otro historiador que conozca tan bien la Casa de Austria como Fernández Álvarez. Ya sé, ahora me dirán los amigos hislibreños que si Parker es mejor historiador, que si el tono usado por Fernández Álvarez suena un poco hagiográfico, etc.. No estoy de acuerdo, el tono que usó en sus escritos son los de alguien que conoce hasta el último detalle todo lo que rodeaba a los Austrias, y no sólo habla parabienes de los mismos, los expone con todas sus luces y sombras….pero es que la Casa de Austria dominaba el mundo…¡Cómo no va a hablar en tono grandilocuente! Todo lo que les rodeaba era Grandeza con mayúsculas, hay que situarse en su época, siglox XVI-XVII y valorarlos en su justo espacio temporal. Así lo veo yo.

    En cuanto a la Reina Juana, ¿qué decir? Parece que el tema de los “vapores”, que así le llamaban a la depresión en aquellos tiempos, venía de familia, su situación fue harto complicada. Accede al Trono tras varias muertes desgraciadas, se emparienta con todo un conquistador y….tiene a su padre, el Rey Fernando el Católico como vigilante de la vida y obra de Isabel la Católica. A veces la suerte también es un factor importante en la vida.

    Excelente reseña Balbo.

    Saludos.

  3. Farsalia dice:

    Jejejeje, volvemos con don Manuel. Nadie a estas alturas va a negarle el merecidísimo lugar entre los grandes de nuestros hispanistas. Tuve la suerte de conocerlo en un curso de verano de la UIMP en el santanderino palacio de la Magdalena en el 99. Por entonces ya estaba mayor (casi ochenta años), apenas podía aguantar dos horas seguidas de clase (magistral, en todos los sentidos); por casa tengo alguna foto con él. Dio un curso sobre Carlos V, cómo no, meses antes de la publicación del que sería su magno libro, Carlos V: el césar y el hombre. Nadie como él trabajó tan a fondo la figura del emperador: fruto de décadas de estudio fue su Corpus documental de Carlos V en cinco volúmenes (1973-1981). Pero sí, y eso es algo que en él se le disculpa, acabó por perder un poco la perspectiva, la objetividad (se le notaba y el lector que le conocía lo aceptaba con una sonrisa) y a la postre se “enamoró” del personaje; su libro tiene un enorme valor historiográfico, pero cae en la hagiografía. Y se le disculpa porque nadie como él trabajó tanto la figura del emperador. Siempre suelo hacer la broma de que, si hubiera tenido oportunidad, en la boda de Carlos V e Isabel de Portugal en Sevilla había apartado de un codazo a la lusa y se habría casado él con el césar. :-P

    Pero la especialidad de don Manuel era Carlos V y su época; el siglo XVI, por completar. Su biografía de Felipe II es muy meritoria, pero palidece ante el magnífico trabajo de Parker de 2010. No abarcó todo el período de los Austrias (apenas tocó el siglo XVII, de hecho; del mismo modo que John Ellliott apenas ha tratado el siglo XVI español) y el éxito le llegó demasiado tarde. Quizá por ello, y por una estrategia editorial que no le daba un respiro, en sus últimos años publicó muchos libros… y muy desiguales. Esta biografía de Juana de Castilla, que aquí se reseña, es uno de esos libros que (la editorial) sacó como churros y que se lee con amenidad y está bien escrita, pero tiene poco que aportar frente a otras; por ejemplo la de Bethany Aram, La reina Juana. Gobierno, piedad y dinastía (Marcial Pons), un trabajo más ambicioso y profundo. Don Manuel pertenecía a su época, como historiador, y habría rivalizado con autores de la altura de Steven Runciman en el Reino Unido. El suyo fue un trabajo de fuentes, de política y estudio prosopográfico, de la diplomacia y las altas esferas; de las intersecciones entre monarquía, sociedad y cultura (véase, por ejemplo, su libro Poder y sociedad en la España del Quinientos, Alianza Editorial, 1995). Pero, como el caso de Runciman, apenas trató la economía, por ejemplo (más allá de los aspectos generales, por supuesto): las finanzas de la monarquía y la banca, por ejemplo, a la altura de un Felipe Ruíz Martín o un Ramón Carande, de quienes bebió y aprendió.

    Fue un historiador tradicional, pero no anticuado; elegante en su prosa, detallista en el tratamiento de fuentes (cartas, memoriales, textos de pensamiento y propaganda política), cercano al lector, apasionado con lo que hacía. No habrá nadie como él… y gracias a él conocemos muy bien a Carlos V como soberano, marido, padre y hombre de estado. En cierto modo, como él, era un hombre de su época, hecho a una mentalidad y a una manera de hacer las cosas. Y no es moco de pavo… pero hay que ser “justos” con él en todos los sentidos y lugares.

  4. Urogallo dice:

    ¡La locura como último testimonio de la casa de Trastámara! ¡Elevados por la traición y el fratricidio para terminar en las simas amargas de la demencia más terrible!

    ¡Que personaje nos traes maese Balbo!

    Amarga fue la corona de la última reina de Castilla…

  5. Luis dice:

    El único libro de Fernández Alvarez que tengo es del Felipe II, y fui incapaz de terminarlo. Y para que yo no termine un libro, es porque me resulta imposible. Pero veo que hay otros que sí disfrutan con el estilo de Fernández Alvarez, así que imagino que también disfrutarán este libro. En mi caso, me interesa bastante el tema de la reina Juana, pero creo que buscaré otro libro

  6. nayravalera dice:

    Limpiando he encontrado algunas de las joyas que ya había olvidado había leído.
    Ésta es una de ellas. Una biografía sórdida que te trata de rellenar los huecos de lo que se conoce de Juana La Loca de manera magnífica.
    No tengo ni idea de que tan corroborados estén algunas de las situaciones que aquí se toman por hechos, pero no me importa, la lectura es tan excelente que puedo dejar pasar algunas suposiciones y especulaciones por verdades.

  7. Ya que están hablando de Juana, ..un introito de FERNANDO V DE ARAGON, el codicioso y mayor manipulador del Descubrimiento de América, componente de un triada cuya gran farsa de urdir, tal como a Juana y a don Gonzalo Fernández de Córdoba, el desprestigio del Almirante Colón, y autorizar su IV viaje con el propósito, de lograr su desaparición forzada en las aguas del Atlántico, tal como se desprende de prueba confirmativa, del S.O.S traído angustiosamente por Diego de Méndez, con el propósito de apropiarse de los nuevos territorios. Mi libro LA GRAN MENTIRA DEL DESCUBRIMIENTO:MURIO COLON SIN SABER QUE HABIA DESCUBIERTO UN NUEVO CONTINENTE, derrumba 500 años de historia-puesto que al 20 de mayo de 1506, fecha de su muerte: 3 años antes., se habían descubierto 3.100 leguas marinas=12.600 kilómetros de costa lineal DEL CONTORNO SUPERIOR DE AMERICA DEL SUR, hecho particular que ningún historiador ha develado, “islita” que por supuesto estaba separada de EUROPA Y AFRICA por el mar Atlántico. prueba científico-técnica-cualitativa y cuantitativa irrebatible.

  8. A propósito del Descubrimiento: A tono con la preciosa cerámica Italiana, del “jugador” pasando el naipe por debajo de la mesa. Uno de los de la triada AMERIGO VESPUCCI junto con el tenebroso Obispo JUAN DE FONSECA. una vez OJEDA Y JUAN le informan, de que lo descubierto en el III VIAJE parece ser un NUEVO CONTINENTE….se viene el viaje de de OJEDA-(1.499), 600 leguas marinas=4.800 kilómetros lineales, en el que viene Vespucio como observador, que le bastó al cosmógrafo para su verificación de que en efecto lo era: UN NUEVO CONTINENTE .se presume que tal información era conocida por lo menos por OJEDA, BASTIDAS, VICENTE YANES PINZON Y SU JEFE JUAN DE FONSECA, lo mismo de las tripulaciones que hicieron estos viajes:(hecho notorio) LA PARADOJA:LOS HISTORIADORES NO LO HAN TOCADO: Que pasó con AMERIGO VESPUCCI, también lo conejearon-o es de por sí un tramposo y desleal, que corrió con la misma suerte de sus compinches. Pues en el mismo año de 1499, desaparece de ESPAÑA y lo encontramos como conserje del REY JUAN JACOBO II DE PORTUGAL por cuyos consejos, Portugal le quitó la mitad del territorio sur americano a España. Saludos.
    silencio e instrumentar su odiosa felonía de usurpar el nombre de su verdadero descubridor

  9. ESTAS AFIRMACIONES SE ENCUENTRAN EDITADAS EN EL LIBRO ” LA GRAN MENTIRA DEL DESCUBRIMIENTO: MURIÓ COLIN SIN SABER QUE HABÍA DESCUBIERTO UN CONTINENTE.EDITORIAL AUTORES EDITORES.BOGOTA COLOMBIA. ACADEMICO DE HISTORIA DE CORDOBA COLOMBIA.

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